La venta cervantina de Sierra Morena

En Mi vecino Alonso se pone nombre al lugar de don Quijote, Alcázar de San Juan, utilizando el texto cervantino, como solo así se puede hacer. Hacer un mapa de los “Caminos de La Mancha de don Quijote”, siguiendo también lo escrito por Cervantes, es desde hace meses mi nuevo trabajo. Caminos, lugares y parajes por donde Cervantes hace pasar a mis antiguos vecinos don Quijote y Sancho, quedarán reflejados en esta obra. Es difícil saber cuando podré terminarla y lo que es peor, cuando se podrá ver publicada, ya que esto último sin recursos ni ayudas es imposible.

¡No hay camino tan llano que no tenga algún tropezón o barranco!, como decía Sancho, pero con ilusión siempre hay soluciones. El Patronato Municipal de Cultura de Alcázar de San Juan, me ha ofrecido la posibilidad de publicar dentro de su revista Tesela, una parte de mis últimas investigaciones. Esta Tesela, se presentará después del verano, y su título será: “La venta cervantina de Sierra Morena”.

Determinar geográficamente esta venta, e incluso ponerle el nombre es muy importante, pues su relación con respecto al lugar de don Quijote, Alcázar de San Juan, es determinante para ir definiendo los caminos de La Mancha por donde el Caballero de la Triste Figura pasó y que irá formando parte de mi siguiente obra, que aunque a algunos no les guste, para sus intereses personales, seguro verá la luz.

Desde aquí se irá publicando en partes, como se ha realizado esta investigación y sus resultados.

Antes de determinar el lugar y nombre de la venta cervantina, era preciso situarla en un camino. Y esta es la primera parte de este pequeño estudio. 

EL CAMINO A SIERRA MORENA

En la primera parte de El Quijote, hay un lugar donde se desarrollan gran parte de sus capítulos, siendo además un punto de referencia para situar las andanzas de don Quijote y Sancho por Sierra Morena, y también, lo más importante, para relacionarlo con el lugar de estos dos ilustres manchegos. Se trata de una venta, a la que nuevamente don Quijote toma como castillo.

Don Quijote, una vez curado y repuesto de los golpes y molimientos de su encuentro con los mercaderes toledanos y sus mozos, en el regreso de su primera salida por los caminos de La Mancha, decide volver a estos, en busca de nuevas aventuras en su sueño por remediar los problemas de aquella precaria sociedad manchega, acompañado ahora de un escudero vecino suyo y de nombre Sancho Panza.                  

Salen de su pueblo en mitad de la noche, para no ser vistos y evitar los más que seguros impedimentos de sus familias a esta nueva aventura. Y es al amanecer, cuando don Quijote ve a unos descomunales gigantes, que amenazantes aparecían sobre las crestas de unos cerros. Sin temor a los más de treinta que eran, entra en batalla con uno de ellos y es derrotado, cayendo al suelo junto a Rocinante. Terminada la tan famosa batalla contra los molinos de viento, que eso es lo que eran en realidad esos gigantes, don Quijote toma la decisión de dirigirse desde allí hacia Puerto Lápice, paraje donde, además de una venta, existían varias casas y quinterías de labradores.

Divisan Puerto Lápice al día siguiente al mediodía, y estando en sus cercanías se encuentran en el camino con dos frailes de San Benito y una señora vizcaína, que se dirigían juntos a Sevilla. De este encuentro, Sancho sale malparado por los mozos de los frailes, y don Quijote vence en su disputa con uno de los sirvientes de la señora vizcaína, pero quedando con una oreja maltrecha.

Dejan el camino y se adentran por medio de un bosque donde pasan la noche acogidos por unos pastores que, además de compartir su comida y curar la oreja de don Quijote, con remedios propios de la sabiduría pastoril, les cuentan la historia del pastor Grisóstomo, muerto por los amores no correspondidos de la hermosa pastora Marcela, y cuyo entierro se iba a celebrar al día siguiente. Después de asistir a tan sentido sepelio, don Quijote y Sancho se dirigen hacia unas sierras con la intención de despojarlas de “ladrones malandrines”, de las que según don Quijote, estas estaban llenas. Estas sierras forman la cordillera de Sierra Morena, frontera natural entre el Reino de Toledo y Andalucía.

En las inmediaciones de Sierra Morena, tanto en su vertiente Norte como en la Sur, por lo dificultoso de los caminos que la atravesaban, existían varias ventas donde reponerse del cansancio del viaje antes, ó después de su penosa travesía. A una de estas ventas, porfiando don Quijote con Sancho que si era castillo o venta, llegan molidos a palos, esta vez a manos de unos arrieros yangüeses, después de que el bueno de Rocinante tratase de “comunicar su necesidad” con sus yeguas, durante el descanso en la que amo y escudero comían de lo poco que les quedaba ya en sus alforjas. Así, relata Cervantes esta llegada a la venta:

“En resolución, Sancho acomodó a don Quijote sobre el asno y puso de reata a Rocinante, y llevando al asno del cabestro, se encaminó, poco más a menos, hacia donde le pareció que podía estar el camino real. Y la suerte, que sus cosas de bien en mejor iba guiando, aún no hubo andado una pequeña legua, cuando le deparó el camino, en el cual descubrió una venta que, a pesar suyo y gusto de don Quijote, había de ser castillo. Porfiaba Sancho que era venta, y su amo que no, sino castillo; y tanto duró la porfía, que tuvieron lugar, sin acabarla, de llegar a ella, en la cual Sancho se entró, sin más averiguación, con toda su recua.” ( I P. Cap XV) 

