Don Quijote regresa a casa

El Quijote, nuestro gran cuento de humanidades creado por Miguel de Cervantes, tiene como origen el pueblo de don Quijote y Sancho. Es, en la imagen ambiental del espacio manchego que nos transmite Cervantes, su principal nodo, desde el que los encamina en busca de aventuras, y a él siempre regresan. Don Quijote, en solitario, en la primera salida y acompañado ya de Sancho en la segunda, sale de su pueblo por un camino hacia el este. Solo hay que observar, en la primera salida,  que regresando a casa desde la venta donde es armado caballero, don Quijote, se encuentra de frente en el camino, con unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia.

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Si estos sederos toledanos, evidentemente, iban de oeste a este, de Toledo a Murcia, nuestro hidalgo, que regresaba a casa por el mismo camino, lo hacía en dirección contraria, hacia el oeste. Por ese mismo camino salió de casa el día anterior, hacia el este, hasta que al final del día, cansado y hambriento, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella. El camino de Toledo a Murcia, muy conocido y usado en tiempos de Cervantes, según las informaciones del Reportorio de todos los caminos de España, de Juan de Villuga (1546) o las Relaciones Topográficas (1575), tenía dos variantes a la salida de Toledo, pero con similar distancia. Una variante del camino pasaba por El Toboso y la otra por Campo de Criptana, juntándose ambas en un cruce de caminos, cerca de la Venta de Manjavacas. A este mismo cruce, muy conocido por los viajeros, mercaderes, trajinantes y arrieros, y por el mismo Cervantes, llega don Quijote después de que liberase a Andresillo en un encinar próximo a la venta, donde en esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía… y al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza, a su casa.

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Y es por ese mismo camino y dirección hacia el este, ya con Sancho, el que toman de nuevo en la segunda salida de su pueblo: acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje. Salen, a escondidas, en mitad de una noche calurosa de verano manchego, y al poco de amanecer, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo. Que estos molinos de viento son los de Campo de Criptana, hoy ya no le cabe duda a nadie por ser esta villa manchega la única que disponía de tantos molinos de viento antes de la escritura de la primera parte del Quijote.

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A este escenario de sierras y cerros en la llanura, donde los doce vientos manchegos mandaban dirigir las aspas de los molinos de viento, llegan en dos o tres horas nuestros vecinos, al paso lento de Rocinante. Este hito en la imagen del escenario manchego, los molinos de viento, está al este de Alcázar de San Juan, a menos de una legua de distancia, y ambas villas en el camino de Toledo a Murcia. Si seguimos este camino llegaremos a la Venta de Manjavacas, después de pasar por el famoso cruce de caminos. Solo con estas consideraciones se terminarían tantas discusiones sobre el lugar de don Quijote.

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Sin embargo, en la tercera salida de su casa no siguen este mismo camino y dirección. Esta vez don Quijote quiere ir hacia Zaragoza, pero antes  quiere pasar por El Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga. Cervantes, ahora, nos indica el camino que don Quijote y Sancho toman: … y que los lectores de su agradable historia pueden hacer cuenta que desde este punto comienzan las azañas y donaires de don Quijote y de su escudero; persuádales que se les olviden las pasadas caballerías del Ingenioso Hidalgo, y pongan los ojos en las que están por venir, que desde ágora en el camino del Toboso comienzan.

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Salen casi de noche: al anochecer, sin que nadie los viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso. Cuando Sansón Carrasco se despide de ellos, la intención de don Quijote es caminar toda esa noche y llegar por la mañana al lugar de Dulcinea, pero es tan oscura la noche que tiene dudas: Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar, y con más escuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso.

Cervantes, en la novela, cuando hace caminar a sus dos protagonistas por la noche, nos lo describe precisamente, por ejemplo: Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse (2, 72). No lo hace en esta ocasión, por lo que, caballero y escudero, pasan la noche en algún lugar del camino a El Toboso. La distancia que tenían previsto hacer esa noche, si hubiesen tenido alguna claridad de la Luna, la hacen por el día, llegando por la tarde a ver El Toboso: En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho. Los veinticinco kilómetros, unas cuatro leguas de camino, corresponden a una jornada del mermado Rocinante, tanto de noche como de día, por estos fáciles caminos manchegos.

