EL QUIJOTE EN LA MALETA DEL MÉDICO GORNIA

            Quizá el título de este artículo no les diga nada, pero si les digo que Giovan Battista Gornia acompañó a Cosme III de Médici en su viaje por España entre 1668 y 1669, como su médico personal, ya si es mucho más fácil ubicarlo en un espacio y en un tiempo concreto. Aunque la relación oficial del viaje no era su función, esta correspondía a Lorenzo Magalotti, el médico Gornia tomó sus notas en un diario personal de viaje que tituló Viaggio fatto dal Serenissimo Principe Cosimo Terzo di Toscana per la Spagna, Inghilterra, Francia et altri luochi negli anni 1668 e 1669. Giovan Battista Gornia nace en el año 1633 en la provincia de Bolonia. Estudia retórica y poesía, así como filosofía y medicina. Gornia llega a ser catedrático de medicina de la Universidad de Pisa y buen escritor. Su diario es eso, su diario, y aunque coincide en general con la relación oficial de Magalotti presenta una gran singularidad en sus apreciaciones. Como médico, hace que preste especial atención a los asuntos de la profesión manteniendo entrevistas con médicos y profesores, de los cuales recibe tantos libros que tiene que enviarlos a Italia desde Lisboa.  Como escritor se interesa en los usos y costumbres de los españoles, desde la forma de vestir de las mujeres a su papel en la sociedad, desde la transcripción de milagros y tradiciones legendarias a la costumbre de danzar y bailar delante del altar.

          El Quijote se traduce al italiano por Lorenzo Franciosini, imprimiéndose en Venecia en 1622, por lo que Gornia ya había leído el Quijote en su propia lengua cuando realizaba este viaje por España, siendo posiblemente uno de los libros que llevaba en su maleta de viaje al conocer que desde Toledo el séquito de Cosme III atravesaría la Mancha, la ya famosa tierra del hidalgo manchego, antes de entrar en tierras andaluzas. Tanto la relación oficial del viaje que hace Magalotti de las tierras manchegas como las apreciaciones personales que hace Gornia en su diario, siguiendo ambos fielmente a Cosme III será el grueso de este artículo, completado con los dibujos que ilustran el viaje, obras de  Pier María Baldi.

            Pero antes de adentrarnos en tierras manchegas, es conveniente conocer muy por encima quien era Cosme III y la razón de su viaje. En esos momentos era el príncipe heredero de una poderosa e influyente familia de Florencia y de Europa, los Médici. De ella salieron tres Papas, León X, Clemente VII y León XI, y dos reinas de Francia, Catalina de Médici y María de Médici. A los Médici se les reconoce también por ser mecenas de los artistas y científicos más importantes de su época, como Donatello, Fray Angélico, Brunelleschi, Leonardo da Vinci y Miguel Angel. Cosme III de Médici nació en Florencia el 14 de agosto de 1642. Hijo de Fernando II de Médici y de Victoria della Rovere era de carácter muy religioso.  Influido desde niño por su madre, rechazó los pasatiempos lúdicos de sus coetáneos dedicándose a las prácticas devocionales, peregrinajes y cantos religiosos, en contra del deseo de su padre, una persona muy interesada en la ciencia y la literatura.

retrato de Cosme

            Casado, a regañadientes, con Margarita Luisa de Orleans, prima del rey Luis XIV de Francia, joven educada de una manera muy diferente al príncipe, las discusiones y peleas entre ambos se alternaban con reconciliaciones. Por su condición de príncipe heredero del Gran Ducado de Toscana, y como pretexto para alejarse un tiempo relativamente largo de su esposa, organizó su segundo gran viaje por Europa y así conocer de cerca las principales cortes europeas. España, Portugal, Inglaterra y Francia fue la ruta marcada. Un viaje de aproximadamente un año de duración.

            Cosme III y su séquito parte de Florencia el 18 de septiembre de 1668, hasta el puerto de Livorno, donde se embarcan rumbo a España costeando Francia. Llegan al puerto de Cadaqués, y desde aquí a los de Rosas y Palamós, antes de llegar a Barcelona. Desde Barcelona, la comitiva llega a Zaragoza y a continuación a Madrid. Desde Madrid se dirige a El Escorial, emblema de la monarquía española, y una vez abandonado Madrid, se dirige a Aranjuez y a Toledo. El itinerario desde Toledo seguirá hacia el sur, hasta las principales ciudades de Andalucía: Córdoba, Granada y Sevilla.

