LA IMAGEN DE LA MANCHA EN EL QUIJOTE

ALCÁZAR DE SAN JUAN, EL LUGAR DE DON QUIJOTE

El Quijote puede parecer al inicio de su lectura un laberinto geográfico, pero después de familiarizarse el lector con su medio físico y humano deja de serlo. Las imágenes del territorio, que podemos apreciar en el texto, son las que Cervantes ha visto y querido trasmitir a sus lectores, ¡a sus lectores coetáneos que compraban sus libros y con los que se ganaba la vida!

Pero, las imágenes de un paisaje son subjetivas, nadie las percibe de la misma manera ni les da la misma importancia. El análisis del entorno físico contiene, como la imagen de una ciudad según el urbanista estadounidense Kevin Linch, cinco elementos generales: bordes, sendas o itinerarios, barrios o distritos, nodos o puntos estratégicos, y mojones o hitos. Cuanto más legibles o nítidos sean estos cinco elementos geográficos más fácilmente será identificar la imagen del territorio.

Vierge-El Toboso

En la sociedad en la que vivió Cervantes eran tan grandes las desigualdades sociales que no necesitaba justificar la figura de un viejo hidalgo convertido en caballero andante, un héroe de la época, que asume con generosidad la empresa de deshacer agravios, enmendar sinrazones y mejorar abusos. Cervantes humaniza a los personajes y al situarlos en un territorio real hace creíbles las aventuras del Ingenioso Hidalgo. Del Quijote solo es real la sociedad descrita y el espacio por donde lleva a sus protagonistas. Adapta cada una de las novelas, cuentos y anécdotas que tiene escritas a unos personajes de carne y hueso, tipos normales, y los encaja en un espacio y tiempo creíbles con el fin de que su lector no tenga nunca la sensación de estar perdido en el escenario de las aventuras.

Y lo hace para su lector del siglo XVII, que no disponía de mapas, sistemas de información geográfica, navegadores por GPS, o teléfonos inteligentes con mapas y rutas, como disponemos los lectores del siglo XXI. Aquellos primeros lectores se orientaban en los caminos, como lo hacía Cervantes, mediante una imagen ambiental representativa para él, que no tiene que ser la misma para los demás. Imagen ambiental de sensación inmediata y experiencia propia de cada uno (un árbol, un arroyo, un cerro…) que en el caso de Cervantes traslada al papel en forma de información a sus lectores. Si bien, la gran mayoría de sus lectores nunca habían pasado por los caminos y parajes descritos, con la descripción que de ellos hace Cervantes pueden orientarse en el espacio geográfico elegido para las aventuras de los protagonistas. Es indudable que una imagen nítida de los cinco elementos generales (bordes, sendas, barrios, nodos o mojones) permite una orientación más exacta, más para los lectores. Hoy puede parecer la imagen del espacio que Cervantes nos trasmite algo borrosa, incluso inexistente como así lo afirman algunos autores,  pero no era así para sus primeros lectores y tampoco para nosotros si tenemos en cuenta las descripciones que de estos cinco elementos podemos percibir en la novela.

Cervantes lleva a don Quijote a campo abierto, huye de los pueblos y las ciudades. Recurre en la Mancha a los caminos transitados, sendas o itinerarios importantes como el Camino de Toledo a Murcia, implícitamente nombrado en la novela, o el Camino de la Plata, junto a los cuales se situaban las ventas, porque son escenarios propicios donde surgen las aventuras. Viajeros, trajinantes y arrieros, de toda condición y procedencia, son los usuarios principales de los caminos y ventas, sus vidas y sus historias las entremezcla genialmente con las de don Quijote y Sancho Panza.

Por los lugares que pasa, o ni los nombra o aporta muy pocas descripciones de ellos, solo lo hace de El Toboso y de Barcelona. Lo mismo ocurre con el lugar de don Quijote y Sancho, cuestión ésta que no nos debería de asombrar por cuanto Cervantes ya deja clara su intención nada más comenzar la novela: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” y lo reafirma en el último capítulo de la Segunda Parte: “Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente…”. Cervantes no es que no se acuerde de su nombre, es que no quiere acordarse. ¿El motivo?, si lo hay, don Miguel, se lo llevó a la cripta de las monjas trinitarias de Madrid o simplemente fue un recurso narrativo más. Sin embargo, aunque esto pueda parecer en principio que es así, la posible falta de descripciones o evidencias geográficas no pueden limitarnos en el análisis de las imágenes del lugar de don Quijote.

