“EN CADA TIERRA SU USO”

dQ y Rocinante_Vierge

          “—Señor —respondió Sancho—, en cada tierra su uso: quizá se usa aquí en el Toboso edificar en callejuelas los palacios y edificios grandes; y así, suplico a vuesa merced me deje buscar por estas calles o callejuelas que se me ofrecen: podría ser que en algún rincón topase con ese alcázar, que le vea yo comido de perros, que así nos trae corridos y asendereados.” dQ2, 9.

          “En cada tierra su uso”. Cuando se analiza el Quijote a hay quienes lo interpretan sin tener en cuenta el uso y significado que de las palabras se hace en cada territorio, e incluso entre localidades muy cercanas. Para poner un ejemplo significativo del uso de una palabra en español con significados distintos en la frase que la contiene según la lea un español o un mexicano bien puede valer “cogió” en estas dos frases del Primer Quijote: “…que, según él puso los pies en polvorosa y cogió las de Villadiego…”, y “… más el barbero hizo de suerte que el cabrero cogió debajo de sí a don Quijote”.

          “En cada tierra su uso”. Pero en esto de interpretar o analizar el Quijote hay quienes desconociendo el uso del lenguaje o intencionadamente para “acercar el ascua a su sardina” han utilizado el texto del Quijote para intentar sembrar dudas sobre la cercanía de El Toboso con el lugar de don Quijote, según Cervantes “tan cerca” uno del otro.

          Me refiero a la tercera salida de don Quijote y Sancho Panza de su pueblo hacia El Toboso. Una vez decidido que irían al lugar de Dulcinea antes de continuar su camino hacia Zaragoza “… al anochecer, sin que nadie lo viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso”. Salen de su pueblo casi entrando la noche de un mes de abril, en el que la noche y el día casi tienen la misma duración. Cuando el bachiller Sansón Carrasco se despide de ellos, volviéndose al pueblo, don Quijote y Sancho “tomaron la de la gran ciudad del Toboso” dQ2, 7.

          Y entramos aquí en el capítulo VIII de la Segunda Parte, “Donde se cuenta lo que le sucedió a don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea del Toboso”. El narrador, Cervantes, tiene aquí cuidado en indicarnos que el camino que ahora llevan no es el mismo que el tomado las dos anteriores salidas: “persuádeles que se les olviden las pasadas caballerías del ingenioso hidalgo y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel”.

          Al poco de haberse quedados solos en el camino le dice don Quijote a Sancho: “-Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar y con más escuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga, y allí tomar la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea”

          Ya es casi noche cerrada en la Mancha y don Quijote la observa como un obstáculo para poder llegar a El Toboso “con el día”, al amanecer. Su cálculo e intención es claro, caminar toda la noche, 10 o 12 horas, para entrar en El Toboso en las primeras horas del día siguiente. No dice explícitamente que se parasen a pasar la noche, pero tenemos que tener en cuenta que cuando Cervantes quiere que la aventura se siga desarrollando por la noche lo indica explícitamente, como por ejemplo:

           “Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse, si no fue que en ella acabó Sancho su tarea, de que quedó don Quijote contento sobremodo, y esperaba el día por ver si en el camino topaba ya desencantada a Dulcinea su señora; y siguiendo su camino no topaba mujer ninguna que no iba a reconocer si era Dulcinea del Toboso, teniendo por infalible no poder mentir las promesas de Merlín”. dQ2, 72

          Sancho no contradice a don Quijote en la estimación de tiempo a emplear, ni en la contrariedad de la poca luz que la luna aporta al camino, al contrario, asiente las afirmaciones de don Quijote con un “Yo así lo creo”. El narrador nos cuenta, durante casi todo este capítulo VIII, las distintas conversaciones que durante la noche y el día siguiente tienen amo y escudero. Terminando el capítulo con el siguiente párrafo:

          “En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese, de que no poco le pesó a don Quijote. En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto, como no la había visto su señor; de modo que el uno por verla y el otro por no haberla visto estaban alborotados, y no imaginaba Sancho qué había de hacer cuando su dueño le enviase al Toboso. Finalmente, ordenó don Quijote entrar en la ciudad entrada la noche, y en tanto que la hora se llegaba se quedaron entre unas encinas que cerca del Toboso estaban, y llegado el determinado punto entraron en la ciudad, donde les sucedió cosas que a cosas llegan”

          Don Quijote y Sancho pasan la noche a poco más de media legua de su pueblo, al dejarlos Sansón Carrasco, hablando entre ellos, emprendiendo el camino al alba del día siguiente, al amanecer, siguiendo entre ellos “estas y otras semejantes pláticas” hasta el final del día que ven El Toboso. El mismo tiempo que pensaba tardar por la noche don Quijote, lo tardan por el día del día siguiente al que salieron. La jornada de unas 10 a 12 horas por la noche la realizan por el día, llegando “al anochecer”.

          “En cada tierra su uso”. Este pasaje es meridianamente claro para un español y manchego como yo. La distancia que separa el lugar de don Quijote y Sancho con el de Dulcinea, El Toboso, es de una jornada a caballo aproximadamente, de noche o de día.

