Consideraciones geográficas en el estudio del Quijote

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Dentro de las III Jornadas Quervantinas, celebradas en Alcázar de San Juan, el pasado 11 de Noviembre, realicé esta ponencia, que adjunto más abajo con sus diapositivas, durante el Congreso cervantino organizado por el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan y su Patronato Municipal de Cultura

Esta ponencia ha sido fundamentalmente una reflexión en voz alta de lo que aquí en este blog he ido haciendo a cuantos autores realizan afirmaciones sobre la posible ubicación del lugar de don Quijote, y otros puntos cervantinos, sin tener en cuenta las referencias geográficas que nos describe Cervantes durante la obra.

Por indicación de la organización tuve que ajustar esta ponencia a veinte minutos, aunque este tiempo no fue respetado en algunas de las ponencias, en clara falta de respeto hacia los demás ponentes. Hay personas que creen que son el “ombligo” de la investigación cervantina y que tienen el tiempo que quieran, eso sí sin pedir el más mínimo perdón o disculpas a los demás, después de que reiteradamente el moderador les pidiese terminar. La falta de educación y respeto hacia los demás, también, es muy normal en estas personas.

Es necesario que los asistentes, ustedes que me leen, tengan en cuenta estas y otras consideraciones cuando estén en cualquier presentación de este tipo de trabajos sobre la geografía del Quijote. Este fue el objetivo de mi ponencia.

1.pngHe leído y asistido a presentaciones de publicaciones sobre la localización geográfica del lugar de don Quijote y llego a la conclusión que la mayoría de los asistentes a estos actos, aunque hayan leído el Quijote, no tienen en consideración los datos geográficos descritos por Cervantes.

En una lectura normal del Quijote estos pasan casi desapercibidos para el lector de la novela, porque Cervantes los usa simplemente para contextualizar las aventuras de don Quijote en un espacio y en un tiempo creíble para los lectores contemporáneos suyos, a diferencia de las anteriores novelas de caballería en las que tiempo y espacio, eran fantasía.

El espacio geográfico, principalmente el manchego, es usado por Cervantes como el medio, para llegar a transmitir el fin: la crítica social y de la propia condición humana, con sus virtudes y sus vicios. Una obra de ficción, creada con personajes humildes en caminos y parajes reales, conocidos por él mismo.

No necesita recurrir a espacios de ficción ni malgastar un minuto de su ingenio en crearlos, usa sencillamente los que conoce.

Volviendo al principio, a las presentaciones de libros, trabajos e hipótesis sobre el enigmático lugar, caminos o ventas por los que hace pasar Cervantes a don Quijote. Lo que es muy grave, bajo mi punto de vista, es que hay autores que sabiendo que los allí presentes tienen la noble consideración de simples lectores del Quijote, e incluso sabiendo que muchos ni siquiera lo han empezado a leer, olvidan o tergiversan deliberadamente parte del texto, e incluso faltan a la verdad sobre lo que Cervantes describió, actitud que me sonroja a la vez que me indigna. Y lo hacen aunque estén presentes filólogos o historiadores, sabiendo que aún falta que se sumen los geógrafos al estudio del Quijote, un tema menor en su bibliografía crítica.

Los asistentes a cualquier conferencia o presentación de cualquier trabajo estimamos que al menos el autor, con acierto o no, expone su conocimiento con veracidad. A esos “encantadores que todas nuestras cosas mudan o truecan”, como diría el mismo Cervantes de ellos, que se pasean por diversos foros usando técnicas de propaganda comercial para convencer a los asistentes, habría que preguntarles, al final de su presentación, el motivo por lo que olvidan, tergiversan, o falsean lo escrito por Cervantes.

Y también advertir que si les hacen cualquier pregunta por sus olvidos o tergiversaciones del texto cervantino del Quijote, posiblemente les contesten que esa parte, precisamente esa parte, es una contradicción, un error, o el recurrido: “es un recurso literario” de Cervantes.

