EL LUGAR DE DON QUIJOTE I

Hace unos días le dedicaba un ejemplar de Alcázar de San Juan en las crónicas de viaje. De Hans Christian Andersen a Julio Llamazares a un buen amigo madrileño, que de viaje de Andalucía a Madrid quería recogerlo en mi casa. Crítico con mis trabajos cervantinos, no entiende que gaste tiempo en buscar el paisaje real por donde caminan unos personajes de ficción. Él dice quedarse con «el cuento que Cervantes escribió en la Mancha, que tanto me ha ayudado durante mi vida desde la primera vez que lo leí, hace más de cuarenta años». Y lleva razón, lo más importante del Quijote, sin duda alguna, es su trascendencia humana, su poso.

Como hago con quienes me visitan, amigos o conocidos, después de enseñarle algunos rincones cervantinos y quijotescos de Alcázar lo subo a los molinos de viento del Cerro de San Antón. Hace una buena mañana de invierno, no hace mucho frío y solo corre un poco de aire.

Sin sacarse las manos de los bolsillos veo que deambula callado alrededor del molino Rocinante. No dice nada pero sé que está asombrado, como todos, de ver 360º de inmenso horizonte manchego. Me pregunta que si los molinos que ve al fondo son los de Campo de Criptana, le respondo que sí, y él me dice: «¡contra esos gigantes luchó don Quijote!». Ante esta afirmación, inesperada para mí viniendo de él, le digo: «tú vives en Madrid y yo en mitad de la Mancha. Tú sales de casa y no ves horizonte alguno, yo en cambio veo un horizonte increíblemente llano con unos molinos de viento recortados en él. Tus caminos son de asfalto, en cambio aquí, en cuanto sales de las últimas casas, los caminos son de tierra, como los que pisaba Rocinante… ¿Entiendes por qué tenemos perspectivas distintas cuando leemos el Quijote? Viviendo aquí, en el Corazón de la Mancha, en el escenario del nuevo teatro que creó Cervantes, la novela moderna, la trama se comprende aún mejor…» No sé si lo convencí, pero con su silencio me reveló su pensamiento, al menos generé en él una duda.

Volvemos a mi bodega. Una de las condiciones para venir a verme, es que le volviese a hacer unos Duelos y Quebrantos como los que se comió hace más de cinco años, en este mismo lugar. Le gusta mucho la cocina, más disfrutar de la comida, y me ayuda a prepararlos. Mientras enciendo la lumbre de madera de oliva, él va cortando en trocitos el tocino y el jamón, y desmenuzando dos chorizos frescos, picando dos dientes de ajo y batiendo cuatro huevos. Unos minutos después tenemos unos Duelos y Quebrantos encima de la mesa. Una barra de pan del horno de leña de la Alameda y una botella de vino tinto de El Toboso son los complementos al glorioso manjar cervantino. Al final hago una bizcochá de diario con tortas de Alcázar, que fue nuestro delicado postre.

Durante la comida hablamos de los muchos años que hace que nos conocemos, de las familias, los hijos y nietos… y del maldito COVID. Después de la comida le hablé en qué “mal gastaba mi tiempo” últimamente, como él me dice. Le enseño mapas de caminos que tienen un origen, que no es otro que el lugar donde estábamos, Alcázar de San Juan, con rutas marcadas con colores coincidentes con las tres salidas de don Quijote de su casa, y anotaciones y más anotaciones.

Cómo sitúo el lugar de don Quijote en el mapa siguiendo los aspectos geográficos que Cervantes nos deja de él en la novela y los documentos del Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan que avalan la imagen como lugar de don Quijote, consumen casi toda la tarde de conversación, entre café y café.

Ya es casi de noche y tiene que seguir su camino a Madrid, su familia le espera, aunque sabiendo que se pasaba a verme ya sabían que no llegaría hasta la cena. Ha sido una larga jornada cervantina y quijotesca. Nos despedimos. Me dice que volverá y que me acompañará, al menos, hasta el lugar donde estaba la Venta de Manjavacas, la venta en la que fue armado caballero don Quijote, según publiqué en Mi vecino Alonso hace ya diez años. Su visita a los molinos de viento y un almuerzo al estilo de don Quijote, resultó ser sábado y el hidalgo manchego comía «duelos y quebrantos los sábados», fueron suficientes para cambiar, al menos en algo, su opinión sobre la realidad geográfica en el Quijote.

Voy a dejar aquí, en este articulillo, los argumentos que utilicé con mi amigo. Como es algo extenso lo publicaré en dos partes. Primero con los aspectos geográficos que determinan el nombre del lugar de don Quijote y más adelante con las imágenes socioeconómicas del lugar de don Quijote en tiempos de la escritura de la novela, que coinciden expresamente con las que tenía Alcázar en 1600.

