LAS AVENTURAS DE DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA (IV)

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Continuamos por este espacio natural tan hermoso, como es Sierra Morena. Antonio Machado decía de ella:

¡Qué bien los nombres ponía

quien puso Sierra Morena

a esta serranía!

Y con nuestro Quijote en la mochila seguimos este Camino de la Plata, dejando atrás el Valle de La Tejada, atravesamos el Puerto de La Posdata y nos encontramos, poco después, en el Valle del Horcajo.

La siguiente aventura de nuestros manchegos es la que les lleva a encontrarse en mitad de la noche con una comitiva fúnebre. Muchos autores han admitido que Cervantes conoce el traslado del cuerpo incorrupto de San Juan de la Cruz, o incluso que pudo ser protagonista en primera persona, pues, en la fecha del traslado del santo,en 1593, Cervantes era funcionario como recaudador de impuestos atrasados en Andalucía y sus viajes por este Camino de la Plata, entre Toledo y Andalucía eran frecuentes.

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San Juan de la Cruz, Juan de Yepes, nació en Fontiveros (Ávila) en 1542. Entró de carmelita en Medina del Campo, y en 1567 fue ordenado sacerdote en Salamanca. En el verano de ese año  se encontró en Medina del Campo (Valladolid) con la Madre Teresa de Jesús. Desde entonces los dos grandes autores místicos caminarán juntos en la historia del Carmelo y de la espiritualidad cristiana.

Fue formador de los primeros carmelitas teresianos en varias casas de formación, director y maestro espiritual, en Castilla y Andalucía, de monjas carmelitas y de los fieles. Una incomprensión o murmuración en el seno de la Orden le retuvo prisionero cerca de nueve meses en la cárcel conventual de Toledo. Ese ambiente, desprovisto de luz y de horizonte, le favoreció una gran meditación interior que cantó en sus primeros poemas, génesis de sus futuros libros.

Murió en Ubeda (Jaén), en la noche del 13 al 14 de diciembre de 1591, después de varios meses de sufrimiento por “unas calenturillas”, como él decía. Enterrado en el convento carmelita deUbeda, su cuerpo fue trasladado hasta Segovia en 1593, donde reposa. Beatificado el 25 de enero de 1675 y canonizado en 1726, el 24 de agosto de 1926, Pío XI le declaró doctor de la Iglesia por su enseñanza en el dominio de la Mística. Desde 1952 es patrono de los poetas españoles.

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Este traslado histórico del santo, muy conocido en su época, es utilizado por Cervantes unos años después en el capítulo XIX de la primera parte del Quijote, 1605. La cercanía a la Venta de la Inés, lugar de destino de la comitiva fúnebre para pasar la noche y de partida de don Quijote y Sancho Panza esa misma mañana, no hace sino confirmar el espacio-tiempo de esta aventura en el mapa que vamos transitando. Y que este traslado se hiciese realmente por este camino y no por el más lógico geográficamente hablando, por el Puerto del Muradal, es otra evidencia más en nuestro trabajo.

Los viajeros cervantinos por Sierra Morena, cuando lleguen al final del Valle del Horcajo, podrán imaginar, mirando como el camino comienza serpenteante a subir de nuevo, como esas antorchas con las que venían alumbrándose los encamisados de la comitiva, les parecían estrellas a don Quijote y Sancho, y “vieron que por el mesmo camino que iban venían hacia ellos gran multitud de lumbres, que no parecían sino estrellas que se movían”.Y si lo hacen de noche, no verán antorchas, pero si las mismas estrellas sobre el camino que vio Cervantes.

Como pueden ir ya apreciando los “viajeros cervantinos”y todos los lectores que piensan, igual que yo, que la ficción del Quijote transita por un espacio y paisaje geográfico real, también en Sierra Morena, no coincidimos con la“RUTA DE DON QUIJOTE” que la JJCC de Castilla-La Mancha (www.rutaquijote.com) ha presentado, sin escatimar medios y recursos, en la Feria Internacional de Turismo, FITUR 2017. Los que ingenuamente se han descargado y seguido el mapa literario propuesto oficialmente, estarán en otra zona totalmente distinta de Sierra Morena, sin ninguna referencia geográfica, por un camino y parajes, paisajes y tiempos, que no siguen la narración de novela. Como tampoco la han seguido los creadores de esta  “RUTA DE DON QUIJOTE”.

Pero, sigamos la ficción del Quijote en el Camino de la Plata, con este nuevo capítulo de mi trabajo“Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena”:

 

EL CUERPO MUERTO

Don Quijote convence a Sancho de seguir buscando esas aventuras, por las que dejaron su casa, y buscar un sitio para pasar la noche, dejándole la elección de camino e incluso de dónde alojarse esa noche. Una vez más le pide don Quijote que le meta la mano en la boca y le diga cuantos dientes y muelas le faltan de la “quijada alta” del lado derecho, donde recibió la certera pedrada del pastor. Sancho le pregunta por el número de  muelas que debía tener, respondiéndole don Quijote que todas menos la del juicio, ya que siempre ha tenido bien la boca. Sancho palpa el interior de la boca y le indica: “Pues en esta parte de abajo -dijo Sancho- no tiene vuestra merced más de dos muelas y media; y en la de arriba, ni media, ni ninguna; que toda está rasa como la palma de la mano”. Para don Quijote, o más bien para Cervantes, tiene mucha importancia conservar bien el estado de la dentadura, afirmando a Sancho que más le hubiese gustado que le “hubieran derribado un brazo…” con aquella pedrada. Y vuelve a pedirle a Sancho, ya casi lastimosamente, que le guie en el camino:

“Sube, amigo, y guía, que yo te seguiré al paso que quisieres.

