Capítulo de presentación del estudio Mi vecino Alonso

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”. Así, igual que Miguel de Cervantes, comienzo el estudio sobre su obra Don Quijote de la Mancha, que después de varios años termino el 10 de Agosto pasado.

En él queda determinado, utilizando como fuente principal la propia obra escrita por Cervantes, el lugar de don Quijote, desde donde el manchego más ilustre parte en busca de sus famosas aventuras.

Para que sus vecinos conozcan el lugar

Hasta encontrar los apoyos y ayudas necesarias para su publicación, he resumido cada uno de los capítulos que forman el estudio, para que el nombre de “el lugar de don Quijote” sea ya conocido por sus vecinos, y que semanalmente irán apareciendo en esta publicación.

Además de dar luz al nombre de este lugar, también quedan determinados otros lugares importantes de la obra, y que Cervantes también esconde, como la venta donde es armado don Quijote caballero, el lugar donde entabla contra sus molinos de viento, quizás, una de las más conocidas batallas en el mundo escritas, así como caminos y espacios geográficos que el genial escritor conoció y reflejó en su obra.

Si nos ocultó el nombre del lugar de don Quijote, se ocupó de dejarnos tantos detalles geográficos y descripciones del mismo, que con la lectura de la obra ha sido posible ponerle nombre.

Este estudio comienza con una presentación que por su brevedad, no he creído necesario su resumen: 

 “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”. Esta frase repetida millones de veces en todas las lenguas del mundo desde hace más de cuatrocientos años, ha sido quizás, uno de los acertijos que más quebraderos de cabeza ha dado a todas las personas que han tratado de resolverlo.

Su autor, Miguel de Cervantes, con su genialidad creó esta primera frase seguramente con dicha intención, o simplemente por esconder por algún motivo especial, que solo él sabría, el lugar donde hace nacer a la figura de don Quijote y el lugar del que parte en busca de sus aventuras.

Además, durante toda la obra trata de darnos datos contradictorios, para que situar el lugar con exactitud, resultara casi imposible. Pero también es cierto que da otros que pueden pasar inadvertidos durante la lectura normal de la novela, pero que sí nos pueden ayudar a intentar desvelar su secreto. 

Tomo la decisión de hacer el estudio

Es a finales del verano de 2004 cuando un grupo de mujeres de la Asociación de Amas de Casa Calatrava, como otra de sus múltiples actividades acuerdan junto con Maite, también por la cercanía del cuarto centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, realizar una lectura de la novela en la bodega de Casa Rus.

Llegaban de una en una, después de haber realizado las tareas de su casa, a primeras horas de la tarde. Todas arregladas de paseo se iban sentando alrededor de una mesa larga junto a las tinajas, mientras se contaban unas a otras sus últimas experiencias. Hasta que Carmen, con su viejo Quijote editado en Méjico, decía el: ¡bueno, vamos chicas!, y comenzaba lo que para mí era la mejor lectura del Quijote que hasta este momento había tenido, escuchando atónito desde una sala contigua.

Cada una leía un capítulo o parte de él con distintas entonaciones, tiempos y acentos, incluido un irlandés. Pero lo más importante, lo que me dejó admirado, fué que lo hacían todas muy despacio y que constantemente se paraban a comentar parte de lo leído, para reflexionar y entender  lo que don Miguel había querido decir con una u otra frase, refrán en boca de Sancho o sentencia de su amo don Quijote, haciendo que yo al escucharlas, me diera cuenta que a pesar de haber leído varías veces el Quijote, este tipo de lectura me descubría nuevos matices, que me habían pasado desapercibidos anteriormente. 

Intranquilo por lo que hasta ese momento me ha había perdido con la lectura  del Quijote, tomo la decisión ya a principios del año 2005, de volver a leerlo, pero siguiendo la forma de estas mujeres, amas de casa, que son capaces de entender perfectamente lo que don Miguel quiso reflejar en su obra.

Para ello, y para leer lo que realmente escribió Cervantes, elijo una edición que fuera fiel a las primeras ediciones de la obra, sin correcciones.

Y así dentro de las anotaciones que hago sobre sentencias, prejuicios sociales, relaciones hombre y mujer, gastronomía, etc, voy anotando datos geográficos, lugares y situaciones, en ocasiones escondidos o sin importancia en el relato, en los que me parece que Cervantes quiere dar detalles del “lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiere acordarse”. Estos los clasifico como “El lugar de don Quijote”. 

Al final de esta singular lectura con la que disfruté mucho, fui repasando las notas que sobre el lugar de don Quijote nos deja Cervantes, y tengo la intuición y el presentimiento de que es posible su ubicación geográfica. Aquí comienza la idea de realizar este estudio sobre el lugar de don Quijote. 

Desde el primer momento que tomo esta decisión, y para evitar tantas y tantas discusiones, opiniones, algunas muy sesgadas, que hasta el momento ha suscitado este tema, me propongo hacer el estudio sin interpretaciones personales de lo que Cervantes quiso o no decir, sino utilizando simplemente lo que él escribió. 

Por lo tanto, con el derecho que él mismo nos otorga a todos, cuando ya al final de la obra escribe: “Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero”, trato de resolver el misterio que él mismo al principio de la obra nos deja. 

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”. Dar nombre al lugar de don Quijote, que Cervantes esconde, no disminuye en absoluto el interés que ha despertado este enigma desde su publicación por el 1605, sino que lo aumenta. Porque siempre quedará por averiguar el origen mas importante de esta frase, ¿Qué motivo o motivos tiene Cervantes para ocultar el nombre del “lugar”, que él tan bien conocía, y que junto con El Toboso hace de ellos el centro geográfico de su obra? 

La lectura y estudio de los cuales es fruto este libro los he ido haciendo en la bodega de Casa Rus, rodeado de la paz que dan sus tinajas, su parra y su historia. Esto me ha facilitado la concentración necesaria para ir encontrando la solución a cada una de las incógnitas  a las que he tenido que buscar su explicación, para después sentir la satisfacción de cómo iban encajando las piezas del rompecabezas.

Esta bodega, está situada en la vieja calle de Santa Ana, la cual tiene mucho interés para estudiosos de esta obra, como consta en la placa de la calle:

 “Esta calle paralela a la antigua de Zapateros, que es la actual de San Juan, albergaba la salida al campo de la casa de Juan López Caballero, en ella vivieron a finales del siglo XVI Teresa Mendoza y su marido Alonso de Ayllón, que perdió el juicio, dejó la custodia de su hija Clara a su yerno Pedro Cervantes

En las investigaciones cervantinas alcazareñas, este es el personaje que inspira en Cervantes la figura del Quijote”.          

Quizás el espíritu de mi vecino Alonso, me haya ayudado a leer, entender y escribir este libro.

Luis Miguel Román Alhambra

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