Con este objetivo creo necesario que los lectores y asistentes a estas presentaciones de hipótesis sobre la geografía del Quijote conozcan las diversas consideraciones geográficas que Cervantes tan precisamente utilizó para crear el maravilloso cuento de don Quijote.
Brevemente voy a enumerar algunas de las consideraciones geográficas que en el Quijote hay sobre su espacio geográfico y que usando el método inductivo podrían, por si solas, refutar más de una de las hipótesis existentes o dejarlas con un mínimo valor.

2.pngQue la patria de don Quijote se encuentra en la Mancha parece que no cabe duda alguna, aunque hay algunos autores que defienden que el término Mancha la usa como referencia de su posible “mancha” en su sangre cristiana, por judío o morisco. Geográficamente no tiene duda que la patria de don Quijote es la Mancha.

3.pngEs evidente que el lugar de don Quijote se encuentra dentro de la Mancha, en esta parte de España que conoció Cervantes. Topónimos administrativos a lo largo de la historia de España,como: Común de la Mancha, Provincia de la Mancha o Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, NO están vinculados coetáneamente a la vida del autor, separados incluso por siglos, y por lo tanto estos espacios administrativos NO son válidos para este estudio.

La Mancha que conoce y describe Cervantes es un gran espacio geográfico de España, sin límites administrativos como los anteriormente nombrados. Es una parte significativa de España, nombrada como tal en una de las preguntas, la número cuatro, que en las Relaciones Topográficas de Felipe II, en 1575, poco después de nacer Cervantes, se hace a los pueblos, precisamente para que concreten en sus contestaciones donde se encuentran físicamente situados.

4.pngPedro de Medina, coetáneo de Cervantes, en su Libro de grandezas y cosas memorables de España, publicado en 1566, nos deja uno de los pocos planos de España donde aparece la Mancha en aquella época. Entre los reinos de Castilla, Toledo, Granada, Murcia, Valencia y Aragón, el autor dibuja la Mancha. Una gran extensión de terreno.

5.pngPocos años después de la publicación de la segunda parte del Quijote, el rey Felipe IV ordena que se realice un Atlas de España con todo detalle. Este encargo conocido como el Atlas del Rey Planeta, lo termina de realizar su cosmógrafo real Pedro Teixeira, publicándose en 1634 como “Descripción de España y de las costas y puertos de sus reynos”.

6.pngEn el plano general de España, también identifica a la Mancha como un gran espacio de terreno entre los reinos de Toledo, Granada, Murcia, Valencia y Aragón. Entre medias de la ejecución cartográfica de estos dos planos, Cervantes escribía el Quijote. Esa es la Mancha del Quijote, no otra.

7.pngCervantes conoce la Mancha, especialmente sus caminos y parajes, y ha estado, o le han contado sus vecinos, que en su parte central se encuentra la cueva de Montesinos y las famosas lagunas de Ruidera. Parajes con antiguas leyendas medievales que sin duda atraen a Cervantes para llevar allí a don Quijote.

Tiene tan clara la ubicación geográfica de esta cueva de Montesinos en la Mancha, que titula el capítulo XXII de la segunda parte:

“Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha,…”

Para Cervantes la cueva de Montesinos y las lagunas de Ruidera se encuentran centradas en este espacio geográfico de la Mancha. Cervantes usa este término, “corazón”, como: “mitad, medio ù centro”, tal y como se recoge en el Diccionario de Autoridades, o en el de Covarruviasque se define como “parte central de una cosa inanimada”.

Es por tanto esta gran zona de España, entre el rio Tajo y Sierra Morena, la Mancha que conoce Cervantes y la hace patria de don Quijote, con la cueva de Montesinos en su corazón.

8.pngSin duda alguna, el distrito del Campo de Montiel que describe Cervantes es una parte IMPORTANTE de la Mancha. Es un distrito de ella, una parte de la Mancha, y de nuevo así confirmado por la situación de la cueva de Montesinos y las lagunas de Ruidera, puntos geográficos evidentes en el corazón de la Mancha y que están dentro del Campo de Montiel, en los términos de Ossa, Ruidera y Alhambra.