Los bordes de la comarca cervantina, donde se encuentra el lugar de don Quijote y Sancho, están perfectamente delimitados por Tembleque, Quintanar de la Orden, Argamasilla de Alba y Puerto Lápice, lugares nombrados explícitamente en la novela, junto a El Toboso, con relación directa con los personajes de la novela. En esta comarca hay varias villas y aldeas, una de estas es el lugar de don Quijote, no pudiendo ser ninguna de las anteriormente nombradas por expreso deseo de Cervantes. Sin embargo, desde hace mucho tiempo, gracias a la excelente estrategia turística de sus gobernantes, se intenta oficializar que Argamasilla de Alba sea el lugar de don Quijote, incluso anunciándolo así en carteles en los márgenes de nuestras carreteras, pagados con dinero público. Para esta empresa se apoyan en la cita, al final de la Primera Parte, que dice:

“Las palabras primeras que estaban escritas en el pergamino que se halló en la caja de plomo eran éstas: Los Académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha, hoc scripserunt”

Que Cervantes conocía la historia de la fundación reciente de Argamasilla de Alba es evidente, incluso pudo haber vivido un tiempo en ella conociéndola en primera persona. Esta villa manchega, contaba con una particularidad, se había fundado poco antes de nacer el personaje de don Quijote. Así lo podemos leer en las contestaciones que Argamasilla de Alba hace en 1575 a las Relaciones Topográficas de Felipe II:

 “… y decirse la villa de Argamasilla de Alba es porque se fundó siendo prior de San Juan don Diego de Toledo, antecesor de don Antonio de Toledo, que de presente es,… dijeron que la dicha villa es repoblación nueva de cuarenta y cuatro años a esta parte, un año más o menos…”

Contestacion de Argamasilla

Según estos datos, Argamasilla de Alba se fundó en 1531, “un año más o menos”, cuando es nombrado prior de esta parte de la Orden de San Juan don Diego de Toledo. Si Cervantes describía en 1605 que “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años…”, obtenemos que aproximadamente el personaje de don Quijote nacería en la mitad del siglo XVI, 20 o 25 años después de haberse fundado Argamasilla de Alba. Durante muchos años después se le llegó a conocer a Argamasilla de Alba como “Lugar Nuevo”,  cobrando sentido la frase de “lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”.

Por el contrario, pretender ubicar el lugar de don Quijote fuera de estos bordes entra dentro de los antiguos libros de caballerías donde, sin dormir ni comer, un caballero en unas horas recorría la distancia que separaba Londres de Estambul, olvidando que este libro es el Quijote y sus protagonistas son un viejo hidalgo manchego y un simple jornalero, sobre un caballo viejo y enfermo  y un borriquillo andarín.

Quizá la primera descripción considerada por algunos como ambigua del lugar de don Quijote es su título: ¿Aldea o villa? Si partimos que Cervantes a un mismo núcleo urbano como El Toboso unas veces lo llama aldea, otras pueblo e incluso llega a elevarlo con el título de “gran ciudad” cuando en su época era una villa, al lugar de don Quijote lo podía describir, como hace, de la misma manera siendo realmente cuando lo conoció, y pensó en él para hacerla la patria chica de don Quijote, una villa manchega. Y así la considera en las descripciones físicas y humanas que hace de ella en la novela. En la carta que Teresa envía a Sancho, contándole los últimos sucesos acaecidos le dice que un “pintor de mala mano que llegó a este pueblo a pintar lo que saliese: mandole el concejo pintar las armas de Su Majestad sobre las puertas del Ayuntamiento…”. Ayuntamiento, como casa o edificio donde se “ayuntaban” alcaldes y regidores, solo los tenían las ciudades y las villas.

Teresa continúa su carta a Sancho: “La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas”. Una aldea, como muchos defienden que era el lugar de Alonso y Sancho, no disponía de casa Ayuntamiento y tampoco de una “picota”, lugar donde se exponían al escarnio público los condenados por la Justicia. Las aldeas dependían administrativa y judicialmente de una villa cercana, aunque en algunas aldeas, “por merced de Su Magestad” podían tener oficios de justicia muy limitados en el código civil, pero nunca en el criminal, donde las penas podían ser incluso hasta de muerte, siendo cumplidas siempre en la picota de justicia de la villa. Una aldea muy importante en la Mancha era Tomelloso, dependiente de la villa de Socuéllamos, esta dice que: “El lugar del Tomelloso es aldea y jurisdicción de la villa de Socuéllamos, tiene hasta ochenta vecinos, tiene los mismos oficios de justicia que esta villa por merced de Su Magestad, con límite de juzgar hasta cuatrocientos maravedís en lo civil y no en cosa criminal”. Por tanto es evidente que, administrativa y judicialmente, el lugar de don Quijote es una villa manchega.

don quijote saliendo de su pueblo

En la misma frase anterior de Teresa: “La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas”, avisa a Sancho que un recurso importante del pueblo como es la fuente de la plaza se había secado. En aquella época, en esta parte de la Mancha, muy pocas villas tenían una fuente pública en su plaza, siendo la forma habitual de abastecerse los vecinos de agua dulce en pozos públicos o privados.

Hay una imagen del lugar de don Quijote que es característica, propio de él. La carta de Teresa a Sancho es contestación a otra que Sancho le remite, aprovechando este que la duquesa enviaba una carta a Teresa desde Aragón por medio de uno de sus pajes. Así es la llegada del paje al lugar de Sancho:

“Dice pues la historia que el paje era muy discreto, y agudo, y con deseo de servir a sus señores, partió de muy buena gana al lugar de Sancho, y antes de entrar en él, vio en un arroyo estar lavando cantidad de mujeres…” dQ2, 50.

