LA IMAGEN DE LA MANCHA ABRIL

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Los campos manchegos en abril

¡Ya es primavera en la Mancha!

Hay un refrán, sentencia popular, que seguro conocía Sancho Panza, que dice: ¡En abril, aguas mil!

Este año, lo está siendo. La sabiduría popular que se transmite de padres a hijos, más antes que casi todas las familias eran agricultoras o ganaderas, sabe que al comienzo de la primavera es frecuente los días de lluvias, tan necesaria para el campo, sus cosechas y el pasto para las ovejas. Ha estado lloviendo casi todo lo que llevamos de mes en la Mancha. Hoy domingo, día 15, decido subir al Montón de Trigo.

Son las diez de la mañana. El sol aún se encuentra detrás de las nubes que, aunque rotas, no le dejan iluminar la mañana tanto como yo quisiera. Además hay una ligera nieblecilla provocada por la quema de sarmientos, los últimos sarmientos secos podados este invierno de las cepas de las viñas. No hace aire y el humo, aplastado por la alta presión que hoy tendremos en la zona, impregna toda la zona, ¡Qué bien huele la Mancha hoy!

Antes, no hace muchos años, los agricultores, en lugar de quemarlos en los campos, hacían gavillas. Los agrupaban en manejables manojos grandes, atados por el centro con un trozo de cuerda, o con un mismo sarmiento verde, y se llevaban en carros a las casas, donde, una vez secos, se utilizaban en las lumbres de las cocinas como magnífico combustible. Hoy, muy pocos agricultores siguen con esta costumbre, necesidad antaño, y limpian los desechos de la poda quemándola en grandes montones.

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Hogueras de sarmientos en la Mancha

 

¡Es abril, el mes de las Letras! La coincidencia del día de la muerte, 23 de abril de 1613, de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Gómez Suárez de Figueroa, más conocido como el Inca Garcilaso, me sugiere irme desde esta atalaya manchega al pueblo cercano de Miguel Esteban, y dejar aquí otra imagen de don Quijote.

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Don Quijote en Miguel Esteban (Toledo)

 

Esta escultura en bronce, perfectamente integrada sobre varias piedras calizas, nos recuerda el inicio del Quijote: Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas…

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A los pies de Alonso, el bueno, libros y armas. ¡Y un gatito!

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El gatito me vuelve a recordar la imagen de don Quijote en mi Alcázar de San Juan. Hoy he vuelto a pasar junto a ella y sigue igual, ¡sucia desde hace casi un mes! Sucia por los desmanes de algún delincuente y por la indiferencia de los gobernantes de mi ciudad cervantina.

Hoy dos gatitos miran a don Quijote, en la Mancha. Uno, en Miguel Esteban, ve a un Alonso espectacular, soñando con conseguir una sociedad mejor, quizás con muchos “Sanchos” de gobernantes, y el otro, en Alcázar de San Juan, mira incrédulo la cara impunemente manchada de Alonso, pensando que quizá aquí también se necesiten más “Sanchos” que “duques”.

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Imagen de Alonso y gatito en Alcázar de San Juan

 

Estamos en abril. Quizás a finales de este mes esté terminada la adecuación de una rotonda, la más importante, en la entrada de Alcázar de San Juan. Seguro que sí, porque los últimos días de este mes se celebra la Feria de los Sabores de la Tierra del Quijote, importante feria organizada por el ayuntamiento donde se muestran productos agroalimentarios de la Mancha, y son unos días propicios para, más “duques” que “Sanchos”, inaugurarla. Estamos en la Mancha, en su corazón, como reza nuestro título oficial hace tantas décadas ya, y espero que junto a las anunciadas grandes letras de colores con el nombre de la ciudad, tan traídas y llevadas por tantos lugares del mundo, se muestre nuestra tradición de ciudad cervantina y el ingenio esté por encima de lo normal, no en vano este es el lugar del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Pero esto, ya será en mayo.

                                            Luis Miguel Román Alhambra

 

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IMAGEN CERVANTINA DE ALCÁZAR DE SAN JUAN EN MARZO Y ABRIL

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Acabada la Semana Santa, el tiempo más importante para los católicos y también una semana de viajes a los pueblos para estar unos días con la familia o para hacer turismo de playa, montaña o cultural.

Los vecinos de la ciudad de Alcázar de San Juan, familiares y amigos que se han acercado a pasar unos días con ellos, y los turistas que han apostado por esta ciudad cervantina, centro geográfico de la Mancha de don Quijote, y desde hace varias décadas Corazón de la Mancha, título que lleva con orgullo, todos han podido hacerse fotografías de recuerdo junto a nuestras icónicas imágenes cervantinas. Pero en una de ellas, en la que nuestro vecino don Quijote está en profundo diálogo con su gatito, se habrán llevado la sorpresa de que su cara está pintada de azul y afea la imagen. Poco se puede hacer con la cámara de fotos o del móvil, te pongas como te pongas la fotografía no vale para enseñarla a los compañeros de la oficina ni mucho menos para guardarla, como recuerdo por lo bien que lo has pasado en estas tierras de don Quijote y Sancho Panza.

La acción del desaprensivo autor, léase delincuente, es, lógicamente, censurable. Pero desde aquí quiero también llamar la atención a la indiferencia de los responsables de mantenimiento, cultura y turismo de mi ciudad. Esta imagen realizada hoy mismo, lleva así desde el día 21 de marzo, ¡casi dos semanas! sin que nadie limpie esta imagen.

Este Alonso, antes de ser don Quijote, está instalado junto a las oficinas de Aguas de Alcázar, lugar de paso de concejales, técnicos y responsables de mi ciudad, a los que parece que un gasto de 0 € no es asumible. Calculo el gasto de 0 €, porque tenemos una plantilla numerosa de empleados en mantenimiento, necesarios para los muchos recursos de mi ciudad, y disponemos de equipos de presión y disolventes usados a diario en la limpieza viaria. Quizá si el presupuesto fuese de varios miles de euros ya se habrían celebrado reuniones de coordinación, ruedas de prensa de técnicos y políticos… ¡pero solo cuesta 0 € y no podrán hacerse una foto después de limpiarla!

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Voy a comenzar a publicar fotografías de imágenes relacionadas con el Quijote y su autor, que lectores, amigos y familiares me hagan en todo el mundo. Acabo de recibir la primera, es de mi hijo Jaime en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias de la semana pasada, y ¡está limpia! O no hay delincuentes que la ensucian, o sus gobernantes la cuidan como merece. Es de Miguel de Cervantes, quien solicitó un puesto allí, como contador de galeras. Quizá de haberle concedido ese puesto nunca hubiese escrito el Quijote, “O quien sabe, a lo mejor la historia del Quijote se habría escrito bajo las luces de los candiles y pajuelas, del embrujo de Cartagena de Indias”, tal y como se puede leer en una placa a los pies de esta escultura, inaugurada en marzo de 2007 por los reyes de España y el presidente de Colombia.

 

Luis Miguel Román Alhambra

 

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LA IMAGEN DE LA MANCHA: MARZO

Al comienzo del invierno, los pronósticos meteorológicos oficiales para el sur de España eran que sería más caluroso y más seco que la media registrada. Los niveles de agua embalsada eran muy inferiores al año pasado y los agricultores miraban al cielo sin saber cuándo podrían sembrar. En la imagen de la Mancha de diciembre anotaba: “Por aquí aún no han sembrado, es terreno de secano y  no ha llovido lo suficiente, si no lo hace pronto quizás no se pueda sembrar este año.”