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En las afueras de El Toboso conoció don Quijote a su princesa Dulcinea, pero  encantada en una labradora. Y desencantada la quiere ver a su regreso de Barcelona, después de que Sancho hubiese cumplido con la penitencia impuesta por el mago Merlín: que para recobrar su estado primo la sin par Dulcinea del Toboso, es menester que Sancho… se dé tres mil azotes y trescientos en ambas sus valientes posaderas, al aire descubiertas, y de modo que le escuezan, le amarguen y le enfaden. Don Quijote volvía a casa derrotado en las playas de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna, Sansón Carrasco disfrazado, y lo hace por El Toboso, con el deseo de ver a su Dulcinea desencantada en ese mismo camino.

Sancho había terminado su fingida penitencia después del encuentro con don Alvaro Tarfe, y don Quijote esperaba, de un momento a otro, encontrarse con Dulcinea desencantada en el camino. Pero llega a ver su pueblo sin verla: siguiendo su camino, no topaba mujer alguna que no iba a reconocer si era Dulcinea del TobosoCon estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho, se hincó de rodillas, y dijo: Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado.

Don Quijote y Sancho Panza han llegado a su pueblo por el mismo camino por el que salieron, por el camino de El Toboso, pero no han visto a Dulcinea en él. El camino de El Toboso al lugar de don Quijote, tiene, según nos describe Cervantes, una cuesta casi al llegar a él, que oculta su visión y desde la que, una vez en su cresta, se contempla el pueblo. ¿Estamos ante un recurso literario, como muchos defienden? ¿Existe realmente esta cuesta en el camino de El Toboso a Alcázar de San Juan? Solo hay que comprobar in situ esta parte del texto.

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El antiguo camino de El Toboso a Alcázar, poco después de dejar atrás la ermita del Stmo. Cristo de Villajos, es la carretera CM-310 en casi sus últimos siete kilómetros, siendo de nuevo visible el camino, con el nombre de Camino de Quintanar, después atravesar los Cerros de Vallejo. Desde un pequeño cerro testigo, que hay junto a la ermita, se puede contemplar la imagen del camino hacia Alcázar y su unión con la carretera CM-310.

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Con las curvas de nivel de las hojas MTN25 del Instituto Geográfico Nacional he realizado este perfil del camino, en el que se observa la cuesta que impide ver Alcázar de San Juan desde el camino, tal y como podemos leer en el Quijote

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Viniendo desde El Toboso nos encontramos el comienzo de una cuesta a unos tres kilómetros y medio, salvando los quince metros de desnivel en unos seiscientos metros de camino. Esta cuesta impide la visión urbana de la ciudad. Este relieve es parte de los Cerros de Vallejo, donde durante los siglos XVIII-XX se instalaron molinos de viento.

Hecho el trabajo de gabinete, ahora hay que hacer el trabajo de campo. Esta parte del camino es actualmente la carretera CM-310, pero tiene junto a su lado un camino de servicio en un estado regular, que se puede transitar andando sin riesgo.

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Con mis propios ojos compruebo esta cuesta, que tantas veces he tenido que hacer en bicicleta y en coche, cuando regreso de Quintanar o del mismo lugar de Dulcinea. Veo como lo vehículos aparecen o desaparecen en su cresta. Continúo subiendo la cuesta, de la misma manera que lo hicieron nuestros vecinos: con estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea. No es pesada y menos en un día nublado y fresco como hoy, y cuando llego a su cresta redondeada veo Alcázar, y Alcázar me ve a mí, como vio a Sancho,… la cual vista de Sancho, se hincó de rodillas, y dijo: Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo. 

Saco mi Quijote de la mochila, un viejo zurrón de pastor que hoy me sirve en los trabajos de campo, y leo como don Quijote, posiblemente enojado por no haber visto desencantada a Dulcinea, le dice a Sancho: Déjate desas sandeces; y vamos con pie derecho a entrar en nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traza que en la pastoral vida pensamos ejercitar. Y…  con esto, bajaron la cuesta y se fueron a su pueblo.

Sin duda estoy en el mismo lugar donde Cervantes puso a nuestros vecinos, viendo la misma imagen que pudo ver alguna vez don Miguel, el Torreón, la iglesia conventual de San Francisco, Santa María. Es casi mediodía y tengo algo de tiempo para seguir leyendo allí mismo, sentado junto al camino, el capítulo siguiente, donde se terminan las aventuras de don Quijote y Sancho, el capítulo LXXIII. Cervantes nos cuenta como llegan a su pueblo: A la entrada del cual, según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos, …

c11.jpgDos de las muchas eras descritas en el Libro Maestro.