Este mojón o hito del lugar de don Quijote hay que situarlo entre el norte y este de él, ya que es evidente que el paje llega a esta comarca manchega desde una parte de Aragón, y el arroyo está muy cercano al pueblo, “antes de entrar en él”. En esta parte N-E del pueblo también está la casa de Sancho y la de su vecino Alonso, su barrio o distrito, porque una vez que el paje pregunta por Teresa Panza, su hija, que estaba allí lavando ropa, le dice: “Venga vuesa merced, que a la entrada del pueblo está nuestra casa, y mi madre en ella…”

Otra imagen del lugar de don Quijote la describe Cervantes cuando don Quijote y Sancho vuelven de Barcelona por el mismo camino de El Toboso, donde no pudieron ver finalmente desencantada a Dulcinea, y entran a su pueblo así:

“… subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho se hincó de rodillas… Déjate desas sandeces, dijo don Quijote, y vámonos con pie derecho a entrar en nuestro lugar… Con esto, bajaron la cuesta y se fueron a su pueblo” dQ2, 72.

El camino de El Toboso al lugar de don Quijote, aunque estamos en una parte de la Mancha muy llana, tiene algún pequeño cerro o desnivel en rampa que no deja ver el pueblo hasta que se sube a él. Aunque parezca una descripción menor o sin importancia en esta parte de la Mancha es reveladora.

dQ y SP llegando a su pueblo

Al comienzo del siguiente capítulo tenemos una descripción de las afueras del lugar de don Quijote, que aunque parece muy normal en un pueblo cerealista en esta parte de la Mancha, no deja de ser una imagen que Cervantes nos regala:

“A la entrada del cual, según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos…”, para después del suceso y la conversación con ellos y con unos cazadores “pasaron adelante, y a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo rezando al cura y al bachiller Carrasco… finalmente, rodeados de mochachos y acompañados del cura y del bachiller, entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don Quijote…” dQ 2, 73.

Las sendas o itinerarios, los caminos, que parten o cruzan el lugar de don Quijote también nos pueden ayudar a situarlo en el mapa de esta comarca cervantina del Quijote. Además de este camino que une con El Toboso, por el lugar de don Quijote pasa un camino muy conocido y transitado por muchos viajeros coetáneos de Cervantes: el Camino de Toledo a Murcia. Por él viene a casa desde la venta donde es armado caballero cuando: “… descubrió don Quijote un gran tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia…” dQ1, 4. Además de identificarnos implícitamente el camino, también nos describe el sentido que lleva en ese momento don Quijote camino a casa. Si se encuentra de frente con unos mercaderes toledanos que iban a Murcia, por tanto estos iban de oeste a este, don Quijote regresa a casa por este camino hacia el oeste, hacia Toledo. Este camino, que atraviesa el lugar de don Quijote de oeste a este, es el mismo que toma en sus dos primeras salidas, por tanto, saliendo hacia el este de su pueblo: “… Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje…” dQ1, 7.

De la segunda salida, esta vez ya con Sancho, regresa desde una venta en Sierra Morena, cordillera montañosa que hace de frontera natural entre Castilla y Andalucía, al sur de la Mancha. Esta venta, la Venta de la Inés o del Alcalde, como se llamaba en tiempos de Cervantes, está situada en el Camino de Toledo a Sevilla, conocido como Camino de la Plata, que atraviesa el Valle de Alcudia, término de Almodóvar del Campo, para adentrase en Sierra Morena camino a Andalucía. De la venta es traído don Quijote a casa, creyéndose encantado, sobre un carro convertido en jaula tirado por bueyes:

“El boyero unció sus bueyes y acomodó a don Quijote sobre un haz de heno y con su acostumbrada flema siguió el camino que el cura quiso, y a cabo de seis días llegaron a la aldea de don Quijote, adonde entraron en la mitad del día, que acertó a ser domingo y la gente estaba toda en la plaza, por mitad de la cual atravesó el carro de don Quijote”. dQ1, 52

El término de Almodóvar del Campo se encuentra al suroeste de la comarca cervantina, dirección por lo que la comitiva con la carreta de bueyes entra al pueblo hasta la plaza, que la atraviesan. Estando, por tanto, el barrio o distrito donde viven don Quijote y su vecino Sancho al lado contrario de la entrada desde Sierra Morena, coincidiendo la situación de la casa de Sancho,  con la descripción que hace el narrador de la entrada del paje que venía de Aragón una vez vadeado el arroyo.

