LOS MOLINOS DE VIENTO DEL QUIJOTE

           Hasta ahora, cuando en este blog he nombrado los molinos de viento del Quijote ha sido como hito geográfico a tener en cuenta en la interpretación geográfica o percepción del paisaje que Cervantes nos describe en el texto. Hasta quién no ha leído el Quijote sabe que es contra uno de estos artilugios contra el que lucha don Quijote, creyendo que era un descomunal gigante que arrasaría su tierra. Y es gracias al Quijote por lo que hoy podemos seguir viendo estos “desaforados gigantes” en pie, muchos reconstruidos a mediados y finales del siglo XX después de su total abandono por ser inservibles para lo que fueron creados: moler cereal para transformarlo en harina.

molinos de viento de Alcázar de San Juan
Yo vivo en la Mancha, en el Corazón de la Mancha, donde cuando salgo de casa veo los cuatro molinos de Alcázar de San Juan sobre el Cerro San Antón, y, a lo lejos, al este los de Campo de Criptana y al oeste los de Herencia. He estado presenciando moliendas, incluso junto al molinero en la parte alta del molino, y es una sensación única. Indescriptible el silbido del viento con el crujir de las gruesas maderas, mientras engrana afinadamente la “catalina” en la “linterna” dejando escuchar el tintineo del grano entrando por la “tolva” para que las grandes ruedas de piedra lo conviertan en fina harina, ocho metros más abajo. Soy un lector quijotista privilegiado de ver todos los días estos gigantes y poder estar de vez en cuando dentro de la barriga de uno de ellos o ver como sus brazos se voltean a merced del viento, pero con el sabio control del molinero.

       Ver un molino de viento manchego solo es posible viniendo a la Mancha. Pero observo que tengo muchísimas visitas de países de Europa y otros continentes, especialmente de América, que quizá no tengan la oportunidad de estar junto a uno de ellos nunca, por lo que intentaré describirlos mediante mi experiencia y fotografías, y basándome en un trabajo excepcional de un médico alcazareño, don Rafael Mazuecos Pérez-Pastor “Rufao”, que entre 1950 y 1980 editó 58 fascículos de Hombres, lugares y cosas de La Mancha. Y a quien dedico humildemente este artículo.

           En el mes de abril de 1971 salía de la imprenta Vda. De Moisés Mata el fascículo XXXIII de HOMBRES, LUGARES Y COSAS DE LA MANCHA. En la portada se podía leer esta cita del Quijote: “Podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, es imposible. Decía DON QUIJOTE”

portada del fascículo

Entre sus páginas 18 a 29 encontramos la mejor de las descripciones que de un molino de viento manchego se ha realizado. En esta parte de la Mancha se empezaron a construir a mediados del siglo XVI en terrenos gobernados por la orden de Santiago. Antes de la publicación del Quijote, y por lo tanto únicos lugares donde Cervantes pudo contemplar sus singulares siluetas, y comprobar su labor de moler cereal, fue en Belmonte, Las Mesas, El Pedrnoso, Villaescusa de Haro, Mota del Cuervo, El Toboso y especialmente en Campo de Criptana, donde ya había construidos “en esta sierra de Criptana, junto a la villa, muchos molinos de viento donde también muelen los vecinos de esta villa.” (Relaciones Topográficas de Campo de Criptana, 1575). Son estos molinos de Campo de Criptana, que quedaron en la memoria del regocijo de las musas, los que inspiraron la “espantable y jamás imaginada” batalla de don Quijote contra uno de ellos.

azulejo de Daimiel.
Esta “espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento”, como la califica Cervantes en el título del capítulo VIII del Primer Quijote, comienza así:
En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. (Q1, 8)

           Sin duda alguna Cervantes estuvo muy cerca de ellos para describir tan precisamente su funcionamiento en boca de Sancho: “Mire vuestra merced –respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.” Sancho era agricultor y conocía muy bien estos nuevos artilugios que hacía pocos años estaban en los cerros de algunos lugares manchegos. El final de la aventura es más que conocida: una ligera brisa pone en marcha el molino de viento justo en el momento en el que don Quijote atravesaba una de sus aspas dando con sus huesos en el suelo.

