LOS MAPAS MENTALES DE CERVANTES EN EL QUIJOTE

CERVANTES IMAGINANDO                 Hace unas semanas le enviaba a un amigo parte de la guía de caminos por la Mancha de don Quijote que estoy preparando, incluyendo el Prólogo para el viajero y la primera de las salidas de don Quijote. Es un lector del Quijote, se lo sabe de cabo a rabo, y es manchego, como yo, aunque vive desde hace muchos años en Madrid. Me llama solo dos días más tarde y me dice que acaba de ver el itinerario que propongo para seguir los pasos de don Quijote en esta salida concreta y que está asombrado, creo que fue benevolente con lo de asombrado, porque no coincide mi mapa con ningún mapa o ruta publicado hasta ahora, ni por particulares ni por organismos públicos como la JJCC de Castilla-La Mancha, y que no entendía mi propuesta, aunque después de haberlo analizado coincidiese el espacio y el tiempo con el texto del Quijote. Le pregunto que si antes había leído el Prólogo para el viajero, y su contestación fue: “nunca leo los prólogos de los libros”. Le insto a que en este caso, por ser yo, lo hiciese porque es la única manera de entender mi propuesta viajera, y que además le enviaba también una parte de uno de los capítulos previos: Los mapas mentales de Cervantes en el Quijote.

         Esta vez pasa casi un mes sin tener noticias suyas, lo que no me preocupó porque no comparte, o compartía, conmigo la idea de que “el Quijote es una novela de ficción por una geografía real”. Cuál fue mi sorpresa cuando me llama y me dice, me pareció incluso entusiasmado, que durante dos fines de semana ha recorrido los caminos y estado en los parajes anotados por mí y que solo le ha faltado ¡hacerlo sobre un borrico…! Creo que ahora sí comparte mi interpretación geográfica del Quijote. Es más, quiere que le adelante el resto de salidas, cosa que no puedo hacer porque no están terminadas, a veces el “hilo de hilvanar” que usa Cervantes cose paños muy distintos. Con lenguaje geográfico me dice que él también se ha hecho un “mapa mental” de esta parte de la Mancha.

            Este es subcapítulo de mi guía que ha ayudado a mi amigo entender la guía:

LOS MAPAS MENTALES DE CERVANTES EN EL QUIJOTE

Un mapa es, como definición muy aceptada por los geógrafos, una representación gráfica de la Tierra, o de una parte de ella, en un modelo reducido y a escala, que establece una correspondencia matemática, continua y biunívoca, entre los distintos puntos de la superficie terrestre y los del plano, y que en alguna ocasión hemos tenido uno entre nuestras manos. Hoy incluso los podemos llevar en dispositivos electrónicos e incluso consultarlos por internet.

Confeccionar un mapa es una tarea minuciosa que, aunque ha cambiado a lo largo del tiempo por el uso de mejores instrumentos astronómicos y topográficos, requiere amplios conocimientos geográficos y topográficos. Sin embargo, los seres humanos somos capaces de crear nuestros propios mapas mentales según distintos modelos de percepción, los cuales relacionan los procesos cognitivos (sensación, percepción, atención, memoria, pensamiento, lenguaje e inteligencia) y la conducta espacial de cada individuo, o conjunto de individuos.

La creación de mapas mentales por el individuo, tanto urbanos como rurales, es también del interés de los geógrafos, en los estudios sobre la geografía física y humana. Para los geógrafos R.M. Downs (Geographic space perception: Past approaches and future prospects, Londres, 1970) y B. Goodey (Perception of enviroment, Birmingham, 1973) las imágenes que forman los mapas mentales se elaboran a partir de la información obtenida del medio real filtrada por el sistema de valores individuales o colectivos, teniendo una influencia determinate el espacio personal, el entorno que mejor se conoce, y los desplazamientos habituales, tanto dentro de la ciudad como los de viajes de trabajo o de ocio fuera de ella. Así, las imágenes reales percibidas son filtradas por las experiencias personales creándose una imagen más sencilla, incluso distorsionada del paisaje urbano y rural. Según M.A. Zárate (Geografía Urbana. Dinámicas locales, procesos globales, Madrid, 2012) aunque cada persona percibe el espacio de forma diferente, ciertos aspectos de las imágenes pueden ser compartidas por grandes grupos a causa de semejanzas de socialización y de experiencias comunes con el entorno vivido.

