Las lagunas de Ruidera y la cueva de Montesinos

“… solamente faltan Ruidera, y sus hijas, y sobrinas, las cuales llorando (por compasión que debió de tener Merlín dellas) las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos, y en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera, las siete son de los Reyes de España, y las dos sobrinas de los Caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan.” (II P, Cap XXIII)

Son las diez de la mañana, del primer día de mayo. Aunque he estado en las lagunas de Ruidera en diversas ocasiones, volvía a ellas veintiún años después acompañado de Maite, igual que lo hicimos cuando estaba a punto de dar a luz a nuestro tercer hijo, Guillermo, que nacería seis días después .

Hay que llegar pronto a este inmenso paraje, pues en días de fiesta como este, muchas personas lo aprovechan para disfrutar viendo como nace el río Guadiana formando unas grandes lagunas comunicadas unas con otras por galerías subterráneas, o como este año, desbordándose una sobre otra, en un espectáculo de agua y ruido que es difícil de describir.

ruid1Estas grandes cavidades del terreno están en constante evolución, debido a estar formadas por barreras tobáceas que represan al río Guadiana, creadas por los carbonatos de su agua muy mineralizada. Estas barreras llegan a romperse formando a lo largo de los siglos diferente número de lagunas.

En la actualidad, y después de la construcción en el siglo XX del embalse de Peñarroya, este complejo lagunar está formado por quince lagunas, repartidas entre los límites de las provincias de Albacete y Ciudad Real. Sus nombres, desde su nacimiento son: Blanca, Conceja, Tomilla, Tinaja, San Pedro, Redondilla, Lengua, Salvadora, Santos Morcillo, Batana, Colgada, del Rey, Cueva Morenilla, Coladilla y Cenagosa.

En 1781, el arquitecto Juan de Villanueva diseñó un proyecto para el aprovechamiento de las aguas de las lagunas para riego de los campos de cultivo, encauzándolas en acequias. En uno de sus planos se detallan también las lagunas y sus nombres: Coneja; Tinaja, San Pedro, Redondilla. Lengua, Salvadora, Santos Morcillo, Barrucosa, Colgada, del Rey, Cueva Morenilla y Membrilleja.

En 1545 no sabemos los nombres de las lagunas y su número, pero si que hubo unas lluvias torrenciales que asolaron a buena parte de España, provocando aquí que parte de las barreras tobáceas que existían reventaran cambiando nuevamente la fisonomía de este lugar.

Con esta nueva formación conoció Cervantes este lugar, pues él nos describe como nueve las lagunas: “… en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera, las siete son de los Reyes de España, y las dos sobrinas de los Caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan.” (II P, Cap XXIII)

Y su situación geográfica y pertenencia administrativa, ya que como también el arquitecto Juan de Villanueva dibujó, las lagunas Cueva Morenilla y Membrilleja, “las dos sobrinas”, pertenecían a la Orden de San Juan.

Detalle del plano de Juan de Villanueva, donde se aprecia los límites de los términos de las Ordenes de Santiago y San Juan, con las lagunas Cueva Morenilla y Membrilleja pertenecientes al Gran Priorato de San Juan

Detalle del plano de Juan de Villanueva, donde se aprecia los límites de los términos de las Ordenes de Santiago y San Juan, con las lagunas Cueva Morenilla y Membrilleja pertenecientes al Gran Priorato de San Juan

La mañana nos permitía ir a visitar otro lugar, la cueva de Montesinos. Cueva a la que don Quijote, después de estar disfrutando de las bodas de Quiteria y Basilio, quiso ir a conocer:

“Finalmente tres días estuvieron con los novios, donde fueron regalados y servidos como cuerpos de Rey. Pidió don Quijote al diestro Licenciado le diese una guía, que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía gran deseo de entrar en ella, y ver a ojos vistas, si eran verdaderas las maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos. El Licenciado le dijo, que le daría a un primo suyo famoso estudiante, y muy aficionado a leer libros de Caballerías, el cual con mucha voluntad le pondría a la boca de la mesma cueva, y le enseñaría las lagunas de Ruidera famosas, ansimismo en toda la Mancha, y aun en toda España;…” (II P, Cap XXII).

Dejando atrás la laguna de San Pedro, con dirección a Ossa de Montiel, al poco llegamos a las inmediaciones de la cueva, y andando unos pocos metros por un pequeño sendero entre encinas, tomillo y romero, llegamos a su boca.

Boca de entrada a la cueva de Montesinos

Boca de entrada a la cueva de Montesinos

Nuevamente me quedo sin poder disfrutar de sus cincuenta metros de longitud, ver los murciélagos que asustaron a don Quijote y a Sancho y sus aguas cristalinas. Pero no tardaré en volver y contratar su visita con guía, ya que en los meses de verano esto es muy fácil y posible. Un calzado adecuado, ya que su suelo es muy resbaladizo y un casco con linterna (incluido con la visita guiada) son los únicos requisitos para soñar en el mismo lugar que lo hizo don Quijote.

¿Cuantas veces estuvo Cervantes entre estos mismos lugares para describirlos y enmarcarlos geográficamente con tanta exactitud y detalle?

De lo que no cabe duda alguna, es que conocía perfectamente La Mancha, sus límites físicos y políticos, sus caminos y parajes, sus lugares y vecinos, para hacer pasar por ellos a nuestro don Quijote en compañía de su amigo y escudero Sancho.

El Quijote es una obra de ficción, pero enmarcada en una geografía real, en una Mancha que aún hoy en día podemos visitar, casi tal y como la conoció Cervantes. Lugares como las lagunas de Ruidera y la cueva de Montesinos son una buena muestra de ello.