En resumen, los caminos de salida y llegada al lugar de don Quijote nos describen una villa con varios caminos que parten o llegan a ella y con una plaza. Esto no es relevante ni específico del lugar de don Quijote, pues es la descripción de cualquier villa. Sin embargo, esta villa tan buscada es atravesada por el Camino de Toledo a Murcia, de este a oeste. Por este camino hacia el este parte en su primera salida llegando a una venta y también en su segunda salida encontrándose con los molinos de viento de Campo de Criptana. Otra salida encamina directamente con El Toboso, por donde nuestros protagonistas salen y llegan en su tercera salida, con un pequeño cerro o altillo a su salida. Y al menos tiene otro camino más, al suroeste, por donde entra don Quijote en una jaula sobre un carro tirado por bueyes.

camino de toledo en mapa autonomico

En el mapa anterior están delimitados los bordes de la comarca cervantina del Quijote y el Camino de Toledo a Murcia, con sus variantes, por ella. Casi en su centro hay un lugar no nombrado explícitamente en la novela, pero si implícitamente, este es Campo de Criptana. Esta villa es la única, no en esta comarca sino en toda la Mancha, que podía contar con más de treinta molinos de viento en la época de la escritura de la Primera Parte del Quijote y que sirvieron para que Cervantes escribiese:

“En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero: -La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra”. dQ1, 8.

Es el principio de la segunda salida de don Quijote. A los pies de los cerros de Campo de Criptana llega don Quijote y Sancho, saliendo de su pueblo por el este. La distancia que separa el lugar de don Quijote con estos molinos es muy poca. “Una noche se salieron del lugar sin que persona los viese; en el cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen”. Salen “sin despedirse” de sus familias en mitad de una noche de verano, para no ser vistos por nadie. En la Mancha, en verano, al caer la noche los vecinos de los pueblos solían, e incluso se sigue haciendo, salir a las puertas de las casas sentándose en sus poyos, sillas o serijos entablando conversaciones entre los mayores mientras los niños jugaban alrededor, esperando que el aire fresco de la noche se levantase y refrigerase las casas abiertas y así poder dormir mejor. Estas reuniones conocidas como “salir al fresco” podían durar hasta bien entrada la noche. Don Quijote y Sancho habían acordado salir una noche, sin despedirse de sus familias, por lo que debieron de esperar a que estas entraran a las casas y durmieran, como todo el pueblo. Así, en mitad de una noche de verano, inician nuestros protagonistas su salida por el camino a Murcia, hasta que al poco de amanecer se encontraron con los molinos de Campo de Criptana. ¿Hay mejor descripción, de esta senda e hito, que la que hace Cervantes?

El lugar de don Quijote y Sancho se encuentra al oeste de los molinos de Campo de Criptana, muy cerca de ellos, tanto que solo se necesitan dos o tres horas de camino, del lento Rocinante, para llegar a estos “gigantes”. Esta sola descripción es casi concluyente para localizar la villa desde donde parte don Quijote hacia sus aventuras, el origen geográfico del Quijote.

molinos C. Criptana

En la Mancha se comenzaron a construir molinos de viento a mitad del siglo XVI, motivado principalmente por la ausencia de agua en sus ríos “de invierno” durante los primeros 50 años de ese siglo dejando inútiles las piedras de los molinos de agua, especialmente en esta comarca cervantina del Quijote, excepto los molinos del río Guadiana que seguían trabajando al ser éste el único río con agua. Estos únicos molinos de agua operativos estaban alrededor de su nacimiento en las Lagunas de Ruidera y la mayoría pertenecía al prior de la Orden de San Juan. Este prior no concedió licencias de construcción de molinos de viento en su jurisdicción, obligando así a sus vecinos a desplazarse a sus molinos y, por tanto, proporcionarle pingües beneficios. No es hasta finales del siglo XVII cuando el prior comienza a autorizar la construcción de estos artilugios. Es por lo que Campo de Criptana, de la vecina Orden de Santiago, tenía en sus cerros y sierras tantos molinos de viento con los que moler su grano y el de los agricultores de las villas próximas de la Orden de San Juan como Alcázar de San Juan, Quero, Tembleque, Villacañas, Villafranca y Herencia. Que don Quijote no conociese estos artilugios, como tampoco los batanes, declara como villa sin molinos de viento a su pueblo, en 1605. Él, como hidalgo, no tenía obligación de acarrear sacos de grano a los molinos o paños a los batanes, pero sí su vecino Sancho, que, como jornalero, tenía que hacerlo y por tanto conocerlos. Otra descripción más del lugar de don Quijote: No tenía en la época de la escritura de la Primera Parte del Quijote molinos de viento, pero sí estar muy cerca de Campo de Criptana.

Cuando Cervantes escribía la novela el río Guadiana y los ríos de invierno, el Záncara y el Gigüela llevaban agua todos los años. El lugar de don Quijote contaba en su término municipal con varios ríos y arroyos cercanos a la villa. Algo que parece irrelevante, en esta parte de la Mancha es una descripción valiosa, casi determinante. Don Quijote, al ser derrotado por el Caballero de la Blanca Luna en la playa de Barcelona, vuelve a su casa para cumplir el año de retiro impuesto y toma la decisión de hacerse pastor: “yo compraré algunas ovejas… y nos andaremos por los montes… bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos…“. Sancho desespera por que llegue ese ansiado trabajo, ejercido antaño, y así dejar el de escudero, e incluso ya imagina a su hija llevándoles la comida, lo que indica la cercanía al pueblo: “Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato” dQ2, 67.