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En algunos lugares manchegos, siguiendo tradiciones antiquísimas, sacaron de sus templos imágenes en procesión, en ruego para que llegaran las ansiadas y necesarias lluvias. Cervantes las conoció en su época, en la Mancha, y quiso dejarnos su imagen con palabras cuando en su regreso desde la venta de Sierra Morena a casa, la comitiva con don Quijote y Sancho Panza, escuchan un son de música y poco después ven a muchos hombres vestidos de blanco, a modo de disciplinantes. Era el caso que aquel año habían las nubes negado su rocío a la tierra, y por todos los lugares de aquella comarca se hacían procesiones, rogativas y disciplinas, pidiendo a Dios abriese las manos de su misericordia y les lloviese. Llevaban una imagen de la Virgen en procesión a una ermita cercana, y el resultado de la aventura ya se lo puede imaginar. Quien ha leído el Quijote se acordará y aquí justo esbozará una sonrisa. Para quienes no lo han leído todavía abran el Quijote por el capítulo 52 de la primera parte y ríanse un poco.

Por las rogativas o no, el caso es que los modelos oficiales de pronósticos se han equivocado. La causa inexplicable, que ahora explican, es que una masa de aire polar se ha descolgado de su posición sobre el Ártico y hace que una borrasca tras de otra estén mojando nuestras tierras, y todas las de España, con una intensidad solo recordada por los nuestros mayores. Inviernos en los que los agricultores estaban varias semanas sin poder salir al campo al estar estos embarrados por el agua.

Hoy es domingo. Ayer llovió también y por la ventana veo que al menos en la próxima hora parece que no lo hará. Me llevo las botas de agua con la intención de subir al Montón de Trigo.

marzo 2

Los pies se me hunden en el barro pisando el olivar cercano a mi observatorio natural. Después, mientras subo por su ladera de sotavento, hace mucho viento esta mañana, las piedras me facilitan mucho el ascenso. Desde su redondeada cima se comienza a ver en algunos campos verdeando ya la siembra. No todos los agricultores tomaron la decisión de sembrar y este año muchos campos quedarán en barbecho, descansando. Seguro que en abril y mayo los colores ocres y verdes inundarán esta imagen.

marzo 3

Amenaza ya la lluvia. Solo quedan dos semanas para estar en el Domingo de Ramos, comienzo de la Semana Santa para los cristianos. A menos de dos kilómetros de aquí, y justo en el cruce que me llevaría de regreso a casa, se encuentra la Ermita del Cristo de Villajos. A esta ermita vienen andando desde varios lugares cercanos, también desde Alcázar de San Juan, los días previos a la Semana Santa, especialmente el viernes anterior. Decido estar un rato en oración junto a esta venerada imagen del Cristo de Villajos, patrón de Campo de Criptana. Esta antigua ermita, de planta en forma de cruz latina, se reconstruyó en el siglo XVII. Originalmente su advocación era de Nuestra Señora de Villajos. El retablo es imitación al barroco dorado original de finales del siglo XVII, desaparecido en los incendios que sufrió durante la Guerra Civil española, como buena parte de su estructura original.

marzo 4

Es temprano aún y no hay nadie, son las diez de la mañana. Acaban de abrir la puerta y dentro el silencio es absoluto. Casi lo prefiero así. Estoy unos minutos, y ya solo escucho el suave ritmo de un reloj de pared al fondo, junto al altar, y mi respiración. Me recuerda al desierto de Atacama, en Chile, aunque allí llegaba a escuchar hasta los latidos de mi corazón. A veces, en la vida, el silencio es muy necesario y aquí, dentro de la ermita, se encuentra.

marzo 5

El ruido que hace el agua de la lluvia al caer, desde el alero del tejado al suelo, rompe el silencio. Vuelve a llover fuerte y es el pretexto para seguir un ratito más allí, hasta que el reloj de la ermita me recuerda que ya son las diez y media. Para de llover y decido volver a casa.

Volveré al Montón de Trigo en abril, ya será primavera.

Luis Miguel Román Alhambra

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LA COMARCA MANCHEGA DE DON QUIJOTE

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Cervantes escribe el Quijote para sus lectores de principios del siglo XVII, utilizando modelos humanos y espacios geográficos de su tiempo. Esto que parece una obviedad, desde que los románticos alemanes e ingleses lo redescubrieran en el siglo XVIII, viajeros de todo el mundo han estado en la Mancha buscando el espíritu de don Quijote, y, a veces, han estado en lugares, caminos y parajes que poco o nada tienen que ver con los que conoció el escritor, y sus lectores. Incluso hay autores actuales que, por distintos motivos, siguen confundiendo los espacios geográficos de la Mancha, escenarios reales, por donde Cervantes lleva al Caballero de la Triste Figura en su ingeniosa ficción. ¡Una ingeniosa historia de ficción en un escenario real, así de sencillo es el Quijote!

Hay quien afirma que las aventuras de don Quijote y Sancho pueden ocurrir en cualquier paraje manchego, alegando que Cervantes describe muy pocos topónimos manchegos, e incluso hay quien las enmarca, muy ingeniosamente, hasta en las tierras de Zamora.

La tierra de don Quijote, su patria, es la inmensa Mancha castellana. Esto que también parece una obviedad, hay también quien la hace a su medida para justificar sus hipótesis. La Mancha que conoce Cervantes es una gran extensión de terreno, sin límites geográficos delimitados, tampoco administrativa ni judicialmente, solo está delimitada por los límites de los sentimientos de los vecinos que la habitan. Esto quedó demostrado en las contestaciones de los pueblos a las Relaciones Topográficas que mandó hacer el rey Felipe II en 1575. Lugares que aseguraban estar en la Mancha tenían contestaciones de lugares vecinos en otro sentido, incluso en el contrario. Para Cervantes, el espacio geográfico castellano que conoció e hizo patria del Caballero de la Triste Figura tiene incluso corazón, centro geográfico, es la Cueva de Montesinos, como nos lo asegura en el título del capítulo veintidós de la segunda parte del Quijote: “Donde se cuenta la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha”. Aún así, hay quienes intentan enmendar la plana al propio Cervantes, siendo él el autor del Quijote.

Por los caminos de este inmenso espacio castellano, Cervantes, imaginó a su caballero, haciendo del Quijote un itinerario de caminos propio de viajeros, como era él, un viajero toda su vida. Todo viajero, o caballero andante, tiene un origen desde donde comienza su viaje, o sus  aventuras, un espacio donde vive con su familia, trabaja y se relaciona con sus vecinos. Este espacio dentro de la inmensa  Mancha, origen de las aventuras de don Quijote, está meridianamente definido por Cervantes. Simplemente, con la lectura completa del Quijote, es posible delimitar o marcar los bordes de esta comarca manchega de don Quijote.

¡Qué difícil es convencer a quien está convencido de lo contrario! No es mi intención hacerlo aquí en este artículo, pues es imposible. Mi intención es exponer mis conclusiones a los lectores que tengan la intención de leer, releer, o viajar a la Mancha con su Quijote en la mochila.