           El fascículo está terminado por un magnífico plano con dos vistas y cortes del molino, realizado por su amigo G. Chaves, con la descripción de todos los elementos que lo componen por su nombre. El doctor Mazuecos dio la importancia que en el futuro tendría este plano dibujado por Chaves dejando “bien claro que gracias al esfuerzo para comprenderlo y a las molestias de ir a verlo, podrán los venideros tener una idea concreta de lo que era un molino por dentro y cómo funcionaba, pues los dibujos que tan eficazmente ilustran este trabajo, son consecuencia de su magnífica disposición y preparación en primer término y en segundo, de su entusiasmo, de su ilusión por realizarlo y legarlo a su pueblo” Este plano lo iré utilizando en detalles, por su gran valor gráfico, anotando en la descripción de cada elemento entre paréntesis el número que corresponde en el plano.

plano general Chaves
¿Funcionan hoy los molinos de viento? No para uso industrial, por el poco rendimiento comparándolo con uno eléctrico que los hizo casi desaparecer a mediados del siglo XX, pero sí los podemos ver en alguna jornada cultural o turística en las localidades que cuentan con ellos, siempre que el esperado viento haga acto de presencia. Yo los he visto funcionar en Campo de Criptana, Mota del Cuervo, Consuegra y Alcázar de San Juan, con maquinaría original, de los siglos XVI y XVII, o construida en la segunda mitad del siglo XX fiel a la original.

Día de molienda en Campo de Criptana.
El doctor Mazuecos comienza su artículo “En cualquier lugar de la Mancha, porque en el que fuere hallaremos la asentada llanura, moteada de barbechos y escuálidos trigales salpicados de amapolas, el cielo, raso y la descomunal figura del molino de viento recortada en el horizonte, podemos acometer la ya casi quijotesca aventura de puntualizar cual era el mecanismo que utilizando como fuerza motriz el viento que manda Dios nos molía el grano para hacer el pan nuestro de cada día” Para quienes solo han visto un molino de viento por fuera parado no pueden imaginar lo asombroso que es cuando este comienza a mover sus aspas. Y si tienen la fortuna de estar en su interior junto al molinero cuando este suelta su freno y vierte grano entre sus piedras de moler es todo un espectáculo. Jamás olvidarán la “gran estampa la de este gigante braceando en lo alto de un cerro ante un horizonte que se pierde de vista, con un aire que aturde y un crujir que sobrecoge y asombra, chasqueando tan ruidosamente las enormes y resecas maderas que forman su pesado armazón y se mueve velozmente…”

con el molinero
El doctor Mazuecos describe su aspecto exterior como “una obra de mampostería de forma rigurosamente cilíndrica, detalle importante para diferenciar el molino manchego de otros…”. Para continuar con su construcción “de sólidos cimientos y gruesa muralla hecha con yeso de los Anchos y piedra firme… La obra del molino, hasta el enrase de la muralla, sin contar la cubierta o capucha, mide alrededor de ocho metros de altura”.

Ruina de molino
El molino tiene como cubierta una “capucha” móvil de madera recubierta de placas de zinc (17), que además de resguardar de la lluvia el interior del molino contiene en su interior la mayor parte de la maquinaria, “… la capucha tiene una especie de tronera, buhardilla o castillete por donde sale la cabeza del eje (21) en la que se fijan las aspas…”

Detalle 1 general caperuza y aspas.
“Tanto el montaje como la fijación de las aspas en el eje mediante cuñas de madera, son trabajos de fuerza y habilidad”. Sin duda alguna la construcción de estos artilugios de madera estaba en manos de carpinteros muy especializados por las dimensiones y pesos de las piezas. Tanto el taller, como los trabajos en el campo serían dirigidos por un maestro molinero en todo momento, porque “…todas las faenas de la molinería son de fuerza y de conocimiento en el manejo del arte, pues entraña serios peligros en muchos momentos. Un golpe de viento puede volcar…”   Por el lado opuesto a la salida del eje de las aspas, de la capucha, con el mismo grado de inclinación de esta, sale de ella el “palo de gobierno” (57) que se utilizará para orientar la capucha, y la maquinaria, del molino hacia el viento, “poner el molino al aire”.