            Si Magalotti hace la relación oficial del viaje, en el séquito viaja un pintor, Pier María Baldi, que tendrá la función de dibujar el lugar donde duerme el príncipe, e incluso donde para para comer y descansar. El príncipe no siempre duerme en una ciudad o pueblo con cierta entidad, a veces, por la excesiva distancia entre lugares para salvarla en una jornada, lo tiene que hacer en alguna venta junto al camino, cuidada especialmente para el momento, aunque si no salen bien parados algunos lugares, de la pluma de Magalotti, por su suciedad y mal acondicionamiento, las humildes ventas menos aún. Sin embargo la imagen del paisaje captada por Baldi nos deja su percepción casi fotográfica del paisaje y de ese lugar, sin interpretaciones artísticas, con una gran precisión y objetividad. Sin duda Baldi dibuja la mejor imagen que se tiene de España del siglo XVII.

jornada Toledo a Mora

            De Toledo sale el príncipe con su séquito el 29 de noviembre de 1668 con intención de llegar a dormir a Mora: “El día 29 a las 8,30 Su Alteza descendió a pie para oír misa en una iglesia de los carmelitas y, después del desayuno, partió hacia las diez, dirigiéndose directamente hacia Mora para reposar allí. […] Pasamos por Nambroca y Mascaraque, […] y dejamos a mano izquierda, a distancia de una buena milla del camino, Almonacid […]”

Mora

De Mora, Magalotti, deja una de las descripciones más benévolas sobre la limpieza que hay en los pueblos de España:

             “Mora es un pueblo de alrededor de trescientas casas, aunque los del lugar afirman que son quinientas, y es uno de los pueblos más bellos y limpios de toda España, sea porque la limpieza está arraigada en la gente, sea porque nos cupo a nosotros llegar en el momento preciso en que todos los vecinos enjalbegaban sus casas por fuera y por dentro, lo que acostumbran a hacer tres veces al año, cuando llega el buen tiempo; y esto porque las lluvias, al ser las calles tan anchas, se llevan el blanco de la cal, dejando las paredes manchadas y negras. […]. A media milla de distancia de Mora, en la cima de una colina se eleva un castillo antiguo, donde Su Alteza subió antes de la puesta del sol, mientras que nosotros salimos a pasear, viendo cómo los jóvenes mozos hacían ejercicios lanzando una barra de hierro, cosa que ejecutaban con bastante destreza. Aquella tarde Su Alteza no salió de casa.”

              Al día siguiente, después de oír misa, el séquito continúa su camino. El objetivo es llegar al final del día a Consuegra.

Mora a Consuegra

              “El día 30 fue a misa en la parroquia de Mora que es una iglesia gótica, si bien grande y de buena fábrica. Y de vuelta a casa desayunó, partiendo luego para Consuegra. […] Aquí la llanura se va estrechando insensiblemente hasta convertirse en una garganta de gran estrechez, que atraviesa las dos paredes de la montaña, y en medio de una selva de piedras y árboles se halla una iglesia, denominada de Santa María de Finibusterre y con un ermitaño como guardián. Es aquí donde comienza el país de la Mancha, y la susodicha iglesia pertenece al Gran Priorato de Castilla, a cuya cabeza está actualmente don Juan [José] de Austria. […]”

                Para el diplomático Magalotti,  entre Mora y Consuegra “comienza el país de la Mancha”. Sin embargo, en este mismo punto del camino el médico Gornia nos deja un detalle en su diario que solo un lector del Quijote, y amante de la obra de Cervantes, es capaz de hacer: “… aquí en el castillo de Mora comienza la provincia de la Mancha, famosa por Don Quijote y sus heroicas empresas …”. El príncipe Cosme de Médici, y todo su séquito, acaba de pisar la Mancha de don Quijote, en medio de una jornada invernal que empezó temprano en Mora y que acabará en el castillo de Consuegra.

Consuegra

Continúa Magalotti con la descripción de Consuegra:

