La venta Cervantina de Sierra Morena II

El Camino de Almodóvar del Campo. Este camino tan conocido por Cervantes en sus viajes a Andalucía, es el descrito por donde hace caminar a don Quijote y Sancho para llegar y adentrarse en Sierra Morena. Solo este camino cumple con lo escrito por don Miguel, con posibles contradicciones que después de analizarse, no hacen sino confirmar el nombre de este camino.

En esta segunda parte de este pequeño estudio, se situará en este camino y se pondrá nombre a la venta cervantina, que aún hoy se puede visitar. Una reliquia cervantina, que como los molinos de Campo de Criptana, aún perdura al tiempo y al olvido.

LA VENTA

El camino donde se encuentra la venta cervantina, ya está identificado sin lugar a dudas, estando esta muy cerca del comienzo de Sierra Morena, por tanto, al final del valle de Alcudia. Y Cervantes también nos deja los datos necesarios para poder ubicarla en este camino.

Después del encuentro con el cabrero, “que está de aquí ocho leguas” de Almodóvar del Campo, y en ese mismo entorno áspero de la sierra, localizan nuevamente a Cardenio “El Roto”, quien les cuenta su historia y el porqué de encontrarse en esa parte de Sierra Morena, y después de terminar a golpes con él, siguen adentrándose algo más en la sierra hasta donde don Quijote decide hacer su particular penitencia junto a una peña.

La distancia entre este lugar elegido por don Quijote para su singular penitencia y el camino real que dejaron, también nos la establece Cervantes. Sancho, en su vuelta del encargo que don Quijote le había encomendado, que era que llevase una carta para Dulcinea a El Toboso, y que no había llegado a cumplir al encontrarse con sus vecinos el cura y el barbero en la misma venta cervantina, donde le convencieron para darse la vuelta y de ir en busca de su amo, se había adentrado al encuentro de don Quijote guiándose por las retamas que él mismo había dejado como marcas para reconocer el camino de vuelta, dejando al cura y al barbero junto al camino, a la espera. En ese tiempo aguardando a amo y escudero, los vecinos de don Quijote, conocen a Cardenio y a Dorotea, en los alrededores de aquel camino. Pero Sancho vuelve solo. Y es cuando Dorotea, en el papel de princesa Micomicona y el barbero disfrazado para no ser reconocido por don Quijote, vuelven a adentrarse en la sierra en busca de don Quijote, guiados por Sancho. El cura y Cardenio se quedan junto al camino a la espera. Entre todos habían urdido un engaño para hacer a don Quijote desistir de su penitencia, y así, poder llevarlo de vuelta a casa. Es aquí cuando Cervantes nos marca la distancia exacta desde el camino real al lugar de penitencia:

“ Tres cuartos de legua habrían andado, cuando descubrieron a don Quijote entre unas intrincadas peñas, ya vestido, aunque no armado, y así como Dorotea le vio y fue informada de Sancho, que aquél era don Quijote, dio del azote a su palafrén, siguiéndole el bien barbado barbero. Y en llegando junto a él, el escudero se arrojó de la mula y fue a tomar en los brazos a Dorotea, la cual, apeándose con grande desenvoltura, se fue a hincar de rodillas ante las de don Quijote;…” (I P, Cap XXIX).

Si la distancia hasta la peña de penitencia, desde que dejan el camino real, es de tres cuartos de legua, algo menos es la distancia donde en esta parte de la sierra conocieron al cabrero y a Cardenio, aproximadamente a una media legua del camino. 

Y Cervantes continúa dejándonos datos precisos, quizás para que todos los que en aquella época pasaran por aquel camino, después de leer su obra, identificaran los parajes descritos. Poco después, nos deja la distancia que desde este punto del camino hay a la venta cervantina, unas dos leguas.

Habiendo convencido a don Quijote, con un engaño tramado, nuestro caballero manchego y la fingida princesa Micomicona, maese Nicolás y Sancho, salen de lo espeso de la sierra al camino, donde les esperan el cura y Cardenio. Ya todos juntos se dirigen nuevamente hacia la venta, para desde allí continuar hacia su lugar:

“Concertáronse que por entonces subiese el cura, y a trechos se fuesen los tres mudando, hasta que llegasen a la venta, que estaría hasta dos leguas de allí. Puestos los tres a caballo, es a saber, don Quijote, la princesa y el cura, y los tres a pie, Cardenio, el barbero y Sancho Panza;…” (I P, Cap XXIX).