Ya en la venta, por la noche, después de ser atendidos y curados por la ventera, su hija y Maritornes, aún doloridos de la paliza de los yangüeses, vuelven a ser golpeados por un arriero y un cuadrillero que también pasaban la noche en dicha venta. La visita en medio de la noche al camaranchón donde descansaban de Maritornes para verse con el arriero, y el malentendido con don Quijote fue su causa. Después de hacer don Quijote el bálsamo de Fierabrás, para recomponer sus maltrechos cuerpos, con dispar resultado en el ánimo y las tripas de amo y escudero, salen de la venta, no sin antes ser manteado Sancho por los que allí se encontraban, ante la mirada impotente de don Quijote que lo veía por encima de las bardas del corral.

Oleo sobre lienzo del pintor José L. Samper (Museo Samper)

A esta misma venta regresa Sancho desde las entrañas de Sierra Morena días después, cumpliendo el mandato de don Quijote de llevar a El Toboso una carta dirigida a su señora Dulcinea, habiéndose quedado él entre lo más espeso de la sierra haciendo penitencia. Antes de llegar Sancho, en las afueras de la venta, se encuentra con sus vecinos, el cura y el barbero, que habían salido de su pueblo en busca de amo y escudero.

 Convencido Sancho por el cura y el barbero, se dirigen los tres hasta donde don Quijote estaba, con la intención de persuadirle, mediante algún ingenioso engaño, de volver a su lugar. Durante este tiempo de viaje, seguro que Sancho les contó la aventura de los ganados de ovejas confundidos con dos grandes ejércitos, el encuentro con un cortejo de encamisados que trasladaban un cuerpo muerto, la mala noche pasada por el terror a unos simples batanes, la disputa con un barbero por su bacía, ó el encuentro con una cadena de galeotes, entre otras aventurillas de menor importancia.

Del confín de Sierra Morena regresan nuevamente a la misma venta todos, junto con don Quijote, y acompañados por la bella Dorotea y Cardenio. Estando ya alojados, llegan poco después a la venta, Luscinda y don Fernando. Y ese mismo día también, se aposentan en ella Zoraida y “El Cautivo”, además de un alto cargo del reino, don Juan, acompañado de su hija.

Aquí, Cervantes, aprovecha para intercalar un cuento o novela corta, “El Curioso impertinente”, que es leída por el cura ante todos los presentes en la venta, además de contar su historia el mismo “Cautivo”.

Finalmente, deshechos todos los enredos, unidos Dorotea con don Fernando, Luscinda con Cardenio, reconocido “El Cautivo” por su verdadero hermano, don Juan, y resueltos otros asuntos, hacen creer encantado a don Quijote, para desde aquí poder llevarlo de regreso a su casa, enjaulado sobre una carreta de bueyes.

Si bien, no es posible realizar un correcto seguimiento geográfico desde que don Quijote y Sancho descubren Puerto Lápice, hasta que llegan a esta venta, Cervantes si nos deja referencias claras para poder identificarla entre las existentes en la época y así, poder después tomarla como punto de referencia evidente para situar el lugar de don Quijote con respecto a ella.

La venta, estaría situada en un camino real que unía Castilla con Andalucía. Cervantes cita este camino y también a Sevilla, en varias ocasiones durante esta segunda salida de don Quijote de su lugar.

Ya, el encuentro con la señora vizcaína y los dos frailes de San Benito, en las inmediaciones de Puerto Lápice, se produce sobre un camino que les llevaba a Sevilla, lugar de destino de tan singular grupo de viaje.

Después del entierro del pastor Grisóstomo, Vivaldo y un compañero de viaje que se habían desviado de su camino, para igual que don Quijote y Sancho, asistir a tan importante acto donde se le daba sepultura, invitan a don Quijote a que les acompañase a Sevilla, adonde ellos se dirigían:

“Luego esparcieron por cima de la sepultura muchas flores y ramos, y, dando todos el pésame a su amigo Ambrosio, se despidieron dél. Lo mesmo hicieron Vivaldo y su compañero, y don Quijote se despidió de sus huéspedes y de los caminantes, los cuales le rogaron se viniese con ellos a Sevilla, por ser lugar tan acomodado a hallar aventuras, que en cada calle y tras cada esquina se ofrecen más que en otro alguno” (IP, Cap XIV).

Reconocidos el cura y el barbero por don Quijote cuando estos trataban de llevarlo a su lugar, de vuelta desde el lugar de Sierra Morena donde estaba haciendo penitencia, a la venta, por el mismo camino, don Quijote les pregunta,   qué les había llevado por esas tierras, a lo que el cura, faltando a la verdad para esconder su verdadera misión, le responde:

A eso yo responderé con brevedad –respondió el cura-; porque sabrá vuestra merced, señor don Quijote, que yo, y Maese Nicolás, nuestro amigo, y nuestro barbero, íbamos a Sevilla, a cobrar cierto dinero que un pariente mío que ha muchos años que pasó a Indias, me había enviado,…” (I P, Cap XXIX).