9.pngEn las Relaciones Topográficas los lugares pertenecientes al Campo de Montiel, administrativo, no se consideraran pertenecer a la Mancha. Decían encontrarse entre Sierra Morena y la Mancha, a excepción de Membrilla que dijo estar en el Campo de Montiel y Mancha.

Aunque también hay lugares muy al norte de este espacio administrativo, como Quintanar, que dicen en 1575 haber pertenecido al Campo de Montiel. Y que de alguna manera o de otra se sentían pertenecer al antiguo Campo de Montiel.

11.pngTanto es así que Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Histórico de España en 1845, describía todos estos lugares cercanos a Quintanar, como lugares “agregados” del Campo de Montiel. Todos los lugares del Campo de Montiel están dentro de la Orden de Santiago.

12.pngEl Campo de Montiel es nombrado por Cervantes en el Quijote en cinco ocasiones. En tres, al comienzo de cada una de las tres salidas de don Quijote desde su pueblo, lo que le relaciona concretamente con él.

Don Quijote en la primera salida de su casa, como nos narra Cervantes, poco antes de que amaneciese se arma con sus viejas armas y, sobre Rocinante, sale de su casa por la puerta del corral directamente al campo, y hablando consigo mismo va pensando lo que de él se escribirá, diciendo:

“…, subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel. Y era la verdad que por él caminaba” (I, 2)

13.pngLa segunda salida de don Quijote, ya con Sancho de escudero, la hace por el mismo camino y dirección que la primera vez, salen en mitad de la noche para no ser vistos por sus familias y vecinos, y nos dice el narrador:

“… Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel,…” (I, 7)

14.pngY es en la segunda parte del Quijote cuando se produce la tercera y última salida de don Quijote de su pueblo, ahora hacia El Toboso, por otro camino distinto al de las dos primeras salidas, sin entrar en el Campo de Montiel, como en las otras dos anteriores.

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Con la lectura de la primera cita parece evidente que el lugar de don Quijote se encuentra en el Campo de Montiel. Pero ese lugar desconocido de la Mancha, está fuera de él, solo hay que leer el Quijote, al comienzo de la segunda salida.

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Fuera del campo de Montiel, pero muy, muy, cerca, casi en sus límites, porque es necesario “acertar” en tomar el mismo camino de salida de su pueblo, para estar de nuevo en el Campo de Montiel, como en la primera salida

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Si el lugar de don Quijote estuviese en el Campo de Montiel, saliese por donde saliese siempre estaría en él.No necesitaría nuestro hidalgo manchego, como describe Cervantes, “acertar”.Para que no quede duda de la situación del lugar de don Quijote con respecto al Campo de Montiel, en la tercera salida don Quijote ya no sale por el mismo camino que las dos anteriores, sino por el camino al Toboso, y nos dice: que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel…” . Ya no entra en el Campo de Montiel al salir de su pueblo.

Ahora también tiene mucho peso en la narración cervantina la exclamación, aclarando la posición de don Quijote en la primera salida:Y era la verdad que por él caminaba.Solo en ese camino de salida, se caminaba por el Campo de Montiel.

Por tanto, parece meridianamente claro que el lugar de don Quijote se encuentra justo en los límites del conocido distrito manchego del Campo de Montiel, pero fuera de él.

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Lugares en el entorno del lugar de don Quijote, la comarca manchega de don Quijote:
Tembleque.Un lugar olvidado en el Quijote y que hasta él, Sancho Panza va a segar por su cercanía al suyo, cuando en su pueblo ese año no hay siega, posiblemente por alguna plaga de langosta, tan habitual en aquella época y donde poder echar unas peonadas.

Quintanar. Juan Haldudo, el ganadero que maltrataba a su pastor Andrésen un encinar cerca de la venta donde es armado caballero era vecino de Quintanar. Sansón Carrasco, vecino de don Quijote, va a comprar dos perros pastores también a Quintanar.
El Toboso. Lugar de Dulcinea y cercano al de don Quijote.