¡Cuánto cuidado pone Cervantes, para situarnos mediante precisas distancias el lugar donde se encuentra la zona donde don Quijote y Sancho se encuentran con “El Roto”, en medio de Sierra Morena, y su referencia con la venta cervantina buscada!. A este punto, que está a ocho leguas de Almodóvar del Campo, se llega después de recorrer dos leguas desde la famosa venta cervantina por el camino real, dirección hacia Andalucía, y adentrándose como una media legua por lo más espeso de la sierra. En total, desde la venta cervantina hasta el lugar de referencia determinante, a ocho leguas de Almodóvar del Campo, dos leguas y media. ¡Ya tenemos la famosa venta cervantina referenciada con Almodóvar del Campo!. Este lugar, castillo para don Quijote, se encuentra a unas cinco leguas y media, por el camino real a Sevilla!. 

Y en este camino, unión entre Castilla y Andalucía, había muchas ventas. Según la contestación dada por la villa de Almodóvar del Campo en las Relaciones Topográficas de Felipe II, las ventas que en su jurisdicción tenía en el camino real hacia Córdoba, eran doce:

Venta del Ojuelo, Venta de La Coja, Venta de Tartanedo, Venta del Chapitel, Venta Nava de Vacas, Venta de Las Peñuelas, Venta del Molinillo, Venta del Alcalde, Venta Tejada, Venta del Horcajo, Venta del Herrero y la Venta del Río Guadalmez. Una de estas ventas es la venta cervantina buscada.

En el Reportorio de Caminos de Juan de Villuga, que no relaciona todas las ventas, desde Almodóvar del Campo, las ventas y las distancias de camino que las separaban son:

     almodouar del cãpo iij

     a tartanedo ij (dos leguas)

     ala venta del molinillo ij (dos leguas)

     ala venta del alcalde m (media legua)

     ala venta taxada j (una legua)

     ala venta del herrero ij (dos leguas)

     ala venta guadalmes j (una legua)

La Venta Río Guadalmés, según Juan de Villuga, se encuentra a ocho leguas y media de Almodóvar del Campo, siendo la única que en las Relaciones de esta villa queda definida su distancia por ser la última de su jurisdicción, a ocho leguas:

la venta el Río, ocho leguas de esta villa, que es la última de su término y con final de Córdoba es de la viuda del bachiller Gutiérrez y vale ochocientos ducados”.

Con estas distancias desde Almodóvar del Campo y entre las ventas, la Venta Tejada que se encuentra a cinco leguas y media de esta villa, puede ser   la venta cervantina que buscamos. 

Pocos datos tenemos de esta venta además del aportado sobre sus rentas anuales, unos veinticinco años antes de la aparición de esta Primera Parte del Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha. Según la respuesta cincuenta y cinco a las Relaciones pedidas por Felipe II, contestaron desde la villa de Almodóvar del Campo, que “la venta Tejada es de Pedro García y valdrá trescientos ducados”.

Contestación 55 de Almodóvar del Campo en la Relaciones de Felipe II

Esta venta, junto con la Venta del Horcajo, siguiente en dirección a Sevilla, que aún tenía menos renta que ella, doscientos ducados, era de las peores acondicionadas que en aquel camino que se podían encontrar los viajeros, posiblemente al encontrase en medio de Sierra Morena.

¿Puede ser esta la venta descrita por Cervantes, donde además de don Quijote y Sancho, decidieron alojarse en ella don Fernando, hijo de un duque Grande de España, junto con Luscinda, o don Juan, oidor destinado a la Audiencia de Méjico en compañía de su hija Clara, habiendo en el camino dos ventas mucho mejor preparadas muy poco antes de llegar a ella?

Estas dos mejores ventas, más adecuadas para los personajes que Cervantes hace coincidir y descansar en ella, son las ventas del Molinillo y del Alcalde.

La Venta del Molinillo, se encontraba a legua y media de la Venta de Tejada, y así la describía en la misma contestación la villa de Almodóvar del Campo: “la venta el Molinillo es de María y Francisco Delgado, vecinos de esta villa, y vale mil y cuatrocientos ducados porque les renta en cada año cuarenta mil maravedís poco más o menos”.