Poco tiempo después, y también por el mismo camino, se encuentran de frente con Andrés, aquel pastorcillo al que don Quijote “liberó” de los azotes de su amo después de ser armado caballero. Andrés cuenta a todos cómo,   realmente salió mal parado de aquel encuentro con don Quijote, renegando incluso de haberlo conocido:

“No me creo desos juramentos –dijo Andrés-; más quisiera tener agora con que llegar a Sevilla que todas las venganzas del mundo: déme, si tiene ahí, algo que coma y lleve, y quédese con Dios su merced y todos los caballeros andantes, que tan bien andantes sean ellos para castigo como lo han sido para conmigo.” (IP, Cap XXXI). 

Don Juan Pérez de Viedma, en compañía de su hija Clara, llega a la venta de viaje desde Madrid a Sevilla, donde debía de embarcar rumbo a Méjico, para ejercer su cargo de oidor. Después de reconocer a su hermano Luis, “El Cautivo”, pide a este que en compañía de Zoraida les acompañen a Sevilla:         

Allí concertaron que el capitán y Zoraida se volviesen con su hermano a Sevilla y avisasen a su padre de su hallazgo y libertad, para que, como pudiese, viniese a hallarse en las bodas y bautismo de Zoraida, por no le ser al oidor posible dejar el camino que llevaba, a causa de tener nuevas que allí a un mes partía flota de Sevilla a la Nueva España, y fuérale de grande incomodidad perder el viaje.” (IP, Cap XLII)

Para entrar en Andalucía desde el reino de Toledo, era necesario atravesar Sierra Morena, cordillera montañosa a la que se dirigen don Quijote y Sancho al abandonar la venta. Cervantes la nombra en varias ocasiones, siendo además el título de varios capítulos.

Los caminos de paso que atravesaban Sierra Morena, además de las ventas que existían en ellos, y que eran utilizados por viajeros y mercaderes, los encontramos definidos en las Relaciones Topográficas de Felipe II, en 1575. En la pregunta cincuenta y cinco de la “Instrucción y Memoria” se les solicitaba a los pueblos que contestaran a:

“Si el pueblo fuere pasajero, en qué camino real estuviese, y las ventas que hubiere en la tierra y términos de él, y cuyas son, y lo que valen” 

Todos estos caminos se encuentran en la actual provincia de Ciudad Real y los identificaremos por el nombre del último lugar de su recorrido en el antiguo reino de Toledo, antes de llegar a Sierra Morena: 

– Camino de Almodóvar del Campo. Así contestaba esta villa a la pregunta cincuenta y cinco del cuestionario solicitado:

Este pueblo según está referido es muy pasajero y está en el camino real y cursado que va de Castilla para el Andalucía y del Andalucía para Castilla la Vieja, y es paso forzoso y necesario entre las dos provincias; y hay en el término de esta villa veinte casas de ventas públicas, las doce de ellas están como se va y parte de esta villa para la ciudad de Córdoba, el camino real derecho …”.

Nombrando cada una de las doce ventas, sus propietarios y sus rentas.

– Camino de Mestanza-Fuencaliente. Mestanza no realizó su relación a lo solicitado por Felipe II, pero si Fuencaliente. Contestación de esta villa a la misma pregunta:

“El dicho pueblo es pasajero porque por él pasa un camino real que pasa del Andalucía para el reino de Toledo por el cual abundantemente pasan muchos bastimentos del Andalucía para el dicho reino de Toledo y a Calatrava”.

No declara nada de tener ventas en su término. 

– Camino de El Viso. Contestación de esta villa a la misma pregunta:

“En cuanto al cincuenta y cinco capítulos, esta dicha villa es pueblo muy pasajero por estar como está al pie del dicho Puerto Muladar y ser camino real para todos los que caminan hacia el Andalucía y del Andalucía a Toledo y Madrid y Valladolid y otras partes. Y a la entrada del dicho puerto, a dos leguas de dicha villa está una venta que llaman del Iruela que es de la Encomienda del dicho don Francisco de Alava, comendador de la dicha dehesa de Mudela, y dicen que renta al dicho comendador en cada año quinientos ducados poco más o menos”. 

– Camino de Santa Cruz de Mudela. Contestación de esta villa a la misma pregunta:

“Al cincuenta y cinco capítulos decimos que esta dicha villa es pueblo muy pasajero y está en el camino real para pasar al Andalucía por el Puerto Muladar. Y en el término y juridicción de esta dicha villa no hay más de solamente una venta que es a una legua del dicho pueblo, hacia la parte del dicho Puerto Muladar que es a la parte del sol a mediodía, la cual dicha venta es de Bartolomé Díaz y Alonso Martín y Clemente, vecinos de la villa del Viso, y ahora se va haciendo la dicha venta y su valor puede ser a justa y común en la estimación doscientos ducados”

Además de esta venta relacionada, que en 1575 estaba en construcción, este camino contaba también con la Venta de Iruela, común al camino de El Viso, a la entrada de Sierra Morena por el Puerto del Muladar. 

– Camino de Puebla del Príncipe-Villamanrique. Estos dos lugares compartían camino hacía Andalucía, atravesando Sierra Morena.

Puebla del Príncipe, contestaba sobre si era lugar pasajero:

“Esta villa es pueblo muy pasajero y está en el camino real que va de Valencia a Sevilla y de la Mancha a Granada.

Contestación de Villamanrique a la misma pregunta:

“Es lugar muy pasajero del reino de Valencia al reino de Granada y Andalucía, y de la Mancha y priorazgo de San Juan para Granada y para la Corte y reino de Toledo y Calatrava, que acude mucha gente a pasar por él que es como puerto”

El camino real que los unía, para desde allí comenzar la travesía de Sierra Morena, quedaba reflejado en la contestación quince de Puebla del Príncipe:

“Tiene a la parte del poniente a la villa de Villamanrique por camino derecho, hay una legua común de la una villa a la otra”.