Que El Toboso, en la actual provincia de Toledo, el lugar de Dulcinea, se encuentra en la comarca manchega de don Quijote, no tiene discusión alguna. El caminante Vivaldo, suplica a don Quijote que le diga el nombre, patria, calidad y hermosura de su dama, a lo que le responde que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser princesa, pues es reina y señora mía. El Toboso está en la Mancha y es un lugar cercano al de don Quijote, como el narrador afirma, cuando describe la forma que tuvo nuestro hidalgo en poner nombre a su dama: “… y fue a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo, había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él anduvo enamorado… vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso” (1, 13). La cercanía entre el lugar donde vivía don Quijote, y Sancho, y el de Dulcinea es confirmada también por el mismo Sancho Panza, porque, según él, conocía a la familia de Dulcinea, especialmente a sus padres: “Ta, ta, dijo Sancho, que la hija de Lorenzo Corchuelo, es la señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre, Aldonza Lorenzo?”(1, 25), aunque para él “en lo que dudaba algo, era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre, ni tal Princesa, había llegado jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso” (1, 13). El conocimiento y la relación entre vecinos,  sin lazos familiares, en un hábitat tan concentrado como el manchego, se producía en un entorno geográfico muy próximo, por lo que cualquier lector coetáneo de Cervantes que lo leyese concluía sencillamente que El Toboso es un pueblo vecino al del hidalgo Alonso Quijana y del humilde agricultor Sancho Panza, exactamente igual que lo entendemos hoy los lectores normales del siglo XXI. Tratar, como pretende una hipótesis actual, de poner nombre al lugar de don Quijote a Villanueva de los Infantes, a unos ¡cien kilómetros por camino de El Toboso!, entra dentro del esoterismo o de la manipulación del texto más avanzada.

El lugar más nombrado en el Quijote es El Toboso, y en su entorno cercano hay otros cuatro lugares manchegos nombrados precisamente con su topónimo, y que, sin duda alguna, pertenecen a la imagen geográfica de la comarca manchega que Cervantes conoció y nos describió como la comarca manchega de don Quijote. Son los lugares de Tembleque, Quintanar, Argamasilla y Puerto Lápice, que nos servirán de mojones, o hitos, para marcar los bordes de este espacio geográfico cervantino evidente.

Tembleque. En la actualidad es una localidad de la provincia de Toledo, es mencionado por Sancho durante las explicaciones que daba a la duquesa de su cuento:

“—A menos de la mitad pararé, si Dios fuere servido —respondió Sancho—. Y así, digo que llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo convidador, que buen poso haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas dicen que hizo una muerte de un ángel, que yo no me hallé presente, que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque…

—Por vida vuestra, hijo, que volváis presto de Tembleque, y que sin enterrar al hidalgo, si no queréis hacer más exequias, acabéis vuestro cuento.” (2, 31) 

Sancho es un humilde jornalero agrícola, no tiene tierras propias, y trabaja a jornal en las tareas del campo manchego. En época de la siega del cereal, si en su término municipal se acababa el trabajo por cosecha insuficiente debido a mala climatología o por las temidas plagas de langosta, los jornaleros se desplazaban a los pueblos vecinos más próximos donde pudieran trabajar unos días, como él, que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque.

lc2La tradición agrícola cerealista en Tembleque, que llega hasta  nuestros días, en tiempos de Cervantes era una de sus actividades o recurso económico más importante de sus vecinos. En las contestaciones a las Relaciones Topográficas de 1575, responden:

“Al veinte y seis capítulos se responde que los vecinos de esta villa la mayor parte de ellos son labradores y lo que más y mejor se coge es pan y vino y hay pocos ganados y son de lana por causa de la tierra rasa y de labor, que se cogerán de los diezmos de pan un año con otro doce mil fanegas de pan y cuatro o cinco mil arrobas de vino, poco más o menos siendo la cosecha de pan y vino razonable.” 

Quintanar de la Orden. En la actualidad es una localidad de la provincia de Toledo, la vemos nombrada en dos ocasiones en la novela. Muy distantes entre ellas, al principio de la primera parte de 1605 y al final de la segunda parte de 1615. Sin duda alguna, Quintanar era una villa muy conocida por Cervantes, también mencionada especialmente en el Persiles.

En la primera salida de don Quijote de su pueblo, en solitario, camina todo un día sobre Rocinante bajo un sol implacable de verano manchego y, al final del día, sin encontrase con nadie en el camino llega a una venta donde es armado caballero esa misma noche, por el mal entendido señor del castillo, que no era otro que el propio ventero. A la hora de la salida del sol, la del alba sería, y siguiendo las recomendaciones del ventero, sale de la venta con la intención de volverse a casa y hacerse con todo lo que, según el ventero, le faltaba como caballero andante, entre otras cosas de un escudero.

Y, no había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba… Estas voces eran de un joven pastor, Andresillo, al que su amo le estaba azotando atado a una de las encinas, por perderle cada día una oveja del rebaño que le cuidaba. Este ganadero es Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar. Según Andresillo, la paliza era por reclamarle el sueldo que le debía por nueve meses de trabajo, por lo que don Quijote amenaza al ganadero de matar al ganadero Haldudo si no le paga de inmediato lo que le debe al muchacho. Haldudo se excusa de no poderlo hacer con la prontitud exigida, por no llevar dinero en ese momento, pero que se llevará a su casa al pastor y allí le pagará. El desenlace es de todos bien conocido: una vez que don Quijote continúa su camino, creyendo haber deshecho el primer agravio o sinrazón como caballero andante, el cruel  ganadero vuelve a atar al pastor en la misma encina y casi lo mata.

Que esta aventura se produce cerca de Quintanar parece más que evidente, aunque hay quien también la enmarca por otros lugares de la Mancha argumentando que el rebaño de ovejas bien podía estar en cualquier sitio, aunque su propietario sea de Quintanar, olvidando que el espacio geográfico manchego ocupado por las tres Ordenes Militares de San Juan, Santiago y Calatrava, estaban formadas por entidades que tenían cada una sus aprovechamientos comunales de pastos, por lo que alejar del entorno de Quintanar esta escena no parece lo más lógico teniendo que pagar el ganadero los derechos de paso y arrendamientos de tierras si se encontraba fuera de sus límites comunales. Además del aspecto fiscal, muy importante en aquella época, y ahora, el ganadero Haldudo le dice a Andrés que se vaya con él para pagarle, cosa improbable de poder hacerlo si el rebaño estuviese lejos de Quintanar para dejarlo solo y darle tiempo de ir y venir en el día. Tampoco es posible que el ganado fuese trashumante, por la edad de Andresillo, quince años, ir solo y la época del año en la que se produce esta aventura, en verano, en la que los ganados estaban todos cerca de casa.

Al final de la segunda parte encontramos la segunda mención de Quintanar. Don Quijote lleva enfermo seis días en la cama y Sansón Carrasco trata de animarlo, creyendo que la pesadumbre de verse vencido y de no ver cumplido su deseo en la libertad y desencanto de Dulcinea le tenía de aquella suerte, diciéndole: “… que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado Barcino, y el otro Butrón, que se los había vendido un ganadero del Quintanar” (2, 74). Don Quijote, para cumplir el tiempo de retiro de las armas,  después de ser vencido en las playas de Barcelona, compromiso adquirido con su vencedor, que no era otro que el bachiller Sansón Carrasco, decide que tanto él como Sancho se ocuparían ese tiempo ocioso en las labores de pastor de ganado en su pueblo. De nuevo, la ocupación ganadera en el cercano lugar de Quintanar de la Orden y su fama de contar con buenos perros pastores, dos de los más famosos los compra el bachiller, es descrita aquí por Cervantes.