La Venta del Alcalde se encontraba aún más cerca, solo a una legua de ella, siendo así descrita: “ la venta del Alcalde que es de los hijos y herederos de Esteban Sánchez, difunto, y vale mil y quinientos ducados porque renta más de cuarenta mil maravedís, y hay correo de postas”.

Contestación 55 de Almodóvar del Campo en la Relaciones de Felipe II, donde se relacionan las ventas del Molinillo y del Alcalde.

Pero también Cervantes la describe como una venta pequeña. Cuando a la llegada de cuatro cuadrilleros a ella se encuentran con don Quijote, y en una nueva disputa, que si la venta era castillo o venta, uno de los cuadrilleros le contesta a don Quijote:

Mejor fuera al revés –dijo el caminante-; el cetro en la cabeza y la corona en la mano. Y será, si a mano viene, que debe de estar dentro alguna compañía de representantes, de los cuales es tener a menudo esas coronas y cetros que decís; porque en una venta tan pequeña, y adonde se guarda tanto silencio como esta, no creo yo que se alojan personas dignas de corona y cetro” (IP, Cap XLIII).

Y contradictoriamente, poco antes, la define como una venta donde se pueden alojar muchas personas, cuando el ventero recuerda tener unos libros que se suelen leer cuando en la época de la siega llegan a estar alojadas en ella más de treinta personas. Uno de esos libros es El Curioso impertinente, leído poco después por el cura ante todos los allí presentes:

“Porque cuando es tiempo de la siega, se recogen aquí, las fiestas, muchos segadores, y siempre hay algunos que saben leer, el cual coge uno destos libros en las manos, y rodeémonos dél más de treinta, y estámosle escuchando con tanto gusto, que nos quita mil canas;” (IP, Cap XXXII) 

Con estas dudas, sobre si las distancias marcadas por Juan de Villuga podían llevarnos a algún error, solo nos queda recorrer el antiguo camino de Toledo a Sevilla, que aún hoy se puede seguir no sin cierta dificultad, y que partiendo desde Almodóvar del Campo nos lleve hasta Sierra Morena, el mismo camino recorrido tantas veces en su vida por el propio Cervantes. 

A unos 15,1 Km., llegamos a un núcleo urbano llamado hoy La Estación de Veredas-Brazatortas, surgido alrededor de la antigua estación de ferrocarril de Veredas, de la línea ferroviaria de Ciudad Real-Badajoz, construida entre los años 1861 y 1866.  A sus afueras entre sus casas, la mayoría construidas en el siglo XIX y XX, se distingue una construcción de piedra en ruinas, fácilmente reconocible, estamos junto a la antigua Venta de Tartanedo.

Ruinas de la antigua Venta de Tartanedo

 Seguimos el camino, y a 30,4 Km. de Almodóvar del Campo, casi   terminando de atravesar el valle de Alcudia, pasamos junto a una casa de labor, llamada hoy de la Divina Pastora, situada sobre la antigua Venta del Molinillo. Muy cerca de esta venta el camino fue cortado por la construcción de la línea ferroviaria AVE de Madrid-Sevilla. Descontando de nuestra medición el pequeño rodeo que hay que hacer, para situarnos de nuevo sobre el antiguo camino al otro lado de las vías férreas, a 33,0 km desde que salimos del centro de Almodóvar del Campo, llegamos a la todavía hoy llamada Venta de La Inés, y como nos recuerda su actual propietario, don Felipe Ferreiro, llamada en tiempos de Cervantes, Venta del Alcalde.

No podemos sino hacer los cálculos aquí, junto a su puerta, y nos encontramos aproximadamente a ¡cinco leguas y media de camino desde Almodóvar del Campo!, la distancia a la que según Cervantes, debía de encontrarse la venta buscada.

Sin duda alguna, nos encontramos en un lugar muy conocido por él, parada y descanso en sus viajes a Andalucía, y que lo quiso dejar como referencia en El Quijote, su gran obra, como la venta donde transcurren tantos capítulos, y desde donde nuestro caballero partirá enjaulado hacia el lugar que lo vio nacer y morir, como Alonso, y desde donde parte en busca de aventuras con el nombre de don Quijote.

¡Don Felipe Ferreiro ya sabía que esta era la venta cervantina!. Se lo dijo su padre, y a este su abuelo, que en 1879 compró la ya llamada Venta de La Inés a los anteriores propietarios, parientes suyos, que así también lo recordaban. Y con orgullo nos dice: ¡Yo nací aquí, en esta venta, el 9 de enero de 1930!