El urbanista Kevin Lynch (The image of the City, 1960), determinó que para la elaboración de un mapa mental se parte de cinco elementos singulares o básicos del paisaje urbano o rural: sendas, bordes, distritos, nodos e hitos.

-Las sendas o itinerarios son las vías o caminos que sigue el observador normal u ocasionalmente cualquier observador. Para muchas personas, las sendas son los elementos principales de la imagen de un paisaje urbano o rural.

-Los bordes son elementos lineales que separan dos espacios diferenciados morfológica o socialmente. Unas veces, son límites físicos, como ríos, costas, sistemas montañosos o zonas de contacto de suelos de usos urbanos y rurales; otras, son límites percibidos, como espacios geográficos de características sociales contrastadas.

-Los distritos o barrios son espacios bien diferenciados mentalmente por el observador respecto a otros, ya que poseen rasgos peculiares que los distinguen dentro del conjunto de una región o de una ciudad.

-Los nodos son puntos de confluencia de las sendas o itinerarios, como las plazas o los cruces de caminos.

-Los hitos o mojones son componentes de paisaje fácilmente visibles, que la mayoría de los individuos utilizan como puntos de referencia y guía: la torre de una iglesia, un edifico, un monumento o un accidente de relieve.

CERRO SAN ANTON

Estos cinco elementos singulares del paisaje urbano o rural actúan como elementos de referencia para la elaboración del mapa mental de un espacio geográfico determinado por un individuo, facilitándole su organización y orientación con seguridad dentro de él, y, lo más importante, le sirve para no perderse. La intensidad con que son percibidos estos elementos singulares del paisaje varía según las características morfológicas del espacio urbano o rural y de factores personales. Un mismo espacio es percibido de distinta manera, incluso por un mismo individuo, según la edad, el propio conocimiento por el tiempo que ha pasado en él, la forma de desplazarse o el nivel cultural. Un ejemplo sencillo es la visión del mar por alguien que vive en el interior, su imagen le llama más la atención, en ciertos aspectos, que a un vecino de un lugar situado en esa misma costa.

En un mapa mental, la distancia percibida también configura la imagen del paisaje urbano o rural, organizando en el espacio los elementos singulares que lo forman. La distancia percibida por el individuo y la distancia real no siempre coinciden. Esta anomalía se explica por la cantidad y variedad de puntos de referencia, hitos percibidos, que el individuo observa en el itinerario realizado, cuántos menos hitos de referencia o de menor variedad o interés hay en el camino más es la sensación de distancia percibida. De la misma manera, según el sistema de trasporte utilizado y el tipo de la vía es posible percibir más o menos elementos singulares del paisaje. No percibe los mismos y con la misma intensidad el conductor de un vehículo que sus acompañantes.

Cervantes, para dar credibilidad o verisimilitud al conjunto de cuentos, aventuras y novelitas que forman el texto final del Quijote utiliza la relación espacio-tiempo entre ellas, facilitando así al lector la comprensión del comportamiento de los protagonistas en cada parte de la obra, que coincide con el de los individuos de su época, sus lectores. Así utiliza las ventas junto a los caminos que se llenan de vida al final de cada jornada con arrieros, viajeros, funcionarios, comerciantes, prostitutas, cuadrilleros, y algún capador de cerdos. Como los mismos caminos donde se produce el flujo de movilidad durante el día, de los mismos actores, ocasionando interesantes encuentros en ello, a veces dolorosos para nuestros protagonistas, o casi al final de una noche toledana en El Toboso se encuentran por su calle con un gañán que sale a trabajar, al cual le preguntan por el palacio de Dulcinea, nadie sino un gañán transita a esas horas tan tempranas por un pueblecito manchego. Este espacio-tiempo y los elementos singulares del paisaje del Quijote coinciden con el mapa mental que Cervantes tiene en su memoria y que describe para sus lectores.

Su edad, en el momento de escribir el Quijote, le ha aportado muchísimas imágenes a lo largo de su azarosa vida. Imágenes del paisaje que ha podido percibir en los caminos al paso de una mula, a una velocidad de una legua, unos seis kilómetros, a la hora en caminos más o menos llanos como los manchegos. De la misma manera sus lectores, que tenían el mismo sistema de valores, podían comprender el mapa mental de las aventuras de don Quijote, o aproximarse a él, que Cervantes describía en el texto. F. Pillet (Geoliteratura. paisaje literario y turismo. Madrid, 2017) argumenta que en “una novela se puede estudiar el sujeto (autor), el objeto (la obra literaria) y la sociedad a la que el autor dirigió la obra, sin olvidar un último componente, el tiempo histórico en el que está escrita… No cabe duda que cuando un novelista escribe sobre el momento que está viviendo, las descripciones son más reales y verídicas, que cuando se retrotrae en el tiempo.