Puerto Lápice. Otro de los lugares nombrados en el Quijote que en aquella época solo era unas cuantas casas que servían de venta y al que se dirigen después de la aventura de los molinos de viento.

Argamasilla. Lugar de los académicos que dedican sonetos y epitafios en las sepulturas de Dulcinea y don Quijote.

Todos estos lugares nombrados en el Quijote, y que por esto, por estar nombrados, se inhabilitan como posibles lugares de don Quijote”… de cuyo nombre no quiso acordarse…”, si nos demarcan la comarca física donde vivía don Quijote.

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Dentro de esta comarca cervantina, está Campo de Criptana. Único lugar de la Mancha que en aquella época tendría esos más de treinta molinos y desde donde, en poco menos de jornada y media sobre Rocinante se llega a ver a Puerto Lápice. Sin especificar, en 1575, dicen tener “muchos”, pero en 1752, en el catastro de Ensenada relacionan treinta y cuatro, más de la mitad propiedad de particulares e instituciones religiosas de Alcázar de San Juan. Aproximadamente estos debían de ser los vistos por Cervantes en 1600, cuando hasta allí iban a moler no solo sus vecinos, sino los de los lugares cercanos del Campo de San Juan que no disponían de autorización para construirlos por su Prior, como Alcázar de San Juan, Herencia, Villafranca, Quero o Tembleque.

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Esta comarca del lugar de don Quijote es atravesada por el camino de Toledo a Murcia. De vuelta a casa desde la venta donde es armado caballero, don Quijote se encuentra “de frente” con los mercaderes de Toledo que iban a comprar seda a Murcia.

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Esta consideración geográfica, es determinante, ya que Cervantes nos pone a don Quijote en uno de los caminos más importantes de la época y que, además, atraviesa esta comarca en sus dos variantes. Y nos describe, evidentemente, que la dirección que llevaba don Quijote de vuelta a casa desde la venta, por ese camino, es hacia Toledo.

Asimismo,este camino pasa por mitad del lugar de don Quijote, pues el cura lo hace referencia para desde su pueblo poder ir al puerto de Cartagena, en la fingida expedición con la princesa Micomicona.Si la dirección de regreso a casa desde la venta es hacia Toledo, hacia el Oeste, la dirección de salida de su pueblo hacia la venta y después hacia los molinos de viento, es la contraria, hacia Murcia, hacia el Este.

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Si bien la comarca cervantina está en una parte seca de la Mancha, cerca del lugar de don Quijote debe de haber varios ríos cercanos, en plural, donde don Quijote y Sancho poder beber agua en su futura profesión de pastores. Ríos cercanos a casa porque la hija de Sancho les iba a llevar la comida y donde la pesca en ellos sea uso habitual entre los vecinos, como remedio a la precaria despensa manchega.

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Esta consideración de la cercanía del lugar de don Quijote a varios ríos y donde se pesque es casi determinante en la situación del lugar de don Quijote en el mapa de esta parte de la Mancha.

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En tiempos de Cervantes en esta parte de la Mancha SOLO había cuatro ventas. En una de ellas es nombrado caballero don Quijote. Esta venta debe de estar evidentemente al Este del lugar de don Quijote, y de Campo de Criptana, para a la vuelta a casa encontrarse con los mercaderes toledanos, en el camino de Toledo a Murcia. De nuevo la importancia de este camino.

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Si de los lugares que integran la comarca de don Quijote, se descartan los lugares nombrados en el Quijote: El Toboso, Quintanar, Tembleque, Puerto Lápice y Argamasilla, y Campo de Criptana, por ser la villa de los molinos de viento, solo los que se encuentran en el camino de Toledo a Murcia y al Oeste de Campo de Criptana pueden ser el lugar de don Quijote: Villacañas, Villa de don Fadrique, La Puebla de Almoradiel, Miguel Esteban, Madridejos, Camuñas, Villafranca, y Alcázar de San Juan. Si consideramos a los lugares que están cerca de más de un río, su distancia a El Toboso y a Campo de Criptana a lomos de Rocinante, y siguiendo hacia el Este, hacia Murcia, se llega a una de las ventas existentes en otra larga jornada de camino de Rocinante, estamos considerando el espacio y tiempo que Cervantes nos dejó en el Quijote.