Con estas descripciones e imágenes del lugar de don Quijote, y utilizando el método de análisis deductivo, se las aplico a Alcázar de San Juan, un lugar que nunca ha estado en el mapa cervantino de filólogos, periodistas o viajeros.

 Consideraciones geográficas físico-humanas del lugar de don Quijote:

1. Pertenecer a la comarca cervantina. Alcázar de San Juan se encuentra en el centro de esta comarca manchega.

2. Ser una villa. Casa Ayuntamiento, la picota de justicia y sus anécdotas. Alcázar de San Juan era villa desde que en 1292 el rey Sancho IV le concede este título y escudo propio. En tiempos de Cervantes era sede del Gobernador del Priorato de San Juan, contando con un edificio que servía de Ayuntamiento y una picota, donde exponer o ajusticiar a los condenados por la Justicia.

En 1615 se publica la Segunda Parte del Quijote, donde podemos leer la carta que Teresa manda a Sancho. En ella le cuenta los sucesos importantes acaecidos en su pueblo durante su ausencia: “… pintor de mala mano que llegó a este pueblo a pintar lo que saliese: mandole el concejo pintar las armas de Su Majestad sobre las puertas del Ayuntamiento…”.

ayuntamiento viejo

Mª Soledad Salve, en Notas históricas sobre Alcázar de San Juan y su Casino (PMC, 2010) describe minuciosamente las diversas fases por la que pasó el edificio antiguo, ya desaparecido, del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan “que presidía la Plaza Vieja”. La villa de Alcázar compró un edifico en forma de torre en el año 1529, que se conocía como la Torre del Ayuntamiento en 1600. En una “estrecha sala” de este edificio se juntaban los alcaldes y regidores para celebrar sus sesiones. “Esta falta de espacio de la torre sería, entre otras razones, la que determinó al Concejo, a principios del siglo XVII, a realizar las obras de ampliación del edificio y la remodelación del lado norte de la Plaza. La licencia para su ejecución la dio S.A Manuel Filiberto de Saboya, Gran Prior, en una Provisión de 1612…”

En 1612 comienzan a realizarse las obras de ampliación a la Torre, las conocidas como “casas de Ayuntamiento”, a ambos lados de ella. En 1622 se reforma el interior de la Torre con una nueva sala de juntas llamada “sala de la media naranja o sala del secreto”. Terminada esta “sala de la media naranja”,  en 1626, en las Actas y acuerdos municipales de 1 de noviembre de 1626 se puede leer: “…la media naranja que se fijó en el aposento de la torre deste ayuntamiento esta acavada y blanqueada y la obra y escudos della pide se pinten de pintura al oleo de buena mano en los cuatro escudos questan en el dicho aposento…”.

En 1615, fecha de la publicación de la Segunda Parte del Quijote, el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan estaba en obras. ¿Ocurrió realmente el suceso de que un “un pintor de mala mano” pintara “las armas de Su Magestad sobre las puertas del Ayuntamiento…”? Lo que sí sabemos es que poco más de diez años después se hizo constancia en que “los escudos della se pinten de pintura al oleo de buena mano”. Un suceso que bien pudo provocar las risas en los vecinos y la anécdota la utilizó Cervantes en la carta de Teresa. No es posible comprobar la contratación de este pintor de “mala mano” en el libro de Actas y acuerdos municipales de 1610 a 1615, al estar perdido éste.

La existencia de picota, su uso y conservación en Alcázar de San Juan está documentada en los libros de Actas y acuerdos municipales. En fecha cercana a la publicación del Quijote, 1604, podemos leer como los alcaldes y regidores “estando juntos en su Ayuntamiento” toman la decisión de contratar “a Pedro Gómez, vecino de la ciudad de Guadalajara para que en esta villa haga el oficio de verdugo por el tiempo de un año…”

Folio 193 libro de actas verdugo

Una picota estaba construida generalmente por una columna de piedra  sobre una base formada por cuatro o cinco gradas, también de piedra, donde se exponían a los condenados por la Justicia. La columna disponía en su parte superior de unas barras de hierro forjado a modo de perchas y en su cabeza una cruz, también de hierro. No cabe duda que esta cruz metálica en una zona abierta del pueblo podía atraer a los rayos, y si esto ocurría la picota quedaba muy dañada o destruida. ¿Ocurrió esto en Alcázar de San Juan poco antes de la escritura de la Segunda Parte del Quijote o es una crítica irónica de Cervantes hacia esta forma de exposición pública de los condenados?

3. Encontrarse en el Camino de Toledo a Murcia. Alcázar de San Juan es atravesada por una de las variantes, la sur, de este importante camino.

