El antiguo Campo de Montiel del Quijote

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Si de la Mancha del Quijote se han escrito miles de folios, del Campo de Montiel otros tantos. Que el Campo de Montiel es una parte de la Mancha no cabe la menor de las dudas, ni a los montileños de hoy ni a los lectores coetáneos de Cervantes. Los límites del Campo de Montiel tenían, y tienen, sus bordes perfectamente delimitados, correspondiendo con los dibujados en el mapa de 1575 que acompaña las respuestas de Villanueva de los Infantes en sus Relaciones Topográficas, que son los mismos de la comarca actual del Campo de Montiel, en la región de Castilla-La Mancha.

Sin embargo, estos límites no corresponden, con la imagen que del Campo de Montiel nos deja Cervantes en el texto del Quijote, ni con los mapas que comenzaron a editarse en su tiempo y que muy probablemente tuvo alguno en sus manos. Mapas imprecisos, según las técnicas cartográficas actuales, pero realizados con los conocimientos de los mejores geógrafos y cartógrafos de su época.

De España no hubo mapas precisos hasta que se crea el Instituto Geográfico en 1870, impulsado por José Echegaray, ministro de Fomento, bajo la dirección del coronel de ingenieros Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero. El primer mapa parcial u hoja, correspondiente a Madrid, se publica en 1875 y el último, de San Nicolás de Tolentino, en 1968, casi cien años después. Hoy, los mapas se realizan mediantes técnicas de sistemas de posicionamiento global, fotogrametría, interferometría radar, ortoimágen, etc., con incertidumbres de centímetros, integradas en infraestructuras globales de información geográfica, que nada tienen que ver con la toma de datos directamente en el campo con brújula y teodolito, por los equipos de trabajo iniciales del Instituto Geográfico, y mucho menos con los mapas cartografiados en el siglo XVI y XVII. En tiempo de Cervantes, aunque la cartografía había resurgido con fuerza después de la invención de la imprenta, en 1454, y del descubrimiento de América, en 1492, solo las costas estaban bien definidas por la labor de pilotos y cosmógrafos a bordo de los navíos. El interior de los países se representaba mediante el posicionamiento de las ciudades y lugares más importantes, de los que se conocían sus coordenadas mediante su observación astronómica, y por las informaciones de los expedicionarios contratados para viajar por el territorio preguntando a los vecinos de cada lugar por sus aspectos geográficos, como el nombre del lugar más próximo por el norte, sur, este y oeste, y a qué distancia se encontraban, el nombre del río más cercano, en qué dirección estaba y de nuevo su distancia, etc. En el mejor de los casos las respuestas tenían una precisión de cuartos de leguas, un kilómetro y medio, siendo lo habitual medias leguas, tres kilómetros. Un procedimiento lento y muy costoso, y siempre a merced del celo y el rigor en las notas de estos expedicionarios, puestos en dudas por los propios geógrafos al contrastarlas.

En 1751, Jorge Juan, después de regresar de la expedición internacional a Perú, que determinó la medida exacta de un arco de un grado en el Ecuador, prepara y presenta a Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada y secretario de Estado, un proyecto en el que se definían los procedimientos para levantar el mapa general de España. El proyecto se olvida con la caída política del marqués de la Ensenada, en 1754. El mismo año de 1751, Jorge Juan, había instado al Gobierno a que se enviaran a dos cartógrafos españoles a París, Tomás López y Juan de la Cruz, para formarse en el levantamiento de mapas en los gabinetes de Mazarin y D´Auville. A su regreso a España, en 1760, Tomás López, recibe el encargo de hacer el mapa de España, pero casi sin presupuesto. Enviar decenas de expedicionarios y topógrafos al campo era demasiado caro, y López sustituye a estos por remitir un cuestionario a cada lugar de España, a su alcalde, cura párroco o maestro de la escuela, donde le solicitaba que respondiera sobre cuestiones geográficas e incluso que le remitiesen un croquis o dibujo sobre su lugar y lugares próximos, ríos, caminos, montañas, etc.:

“Muy Señor mío: Hallándome ejecutando un mapa y descripción de esa diócesis, y deseando publicarle con el acierto posible, me pareció indispensable suplicar a Vd. se sirva responder a los puntos que comprende el interrogatorio adjunto…”
Aunque los mapas realizados por Tomás López no tenían precisión matemática, solo las ciudades y lugares importantes estaban situados con coordenadas precisas, estos contenían muchísima información de forma muy clara y sencilla, incluso con los caminos más importantes, gracias a su método minucioso de trabajo y a la gran información recibida desde todos los rincones de España. Algunas de las informaciones fueron muy vagas, pero otras contenían un gran nivel de detalle geográfico.

En la Biblioteca Nacional de España se conservan originales y copias de los miles de documentos remitidos a Tomás López desde los lugares e instituciones a los que solicitó ayuda. En los archivados como provincia de Ciudad Real, encontramos los documentos recibidos desde el Campo de Montiel, entre ellos el realizado por su gobernador, Fernando de Cañas, en el año 1772. Este documento es de gran importancia para entender el “antiguo y conocido campo de Montiel” del Quijote, mucho más extenso que el Campo de Montiel que hoy conocemos. Es un documento inédito en el estudio del Quijote que desde hoy formará parte de la geografía cervantina, al hacer consistente el texto con la geografía física y humana que Cervantes nos describe.