Estoy convencido de que Cervantes creó una historia de ficción y la situó en una geografía real. Si creemos que existe este espacio y tiempo en el Quijote, no olvidemos los datos geográficos que el propio autor nos narra, en nuestros trabajos.

Luis Miguel Román Alhambra

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MIS AVENTURAS EN SIERRA MORENA

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En mi publicación La venta cervantina de Sierra Morena y el lugar de don Quijote (2012), localicé la venta a la que Cervantes hace llegar a don Quijote y Sancho después de ser molidos a palos por los yangüeses. Esta Venta del Alcalde, la actual Venta de La Inés, es un punto de referencia geográfico real en el ir y venir de nuestros personajes por Sierra Morena.

Desde esta venta, situada en el Camino de la Plata, hasta el punto de este mismo camino desde donde lo abandonan para adentrarse por lo abrupto de la sierra donde esconderse de la Santa Hermandad y donde don Quijote poder hacer penitencia, de unos pecados que él solo conoce, situado a dos leguas de la venta, Cervantes nos describe unas aventuras en unos parajes que he podido localizar realmente en estos días de este caluroso mes pasado de Septiembre.sm

Un Camino de la Plata que con parsimonia hizo Cervantes sobre una mula en sus viajes a Sevilla. Con el Quijote en la mano y unos planos fieles a lo que el camino en aquella época fue, he recorrido esta parte del camino real de Toledo a Sevilla, o León a Sevilla, distinguiendo los mismos parajes que él mismo vio hace más de cuatro siglos y que uso para enmarcar en ellos las aventuras o desventuras de mis vecinos manchegos. Aquí, en mitad de Sierra Morena se constata aún más que el Quijote no es una obra de lugares sino de caminos y parajes.

Estoy en el valle donde los dos ganados de ovejas aparecen como ejércitos y contemplo desde el mismo altillo que describe Cervantes el arroyo donde los pastores se aprovisionan de sus “peladillas” y lanzan con certera precisión a don Quijote que está lanceando a sus ovejas.

Continúo el camino por medio de la sierra no sin dificultad y pasando otro campo abierto veo como el camino se empina de nuevo. Estoy en el mismo punto donde don Quijote y Sancho, de noche, ven acercarse los encamisados con sus antorchas y que a Sancho le parecían como estrellas que se movían. El mismo camino que el cuerpo muerto de San Juan de la Cruz hizo hacia su reposo final en Segovia.

Y sigo mi camino serpenteante. Tengo que llegar al batán y ver el lugar donde el barbero deja caer su bacía, el preciado yelmo de Mambrino. Y poco después, dejando el camino sentarme en el mismo arroyo donde Dorotea se refrescaba, pero antes veo una polvareda que me parece una cadena de galeotes, pero no, es un grupo de ciclistas que vienen en sentido contrario.

Pero todo esto lo iré resumiendo en este blog, mientras la prensa de la imprenta termina su trabajo.

                                                    Luis Miguel Román Alhambra

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LA GASTRONOMÍA DEL QUIJOTE (III)

La gastronomía de El Quijote (III)

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CARLOS ABENGÓZAR    ALCÁZAR DE SAN JUAN   04/10/2016 – 18:45 CEST
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Cada martes, en ‘Hoy por hoy La Mancha’ repasamos la obra universal escrita por Miguel de Cervantes. Lo hacemos de mano de la Sociedad Cervantina del Lugar de Don Quijote. Luís Miguel Román nos analiza la obra y las relaciona con todo lo que nos dejó en nuestro día a día.