Y aún hoy en su interior, junto a su gran chimenea intacta durante estos siglos, don Felipe, un anciano de mente lúcida, nos recita de memoria partes de El Quijote. 

Pero también Cervantes, además de dejarnos los datos necesarios para su ubicación en este Camino de Almodóvar del Campo, también la relaciona con Madrid, distanciándola a tres jornadas en coche de caballos. O, puede ser otra nueva contradicción del autor?

Don Juan y su hija Clara, llegan a la venta ya de noche, después de una larga jornada de viaje en coche de caballos, “en esto llegaba ya la noche, y al cerrar della, llegó a la venta un coche …”. Vienen desde la villa de Madrid, Corte desde que Felipe II la traslada desde Toledo en 1561, seguidos por don Luis, pretendiente de Clara, disfrazado de mozo de mulas:

“Este que canta, señora mía, es un hijo de un caballero natural del reino de Aragón, señor de dos lugares, el cual vivía frontero de la casa de mi padre en la Corte …” .

“Pero al cabo de dos jornadas que caminábamos, al entrar de una posada en un lugar una jornada de aquí, le vi a la puerta del mesón, puesto en hábito de mozo de mulas …” (IP, Cap XLIII)

A las dos jornadas de viaje, Clara reconoce a don Luis, en un lugar que se encuentra a una jornada de nuestra venta cervantina. En total don Juan y Clara llevaban tres jornadas desde su salida de Madrid, cuando llegan a la venta.

La venta cervantina se encuentra a cinco leguas y media de Almodóvar del Campo, y esta villa de Madrid a “treinta y seis a la dicha Corte que de presente reside en la villa de Madrid”, según contestan en sus Relaciones Topográficas. En total, unas cuarenta y una leguas separan Madrid de la venta cervantina.

Entre trece y catorce leguas de media por jornada. Distancias por encima de la media de viajes de la época,  entre ocho a diez leguas, si bien el uso de estos cómodos coches, para la época, tirados por dos o cuatro caballos obligatoriamente, según la pragmática de Felipe III de 1600, y el alargamiento de las jornadas, “en esto llegaba ya la noche, y al cerrar della, llegó a la venta un coche …”, hacen más que posible hacer este recorrido, tal y como nos lo describe Cervantes.

Y más aún, por los llanos caminos de rueda, que, desde Madrid, don Juan y su hija Clara habían llevado hasta llegar al principio de Sierra Morena.

Por caminos de La Mancha, si cabe peores, August  Jacacci a finales del siglo XIX, tratando de seguir los pasos del Caballero de la Triste Figura, sobre un carro tirado con una mula, realiza durante el caluroso mes de Julio jornadas similar a las que Cervantes nos describe. En la magnífica traducción crítica y estudio que realiza doña Esther Bautista Naranjo de la obra de Jacacci, “On the Trail of don Qixote”, publicada por el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha con el título “Un americano en La Mancha tras las huellas de don Quijote”, leemos:

“Eran las diez de la noche cuando llegamos a Herencia, tras haber recorrido unos ochenta kilómetros durante el día, yendo casi siempre por malos caminos” (Cap. V. El Toboso).

Unas trece leguas recorridas. 

Tres jornadas de viaje desde que salen de Madrid. Con las distancias de camino de la época, la primera jornada les llevaría hasta Toledo, doce leguas. Las otras veintiocho leguas y media hasta la Venta del Alcalde, bien pudieron cubrirlas en las dos siguientes largas jornadas, haciendo noche en la villa de Malagón, que se encontraba a “… catorce leguas hasta la ciudad de Toledo; …”. Esta villa era paso importante para los viajeros de Castilla a Andalucía, como así también contestaban en sus Relaciones Topográficas en 1575:

“… es puerto y paso de los mayores de España porque por él se va viniendo desde Toledo a toda el Andalucía y reino de Granada, y viniendo de estas partes hacia Toledo se pasa por él para toda Castilla la Vieja y tierra de Soria y otras muchas partes”

Malagón, a una jornada de la Venta del Alcalde, es el posible lugar donde Clara reconoció “al entrar de una posada en un lugar una jornada de aquí, le vi a la puerta del mesón, puesto en hábito de mozo de mulas” a don Luis. 

La Venta del Alcalde, hoy Venta de La Inés, es nuestra venta cervantina.

                                                   Luis M. Román Alhambra.

 

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