Parte final de la laguna del Rey, el río Guadiana sigue su camino. El Hundimiento

Parte final de la laguna del Rey, el río Guadiana sigue su camino.
El Hundimiento

                     

                         Luis Miguel Román Alhambra

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Quintanar, Puerto Lápice y Tembleque, lugares reales en el Quijote

En El Quijote hay tres lugares además de El Toboso, que podemos relacionarlos geográficamente con el lugar de don Quijote. Son lugares reales en la época de Cervantes. Lugares que sin duda conoció y que los aprovechó en la geografía de las andanzas de don Quijote y Sancho. Olvidarnos de ellos, es olvidarnos de unos lugares determinantes en la geografía cervantina y que además su autor nos los quiso dejar con su nombre.

 

Quintanar de la Orden

Nuestro hidalgo manchego, Alonso Quijano, una vez decidido a ser caballero andante, salir de su casa, dejar a los suyos y su hacienda “para el aumento de su honra como al servicio de su república”, limpias sus armas, puesto nombre a su caballo y a él mismo, como don Quijote de La Mancha, y encontrada la dama de quien estar enamorado, una mañana sale de su lugar y después de un día, un largo día de verano, llega a una venta que él cree que es castillo.

Casi sin comer y descansar, al darse cuenta que no había sido nombrado caballero pasa la noche velando sus armas en el patio para que el ventero, señor del castillo para don Quijote, le impusiera tal título. Recién nombrado caballero, decide volver a su casa para tomar a un vecino suyo como escudero, hacerse con dineros y camisas, y así continuar su misión, tal y como le había aconsejado el ventero que tenía que ir un caballero andante.

A esta venta, llegó desde el corral de su casa en una jornada por el camino de Toledo a Murcia. Esta venta, la venta de Manjavacas existente en el siglo XVI, según el estudio Mi vecino Alonso, se encontraba a unos 30-35 km del lugar de don Quijote. Una jornada larga para el paso del bueno de Rocinante. La venta de Manjavacas estaba dentro del término de la villa de La Mota del Cuervo, lugar de la Orden de Santiago.

Don Quijote sale de la venta poco antes de salir el sol, con la idea puesta en llegar a su casa al final del día, y quizás convencer esa misma noche a un vecino suyo, labrador y de nombre Sancho Panza, para que fuese su escudero y así poder continuar pronto sus aventuras. Puesto nuevamente en el mismo camino que le había llevado a la venta el día anterior, encamina a Rocinante a su casa. Y poco después, “no había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba”. Para don Quijote era su primera aventura como caballero y adentrándose en el bosque ve como es azotado un joven atado a una encina por un labrador de buen talle. El pecado cometido por el joven, perder alguna oveja del rebaño que le estaba guardando al labrador, tomado por don Quijote como caballero, a lo que el mozo le advirtió: “Mire vuestra merced señor lo que dice, dijo el muchacho: que mi amo no es caballero, ni ha recebido orden de caballería alguna, que es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar” (I P, Cap IV).

Hasta este lugar se había desplazado el labrador al salir el sol desde la cercana villa de Quintanar de la Orden para visitar su rebaño de ovejas, cuando al descubrir la falta de alguna la emprendió a golpes con el joven pastor. Quintanar, y la vecina villa de La Mota, están separadas por unos 18 km, eran lugares pertenecientes a la Orden de Santiago y por tanto con aprovechamiento común de pastos, por lo que era frecuente que los rebaños estuvieran pastando en las zonas cercanas a los lugares de los propietarios, aunque estas zonas estuvieran en términos de lugares vecinos.

El nombre de esta villa lo volveremos a leer en El Quijote, pero casi en su final. En la segunda parte de la obra, una vez que don Quijote es derrotado en las playas de Barcelona por su amigo y vecino Sansón Carrasco, en el papel y disfraz del Caballero de la Blanca Luna, nuestro hidalgo regresa a su casa para así cumplir con la promesa, hecha en su derrota a su vencedor, de estar un año apartado de sus andanzas como caballero andante. A la llegada a su casa, Don Quijote, sintiéndose muy enfermo mandó a su sobrina y a su ama que lo llevaran a su cama, donde pocos días después habiendo recobrado totalmente su juicio murió. Durante esos días no dejó de estar visitado por sus amigos que intentaban animarle. Uno de ellos era también Sansón Carrasco, que alentaba al bueno de Alonso diciéndole “que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar ganado. El uno llamado Barcino, y el otro Butrón, que se los había vendido un ganadero del Quintanar” (II P, Cap LXXIV).

Nuevamente el lugar de Quintanar relacionado con el de don Quijote. ¡Qué cerca debía de estar de él, para que fueran conocidos entre sus vecinos los perros y sus buenas cualidades como pastores, y comprar y venderse entre ellos estos animales!

El Quintanar, como era reconocido por sus propios vecinos y forasteros en tiempos de Cervantes, pertenecía a la Orden de Santiago y se sentía haber pertenecido al Campo de Montiel, al antiguo Campo de Montiel, pues en esas fechas ya, administrativamente el Campo de Montiel estaba demarcado más al sur.

Así lo podemos leer en las contestaciones que esta villa manchega dio al interrogatorio de las Relaciones de Felipe II:

“Lo primero esta villa se llama al presente Quintanar de la Orden y llamase ansí, porque es de la orden de señor santiago del Espada, e antiguamente se llamó el Quintanar del encina por una encina grande que había”

Casa palacio de los Rada en Quintanar. En su escudo de armas también aparece una encina

Casa palacio de los Rada en Quintanar. En su escudo de armas también aparece una encina

            “Como esta dicho esta villa es muy antigua e ha sido cabeza de partido muchos años y tiempo ha no se halla, ni hay memoria del tiempo que ha, que esta villa, siendo esta villa cabeza de gobernación en tiempos pasados llegaba su partido hasta las sierras de Xaen, Campo de Montiel como se ha visto y entendido por escrituras antiguas, que el postrero juez que hubo se decía el comendador Horozco”. 

