Tom Miller en el Lugar de La Mancha

“Mientras continuamos nuestro viaje en esta  serena mañana también nos acompañaba en las cunetas, a cada lado del camino, que está bien conservado, un reguero de luces de colores: pequeñas flores azules que, contrastando con el fondo neutro de hierba seca y al ser atravesadas por los rayos del sol, se transformaban en radiantes joyas. Enseguida llegamos a Alcázar de San Juan, un pueblo con cierta importancia comercial ya que un tramo de la línea que va hacia el Levante se cruza aquí con el camino de Madrid a Sevilla”. Así describía en 1897 un escritor norteamericano de origen francés, August F. Jaccaci, su llegada desde Herencia a Alcázar de San Juan en su libro de viajes “On the trail of don Quijote”.

Por el mismo camino llegó este pasado martes a Alcázar de San Juan, otro escritor de viajes norteamericano, Tom Miller. Nacido en Washington en el año 1947, actualmente vive en Tucson, Arizona. Entre los libros suyos destacan los de viajes, como “El Camino del sombrero de Panamá”, “En la frontera: Retratos de la frontera del Suroeste de Estados Unidos” ó “De comercio con el enemigo”, entre otros. Es articulista del New York Times, Washington Post, The New Yorker, Smithsonian ó el Historia Natural.

Tom Miller en el patio del Museo del Hidalgo

 Tom Miller, es un enamorado de El Quijote, y como tantos escritores han hecho anteriormente, recorre los lugares y los parajes de la patria del hidalgo inmortal, La Mancha, apuntando en su libro de notas cualquier detalle que le recuerde lo escrito por Cervantes, y luego, en la tranquilidad de su escritorio añadirlo en su próximo libro sobre la Ruta de don Quijote. 

En sus anteriores visitas a esta tierra, nunca había parado en Alcázar de San Juan, siempre de paso a El Toboso o a Campo de Criptana. Tom Miller quería ver una partida de bautismo que causa discordia con el lugar oficial de nacimiento de Cervantes,  Alcalá de Henares, y el nuevo Museo del Hidalgo. 

Le acompañé a ver la partida de bautismo de un niño, al que le pusieron de nombre “Miguel”, y de apellidos “de Cervantes Saavedra”, que fue bautizado el nueve de Noviembre de 1558, y que está guardada en los archivos de la Parroquia de Santa María la Mayor. Esta misma partida de bautismo la vio otro escritor, el poeta nicaragüense Rubén Darío en febrero de 1905, atraído por la antigua disputa de esta ciudad por ser el lugar de nacimiento del genial autor español. Junto a ella le expliqué la gran coincidencia de fechas que existe con la escasa biografía de Cervantes, como su participación en la batalla de Lepanto el siete de Octubre de 1571, con casi trece años y en la que quedó manco, y las descripciones de soldados de doce y trece años que él mismo hace en El Quijote, quizás dibujándose él mismo. O como en el “Prólogo al lector” de sus “Novelas ejemplares” en 1613, nos deja su edad cuando dice: “Mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por la mano”. Cincuenta y cinco años menos de esta fecha es el año de su nacimiento, el 1558. ¿Cómo puede darse como buena la partida de bautismo de Alcalá de Henares, cuando en ella se refleja el bautizo de un niño con nombre en apócope, de apellido Carbantes, el nueve de octubre de 1547? Como Rubén Darío escribió en “La cuna del Manco” para el periódico La Nación el 21 de mayo de 1905, amparando la causa de los defensores de Alcázar de San Juan frente a la más “interesante ciudad” natal de Cervantes, Alcalá de Henares: “Una batalla en los que los cañones Maxim quedan substituidos por razones de a folio, a medida que se aproximan los días del inminente centenario”.

Bajo un calor propio de estos días de final de verano, llegamos al Museo del Hidalgo. Tom Miller se marchó fascinado por la rehabilitación del edificio, y cómo en cada una de las estancias se recrea la vida de un hidalgo en la época de la escritura de El Quijote. En un entorno muy similar al mostrado debió de vivir Alonso Quijana, don Quijote. También reconoció la excelente traducción al inglés de los textos explicativos de cada elemento que compone este magnífico museo.

¡Hora de comer! Gachas, Duelos y Quebrantos, Guiso de Bodas y de postre Bizcochá, con vino de La Mancha, nos ocupó el medio día donde recuperamos las fuerzas perdidas durante toda la mañana. Todos sus ingredientes y cómo se preparan estos platos, quedaron inmortalizados en su libro de notas.

Después descansamos un tiempo en mi bodega-estudio, donde entre los Quijotes que dispongo manejamos dos editados en inglés para USA. Tom Miller ya tenía conocimiento de Mi vecino Alonso y de su conclusión principal de dar nombre al lugar de don Quijote, Alcázar de San Juan. Un ejemplar ya está, junto a su libro de notas, camino de Tucson, donde seguro aportará datos a su nuevo libro de viajes.

En el cerro San Antón, junto al molino Rocinante

Antes de marcharse, quise que viera una de las imágenes más bellas que de La Mancha puede contemplarse. La Mancha sin límites, de horizontes infinitos, de contrastes de colores. Subimos al cerro de San Antón, donde junto a los molinos que lo coronan, pudimos girar sobre nosotros mismos y ser el centro de La Mancha. La Mancha rajada por caminos polvorientos, barbechos ocres, siegas amarillas y hermosas vides verdes. Vimos La Mancha, la tierra de don Quijote.

Luis Miguel Román Alhambra

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