“Pero quizá la caballería y los encantos destos nuestros tiempos deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos”, le decía don Quijote a Sancho, mientras regresaba a casa desde Sierra Morena enjaulado sobre un carro tirado por bueyes. El Campo de Montiel actual no es, ni puede ser, el “origen del Quijote como pretenden los encantadores de nuestro tiempo, al menos del Quijote de Cervantes. Sus límites, y la geografía física y humana, son incompatibles con el texto cervantino, por mucho que nos intenten convencer mediante extensísimos trabajos publicados, con escasa aceptación y el recelo de las administraciones públicas por su uso, mal uso afirmo yo, en las justas reivindicaciones de esta comarca manchega del Campo de Montiel, ante el olvido social y económico que sufre durante muchas décadas por parte de las instituciones públicas regionales y nacionales.

El Campo de Montiel actual es una gran parte del “antiguo y conocido campo de Montiel” del Quijote, sin lugar a dudas. Este espacio geográfico, tan importante en el texto cervantino, forma un capítulo, junto a la Mancha y la comarca cervantina del Quijote, de mi próximo trabajo que verá la luz el próximo año.

Llevo tiempo afirmando que “el Quijote es una abstracción de la sociedad real que conoció Cervantes, también de su geografía y el propio paisaje, escenarios de las aventuras del hidalgo manchego”. La imagen del paisaje cervantino tendrá consistencia con el texto solo si nos aproximamos a su tiempo.

El antiguo y conocido Campo de Montiel

Cervantes tiene un especial vínculo con el Campo de Montiel. Topónimos nombrados en el Quijote están dentro de este espacio geográfico. Las Lagunas de Ruidera y la Cueva de Montesinos, con sus paisajes únicos en la Mancha y leyendas medievales, quedaron grabados en su memoria en cualquiera de sus viajes o estancias por la zona. La misma imagen que queda en nosotros cuando, dejando atrás el paisaje monótono, de pronto, el agua se desborda de forma increíble y ruidosa ante nosotros, son las Lagunas de Ruidera “famosas ansimismo en toda la Mancha y aun en toda España”. Y en el nacimiento de las lagunas la mismísima Cueva de Montesinos, “de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se contaban”. En las Relaciones Topográficas de La Ossa ya la nombran: “Y más arriba de ella hay una cueva, la cual se dice que era la cueva de Montesinos, que pasa un río grande por ella”.

Este espacio manchego es utilizado por Cervantes como referencia geoliteraria para sus lectores, los de su tiempo. Especialmente para situar el origen de las aventuras en esta inmensa Mancha. Y lo cita en cinco ocasiones a lo largo de las dos partes del Quijote.
Al final del Prólogo de la primera parte es nombrado, por primera vez:

“… y el alivio tuyo en hallar tan sincera y tan sin revueltas la historia del famoso don Quijote de la Mancha, de quien hay opinión, por todos los habitadores del distrito del campo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el más valiente caballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos” (1, Prólogo)

El sentido geográfico de la palabra “distrito” era utilizado en su tiempo como: “… el termino que contiene en fi alguna Provincia lugar, o termino, y la jurifdicion de la poteftad de aquel termino, y distrito”. (Cobarruvias, 1611). Cervantes define a la Mancha como “provincia”, cuando don Quijote le cuenta a Sancho y al “primo” lo que le había ocurrido dentro de la cueva, y lo que Montesinos le decía a su primo Durandarte:

“… solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera: las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima que llaman de San Juan.” (2, 23)

Para Cervantes y sus lectores, en el habla de su tiempo, el Campo de Montiel es un “distrito” de la “provincia de la Mancha”, una parte de la Mancha.

En cada una de las tres salidas, de don Quijote de su casa, es nuevamente nombrado el Campo de Montiel. Después de ocho días pensando cuál sería su nombre, que “se vino a llamar don Quijote”, y limpias las viejas armas de su familia, sale de madrugada de su casa, y, cuando lleva un tiempo caminando, comienza a pensar lo que de él se escribirá:
“… que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel (y era la verdad que por él caminaba) y añadió diciendo…” (1, 2)

Su primera salida solo dura un par de días. Repuesto, en su casa, de la paliza propinada por el mozo de los mercaderes toledanos, pocos días después, ya en compañía de su vecino y escudero, Sancho Panza, vuelve a salir de su pueblo, por segunda vez:
“Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban.” (1, 7)

Don Quijote, inicia las dos primeras salidas por el mismo camino y dirección, para entrar en el Campo de Montiel. El pueblo manchego de don Quijote está fuera del “distrito del campo de Montiel”, aunque sí muy cerca de sus límites. Si el origen de las aventuras de don Quijote, su pueblo, estuviese en el Campo de Montiel, como algunos autores intentan mantener, no necesitaría don Quijote acertar en “tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje”, para pisar el Campo de Montiel.  Sencillamente, porque si el lugar de don Quijote estuviese en este “distrito” manchego, saliendo por cualquiera de los caminos de su pueblo siempre estaría en él, sin necesidad de acertar.