Ninguna de las dos villas declaran tener en su término ventas, sin embargo en el camino de Granada a Cuenca, relacionado por Juan de Villuga en 1546, entre Castellar, en la actual provincia de Jaén, y Puebla del Príncipe, anota la Venta de Los Santos y la Venta de Millar de Castilla.

El camino real donde se encuentra la venta que buscamos, a la que a partir de ahora se llamará cervantina, debe de tener al menos otra venta más, aproximadamente, a algo menos de tres leguas de camino en la dirección al lugar de don Quijote. Cervantes, así nos lo indica cuando una vez determinado cómo llevar a don Quijote desde la venta a su casa, en una jaula fabricada sobre una carreta de bueyes, la comitiva formada por: don Quijote dentro de la jaula, la carreta y su boyero, el cura, el barbero y Sancho Panza, siendo escoltados por los cuadrilleros a los que el cura había contratado para hacer dicho papel, caminan dos leguas desde la venta cervantina, donde son alcanzados por un grupo de jinetes:

“Y así, con aquel espacio y silencio caminaron hasta dos leguas, que llegaron a un valle, donde le pareció al boyero ser lugar acomodado para reposar y dar pasto a los bueyes; y comunicándolo con el cura, fue de parecer el barbero que caminasen un poco más, porque él sabía detrás de un recuesto que cerca de allí se mostraba, había un valle de más yerba y mucho mejor que aquel donde parar querían. Tomóse el parecer del barbero, y así, tornaron a proseguir su camino.

En esto, volvió el cura el rostro, y vio que a sus espaldas venían hasta seis o siete hombres de a caballo, bien puestos y aderezados, de los cuales fueron presto alcanzados, porque caminaban no con la flema y reposo de los bueyes, sino como quien iba sobre mulas de canónigos y con deseo de llegar presto a sestear a la venta, que menos de una legua de allí se parecía.” (I P, Cap XLVII). 

La comitiva quijotesca, llevaba dos leguas caminadas desde la venta cervantina, cuando son alcanzados por los hombres a caballo, en un punto a menos de una legua de la siguiente venta, a la que estos se dirigían. En total, casi tres leguas de separación entre estas ventas.

Plano con los caminos que unían Castilla con Andalucía en su paso por Sierra Morena

De los caminos anteriores, tres de ellos contaban, con al menos, dos ventas en el entorno de Sierra Morena: el Camino de Almodóvar del Campo, el Camino de Santa Cruz de Mudela y el Camino de Puebla del Príncipe-Villamanrique.

En el Camino de Almodóvar del Campo, son varias las ventas que están en torno a tres leguas de separación.

Entre las dos ventas del Camino de Santa Cruz de Mudela, hay también tres leguas. Santa Cruz de Mudela contesta así, a la primera pregunta del cuestionario de sus Relaciones:

“Primeramente respondemos y decimos al primero capítulo que esta dicha villa se llama Santa Cruz y la razón por qué así se llama, según lo que hemos oído decir a nuestros antepasados, es que en el tiempo que esta tierra y el Puerto Muladar de sierra Morena que es de esta villa dista cuatro leguas, …”

La Venta de Iruela, junto al Puerto Muladar, se encontraba a unas cuatro leguas de Santa Cruz de Mudela, estando en construcción la nueva venta a una legua de la villa dirección al sur, dirección al Puerto Muladar, como contestó a la pregunta cincuenta y cinco “… una venta que es a una legua del dicho pueblo”, estando por lo tanto separadas ambas ventas unas tres leguas.

En el Camino de Puebla del Príncipe-Villamanrique, la separación entre las dos ventas de Los Santos y Millar de Castilla es de dos leguas, según Juan de Villuga, que las describe así, en el camino de Granada a Cuenca: 

          “a castellar ij

           ala venta de los santos j

           ala venta de nillar de castilla ij

           ala puebla iij”

Cervantes, gran conocedor de los caminos, y en especial de este que quiere dejar inmortalizado en su obra, nos describe cómo don Quijote y Sancho, se van adentrando por el camino real en Sierra Morena, dejándonos nuevamente referencias claras de la ubicación de nuestros personajes. Referencias que pueden ayudarnos para determinar, cuál de estos tres  caminos alberga la venta cervantina buscada.

Después de la primera noche pasada en la venta, donde recordemos, fueron nuevamente molidos a golpes por el arriero, el ventero, el cuadrillero de la Santa Hermandad, e incluso inconscientemente por Maritornes, don Quijote y Sancho siguen su camino. Poco después don Quijote, creyendo que las polvaredas que veían a lo lejos eran dos grandes ejércitos poco antes de entrar en combate, arremete contra uno de ellos lanceando a varias ovejas. Los pastores con sus hondas las defienden, dejando otra vez malherido a don Quijote.

Por el mismo camino, ya de noche, se encuentran con un cortejo fúnebre que trasladaba el cuerpo de un difunto a Segovia, y después de malherir don Quijote a uno de los integrantes del cortejo, saliendo corriendo los demás por miedo a verse en el mismo estado que su compañero, se hacen con parte de la comida de aquellos “encamisados” y se internan por la sierra donde cenan, y en busca de agua llegan a unos batanes, que confundidos y asustados por su ruido y por la oscuridad, hacen pasar a amo y escudero en vela toda la noche. Por la mañana, descubierto cuál era el origen de aquellos golpes fantasmagóricos, no sin cierta sonrisa de ambos, continuarán por el mismo camino real para encontrarse con el barbero al que don Quijote arrebata su bacía, convirtiéndola desde entonces en el más famoso yelmo jamás escrito, el yelmo de Mambrino.

