Sobre las bodas

De nuevo por los aires, alegría, fiesta, petardos, por donde mire es lo que veo. En las puertas de las Iglesias, Juzgados o Ayuntamientos, en estos días ¡¡estamos de boda!!. Si bien este acto de compromiso se puede realizar durante todo el año, llegando el mes de Mayo y hasta Septiembre, todos los fines de semana en Alcázar es una fiesta de bodas.

Atrás, en nuestra sociedad, han quedado las bodas de compromiso, aquellas que humillaban a los jóvenes, especialmente a las mujeres, que debían de casarse con quién sus padres decidieran. Todavía eran frecuentes en la época de la escritura de El Quijote, en aquella España de principios del siglo XVII, como así lo denuncia Cervantes, en la idoneidad de la boda de la hermosa Quiteria con el rico Camacho o con el pobre Basilio, con el que finalmente se casa por amor:

“Si todos los que bien se quieren se hubiesen de casar –dijo don Quijote-, quitaríase la elección y juridición a los padres de casar sus hijos con quien y cuando deben

En algunos casos, muchos en estos últimos años, al cabo de no mucho tiempo, esa alegría en las familias se torna tristeza, al conocer la noticia de la separación de aquellos jóvenes tan ilusionados el día de su boda. Quizás la experiencia en la vida, por  la avanzada edad de Cervantes cuando escribió El Quijote, fuera la que influyera en él para dejarnos un consejo que todavía hoy, puede asegurar la continuidad del matrimonio:   

que el amor y la afición con facilidad ciegan los ojos del entendimiento, tan necesarios para escoger estado, y el del matrimonio está muy a peligro de errarse, y es menester gran tiento y particular favor del cielo para acertarle. Quiere hacer uno un viaje largo, y si es prudente, antes de ponerse en camino busca alguna compañía segura y apacible con quien acompañarse: pues ¿por qué no hará lo mesmo el que ha de caminar toda la vida, hasta el paradero de la muerte, y más si la compañía le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como es la de la mujer con su marido?”

Este conocimiento entre los jóvenes, de sus personalidades, gustos, aficiones, etc, llamado noviazgo, es fundamental a la hora de tomar una de las decisiones más importantes de sus vidas.

Como así creo que han hecho estos jóvenes, y ahora no tan jóvenes, en los que en sus caras solo veo alegría y ganas de vivir juntos toda su vida.

Y sigue la fiesta entre las familias y amigos. Todos con trajes y vestidos preciosos, acompañan a los recién casados al banquete, que con tanto esmero han preparado para todos. Siempre las bodas en todas las culturas están unidas a una comida especial.

En nuestra Mancha no podría ser de otra manera, y aunque las formas de los banquetes han cambiado, cuando lleguen los novios y los invitados al restaurante, pondrán la misma cara viendo los manjares que los cocineros han preparado, que la que puso Sancho Panza al ver los preparativos del banquete de la boda, que se había de celebrar entre Camacho y Quiteria:

“Lo primero que se le ofreció a la vista de Sancho fue, espetado en un asador de un olmo entero, un entero novillo; y en el fuego donde se había de asar ardía un mediano monte de leña; y seis ollas que alrededor de la hoguera estaban no se habían hecho en la común turquesa de las demás ollas; porque eran seis medias tinajas, que cada una cabía un rastro de carne: así embebían y encerraban en sí carneros enteros, sin echarse de ver, como si fueran palominos; las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de los árboles para que el aire los enfriase. Contó Sancho más de sesenta zaques de mas de a dos arrobas cada uno, y todos llenos, según después pareció de generosos vinos…”.

Vuelvo a descender a mi manta, esta vez desde las bardas del corral solo he visto alegría y felicidad por donde miraba. Así son las bodas. Algunos de mis manteadores van de boda estos días, se les ve contentos. Yo les recuerdo el consejo de don Quijote a Sancho:

 “Se templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto, ni cumple palabra”.

Y a los novios felicidades y suerte.

Luis Miguel Román Alhambra

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