En la tercera, y última, salida de su casa, ya no lo hace por el mismo camino, sino que utiliza otro distinto, ahora con dirección a El Toboso, hacia donde se encaminan para comenzar unas nuevas aventuras:

“Bendito sea el poderoso Alá!, dice Hamete Benengeli al comienzo deste octavo capítulo. ¡Bendito sea Alá!, repite tres veces, y dice que da estas bendiciones por ver que tiene ya en campaña a don Quijote y a Sancho, y que los letores de su agradable historia pueden hacer cuenta que desde este punto comienzan las hazañas y donaires de don Quijote y de su escudero; persuádeles que se les olviden las pasadas caballerías del ingenioso hidalgo y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel…” (2, 8)

Cervantes, en el último capítulo de la primera parte, esboza tenuemente la tercera salida de don Quijote, que sería hacia Zaragoza, y cómo será el final del caballero manchego, cuerdo muere en casa rodeado de los suyos. Nos adelanta los epitafios que se podrán leer en su sepultura, entre otros “elogios de su vida”. En uno de ellos, el “Paniaguado, académico de la Argamasilla”, escribe un soneto, y en su segundo cuarteto, describe el espacio geográfico que don Quijote tuvo que recorrer por Dulcinea, pisando el Campo de Montiel. Es la quinta vez que es nombrado:

“Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran Sierra Negra y el famoso
campo de Montiel, hasta el herboso
llano de Aranjuez, a pie y cansado”

El lugar manchego de don Quijote, origen de sus aventuras, no está en el Campo de Montiel, pero sí muy cerca de sus límites. El Campo de Montiel es una parte importante del espacio geográfico natural manchego, gobernado por la Orden de Santiago. Esta orden religiosa y militar tenía sus límites más importantes por el noroeste con la Orden de San Juan, por el suroeste con la Orden de Calatrava y por el este con el Marquesado de Villena. En la época de Cervantes, el Campo de Montiel administrativo y judicial estaba perfectamente definido, y sus límites han llegado hasta nuestros días, como una comarca de Castilla-La Mancha.

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En las Relaciones Topográficas de 1575 queda explícitamente definido y dibujado, en uno de los pocos croquis y mapas que se incluyeron en las respuestas, los límites administrativos, jurídicos y religiosos del Campo de Montiel. En las contestaciones de Villanueva de los Infantes, que se define como “cabeza de la gobernación del Campo de Montiel”, se relacionan “los pueblos que hay en la gobernación del Campo de Montiel”: Villanueva de los Infantes, Alcubillas, La Solana, Membrilla, Torrenueva, Castellar de Santiago, La Torre de Juan Abad, Villamanrique, Almedina, La Puebla del Príncipe, Terrinches, Albadalejo, Cózar, La Ossa de Montiel, Villahermosa, Fuenllana, Alhambra, Carrizosa, Montiel, Torres, Cañamares y Santa Cruz de los Cáñamos. Ruidera no es relacionada, pero si es dibujada en el mapa. En total veintitrés lugares, entre villas y aldeas, formaban el Campo de Montiel en la época de la escritura del Quijote.

El escenario por el que Cervantes dirige a don Quijote en el inicio de sus aventuras contiene dos aspectos geográficos, físicos y especialmente humanos, que lo sitúan en una parte muy concreta de la Mancha:

El primero, es el camino de Toledo a Murcia. En su primera salida, don Quijote, sale “una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de Julio…” camina todo el día, “y no lejos del camino por donde iba”, ve una venta, donde después de malentendidos y golpes es, fingidamente, armado caballero por el ventero. Al amanecer decide deshacer el camino y volver a casa, para hacerse de cuanto el ventero le ha recomendado en su nuevo oficio de caballero andante. Después del encuentro con el pastor Andresillo y su amo Juan Haldudo, vecino de Quintanar de la Orden, llega a un cruce de caminos en el que deja al libre albedrío de Rocinante el camino a seguir, que, lógicamente, no fue otro que el de su cuadra, su pueblo:

“Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia.” (1, 4)

El camino de Toledo a Murcia, por el que iban estos mercaderes toledanos, cruza la Mancha de oeste a este y era una de las vías de comunicación más importantes de la Península Ibérica en los tiempos de Cervantes. En 1546, en Medina del Campo, se editaba la primera de las guías de caminos, muy difundida entre los viajeros en España, el Reportorio de todos los caminos de España, de Pedro Juan Villuga, “en el cual hallará cualquier viaje que quieran andar muy provechoso para todos los caminantes”. En el Prólogo, Villuga aconseja a los caminantes su uso para evitar “ser informados falsamente y de oídas como dicen” y perderse en el camino. Villuga anota los lugares de paso, incluido las ventas, que hay entre las ciudades de origen y destino, y las distancias de camino en leguas y medias leguas. La distancia total de camino desde Murcia a Toledo es de cincuenta y nueve leguas.

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El cosmógrafo sevillano Pedro de Medina, en su Libro de grandezas y cosas memorables de España, calificado como la “Primera guía de la España Imperial”, recoge, tres años después de la guía de Villuga, muchos de los caminos más importantes de España, desde una ciudad de origen y “las leguas que se han de andar para llegar a la otra ciudad o pueblo donde quisieren ir”. Medina describe el itinerario de Toledo a Murcia, también de cincuenta y nueve leguas de camino. Con la misma longitud y lugares de paso relacionados por Villuga, en 1576, se imprime en Alcalá de Henares el Repertorio de Caminos, una nueva guía de caminos realizada por Alonso de Meneses. Es muy posible que un ejemplar de estas guías fuese en los bolsillos de Cervantes, viajero gran parte de su vida por la Península Ibérica.