Tras la liberación de los doce galeotes, y por miedo a que poco después de saberse el hecho fueran perseguidos por la Santa Hermandad, abandonan el camino real y se internan en una zona de Sierra Morena, donde encuentran   a Cardenio “El Roto”, y a un cabrero. Cervantes nos deja, ahora si, una referencia determinante del punto donde se encuentran en ese momento, con respecto a uno de los lugares que ha dado nombre a uno de los caminos, Almodóvar del Campo. El cabrero en conversación con don Quijote y Sancho, les cuenta cómo querían ayudar a Cardenio, en su extraña enfermedad:

“Y en verdad os digo, señores –prosiguió el cabrero-, que ayer determinanos yo y cuatro zagales, los dos criados y los dos amigos míos, de buscarle hasta tanto que le hallemos, y, después de hallado, ya por fuerza, ya por grado, le hemos de llevar a la villa de Almodóvar, que está de aquí ocho leguas, y allí le curaremos, si es que su mal tiene cura, o sabremos quién es cuando esté en su seso, y si tiene parientes a quien dar noticia de su desgracia.” (I p, Cap XXIII). 

Ocho leguas de distancia separan el lugar de encuentro con el cabrero y “El Roto” con la villa de Almodóvar del Campo.

 En el plano se ha marcado un círculo a 50 Km. desde Almodóvar del Campo, algo más de ocho leguas en línea recta, y otro a 25 Km. Teniendo en cuenta la orografía del terreno y el trazado de los caminos, el lugar de encuentro con “El Roto”, se encuentra sin duda, dentro de esta zona.

Como se aprecia en el plano, el camino que sigue don Quijote para llegar a la venta cervantina, y por el que se adentra después en Sierra Morena, no puede ser otro que el que hemos llamado Camino de Almodóvar del Campo.

 El Camino de Santa Cruz de Mudela, que también contaba con dos ventas, y que estaban a unas tres leguas de separación, se encuentra más lejos de las ocho leguas, incluso, en línea recta desde Almodóvar del Campo.  No obstante, aunque el lugar de encuentro con el cabrero se situara a casi tres cuartos de legua del camino al oeste, cerca del lugar de penitencia de don Quijote, “Tres cuartos de legua habrían andado, cuando descubrieron a don Quijote entre unas intrincadas peñas,…”(IP, Cap XXIX), este posible lugar de encuentro sigue sin reunir lo escrito por Cervantes en boca del cabrero: le hemos de llevar a la villa de Almodóvar, que está de aquí ocho leguas”.

Además, el Camino de Santa Cruz de Mudela en aquellos tiempos era un camino de herradura, siendo imposible su paso a cualquier tipo de carruaje. Cervantes nos describe, como don Juan llega con su hija Clara en un coche de caballos a la venta cervantina en su camino a Sevilla:

“En esto llegaba ya la noche, y al cerrar della, llegó a la venta un coche, con algunos hombres a caballo. Pidieron posada; a quien la ventera respondió que no había en toda la venta un palmo desocupado.

-Pues, aunque eso sea –dijo uno de los de a cabalo que habían entrado-, no ha de faltar para el señor oidor que aquí viene” (IP, Cap XLII)

Sin embargo, una aventura de don Quijote y Sancho en este mismo camino, muy cerca de la venta cervantina, puede contradecir lo anteriormente definido.

Después de salir don Quijote y Sancho de la venta cervantina, por el camino real dirección a Andalucía, al llegar la noche, nuestros protagonistas se encuentran de frente con una comitiva fúnebre que se dirigía a Segovia. Así nos describe Cervantes este encuentro:

“Yendo, pues, desta manera, la noche escura, el escudero hambriento y el amo con gana de comer, vieron que por el mesmo camino que iban venían hacia ellos gran multitud de lumbres, que no parecían sino estrellas que se movían. Y, apartándose los dos a un lado del camino, tornaron a mirar atentamente lo que aquello de aquellas lumbres que caminaban podía ser, y de allí a muy poco descubrieron muchos encamisados, cuya temerosa visión de todo punto remató el ánimo de Sancho Panza, el cual comenzó a dar diente con diente, como quien tiene frío de cuartana; y creció más el batir y dentellear cuando distintamente vieron lo que era, porque descubrieron hasta veinte encamisados, todos a caballo, con sus hachas encendidas en las manos, detrás de los cuales venía una litera cubierta de luto, a la cual seguían otros seis de a caballo, enlutados hasta los pies de las mulas; que bien vieron que no eran caballos en el sosiego con que caminaban. Iban los encamisados murmurando entre sí, con una voz baja y compasiva” (IP, Cap XIX). 