Hízolo así Sancho, y encaminándose hacia donde le pareció que podía hallar acogimiento, sin salir del camino real, que por allí iba muy seguido.

Yéndose, pues, poco a poco, porque el dolor de las quijadas de don Quijote no le dejaba sosegar ni atender a darse priesa…” (I, 18)

“Sin salir del camino real”, continúan por el mismo Camino de la Plata, dejando hambrientos este valle, con ganas de llegar a alguna venta o lugar donde pasar la noche sin más sobresaltos y poder comer y descansar. Sancho justifica las calamidades sufridas, desde que salieron de sus casas, a los incumplimientos contra la orden de caballería que, don Quijote, había cometido durante esos días. Don Quijote reconoce su culpa y se propone poner remedio, haciendo penitencia. Sin dejar el camino, se les pasa aquella tarde y les cae la noche, más cansados y hambrientos:

“En estas y otras pláticas les tomó la noche en mitad del camino, sin tener ni descubrir donde aquella noche se recogiesen; y lo que no había de bueno en ello era que perecían de hambre; que con la falta de las alforjas les faltó toda la despensa y matolaje. Y para acabar de confirmar esta desgracia, les sucedió una aventura que, sin artificio alguno, verdaderamente lo parecía. Y fue que la noche cerró con alguna escuridad; pero, con todo esto, caminaban, creyendo Sancho que, pues aquel camino era real, a una o dos leguas, de buena razón hallaría en él alguna venta.

Yendo, pues, desta manera, la noche escura, el escudero hambriento y el amo con ganas de comer, vieron que por el mesmo camino que iban venían hacia ellos gran multitud de lumbres, que no parecían sino estrellas que se movían” (I, 19)

De noche, un cortejo fúnebre les venía de frente por el mismo camino. Y aquí comienza esta nueva aventura, también conocida como la aventura de los encamisados. Dejado atrás el valle de la batalla con las ovejas y después de atravesar otro puerto por La Posdata, a cuatro kilómetros de aquel valle se encuentra el Valle de El Horcajo. Desde el final de este pequeño valle en medio de Sierra Morena, la visión de las hachas encendidas de la comitiva fúnebre descendiendo desde el monte al valle, por el mismo camino que ellos llevaban, les parecieron  esas “estrellas que se movían” que tan precisamente nos describe Cervantes.

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Sancho con la incertidumbre de lo que se les venía encima, vuelve a temer por sus castigadas costillas. Don Quijote al advertir el miedo de su escudero le quiere tranquilizar, diciéndole:

“Por más fantasmas que sean -dijo don Quijote-, no consentiré yo que te toque en el pelo de la ropa; que si la otra vez se burlaron contigo, fue porque no pude yo saltar las paredes del corral; pero ahora estamos en campo raso, donde podré yo como quisiere esgremir mi espada.

-Y si le encantan y entomecen, como la otra vez lo hicieron -dijo Sancho-¿qué aprovechará estar en campo abierto o no? (I, 19)

Se encuentran en campo raso o abierto, en la parte final del valle, viendo unas lumbres bajar y acercándose hacia ellos en medio de la noche, no es de extrañar que a Sancho, o cualquiera, tuviese miedo.Se apartan del camino, escondiéndose para no ser vistos, pero el miedo de Sancho se acrecienta al distinguir lo que en realidad se les acercaba:

“Y, apartándose los dos a un lado del camino, tornaron a mirar atentamente lo que aquello de aquellas lumbres que caminaban podía ser, y de allí a muy poco descubrieron muchos encamisados, cuya temerosa visión de todo punto remató el ánimo de Sancho Panza. El cual comenzó a dar diente con diente, como quien tiene frío de cuartana; y creció más el batir y dentellear cuando distintamente vieron lo que era, porque descubrieron hasta veinte encamisados, todos a caballo, con sus hachas encendidas en las manos, detrás de los cuales venía una litera cubierta de luto, a la cual seguían otros seis de a caballo, enlutados hasta los pies de las mulas; que bien vieron que no eran caballos en el sosiego con que caminaban. Iban los encamisados murmurando entre sí, con una voz baja y compasiva. Esta extraña visión, a tales horas y en tal despoblado,bien bastaba para poner miedo en el corazón de Sancho, y aún en el de su amo; y así fuera en cuanto a don Quijote, que ya Sancho había dado al través con todo su esfuerzo” (I, 19)