Villa grande en aquella Mancha y próspera como reconocían:

“Habrá en esta villa quinientas casas poco mas o menos e tiene quinientos e noventa e cuatro vecinos y este pueblo siempre ha ido en aumento de vecinos …”. Casi seiscientos vecinos o cabezas de familia, que podrían suponer unas dos mil cuatrocientas personas viviendo en este lugar.

Y siendo sus recursos principalmente los agrícolas y ganaderos como en la mayoría de lugares de su alrededor, “En esta villa se vive de labranza de trigo, cebada, centeno e avena, e vino, olivas e azafran, es de criar ganado lanar e muy poco cabrío …”. Uno de estos ganados pertenecería al personaje de la obra Juan Haldudo.

 

Puerto Lápice

Este es un lugar de referencia geográfica en las andanzas de don Quijote, pues en aquella época era poco más de que una venta y unas pocas casas. Ya es referido en el capítulo segundo de la primera parte, cuando Cervantes lo pone como unos de los lugares donde se enmarcarán sus primeras aventuras, aunque no la primera. Muchos autores han mantenido, erróneamente por tanto, que fue en la venta que existió en Puerto Lápice donde es armado caballero, estando meridianamente claro lo escrito por Cervantes:

“Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese, de lo cual se desesperaba, porque quisiera topar luego luego con quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo. Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino fue la del Puerto Lápice; otros dicen que la de los molinos de viento; pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha, es que él anduvo todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y muertos de hambre; y que mirando a todas partes por ver si descubriría algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, …” 

Pocos días después de ser armado caballero en esa venta y después de su accidentado regreso a casa, convenciendo a un vecino suyo para ser su escudero, Sancho Panza, y hechas las provisiones para el viaje, sale de nuevo de su pueblo, por el mismo camino y dirección que la primera vez, de noche, y al amanecer reconoce en los molinos de Campo de Criptana a unos gigantes que seguro atemorizaban a sus vecinos. Entra en batalla con uno de ellos y el resultado es de todos conocido, pues la imagen de don Quijote por los aires, volteado por una de las aspas del molino de viento es una de las más ilustradas y puestas como referencia de esta gran obra.

Don Quijote por los suelos y Rocinante medio despaldado, fue el final de tal batalla. Sancho Panza que se había quedado advirtiéndole a voces de que esos gigantes no eran otra cosa que molinos de viento, los muchos molinos de viento que solo en las sierras y cerros de Campo de Criptana había en aquella época, al ver a don Quijote lastimado, se acerca a él “y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba. Y, hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del Puerto Lápice, porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero” (I P, Cap VIII).

Desde este punto, don Quijote y Sancho siguen su jornada por el camino hacia Puerto Lápice. Al día siguiente, poco más tarde de medio día llegan a divisarlo y es donde se produce en sus inmediaciones, en el camino, la aventura de Puerto Lápice, con dos frailes de la orden de San Benito, que junto a una señora vizcaína y sus sirvientes viajaban a Sevilla. Así nos lo relata Cervantes:

“Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice, y a obra de las tres del día le descubrieron … asomaron por el camino dos frailes de la orden de San Benito, caballeros sobre dos dromedarios: que no eran más pequeñas dos mulas en que venían. Traían sus antojos de camino y sus quitasoles. Detrás dellos venía un coche, con cuatro o cinco de a caballo que le acompañaban y dos mozos de mulas a pie. Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína, que iba a Sevilla, …” 

Puerto Lápice, un lugar también cercano al lugar de don Quijote, ya que hasta cerca de él llegan después de salir el día anterior de noche y al amanecer tener la batalla de los molinos, y desde este punto transcurre solo una jornada y media al paso de Rocinante ¡medio despaldado!. Unos treinta y cinco a cuarenta y cinco kilómetros desde Campo de Criptana, lugar este muy cercano al lugar de don Quijote, pues llegó a sus cerros a las pocas horas de salir de su casa junto a Sancho.

Imagen actual de una de las ventas que llegó a albergar Puerto Lápice

Imagen actual de una de las ventas que llegó a albergar Puerto Lápice

Puerto Lápice era un pequeño núcleo de casas de quintería y que junto a una venta existía en uno de los caminos que unían Castilla con Andalucía. La villa de Herencia nos lo describe en una de sus contestaciones a las Relaciones de Felipe II:

“A los cincuenta y cinco capítulos dijeron que esta villa no es pasajera ni está en pasaje de camino, y que en el término de ella está una venta que se dice el Puerto Lápice como está declarado y esto responden, y esta venta es de un particular vecino de Villafranca”

Tembleque

En La Mancha que conoció y vivió Cervantes, una parte de la población estaba compuesta por jornaleros agrícolas, y por tanto el sustento familiar estaba muy relacionado con el número de jornales o días de trabajo en las faenas que el campo requería. En el cereal, estos jornales, eran necesarios principalmente en la siega y trilla de la espiga, al ser necesarios muchos hombres, y también mujeres, para realizar esta faena.

Pero la agricultura, igual que en nuestros días, dependía mucho de la climatología y de las plagas que podían hacer que una zona se viera diezmada en su cosecha. Sequías, granizadas o tormentas y las temidas plagas de langosta provocaban este ir y venir de los jornaleros a lugares vecinos, donde la suerte les había librado de ellas, y así poder ejercer su trabajo y ganar su jornal.