Por no dar a don Quijote cuenta de quien eran, a donde se dirigían, y que era lo que llevaban en la litera, nuestro sin par caballero les arremete lanza en ristre, haciendo que estos “encamisados” se dispersaran despavoridos por el campo, menos el que recibió el embiste de don Quijote, y que ya en el suelo quebrado de una pierna, contestaba a todo lo requerido anteriormente:

“Con facilidad será vuestra merced satisfecho –respondió el licenciado-; y así sabrá vuestra merced que, aunque denantes dije que yo era licenciado, no soy sino bachiller, y llámome Alonso López; soy natural de Alcobendas; vengo de la ciudad de Baeza, con otros once sacerdotes, que son los que huyeron con las hachas; vamos a la ciudad de Segovia acompañando un cuerpo muerto, que va en aquella litera, que es de un caballero que murió en Baeza donde fue depositado, y ahora, como digo, llevábamos sus huesos a su sepultura, que está en Segovia, de donde es natural.

-¿Y quién le mató? –preguntó don Quijote.

-Dios, por medio de unas calenturas pestilentes que le dieron –respondió el bachiller. (IP, Cap XIX).

Desde Baeza, la ruta más lógica de seguir por esta comitiva para ir a Segovia, no es por el Camino de Almodóvar del Campo. El camino lógico y natural, era llegar hasta la cercana villa de Úbeda, y desde allí, después de cruzar el puente sobre el río Guadalimar llegar a Vílchez, y antes de atravesar lo más dificultoso de Sierra Morena por el Puerto del Muladar, pasar por la Venta de Los Palacios. Una vez pasada Sierra Morena, y haciendo casi parada obligada en la Venta de La Iruela, para reponerse de la gran dificultad del paso montañoso, continuar ya desde aquí el camino a Segovia, dirigiéndose hacia Toledo, pasando por El Viso y Almagro. También, desde la Venta de La Iruela, se podía seguir camino hacia Santa Cruz de Mudela, llevando desde aquí dirección a Puerto Lápice y Ocaña, para después de pasar Madrid, dirigirse a Segovia. Este camino era ya muy frecuentado desde que en 1561, Felipe II decidió cambiar su Corte de Toledo a la villa de Madrid.

Parte del plano dibujado por Gonzalo Menéndez Pidal de los caminos de Juan de Villuga, en el que se ha marcado el camino para ir de Úbeda a Madrid. © Real Academia de la Historia.

 Por tanto, quizás estamos ante una posible contradicción geográfica de Cervantes. Si el Camino de Santa Cruz de Mudela, por el Puerto del Muladar no puede ser el que albergue la venta cervantina, por la distancia evidente del encuentro con “El Roto” y el cabrero a Almodóvar del Campo, además de ser solo un camino de herradura, ¿Cómo Cervantes hace que don Quijote y Sancho se encuentren de frente una comitiva con los restos de un difunto, al que trasladaban de Baeza a Segovia, por el Camino de Almodóvar del Campo, cuando lo habitual sería hacerlo por el Camino de Santa Cruz ?.

Podría ser una cuestión de difícil solución, como otras posibles contradicciones de Cervantes, si solo tenemos en cuenta la geografía y los caminos naturales y lógicos de la época, sin señalar un hecho histórico que sucedió pocos años antes de la escritura de El Quijote, y que por su transcendencia e importancia social en aquella época, Cervantes sin duda conoció. Este hecho histórico acaecido en el año 1593, fue el traslado del cuerpo de San Juan de la Cruz desde Úbeda, donde murió en diciembre de 1591, hasta la ciudad de Segovia.

En sus notas al pie de página, don Martín de Riquer, anota en la edición de El Quijote para la Biblioteca de Plata de los Clásicos Españoles: “Algunos cervantistas suponen que aquí Cervantes tuvo presente la sigilosa traslación del cuerpo de San Juan de la Cruz, de Úbeda a Segovia, verificada en 1593 (cfr. R. Marín, IX, 226-230)”.

¿Es posible que Cervantes utilizase este traslado del cuerpo de san Juan de la Cruz, como inspiración en la “aventura que le sucedió con un cuerpo muerto” a don Quijote y Sancho Panza, y que lo enmarcara en la obra en un camino distinto al seguido por la comitiva fúnebre?

En la edición preparada por don Fortunato Antolín, carmelita descalzo, y publicada por la Editorial de Espiritualidad en 1989, se trascribe el manuscrito de Fray Alonso de la Madre de Dios, aparecido tras su muerte en 1635, donde este fraile de la Orden de los Carmelitas Descalzos, bajo el título de “Vida, virtudes y milagros del santo padre fray Juan de la Cruz, maestro y padre de la Reforma de la Orden de los descalzos de Nuestra Señora del Monte Carmelo”, describe el traslado azaroso del cuerpo del santo.

En ella podemos leer cómo don Luis de Mercado y su hermana doña Ana de Peñalosa Mercado, fundadores del convento de Segovia, solicitaron al vicario general de los Carmelitas Descalzos, que se pudieran venerar los restos de San Juan de la Cruz en Segovia, teniéndose por tanto que trasladar estos desde Ubeda, donde estaban enterrados. El vicario concedió esta licencia y mandó que “con todo secreto, sin que se entendiese en el convento ni en la ciudad, desenterrasen el cuerpo del Siervo del Señor, [y] lo entregasen a las personas que mostrasen aquellas letras”.

Don Luis de Mercado encarga este traslado a una persona de su mayor confianza, Juan de Medina Zeballos, alguacil de la Corte. Juan de Medina acompañado de otras dos personas se trasladó al convento de Úbeda, donde después de concertar con el Prior la hora del desenterramiento y traslado, las once de la noche, abrieron el sepulcro sacando el cuerpo que aún estaba incorrupto, después de nueve meses del fallecimiento. Tomaron la decisión de volverlo a enterrar en el mismo sitio, cubriéndolo de cal viva “para que se consumiese y gastase y esperar más tiempo para llevarlo”.