            “Consuegra es un pueblo pobre situado al pie de una pequeña montaña, encima de la cual se alza un castillo a la antigua, con muros y torres con almenas, más aptas para servir de habitación que para defensa. En Consuegra, por ello, está la residencia del Gran Prior de Castilla; por ninguna otra razón más que por el aire libre, el señor don Juan se retiró allí después de la licencia, la cual le fue concedida por el rey Felipe IV, para retirarse como Comandante general de los ejércitos, y esquivar la malicia de la corte, o debido al impulso de su desesperación y melancolía, después de la derrota que recibió en Portugal. El Priorato tiene trece pueblos, el principal es el de Alcázar de San Juan, donde se encuentra el Contador, o administrador de impuestos internos, que es la primera oficina de este gobierno […]  Los ingresos del Priorato consisten en diezmos, y algunos otros derechos, que pagan los habitantes de estos trece lugares, teniendo el Priorato derecho de soberanía por lo que no hay apelación a las sentencias de estos ministros en ningún otro tribunal […] A lo largo de La Mancha se recoge el mejor trigo de España, tanto que, por orden del Rey, sólo se hace pan con trigo de esta zona; si bien es cierto que el pan hecho allí es el peor de todo el reino, por el agua cruda e insalubre por las grandes cantidades de salitre que hay en la tierra. Allí los pastos producen una hierba muy sabrosa y hacen de su carne un manjar excelente y delicado, principalmente la de los castrados, que no hay muchos. Sin embargo nacen en toda La Mancha dos vetas de agua, una noble y una dulce. Una es tan pobre que la mayoría de las veces se reduce a un hilo, y ésta nace bajo el castillo de Consuegra, por eso se llama del Castillo. La otra está a seis o siete leguas y es la llamada de Los Terrales, que es abundante y continua. […]”

Consuegra a Membrilla

            “Antes del amanecer del día 1 de diciembre, Su Alteza estaba en iglesia principal de Consuegra en misa y al acabar montó en su carruaje para continuar su viaje seguido durante media legua por Guelfi. El camino durante las siguientes cinco leguas fue por una llanura en la que se veían algunas pocas casas y sólo muy a lo lejos se observaba alguna ciudad más grande cerca de las montañas.[…]”

Villarta

            La intención del séquito florentino era llegar a la villa de Membrilla. El almuerzo les coincide en Villarta de San Juan. Dice la relación del viaje que el almuerzo lo hacen de “pie”, por lo que podemos entender que ni siquiera entran en el pueblo ni saludan a su alcalde, al menos no consta en ella. Todavía quedaban “otras cinco leguas” de camino, unas cinco horas de viaje y los días de invierno son muy cortos, tanto que llegan de noche a Membrilla. Durante el  frugal almuerzo del príncipe el pintor Baldi aprovechó para dibujar Villarta desde el lado derecho del camino de Puerto Lápice, junto al cauce del río Gigüela:

          “En Villarta se refrescó de pie, y se puso en rumbo por otras cinco leguas a Membrilla, pueblo del rey donde se llegó dos horas después de la puesta de sol. Fuera de Villarta comienza la zona de Calatrava, al que pertenecen la Venta Pesada donde hay un pozo de veinticuatro varas de profundidad, que saca el agua del subsuelo del Guadiana, y el pobre pueblo de Manzanares, que es del rey. Aquí encontramos un recinto cuadrangular de paredes almenadas con tres torres similares en todos los ángulos, por lo que puede decirse que es apto para la defensa. Fuera del campo de Manzanares comienza inmediatamente Montiel que pertenece a Membrilla, también del Rey. Calatrava es  toda una llanura yerma, y sin otra frontera que el horizonte.”

Membrilla

           “Membrilla trae su nombre de la abundancia, en otros tiempos mucho más que ahora, de membrillo. Las viñas que tienen poco vigor producen pocas y claras uvas, por lo que el pueblo, en general, no tiene una producción abundante de vino. Aquellos pocos, sin embargo, que lo producen, lo hacen en abundancia, y desde un año y medio, lo han perfeccionado y tiene una duración de un máximo de cuatro años. Su Alteza oyó misa el día 2 en la iglesia parroquial de Santiago, oficiada por un vicario de la Orden de Santiago con dependencia del Consejo de Órdenes con otros veinticuatro sacerdotes subordinados con títulos de capellanes. La iglesia es grande y la arquitectura gótica. De allí volvió a la posada a desayunar y de nuevo se puso en camino”.

Membrilla a Villanueva            Poco disfrutó el príncipe de su estancia en Membrilla. Dormiría y, después de oír misa y desayunar, de nuevo al carruaje o las parihuelas de viaje, sigue por caminos manchegos para llegar a Villanueva de los Infantes, una villa mucho más acogedora para su séquito. Al menos a Magalotti, esta parte de la Mancha, se le quedó gratamente impresa en la retina:

           “Llegó a Villanueva de los Infantes tras un recorrido de siete leguas. El campo que se vio este día es de los más bonitos que se han visto hasta ahora, que se extiende por uno y otro lado por un largo trayecto hasta algunas montañas a lo lejos. En Villanueva de los Infantes destaca el cultivo de la uva para el vino y el trigo y en  algún lugar se pueden ver bellos olivos como los nuestros […]”

