LA IMAGEN DE LA MANCHA. ENERO

Hoy es siete de enero. Con espíritu de niño miro a través de la ventana con la esperanza de que los pronósticos de nieve se cumpliesen en esta parte de la Mancha, pero solo está lloviendo. No sé si podré subir al cerro del Montón de Trigo para hacer mi fotografía de primeros de mes. Me dirijo a él y compruebo que sigue chispeando y el suelo está embarrado, subir a pie a él es toda una temeridad, más para mis zapatos que no son los adecuados para la lluvia y el barro. Antes de llegar, desde el camino de la Casa de la Hidalga hago esta fotografía de él.

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¿Habrá nevado en la sierra de Campo de Criptana? Las previsiones eran que lo haría en la Mancha por encima de los 700 m.s.n.m. y la Sierra de Criptana está a 750 m.s.n.m. Solo estoy a unos cuatro kilómetros desde aquí y no pierdo nada en ir. Conforme voy acercándome, a tan solo dos kilómetros veo como un ligero manto blanco cubre el suelo, ¡por fin veo la esperada nieve! Antes de llegar a la cresta de la sierra veo las ruinas de uno de los más de treinta molinos que en tiempos de Cervantes tuvo Campo de Criptana.

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¡Otro gigante que resiste el paso del tiempo! quizás esperando que otro chileno, como Carlos Sander, venga a animarnos a restaurar esta obra civil del siglo XVI. La figura de este cónsul de Chile en España me fascina por su amor por estos artilugios, que tanto grano molieron y tanta hambre quitaron, y hoy tantos recursos turístico-económicos nos ofrecen. Sander llegó a España en 1951 con el entusiasmo de conocer la Mancha de don Quijote y cuando subió a la sierra de Campo de Criptana y vio el estado casi ruinoso de los molinos de viento, tuvo la genial idea de restaurar aquellos gigantes contra los que luchó don Quijote con dinero de países del otro lado del océano. Y en 1960 el Quimera estaba terminado con los pesos recogidos para tal fin en las huchas puestas en Santiago de Chile. Años más tarde otros molinos volvieron a estar dispuestos a entrar en  descomunal batalla contra el olvido, y hoy podemos contemplar, también gracias a la aportación de gobiernos latinoamericanos.

Me bajo del coche y me acerco a este molino, aún es un molino. Reconozco su escalera por la que el molinero subía sobre sus espaldas los sacos con el grano para moler hasta la planta alta, donde las piedras hacían el milagro de convertirlo en fina harina movidas con el soplo del aire. ¡Bendito aire solano! cuantas madrugadas has hecho despertar al molinero de su dulce sueño para, casi sin quitarse las legañas, vestir con las recias lonas las aspas de su molino y aligerando el freno de la maquinaria de álamo negro hacer crujir la rueda catalina.

Estoy junto al primer peldaño de la escalera y hace mucho frío hasta en las entrañas abiertas de este gigante. Sigo pensando en Carlos Sander y en aquel alcalde criptanense, José González Lara, que creyó en el proyecto del chileno. ¡Cuánta ilusión hemos perdido los manchegos por lo nuestro! ¡Cuánta indiferencia de tantos gobernantes, con honrosas excepciones, miopes culturales que a lo sumo balbucean las primeras líneas del Quijote, nefastos gestores del gran legado que a la Mancha, y a los manchegos, dejó Cervantes haciéndola patria del Caballero de la Triste Figura!

Al menos Campo de Criptana puso el nombre de una calle en recuerdo de Carlos Sander, aunque muchos de sus vecinos ni saben quién fue. Aumenta el aire y por lo tanto la sensación de frio. Me subo de nuevo en mi vehículo y solo avanzando unos pocos metros vuelvo a parar, la imagen de los molinos de viento apareciendo ante mí en el cercano y gris horizonte es asombrosa.

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Busco en la mochila mi Quijote y salgo de nuevo del coche. Entre el aire y el frio casi soy capaz de pasar las hojas, hasta encontrar este texto, que leo muy despacio, no tengo ya prisa:

“En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas…”

¡Estoy viendo la misma imagen que Cervantes hace ver a don Quijote y a Sancho! Y todavía hay autores que dicen que la aventura de los molinos de viento es un recurso literario más, que las aventuras pueden pasar en cualquier lugar de la Mancha o incluso de Castilla, que la geografía del Quijote no existe… Pues que vengan aquí, como lo hizo Sander, que dejen sus cómodas estancias y pongan los pies en este camino, y verán cómo, ante sus incrédulos ojos, se descubren unos desaforados gigantes, los mismos molinos de viento que alguna vez vio don Miguel y los  encantó en gigantes.

Creo que, aunque este mes no he cumplido la promesa de hacer una fotografía desde el Montón de Trigo, esta imagen de los molinos de viento apareciendo en el horizonte manchego ha valido la pena. Regreso a casa, lo que parecía una fría y lluviosa mañana de enero, sin más, se ha convertido en un encantador y blanco  paseo quijotesco. Posiblemente he tenido los pies donde alguna vez los tuvo Cervantes y, con su ingenio, puso también al bueno de Alonso sobre Rocinante, aunque en verano.

En febrero volveré al Montón de Trigo, seguro.

                                            Luis Miguel Román Alhambra

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2 respuestas a LA IMAGEN DE LA MANCHA. ENERO

  1. Pingback: La imagen de la Mancha en enero | Cosas de Alcázar de San Juan

  2. Maravilloso paisaje el nuestro, bella descripción de un manchego implicado, un abrazo.

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