Una de esas cosas es la gastronomía, tan importante para La Mancha y que ha llegado hasta nuestros días después de siglos de tradición. Escucha la sección de esta semana, a continuación:

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DON QUIJOTE Y ROCINANTE

Cervantes elige a Rocinante como el caballo de don Quijote. Y lo hace con mucho cuidado pues el tempo de la historia que nos cuenta irá con su penoso paso

Don Quijote cuando decide salir de su casa en busca de sus famosas aventuras es un hombre ya viejo: “Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza” (I, 1). Con cincuenta años un hombre en el siglo XVI-XVII era una persona en la parte final de su vida como detallaba su enemigo literario, Lope de Vega, en su obra El peregrino en su patria (1604), las edades de los hombres y sus dedicaciones en cada fase de la vida: “… en las cortas (vidas) nuestras que de veinte años se abren los ojos al sentido, de treinta al entendimiento, de cuarenta al alma para mirar lo pasado, de cincuenta al arrepentimiento y a la muerte…”.

Para hacer creíble la historia de don Quijote a sus lectores no podía aupar al ingenioso hidalgo manchego sobre un caballo normal, no resistiría un hombre viejo y delgado el cabalgar impetuoso de toda una larga jornada, por lo que busca en la cuadra de don Quijote y encuentra a Rocinante, el caballo viejo y flaco, que es la imagen equina de su amo: “Fue luego a ver su rocín, y aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit” (I, 1)

Cervantes con su genialidad narrativa cuida hasta este detalle, y desde el mismo momento que don Quijote sale por la portada del corral de su casa sobre Rocinante, la novela recorre caminos y parajes al paso cansino y mermado por la flaqueza y enfermedad en sus cascos, aquejados por los “cuartos”. Rocinante tenía la enfermedad conocida como “cuartos”, que como define el primer diccionario de la RAE (1726): “Se llama cierta especie de enfermedad que da a los caballos y animales mulares en los cascos, que es una raja que se les hace desde el pelo a la herradura”.

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En 1971 se instalaba en la plaza de Alcázar de San Juan unas magníficas estatuas de don Quijote y Sancho Panza, que son uno de los iconos de ella, en la que todos los visitantes se acercan a hacerse fotografías junto, o encima, de ellas. Hace unos días haciendo una fotografía a unos turistas, al entregarles la cámara con la que con mucho gusto perpetué su paso por el lugar de don Quijote, observé que unos de los cascos de Rocinante tenía exactamente esta enfermedad. Supongo que ha sido por el paso de los años y su peso lo que ha provocado el deterioro del bronce de esta parte de la escultura, pero bien vale para tener una imagen exacta de cómo era esta enfermedad que casi invalidaba a un caballo para andar.

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Cervantes reduce a la mitad el rendimiento de Rocinante y así también el espacio-tiempo de su novela. Si un caballo normal, al paso, recorre una legua a la hora, unos seis kilómetros, Rocinante recorre solo la mitad, tres kilómetros. Además de dejarnos pasajes en los que a consecuencia de la debilidad, tropezones y caídas de Rocinante, don Quijote sale mal parado, también nos cuantifica esta merma, a la mitad, de su caballo cuando nos describe lo que para el ventero, Rocinante, le parece: “Miróle el ventero, y no le pareció tan bueno como don Quijote decía, ni aún la mitad” (I, 2). Pero para que no quedase duda de la condición física, cuantifica exactamente su valía, a la mitad, en la distancia que recorre en el combate que enfrenta a don Quijote con el Caballero de la Blanca Luna en la playa de Barcelona, que no era otro este caballero que su vecino Sansón Carrasco: “… volvieron entrambos a un mesmo punto las riendas a sus caballos; y como era más ligero el de la blanca Luna, llegó a don Quijote a dos tercios andados de la carrera, y allí le encontró con tan poderosa fuerza, sin tocarle con la lanza, que la levantó, al parecer de propósito, que dio con Rocinante, y con don Quijote por el suelo una peligrosa caída …” (II, 54). Del tramo inicial que los separaba antes de iniciar el combate, el Caballero de la Blanca Luna con su caballo recorre dos partes y don Quijote sobre Rocinante solo una, la mitad, en el momento de encuentro.