El lugar de don Quijote y Sancho, no estaba a salvo de estas circunstancias y algún año que otro, Sancho, como jornalero del campo que era, también tuvo que marcharse estacionalmente a un lugar vecino a realizar estas tareas. Como así nos lo describe Cervantes cuando en el relato de un cuento que Sancho estaba narrando a la duquesa, intercala desesperando a esta:

“Y así digo, que llegando el tal labrador a casa del dicho Hidalgo convidador, que buen poso haya su ánima, que ya es muerto, y por mas señas dicen que hizo una muerte de un Angel, que yo no me hallé presente que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque.

Por vida vuestra hijo que volváis presto de Tembleque, y que, sin enterrar al Hidalgo (si no queréis hacer más exequias) acabéis vuestro cuento” (II P, Cap XXXI).

Tembleque, otro lugar nombrado por Cervantes, no debiendo de estar muy lejos del lugar de Sancho Panza, más bien debe de ser vecino, cercano, donde acudió nuestro fiel escudero a segar antes de ser convencido por don Quijote para acompañarle en sus aventuras.

Campos de cereales de Tembleque

Campos de cereales de Tembleque

Tembleque, lugar perteneciente al priorato de San Juan de Castilla, se declaró villa principalmente agrícola en las Relaciones de Felipe II, en 1575:

“Al veinte y seis capítulos se responde que los vecinos de esta villa la mayor parte de ellos son labradores y lo que mas y mejor se coge es pan y vino y hay pocos ganados y son de lana por causa de la tierra rasa y de labor, que se cogerán de los diezmos de pan un año con otro doce mil fanegas de pan y cuatro o cinco mil arrobas de vino, …)

Plano de los lugares relacionados por Cervantes en El Quijote

Plano de los lugares relacionados por Cervantes en El Quijote

Quintanar, Puerto Lápice y Tembleque, lugares reales en El Quijote, estando los tres cerca del lugar de don Quijote y Sancho Panza, igual que El Toboso. Referencias geográficas evidentes y determinantes en el mapa cervantino con respecto al lugar que nos esconde Cervantes, el lugar de don Quijote.

Que esta es la parte de La Mancha donde se encuentra el lugar de don Quijote y desde donde comienza sus aventuras hacia la venta de Manjavacas, los molinos de Campo de Criptana o para dirigirse a El Toboso no cabe duda alguna.

Estudiar la geografía del Quijote, borrando estos nombres escritos por Cervantes, es, o una falta de respeto a su escritura o una manipulación interesada de los textos, para conseguir adecuar la geografía que conoció y nos legó Cervantes a los fines del propio interesado. ¡O ambas!

                                     Luis Miguel Román Alhambra  

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La Casa de la Moneda dedica a Cervantes y al Quijote una serie de monedas de colección

Nueva serie de monedas de colección

Nueva serie de monedas de colección

Con el lema “Herencia Europea” la Real Casa de la Moneda emite la X Serie de monedas de la Colección del Programa Europa

La emisión está dedicada en esta ocasión al escritor Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), autor de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, novela cumbre de la literatura universal.

Miguel de Cervantes es principalmente conocido por su extensa obra literaria en novela, poesía y teatro.

Fue el cuarto hijo del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas.

Aunque se dice que quizá nació el 29 de septiembre, día de San Miguel, y que de ahí podría derivar su nombre, lo cierto es que hasta el momento sólo se ha encontrado su acta bautismal, en la que se registra que fue bautizado el 9 de octubre de 1547 en la iglesia de Santa María la Mayor.

Falleció el viernes 22 de abril de 1616, poco más de una semana después que Shakespeare.

Publicado en FNMT: http://www.fnmt.es/

 

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Don Quijote en el camino de Toledo a Murcia, una realidad geográfica

Las aventuras de don Quijote transcurren principalmente por caminos, por ser donde más fácilmente podría hallarlas en aquella España de caminantes, carreteros, arrieros, comerciantes y viajeros. En los caminos se encontraban las socorridas ventas, mal provistas en general, donde al menos se podía pasar la noche al resguardo de bandoleros y salteadores de caminos.

Uno de los caminos que podemos identificar, determinando así otra realidad geográfica evidente en El Quijote, es el camino de Toledo a Murcia. Don Quijote, de vuelta a casa en su primera salida desde la venta donde es armado caballero, por el camino que llevaba se encuentra de frente con “un gran tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia” (I P, Cap IV). Este camino con sus dos variantes queda reflejado en el Reportorio de todos los caminos de España de Pedro Juan Villuga (1546), Libro de Grandezas y cosas memorables de España de Pedro de Medina (1566) y en las contestaciones de los pueblos en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575-1578).

Plano resumen de los caminos utilizados en La Mancha para ir de Toledo a Murcia

Plano resumen de los caminos utilizados en La Mancha para ir de Toledo a Murcia

En el Reportorio de todos los caminos de España de Pedro Juan Villuga, el camino que desde Nambroca continúa por Tembleque, La Puebla de Almoradiel y el propio El Toboso recibe el nombre de Murcia a Toledo, y el otro camino que también desde Nambroca continúa hacia Madridejos, Alcázar, Campo de Criptana y Mota del Cuervo, recibe el nombre de Toledo a Cuenca, siendo ambos caminos utilizados igualmente hacia Murcia.

Relación de lugares de paso del camino de Murcia a Toledo

Relación de lugares de paso del camino de Murcia a Toledo

En las Relaciones de Felipe II, podemos ver como los lugares por los que pasa este camino contestaban encontrarse en él y ser paso de viajeros, como la villa de Campo de Criptana:

“Esta villa es pasajera de carros que van de los reinos de Valencia y Murcia a Toledo, y de Toledo a los dichos reinos, y de Cuenca a la parte de cierzo de esta villa. Es pasajero para el Andalucía y reino de Granada”.