Este camino, es de nuevo descrito su paso por los lugares en las respuestas que dieron en sus Relaciones Topográficas de 1575. En ellas se constata que existía una variante principal al trazado de Villuga, de longitud parecida, que recorría la Mancha pasando por distintos lugares, según las necesidades de los viajeros y comerciantes:

“Por esta villa pasan los carreteros y caminantes que vienen de Murcia a Toledo y los que vienen de Madrid para Granada, y en su término no hay venta alguna” (Madridejos)

“Esta villa es pasagera de carros que van de los reinos de Valencia y Murcia a Toledo y de Toledo a los dichos reinos, y de Cuenca a la parte de cierzo de esta villa. Es pasajero para el Andalucía y reino de Granada” (Campo de Criptana)

“… que esta villa es pueblo pasajero, porque desde los puertos de Cartagena, Alicante y Valencia, vienen a pasar por esta villa para ir a Toledo y a Madrid, y también pasan por esta villa las gentes de Cuenca e Güete para ir a Granada y al Andalucía, y otras partes” (El Pedernoso)

“… está en el camino real que va de Toledo y Madrid a Murcia,…” (Las Pedroñeras)

Por este camino de Toledo a Murcia regresa don Quijote a casa, desandando los pasos del día anterior. Camino que de nuevo, unos días después, pisará en su segunda salida de su pueblo, ya acompañado por su vecino Sancho Panza.

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El segundo de estos aspectos geográficos tiene que ver especialmente con la geografía humana y con uno de los recursos que favorecieron el desarrollo de los pueblos manchegos: los molinos harineros de viento. Si hay una aventura que, aunque no se haya leído el Quijote, se identifica siempre con la imagen de la Mancha y la figura de don Quijote y sus aventuras, esta es la “espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento”.

Antes de la publicación de la primera parte del Quijote, en la Mancha, se molía el cereal en molinos de agua de sus ríos y en los molinos de viento construidos en: Chinchilla, Campo de Criptana, Belmonte, Las Mesas, Mota del Cuervo, El Pedernoso, El Toboso y Villaescusa de Haro. Los molinos de viento reales contra los que lucha don Quijote creyendo que eran gigantes, son los de Campo de Criptana. Este lugar manchego es el único que, en tiempos de Cervantes, pudo contar en su término con tantos molinos de viento: “En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo…”

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Molinos de viento desconocidos por don Quijote, y por lo tanto inexistentes en su pueblo, que como hidalgo estaba exento de trabajar, y mucho menos acarrear costales de trigo a los molinos. Es Sancho, agricultor a jornal, el que tiene que describirle que lo que está viendo son los nuevos ingenios que se usan para moler el cereal:

“Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino” (1, 8)

Campo de Criptana es una villa manchega de la Orden de Santiago, en el camino de Toledo a Murcia. Estas son algunas de sus contestaciones a las Relaciones Topográficas:

“Está en la Mancha arrimada a la sierra de Criptana…” “Es pueblo de Su Magestad de la orden de Santiago de la provincia de Castilla…”

“Está media legua de la orden de San Juan; no hay aduana, es camino cosario de Valencia y Murcia a Toledo, de carreteros, y de Toledo a estas ciudades…”

En los muchos cerros de su término, especialmente en su sierra pegada al núcleo urbano, se instalaron gran cantidad de molinos de viento para moler el cereal de sus vecinos, y, principalmente, el de las villas de la limítrofe Orden de San Juan, cuyo Prior, propietario de las aguas que discurrían por su territorio, especialmente de las del río Guadiana, no concedía las licencias para construirlos en sus posesiones debido a que era el propietario, y principal beneficiario, de los eficientes molinos de agua de Ruidera. Así contesta Campo de Criptana en 1575: “Hay en esta sierra de Criptana, junto a la villa, muchos molinos de viento donde también muelen los vecinos de esta villa.”

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El sobredimensionamiento de recursos molineros en esta villa santiaguista es tan evidente, y espectacular visualmente, que antes del comienzo de la construcción de estos artilugios eólicos en esta zona de la Mancha, sobre la mitad del siglo XVI, para sus necesidades, contaba en su término municipal con tan solo dos piedras de molino en el río Záncara. La construcción de los nuevos molinos de viento en su término, “donde también muelen los vecinos de esta villa”, sufragada en gran parte por vecinos e instituciones religiosas de la villa vecina de “Alcázar de la orden de San Juan”, burlando así la prohibición de construcción de molinos de viento del Prior sanjuanista, también facilitó desde ese momento la molienda del cereal necesario para sus necesidades propias, sin tener que desplazarse a otros molinos de río, a muchos kilómetros de distancia, cuando, por las constantes sequías, los propios quedaban parados durante años. El trasiego de personas y animales, con las cargas de grano y harina, por los caminos, cerros y sierras criptanenses fue una imagen muy conocida en tiempos de Cervantes, en esta zona de la Mancha.

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A estos molinos de viento de Campo de Criptana llegan, don Quijote y Sancho, al poco de salir de su pueblo: “… una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen”. Es el mes de agosto en la Mancha, y sus vecinos salen a las puertas de las casas, después de cenar, a esperar que el aire solano les refresque, y esto solo ocurre bien entrada la noche. Salen de su pueblo por el mismo camino, de Toledo a Murcia, que en la primera salida, y con dirección a Murcia, hacia el este: “Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje…”. Para afirmar esta dirección por el camino solo hay que recordar que el encuentro de don Quijote con los mercaderes toledanos que iban a Murcia, de regreso a casa desde la venta por este camino, es de frente, por lo que es evidente que don Quijote caminaba en dirección a Toledo, hacia el oeste. Esta villa molinera, manchega y santiaguista, tiene sus límites a solo “media legua de la orden de San Juan”, por el camino de Toledo a Murcia. Estamos, sin lugar a dudas, en el origen del Quijote y sin embargo muy lejos del Campo de Montiel, para que “cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel”.