Detalle 2. Borriquillo

           En el suelo, alrededor del molino, a unos ocho metros de sus paredes se encajan en el terreno unos “hitos” de piedra viva (58) en un número de ocho o diez que servirán para alojar en ellos un torno vertical o cabrestante que se conoce como “borriquillo” con el que arrastrar con una cadena, de hito en hito, el palo de gobierno y orientar el molino al viento.

Borriquillo e hito

          El cuerpo de obra del molino tiene a unos 35 cm de su parte superior o del “enrase” doce “ventanillos” de 20 x 30 cm (32) para que el molinero pueda asomarse desde ellos y poder apreciar el viento y sus cambios, que en esta parte de la Mancha los doce aires que soplan sus cerros son “ábrego hondo, ábrego fijo, toledano, moriscote, cierzo, matacrabas, solano alto, solano fijo, solano hondo y tres ventanillas a mediodía”.

vntanillos y silo de molino
En el eje del molino se encajan dos aspas, con dos velas cada una, lo que forman cuatro brazos “descomunales” reforzados por otros palos más fuertes que se llaman “macho” (44) y “remacho (45). Cada vela del aspa desde el eje mide ocho metros, por lo que casi rozan el suelo. Las aspas son en la Mancha de forma rectangular y “miden 7,5 metros de longitud por dos metros de ancho y llevan un armazón de cabrios más o menos gruesos colocados en sentido longitudinal y transversal formando un bastidor llamado telera (52) que sirve, como su nombre indica, para sujetar la lona que ha de recibir el aire como las velas de los barcos”.

aspas vestidas
Una vez “vestida” cada aspa con su lona, cosida a la telera por medio de cuerdas, el molino girará al tener las aspas oblicuas “como las hélices y los molinillos de los chicos, que si la pala de arriba se inclina hacia la derecha, la de abajo lo hace a la izquierda”. El giro normal de los molinos es a derechas, en el sentido de las agujas del reloj según los miras de frente, a excepción de El Zurdo de Mota del Cuervo, que es el único que se construyó para moler a izquierdas. Hay dos hipótesis sobre el motivo del giro a izquierdas, una que se equivocaron los carpinteros en el montaje, y otra, la más aceptada, es que las piedras de moler que llegaron desde canteros catalanes tenían labradas las ranuras de salida al revés y tuvieron los carpinteros que adaptar la maquinaría a ellas. Sea una u otra por lo que también es muy conocido El Zurdo es por tener constancia de haber estado arrestado judicialmente, sin moler, por haber matado entre sus engranajes a su molinero.

Detalle 3. Planta primera
Hacia el mediodía, al sur, el molino cuenta con una puerta pequeña (56), embutida en la pared “enrasada y fija en el quicio de dentro”, que abre hacia adentro, “rozando la escalera de caracol que está adosada a la pared”.

molinero entrando en el molino
Este primer habitáculo servía de cuadra para la mula o el borrico del molinero y hasta donde llega un “canalón de madera” (43) por donde salía la harina a los sacos o “costales”. Al lado del canalón está “pendiente del techo, el alivio (42), contrapeso de hierro, de forma ovoidea, de unos cinco kilos de peso”, que más adelante explicaré su uso.

Detalle 4. 2 planta
Sobre los peldaños de la escalera de caracol se dejaban los sacos de grano para ir subiéndolos conforme hacían falta, de uno en uno, llegando hasta la primera planta, “que es un rellano llamado camareta”, espacio diáfano para dejar más sacos de grano, los cedazos de harina. En esta “camareta” el canalón tenía otra salida (41) desde la que se recogía la “harina de titos” con la que en la Mancha se hacían las socorridas “gachas manchegas”, hoy convertidas en uno de los platos típicos de esta parte de la Mancha. En esta “camareta” hay una alacena (73) donde el molinero guardaba herramientas y “trastos” para uso en el molino. Justo encima de la puerta de entrada al molino, pero en esta planta, hay una ventanilla (55) que da luz a esta estancia. En el techo se encuentran dos grandes vigas de madera llamadas “marranos” (39) de 40×40 cm que descansan en los muros de la obra. Estas vigas son la bancada principal de la maquinaría del molino.