Hay autores que tratan de localizar parajes y lugares, y principalmente el lugar de don Quijote, que no tienen en cuenta, o no les conviene tenerla pues no le encaja con sus propósitos, la condición física de Rocinante, siendo el mismo Cervantes quien pone mucho cuidado en describirla.

Si conocemos la velocidad de paso de Rocinante, media legua a la hora o tres kilómetros a la hora, y Cervantes nos describe el tiempo en recorrer un tramo entre dos puntos de la obra, es fácil conocer la distancia que separa a estos. De esta manera tan sencilla, en Mi vecino Alonso (2010), puse nombre al lugar de don Quijote, Alcázar de San Juan, y de la misma manera continúo localizando los caminos, parajes y lugares por donde Cervantes hizo pasar a don Quijote y Rocinante.

 

                                                             Luis Miguel Román Alhambra

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El misterioso lugar de la Mancha

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“El misterioso lugar de la Mancha”, este el título del trabajo con el que su autor, José Guerrero Martín, se presenta el próximo día 13 de septiembre a las 19:00 horas en la Casa de Castilla-La Mancha de Madrid, con la intención de agrupar varias hipótesis sobre la posible identificación real del famoso y misterioso lugar de don Quijote. Como el mismo autor dice, “ni quita ni pone”, simplemente concentra las diferentes hipótesis en una misma publicación.

Mas de cuatro siglos después  de escribir Cervantes:  “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”,  hay varios lugares, que de una manera o de otra, han reivindicado para sí ser ese misterioso lugar.

Desde la publicación en 2011 de Mi vecino Alonso, Alcázar de San Juan es considerado ya uno de esos lugares que pueden ser este lugar cervantino, como así afirma el importantísimo hispanista y cervantista francés Jean Canavaggio: “No quiero tardar más en comunicarle mis impresiones, una vez concluida mi lectura de su tan documentado estudio. Creo que, sin la menor duda, Cervantes estuvo pensando en Alcázar de San Juan en el momento de situar las aventuras de don Quijote de la Mancha. Varios de los muchos datos señalados y comentados por Ud a partir de sus propios y amplios conocimientos tienden a demostrarlo. Ahora bien, como Ud apunta muy bien, no podemos, de momento, explicarnos por qué Cervantes calla el nombre de este lugar que, hasta el final, permanece enigmático, hasta el punto que los académicos aludidos al final de la primera parte, son de Argamasilla de Alba, y no de Alcázar de San Juan…”

Para los que consideramos, acertadamente o no, que el Quijote es una obra de ficción pero enmarcado en una geografía real, como nuevo recurso literario creado por Cervantes para la novela moderna, este es un trabajo para leer y tener en cuenta.

Y para los que solo lo consideran como una obra de ficción, en todos sus aspectos, puede servirles para constatar cómo, además del fin principal del Quijote como una gran obra de humanidades, crítica social y de enseñanza a partir de la propia vida del autor, hay otras interpretaciones, de menor importancia, como la geográfica.  A la que yo he llegado como lector privilegiado del Quijote, al nacer en esta parte de la Mancha que Cervantes escoge para hacer de ella la patria chica de don Quijote. Sin duda alguna, el conocer los caminos, parajes y lugares de esta parte de la Mancha desde chico, a lomos de la vieja bicicleta de mi padre, han facilitado mi trabajo.

Esta parte, de la extensa Mancha de finales del siglo XVI y principios del XVII, delimitada entre los lugares citados en la obra de El Toboso, Quintanar de la Orden, Tembleque y Puerto Lápice, por la que atraviesa de oeste a este el antiguo camino de Toledo a Murcia, camino en el que don Quijote, regresando a casa desde la venta, se encuentra con  los mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia, y en la que los más de treinta molinos de viento de Campo de Criptana están esperando, como gigantes encantados, a que llegue un hidalgo manchego al amanecer, habiendo salido con su vecino Sancho en mitad de la noche desde su pueblo, a enfrentarse a ellos, es la comarca cervantina del lugar de don Quijote.

