La Venta de La Inés

Ha pasado un año, desde el último artículo que escribí “Desde las bardas del corral”. Puse este nombre a estos artículos, de la aventura que tuvo Sancho Panza en una venta en la que es manteado. En sus subidas y bajadas a la manta, veía el exterior del corral y a don Quijote, que impotente observaba cómo su escudero y amigo, subía y bajaba de mil maneras y posiciones por encima de las bardas de aquel corral de la venta, sin poder ayudarle. 

Sirviéndome de esa graciosa parte de El Quijote, menos para Sancho, creí conveniente comentar las mil formas de ver y entender lo que en la obra Cervantes quiso reflejar, especialmente sobre la condición humana.

Pero ahora no me hace falta que mis manteadores hagan su trabajo y me hagan subir por encima de las bardas, pues lo que me ha ocurrido es en el propio interior de la venta, en la misma venta donde Cervantes enmarcó aquella aventura y otras más: la Venta de La Inés.

Hace unos días, siguiendo el camino real desde Almodóvar hasta Sierra Morena, llegué hasta la Venta de La Inés. Esta venta es la antigua Venta del Alcalde, existente mucho antes de la escritura de El Quijote, pues ya en 1575 en las Relaciones de Felipe II de Almodóvar la citan así: ” la venta del Alcalde que es de los hijos y herederos de Esteban Sánchez, difunto, y vale mil y quinientos ducados porque renta más de cuarenta mil maravedís, y hay correo de postas”. El nombre de Venta La Inés, lo toma al comprar esta venta Jacinto García y casarse en 1761 con Inés Ruiz. Venta atendida posteriormente por sus hijos y nietos, en 1879 pasa a unos parientes cercanos, abuelos del actual propietario don Felipe Ferreiro Alarcón.

Pocos minutos después de llegar, hablando con Maite de esta venta tan cervantina, sus distancias a Almodóvar y al lugar de don Quijote, Alcázar de San Juan, vemos como después de abrirse su puerta, un hombre menudo y anciano nos saluda muy amablemente invitándonos a entrar, era mediodía. En el frescor de la estancia principal nos comenta como durante varias generaciones su familia  ha estado al frente de la venta, pero a sus más de ochenta y un años, solo ya puede atender a su mujer Carmen, muy impedida, y a su hija, también Carmen, de cincuenta y tres años, paralítica desde su nacimiento. Es la hora de comer y la venta olía a perol, como solo un ventero al pie de Sierra Morena sabe condimentar un guiso.

Y don Felipe nos muestra su indignación, don Felipe si es un verdadero indignado. Nos cuenta como se han cortado caminos públicos, como se han destruido canalizaciones de agua antiquísimas, como sí se han puesto puertas al campo, y todo hecho por “el poderoso”, vecino y propietario de esas tierras, y lo que es más grave, consentido por nuestras Administraciones, tanto locales como regionales. Está recogiendo firmas para nuevamente denunciar estas tropelías, le firmamos también nosotros, aunque sabe que contra “el poderoso” poco o nada va a conseguir.

Don Felipe nos da información sobre caminos y rutas, que desde allí, final del valle de Alcudia y principio de Sierra Morena, se pueden hacer, y quedamos en volver a vernos. Nos enseñará la Fuente del Alcornoque, que ya no corre al destruir “el poderoso” su canalización de origen árabe, y una cueva natural que no está a más de quinientos metros de la venta. Se despide de nosotros y vuelve a cerrar la puerta de la venta. Dentro tiene una aventura difícil de acometer.

Desde este artículo invito a todos los lectores a acercarse a la Venta de La Inés, don Felipe les atenderá, les contará pasajes de El Quijote que sabe de memoria, les indicará las mejores rutas de senderismo de la zona, y denle fuerzas, pues ya le quedan pocas, para seguir desafiando “al poderoso”. Quizás haga falta nuevamente, que volviese don Quijote por allí y deshiciese tantos atropellos como se han cometido.   

Luis Miguel Román Alhambra

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