Argamasilla de Alba. En la actualidad es una localidad de la provincia de Ciudad Real, es nombrada al final de la primera parte del Quijote, y sus vecinos los Académicos. Es el último capítulo y el “autor desta historia”  nos adelanta que don Quijote hizo una tercera salida de su casa hacia Zaragoza, según había memoria de esto en la Mancha, y que solo conoce algo de su muerte por unos pergaminos encontrados por un médico en una caja de plomo que estaban en los cimientos de una antigua ermita que se estaba reconstruyendo, en los que “contenían muchas de sus hazañas y daban noticia de la hermosura de Dulcinea del Toboso, de la figura de Rocinante, de la fidelidad de Sancho Panza y de la sepultura del mesmo don Quijote, con diferentes epitafios y elogios de su vida y costumbres… Las palabras primeras que estaban escritas en el pergamino que se halló en la caja de plomo eran éstas: Los Académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha, hoc scripserunt“.

Cervantes conocía bien esta parte de la Mancha, sus demarcaciones e historia, y especialmente la de Argamasilla cuando la describe como “lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”. Que es lugar de la Mancha no cabe duda alguna, pues en sus respuestas a las Relaciones Topográficas en 1575, dicen: “… que el reino en que comúnmente se cuenta este pueblo es en el de Toledo, en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está sentado se llama la Mancha”. Pero no lo era como tal pueblo o lugar desde hacía mucho tiempo. El lugar de Argamasilla de Alba se funda después de dos reasentamientos de sus vecinos por causa de enfermedades debidas a los humedales cercanos, que originalmente estaban asentados en otros parajes cercanos de su término. En las mismas Relaciones Topográficas contestan que:

“… que la dicha villa es repoblación nueva de cuarenta y cuatro años a esta parte, un año más o menos, y que el fundador fue el prior don Diego de Toledo porque era en tiempo de la orden de San Juan de que era prior; y que esta población se fundó primero en la Moraleja que es término de dicha villa, habrá sesenta años poco más menos, y que por enfermedad se despobló y después se pobló en el Cerro Boñigal, cerca de los molinos que dicen de Santa María, término de esta villa, y se decía la dicha población la villa de Santa María de Alba, y por enfermedades se trasladó a donde al presente está fundada que es en la dicha villa de Argamasilla de Alba, habrá los dichos cuarenta y cuatro años como está dicho”

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La actual Argamasilla de Alba se fundó en 1531, año en el que es nombrado Prior de la Orden de San Juan don Diego de Toledo, coincidiendo con la respuesta dada. Si Cervantes describía en 1605 que “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años…”, tenemos que  Alonso Quijana nacía en el entorno de 1550, pocos años después de haberse fundado como lugar Argamasilla de Alba. Por este motivo histórico tiene el sentido la frase de: “lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”, y la singularidad de Argamasilla como lugar nuevo, como también así se le conoció en vida de Cervantes: Lugar Nuevo.

En su estancia, o estancias, en Argamasilla de Alba, la tradición argamasillera así lo afirma, incluso la de haber iniciado el Quijote en su cárcel, Cervantes tuvo que haber conocido y tratado a estos vecinos sabios, que en todos los pueblos de la Mancha había, y hay, a los que llamó o apodó: Académicos de la Argamasilla. Singularmente, en esta parte de la Mancha, siempre se ha utilizado un sobrenombre para identificar a las personas, conocido aquí como apodo o mote. Este sobrenombre puesto a una persona del lugar era fijado por el resto de sus vecinos por su aspecto físico, costumbres, profesión o por una anécdota personal puntual, y era de tal precisión y calado que se llegaba a transmitir incluso a varias  generaciones posteriores de la familia. Mucho se ha hablado de los sobrenombres o apodos de los Académicos de la Argamasilla: Monicongo, Paniaguado, Caprichoso, Burlador, Cachidiablo y Tiquitoc, y casi siempre desde la ignorancia que se tiene de esta parte de la Mancha, elucubrando o fantaseando sobre uno u otro de estos personajes y el propio Cervantes. Simplemente son los apodos con los que eran conocidos en Argamasilla de Alba estos vecinos suyos cuando Cervantes los conoció y trató. Una Academia, como sede o lugar donde se dedican al estudio de las letras, es improbable que hubiese en aquella Argamasilla, tal y como se conocía en otros lugares de España, pero no es nada improbable que Cervantes conociese a argamasilleros a los que les gustase el arte de la poesía y con su genial humor así los retrató: los Académicos de la Argamasilla.

Un autor coetáneo de Cervantes es Francisco de Contreras, natural de Argamasilla de Alba, que en el año 1624 publica en Madrid el poema épico: Nave trágica de la India de Portugal.

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Este poema épico está dedicado a Lope Félix de Vega Carpio, quien como Fiscal de la Cámara Apostólica es también quien se lo aprueba. Y entre los poemas laudatorios al autor, hay una décima del mismísimo Lope de Vega dedicada a Francisco de Contreras,  que termina con: Que su ingenio pudo hacer / Todos sus versos estrellas.

La conocida rivalidad literaria y personal entre Cervantes y Lope de Vega, y esta extraña, por excelente, relación entre Lope de Vega y el argamasillero Francisco de Contreras, ha hecho suponer que Contreras fue uno de los enemigos de Cervantes, y que éste se propuso ridiculizarle en el Quijote llamándole académico…”, tal y como lo afirma el geógrafo Antonio Blázquez en su conferencia La Mancha en tiempos de Cervantes, leída en la Real Sociedad Geógrafica, en 1905. O también a Manuel Serrano y Sanz en Dos notas al Quijote, publicado en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, de abril y mayo de 1900, decir: “… más bien pudo Cervantes conocer a Contreras, y acaso un manuscrito de su poema u otros versos suyos, y satirizarle encubiertamente por ser de Argamasilla y amigo de Lope”.

¿Pudo ser el argamasillero Contreras el buscado “Avellaneda”? Avellaneda, a diferencia de Cervantes, no deja duda en su Quijote apócrifo de donde su don Quijote: “Al Alcalde, Regidores, y hidalgos, de la noble villa del Argamesilla, patria feliz del hidalgo Cavallero Don Quixote de la Mancha”. Sin duda alguna, Argamasilla de Alba, es un lugar cervantino indiscutible, su tradición lo avala.

Puerto Lápice. Es el cuarto mojón o hito geográfico que cierra el borde de la comarca manchega de don Quijote. Localidad actual de la provincia de Ciudad Real, en tiempos de Cervantes no era más que una venta en un camino real en la Mancha, junto a unas casas quintería de agricultores dentro de los límites de Herencia. Con este topónimo es nombrado en las Relaciones Topográficas de Herencia en 1575: “… en el término de ella está una venta que se dice el Puerto Lápice como está declarado y esto responden, y esta venta es de un particular vecino de Villafranca”. Hacia ese enclave geográfico se dirigen don Quijote y Sancho Panza después de la famosa batalla de don Quijote contra los molinos de viento, “porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser un lugar muy pasajero” (1, 8)

Hay autores que llevan a esta venta, de Puerto Lápice, a don Quijote en su primera salida donde es armado caballero, sin tener en cuenta el episodio descrito anteriormente de Andresillo y el rico ganadero Haldudo, de Quintanar. La venta donde es armado caballero y el paraje cercano donde sucede esa dramática escena se encuentran cerca del lugar de Quintanar, de la Orden de Santiago, y Puerto Lápice pertenece a la Orden de San Juan, donde de haber llevado Haldudo allí su ganado, tendría que estar pagando dinero por usar el paso y los pastos, muy lejos de su casa, cuando cerca de Quintanar el pasto era comunal a todos los vecinos, sin coste alguno para su hacienda.