Don Quijote se pone en medio del camino con la lanza en el ristre y les pregunta quienes son, de donde vienen y que es lo que llevaban en las andas, a lo que uno de los encamisados, el que abría paso, le responde:“Vamos de priesa -respondió uno de los encamisados-, y está la venta lejos, y no nos podemos detener a dar tanta cuenta como pedís”

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La intención de los encamisados era llegar a la venta, la misma venta de la que habían salido esa misma mañana don Quijote y Sancho, la Venta de la Inés, que se encuentra de este punto del camino a unos siete kilómetros, una distancia relativamente larga al ser de noche y tener que atravesar aún dos puertos. El encamisado sigue su camino sin intención de detenerse, parándolo bruscamente don Quijote al sujetar y tirar del freno a la mula, y esta, asustándose, se espanta tirando al suelo al encamisado, cayendo sobre él. Un mozo de mulas, que iba a pie junto a la mula, maldice la acción a don Quijote, pero ya con su lanzón estaba arremetiendo a otro de los enlutados tirándolo también al suelo. Con la misma intención, a los demás encamisados los asustó y a otros los apaleó con suma facilidad, corriendo todos “por aquel campo”, por el valle. Descripción del narrador que coincide con el final de este pequeño valle, donde se encontraban en ese momento:

“Todos los encamisados era gente medrosa y sin armas, y así, con facilidad, en un momento dejaron la refriega y comenzaron a correr por aquel campo,con las hachas encendidas, que no parecían sino a los de las máscaras que en noche de regocijo y fiesta corren. Los enlutados asimesmo, revueltos y envueltos en sus faldamentos y lobas, no se podían mover; así que, muy a su salvo, don Quijote los apaleó a todos y les hizo dejar el sitio, mal de su grado, porque todos pensaron que aquél no era hombre, sino diablo del infierno que les salía a quitar el cuerpo muerto que en la litera llevaban” (I, 19)

Don Quijote volviendo al primero de los encamisados, el que cayó de la mula, le amenaza de muerte con la lanza si no le respondía, a lo que le había preguntado poco antes, y este, temiendo realmente por su vida, le contesta:

“… llamome Alonso López; soy natural de Alcobendas; vengo de la ciudad de Baeza, con otros once sacerdotes, que son los que huyeron con las hachas; vamos a la ciudad de Segovia acompañando un cuerpo muerto, que va en aquella litera, que es de un caballero que murió en Baeza, donde fue depositado, y ahora, como digo, llevábamos sus huesos a su sepultura, que está en Segovia, de donde es natural” (I, 19)  

Don Quijote le interroga por el motivo de la muerte del caballero que trasladaban, respondiendo el encamisado que fue debida a unas “calenturas pestilentes”, pidiéndole que le ayudase a salir de debajo de la mula. Don Quijote llama a Sancho, pero este estaba desvalijando a otra mula, la que transportaba las provisiones de alimentos del cortejo, haciendo con su gabán un costal provisional donde meterlas y llevárselas. Cuando terminó esta tarea, con el gabán repleto y como alforja sobre su borrico, fue a donde estaba el encamisado, ayudándolo a salir de debajo de la mula y a subirse sobre ella, y  poder reunirse con sus compañeros.

El cuerpo de San Juan de la Cruz fue trasladado en abril de 1593 desde  Úbeda, villa muy cercana a la de Baeza, a la ciudad de Segovia, atravesando Sierra Morena no por el Puerto del Muradal, que era el camino más directo y lógico, sino que lo hacen por el Camino de la Plata. El motivo de escoger esta ruta, con un considerable aumento de camino a recorrer, fue para evitar la persecución de los vecinos de Úbeda, que al tener noticias del desenterramiento y traslado del cuerpo del santo realizarían tras la comitiva, como así fue. Todo este azaroso traslado, y la elección de ruta hacia Segovia por este camino, por el Valle de Alcudia, está minuciosamente descrito por el carmelita descalzo fray Alonso de la Madre de Dios, en un manuscrito encontrado tras su muerte en 1635 y conservado en la Biblioteca Nacional de España:

“Partió de Ubeda Juan de Medina Zeballos con el santo cuerpo, tan disimulado que nadie lo conociese lo que llevaban, dejando, por lo que pudiese suceder, el camino derecho de Madrid, tomó el de Jaén, que es del mismo obispado , iba aún con algún temor no le saliesen a impedir el paso y quitarle el santo cuerpo. Y enderezando, como él mismo me refirió, su camino de Jaén a Montilla, poco antes de Martos, entrado ya el día… Llegaron a Martos y a Montilla y desde allí por Córdoba continuaron su camino a Madrid” (DE LA MADRE DE DIOS, p. 593)

¿Pudo haber sido Cervantes testigo directo de este traslado, en alguno de sus viajes como funcionario a Andalucía, por este mismo camino o lo conoció poco después como comentario o rumor en la venta? De una manera o de la otra, Cervantes, aprovecha este hecho histórico conocidísimo, el traslado del cuerpo del santo por este mismo camino, para retratar esta imagen, con palabras, de este fantasmal e inusual encuentro en mitad de la noche, de don Quijote y Sancho, conde una comitiva fúnebre.

 

                                 Luis Miguel Román Alhambra

 

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