LA ESCUELA EN EL LUGAR DE DON QUIJOTE

la escuela del pueblo Jan Steen

“Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razón que vaya a la escuela, si es que su tío el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia” (2, 5)

En la descripción que Cervantes hace del lugar de don Quijote, su imagen tiene aspectos sociales de una villa, al disponer de ayuntamiento y picota, de una fuente en la plaza de agua dulce, recurso público muy escaso en esta parte de la Mancha, y escuela adonde llevar a los niños a aprender las primeras letras. Toques realistas en la novela que dan personalidad propia al lugar de don Quijote, además de los detalles físicos, como que un arroyo lame las afueras de la villa, sus montes son conocidos por sus bellotas o que en su término hay varios ríos donde sus vecinos pescan, actividad no habitual en esta parte de la Mancha seca.

El nivel educativo que había en España durante la escritura del Quijote queda reflejada en la misma novela cuando el mismísimo Sancho afirma que “yo no sé leer ni escrebir”, como tampoco sabía su mujer Teresa, ni sus hijos. Como tampoco Aldonza Lorenzo, Dulcinea. En las clases sociales bajas era muy difícil encontrar a alguien que supiera leer y escribir, y mucho menos en aldeas o villas muy pequeñas, en la que la poca disposición de recursos para contratar a un maestro para la escuela lo hacía imposible, aunque su salario fuera bajo. Así, la falta de maestros en los lugares manchegos era lo habitual. Este aspecto educativo no pasa inadvertido en el Quijote, es una realidad social, y así la describe, o critica con genial ironía, Cervantes, cuando don Quijote,  por falta de papel, le dice a Sancho que la carta que iba a escribir para Dulcinea en el “librito de memoria que fue de Cardenio… tú tendrás cuidado de hacerla trasladar en papel, de buena letra, en el primer lugar que hallares donde haya maestro de escuela de muchachos, o si no, cualquiera sacristán te la trasladará; y no se la des a trasladar a ningún escribano, que hacen letra procesada, que no la entenderá Satanás” (Q1, 25). Evidencia el autor que en la Mancha no en todos los lugares existían escuelas, quedando casi en exclusividad la formación de los niños en primeras letras en los curas y clérigos en iglesias y conventos. En niveles sociales más altos, el analfabetismo era lo infrecuente, llegando la educación en primeras letras también a niñas, como lo muestra que las mujeres nombradas en el Quijote de clase media o alta sabían todas leer, como Dorotea, Luscinda, Zoraida en árabe, y la duquesa.

La primera enseñanza en los lugares que disponían de escuela y maestro no era gratuita, se cobraba una matrícula acordada entre los alcaldes y regidores de la villa, por lo que ante los escasos recursos económicos de las familias humildes, como la de Sancho, solo algunos de los muchachos tendrían posibilidad de asistir a aprender las primeras letras.

La edad con la que comenzaban a ir a la escuela era entre cinco y seis años, y a los diez, sabiendo ya leer y escribir, podían empezar la segunda enseñanza en las escuelas de gramática en latín, con el Introductiones Latinae de Antonio de Nebrija, texto único ordenado por el Consejo Real de Castilla en 1598, aún menos frecuente en las villas pequeñas y medias. Sanchico ya tenía “quince años cabales”, una edad tardía para comenzar en las primeras letras, pero esto era más que habitual en la Castilla de 1600.

En el lugar de don Quijote sí había escuela donde llevar Teresa a su hijo Sanchico, más si su intención era la de que se dedicara a una de las profesiones mejor vistas y con más salida en aquel momento, pertenecer a la Iglesia: “Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razón que vaya a la escuela, si es que su tío el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia”. Las niñas, como su hermana Sanchica llevaban caminos distintos, como le decía Teresa a Sancho: “Mari Sancha, vuestra hija, no se morirá si la casamos”.

Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote, disponía en 1600 de escuelas de primeras letras donde iban los muchachos a aprender a leer, escribir y a “contar”. En el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan se conserva el Libro de acuerdos del Ayuntamiento desde 1599 a 1609, donde  podemos leer como en 1605, a los dos maestros que ya disponía, el concejo acuerda contratar un tercer maestro para instruir a los muchos niños de la villa. Como es un documento interesante lo transcribo en su totalidad:

Al margen: “Salario que le da a Gonzalo Ruiz maestro de escuela por un año”

“En la villa de Alcazar a treinta y uno de julio de mil seiscientos y cinco años los señores alcaldes y regidores que abajo firmaron sus nombres estando juntos en su ayuntamiento a campaña tañida como tienen de costumbre dixeron que por quanto ay en esta villa necesidad de maestro para enseñar [a] los niños leer y escrivir y contar porque de presente no ai mas de dos maestros y esta villa tiene mucha vecindad y an sido ynformados que Gonzalo Ruiz vecino del Campo de Critana cerca a esta villa enseña a los niños y es maestro cual para ello conbiene por tanto acordaron para que el dicho Gonzalo Ruiz benga a esta villa de la dicha del Campo debe asignar y asignaron de salario por un año que le cuente desde el dia que conmenzare en un año diez ducados para ayuda a pagar el alquile de una casa en que viva y asi lo acordaron y firmaron”

Detalle acta acuerdo maestro 1605

En este libro de acuerdos, en su primer folio, aparecen los alcaldes y regidores que componían el ayuntamiento durante la escritura del primer Quijote. Entre ellos destacan dos regidores con apellidos coincidentes con los del autor del Quijote: Francisco Hidalgo Saavedra y Cristóbal de Cervantes.

folio 1 libro de actas

Cervantes y Saavedra, apellidos muy frecuentes entre los vecinos de esta villa en 1600, que han llegado hasta nuestros días. Apellidos que refuerzan la tradición cervantina de Alcázar de San Juan con el autor y su obra.

                                                                          Luis Miguel Román Alhambra

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