La batalla con los molinos

Cervantes, para seguir el guión de los más famosos libros de caballerías, hace que don Quijote, al inicio de su segunda salida, ya acompañado de su vecino y fiel escudero Sancho, se enfrente a temibles y feroces gigantes.

Estamos, quizás, ante una de las partes de El Quijote más conocida, haciendo que con el paso de los siglos, cualquier visión de una inmensa llanura, con unos cerros coronados por unas construcciones cilíndricas blancas de cal, con capirote y aspas negras, nos venga a la imaginación las tierras de la Mancha, y al valiente don Quijote por los aires, derrotado por los grandes brazos de uno de aquellos gigantes, que como Sancho sabemos “no son gigantes, sino molinos de viento”.

En aquella época, los molinos habituales eran los de agua. Los de viento comenzaron a construirse en parte de La Mancha a mediados del siglo XVI, para asegurar la molienda durante los meses del año, en los que los molinos de agua estaban parados por falta de esta en sus ríos.

Los pueblos que en los años de la escritura de El Quijote tenían molinos de viento son: Campo de Criptana, Belmonte, Las Mesas, El Pedernoso, Villaescusa de Haro, Mota del Cuervo y El Toboso.

Campo de Criptana responde así en sus Relaciones Topográficas a finales de 1575: “Hay en esta sierra de Criptana, junto a la villa, muchos molinos de viento donde también muelen los vecinos de esta villa”. Belmonte en las suyas, también habla de “muchos molinos de viento”, El Pedernoso de “otros molinos de viento”, siendo más precisos Las Mesas, que dice tener dos y Villaescusa de Haro cuatro molinos. Mota del Cuervo y El Toboso construyen sus molinos en los últimos años de aquel siglo XVI, declarando en 1603, que tenían molinos sin especificar cuantos.

Estos mismos lugares, en un muy preciso Catastro, mandado hacer por el Marqués de Ensenada en 1752, contestaban tener en sus términos, Campo de Criptana 34, Belmonte 8, Las Mesas 1, El Pedernoso 2, Villaescusa solo 1, Mota del Cuervo 15 y El Toboso 10 molinos de viento.

Con estos datos, solo Campo de Criptana podría ser el lugar donde Cervantes situó la famosa batalla y así ha sido aceptado. Pero él mismo se ocupa de dejarnos los datos precisos para situar geográficamente este lugar sin lugar a dudas, encaminando después del trágico desenlace de la batalla, a nuestro maltrecho caballero hacia uno de los pocos lugares nombrados en la obra cerca de El Toboso, Puerto Lápice, que en aquella época no era más que una venta rodeada de varias casas de labradores, en el transitado camino de Madrid a Andalucía: “Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio despaldado estaba. Y hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del Puerto Lápice, porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser un lugar muy pasajero”.

Cervantes nos relata lo sucedido durante ese día, como pasan la noche en el campo entre unos árboles y como al día siguiente,  pasado el medio día llegan a ver Puerto Lápice: “Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice, y a obra de las tres del día le descubrieron”. Una jornada y media aproximadamente de camino separan Puerto Lápice del lugar, donde se encuentran en sus cerros los famosos “gigantes”.

Si la jornada de camino normal de don Quijote es de 4 a 5 leguas, de Puerto Lápice se encuentran los “treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo” a 6 o 7,5 leguas, entre 36 y 45 km. Si trazamos estas distancias tomando como centro a  Puerto Lápice, de los lugares que tenían molinos de viento en aquella época, solo pueden ser Campo de Criptana y El Toboso, quedando este último lugar descartado por ser el lugar de Dulcinea.

Por tanto, don Quijote y Sancho llegan a la sierra de los molinos de Campo de Criptana al amanecer, después de salir de su pueblo durante la noche. Como mucho y por la noche, habrían caminado el equivalente a media jornada, entre 2 a 2,5 leguas, de 12 a 15 km. Ahora tomando como centro a este famoso lugar, Campo de Criptana, muy pocos lugares se encuentran como máximo a esas distancias, y que como vimos en el anterior capítulo, estuvieran en el camino de Toledo a Murcia. Solo desde Alcazar de San Juan y Miguel Esteban, pudo salir don Quijote esa noche, para que al amanecer descubrieran los treinta o cuarenta molinos de Campo de Criptana.

Luis Miguel Román Alhambra

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en alcazarlugardedonquijote, Alcázar de San Juan, don Quijote, En un lugar de la Mancha, La Mancha, Lugar, Luis Miguel Román Alhambra, Miguel de Cervantes. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a La batalla con los molinos

  1. X dijo:

    Me ha parecido muy interesante su artículo. Soy pedernoseño y quiero compartir con usted algo que la mayoría de la gente desconoce, y es que los documentos más antiguos atestiguan la existencia de el Molino Cotolix como el más antiguo de la -hoy- región del que se tiene constancia. En los archivos históricos se constata con motivo de las visitas realizadas a La Mancha y a la rivera del río Tajo en 1603 que el de El Pedernoso es del que más remoto conocimiento se tiene. Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s