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La comarca manchega de don Quijote está atravesada, de oeste a este, por uno de los caminos más importantes utilizados en España, el camino de Toledo a Murcia, en el que transita don Quijote, especialmente durante toda la primera salida de su casa, por el que cabalga “sin acontecerle cosa que de contar fuese”, hasta que llega cansado, al final del día, a la venta donde es armado caballero: “… vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella” Que camina por este camino de Toledo a Murcia y que la venta está junto a este camino queda evidenciado cuando, armado caballero, sale al amanecer de la venta de regreso a su casa por el mismo camino, y poco después de la aventura de Andresillo y el rico de Quintanar, sigue caminado a casa y:

En esto llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y por imitarlos estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza.

Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie” (1, 4)

La descripción de Cervantes de esta vía de comunicación y del cruce de caminos, donde don Quijote deja al bueno de Rocinante tomar la decisión del camino a llevar, ¡bien sabía él que tomaría su querencia a la cuadra de su casa!, coincide con la guía de viajes de la época, conocido como Reportorio de todos los caminos de España, de Juan de Villuga, publicado en 1546, y con las contestaciones de los pueblos de la Mancha en las Relaciones Topográficas de 1575.

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Desde Toledo, los viajeros con destino a Murcia podían seguir dos variantes, de idéntica longitud, elegidas por unos viajeros u otros según los intereses por los lugares de paso, mercancías, etc. Saliendo de Toledo y llegando a Nambroca y Almonacid, desde aquí podía seguirse estas dos variantes:

-Variante Norte. Pasando por Tembleque, Villacañas, Villa de Don Fadrique, Puebla de Almoradiel, El Toboso, Venta de Manjavacas, Las Mesas y El Provencio.

-Variante Sur. Pasando por Mascaraque, Mora, Madridejos, Camuñas, Villafranca de los Caballeros, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana y llegando al cruce de caminos tomar dirección hacia la Venta de Manjavacas o siguiendo a Mota del Cuervo continuar hacia El Pedernoso, Las Pedroñeras y El Provencio, desde donde ya es común el camino hasta Murcia.

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No todos los lugares del reino de Toledo contestaron a las Relaciones Topográficas y otras contestaciones no llegaron o se han perdido en el archivo de El Escorial, como las de Alcázar de San Juan o Almagro. Como ejemplo de los lugares que dicen ser de paso de viajeros de Toledo a Murcia, dentro de esta comarca manchega de don Quijote, tenemos estas respuestas:

-El Toboso: “Está en el camino que de Toledo va a Murcia,…”

-Madridejos: “Por esta villa pasan los carreteros y caminantes que vienen de Murcia a Toledo…”

-Campo de Criptana: “Esta villa es pasajera de carros que van de los reinos de Valencia y Murcia a Toledo…”

El encuentro de don Quijote de frente en este camino con los mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia, nos define la dirección evidente que llevaba nuestro caballero cuando iba a casa desde la venta, hacia Toledo, hacia el oeste. Casa de don Quijote que se encontraba en un lugar de esta comarca y atravesado por este mismo camino, tal y como el cura del lugar de don Quijote afirma estar, cuando en el engaño para convencer a don Quijote de abandonar el lugar de penitencia en Sierra Morena hace que el viaje, a seguir con la princesa Micomicona, hacia el fabuloso reino de Micomicón, pase por su pueblo: “Así es, dijo el cura, por mitad de mi pueblo hemos de pasar, y de allí tomará vuestra merced la derrota de Cartagena, donde se podrá embarcar con buena ventura…” (1, 24).

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En las dos primeras salidas de su casa, don Quijote lo hace por el mismo camino y dirección, por tanto hacia el este, hacia Murcia, donde se encuentra con la venta donde es armado caballero, en la primera salida, y con los molinos de viento, en la segunda. Molinos de viento que deben estar muy cerca del lugar de don Quijote y Sancho, pues llegan a ellos al amanecer, habiendo salido de su casa en mitad de la noche, y no ser vistos por sus familias y vecinos. Campo de Criptana, es el único lugar de esta comarca de don Quijote, y de toda la Mancha, que pudo tener más de treinta molinos en aquella época, es un lugar principal de esta comarca manchega, aunque no esté nombrado por su topónimo en el Quijote.

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En la época de Cervantes había tres ventas en esta comarca manchega de don Quijote: Venta de Puerto Lápice, Venta de Las Motillas y Venta de Manjavacas. Esta última, en el término de Mota del Cuervo, se encontraba junto al camino de Toledo a Murcia y al este de dicha comarca. Situación geográfica específica que la hace ser la venta donde es armado caballero don Quijote, y desde la que caminando en sentido oeste, hacia Toledo, se encuentra, después de dejar atrás el cruce de caminos, con los mercaderes toledanos que iban a Murcia. Desde las demás ventas no sería posible este encuentro descrito por Cervantes. Esto que hay que explicarlo hoy no hacía falta hacerlo en la novela entonces, sus lectores conocían las ventas, caminos, cruces… como el autor.

Esta comarca manchega de don Quijote está surcada por varios ríos principales, que se juntan en la parte central de ella: Guadiana por el Canal del Gran Prior, Záncaza y Gigüela. Cervantes conoce este sistema hidrológico manchego, tan peculiar, de tener varios ríos cercanos donde beber agua y, además de los arroyos y fuentes, apacentar a los rebaños de ovejas. Uno de los rebaños que irían a beber agua a esos ríos, en plural, era el de don Quijote, durante su retiro de caballero andante durante un año: “… yo compraré algunas ovejas, y todas las demás cosas, que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo el pastor Quijótiz, y tú el pastor Pancino, nos andaremos por los montes, por las selvas, y por los prados, cantando aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos…”  No muy largo del lugar de don Quijote y Sancho deben de estar estos ríos, cuando al final de este coloquio entre caballero y escudero, Sancho, aunque algo escéptico por el nuevo trabajo de pastor, al menos se contenta con que su hija les llevaría la comida: “Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato”. La cercanía a casa es evidente.

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Ríos a los que también Sancho iba a pescar, para, además de entretenerse, complementar la escasa despensa familiar, como también lo hacía el escudero del Caballero del Bosque, vecino de Sancho Panza, como afirman los dos mientras comentan el sufrido oficio de escudero: “… qué escudero hay tan pobre en el mundo, a quien le falte un rocín, y un par de galgos, y una caña de pescar, con que entretenerse en su aldea? A mí no me falta nada deso, respondió Sancho, verdad es que no tengo rocín: pero tengo un asno, que vale dos veces más que el caballo de mi amo” (2, 13)

La pesca, actividad muy rara en esta parte de la Mancha. Todos los lugares de las riberas del Záncara y Gigüela afirman, en sus respuestas a las Relaciones Topográficas, que no se pescaba en ellos porque los ríos se secaban gran parte del año o el pescado era muy pequeño e inservible para comer. Argamasilla de Alba, al estar en la ribera del Canal del Gran Prior del Guadiana, que corría caudalosamente todo el año, declaran pescar con distintas artes, aunque la pesca es propiedad del Prior, que arrienda su explotación: “… hay peces y bogas que se pescan con esperabeles y garlitos y red y barcos, y son del prior de San Juan, y se suelen arrendar en tres mil maravedís y siete u ochos arrabales de peces”

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El conocimiento de Cervantes de la geografía física de esta comarca, sus bordes y sus caminos, es el mismo que tendrían de ella sus lectores y los viajeros que pasasen por ella, por lo que no necesitaba dar más detalles para enmarcar las escenas de su novela en ella. Además, complementa la imagen geográfica de la comarca con ciertas actividades singulares de sus vecinos, además de la pesca. La actividad agrícola y ganadera es la principal en toda esta parte de la Mancha. Si el mismo don Quijote contaba con algunas fanegas de tierras, que daría su aprovechamiento en renta por ser hidalgo, Sancho Panza era agricultor a jornal. El cereal recogido tenía que ser molido para hacer la harina, alimento principal para el sustento de los vecinos y animales, en los molinos de agua, o aceñas,  instalados en los ríos cercanos a los lugares, operados por molineros y ayudantes de molinero, profesiones ancestrales en esta comarca. La mayoría de estos ríos dejaban de correr en la época de verano, excepto el Guadiana, por lo que en una parte importante del año no funcionaban los molinos de agua, coincidiendo con la recolección del cereal. Además, esta parte de la Mancha sufre sequías periódicas durante toda su historia, que hace que los ríos se sequen, como la que sufrió en el siglo XVI, durante casi medio siglo, por lo que surgió la necesidad de construir unos nuevos tipos de molinos, muy innovadores técnicamente, capaces de mover sus muelas con la fuerza del aire: los molinos de viento. El oficio de molinero cambiaba de lugar, de los cauces de los ríos a los cerros o sierras de los pueblos mejor orientados.