Contestación de Campo de Criptana a la pregunta cincuenta y cinco de las Relaciones de Felipe II.

Contestación de Campo de Criptana a la pregunta cincuenta y cinco de las Relaciones de Felipe II.

 

En este mismo sentido lo hacía también la villa de Madridejos:

“Por esta villa pasan los carreteros y caminantes que vienen de Murcia a Toledo y los que vienen de Madrid para Granada, y en su término no hay venta alguna” 

“Un gran tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia”. Cervantes con este pequeño párrafo nos identifica el camino por donde regresa a su casa don Quijote, el camino de Toledo a Murcia, y nos determina la dirección que lleva, contraria a la de los mercaderes toledanos en su viaje a Murcia. Si la dirección de estos mercaderes era Oeste a Este, nuestro hidalgo necesariamente llevaba la contraria, de Este a Oeste, quedando así determinada la dirección que toma don Quijote en las dos primeras salidas de su lugar por este camino, precisamente hacia el Este. Y así nos lo describe Cervantes en la segunda salida de don Quijote, ya con Sancho Panza de escudero, primero haciendo énfasis en el camino escogido y su dirección, “acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje” y después, habiendo partido en medio de la noche, al amanecer “ por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban”. El sol al amanecer, tan oblicuo al horizonte, aun dándoles de frente al llevar dirección Este, no les molestaba en aquel día de verano.  Muy poco tiempo después, se encuentran con los molinos de viento de Campo de Criptana.

Por este camino, de Toledo a Murcia, conocido por esta parte de La Mancha también por Camino de Murcia, o Camino de los Valencianos, transcurre casi toda la primera salida de don Quijote de su lugar. Nuestro hidalgo, después de toda una larga jornada de un mes de julio manchego “vio, no lejos del camino por donde iba, una venta… que a él le parecía castillo”. En esta venta hoy desaparecida, situada donde ahora se encuentra la ermita de Manjavacas, en el término de Mota del Cuervo, y después de las risas que su figura provocaba, de un mal cenar, y una vela de armas junto a la pila que servía de abrevadero en el corral donde dejó mal heridos a dos arrieros, don Quijote es armado caballero por el propio ventero en una ceremonia fingida.

Cervantes nos narra como don Quijote no quiere perder más tiempo en aquella venta una vez investido caballero y regresa a su casa para hacerse con todo lo que el ventero le había relacionado que un caballero andante debía de llevar en su oficio consigo: dineros, camisas, ungüentos para las curas y un escudero:

“La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo. Mas viniéndole a la memoria los consejos de su huésped cerca de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, especial la de los dineros y camisas, determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería. Con este pensamiento guió a Rocinante hacia su aldea, el cual, casi conociendo la querencia, con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo” .

Por el mismo camino que salió de su casa y llegó a la venta, don Quijote comienza su regreso a ella. Y “no había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba”. Don Quijote se dirige hacia donde salían esas voces y ve como un labrador azota a un muchacho que esta atado a una encina, por haber perdido alguna oveja de su rebaño. Este labrador es “Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar”, lugar que dista pocos kilómetros de este paraje cercano a Mota del Cuervo, lugares de la Orden de Santiago y con aprovechamiento común de sus pastos, por lo que no era difícil ver rebaños de ovejas aprovechando los pastos en terrenos cercanos a los de sus propietarios, como así nos lo indica, en la respuesta cuarenta y cinco, Quintanar de la Orden en las Relaciones de Felipe II:

“Esta villa no tiene término propio, si no es un monte y coto que se da al carnicero que es poca cosa. Tiene aprovechamiento y comunidad en todos los términos de la orden de Santiago para pastar y rozar y arar los otros aprovechamientos como pueblo de la dicha orden”

Plano actual de los lugares cercanos de Quintanar y Mota del Cuervo, de la Orden de Santiago

Plano actual de los lugares cercanos de Quintanar y Mota del Cuervo, de la Orden de Santiago

Don Quijote, después de acordar con el labrador que el muchacho, Andrés, le acompañase a su casa y que le pagase la soldada que le debía por la guarda de su rebaño, sigue caminando sobre Rocinante hacia su hacienda, contentísimo de haber acometido la primera aventura después de ser nombrado caballero, sin darse cuenta que en cuanto se alejó de aquel lugar el labrador pegó tal paliza al muchacho que le dejó casi por muerto.

Como ocurre habitualmente, este camino también tenía otro que lo cruzaba. Cervantes, buen conocedor de el, así nos lo describe:

“En esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquellos tomarían, y, por imitarlos, estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza”.

Detalle del plano de los caminos donde se aprecia el cruce del camino

Detalle del plano de los caminos donde se aprecia el cruce del camino

Este cruce, aun visible hoy, es el formado por los dos caminos posibles por los que se puede ir de Toledo hasta Murcia, utilizando uno u otro, por los viajeros y comerciantes, según los lugares a pasar, ya que las distancias son muy parecidas.