          Cervantes quiere dar a las aventuras de don Quijote una credibilidad en el espacio, o escenario escogido, y en el tiempo, incluso con las historias, novelas, cuentos o anécdotas que tenía escritas y que acopla al guion de la novela quijotesca. Sus lectores, los del siglo XVII, conocen como él que una jornada a caballo es de unas 8 a 10 horas y que se recorre en estos caminos llanos de la Mancha, como en cualquier otro camino llano del mundo, una media de una legua por hora, aproximadamente 6 Km. También, Cervantes, quiere ralentizar el tempo de la acción, su héroe es viejo, “Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años”, y con casi cincuenta años, en aquella época, un hombre estaba en el final de su vida, y era muy delgado, “seco de carnes”, por lo que no podía subirlo en un caballo normal, y le busca un caballo acorde a sus facultades físicas y su imagen: Rocinante. Su viejo caballo, delgado como él, que “tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela…”. A la condición de caballo viejo, Cervantes, para transmitir una imagen casi penosa del héroe manchego, lo sube a horcajadas sobre un caballo inválido por la enfermedad equina de los “cuartos” y desde ese momento sus traslados por los caminos se ralentizan provocando así nuevas aventuras. Si por los caminos podía cruzarse con viajeros, como los mercaderes toledanos, con este genial recurso cualquier caballería alcanzaría en el camino al bueno de Rocinante. Así, por ejemplo, el Caballero del Verde Gabán o los asistentes a la boda de Camacho y Quiteria, le alcanzan y la aventura comienza siguiendo el mismo camino y dirección, aunque pidiendo siempre don Quijote que sus caballerías se amolden al paso cansino de Rocinante. ¿Cuánto más lento caminaba Rocinante? Cervantes quiere que ande la mitad, así le es fácil ajustar las aventuras a un espacio real durante toda la obra. Incluso nos detalla esta velocidad o condición física de Rocinante que ha empleado en toda la novela, es durante su combate en las playas de Barcelona con el Caballero de la Blanca Luna. El espacio que separa a ambos caballeros al inicio del combate es recorrido “dos tercios” por el caballo de la Blanca Luna y un tercio por Rocinante, justo la mitad, en el momento del derribo de don Quijote:

          “Agradeció el de la Blanca Luna con corteses y discretas razones al Visorrey la licencia que se les daba, y don Quijote hizo lo mesmo; el cual encomendándose al Cielo de todo corazón y a su Dulcinea, como tenía de costumbre al comenzar de las batallas que se le ofrecían, tornó a tomar otro poco más del campo, porque vio que su contrario hacía lo mesmo, y sin tocar trompeta ni otro instrumento bélico que les diese señal de arremeter, volvieron entrambos a un mesmo punto las riendas a sus caballos; y como era más ligero el de la Blanca Luna, llegó a don Quijote a dos tercios andados de la carrera, y allí le encontró con tan poderosa fuerza, sin tocarle con la lanza —que la levantó, al parecer, de propósito—, que dio con Rocinante y con don Quijote por el suelo una peligrosa caída” dQ2, 64.

            Volviendo a la distancia que separa los lugares de Dulcinea y don Quijote y la tardanza en cubrirla por don Quijote y Sancho. Rocinante en una jornada de noche o de día, 8 a 10 horas de camino, podía recorrer entre 4 y 5 leguas, la mitad que un caballo normal, entre 25 y 30 kilómetros. Esta es la distancia que separa ambos lugares.

            Pero, como en tiempos de don Quijote “andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos”, y para justificar sus afirmaciones amoldan el texto cervantino a su antojo y libre albedrío. Por ejemplo, pero no es el único, para justificar que Villanueva de los Infantes es el lugar de don Quijote, el “equipo multidisciplinar” dirigidos por el señor Parra Luna publican en 2005 El enigma resuelto del Quijote, y en la página 105 podemos leer: “En consecuencia, y en una primera estimación parece quedar claramente establecido por Cervantes que tardaron en llegar una noche completa y dos días, …”, basándose en que el narrador dice “En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso…” después de “En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese”. Según estos señores don Quijote y Sancho, que conocen el camino, tenían intención de llegar a El Toboso una noche completa, tardan en llegar esa oscura noche, da igual que los animales se asustasen, el día siguiente, hablando entre ellos todo el tiempo y por fin les dan un descanso, ¡menos mal!, y vuelven a caminar otra jornada más, pero esta ya sin hablar entre ellos, no tenían ya de qué hablar. Lógicamente esta interpretación no se lo cree nadie, solo ellos y unos cuantos más que en sus trabajos sobre el Quijote quieren tergiversar el texto a su antojo.

          “En cada tierra su uso”. Parece que incluso los españoles damos distinta interpretación a las mismas palabras, pero no es así solo es el interés. Cualquiera en la época de Cervantes, con los medios de transporte existentes (a caballo, mula, burro o a pie) que fueron a quienes estaba destinada esta novela, entendió, sin releer el texto dos veces, que estaban estos lugares cervantinos “tan cerca” uno del otro como para tardar en llegar una jornada del flaco Rocinante, la de aquella noche, si la oscuridad le hubiese dejado caminar, o de día como realmente llegó a ser al día siguiente.

                                                                                          Luis Miguel Román Alhambra

 

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