Aspectos geográficos para situar el lugar de don Quijote

Un lugar manchego no citado en el texto (1)

Por manifiesto deseo del autor, de no querer acordarse de su nombre, es razonado pensar que de entre todos los lugares que forman la comarca de don Quijote, más de treinta, los que explícitamente están nombrados en la novela no pueden ser el lugar de don Quijote: Tembleque, Quintanar, Puerto Lápice, Argamasilla de Alba y El Toboso. El Toboso, además de ser nombrado en múltiples ocasiones es el lugar de Dulcinea, un lugar «cercano» al suyo.

Mi amigo me comenta que voy en contra de muchos autores cervantinos, de mucha importancia, descartando a Argamasilla de Alba. Yo le comento que no soy yo quien descarta a Argamasilla de Alba, sino el propio Cervantes al nombrarlo. «Que Argamasilla de Alba es el lugar de don Quijote del Quijote apócrifo de Avellaneda, no cabe duda, pero estamos analizando el Quijote de Cervantes», le afirmo.

Un lugar junto al antiguo campo de Montiel (2)

El lugar de don Quijote no está en el antiguo Campo de Montiel, pero sí junto a sus límites para que al poco de salir de él entre en este distrito manchego. «Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel» Si su pueblo fuese un lugar de este distrito manchego, saliendo de su pueblo por cualquiera de los caminos siempre estaría en el Campo de Montiel, sin necesidad de tener que acertar a tomar el camino correcto. Aunque sí muy cerca de sus límites,  para pisarlo al poco de salir de los límites de su pueblo.

El Campo de Montiel es un espacio santiaguista. Los lugares de esta comarca que tienen sus límites con la Orden de Santiago son: Lillo, Villacañas, Quero, Alcázar de San Juan y Argamasilla de Alba.

El camino de Toledo a Murcia (3)

Este camino traviesa de oeste a este esta comarca cervantina. Es un elemento principal en la imagen cervantina de la comarca porque conecta al lugar de don Quijote con otros nodos o hitos geográficos de la novela: la venta donde es nombrado caballero y la venta de Sierra Morena.

El encuentro de don Quijote de frente en este antiguo camino con los «mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia», cuando iba de regreso a casa desde la venta donde había sido fingidamente armado caballero la noche anterior,nos determina la dirección que llevaba en él en ese momento, de este a oeste.

Este camino pasa por el lugar de don Quijote. Así es reconocido por el cura, amigo y vecino de don Quijote, en el ingenioso engaño para convencerle de abandonar el lugar de penitencia en Sierra Morena: «Así es, dijo el cura, por mitad de mi pueblo hemos de pasar, y de allí tomará vuestra merced la derrota de Cartagena, donde se podrá embarcar con buena ventura […]» (Q1, 24).El cura hace que el simulado viaje a seguir con la princesa Micomicona, hacia el fabuloso reino de Micomicón, pase por su pueblo. De esta manera, don Quijote en su promesa incondicional  de ayudar a la princesa no pondría inconvenientes en regresar a su pueblo y, desde allí, continuar viaje al puerto de Cartagena, por este mismo camino murciano. Solo un lugar de esta comarca cervantina por el que pase el camino de Toledo a Murcia puede ser el origen de las salidas de don Quijote.

Los lugares de la comarca que están en el camino de Toledo a Murcia son: Tembleque, Villacañas, Villa de Don Fadrique, Puebla de Almoradiel, Miguel Esteban, El Toboso, Mota del Cuervo, Las Mesas, Turleque, Madridejos, Camuñas, Villafranca de los Caballeros, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana y Socuéllamos.

Un lugar sin molinos de viento(4)

El lugar de don Quijote no tenía molinos de viento. Pedro Alonso, el vecino que lo recogió malherido en el camino de Toledo a Murcia y lo lleva a casa «venía de llevar una carga de trigo al molino». En la época del año en la que ocurre esta aventura, mes de julio, los ríos cercanos a este camino murciano, el Záncara y Gigüela, que contaban con molinos de agua estaban secos, por lo que Pedro Alonso solo podía venir de moler de un molino de viento.

Tampoco los conocía don Quijote. Con la condición de hidalgo, exento de pagar impuestos y de trabajar, Alonso Quijana nunca tuvo la necesidad de tener que llevar trigo a los molinos, para este trabajo ya estaban los jornaleros como Sancho Panza. Es Sancho quien tiene que detallar la verdadera figura de lo que a don Quijote parecían gigantes:

“Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino” (Q1, 8).

Campo de Criptana, Mota del Cuervo, El Toboso, Quintanar de la Orden y Las Mesas, son los únicos lugares de esta comarca cervantina que contaban con molinos de viento en 1605. De uno de estos lugares venía Pedro Alonso hacia su pueblo, el mismo que el de don Quijote, su vecino.