Tanto secreto y sigilo era por la gran veneración que al santo se le hacía en Úbeda, y el más que seguro impedimento de sus vecinos si se conociese públicamente el traslado desde su convento al de Segovia.

Un año después, en abril del mil quinientos y noventa y tres, el mismo Juan de Medina volvió a Úbeda, “Y luego llegó al convento de los Carmelitas y presentó sus letras al padre  Suprior (por estar ausente el Prior) y habiendo los dos señalado tiempo para desenterrar el deseado cuerpo, que fue dadas las once de aquella noche, para aquella hora, dejando Juan de Medina aparejadas las cabalgaduras para partirse en volviendo, con sus dos compañeros llegó al convento, dejando fuera a un cantón del convento a su pariente por espía de los que pasasen”.

No sin el revuelo de varios frailes por ver como se llevaban el cuerpo de san Juan de la Cruz, este fue puesto en una caja sobre las cabalgaduras que habían preparado y en medio de la noche emprendieron el camino de regreso a Segovia. Por temor a que llegado el día y el hecho se supiese en Úbeda, y que parte de la población saliese tras de ellos en su busca, la comitiva no siguió el camino natural y más corto, que era como está ya dicho, dirigiéndose hacia Vílchez y atravesar Sierra Morena por el Puerto del Muladar, y desde allí continuar hacia Toledo por El Viso y Almagro, o hacia Madrid por Santa Cruz de Mudela, Puerto Lápice y Ocaña, siguiendo camino hacia su destino final, el convento de Segovia. Juan de Medina, saliendo de los términos de Úbeda y Baeza, cambia la dirección a llevar por la comitiva dirigiéndose hacia Martos y Córdoba, casi en dirección opuesta a la que tenían que llevar.

Así nos lo relata fray Alonso de la Madre de Dios:

“Partió de Ubeda Juan de Medina Zeballos con el santo cuerpo, tan disimulado que nadie lo conociese lo que llevaban, dejando, por lo que pudiese suceder, el camino derecho de Madrid, tomó el de Jaén, que es del mismo obispado , iba aún con algún temor no le saliesen a impedir el paso y quitarle el santo cuerpo. Y enderezando, como él mismo me refirió, su camino de Jaén a Montilla, poco antes de Martos, entrado ya el día… Llegaron a Martos y a Montilla y desde allí por Córdoba continuaron su camino a Madrid”. 

Desde Córdoba el camino a seguir a Madrid es pasando por el puente de Alcolea y la villa de Adamuz, adentrarse en Sierra Morena y atravesando desde aquí todo el Real Valle de Alcudia, llegar a Almodóvar del Campo, por el llamado aquí Camino de Almodóvar del Campo.

En esta parte del plano de los Caminos de Juan de Villuga, está marcado además del camino normal de Úbeda a Madrid, el camino seguido por la comitiva con los restos de San Juan de la Cruz, mucho más largo sí, pero como describía fray Alonso de la Madre de Dios, evitó la más que posible persecución de los vecinos de Úbeda, cuando les llegara a las pocas horas la noticia del traslado del cuerpo del santo a Segovia.

Por tanto, esclarecida esta posible contradicción, que no hace sino dar aún más peso de realidad geográfica cervantina al Camino de Almodóvar del Campo, podemos ahora entender como aprovecha genialmente Cervantes estos parajes, buen conocedor de este camino a Sevilla, para describirlos en la obra en varias de las aventuras de don Quijote y Sancho.

El Camino de Almodóvar del Campo, antes de llegar a Sierra Morena recorría el antiguo Real Valle de Alcudia, lugar inmenso donde miles de ovejas pasaban el largo invierno castellano, llegadas por las antiguas cañadas desde Soria, Segovia y León principalmente. Cañadas aprovechadas también para el tránsito de otros tipos de ganados como el bovino, el caballar o el mular.

Poco antes de llegar a la venta cervantina, don Quijote y Sancho son apaleados por unos ganaderos yangüeses, que estaban sesteando junto a las yeguas que seguro llevaban a las importantes ferias que de este tipo de ganado se hacían en Andalucía, especialmente en Córdoba.

En “Las Principales Cañadas Reales de España”, publicado en 1954, se describen minuciosamente los itinerarios de las cañadas más importantes de España, según el antiguo Archivo de la Mesta. Estas grandes cañadas recibieron el nombre de su origen: Leonesa, Segoviana y Soriana.

La Cañada Real Soriana, comienza precisamente en Yanguas, lugar de procedencia de los “desalmados yangüeses”. Y así queda definido por don Celestino del Río en su recorrido por ella, realizado entre los años 1852 y 1853, y publicado en Madrid en 1857, bajo el título “Descripción de la Cañada Soriana, desde Yanguas al Valle de la Alcudia”.

Comienzo de la descripción de la Cañada Real Soriana, comenzando en Yanguas

Esta cañada, después de salir de la provincia de Soria, y atravesar la de Guadalajara y el Partido de Chinchón en la de Madrid, entra en la provincia de Toledo por el Partido de Ocaña, y pasando por el Partido de Quintanar de la Orden y Lillo, llegan al lugar de Quero donde se divide en dos ramales.