Alcazar en el camino de Toledo a Murcia detalle4. Disponer de una fuente en la plaza. Alcázar de San Juan, con dos mil vecinos, unos 8.000 -10.000 habitantes, en tiempos de la escritura de la Primera Parte del Quijote, se abastecía de agua de varios pozos de agua dulce en sus afueras, como de pozos particulares. En el noreste de ella contaba con un pozo conocido como del Vallejo que en 1602 se decide ampliar para abastecer con más agua a la villa. En 1616 los alcaldes y regidores toman la decisión de hacer ampliaciones en este pozo con las aguas de otro pozo cercano, conocido como de Huerta de Montoya, por la demanda de agua de sus vecinos que el pozo del Vallejo no puede abastecer. Al margen de este acuerdo se indica que es para la “fuente de la plaza”. Es significativo que en la villa de Alcázar se tiene necesidad de agua para la fuente de la plaza, por estar secándose el pozo del Vallejo, tomándose decisiones en 1616 para intentar solucionarlo. Esto ocurría en Alcázar de San Juan un año después de escribir Cervantes “… la fuente de la plaza se secó…”. La fecha exacta de la construcción de la canalización desde el pozo de Vallejo y Huerta Montoya hasta la plaza debió ser entre los años 1610 y 1615, coincidente con el desparecido libro de Actas y acuerdos municipales.

fuente de la plaza

5. Arroyo entre el norte y el este de la villa. Desde Aragón, el camino que debía de traer el paje de la duquesa es pasando por Cuenca, Villaescusa de Haro, Mota del Cuervo y dejando atrás Campo de Criptana entrar por el camino de Toledo a Murcia a la villa de Alcázar. Por el término de Alcázar de San Juan discurrían varios arroyos, uno de ellos, conocido como Arroyo de la Mina, recogía aguas en los cerros del Tinte y Las Fontanillas, situados al norte, y lamiendo el este de la villa se cruzaba en sus afueras con el Camino de Murcia.

plano de alcazar y arroyo mina

Este Camino a Murcia salvaba el arroyo por medio de un puente que se ha conservado hasta casi finales del siglo XX. En 1849, se acordaba, de nuevo, la reparación de “… la puente que hay en el camino llamado de Murcia sobre el arroyo de la Mina…”

puente sobre arroyo camino murcia

6. El camino de El Toboso tiene un cerro que impide ver la villa de Alcázar. La villa de El Toboso y la de Alcázar tenían, y tienen, un camino derecho que unía ambos lugares.

cuesta foto

Viniendo desde El Toboso, como lo hacía don Quijote y Sancho Panza sin ver desencantada a Dulcinea, nos encontramos el comienzo de una cuesta a unos 3,5 kilómetros antes de llegar a Alcázar, salvando 15 metros de desnivel en 600 metros de camino. Esta cuesta, entre dos cerros, impide la visión urbana de la ciudad hasta que no se llega a su cresta. Este pequeño relieve es parte de los Cerros del Vallejo, donde durante los siglos XVIII-XX se instalaron molinos de viento en ellos.

Con las curvas de nivel de las hojas MTN25 del Instituto Geográfico Nacional he realizado este perfil del camino, en el que se observa la cuesta que impide ver Alcázar de San Juan desde el camino.

perfil de la cuesta

El perfil del camino y la imagen de Alcázar de San Juan cuando se salva  este pequeño desnivel coinciden exactamente con el texto:

“… subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho se hincó de rodillas… Déjate desas sandeces, dijo don Quijote, y vámonos con pie derecho a entrar en nuestro lugar… Con esto, bajaron la cuesta y se fueron a su pueblo” dQ2, 72.

7. El camino de El Toboso atraviesa unas eras de trillar antes de entrar al pueblo por un “pradecillo”. Alcázar de San Juan, como la gran mayoría de los pueblos manchegos, contaba alrededor de sus límites urbanos con eras donde los labradores trillaban el cereal. En el Libro Seglar guardado en el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan, que da origen a las respuestas de la villa, enviadas en el año 1753, al Catastro mandado hacer por el Marqués de la Ensenada, se relacionan las eras que los agricultores disponían. Hay que tener en cuenta que aunque las Relaciones de 1575 de Alcázar se perdieran, esta villa conservaba el mismo número de vecinos en 1750, “Dos mil vecinos, poco más o menos”, entre ocho y diez mil habitantes, y los mismos recursos socioeconómicos.

eras del pradillo

La mayoría de las eras se concentraban en la parte noreste de la villa, en el paraje que se conocía como “pozo nuevo”. Este paraje limitaba al oeste con los caminos de La Puebla y Quero, y era  atravesado por el camino de Miguel Esteban-Quintanar-El Toboso. Poco más cerca, junto a la entrada de la villa, había otras eras en el paraje conocido como “el pradillo”. Felipe Díaz Carrascosa dice tener: “Item una hera pan trillar en las del pradillo contiguo a esta Población…”

hera folio 818

Cervantes podría haber omitido la imagen de las eras y el “pradecillo” en la bajada del camino de El Toboso y el relato de la entrada al pueblo sería el mismo. Esta misma imagen se podía ver en Alcázar hasta el comienzo de la construcción de la estación de ferrocarril, en la segunda parte del siglo XIX, y por tanto de la expansión urbana de esta parte de la ciudad, que cambió su imagen anterior. Una imagen tan sencilla de Alcázar de San Juan, como son sus eras y un pradillo junto al camino de El Toboso, sin duda fue vista alguna vez por Cervantes y utilizada como imagen de la llegada de don Quijote a su pueblo.