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El Campo de Montiel, formado por veintitrés lugares, dibujado y definido, administrativa y judicialmente, en las Relaciones Topográficas de su capital, Villanueva de los Infantes, en 1575, y cuyos límites han llegado hasta nuestros días como una comarca castellano-manchega, no es el “antiguo y conocido campo de Montiel” del Quijote, por el que iban los sederos toledanos a Murcia y donde están los molinos de viento de Campo de Criptana, escenarios del comienzo de las aventuras del hidalgo manchego. Sencillamente, como se puede apreciar en el mapa, el camino de Toledo a Murcia no pasa por estos límites montileños, ni los molinos de viento de Campo de Criptana se encuentran en este espacio geográfico.

Los límites del “antiguo y conocido campo de Montiel” que Cervantes utiliza como escenario real del Quijote, son evidentemente otros, los mismos que conocieron los exploradores y viajeros que tomaron las notas necesarias para confeccionar los mapas de España, editados en tiempo de Cervantes, y que también pudo haberlos tenido entre sus manos, por estar muy difundidos en su tiempo, incluso como atlas de bolsillo en formato manejable por los viajeros y comerciantes.

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Tanto en el primer atlas de Abraham Ortelius, el Theatrum Orbis Terrarum, publicado en el año 1570 en Amberes, como en el Atlas sive cosmographicae meditationes de fabrica mundi et fabricati figura, de Gerard Mercator, publicado, también en Amberes, entre 1585 y 1589, el Campo de Montiel está dibujado al este de Alcázar de San Juan. Tanto Ortelius como Mercator eran los más prestigiosos geógrafos y cartógrafos de la época, los dos a las órdenes de Felipe II, con acceso a toda la información sobre las notas de campo de los exploradores.

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En el mapa, atribuida su ejecución a Alonso de Santa Cruz, cosmógrafo de Carlos I, que nunca se editó y que se conoce desde su descubrimiento como el Atlas de El Escorial, el geógrafo dibuja el Campo de Montiel al este de Alcázar, entre esta villa y Albacete.
No cabe duda que los exploradores, y viajeros, que recorrían los lugares de las zonas encomendadas por los geógrafos tuvieron la misma información de los vecinos a los que preguntaban, cuando se encontraban al este de la Orden de San Juan. Al este de Alcázar de San Juan estaban en el “antiguo” Campo de Montiel, así lo anotaban en sus minutas y así se dibujó en los mapas.

No es un error de los exploradores, geógrafos, ni del propio Cervantes. El Campo de Montiel, en “lo antiguo”, estaba formado por más de los veintitrés lugares relacionados en las Relaciones Topográficas, con una extensión de influencia mucho mayor. Así es reconocido por el gobernador del Campo de Montiel, Fernando de Cañas, el día “doce de Agosto de mil setecientos setenta y tres”. En la cuantiosa documentación enviada al geógrafo Tomás López, para dibujar los mapas de España, desde Villanueva de los Infantes “Don Fernando de Cañas, Caballero de la Orden de Santiago, Teniente Coronel de los reales Ejércitos, actual Gobernador Militar y político, Justicia mayor de la dicha villa y partido por su Magestad”, realiza con “verídicas noticias que he tomado de personas ancianas de todo conocimiento, y en particular por lo que respecta a esta de algunos documentos que he visto” la “Discripcion de las veinte y tres villas de este Partido Suelo, y Campo de Montiel, efectuada en virtud de orden de Su Magestad y Señores de su Real Consejo de los militares a diez y siete de noviembre del año pasado de mil setecientos setenta y dos”. En la descripción de la villa de Villanueva de los Infantes, afirma:

“…y si expreso que esta villa es del territorio de la Orden de Santiago de la espada, capital, y cabeza de este Partido que en lo antiguo tubo cuarenta villas, que hoy están reducidas a las veinte y tres de viña y suelo y Campo de Montiel, también llamado en lo antiguo Campo Arminio y de Arenas, donde predicó San Pablo.”

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¡… en lo antiguo tubo cuarenta villas, que hoy están reducidas a las veinte y tres de viña y suelo y Campo de Montiel!.  Esta información, hecha y firmada por el gobernador del Campo de Montiel, es la imagen del “antiguo y conocido campo de Montiel” que inmortalizó Cervantes en el Quijote. Ahora sí tiene relevancia la aclaración, expresa y tajante, que del “antiguo y conocido campo de Montiel” hacía Cervantes al principio del Quijote: “… subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel (y era la verdad que por él caminaba)”.

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¡Y era la verdad que por él caminaba! Don Quijote no caminaba por el Campo de Montiel, administrativo y judicial, de su tiempo, caminaba por el “antiguo y conocido campo de Montiel” santiaguista, de límites mucho mayores, “en lo antiguo”, a los relacionados y dibujados en las Relaciones Topográficas. Y para que sus primeros lectores, y especialmente para nosotros en la actualidad, situaran en la geografía manchega los primeros pasos de Rocinante por el camino de Toledo a Murcia entrando en el Campo de Montiel, Cervantes, tiene que aclararles que verdaderamente sus huellas las estaba dejando en el “antiguo” Campo de Montiel, conocido así por él, por sus vecinos, dibujado por los cartógrafos, y siglo y medio después confirmada su antigua extensión por el gobernador del Partido y Campo de Montiel.