 

Hoy no existen esas eras en esta parte de la entrada a Alcázar, pero sí cuando se escribía el Quijote. En el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan, podemos consultar un curioso documento, elLibro Maestro y Registro de todas las piezas de tierras, viñas, olivares, eras, salitrerías, casas, molinos, censos, juros, y rentas que existen en esta población y Término de esta villa de Alcázar de San Juan, cabeza de Partido de la Provincia de Toledo, perteneciente al Estado Secular, en el mes de marzo de 1750”. Las eras aquí descritas, muy antiguas, han llegado en uso hasta bien entrado el siglo XX.

En esta hoja del Libro Maestro quedan relacionadas dos de las muchas eras para trillar que existían en las afueras del pueblo, en las cercanías del pozo nuevo que suministraba agua a la fuente de la plaza, y que se encontraban cerca del camino de El Toboso, una de ellas lindando con una tierra propiedad de un Saavedra alcazareño, curiosa coincidencia:

Iten una hera de pan trillar en el sitio del pozo nuevo distante un tiro de bala linda a oriente con tierra de don Juan Joseph Guerrero al sur otra de don Juan Antonio Sabedra a poniente el camino del Calvario y al norte con tierra de Juan Romero Mercado…

Iten otra hera de pan trillar en el pradillo distante un tiro de bala linda a oriente con tierra de don Juan Antonio Maza…

Después de ser reconocidos por los muchachos que en la era estaban riñendo por una jaula de grillos, Sancho coge con sus manos una liebre que unos cazadores con sus galgos estaban persiguiendo, y que le sirve para tratar de convencer a don Quijote que todo aquello no era un mal agüero, como entendía don Quijote,… llegaron los cazadores, pidieron su liebre, y diósela don Quijote; pasaron adelante, y a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo rezando al cura y al bachiller CarrascoFueron luego conocidos los dos del cura y del bachiller, que se vinieron a ellos con los brazos abiertos. …Finalmente, rodeados de mochachos y acompañados del cura y del bachiller, entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don Quijote…

Aquí cierro mi Quijote, lo meto en mi zurrón y bajo la cuesta para, como mis vecinos Alonso y Sancho, entrar en mi pueblo, recordando que en un “pradecillo”  a la entrada estaban rezando el cura y el bachiller, y que una de aquellas antiguas eras descritas en el Libro Mestro estaba “en el pradillo distante un tiro de bala” de Alcázar. ¿Otro recurso literario, o tanto en el Quijote como en el Libro Maestro hablan del mismo pradecillo o pradillo?

Sin ninguna duda el autor del Quijote, conocía este camino. A Azorín en su viaje por las tierras del Quijote, en 1905, estando en El Toboso, don Silverio, su maestro de escuela, le afirmaba sobre Cervantes: Señor Azorín, que Miguel sea de Alcázar, está perfectamente; que Blas sea de Alcázar, también; yo tampoco lo tomo a mal; pero el abuelo, ¡el abuelo de Miguel! no le quepa a usted duda, señor Azorín, el abuelo de Miguel era de aquí… Desde luego, si don Silverio estaba en lo cierto, bien pudo su nieto ir y venir por este mismo camino de Alcázar a El Toboso a ver a su abuelo y conocer esta cuestecilla.

Sea como fuese, esta imagen la utiliza como escenario final de las aventuras de mi vecino Alonso, como las eras para trillar pan y ese pradecillo que en las meriendas de San Marcos los alcazareños hemos llegado a pisar, sin darnos cuenta que pisábamos las mismas huellas de Rocinante.

He terminado mi mapa de la ruta del Quijote. No coincide casi en nada con las rutas oficiales de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ni con las rutas de gabinete de Tomás López, que nunca pisó estas tierras, ni con las de otros investigadores. Sí coincide el origen y final de mi ruta, el lugar de don Quijote y Sancho, con el gran trabajo de investigación que Ángel Ligero Móstoles llevó a cabo con tanto esfuerzo y que en tanto olvido ha caído, posiblemente por ser de Alcázar, aunque nacido en Villacañas. Desde este camino, tan conocido y citado por Ligero, me acuerdo de una parte del primer tomo de su trabajo, La Mancha de Don Quijote (1991), que titula Alcázar de San Juan, clave del Quijote. Bajo la cuesta, ya en el camino viejo, en dirección a la antigua entrada por la puerta de Villajos, y lo hago en tu memoria, don Ángel.

Luis Miguel Román Alhambra

 

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