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Pero estos molinos de viento no se construyeron en toda la Mancha por igual, ya que algunos ríos sí corrían en verano, como el  Guadiana, que en parte de esta comarca manchega de don Quijote  transcurre por tierras gobernadas por la Orden de San Juan. El Prior de esta orden era el propietario de los excelentes molinos de agua, instalados en Ruidera, y no autorizó la construcción de los molinos de viento en su zona administrativa, hasta finales del siglo XVII, asegurándose así las moliendas en sus molinos de agua, y sus ingresos, aunque los agricultores tuviesen que desplazarse con sus cargas de grano y harina en carros o animales durante muchos kilómetros.

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La comarca manchega de don Quijote está dividida entre la Orden de San Juan y la Orden de Santiago, principalmente. En la Orden de Santiago estos artilugios se comenzaron a construir desde mediados del siglo XVI. En toda la Mancha, antes de publicar la primera parte del Quijote, en 1605, Cervantes pudo ver o conocer los molinos de viento en los lugares de Campo de Criptana, Belmonte, Las Mesas, Mota del Cuervo, El Pedernoso, El Toboso, Villaescusa de Haro y Chinchilla de Montearagón. Dentro de la comarca manchega de don Quijote solo en Campo de Criptana, El Toboso, Mota del Cuervo y Las Mesas, todos pertenecientes a la Orden de Santiago.

El lugar de don Quijote era uno de los que no contaba con ellos, teniendo que describírselos el mismo Sancho Panza, poco antes de cargar don Quijote contra uno de ellos: Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino” (1, 8). Sancho sí los conocía al ser agricultor a jornal y ver o tener que llevar grano a moler a estos artilugios en otros lugares cercanos al suyo. Los vecinos de don Quijote, en verano, tenían que ir a moler o a los molinos de agua del Prior, en el río Guadiana, o a los de viento en los lugares cercanos que los tuviesen, lo que justifica el gran número de molinos de viento construidos en Campo de Criptana y en menor número en Mota del Cuervo, en la Orden de Santiago.

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De un molino de viento venía de llevar una carga de trigo el vecino de don Quijote, Pedro Alonso, que fue el que lo auxilió después de la paliza que un mozo de mulas de los mercaderes toledanos le propinó a nuestro caballero, por culpa de un tropiezo de Rocinante. Venir de algún molino de agua, en verano, cercano al camino de Toledo a Murcia es geográficamente imposible porque los ríos Záncara y Gigüela no corrían durante el estío, y el Guadiana está muy lejos, al sur, de este camino principal:  “Y quiso la suerte que cuando llegó a este verso acertó a pasar por allí un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino, el cual viendo aquel hombre allí tendido, se llegó a él y le preguntó que quién era y qué mal sentía, que tan tristemente se quejaba…” (1, 5). Pedro Alonso, cuando lo reconoce como Alonso Quijana, su vecino,  lo sube como puede sobre su borrico, recoge sus armas, y atando  del ramal a Rocinante se encamina a su lugar, donde llega cuando ya anochecía. Si la aventura con los mercaderes toledanos ocurre a dos millas del cruce de caminos, hacia Toledo, los únicos molinos de viento cercanos, más al este, de los que podía venir de dejar la carga de trigo son los de Mota del Cuervo.

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La alfarería, es una actividad muy común en esta comarca, donde se fabricaba y abastecía a los vecinos de vasijas, cántaros y tejas. Buen barro y mejores alfareros había en Mota del Cuervo y Villafranca de los Caballeros. Una de las actividades alfareras más singular, en esta comarca de don Quijote, era la fabricación de grandes tinajas donde almacenar vino y aceite,  principalmente. El Toboso era el único lugar donde se hacían las tinajas que Cervantes conoció, en la misma alfarería o en cualquier de los lugares próximos a él, hasta donde se trasladaban estas “panzudas”, como se les conocía y se les sigue conociendo por su peculiar forma. Así contestaba El Toboso en sus Relaciones Topográficas, en 1575: “Lo que en el dicho pueblo se ha labrado y labra y hace mejor que en otro lugar de España son las tinajas para tener vino, aceite y lo que mas quisieren echar en ellas, y de las hacer hay en el dicho pueblo mucha pericia y sciencia, este trato va ya cesando por la falta de leña para las cocer”

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Cervantes las describe precisamente en un lugar tan cercano al El Toboso, como es en el lugar del Caballero del Verde Gabán, donde llegan, don Quijote y Sancho, después de pasar por El Toboso en su camino hacia Aragón, por tanto, muy cerca del lugar de Dulcinea:

Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que por ser del Toboso le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea, y sospirando y sin mirar lo que decía ni delante de quien estaba, dijo:

¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas; dulces y alegres cuando Dios quería!

¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura!” (2, 18)

Estas tobosescas tinajas no se trasladaban muy largo de El Toboso, por lo costoso y arriesgado que era su traslado, siendo  muy apreciadas y usadas en toda la comarca manchega de don Quijote.

La geografía física cercana al lugar de don Quijote, cuyos bordes y caminos están definidos en la propia novela, desde hoy, tiene ya nombre: “La comarca manchega de don Quijote”. Salirse de esta comarca para intentar buscar el nodo principal, el lugar de origen de don Quijote u olvidarse de esta comarca, como inicio de las aventuras de don Quijote, en la definición de las rutas, caminos, programas oficiales o pretensiones de cualquier índole, es sencillamente manipular o interpretar intencionadamente el texto cervantino.

Definir claramente esta comarca no ha tenido nunca interés oficial, porque siempre ha sido más “políticamente correcto” difuminar la figura de don Quijote entre la totalidad de los lugares de las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, y desde la división de España en Regiones Autónomas, también en la alcarreña Guadalajara. Y así se sigue haciendo, quizás sabiendo que la mayoría de los visitantes a la Mancha poco o nada han leído el Quijote y es fácil “orientarlos” hacia donde se les quiere llevar. Hoy esto está cambiando y son más los que desde cualquier lugar del mundo están dispuestos a venir a conocer y caminar por los mismos sencillos caminos y parajes que lo hizo don Quijote. Y después, como no, visitar y conocer todos nuestros recursos naturales, históricos, gastronómicos y museísticos, colaterales a la novela en nuestra Castilla-La Mancha.