Villanueva de los Infantes

            “Villanueva de los Infantes es un lugarcito de los infantes de Lara, de los cuales viene el duque de Hajara de la casa Manríquez; está bien situado y lleno de buenas construcciones, que merece, si no el nombre de ciudad, por lo menos algo más por encima del de pueblo. La principal iglesia de San Andrés, la de los dominicos y las hermanas de Santa Clara, la calle Mayor, la calle de San Francisco, que ambas van a dar a la plaza, y la propia plaza que se construye, como el exterior de la iglesia, de piedra viva con una arquitectura de soportales que sostienen en torno a ellas toda construcción uniforme, son piezas que podrían darse en una ciudad italiana. […] Villanueva de los Infantes está, sin embargo, en el Campo de Montiel, y es uno de los lugares más importantes de la región, como el mismo Montiel, del que toma su nombre y que no llega a ser la mitad de ella. […] Su Alteza se alojó en el convento de los dominicos. Después de la misa fue a reverenciar a Su Alteza, el Alcalde Mayor; después se adelantó el desayuno como lo había hecho el día anterior, y mientras se cargaba todo, fue Su Alteza a ver la Iglesia Mayor, la plaza, la calle Mayor, y la Iglesia de Santa Clara. Luego entró en el carruaje alrededor de las 9, e iniciaron el camino rápidamente, para llegar a la Venta Nueva a siete leguas de allí; en cuanto se sale de Villanueva de los Infantes, el terreno empieza a ser desigual, y aunque cementado en partes sigue habiendo muchas zonas por encima y por abajo salvajes.”

Villanueva a Venta Nueva

             “Y así continúa por tres leguas hasta Villamanrique, que es el último pueblo del Campo de Montiel, de La Mancha y de Castilla, donde hay una muralla baja de tierra; nada más pasarla se empieza a subir hacia Sierra Morena, que parece más una cadena de grandes colinas que de montes, los cuales se despoblan y se separan en varias líneas en una área de terreno bastante amplia. Al subir en dirección a la Venta Nueva se ve a lo lejos y a la izquierda Sierra Nevada, cuyas altísimas montañas dividen Andalucía desde Granada hasta la costa, para llegar a un lugar llamado Tomotrel. […]”

venta Nueva

               “La Venta Nueva es una casa pobre que se mandó construir recientemente por el duque de Medina para que pudieran descansar los viajeros, y se compone de dos míseras habitaciones en la primera planta, una en la planta baja, un henil, y un cuarto con chimenea donde se cocina, situado delante de un establo muy grande donde se pasó la noche junto a las bestias. El mismo día 4 oyó misa en esta casa, y cuando terminó se montó a caballo una hora después del amanecer, y entró en el bosque, al lado de la carretera principal, con perros y cazadores y fue a cazar codornices, dos de las cuales eran bien hermosas. Cuando hubo recorrido la mitad de ese camino entró en el camino principal, desmontó y se subió a la calesa y avanzó durante cinco leguas hasta la Venta de San Andrés, donde llegó una hora y media antes de que se pusiera el sol, situada casi en la frontera que divide La Mancha, y por tanto Castilla, de Andalucía.”

                 Desde aquí el príncipe continúa viaje hasta la Venta de los Arquillos, donde “se refresca”,  y desde allí se dirige a Linares.

             En la maleta del médico Giovan Battista Gornia su Quijote ha recorrido parte de la Mancha y del Campo de Montiel cervantino. Magalotti y Gornia son precisos geograficamente cuando entre Mora y Consuegra advierten en sus manuscritos que desde aquí comienza la Mancha: “Es aquí donde comienza el país de la Mancha, y la susodicha iglesia pertenece al Gran Priorato de Castilla, a cuya cabeza está actualmente don Juan [José] de Austria” (Magalotti), “… aquí en el castillo de Mora comienza provincia de la Mancha, famosa por Don Quijote y sus heroicas empresas. (Gornia)”

             Y desde aquí, el séquito de Cosme III no dejan de estar en la Mancha hasta llegar a Sierra Morena, al sur del término municipal de Villamanrique. Entran en el manchego Campo de Montiel por Membrilla, “Fuera del campo de Manzanares comienza inmediatamente Montiel al que pertenece  Membrilla…”, para continuar hasta Villanueva de los Infantes y dejar el Campo de Montiel y la Mancha por Villamanrique “… que es el último pueblo del Campo de Montiel, de La Mancha y de Castilla…”, para entrar en Andalucía.