Esta parte de la Mancha, que conoce y describe Cervantes, en la que la Cueva de Montesinos está en su corazón y el famoso Campo de Montiel forma parte de ella. El antiguo Campo de Montiel, espacio geográfico tan cercano a su pueblo, en el que don Quijote comienza sus aventuras en sus dos primeras salidas, y al que simplemente “acertando” en el camino de salida de su pueblo se entra en él.

Con un lugar de esta Mancha, Alcázar de San Juan, en los límites con el santiaguista Campo de Montiel, que por entonces se consideraba incluido en él a Campo de Criptana, con picota de justicia, fuente en la plaza, un arroyo cruzando el antiguo camino de entrada desde el Este, al que sus mujeres iban a lavar la ropa, con ríos donde sus vecinos, como Sancho, iban a pescar, y con  las famosas bellotas de sus montes, son descripciones singulares que bien pudo conocer Cervantes en él. Descripciones del misterioso lugar de don Quijote que para otros autores, cuando no coinciden con sus finalidades, los obvian o simplemente los definen como recursos literarios, sino los tergiversan a su antojo.

En este IV centenario de la muerte de Cervantes se seguirá hablando de su obra más importante, el Quijote, y del lugar del hidalgo manchego, gracias también a esta publicación, “El misterioso lugar de la Mancha”.

                                                        Luis Miguel Román Alhambra

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El lugar de Don Quijote, como Alcázar de San Juan, tenía ríos y arroyos

CERVANTES, DON QUIJOTE Y LA MANCHA

Según la Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote no eran muchos los municipios manchegos que entonces contaban con ríos y arroyos. Alcázar sí contaría con esa premisa
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Luis Miguel Román y Constantino López junto a la azulejería del Quijote de la Fonda de la Estación

Luis Miguel Román y Constantino López junto a la azulejería del Quijote de la Fonda de la Estación / Sociedad Cervantina del lugar de Don Quijote

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ALICIA ANAYA  ALCÁZAR DE SAN JUAN   28/06/2016 – 14:00 CET
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Sólo el termino de Alcázar de San Juan cuenta con un lugar tan singular como el conocido paraje de “La Junta de los Ríos”. En la novela, Sancho hace referencia al uso de una caña de pescar… Una circunstancia, la pesca que se producía entonces habitualmente en el Záncara o el Cigüela. Hay muchas otras particularidades que sólo cumple Alcázar de San Juan, puedes escucharlas aquí, en el último capítulo de la temporada de la sección “Cervantes, Don Quijote y La Mancha” con la Sociedad Cervantina del Lugar de Don Quijote, con su presidente, Luis Miguel Román:

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El Lugar de ‘El Quijote’ I

CERVANTES, DON QUIJOTE Y LA MANCHA

Tras conocer el lugar de nacimiento de Miguel de Cervantes, buscamos el lugar que mejor conocía el ingenioso hidalgo

Cadena SER

CADENA SER  ALCÁZAR DE SAN JUAN  21/06/2016 – 16:41 CET
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Penúltimo capítulo de la sección ‘Cervantes, Don Quijote y La Mancha’antes del parón veraniego. Luís Miguel Román, desde la Sociedad Cervantina del Lugar de Don Quijote, nos acerca y descubre aspectos que el lector de la obra no conoce o le viene bien recordar.

En la edición anterior conocimos el lugar donde, basándonos en los datos, debió nacer Miguel de Cervantes, el autor de la obra universal. A partir de ahora buscamos los lugares por los que El Quijote anduvo, centrándonos en el que mejor conocía. Escucha la sección de esta semana, a continuación:

 Escucha el programa íntegro:
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