¿Qué cuarenta villas de la Orden de Santiago formaban en “lo antiguo” el Campo de Montiel declaradas por el gobernador? Pocos años antes de la declaración del gobernador del Partido y Campo de Montiel, el rey Felipe V encarga a “Don Bernavé de Chaves, freyre clerigo de dicha Orden, y Capellàn de Honor de su Magestad, à quien se cometiò: que reconociesse a los Papeles, è Instrumentos, que huviera en el Archivo General; sacando copias authorizadas de las Reales Donaciones; y practicando lo demàs, que debia executar con los Jueces de Valdios, en defensa de los derechos, y possesiones de la Orden…”. Chaves realiza su informe en 1741, conocido como Apuntamiento Legal, después de reconocer los documentos archivados en el Archivo General del Convento de Uclés.

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En el mismo informe se reconoce ya la falta o pérdida de muchos documentos, antes de que los Reyes Católicos, en 1505, ordenasen a Diego de Orozco, Comendador de la Cámara, que se recopilaran y guardasen en el Archivo General del Convento de Uclés:

“Que en el Capitulo General de la dicha Orden, que se celebró en la Villa de Medina del Campo, fue platicado, que por quanto los Privilegios, y Escrituras, è Libros de Visitaciones de la dicha Orden, no han estado, ni estan en aquel recauda, è guarda, que conviene, ni han tenido el concierto, ni orden que deben haver; e porque cumple al bien de la dicha Orden, fue acordado en el dicho Capitulo, que se debia tener manera, que las dichas Escrituras, è Libros, è Privilegios estuviessen en buena guarda, è puestos en concierto; è para remedio de ello se acordò, e assentò, que en el Convento de Uclès se haga una buena Camara, en la qual se haga un Archivo de madera…”

Chaves separa en su informe las posesiones de la Orden, entre las que pertenecen a la Provincia de León y la Provincia de Castilla. En las Reales Donaciones hechas en la Provincia de Castilla, comienza relacionando cómo en 1171, Alfonso IX, concede el “Castillo de Aurelia (vulgo Oreja) sobre la Rivera de Tajo”, con un término que incluía los lugares de Ontígola, Ocañuela, Ocaña Mayor y Noblejas. Es el comienzo del territorio que se conocerá como “Partido de Ocaña, y Uclés”. Este “expressado territorio de Ocaña” sigue obteniendo donaciones, según avanza la reconquista a los árabes. En 1237, la Orden de Santiago deslinda términos con la Orden de San Juan:

“…quedando para la de Santiago à Mora, con su Termino, y à Criptana con su Sierra contra Consuegra, derecho à la cabeza de Lillo, y la Carrera, que và de Almuradiel à Quero, y Santa Maria de Guadiana, dividiendo su Termino de por mitad, y à la Ruidera, y de alli à Abeyazat, (oy Socuellamos) que confina con las Mesas-Rubias;… quedando asi deslindado, y declarado por de la Orden, desde Socuellamos, todo el Partido de Ocaña hasta Alharilla, Lugar, ò termino señalado en la Población de Oreja, confinante con Uclès, y Cuenca”.

En el folio 16 v. Chaves emprende las relaciones de las donaciones pertenecientes al futuro “Partido de Montiel”, con la orden del rey de seguir con la “guerra en el Campo de Montiel à los Moros, … por ser el territorio tan vecino a Uclés, y tierra de Ocaña”:

“Referidas todas las Reales donaciones, en cuya virtud, goza la Orden el dilatado Partido de Ocaña; y siguiendo (en lo posible) la propuesta relacion chronologica de sus concessiones, se assienta, que el nombrado señor Don Alfonso el IX. de Castilla (segun refiere el Licenciado Fr. Francisco Rades, y enuncia el Privilegio, que se citarà) concediò à la Orden, y à su Maestre Don Fernando Diaz, (que lo fue desde el año de 1184. hasta el de 1186.) que hiciese querra en el Campo de Montiel à los Moros, dandole dicha conquista, por ser el territorio tan vecino à Uclès, y tierra de Ocaña…”

Chaves prosigue relacionando las Donaciones Reales al Partido de Montiel en el folio 17. Conquistadas las tierras, el rey Fernando el Santo “manifestò su amor, y devocion grande à la Orden”, y en el año 1227:

“… donó, concedió, y confirmò à el Maestre Don Pedro Gonzalez, con todos sus Terminos, Montes, Fuentes, Riveras, Prados, Pastos, y sus Molinos, y son sus sitios, entradas, salidas, y pertenencias, à San Pablo, y à Montièl; Castillo, que diez años antes era de los Sarracenos; como refiere el antecedente expressado Privilegio; y en esta forma quedò por propio de la Orden todo el Partido de Montièl, que se comprehende en los terminos de Alhambra, Eznavessor, Algecira, y Montièl; y le pertenece por las referidas donaciones de los señores Don Aonso el IX. Don Enrique Primero, y Don Fernando III. el Santo”

Con esta información, parece evidente que en 1227 el Campo de Montiel comienza al sur del término de Abeyazat (Vejezate), hoy Socuéllamos, final del Partido de Ocaña, quedando bajo el dominio de la Orden de Santiago.