Detalle 5. Maquinaria
De la “camareta” subimos al “moledero”. La escalera de caracol se va estrechando cada vez más, para dejar el máximo espacio para la maquinaría. En el “moledero” es donde se concentra todo el ingenio de este artefacto para moler cereal utilizando la energía que proporciona el viento. Sus paredes de obra se alzan dos metros para estar terminadas en un anillo de madera (26) engrasado con sebo animal, para facilitar el giro de la “capucha” que descansaba sobre él, que tenía como base cuatro grandes vigas entrelazadas entre ellas y entre otras cuatro más de menor tamaño.
La “capucha” está construida con palos que van desde las “madres” hasta el “fraile” (16), que sobresale de la “capucha”, donde también se ajusta el “palo de gobierno” (57) de unos quince metros de longitud. La “capucha” tiene forma cónica y una altura de 3,10 m. por lo que la altura total del molino desde el suelo al “fraile” es de once metros. Se cubría de tabloncillos de madera y con zinc en las últimas cubiertas construidas.

           El gran eje del molino (21) tiene un diámetro de ochenta centímetros y está “tallado con hacha carretera o azuela”, descansando sobre dos piedras (24) y (47), también ensebadas. La piedra trasera “de rebote” tiene forma de caja donde hace tope el eje, la delantera o “bóllega” es la que soporta el eje. La precisión en el tallado y labrado de estas piedras por el cantero era esencial para el funcionamiento y vida del molino. Toda la maquinaria está fabricada de madera de roble y álamo negro, conocido como negrillo. Según se necesitase dureza o elasticidad se usaba una u otra madera.

piedra bollega
En mitad del eje se monta la “rueda del aire o rueda catalina” (19) de 2,7 m de diámetro y 40 cm de gruesa, formada por “un entramado de tarugos y cruceros. “Esta rueda, está formada en su contorno por ocho trozos o piezas firmes a modo de pinas de las ruedas de los carros, abrazadas con lañas grandes y sólidas, de hierro, por ambas caras”.

Catalina engranada en la linterna
En una de sus caras se encastran los 40 “dientes” que engranarán en la “linterna” (30). La “linterna” está colocada encima de las piedras de moler, siendo su eje común. En sus “husillos” engranan los dientes de la ”rueda catalina” transfiriendo el giro del eje del molino, multiplicándolo, a la piedra de moler (28).

Detalle 6. vista frontal maquinaria
La rueda catalina o del aire lleva un freno hecho con madera de fresno y una pletina de hierro que se ajusta a la parte superior (3), accionándose por medio de un sistema de polea mediante una barra de freno (4)

Detalle 7 maquinaria
El eje de la linterna y de las piedras se ajusta en medio de la bancada de mampostería (35). En la base de esta bancada se sujeta con yeso la “piedra solera” (29) y encima de ella la “piedra volandera” (28), pero estas han de tener más o menos contacto entre ellas según se quiera de fina la harina, esto se consigue elevando o bajando la “piedra volandera” mediante el “alivio” (11) accionado directamente por el molinero o por medio de una cuerda desde el piso de abajo, mientras inspecciona la finura de la harina que cae a los sacos, sin tener que subir al “moledero”. Todo el conjunto de piedras está cerrado por un cajón de madera llamado “guardapolvo” (66) que encauza la harina hacia el canalón de bajada, evitando también harina en suspensión en esta parte del molino.