Cruce de caminos descrito por Cervantes. “soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza”. Llegando a este punto del camino, Rocinante giró a la izquierda hacia su cuadra

Cruce de caminos descrito por Cervantes. “soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza”. Llegando a este punto del camino, Rocinante giró a la izquierda hacia su cuadra

Rocinante, no tuvo la menor duda para volver a su cuadra y tomo el mismo camino que el día anterior había recorrido. Comienza a avanzar por él dirigiéndose hacia el Oeste, “Y habiendo andado como dos millas, descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que como después se supo, eran unos mercaderes toledanos, que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie”

Detalle del capítulo IV de la primera edición de El Quijote de 1605

Detalle del capítulo IV de la primera edición de El Quijote de 1605

Desde este cruce de caminos nos ponemos a andar esas dos millas que nos indica Cervantes, dirección Campo de Criptana hacia el Oeste, recordando que fue en los cerros de esta villa donde en su segunda salida, don Quijote arremetió contra sus “gigantes” al poco de salir de su casa. En el siglo XVI, una milla equivalía a 1000 pasos, 1392 metros. Y a unos 2800 metros nos detenemos, igual que alguna vez lo hiciese Cervantes y desde esta posición privilegiada nos imaginamos a un “tropel” de personas, que a buen seguro habían pasado la noche en Campo de Criptana y estaban comenzando otra de las jornadas que les habían de llevar hasta Murcia.

 

Imagen tomada del camino de Toledo a Murcia a unas dos millas del cruce de caminos. Pocos metros antes esta parte del camino no se ve, oculto detrás de una pequeña cuesta, por lo que este punto del camino puede ser el lugar desde donde don Quijote “descubrió” a los mercaderes toledanos

Imagen tomada del camino de Toledo a Murcia a unas dos millas del cruce de caminos. Pocos metros antes esta parte del camino no se ve, oculto detrás de una pequeña cuesta, por lo que este punto del camino puede ser el lugar desde donde don Quijote “descubrió” a los mercaderes toledanos

 

¡Otra nueva aventura!, debió de pensar don Quijote, “y así, con gentil continente y denuedo, se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho y, puesto en la mitad del camino, estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen”. Al no creer y confesar la hermosura de Dulcinea del Toboso sin verla, como don Quijote les solicitó a los mercaderes toledanos y sus criados, nuestro caballero sintiendo blasfemada su “emperatriz de La Mancha” les arremete con la lanza, con la gran suerte para los mercaderes de que Rocinante tropezara e hiciese caer junto a él a don Quijote en mitad de este camino. No fue solo el golpe de la caída, sino los muchos palos que le dio un mozo de mulas en este mismo lugar con su propia lanza, lo que dejó a don Quijote mal herido mientras los mercaderes proseguían su camino hacia Murcia.

Maltrecho por la caída y los golpes recibidos, don Quijote no puede ni ponerse en pié, por lo que pasa el tiempo y los dolores, recitando versos de memoria, de aquellos libros que él guardaba en su casa y que le habían hecho perder el juicio. Y mal lo hubiese pasado si no lo encontrara un vecino suyo que lo reconoció:

“Y quiso la suerte que, cuando llegó a este verso, acertó a pasar por allí un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino”.

Subiéndolo el labrador en su borrico y recogiendo los pedazos de lanza que allí había, se encaminó hacia su pueblo, avanzando a pie y llevando al borrico y a Rocinante de las riendas llegando cuando anochecía, aunque esperó a que se hiciese de noche para entrar en él y llevarlo a su casa, donde alborotados, por la desaparición de don Quijote el día anterior, se encontraban su sobrina, el ama y sus amigos, el cura y el barbero.

Este mismo camino que, sin duda, Cervantes conoció en el siglo XVI y que utilizó en la obra para que don Quijote lo tomase en sus dos primeras salidas de su lugar, es el espacio geográfico real donde prácticamente se desarrolla la primera salida de don Quijote. Por este Camino de Murcia, sale una mañana de su casa, y al anochecer, sin acontecerle nada durante todo el día, llega a una de las pocas ventas que en él existían, ya que la cercanía entre los pueblos por los que pasaba, en esta zona cercana a El Toboso, hacían que los viajeros se acomodaran mejor en sus mesones. Y como nos narra Cervantes, a la mañana siguiente toma el mismo camino y hace el mismo recorrido, pero a la inversa hacia su casa, para tratar de hacerse con los recursos que el ventero le había recomendado para su nueva vida de caballero andante.

Camino de Toledo a Murcia, una realidad geográfica que aún hoy podemos recorrer y conocer, casi como lo conoció Cervantes y nos lo dejó en El Quijote. Solo nos faltan esos bosques de encinas que poblaban parte de estos parajes manchegos.

                                             Luis Miguel Román Alhambra

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Los molinos de viento, los gigantes de la Mancha

El capítulo VIII de la primera parte de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, tiene este título: “Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación”.

Molinos de Campo de Criptana, justo al amanecer. Así los descubrió don Quijote.

Molinos de Campo de Criptana, justo al amanecer. Así los descubrió don Quijote.

Y así comienza este capítulo, con don Quijote iniciando la ansiada segunda salida de su pueblo, Alcázar de San Juan según mi estudio Mi vecino Alonso, esta vez ya acompañado por Sancho Panza, habiendo salido en mitad de la noche para no ser vistos por sus familias y vecinos que seguro habrían intentado impedir su marcha. Con los primeros rayos del sol de aquella mañana, comienza la aventura:

“En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

-¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza.

-Aquellos que allí ves –respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

-Mire vuestra merced –respondió Sancho- que aquellos que allí se aparecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.”

¿Por qué la batalla contra unos molinos de viento es la más recordada, ilustrada, pintada o puesta en escena, de todas las aventuras o disputas que en la obra aparecen?

Don Quijote ve gigantes sin duda. Gigantes que amenazaban a los vecinos de aquel lugar. Loco o cuerdo, que más da, don Quijote nos demuestra su valentía y compromiso con los valores que él mismo quiso aceptar al hacerse caballero andante. No le importaron su número, él solo entendía que debía entrar en batalla contra ellos y derrotarlos, por considerarlos “mala simiente sobre la faz de la tierra” y causantes de las no pocas desdichas que en aquella época asolaban a la humilde sociedad manchega.