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Bernavé Chaves continúa su informe con las disputas por el dominio de estas tierras entre el Concejo de Alcaraz y la Orden de Santiago. Al margen del punto 44, en el folio 17 v. anota: “Montiel, sus terminos, y Pueblos, año de 1243”, afirmando en este punto:

“Y para que mas bien conste de la dicha extension de este territorio de Montiel; se hace presente, que el nombrado señor Don Fernando el Santo, despachò un Privilegio (73) de particion de terminos, su fecha en Valladolid a 18. de Febrero de la Era de 1281. y año de 1243…”

Los razonamientos de unos y otros fueron estimados por el rey, y “determinò el Pleyto de esta guisa”:

“Que los Freyles se apartaran de Villanueva, y cuanto derecho alli tenian, y pretendian tener, y de la heredad de Gorgogi;… otorgando, y confirmando à Dios, y à la Orden de la Cavallerìa de Santiago, todos los Lugares, que (*) se nombraban…”

En el mismo margen, de este folio 17 v., Chaves relaciona después de la nota “(*)” treinta y ocho lugares, muchos ya desaparecidos o con otros nombres en la actualidad, como es el caso de Xamila, o Jamila, que después se llamó Moraleja y finalmente Villanueva de los Infantes. En esta relación de lugares se nombran “Quitrana, Possadas Viejas, Villajos, Miguel Esteban, Almuradiel, La Figuera, El Cuervo, Villarejo Rubio y Manja Bacas”. Para que no surgiesen nuevos pleitos también ordena a la Orden y Alcaràz, que “entre ellos huviese comunidad de pastos, y los demàs aprovechamientos; sacadas dos Dehessas, una para cada Parte, y entrando en dicha comunidad los de Segura, y tambien los de Santiago, y los de Alhambra, y Eznavessor”.

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Solo cinco años después Villanueva y Gorgogi son donados a la Orden, por compra al Concejo de Alcaraz. En esos años las villas de Chiclana (1235), Beas (1239) y San Esteban (1242), en la Sierra de Segura, ahora provincia de Jaén, fueron incorporadas también a la Orden de Santiago. San Esteban “es la ultima donacion de dicho reynado, que se encuentra, por lo tocante à el Partido de Montiel”. Unos años después, entre 1255 y 1259, el pueblo de la Ossa, que se encontraba en término de Alcaraz, se incorpora también al territorio de la Orden de Santiago.

En el folio 41 de este Apuntamiento Legal, al margen se lee: “Adquisiciones hechas en tiempo del Maestre Pelay Correa, en el Partido de Montièl, y su deslinde con el Privilegio de el Santo Rey, que prueba concluyentemente el domino solar de la Orden en dicho territorio”. Y de nuevo, Chaves, añade dos “instrumentos”, o relaciones, de los lugares “que la Orden tenia en Montièl el año de 1243”. En la relación de “Aldeas, y Castillos, poblados, y sin poblar, que la Orden tenia en Montièl el año de 1243”, se anotan treinta y dos lugares con castillos y nueve aldeas. Las nueve aldeas son “Criptana, Possadas Viejas, Villajos, Miguel Estevan, Monuradiel (Almoradiel), La Figuera, El Cuervo, Villarejo-Rubio y Manjabacas”

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En el mismo folio, con los diez lugares que tenían iglesia en 1243, que no desaparecieron posteriormente, otros lugares despoblados y repoblados después, como Alvaladejo o Jamila, (Xamila o Jamila pasó a ser Moraleja y después Villanueva de los Infantes), y nuevos lugares adquiridos o poblados posteriormente al 1243, son los que formaban “al presente” de 1741 el Partido del Campo de Montiel, fecha del informe al rey. Estos lugares son así nombrados: “Alhambra, Cañamares, Fuenllana, Alcoviellas, Montiel, Torres, Torre de Juan Abad, Terrinches, La Membrilla, Almedina, Infantes, Villa-hermosa, La Ossa, Villanueva de la Fuente, Carrizosa, Alvaladejo, Puebla del principe, Villamanrique, Santa Cruz de los Cañamos, El Castellar de Santiago, Cozar, Torrenueva y La Solana. Límites del Partido del Campo de Montiel muy similares a los relacionados y dibujados en 1575 en las Relaciones Topográficas de Villanueva de los Infantes, con la incorporación del término de Villanueva de la Fuente.

Sin embargo, no podemos olvidar que Chaves, en dos de las relaciones o “instrumentos” aportados en el Apuntamiento Legal copiados del Archivo General en el Convento de Uclés, anota nueve aldeas “que la Orden tenía en Montiel el año de 1243”, por lo tanto bajo su influencia, como el resto de los cuarenta antiguos lugares relacionados, algunos desaparecidos después. Estos cuarenta lugares pueden ser los que formaban el “antiguo, y conocido campo de Montiel” del Quijote, y que llegaba hasta la actual Puebla de Almoradiel, Campo de Criptana, Mota del Cuervo, con Manjavacas y Villarejo-Rubio en el término del antiguo castillo de Abeyazat, hoy Socuéllamos, con su aldea Tomelloso. Unos límites de influencia del Campo de Montiel, hacia el norte, en la Provincia de Castilla de la Orden de Santiago, que también llegaron hasta Quintanar de la Orden. Así contestaba Quintanar en sus Relaciones Topográficas:

“Como esta dicho esta villa es muy antigua e ha sido cabeza de partido muchos años y tiempo ha no se halla, ni hay memoria del tiempo que ha, que esta villa, siendo esta villa cabeza de gobernación en tiempos pasados llegaba su partido hasta las sierras de Xaen, Campo de Montiel como se ha visto y entendido por escrituras antiguas, que el postrero juez que hubo se decía el comendador Horozco”

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En el mapa anterior están marcados los límites de los términos de las nueve aldeas “que la Orden tenía en Montiel el año de 1234”, relacionadas por Chaves en su Apuntamiento Legal, actualmente integradas en los términos de Campo de Criptana, Miguel Esteban, Mota del Cuervo y Quintanar de la Orden, que contestó, en 1575, haber pertenecido, “tiempo ha no se halla”, al Campo de Montiel, lugar al que en 1344, el Infante Don Fadrique le concedió comunidad de pastos para fomentar su escasa población. El término de El Toboso queda integrado entre Quintanat, Mota del Cuervo y Miguel Esteban. También está dibujado el camino de Toledo a Murcia que atraviesa este espacio manchego, en sus variantes conocidas, después de dejar atrás el territorio de la Orden de San Juan, y los molinos de viento de Campo de Criptana. Ahora la lectura del Quijote y la geografía son consistentes, como así ya lo era para sus primeros lectores.

