El lugar de don Quijote

Óleo de José Luis Samper

 

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”.
 
Don Miguel de Cervantes no nos quiso dejar escrito el nombre del lugar de don Quijote, pero si se ocupó de dejarnos un tanto escondidas, como hemos visto en los resúmenes anteriores, referencias geográficas que, teniéndolas todas en cuenta, es posible situar en el mapa de la Mancha que él conoció, el lugar del Ingenioso Hidalgo.

Si la jornada normal de don Quijote sobre Rocinante era de 4 a 5 leguas por jornada, los lugares que se encontraban “tan cerca” de El Toboso desde donde en una jornada, nuestro manchego mas universal pudo salir un anochecer, en compañía de Sancho, con la intención de llegar al amanecer al lugar de Dulcinea, y que con mucha tolerancia se encuentran entre 15 y 35 km de él, pueden ser: Horcajo de Santiago, Pozorrubio, Lillo, Corral de Almaguer, Villamayor de Santiago, Villanueva de Alcardete, Osa de la Vega, Fuentelespino, Villacañas, Villa de Don Fadrique, Los Hinojosos, Monreal del Llano, Villaescusa de Haro, Belmonte, Quero, Villafranca de los Caballeros, Herencia, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, El Pedernoso, Las Pedroñeras, Las Mesas, Cervera y Socuéllamos.

De la misma manera, los lugares que se encuentran entre 15 y 35 km de la venta donde es armado caballero don Quijote, la situada en Manjavacas, a la que llega en su primera salida después de un largo día de camino, regresando al día siguiente, malherido en su enfrentamiento con los mercaderes toledanos son los siguientes: Villamayor de Santiago, Villanueva de Alcardete, Fuentelespino, Osa de la Vega, La Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, Los Hinojosos, Villaescusa de Haro, Monreal del Llano, Belmonte, Quero, Miguel Esteban, El Toboso, La Alberca, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Las Pedroñeras, San Clemente, El Provencio, Cervera, Socuéllamos, Villarrobledo y Tomelloso.

Los lugares comunes que se encuentran a una jornada de El Toboso y de la venta son: Villamayor de Santiago, Villanueva de Alcardete, Osa de la Vega, Fuentelespino, Los Hinojosos, Monreal del Llano, Villaescusa de Haro, Belmonte, Quero, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Las Pedroñeras, Cervera y Socuéllamos.

El encuentro con los mercaderes toledanos se produce en el camino que estos llevaban a Murcia. Este camino pasaba por el lugar de don Quijote hacia donde él se dirigía después de ser armado caballero, para entre otras cosas hacerse con los servicios de un escudero, su vecino Sancho Panza. De los anteriores lugares comunes solo se encuentran en el camino de Toledo a Murcia: Alcázar de San Juan, Campo de Criptana y Las Pedroñeras.

En su segunda salida, ya acompañado por Sancho, salen de su pueblo en medio de la noche, para no ser vistos por sus familiares y vecinos, encontrándose al poco tiempo después, al amanecer, con los desde entonces, famosos molinos de viento de Campo de Criptana, donde nuestro valiente caballero, creyéndolos gigantes, entabla una desigual batalla, ante los gritos desesperados de su escudero advirtiéndole de lo que verdaderamente eran. 

Esta sierra con “treinta o cuarenta molinos”, se puede encontrar como mucho a media jornada de camino, de 2 a 2,5 leguas del lugar de don Quijote. Si trazamos un círculo desde la sierra de Campo de Criptana de 15 km, ya solo nos encontramos con Alcázar de San Juan.

El lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes, donde don Quijote nace, vive y desde el que después de perder el juicio, parte en busca de las más famosas aventuras jamás escritas, y donde una vez vencido y cuerdo, también muere, es Alcázar de San Juan.

Su situación junto a varios ríos, y ser uno de los lugares posibles respecto al encuentro con don Alvaro Tarfe, como se vio en anteriores resúmenes, no hacen sino confirmarlo. Así como estar cerca de los pocos lugares nombrados por Cervantes que debían estar en su entorno: El Toboso, lugar de su princesa Dulcinea, Quintanar lugar de Juan Haldudo y donde Sansón Carrasco compra “dos famosos perros para guardar el ganado”, que acompañarían a don Quijote y a Sancho en su retiro como pastores, Tembleque donde Sancho incluso tiene que ir a realizar tareas de siega, cuando en su pueblo la cosecha era mala, y Puerto Lápice como primer lugar donde se encaminan don Quijote y Sancho después de la batalla con los molinos de Campo de Criptana.

Poner nombre a la cuna de don Quijote de la Mancha, poco después de cuatrocientos años de su publicación, no hace sino acrecentar aún mas el interés sobre este lugar, pues ahora surgen nuevas preguntas, quizás ya sin posible contestación:

¿Por qué esconde Cervantes el nombre del lugar de don Quijote?

Pero, si quería esconderlo verdaderamente, ¿por qué nos deja tantos datos geográficos para que se pudiera situar en el mapa de La Mancha, su patria?.

Y la que sin duda es la más importante de todas, Como contestaría mi vecino Alonso, ¿Qué unía o desunía a Cervantes con aquella villa de Alcázar de la Orden de San Juan, tan bien conocida y descrita geográficamente por él, que la hace cuna de don Quijote?.

Como contestaría mi vecino Alonso, “esto es harina de otro costal”.

Desde que llegué a esta conclusión, el pasado diez de Agosto, festividad de San Lorenzo, que celebré como no podía ser de otra manera en nuestra Alameda de Cervera, inmensamente contento de ser vecino y vivir en el lugar de don Quijote y Sancho, recuerdo aún con más cariño, la intención con la que don Rafael Mazuecos escribió: “A este Alcázar comodón que, aparentando indiferencia, lleva soterrados los más encendidos sentimientos caballerescos y, que por menos de nada, adelanta el pecho y se pone en camino de la aventura”

Si Cervantes nos situó en el Quijote geográficamente el lugar de don Quijote, también nos dejó escrito sus singularidades y fisonomía propia, especialmente en las cartas que la duquesa y la mujer de Sancho, Teresa, se envían. En los siguientes resúmenes de los capítulos del estudio “Mi vecino Alonso”, se detallarán.

Luis Miguel Román Alhambra   

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2 respuestas a El lugar de don Quijote

  1. Luis, es interesante y espero hacerme con el libro.
    Hablaremos un saludo
    A. Serrano

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