El ramal de la derecha se dirige hacia Madridejos, atravesando los Partidos de Daimiel, Piedrabuena y Ciudad Real. El ramal de la izquierda después de incorporarse a él las “vías pastoriles” de Cuenca en el término de Quero, entra en el de Alcázar de San Juan, cruzando su Partido. Pasando después por los Partidos de Manzanares y Almagro, llega ya reunido al otro ramal y a la Cañada Real Segoviana al Real Valle de Alcudia. Así es referida la entrada de esta cañada en el valle de Alcudia, en “Las Reales Cañadas de España” :

“Por el puerto, reunidas, entran las cañadas en el Real Valle de la Alcudia, anejo de Almodóvar, formando una amplia cañada de trescientas varas de anchura, …”

En el valle de Alcudia, llegaban a pastar ciento cuarenta mil ovejas, repartidas entre sus ciento cuarenta “millares de tierra”, medida de terreno capaz de albergar cómodamente a mil ovejas. Así nos lo dejaron declarado, como grandeza de este espacio natural, en su respuesta a la pregunta veinticuatro de las Relaciones de Felipe II, la villa de Almodóvar del Campo: 

En el término de esta villa está el Valle de Alcudia, dehesa de Su Majestad entre todas las de su reino y maestrazgos insignes y de mucho valor y precio; tiene ciento y cuarenta millares de tierra según la medida común y ordinaria, de los cuales en el término de esta villa hay ciento.” 

Estos grandes ganados de ovejas que se reunían en el valle de Alcudia, procedentes de la trashumancia y de los lugares de su alrededor, en alguna ocasión debieron de provocar en Cervantes la imagen de ejércitos moviéndose en la estrategia de la batalla. Esta misma imagen la dibujó genialmente con palabras en El Quijote:

“En estos coloquios iban don Quijote y su escudero, cuando vio don Quijote que por el camino que iban venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; y, en viéndola, se volvió a Sancho y le dijo:

 -Este es el día, ¡oh Sancho!, en el cual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte; éste es el día, digo, en que se ha de mostrar, tanto como en otro alguno, el valor de mi brazo, y en el que tengo de hacer obras que queden escritas en el libro de la Fama por los venideros siglos. ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copiosísimo ejército que de diversas e innumerables gentes por allí viene marchando.

-A esa cuenta, dos deben de ser –dijo Sancho-; porque desta parte contraria se levanta asimesmo otra semejante polvareda.

Volvió a mirarlo don Quijote, y vio que así era la verdad; y alegrándose sobremanera, pensó sin duda alguna que eran dos ejércitos, que venían a embestirse y a encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura. …” (I P, Cap XVIII)

Ganados de ovejas como este, sobre caminos polvorientos del Valle de Alcudia, inspiraron a Cervantes para recrear las aventuras de don Quijote.

Ganados de ovejas como este, sobre caminos polvorientos del Valle de Alcudia, inspiraron a Cervantes para recrear las aventuras de don Quijote.

Don Quijote entra en batalla contra uno de los ganados de ovejas, lanceando a algunas de ellas y provocando lógicamente la ira de sus pastores, los cuales, expertos con la honda, lo derriban a pedradas de Rocinante dejándolo con dos costillas malheridas y con alguna muela de menos. Esa misma noche, después de la ya comentada aventura histórica con los “encamisados” que transportaban un cuerpo a Segovia, y después de comer parte de lo que estos llevaban, buscando agua con qué beber llegan al borde de un río, donde un gran ruido les confunde, llegando al miedo:

“…y parándose a escuchar hacia qué parte sonaba, oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco ánimo. Digo que oyeron que daban unos golpes a compás, con un cierto crujir de hierros y cadenas, que, acompañados del furioso estruendo del agua, que pusieran a pavor a cualquier otro corazón que no fuera el de don Quijote”. (I P, Cap XX)

Pasan la noche en vela, hasta que llegando los primeros rayos del día descubren su origen, un batán. Cervantes, nuevamente utiliza un espacio real conocido por él en aquellos parajes, y lo aprovecha para el argumento de su obra. Este artilugio hidráulico, es declarado por la villa de Almodóvar del Campo. A la pregunta veintidós de las Relaciones de Felipe II, contestan:

“Como quiera que según dicho es en este nuestro término no haya ríos algunos caudalosos ni aceñas en todo él más que un río pequeño que llaman el río Muelas; hay algunos molinos y batanes de vecinos de Pedroches y Torre Campo, lugares de la ciudad de Córdoba, en cuya juridicción confina la de esta villa de la cual el dicho río Muelas dista siete leguas poco más o menos.”

de la contestación 22 de Almodóvar del Campo en las Relaciones de Felipe II

Estos antiguos batanes, son también descritos por Almodóvar del Campo, en el Catastro de Ensenada. A la pregunta diez y siete, además de relacionar los molinos de agua, llegan a describir hasta tres batanes, todos en el mismo río Muelas:

“… Un batán que pertenece al mismo, y su utilidad se puede regular cada año en setecientos reales.

…Un batán perteneciente a Esteban de Almagro, vecino de Pedroche, cuya utilidad se regula cada año en ciento cincuenta reales. Otro batán, cuya propiedad es de Don Juan Montenegro vecino de Fuente obejuna, y su utilidad anual se regula en doscientos y setenta reales”.

Cervantes, nos deja descripciones singulares de su entorno y sus parajes para que no quepan dudas de donde se encuentran nuestros protagonistas. Sus mismas vivencias por ese Camino de Almodóvar del Campo, las dejó inmortalizadas en su obra.

                                         Luis M. Román Alhambra.

 

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