«¿Entonces, los molinos de viento en los que hemos estado esta mañana?», me pregunta sorprendido mi amigo. Tengo que explicarle que al estar en territorio de la Orden de San Juan, su prior no concedía licencias de construcción, simplemente para que sus vecinos fueran a moler a los suyos de agua, que tenía en el río Guadiana y especialmente en Ruidera, y así mantener el monopolio de la molienda en su territorio. Los molinos de viento de Alcázar de San Juan se comenzaron a construir a partir de finales del siglo XVII.

El Toboso, un lugar cercano (5)

Buscamos el nombre del lugar de don Quijote. Está próximo a El Toboso, como nos describe el narrador de la historia:

“Y más cuando halló a quien dar nombre de su dama; y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo, había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado (aunque según se entiende, ella jamás lo supo, ni le dio cata dello). Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos: y buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase, y se encaminase al de Princesa, y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso.” (Q1, 1)

“Sólo Sancho Panza pensaba que cuanto su amo decía era verdad, sabiendo él quién era y habiéndole conocido desde su nacimiento, y en lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa había llegado jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso.” (Q1, 13)

Cualquiera de los lugares que están en el camino real murciano  pueden ser el lugar de don Quijote, todos están cerca de El Toboso. Sin embargo, el camino que une el lugar de don Quijote con el de Dulcinea no es el camino de Toledo a Murcia, es «el camino del Toboso», un camino derecho entre estas villas manchegas. Solo nos queda seguir los pasos de Rocinante en la tercera salida de su cuadra:

“En resolución, en aquellos tres días don Quijote y Sancho se acomodaron de lo que les pareció convenirles; y habiendo aplacado Sancho a su mujer, y don Quijote a su sobrina y a su ama, al anochecer, sin que nadie lo viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso […]dio Sansón la vuelta a su lugar, y los dos tomaron la de la gran ciudad del Toboso.” (Q2, 7)

“[…] persuádeles que se les olviden las pasadas caballerías del Ingeniosos Hidalgo, y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel […]” (Q2, 8)

«Cerca» o «tan cerca». Este adverbio utilizado por Cervantes nos indica que ambos lugares están próximos entre ellos, pero ¿qué distancia separa a ambos lugares? La respuesta nos la da don Quijote, una noche de camino:

“Díjole don Quijote: Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar y con más escuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga […]” (Q2, 8)

Sancho no le contradice, sabe como su amo que en una noche de primavera es posible llegar de su pueblo a El Toboso. El narrador no nos dice donde paran a pasar la noche, pero sí que la pasan conversando, como todo el día siguiente. La jornada de camino nocturna prevista, truncada por la oscuridad de la noche, la realizan al día siguiente:

“En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese, de que no poco le pesó a don Quijote. En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho […]” (Q2, 8)

Don Quijote y Sancho son hombres de carne y hueso, con cabalgaduras corrientes, por lo que si no es imprescindible en la aventura caminar por la noche no lo harán, descansarán, y así lo entendían sus lectores aunque explícitamente no lo indique el narrador. Si se requería caminar por la noche, Cervantes lo describe y justifica la razón. Como ejemplo de esto, lo hace con don Quijote y Sancho en mitad de Sierra Morena y en el regreso a casa desde Barcelona:

“En estas y otras pláticas les tomó la noche en mitad del camino, sin tener ni descubrir donde aquella noche se recogiesen; […] Y fue que la noche cerró con alguna escuridad; pero, con todo esto, caminaban, creyendo Sancho que, pues aquel camino era real, a una o dos leguas, de buena razón hallaría en él alguna venta.” (Q1, 19)

“Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse, si no fue que en ella acabó Sancho su tarea, de que quedó don Quijote contento sobremodo, y esperaba el día por ver si en el camino topaba ya desencantada a Dulcinea su señora […]” (Q2, 72)

Don Quijote y Sancho conocen perfectamente el camino a El Toboso y saben que al paso de Rocinante tardarían toda la noche «para alcanzar a ver con el día al Toboso». En la época del año en la que ocurre esta tercera salida, en primavera, las noches y los días tienen aproximadamente la misma duración. En esas ocho a diez horas de camino estiman que llegaría el bueno de Rocinante desde su cuadra al lugar de Dulcinea. Rocinante camina media legua a la hora, unos tres kilómetros a la hora. Por tanto, en los rectos y suaves caminos de esta comarca cervantina la distancia que separa el lugar de don Quijote con El Toboso es de unos 24 a 30 kilómetros.