Los que visiten esta comarca en busca del espíritu de don Quijote y Sancho, no van a encontrar un parque temático quijotesco, espectáculos quijotescos en sus calles de ordinario, solo pueblos más o menos cercanos, sencillos y humildes, unidos por buenas carreteras y caminos, con infraestructuras hoteleras muy dignas para cualquier tipo de visitante, donde poder alojarse y establecimientos donde poder disfrutar de la exquisita comida manchega. Quizás es esta sencillez y monotonía manchega actual, la misma que conoció Cervantes y la quiso hacer comarca de sus modelos humanos, Alonso y Sancho, conservándose aún la idiosincrasia manchega de la novela.

Y dentro de esta comarca está el lugar de don Quijote, ¡vengan y búsquenlo! Quizás cada lector cervantino encuentre el suyo, pero háganlo con un Quijote en la mano. Al menos ya sabemos que de esta comarca cervantina, los lugares nombrados en el Quijote y que forman sus límites geográficos: Tembleque, Quintanar, Argamasilla de Alba y Puerto Lápice no lo son, al estar nombrados en la novela, que por expreso deseo de Cervantes el de don Quijote, de cuyo nombre, no quiso acordarse. Como tampoco pueden ser El Toboso, el lugar de Dulcinea, y Campo de Criptana, el lugar de los más de treinta molinos de viento contra los que luchó nuestro hidalgo al poco de salir de su casa por el camino hacia el este.

¡Lector ocupado! para facilitarle la tarea, recuerde estas consideraciones cervantinas:

– El camino de Toledo a Murcia pasa por mitad de lugar de don Quijote.

– Don Quijote en su primera salida de su casa camina hacia el este, llegando a una venta cercana a Quintanar. Venta que esta junto al mismo camino a Murcia.

– En su segunda salida, ya junto con Sancho, vuelve a salir  por el mismo camino y dirección, encontrándose muy cerca de su pueblo con los molinos de viento de Campo de Criptana. Y como buenos lectores del Quijote se harán una pregunta: ¿Cómo es que esta vez se encuentran con los molinos de viento y cuando salió solo don Quijote no los vio? ¿Otra contradicción del autor o necesidad del impresor? Busquen los primeros mapas del Instituto Geográfico Nacional, MTN50, los más antiguos que puedan, e intenten encontrar un camino que se desvíe del que va a Murcia al poco de salir de su pueblo y que se dirija a los molinos de Campo de Criptana. Y si lo caminan al amanecer puede que los rayos del sol les den suaves de soslayo, como a nuestros protagonistas.

–  El lugar de don Quijote tiene un camino que va derecho a El Toboso. Es el que toma en su tercera salida. Está tan cerca de él, que se tarda en llegar una jornada de Rocinante, que como nos define Cervantes hasta el rucio de Sancho vale “dos veces más que el caballo” de don Quijote. Entre unos 25 a 30 kilómetros, la mitad que un caballo o borrico normal.

– El lugar de don Quijote no tenía molinos de viento, en tiempos de Cervantes. Mota del Cuervo y Las Mesas también pueden descartarlo. Además de disponer de estos molinos de viento en 1605, está geográficamente al este de la comarca de don Quijote, y nunca de regreso a casa se encontraría don Quijote con unos mercaderes que iban a Murcia. Tengan en cuenta que ahora hay lugares como Alcázar de San Juan, Herencia, Puerto Lápice o Tembleque, e incluso más lejos Consuegra, que si los tienen, pero su construcción fue posterior a la muerte del autor del Quijote. ¿Será Mota del Cuervo el lugar del Caballero del Verde Gabán?

–  En nuestros restaurantes pida un ajoarriero o un atascaburras de bacalao. Lo comían así don Quijote y Sancho, pescado salado que traían los arrieros de Andalucía. Pero en el lugar de don Quijote también se consumía el pescado de río, que se pescaba a caña especialmente en el Canal del Gran Prior del Guadiana. No muy largo de este recurso hidrológico, está la vieja caña de pescar de Sancho.

– No busquen un lugar pequeño, una aldea. El lugar de don Quijote y Sancho era una villa, con picota, a la que un rayo, real o de ficción, le cayó cuando Sancho ejercía de gobernador de Barataria. Una aldea no tenía picota donde exponer o ajusticiar a los delincuentes condenados, ni tampoco caballeros, escribanos, confesores…

¡Yo tengo la inmensa suerte de vivir en él!

 

Luis Miguel Román Alhambra

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¡QUÉ SUERTE TIENEN YA EN EL CIELO!

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Antonio Fraguas de Pablo Forges,  nos dejó hoy su última viñeta en el periódico El País, y ya tiene a ¡todo dios! riendo en el Cielo. Humorista gráfico, más de cincuenta años, ha retratado la idiosincrasia española como nadie y, como no podía ser de otra manera, ha interpretado también el Quijote.

Como pequeño homenaje, a esta buena persona, dejo aquí algunas de las muchas viñetas cervantinas:

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¡Su tercer apellido era Saavedra! ¡Quizás su genial humor le venga de familia!

¡¡Que en paz descanses!!

 

                      Luis Miguel Román Alhambra

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LA IMAGEN DE LA MANCHA. FEBRERO

¡En febrero volveré al Montón de Trigo, seguro! Así terminaba mi artículo anterior y de nuevo la nieve casi me lo impide. Pero esta vez la imagen de la Mancha nevada, desde este singular altillo manchego, tenía que guardarla en mi retina y en las de todos los  que visitáis este blog.

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Las previsiones meteorológicas se han cumplido y ha nevado en toda la Mancha. Al amanecer miro por la ventana y ya está todo cubierto del manto blanco tan ansiado por los niños, y por los no tan niños. Es muy temprano y decido ir al Montón de Trigo cuando pasen unas horas, y así poder encontrarme el camino de tierra en mejores condiciones.

En Alcázar de San Juan el espíritu cervantino se encuentra en muchas de sus calles y plazas. El autor y sus personajes están entre nosotros, y decido ir andando a ver su singular imagen hoy.

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Llego al atrio de la iglesia de Santa María y, como no puede ser de otra manera, me viene a la cabeza que en 1748, en esta misma iglesia, se encontró la partida de bautismo de un niño que era cristianado un frío día de noviembre de 1558. Sus padres,  Catalina López y Blas Cervantes Saavedra, le pusieron Miguel de nombre.

Cinco años más tarde de este hallazgo cervantino, se encontró otra partida de bautismo en Alcalá de Henares, también de otro niño cuyos padres, Leonor de Cortinas y Rodrigo Cervantes, le pusieron de nombre Miguel. Los documentos aparecidos posteriormente en distintos archivos españoles, especialmente sobre su rescate en Argel por los trinitarios,decantaron definitivamente el lugar de nacimiento del autor del Quijote en Alcalá de Henares. Pero los alcazareños creemos desde entonces que fue nuestro vecino Miguel el que escribió: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

Dos Cervantes bautizados con el nombre de Miguel, con once años de diferencia de edad entre ellos, y dos Migueles de Cervantes heridos en la batalla naval de Lepanto. Sin duda alguna se conocieron en el hospital militar de Mesina, en Sicilia, cuando recibían algo de dinero por orden de don Juan de Austria mientras sus heridas sanaban. ¡Cuánta coincidencia! Uno de esos  dos Migueles heridos fue el que firmó el Quijote, pero ¿quién era el otro Miguel? Miro el perfil de este Miguel, cubierto de una fina capa de nieve, y me parece que esboza una ligera sonrisa cómplice… ¡quizás a él también le gusta la nieve que hoy cubre su Alcázar!