8. Los molinos de viento de Campo de Criptana al este de la villa. Alcázar de San Juan, villa de la Orden de San Juan en tiempos de Cervantes, tiene al este la villa de Campo de Criptana, de la Orden de Santiago. En medio de ellas estaba la frontera entre ambas jurisdicciones religiosas y por tanto la posibilidad de construir molinos de viento en el término de Campo de Criptana, que cuenta con muchos cerros y sierras. Alcázar de San Juan, en tiempos de la escritura del Quijote, no contaba con ningún molino de viento, y, sin embargo, en Campo de Criptana el número de molinos construidos se elevó considerablemente, no solamente para moler su grano sino para el de los labradores de los pueblos vecinos de la Orden de San Juan, evitando estos el largo camino hasta los molinos de Ruidera.

Alcazar y los molinos mapa

9. El lugar de don Quijote dispone de varios ríos, donde se pesca. Este recurso hídrico, tan inusual en la Mancha y más en esta comarca cervantina, es solo posible apreciarlo en el término de Alcázar de San Juan.

Junta de los ríos_fotoLM.

Los ríos Guadiana, Záncara y Gigüela se juntan en lo que hasta hoy se conoce como “La Junta de los ríos”, algo más adelante, en la línea con el término de Herencia, se junta también el río Amarguillo. Hoy es posible ver esta espectacular imagen solo los años de alta pluviometría, muy escasos actualmente.

mapa junta de los rios

Sancho y un vecino suyo, éste disfrazado de escudero del Caballero del Bosque, en una larga conversación entre escuderos, éste le pregunta a Sancho:

“… qué escudero hay tan pobre en el mundo, a quien le falte un rocín, y un par de galgos, y una caña de pescar, con que entretenerse en su aldea? -A mí no me falta nada deso, respondió Sancho, verdad es que no tengo rocín: pero tengo un asno, que vale dos veces más que el caballo de mi amo” dQ 2, 13.

Pocos vecinos de esta comarca podían declarar abiertamente su afición a la pesca en sus ríos, o su necesidad para completar la maltrecha despensa familiar. La mayoría de pueblos de esta comarca cervantina declaran en sus Relaciones Topográficas de Felipe II que no hay pesca en su término o la que hay es muy mala y no se consume.

Detalle pesca actas 1599-1609

En tiempos de la escritura del Quijote, debido a que muchos vecinos pescaban en sus ríos para vender la pesca, los alcaldes y regidores de la villa de Alcázar de San Juan, el 20 de febrero de 1602, acordaron:

 “… que se identifique a todas las personas que pescan en los ríos que están en el término de esta villa que acuda a ella con toda la pesca que tomaron de los dichos ríos para la provisión de esta villa. Sin que sean osados a vender la pesca en esta villa. So pena de seiscientos maravedíes…”.

            Como iniciaba este artículo: “El Quijote puede parecer al inicio de su lectura un laberinto geográfico, pero después de familiarizarse el lector con su medio físico y humano deja de serlo”.   Así, con las sencillas descripciones de los caminos que entran y salen del lugar de don Quijote, la disposición de la plaza, el arroyo y el camino a Murcia, las eras… que se desprenden de la lectura entretenida de la novela, es posible incluso definir en la villa de Alcázar de San Juan hasta el barrio o distrito de ella donde vivían sus vecinos Alonso Quijana y Sancho Panza, a principios del siglo XVII y que hoy ha quedado integrado en el núcleo urbano de la ciudad. Pero esto es materia para otro artículo, ¡harina de otro costal!, como diría nuestro vecino Sancho.

            Ser y, lo más importante, vivir en esta parte de la Mancha es un gran  privilegio para quienes afirmamos que el origen geográfico del Quijote está aquí, y más comprobando cómo Alcázar de San Juan cumple con todas las descripciones que del lugar de don Quijote hace Cervantes, ¿pueden decir esto mismo los defensores de los lugares de Argamasilla de Alba, Esquivias, Mota del Cuervo, Villanueva de los Infantes, etc. que pretenden también serlo?

               El Quijote es una obra de ficción, pero para que sus lectores del siglo XVII lo estimaran, y lo compraran, lo hizo creíble, poniendo a los nuevos héroes, tipos normales, sobre caminos y parajes reales, siendo esta nueva forma narrativa uno de los grandes aciertos de Cervantes, creando así lo que muchos han llamado la Novela Moderna. Hoy este paisaje del Quijote aún es posible reconocerlo, aunque es tan simple que puede pasar desapercibido. La llanura, el horizonte, la luz de esta parte de la inmensa Mancha no han cambiado, como tampoco la idiosincrasia del manchego. Si la imagen del lugar de don Quijote, del que no quiso acordarse de su nombre Cervantes, la he actualizado a un lugar de hoy, Alcázar de San Juan, lo mismo estoy haciendo con la de los caminos y parajes por los que Rocinante dejó sus huellas, y que aún no se han borrado.