Obra de azulejo en una plaza de Daimiel.

Obra de azulejo en una plaza de Daimiel.

Al poco de ser volteado por las aspas del molino, roto y en el suelo, ya los reconoce como molinos de viento, si bien culpa de esto al sabio Frestón que los había cambiado por molinos de viento para que no fuesen derrotados aquellos gigantes por su valentía.

Esta imagen creada y descrita por la genialidad de la pluma de Cervantes, ha sido aprovechada como ilustración principal de este capítulo en   todas las ediciones ilustradas, pasando a formar parte de la iconografía de El Quijote.

Molinos de Consuegra

Molinos de Consuegra

Y así, al ver una ilustración, fotografía o incluso a lo lejos en el horizonte unos molinos blancos con sus capirotes negros sobre unos cerros, siempre nos viene a la imaginación don Quijote, La Mancha e incluso es la imagen de España en el mundo. No podemos olvidar que El Quijote, junto a la Biblia, son los documentos más traducidos en el mundo, después de la Carta de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Esta imagen creada y descrita por la genialidad de la pluma de Cervantes, ha sido aprovechada como ilustración principal de este capítulo en   todas las ediciones ilustradas, pasando a formar parte de la iconografía de El Quijote.

Sin duda alguna, Cervantes debió de conocer bien los molinos de viento para imaginar la desigual e incruenta batalla, que además del espaldarazo de don Quijote y Rocinante en el suelo, y con su lanza partida, no llegó a más que los dolores, que sin quejarse don Quijote, debió de aguantar algún tiempo.

Estos molinos de viento comenzaron a construirse en parte de La Mancha a mediados del siglo XVI. La ausencia de agua en la mayoría de sus ríos, gran parte del año, impedía moler a los molinos de agua y así la autorización a que estos ingenios comenzaran a construirse, especialmente en los lugares gobernados por la Orden de Santiago.

Dibujo realizado entre 1563 y 1565 por el pintor flamenco Van den Wyngaerde de la villa de Belmonte, donde se aprecian siete molinos en sus cerros.

Dibujo realizado entre 1563 y 1565 por el pintor flamenco Van den Wyngaerde de la villa de Belmonte, donde se aprecian siete molinos en sus cerros.

Hoy, más de cuatrocientos años después de escribirse esta batalla podemos seguir contemplando a estos gigantes en el horizonte manchego. Es verdad que hace unas décadas, después de dejar de ser útiles en la molienda del cereal, desplazados por los molinos industriales, mucho más rentables, su ruina y el vandalismo casi los hace desaparecer en muchos lugares. Pocos quedan originales de aquella época, y menos con su maquinaria original en uso.

Jornada de molienda en el cerro de San Antón, de Alcázar de San Juan.

Jornada de molienda en el cerro de San Antón, de Alcázar de San Juan.

También es de agradecer a los lugares que con buen acierto han reconstruido molinos ruinosos y han albergado en ellos maquinaria fiel a la que en su día dio sustento a tantas familias manchegas, y que con sus jornadas de moliendas de harina han contribuido a salvaguardar esta imagen que Cervantes dibujó en El Quijote.

Pero quiero desde aquí reconocer el gran trabajo que el doctor don Rafael Mazuecos (1893-1988) hizo por salvaguardar la idiosincrasia alcazareña y de su comarca, y mostrar con qué cuidado nos dejó la descripción de estos gigantes manchegos. En su publicación HOMBRES, LUGARES Y COSAS DE LA MANCHA, en su fascículo XXXIII de Abril de 1971, con el título Molinos de viento manchegos, nos detalló como eran y como se construyeron estos artilugios.

Podemos leer como se hacían sus cimientos y murallas:

“Es una construcción de sólidos cimientos y gruesa muralla hecha con yeso de los Anchos y piedra firme, con ciento cuarenta cahices de yeso…

La obra del molino, hasta el enrase de la muralla, sin contar la cubierta o capucha, mide alrededor de ocho metros de altura”

O como se hacía la inconfundible cubierta cónica:

“La capucha tiene en la cúspide o centro del cucurucho un grueso madero llamado fraile al que van a fijarse los palos que sostienen la cubierta y la extremidad superior del gobierno”

Y así hasta como se fabrican las aspas y como se montan hábilmente acuñándolas en el eje:

“Tanto el montaje como la fijación de las aspas en el eje mediante cuñas de madera, son trabajos de fuerza y habilidad…

Las cuñas son pedazos de tablón de unos 80 centímetros de largo por 20 de ancho y un grueso de 10 en la cabeza y 5 en la punta. Su colocación se lleva a cabo de pie sobre la cabeza del eje, golpeando con un mazo de carrasca que pesa seis kilos.”

Junto al molino El Burleta, construido en 1555 y que aún hoy podemos verlo moler en las sierras de Campo de Criptana. Es uno de aquellos treinta o cuarenta molinos de viento que vio don Quijote.

Junto al molino El Burleta, construido en 1555 y que aún hoy podemos verlo moler en las sierras de Campo de Criptana. Es uno de aquellos treinta o cuarenta molinos de viento que vio don Quijote.