           La Mancha, el espacio natural de esta parte de Castilla descrita por  Cervantes para enmarcar las aventuras de don Quijote, es percibida de la misma manera, sesenta años después, por Magalotti y Gornia. Y dentro de ella,   en tierras gobernadas por la Orden de Santiago, el mismo Campo de Montiel nombrado por Cervantes. Dos de los bordes de la Mancha natural han quedado bien definidos en la relación oficial del viaje, el Campo de San Juan por el oeste, junto a Toledo, y el Campo de Montiel por el sur, limítrofe con Sierra Morena. De igual manera, los límites entre las órdenes militares de San Juan, Calatrava y Santiago, entre los lugares de Villarta (San Juan), Manzanares (Calatrava) y Membrilla (Santiago).

       Esta es la Mancha de don Quijote, inmensa, imprecisa en sus bordes, de conveniencia a veces, y no otro espacio geográfico con el que intentan diversos autores actuales deformarla e incluso poniéndola en duda como espacio real descrito por Cervantes. Unos deciden que solo el mancomunado Común de la Mancha es ese espacio cervantino y otros quieren percibir la imagen de la Mancha como si Cervantes fuese un escritor actual escribiendo para los lectores del siglo XXI. Cervantes escribió el Quijote para sus lectores coetáneos, los de principios del siglo XVII que lo comprarían y con cuyos beneficios comería y pagaría las rentas de su casa en Madrid, y que percibían el paisaje de la misma manera que él a horcajadas sobre una mula de alquiler por estos mismos caminos, como unos pocos años después también hicieron Magalotti, Gornia y Baldi.

           Baldi, con sus excelentes dibujos a la acuarela nos deja imágenes de un paisaje muy legible actualmente. Los elementos que forman la morfología del espacio físico, el plano, los edificios y los usos del suelo, casi no han cambiado en esta parte de la Mancha. Solo los bordes urbanos, con nuevas construcciones y usos del suelo, han ensanchado la imagen de sus pueblos y ciudades, manteniéndose algunos edificios singulares tal y como los vio Baldi, como las iglesias, ermitas, conventos y castillos.

           En la Mancha, uno de los elementos paisajísticos que hoy la definen, desde que don Quijote entrara en batalla con uno de ellos, son los molinos de viento. Baldi solo dibuja uno de ellos en su paso por la Mancha, fiel a la figura de estos artefactos en estas latitudes, en Membrilla.

molino en Consuegra Baldi                Sin embargo, en el perfil del paisaje de Consuegra dibujado por Baldi no vemos dibujados los imponentes molinos de su Cerro Calderico, a los lados del castillo, tal y como hoy los vemos.

zona de molinos en Consuegra

             Baldi no los dibuja sencillamente porque no existían en este cerro, ni en esta parte de la Mancha dominada por la Orden de San Juan. Su Prior no autorizó su instalación a los lugares que los demandaban hasta finales del siglo XVI y principios del XVII. De esta manera, ante la necesidad de sus vecinos de moler trigo para hacer la preciada y necesaria harina, los obligaba a desplazarse a los molinos de agua que tenía instalados en Ruidera y de los que era su propietario y principal beneficiario.  Muy pocos años después de pasar por Consuegra el séquito de Cosme III se iniciaron su construcción, aunque no en un número tan elevado como podemos ver en la actualidad, al que se llega en el siglo XIX, poco antes de que los molinos eléctricos los dejara casi al borde del derribo. Si hoy los vemos en toda la Mancha es gracias a la novela inmortal del Quijote que arremete contra las ideas funcionalistas de mitad del siglo XX, anticipándose al artículo 46 de nuestra Constitución: “Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad”. Si en 1605 don Quijote lucha contra uno de ellos, hoy es su gran defensor.

molinos actuales en Consuegra

            Este artículo contiene citas tomadas del libro Lorenzo Magalotti. Viaje de Cosme III de Médici por España y Portugal, de David Fermosel y José María Sánchez, editado en Madrid en el 2018, en el que está traducida por primera vez del italiano la relación oficial realizada por Magalotti, con notas de otros manuscritos como del diario personal del médico Gornia. Como el libro de Fermosel y Sánchez no incluye imágenes de Baldi de esta parte del viaje por la Mancha, estas que acompaño están tomadas de la obra Viaje de Cosme de Medicis por España y Portugal, editada en Madrid en 1933 por Ángel Sánchez Rivero y Mariutti de Sánchez Rivero, conservada en la Biblioteca Nacional de Portugal.

                                                              Luis Miguel Román Alhambra 

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2 respuestas a EL QUIJOTE EN LA MALETA DEL MÉDICO GORNIA

  1. antonio tomas dijo:

    Gracias por esta ventanita que me permite asomarme a mi pueblo……….
    Antonio Tomás.

    Enviado desde mi iPhone

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