            ¿Paisaje borroso, confuso o inexistente en el Quijote? A la mirada del simple lector del siglo XXI puede parecer inicialmente el paisaje del Quijote algo borroso por el paso del tiempo, pero nunca se puede confundir con otros paisajes o definirlo como inexistente. La sencillez del paisaje manchego carece de deslumbrantes hitos que nos orienten fácilmente y nos puede presentar alguna duda de orientación. Sin embargo, sus primeros lectores no tuvieron duda alguna sobre el territorio descrito porque la percepción que tenían del paisaje era similar a la del autor. No es posible tener hoy la misma percepción que la que tenían entonces, pero sí podemos ver casi lo mismo que ellos, y Cervantes, veían.

        Lo anterior, sobre la percepción del paisaje manchego, no es solo una particularidad del Quijote. Hace cien años Azorín pasó por esta misma comarca y la descripción del paisaje y paisanaje que hace no la percibimos hoy de la misma manera que la percibieron sus primeros lectores. Dentro de trescientos años habrá quien ponga en duda la geografía que describe, incluso su viaje, no les quepa duda. Azorín escribió para los lectores de El Imparcial en 1905. Solo el éxito de sus artículos en el periódico hizo posible la edición de todos juntos en La Ruta de Don Quijote y que podamos seguir leyéndolos hoy. Han pasado poco más de cien años y ya comienza a ser dificultoso ver lo que Azorín vio.

            Y no hace ni cinco años el también periodista y escritor Julio Llamazares hizo un recorrido similar, pero mucho más extenso que acabó en Barcelona, y pasó por esta comarca cervantina. La empresa tuvo un inicio parecido a la de Azorín, siendo un encargo del subdirector del periódico El País. Llamazares escribe treinta crónicas acompañadas con magníficas fotografías de José Manuel Navia, publicadas en el periódico en 2015. Un año después con el título El viaje de don Quijote se recopilan también todas juntas, pero sin las imágenes, perdiéndose ya una gran parte de la percepción del paisaje, ¡hoy que una imagen vale más que mil palabras!

foto de Navia

            Llamazares ha pensado y escrito este libro de viajes para sus lectores de hoy. Para mí, que casi reconozco cada rincón de los que describe, y para quienes vivan muy lejos de aquí puedan tener una imagen de esta tierra, sin conocerla físicamente. No duden que dentro de cuatrocientos años también habrá quien ponga en dudas que Llamazares ha estado, vivido, comido y dormido en esta tierra, y pondrán como argumento que: ¡no hay documentos que lo justifiquen! (mi consejo a El País: guarden celosamente  las facturas de las comidas, hoteles, peajes, etc que ha hecho Llamazares en su viaje durante, al menos, los próximos cuatrocientos años). También vacilarán de la imagen que de la Mancha hace, e incluso habrá quienes afirmen que la imagen puede ser de cualquier parte de Castilla (si es que así se llama todavía). Le demandarán que debería haber tenido más nitidez, exactitud, etc. en sus crónicas, y, Llamazares y Navia, desde donde se encuentren, se partirán de la risa con todo esto, recordando cómo vivieron y disfrutaron de sus jornadas durante su viaje por la Mancha de don Quijote, como lo estará también haciendo ahora don Miguel en su reposo, ya reposado, en las Trinitarias de Madrid.

            Solo un pequeño ejemplo de todo esto, y muy sencillo. Así describe Llamazares un rincón de mi ciudad, Alcázar de San Juan: “En la iglesia mayor del pueblo, de proporciones catedralicias y con trazas de haber sido una mezquita anteriormente (hay restos en sus paredes de yesos árabes), el sacristán, que está más versado…”. Si dentro de cuatro siglos, o quizá no tantos, sigue en pie la iglesia actual de Santa María La Mayor, que lo estará, habrá quien contemplándola dude de la descripción de Llamazares sobre sus “proporciones catedralicias” comparándola con cualquier catedral, e incluso que un simple sacristán tuviese amplios conocimientos de Historia. Yo fui bautizado en esta vieja iglesia, para mí sí es mi “catedral” y Paco es el “versado” sacristán.

Santa María

             Las imágenes claras, nítidas del paisaje y paisanaje de la Mancha, que Azorín y Llamazares han dejado a sus lectores coetáneos, serán un nuevo laberinto para los lectores del siglo XXV, no me cabe la más mínima duda.

            En el siglo XXV la organización político-administrativa de España (si es que se sigue llamando así) será muy distinta a la de hoy, pero siempre seguirá habiendo un gran espacio sin límites claros, como era a principios del siglo XVII, entre el río Tajo y Sierra Morena (si es que se siguen llamando así), y entre Extremadura y la región de Murcia y Valencia (si es que se siguen llamando así) que le llamen la Mancha de don Quijote. Y por ella seguirá caminando Rocinante, cabizbajo, parsimonioso, y habrá quienes, como hoy yo, quieran ir detrás de sus inmortales huellas por estos caminos manchegos. Y otros lectores afirmarán que no es posible que esta geografía existiese hace tantos siglos, será su opinión, ellos se lo perderán, como hoy se lo pierden cuantos niegan la realidad geográfica del Quijote.

                                                                      Luis Miguel Román Alhambra

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Una respuesta a LA IMAGEN DE LA MANCHA EN EL QUIJOTE

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