Todos nos hemos preguntado alguna vez el motivo de tener tantas ventanitas alrededor del molino en su parte alta. Estas ventanas abiertas indicaban al molinero la dirección del viento con toda precisión y así poder orientar las aspas hacia él. Así nos describía el doctor Mazuecos estos “ventanillos” y los nombres de los vientos:

“La obra del molino, presentaba en el contorno superior de su pared, a unos 35 centímetros del enrase, doce ventanillos, de unos 20 x 30 centímetros, con diez aires o puntos que aprecia el molinero al asomarse y que son: ábrego hondo, ábrego fijo, toledano, mariscote, cierzo, matacabras, solano alto, solano fijo, solano hondo y tres ventanillas al mediodía” .

Ya en el interior del molino, nos describe como eran las distintas estancias y su uso por el molinero, y subiendo por la escalera de caracol se llega a la parte superior donde estaba el grueso de la maquinaria de madera y las dos piedras.

Nombres, formas, materiales, procedimiento de montaje de las velas en las aspas y orientación de estas al viento, labor de la molienda, etc, don Rafael no dejó nada sin describir. Y para que su labor quedase completa su amigo Chaves dibujó el interior de un molino como si don Quijote de un tajo con su espada lo hubiese partido en dos.

Este artículo es un trabajo que no se debe resumir sino leer íntegro, tal y como lo concibió don Rafael, y así conocer estos ingenios que tanto grano molieron, dando la harina necesaria para alimentar a los manchegos hasta bien entrado el siglo XX, los gigantes descomunales para don Quijote.

Luis M. Román Alhambra  

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Artículos del Doctor Mazuecos:

Molinos de viento manchegos

Molino de viento. Plano

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Feliz Navidad y Año 2013

Ilustración realizada por Constantino López

Ilustración realizada por Constantino López

En este mundo y más ahora que la crisis económica ahoga a los más pobres, necesitamos reforzar esos valores humanos que a veces parecen que no son de nuestro tiempo.

Y por qué no, fijémonos en don Quijote, ¡cuantos Quijotes necesitamos ahora!

¡Quijotes que sueñen con una sociedad mejor y más justa!

¡Quijotes que amparen a los más débiles contra los poderosos!

¡Quijotes que limpien de ladrones malandrines nuestro mundo!

¡Quijotes que den parte de su hacienda a los más necesitados!

¡Quijotes que defiendan la libertad! 

Seamos desde estos entrañables días más Quijotes, pero también más Sanchos. ¡Soñemos sí, pero con los pies en el suelo!

Y no perdamos la esperanza. Esto nos dice hoy don Quijote, como ya lo hacía consolando a Sancho: 

“Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que  presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca.” (I P, Cap XVIII). 

Desde La Mancha, desde Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote y Sancho, os deseo Feliz Navidad. Y que su espíritu os dure todo el año 2013. 

Luis Miguel Román Alhambra

            

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La última publicación del Patronato de Cultura investiga la verdadera localización de la venta cervantina

El contenido de la Tesela número 49 consiste en una investigación realizada por Luis Miguel Román Alhambra a propósito de la situación de la Venta en la que se producen algunas de las aventuras de la Primera parte de El Quijote. Esta publicación del Patronato Municipal de Cultura se ha presentado hace unos días en el Museo Municipal

Con “La Venta Cervantina de Sierra Morena y el Lugar de Don Quijote”, Román Alhambra realiza un complemento a una obra de investigación anterior, “Mi Vecino Alonso”, en la que interpretaba pasajes de la obra cervantina en relación de Alcázar de San Juan con la vida verdadera del Ingenioso Hidalgo. Ahora se trata de volver a situar la patria de Alonso Quijano, que vuelve a su Lugar, Alcázar de San Juan en una jaula. Este ensayo sostiene que la Venta dónde transcurren algunas de las más chocantes aventuras de la Primera parte, existe todavía en un camino próximo a Almodóvar del Campo. El edificio incluso está habitado y actualmente es conocido como “Venta de la Inés”, si bien en tiempos cervantinos se llamaba “Venta del Alcalde”, según el autor.

La investigación de la Tesela 49 se basa principalmente en el análisis del propio texto cervantino, pero también en otros documentos como las relaciones de Felipe II sobre lugares como Almodóvar del Campo, Santa Cruz de Mudela o El Viso del Marques.

El concejal de cultura, Benedicto Úbeda destacaba “el rigor científico” del estudio, y las pruebas empíricas que aporta.

El autor de esta Tesela se propone continuar con sus investigaciones sobre los escenarios manchegos sobre los que se sucedieron las andanzas de Don Quijote así como de su autor, demostrado conocedor de los parajes de La Mancha. Román Alhambra señala la oportunidad de estos estudios en el marco de una nueva celebración del Cuarto Centenario de El Quijote, concretamente de la Segunda Parte, que no considera menos importante que el aniversario de la Primera Parte. Asegura, que en estas investigaciones “queda todo por hacer”.

Con esta nueva publicación sobre el Quijote, Alcázar de San Juan vuelve a marcar su implicación en el universo de Cervantes, según explicaba el concejal de cultura, Benedicto Úbeda. Al hecho de existir en la ciudad una partida bautismal del escritor más emblemático del Siglo de Oro, se sumarán en el futuro inmediato nuevos proyectos relacionados con Cervantes, a quien esta Corporación Municipal se comprometió a nombrar Hijo Predilecto a título póstumo. En este sentido una noticia reciente anuncia el hermanamiento con la ciudad mexicana de Guanajuato, dónde la Fundación Eulalio Ferrer levantó el mayor museo cervantino del mundo.

Luís Miguel Román Alhambra acompañó de fotografías, textos y mapas esta Tesela que se presentó en el Museo Municipal con la mirada ya puesta en la celebración del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El Quijote, que tendrá lugar en el año 2015.

Publicado en: http://www.alcazardesanjuan.es/

Imágenes relativas a esta noticia: http://youtu.be/XjmRU4TFSFQ

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