Hace unos pocos años cuando programábamos un viaje consultábamos un mapa o una guía de confianza, o nos poníamos en ruta siguiendo un mapa mental que nosotros mismos teníamos creado por nuestra experiencia anterior. Hitos percibidos en el paisaje nos iban recordando tanto el espacio como el tiempo del viaje. De la misma manera, cuando el viaje o traslado era por una ciudad más o menos conocida, tener un mapa mental lo más legible posible de la realidad evitaba la sensación angustiosa de estar perdido. El medio de transporte utilizado condicionaba las referencias en el espacio percibidas, que tenían que ser más o menos visibles o reconocibles, y no las percibimos igual en coche que en bicicleta o andando. Si orientábamos a otra persona para que hiciese esa misma ruta, le describíamos nuestro mapa mental, con los caminos o carreteras a tomar, hitos percibir, cruces a tener en cuenta, bordes o límites de provincias a traspasar, etc. Cuánto mejor fuese nuestra descripción mayor facilidad de organización y orientación tendría la ruta para el nuevo viajero.

La legibilidad de nuestro mapa mental a veces se fundamentaba en elementos singulares, como un árbol solitario, un arroyo serpenteante, o un edificio típico. El problema se agranda con el paso del tiempo, porque esos elementos significativos del paisaje han cambiado o el medio de transporte utilizado no es el mismo, siendo la percepción distinta, por lo que al no reconocerlos podemos tener la sensación angustiosa de estar perdidos, siendo la morfología del territorio prácticamente la misma.

MAPA ORTELIUS

Tratar hoy de comprender el mapa del Quijote sin tener en cuenta que el texto lo escribe Cervantes para lectores de principios del siglo XVII condena la empresa al fracaso, o, lo que es peor, a tergiversar el espacio geográfico elegido por Cervantes para cada una de las aventuras del hidalgo manchego. Los mapas que pudo tener entre sus manos Cervantes pudieron ser los que Ortelius o Mercator habían ya publicado en varias ediciones, siendo ya muy populares a finales del siglo XVI. Pero estos mapas no describían los caminos, por lo que bien pudo llevar en uno de los bolsillos de su gabán de viaje una guía de caminos, como el Reportorio de Caminos de Pedro J. Villuga (1546). Tener en cuenta la cartografía y relaciones de caminos de su época es imprescindible, como la de tener a mano los primeros mapas topográficos que de España se hacen con procedimientos matemáticos desde 1875 por el Instituto Geográfico, en los que se dibujan caminos, parajes y lugares que los usos del suelo hasta entonces casi habían dejado inalterables en la morfología manchega, como comparación con los mapas topográficos actuales, MTN del Instituto Geográfico Nacional.

Así, y solo así, tratando de comprender el mapa mental que de esta parte de España tenía Cervantes podremos entender el espacio geográfico descrito en el texto. Quienes definen el paisaje manchego descrito en el Quijote por Cervantes como inexistente, desconocido, deformado, ambiguo o impreciso lo hacen desde el conocimiento geográfico y cartográfico del siglo XXI, muy lejos del que tenían los lectores del siglo XVII. Solo caminado por los caminos manchegos, aproximándose al paso de la mula de alquiler de Cervantes, es posible percibir el paisaje que Cervantes guardó en su mapa mental de la Mancha, aunque lógicamente algunos hitos, nodos, barrios, distritos y bordes se hayan transformado por el paso del tiempo y los cambiantes usos del suelo o la acción antrópica del hombre.

Como recordaba F. Pillet, sobre cómo el autor transcribe el paisaje en la novela recreándolo según su percepción personal, “no se dejará de escribirse literatura, real o ficticia, que no se apoye en un territorio”.  El mapa del Quijote no es lo importante en la lectura del Quijote. El Quijote es muchísimo más que una simple guía de viajes por la Mancha, pero para un lector que haya leído el Quijote quizás le atraiga estar en los mismos caminos y parajes descritos por Cervantes, y percibir la misma luz y el mismo horizonte que cautivó al regocijo de las musas.

                                                                             Luis Miguel Román Alhambra

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