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No tardarán en salir, hoy mismo, quien me recuerde que mi vecino Miguel no pudo estar en Lepanto y ser uno de esos dos Migueles heridos en el hospital de Mesina, asegurando que el mozo alcazareño solo tendría trece años de edad en aquel octubre de 1571. Yo solo les recomiendo antes que abran el Quijote por el capítulo LI de la primera parte y lean lo que un cabrero allí cuenta:  “En esta sazón vino a nuestro pueblo un Vicente de la Rosa, hijo de un pobre labrador del mismo lugar, el cual Vicente venía de las Italias y de otras diversas partes de ser soldado. Llevole de nuestro lugar, siendo muchacho de hasta doce años, un capitán que con su compañía por allí acertó a pasar, y volvió el mozo de allí a otros doce vestido a la soldadesca…”  Bueno, será otra contradicción del autor o error del impresor, como siempre justifican algunos.

Dejo al autor y voy a ver a sus personajes. Están, desde la década de los años setenta del pasado siglo XX, ocupando un sitio preferente en la Plaza de España, frente al ayuntamiento. Vistos, tocados y fotografiados por sus vecinos y visitantes, también tienen hoy esa bonita pátina blanca sobre ellos.

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Lo que no me cabe ninguna duda es que sus personajes sí eran vecinos de Alcázar de San Juan. Don Quijote y Sancho salieron desde aquí por los caminos de la Mancha en busca de las aventuras. Personajes y aventuras de ficción que genialmente sitúa Cervantes en una geografía real, la que él mismo y sus lectores coetáneos conocían, así de sencillo es el cuento cervantino.

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Y hacia los molinos de viento se dirigieron desde su pueblo en medio de una noche de verano. Y se encontraron con los molinos de Campo de Criptana, los mismos a los que hace un mes también me encontré en una fría mañana de enero. Alcázar de San Juan en tiempos de Cervantes no tenía molinos de viento, como el lugar de don Quijote descrito en la novela, por encontrase en los dominios de la Orden de San Juan y no contar estos artilugios con la autorización de su Prior para su construcción. Desde principios del siglo XVIII ya contamos sobre el Cerro de San Antón con estos ingenios, y hacia ellos me dirijo con la intención de hacer una fotografía del inmenso paisaje manchego que desde la cresta del cerro se divisa. La nubosidad me lo impide, pero no de acercarme hasta estos gigantes, hoy difuminados pero tan impresionantes como siempre.

¡Volveré el mes que viene a Montón de Trigo, será ya marzo! 

 

Luis Miguel Román Alhambra

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LA IMAGEN DE LA MANCHA. ENERO

Hoy es siete de enero. Con espíritu de niño miro a través de la ventana con la esperanza de que los pronósticos de nieve se cumpliesen en esta parte de la Mancha, pero solo está lloviendo. No sé si podré subir al cerro del Montón de Trigo para hacer mi fotografía de primeros de mes. Me dirijo a él y compruebo que sigue chispeando y el suelo está embarrado, subir a pie a él es toda una temeridad, más para mis zapatos que no son los adecuados para la lluvia y el barro. Antes de llegar, desde el camino de la Casa de la Hidalga hago esta fotografía de él.

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¿Habrá nevado en la sierra de Campo de Criptana? Las previsiones eran que lo haría en la Mancha por encima de los 700 m.s.n.m. y la Sierra de Criptana está a 750 m.s.n.m. Solo estoy a unos cuatro kilómetros desde aquí y no pierdo nada en ir. Conforme voy acercándome, a tan solo dos kilómetros veo como un ligero manto blanco cubre el suelo, ¡por fin veo la esperada nieve! Antes de llegar a la cresta de la sierra veo las ruinas de uno de los más de treinta molinos que en tiempos de Cervantes tuvo Campo de Criptana.

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¡Otro gigante que resiste el paso del tiempo! quizás esperando que otro chileno, como Carlos Sander, venga a animarnos a restaurar esta obra civil del siglo XVI. La figura de este cónsul de Chile en España me fascina por su amor por estos artilugios, que tanto grano molieron y tanta hambre quitaron, y hoy tantos recursos turístico-económicos nos ofrecen. Sander llegó a España en 1951 con el entusiasmo de conocer la Mancha de don Quijote y cuando subió a la sierra de Campo de Criptana y vio el estado casi ruinoso de los molinos de viento, tuvo la genial idea de restaurar aquellos gigantes contra los que luchó don Quijote con dinero de países del otro lado del océano. Y en 1960 el Quimera estaba terminado con los pesos recogidos para tal fin en las huchas puestas en Santiago de Chile. Años más tarde otros molinos volvieron a estar dispuestos a entrar en  descomunal batalla contra el olvido, y hoy podemos contemplar, también gracias a la aportación de gobiernos latinoamericanos.

Me bajo del coche y me acerco a este molino, aún es un molino. Reconozco su escalera por la que el molinero subía sobre sus espaldas los sacos con el grano para moler hasta la planta alta, donde las piedras hacían el milagro de convertirlo en fina harina movidas con el soplo del aire. ¡Bendito aire solano! cuantas madrugadas has hecho despertar al molinero de su dulce sueño para, casi sin quitarse las legañas, vestir con las recias lonas las aspas de su molino y aligerando el freno de la maquinaria de álamo negro hacer crujir la rueda catalina.

Estoy junto al primer peldaño de la escalera y hace mucho frío hasta en las entrañas abiertas de este gigante. Sigo pensando en Carlos Sander y en aquel alcalde criptanense, José González Lara, que creyó en el proyecto del chileno. ¡Cuánta ilusión hemos perdido los manchegos por lo nuestro! ¡Cuánta indiferencia de tantos gobernantes, con honrosas excepciones, miopes culturales que a lo sumo balbucean las primeras líneas del Quijote, nefastos gestores del gran legado que a la Mancha, y a los manchegos, dejó Cervantes haciéndola patria del Caballero de la Triste Figura!

Al menos Campo de Criptana puso el nombre de una calle en recuerdo de Carlos Sander, aunque muchos de sus vecinos ni saben quién fue. Aumenta el aire y por lo tanto la sensación de frio. Me subo de nuevo en mi vehículo y solo avanzando unos pocos metros vuelvo a parar, la imagen de los molinos de viento apareciendo ante mí en el cercano y gris horizonte es asombrosa.

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Busco en la mochila mi Quijote y salgo de nuevo del coche. Entre el aire y el frio casi soy capaz de pasar las hojas, hasta encontrar este texto, que leo muy despacio, no tengo ya prisa:

“En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas…”

¡Estoy viendo la misma imagen que Cervantes hace ver a don Quijote y a Sancho! Y todavía hay autores que dicen que la aventura de los molinos de viento es un recurso literario más, que las aventuras pueden pasar en cualquier lugar de la Mancha o incluso de Castilla, que la geografía del Quijote no existe… Pues que vengan aquí, como lo hizo Sander, que dejen sus cómodas estancias y pongan los pies en este camino, y verán cómo, ante sus incrédulos ojos, se descubren unos desaforados gigantes, los mismos molinos de viento que alguna vez vio don Miguel y los  encantó en gigantes.

Creo que, aunque este mes no he cumplido la promesa de hacer una fotografía desde el Montón de Trigo, esta imagen de los molinos de viento apareciendo en el horizonte manchego ha valido la pena. Regreso a casa, lo que parecía una fría y lluviosa mañana de enero, sin más, se ha convertido en un encantador y blanco  paseo quijotesco. Posiblemente he tenido los pies donde alguna vez los tuvo Cervantes y, con su ingenio, puso también al bueno de Alonso sobre Rocinante, aunque en verano.

En febrero volveré al Montón de Trigo, seguro.

                                            Luis Miguel Román Alhambra

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