LA IMAGEN DE LA MANCHA: MARZO

Al comienzo del invierno, los pronósticos meteorológicos oficiales para el sur de España eran que sería más caluroso y más seco que la media registrada. Los niveles de agua embalsada eran muy inferiores al año pasado y los agricultores miraban al cielo sin saber cuándo podrían sembrar. En la imagen de la Mancha de diciembre anotaba: “Por aquí aún no han sembrado, es terreno de secano y  no ha llovido lo suficiente, si no lo hace pronto quizás no se pueda sembrar este año.”

marzo 1

En algunos lugares manchegos, siguiendo tradiciones antiquísimas, sacaron de sus templos imágenes en procesión, en ruego para que llegaran las ansiadas y necesarias lluvias. Cervantes las conoció en su época, en la Mancha, y quiso dejarnos su imagen con palabras cuando en su regreso desde la venta de Sierra Morena a casa, la comitiva con don Quijote y Sancho Panza, escuchan un son de música y poco después ven a muchos hombres vestidos de blanco, a modo de disciplinantes. Era el caso que aquel año habían las nubes negado su rocío a la tierra, y por todos los lugares de aquella comarca se hacían procesiones, rogativas y disciplinas, pidiendo a Dios abriese las manos de su misericordia y les lloviese. Llevaban una imagen de la Virgen en procesión a una ermita cercana, y el resultado de la aventura ya se lo puede imaginar. Quien ha leído el Quijote se acordará y aquí justo esbozará una sonrisa. Para quienes no lo han leído todavía abran el Quijote por el capítulo 52 de la primera parte y ríanse un poco.

Por las rogativas o no, el caso es que los modelos oficiales de pronósticos se han equivocado. La causa inexplicable, que ahora explican, es que una masa de aire polar se ha descolgado de su posición sobre el Ártico y hace que una borrasca tras de otra estén mojando nuestras tierras, y todas las de España, con una intensidad solo recordada por los nuestros mayores. Inviernos en los que los agricultores estaban varias semanas sin poder salir al campo al estar estos embarrados por el agua.

Hoy es domingo. Ayer llovió también y por la ventana veo que al menos en la próxima hora parece que no lo hará. Me llevo las botas de agua con la intención de subir al Montón de Trigo.

marzo 2

Los pies se me hunden en el barro pisando el olivar cercano a mi observatorio natural. Después, mientras subo por su ladera de sotavento, hace mucho viento esta mañana, las piedras me facilitan mucho el ascenso. Desde su redondeada cima se comienza a ver en algunos campos verdeando ya la siembra. No todos los agricultores tomaron la decisión de sembrar y este año muchos campos quedarán en barbecho, descansando. Seguro que en abril y mayo los colores ocres y verdes inundarán esta imagen.

marzo 3

Amenaza ya la lluvia. Solo quedan dos semanas para estar en el Domingo de Ramos, comienzo de la Semana Santa para los cristianos. A menos de dos kilómetros de aquí, y justo en el cruce que me llevaría de regreso a casa, se encuentra la Ermita del Cristo de Villajos. A esta ermita vienen andando desde varios lugares cercanos, también desde Alcázar de San Juan, los días previos a la Semana Santa, especialmente el viernes anterior. Decido estar un rato en oración junto a esta venerada imagen del Cristo de Villajos, patrón de Campo de Criptana. Esta antigua ermita, de planta en forma de cruz latina, se reconstruyó en el siglo XVII. Originalmente su advocación era de Nuestra Señora de Villajos. El retablo es imitación al barroco dorado original de finales del siglo XVII, desaparecido en los incendios que sufrió durante la Guerra Civil española, como buena parte de su estructura original.

marzo 4

Es temprano aún y no hay nadie, son las diez de la mañana. Acaban de abrir la puerta y dentro el silencio es absoluto. Casi lo prefiero así. Estoy unos minutos, y ya solo escucho el suave ritmo de un reloj de pared al fondo, junto al altar, y mi respiración. Me recuerda al desierto de Atacama, en Chile, aunque allí llegaba a escuchar hasta los latidos de mi corazón. A veces, en la vida, el silencio es muy necesario y aquí, dentro de la ermita, se encuentra.

marzo 5

El ruido que hace el agua de la lluvia al caer, desde el alero del tejado al suelo, rompe el silencio. Vuelve a llover fuerte y es el pretexto para seguir un ratito más allí, hasta que el reloj de la ermita me recuerda que ya son las diez y media. Para de llover y decido volver a casa.

Volveré al Montón de Trigo en abril, ya será primavera.

Luis Miguel Román Alhambra

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