El Toboso

Si Cervantes nos esconde el nombre del lugar de don Quijote, no lo hace con el de Dulcinea, nombrándolo en multitud de ocasiones y dejándonos referencias entre los dos lugares.

Así queda definida la distancia que los separa en la obra:

“Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer …”

“… y en lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso”. Esto lo pensaba Sancho Panza.

Pero para que no quedase duda de qué es lo que para Cervantes era “cerca” o “tan cerca”, él mismo nos deja la solución cuando en la descripción de la tercera salida de don Quijote y Sancho de su pueblo, siguiendo el consejo del bachiller Sansón Carrasco, se dirigen a Zaragoza, poniendo dirección hacia El Toboso.

Salen al comienzo de la noche y habiendo andado algo del camino, después de las protestas de Rocinante y el rucio de Sancho por la oscuridad de la noche, dice don Quijote a Sancho:

“Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar, y con más oscuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso”.

Una noche de camino separa el lugar de don Quijote con el de Dulcinea. Aproximadamente en esa época del año las noches y los días tiene la misma duración. Si establecemos la distancia que recorren en una jornada las cabalgaduras de don Quijote y Sancho, tendremos referenciado con El Toboso “el lugar de don Quijote”.

Una legua de camino, era la distancia que un caballo normal al paso recorría en una hora, poco más de 6 Km, siendo la media en viajes a caballo de entre 8 a 10 leguas las recorridas en una jornada, entre 48 a 60 Km.

Estas distancias medias son para cabalgaduras normales, no para unos de los caballos más famosos de la literatura, Rocinante. Cervantes nos describe las cualidades del caballo de don Quijote en varias ocasiones:

“Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, …”, o como le parecía al ventero: “Mirole el ventero, y no le pareció tan bueno como decía, ni aun la mitad”

Y es casi al final de la obra cuando en la batalla contra el Caballero de la Blanca Luna, Rocinante solamente es capaz de recorrer la mitad que el caballo que montaba Sansón Carrasco, “… volvieron entrambos a un mesmo punto las riendas a sus caballos; y como era más ligero el de la Blanca Luna, llegó a don Quijote a dos tercio andados de la carrera”. Rocinante cabalga aproximadamente la mitad que un caballo normal.

Si Rocinante recorre en una jornada normal entre 4 a 5 leguas, de 24 a 30 km, esta es la distancia aproximada que separa el lugar de don Quijote y El Toboso, y que trataban de hacer caballero y escudero en una noche.

El Toboso, “tan cercano” al lugar de Sancho Panza, que conocía incluso a la familia de Dulcinea:

“¡Ta, ta! –dijo Sancho-. ¿Qué la hija de Lorenzo Corchuelo es la señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo?

-Esa es –dijo don Quijote-, y es la que merece ser señora de todo el Universo.”

Luis Miguel Román Alhambra

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