Observando la maquinaria LM
“Las piedras de moler son de pedernal y constan de tres o cuatro pedazos que se unen con unas abrazaderas de hierro o aros llamados cellos. Miden metro y medio de diámetro por 0,24 de grueso”. Quizá muchos se hayan preguntado alguna vez, o al ver estos planos en este artículo, cómo se subían o bajaban estas piedras tan pesadas hasta esta parte del molino. Esta operación se hacía utilizando como gran torno el mismo eje del molino, como nos lo describe precisamente el doctor Mazuecos: “Esta delicada maniobra se lleva a cabo con el aire, estando el molino a cierzo, con las lonas puestas y funcionando. Quitados los tablones que cubren las piqueras de las dos plantas del molino, se pasa una maroma por el agujero de la piedra y se anuda y se ata al eje por la otra punta. Al andar el molino se lía la maroma al eje y eleva la piedra entera y de canto”.
Una vez conocida la construcción de este ingenio manchego, que vino a suplir la falta de agua en los ríos cercanos y la falta de rendimiento de los molinos de agua, la ceremonia de su puesta en marcha, aunque parezca sencilla, es solo posible por la gran experiencia del molinero. A veces, si había gran cantidad de grano esperando ser molido, el molinero pasaba las 24 horas del día en el molino esperando que la brisa de aire comenzase a sentirse en las cresta del cerro, pues aunque parezca que necesario gran cantidad de aire para hacerlo funcionar no es así. Con una ligera brisa es suficiente para moler, e incluso si el viento arrecia hay que quitar algo de superficie de lonas, enrollándolas sobre sí, o frenar ligeramente la “rueda catalina”.

desde ventanillo
De día como de noche, en esta parte de la Mancha el “solano”, viento del este, es uno de los aires predominantes. Cuando el molinero apreciaba que el viento ya se notaba, a veces por el silbido entre las rendijas de puertas y ventanillos, subía a la parte superior del molino y abría los doce ventanillos para apreciar mejor la dirección desde donde soplaba el viento. Junto con su ayudante giraban la “caperuza” del molino amarrando la punta del palo de gobierno al “borriquillo” por medio de una cadena.

molinero y ayudante con el borriquillo
El molino, por seguridad, solía estar siempre frenado y enclavado por medio de una cadena a las vigas del molino. Estando ya el molinero en el “moledero” soltaba poco a poco el freno hasta que el molino comienza a girar, a veces era necesario que el ayudante impulsara a mano una de las aspas desde el suelo si el viento era flojo. La “piedra volandera” está algo separada de la “piedra solera” y el molinero comienza a verter grano sobre la “tolva” (33) que encauza este hasta el eje de la “volandera”, bajando con cuidado la “volandera” contra la “solera” mediante el “alivio” comenzando así la molienda. Cuando aprecia que la harina está con la finura adecuada y la velocidad de la piedra ajustada, si es muy alta quema la harina, deja al ayudante subiendo sacos y vertiéndolos en la tolva bajando él hasta la parte baja del molino para ir llenando los sacos o costales con la harina que cae por la “canaleta” poniendo su mano debajo de la harina comprobando continuamente su finura. Si observa que es necesario afinarla más o menos acciona el contrapeso del “alivio” que tiene junto a la salida del “canalón de la harina”, sin tener necesidad de subir al “moledero”. Así hasta que se acaba el grano a moler o el viento desaparece. Si cambia de dirección el viento se deja de moler, se frena la “rueda catalina” y se reorienta la “caperuza” de nuevo, para proseguir la faena. En tiempos de molienda casi nunca se desmontaban las lonas de las aspas, sino que se enrollaban sobre sí para evitar que un golpe de viento fuerte dañase el mecanismo.

azulejo del gigante

          Espero que con este artículo todos los que siguen este blog quijotesco, más que cervantino, se animen a venir a conocer in situ los molinos de viento de la Mancha. Y para quienes no puedan venir, su lectura les haya servido para conocerlos mejor y entender por qué no es tan difícil imaginarse un gigante cuando los mira, como le pasó a Cervantes y a su don Quijote.

sentado en el molino

Si vienen por Alcázar de San Juan no es difícil verme los domingos temprano sentado junto a la puerta del molino Rocinante. Desde este altozano se puede ver el horizonte manchego en sus 360º, tal y como lo vio hace más de cuatro siglos Miguel de Cervantes Saavedra.

                                                                    Luis Miguel Román Alhambra

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