¡Y era la verdad que por él caminaba! Este sí es el espacio geográfico, parte del “antiguo” Campo de Montiel, atravesado por el camino de Toledo a Murcia. Desde un lugar muy cercano a Campo de Criptana, situado en el territorio de la Orden de San Juan, fuera de los límites santiaguistas de este “antiguo y conocido campo de Montiel”,  salieron don Quijote y Sancho de su casa, en mitad de una calurosa noche de verano, por este mismo camino, encontrándose al amanecer con sus molinos de viento. ¡Ahora sí estamos en el origen del Quijote!

Cervantes con el Campo de Montiel es especialmente sensible. Es una parte de la Mancha que le atrae personalmente y por la que expresamente hace andar a Rocinante. Si no fuese así, podía haberlo olvidado y la historia de don Quijote no tendría variación. Sabiendo los límites jurisdiccionales del Partido del Campo de Montiel de su época, hace pisar a don Quijote por este antiguo territorio santiaguista, atravesado por el camino de Toledo a Murcia, de este oeste a este, y donde los muchos molinos de viento de Campo de Criptana hacen su paisaje reconocible, pero tiene que aclarar precisamente la posición geográfica de Rocinante en la Mancha en ese momento, en el “antiguo” Campo de Montiel manchego, con la frase: “Y era la verdad que por él caminaba”.

Chaves pudo, casi a mitad del siglo XVIII, reconocer muchos documentos de la Orden, depositados en los cajones del Archivo General del Convento de Uclés, para hacer su Apuntamiento Legal, sabiendo ya de la pérdida de otros muchos documentos en los archivos locales hasta principios del siglo XVI, pero hubo más pérdidas tras la invasión del convento por las tropas francesas en el año 1089. Hoy los documentos supervivientes de la Orden de Santiago se encuentran en el Archivo Histórico Nacional. Debido a esta pérdida de documentos, quizá nunca sepamos las razones por las que el Campo de Montiel tuvo su influencia hasta tan al norte de los territorios de la Orden de Santiago, mucho antes de la escritura del Quijote. Cervantes fue testigo de su época, y en el Quijote nos dejó su imagen, lo que él y sus coetáneos conocieron y sabían de la historia pasada de esta parte de España, su crónica.

Luis Miguel Román Alhambra

 

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3 respuestas a El antiguo Campo de Montiel del Quijote

  1. Pingback: El antiguo Campo de Montiel del Quijote | Cosas de Alcázar de San Juan

  2. El mente-sano dijo:

    Si quiere saber qué se entendía por el Campo de Montiel en la edad media, primero lea el libro “La Edad Media en el Campo de Montiel” de Carlos J Rubio (Biblioteca de Autores Manchegos). Allí encontrará los límites del “antiguo Campo de Montiel” y donde se encontraban esas “43 villas”. No esta bien manipular hasta la historia medieval para encajar teorías quijotescas.

  3. Estimado lector del blog.
    Realmente mi objetivo es simplemente saber qué entendía Cervantes por el “antiguo Campo de Montiel”, no lo que se entendía por el Campo de Montiel en la Edad Media u hoy en día, que puede que coincida, o no. Seguramente hoy tenemos mucha más información y acceso a archivos que tuvo él, pero él es el autor del Quijote y por el antiguo Campo de Montiel hace discurrir el, también antiguo y conocido por viajeros y comerciantes, camino de Toledo a Murcia, en su primera salida de su casa. Y saliendo de nuevo por el mismo camino, en su segunda salida a media noche, por la mañana se encuentra con los molinos de viento. Que Cervantes pudo tener en sus manos mapas de España y de Castilla de Ortelio y Mercator, es más que posible porque fueron coetáneos. El Atlas de El Escorial nunca lo pudo ver, pero su autor Alonso de Santa Cruz, cartógrafo de Carlos I, sitúa el Campo de Montiel también entre Alcázar y Albacete. Que estos grandes cartógrafos estaban equivocados, también es posible, pero esos mapas se hicieron con el conocimiento de ese tiempo y el Quijote se escribió en ese mismo tiempo.
    El Quijote, como los mapas, es una abstracción de la realidad según su autor, y desde el momento de su publicación pasa a ser totalmente objetivo, y somos nosotros, los lectores del siglo XXI los que tenemos que entender el espacio geográfico que Cervantes utilizó, para hacer consistente el texto con la geografía física y humana. Sin duda alguna sus lectores coetáneos entendían mejor la ordenación del territorio del momento y cómo había sido en lo antiguo, aunque hasta en este caso de los límites del Campo de Montiel, tuviese que reafirmarlos con ¡Y era la verdad que por él caminaba!, por si a alguien le cabía dudas de por donde caminaba don Quijote.
    Leeré con atención el libro que me sugiere, pero si estas dos variables cervantinas no se encuentran dentro del espacio del antiguo Campo de Montiel que está demarcado en el libro de Rubio, evidentemente ese no es el “Campo de Montiel del Quijote” descrito por Cervantes.
    Saludos.
    Luis M. Román

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