En el mapa autonómico de Castilla-La Mancha (IGN), están marcados dos círculos de 20 y 35 kilómetros con centro en El Toboso, tratando de recoger entre ellos el mayor número de lugares de esta comarca cervantina desde donde parten esa noche primaveral don Quijote y Sancho Panza.

Los lugares de esta comarca cervantina que están entre estos dos círculos, y por tanto «cerca» de El Toboso, son: Lillo, Corral de Almaguer, Villanueva de Alcardete, Las Mesas, Socuéllamos, Alcázar de San Juan, Herencia, Villafranca, Quero, Villacañas y Villa de Don Fadrique.

Un lugar al oeste de Campo de Criptana (6)

El lugar manchego más fotografiado, por su imagen vinculada con el texto cervantino, es Campo de Criptana. Sus cerros albergaban los más de treinta molinos contra los que don Quijote entra en «fiera y desigual batalla»al poco de salir de su pueblo en su segunda salida, ya con Sancho de escudero. «Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje». Este camino es el de Toledo a Murcia y su dirección es hacia el este, la misma que llevaban los mercaderes toledanos cuando se encontró con ellos en su primera salida. Don Quijote y Sancho salen en mitad de una noche corta de verano con la intención de que nadie les viese «en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque buscasen… esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo».

Los únicos lugares de esta comarca cervantina por los que pasa el camino de Toledo a Murcia y se encuentran al oeste de Campo de Criptana son Consuegra, Madridejos, Camuñas, Villafranca de los Caballeros y Alcázar de San Juan. Son de la Orden de San Juan y por lo tanto se encuentran fuera del antiguo Campo de Montiel, que comenzaba al este de Alcázar de San Juan, en los límites de Campo de Criptana.

Al paso de Rocinante, teniendo en cuenta que salieron en mitad de la noche y ven los molinos de Campo de Criptana al amanecer, en esas dos o tres horas de camino recorrieron como máximo unos 10 kilómetros. De estos cinco lugares sanjuanistas, Alcázar de San Juan está a 7,5 km de Campo de Criptana y Villafranca de los Caballeros a poco más de 20 km.

Como no podía ser de otra manera hablamos del disparate que desde hace unos años un grupo de personas quieren mantener a Villanueva de los Infantes como lugar de don Quijote. Un lugar a más de 75 km de los molinos de Criptana y a más de 90 km de El Toboso. «¿Es “cerca” 90 km encima de un caballo viejo?», me pregunta esbozando una mueca de risa. Para ellos, y solo para ellos, parece que sí, le respondo.

Arroyos y ríos en el lugar de don Quijote

El lugar de don Quijote está en una parte de la Mancha más seca. Sin embargo, Cervantes lo describe como un lugar con cuantiosos recursos hídricos superficiales cuando don Quijote, derrotado por el Caballero de la Blanca Luna en la playa de Barcelona, vuelve a casa para cumplir el año de retiro impuesto, tomando la decisión de hacerse pastor durante este tiempo: “[…] yo compraré algunas ovejas […] y nos andaremos por los montes […] bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos […]” (Q2, 67). Sancho desespera porque llegue ese ansiado trabajo de pastor, oficio que había ejercido antaño, y así poder dejar el de escudero. Sancho ya imagina a su hija llevándoles la comida al campo, «Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato», lo que indica que los parajes por donde apacentarán las ovejas está cerca del pueblo.

En la comarca cervantina solo disponen de dos o más ríos en sus términos los lugares de:Socuéllamos (Záncara y Córcoles), Alcázar de San Juan (Guadiana, Záncara, Gigüela y Amarguillo), Villafranca de los Caballeros (Gigüela y Amarguillo) y Villarrubia de los Ojos (Gigüela y Guadiana).

Este tema de los ríos le ha interesado mucho, pues según mi amigo «a estos ríos podrían ir a pescar Sancho y Tomé Cecial, su vecino». Es un buen cazador y le anticipo que de caza y pesca en el lugar de don Quijote hablaremos más adelante.

Le enseño esta tabla final en el que anoto qué lugares de esta comarca cervantina cumplen con cada una de los condicionantes y referencias geográficas que se desprenden de la lectura de la novela. Solo Alcázar de San Juan, el lugar donde nos encontrábamos, cumple con todos. Y seguimos nuestra charla.

Luis Miguel Román Alhambra

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a EL LUGAR DE DON QUIJOTE I

  1. Pingback: El lugar de don Quijote I | Cosas de Alcázar de San Juan

  2. FÉLIX PATIÑO dijo:

    Estupendo artículo, Luis Miguel. Ya sabes, sigo aprendiendo y tu eres un gran maestro.

  3. Pingback: Patrimonio, Geografía, Historia y Don Quijote. Alcázar de San Juan. - Grupo de Estudios del Campo de San Juan en La Mancha

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .