LAS AVENTURAS DE DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA (II)

Si hay un lugar cervantino evidente, real, este es El Toboso. Si hay un paraje cervantino evidente, real, este es la Venta de la Inés, conocida en tiempos de Cervantes como Venta del Alcalde. Y como tal, la nombra en una de sus Novelas Ejemplares, Rinconete y Cortadillo:

 “A esta sazón pasaron acaso por el camino una tropa de caminantes a caballo, que iban a sestear a la venta del Alcalde, que está media legua más adelante…”

En mi Tesela “La venta cervantina de Sierra Morena y el lugar de don Quijote”, determino que la venta a la que don Quijote y Sancho llegan, después del encuentro y apaleamiento con los yangüeses, es esta misma Venta del Alcalde, nombrada unos años después en las Novelas Ejemplares (1613), como también es nombrada la anterior venta, de este mismo Camino de la Plata, en el comienzo de Rinconete y Cortadillo:

“En la venta del Molinillo, que está puesta en los fines de los famosos campos de Alcudia, como vamos de Castilla a la Andalucía, un día de los calurosos del verano se hallaron en ella acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años…”

A esta Venta de la Inés, o del Alcalde, llegué en el 2011 para documentar mi Tesela, también un día de los más calurosos de verano. Y salió a recibirnos, me acompañaba mi mujer Maite, su actual propietario don Felipe Ferreiro, que nació en esa misma venta en 1930, y donde ha estado toda su vida. Con una lucidez impresionante nos contó cómo había sido su vida en aquella venta, sus problemas continuos con los vecinos, grandes propietarios de las fincas, que incluso le negaban el acceso al agua. Cuando le revelo el objetivo final de mi trabajo, en el que determino geográficamente esa venta, en la que estábamos sentados mientras él preparaba la comida para su mujer y su hija junto al fuego, como a la que Cervantes había llevado a don Quijote y Sancho, después de la paliza de los yangüeses para pasar una noche entre más sobresaltos que plácido sueño, y desde la que se adentran a la mañana siguiente en Sierra Morena, él me dice que eso ya lo sabía, que se lo había contado su padre, y a su padre su abuelo y a su abuelo su bisabuelo. Pocas personas hay en el mundo que conozcan el Quijote como lo conoce don Felipe y que tengan tan clara la geografía real del Quijote por esta parte de Sierra Morena como la tiene él.

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Y desde esta venta de don Felipe, continúa mi trabajo:

LAS AVENTURAS DE DON QUIJOTE

Siguiendo la narración de las aventuras de don Quijote y Sancho por esta parte de Sierra Morena y con la referencia geográfica precisa de este batán cercano al Camino de la Plata, recorreremos esas dos leguas que separa la Venta de la Inés con el punto del camino desde el que decide don Quijote,   después de haberse consumado la liberación de los galeotes, adentrarse por lo áspero, sin camino o senda, de Sierra Morena, hacia el lugar elegido por él para hacer su penitencia junto a una peña.

 

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En esas dos leguas, unos doce kilómetros, de esta vía de comunicación tan importante en aquella época, Cervantes enmarca las aventuras aprovechando los elementos y las formas de su relieve. Distancia de dos leguas de camino acotada precisamente por Cervantes, cuando convencido don Quijote de dejar su penitencia y regresar a casa, Sancho Panza, Dorotea y el barbero, salen al camino real, donde se reúnen con el cura y Cardenio,  que  habían quedado allí esperándoles junto a un arroyo, y ya todos juntos se dirigen a la Venta de la Inés:

Concertáronse que por entonces subiese el cura, y a trechos se fuesen los tres mudando hasta que llegasen a la venta, que estaría hasta dos leguas de allí. Puestos los tres a caballo, es a saber: don Quijote, la princesa y el cura; y los tres a pie: Cardenio, el barbero y Sancho Panza,…” (I, 29)

Unos doce kilómetros de buen camino, en aquella época, donde nuestros manchegos universales divisan  ganados de ovejas que parecen ejércitos, se encuentran con una comitiva fúnebre por la noche, noche que la terminan de pasar cerca del batán y que al amanecer, don Quijote, consigue de forma poco pacífica el famoso Yelmo de Mambrino, que no era otra cosa que una sencilla bacía de latón de un barbero que por allí pasaba, para poco después liberar a unos presos que iban condenados a galeras. Camino carretero, o de rueda, de Toledo a Sevilla, puerto fluvial de origen y destino de los cargamentos de los barcos a América,  por el que transitaba muchísima gente, de todo tipo y condición, y por el que se transportaba una parte  considerable de la plata y el oro traídos desde el otro lado del Atlántico a la corte, en Toledo o Madrid. Una zona de Sierra Morena muy desconocida hoy al abandonarse este Camino de la Plata al tránsito de viajeros y mercancías, especialmente desde que se abrió el paso de Sierra Morena por el paraje de Despeñaperros en 1783.

EN LA VENTA

“De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él imaginaba ser castillo”. Este es el título del capítulo XVI, donde nos cuenta Cervantes la llegada de don Quijote y Sancho a la venta, después de haber sido apaleados por los arrieros yangüeses:

“El ventero que vio a don Quijote atravesado en el asno, preguntó a Sancho qué mal traía. Sancho le respondió que no era nada, sino que había dado una caída de una peña abajo, y que venía algo brumadas las costillas” (I, 16)

Sancho miente por miedo a que fuesen denunciados a la Santa Hermandad, al llegar a un establecimiento público en mitad de un camino en ese estado tan lamentable. Con la ayuda de la mujer del ventero y su hija, bajaron a don Quijote del borrico, y lo curaron de los muchos cardenales que en su cuerpo tenía, lo mismo que a Sancho. Acomodan a don Quijote en una mala cama y a Sancho a sus pies, sobre una estera de enea. Intentan dormir, pero el dolor es tan grande en sus cuerpos que este se lo impide.

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Después de la mala noche pasada en la venta, entre sobresaltos, golpes y  puñadas, al amanecer, don Quijote prepara el bálsamo de Fierabrás. Lo bebe y, después de vómitos y sudores, está tres horas durmiendo, levantándose curado, según él. Advirtiendo la milagrosa curación de su amo, Sancho también se lo toma, pero con muy diferente resultado en su cuerpo, pensando incluso que estaba cerca de la muerte. Algo repuesto Sancho, don Quijote había decidido abandonar ya la venta, sin pagar los gastos ocasionados en ella, y cuando Sancho salía siguiéndolo el ventero lo retiene, manteándolo en el patio y quitándole sus alforjas, como pago en especie.

Es ya media mañana, de un día caluroso de verano, cuando Sancho se ve ya, por fin, libre de sus manteadores fuera de la venta, donde le esperaba don Quijote:

“Así como bebió Sancho, dio de los carcaños a su asno, y, abriéndole la puerta de la venta de par en par, se salió della, muy contento de no haber pagado nada y de haber salido con su intención, aunque había sido a costa de sus acostumbrados fiadores, que eran sus espaldas. Verdad es que el ventero se quedó con sus alforjas en pago de lo que se le debía; mas Sancho no las echó menos, según salió turbado.” (I, 17)

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Don Quijote se justifica por no haberle podido ayudar durante el agravio del manteo, pues creía estar la escena encantada, aunque Sancho discrepa con su amo de la naturaleza encantada de sus manteadores. Para él eran “de carne y hueso como nosotros”, y manifiesta a don Quijote el convencimiento de que harían bien volviéndose a casa, pues desde que salieron de su pueblo “todo ha sido palos y mas palos, puñadas y más puñadas”.

                                               Luis Miguel Román Alhambra

 

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LAS AVENTURAS DE DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA (I)

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Esta es la portada de mi último trabajo que por fin ya está en la imprenta.

Mientras que los cuidadosos impresores hacen su trabajo, voy a ir publicando en mi blog parte de él. Más cuando la presentación del libro no está ni cerrada en fecha ni en lugar. La tirada de la primera edición será muy pequeña, y como en Mi vecino Alonso yo mismo seré el editor. Conseguir que alguien crea en estos trabajos de investigación sobre el Quijote, instituciones o editores, es sencillamente imposible, y más si lo expuesto o las conclusiones no es lo académicamente aceptado.

En La venta cervantina de Sierra Morena y el lugar de don Quijote determino que esa venta a la que hace Cervantes llegar, después de ser molidos a palos por los yangüeses, a don Quijote y Sancho. Esta Venta de Juan Palomeque, en la ficción del Quijote, es la Venta del Alcalde cuando Cervantes dormía en ella en sus viajes a o desde Andalucía, y ahora, para los viajeros cervantinos del siglo XXI, es la Venta de la Inés. Punto de inicio de este trabajo.

Espero que disfruten leyendo este trabajo, tanto como yo haciéndolo.

INTRODUCCION

Del Quijote se ha escrito mucho, incluso desde antes de salir de la imprenta madrileña de Juan de la Cuesta en 1605 y 1615. Desde críticas y murmuraciones de sus colegas coetáneos, posiblemente porque intuían el alcance popular del Quijote, hasta la interpretación apasionada de cualquier profesional que ve en Cervantes a un experto en el especial conocimiento de su disciplina. Sin faltar autores dedicados a resaltar las contradicciones, errores o simples descuidos encontrados en el texto, e incluso hay quienes cuestionan el propio ingenio de Cervantes para su creación.

Geógrafos, astrónomos, físicos, médicos, psicólogos, psiquiatras, historiadores, botánicos, filólogos, teólogos, músicos, economistas, jueces, abogados, fiscales, etc.,  reconocen en Cervantes amplios conocimientos. Y sin embargo, hasta hoy, no tenemos de Cervantes rastro evidente de su paso por alguna universidad española, ni europea. ¿Es tan complejo y erudito el Quijote como tantos han afirmado? ¿Contempla tantas disciplinas en grado tan alto de conocimiento? Mi respuesta a estas dos interrogantes es: no. El Quijote es una obra genialmente sencilla, escrita para todos. Esta sencillez la ha hecho tan dinámica y actual.

Cervantes crea en el Quijote una nueva técnica narrativa, diferente a la empleada en las novelas de autores anteriores a él. Sabe lo que desea transmitir a sus lectores y lo hace de forma sencilla, cercana y creíble. Lejos de fantásticas aventuras en reinos de fábula, con caballeros inmortales y  doncellas de eterna belleza y juventud, utiliza en su narración lugares, caminos, parajes, construcciones, enseres y personas normales. Retrata con palabras a  hombres y mujeres corrientes, los relatos y sucesos de su tiempo, la política y su sociedad. Y con genial ambigüedad los encanta o desencanta para amoldarlos a la historia del hidalgo manchego. Incluso los personajes que intervienen en el Quijote pudieron ser reales, con sus virtudes y sus vicios, a los que conoció en algún lugar, o de los que escuchó murmurar en alguna venta junto a la lumbre en boca de unos o de otros. Con esta técnica narrativa,  tan sencilla, pero tan novedosa en su tiempo, acerca la historia del Caballero de la Triste Figura a los lectores, que también conocen las mismas situaciones humanas y sociales que está describiendo, haciendo del Quijote el mayor vínculo entre la literatura y la vida misma.

Cervantes no tuvo ninguna intención especial en describir la Geografía Física y Humana de la Mancha ni de transmitir su conocimiento histórico en el Quijote, aunque recurra a ambas ciencias, Geografía e Historia, para crear su novela. Para los filólogos este realismo geográfico e histórico no tiene ninguna  importancia en la obra, considerándolo como un simple recurso literario de Cervantes. Sin embargo, en Sierra Morena, espacio geográfico real, por uno de los caminos más importantes que la atraviesa, ocurren unos hechos históricos coetáneos a Cervantes, que han quedado interrelacionados, en el mismo espacio y camino, en las aventuras del famoso caballero manchego y su fiel, y amigo, escudero.

En La venta cervantina de Sierra Morena y el lugar de don Quijote (Román Alhambra, 2012), se identifica la venta adonde don Quijote y Sancho Panza llegan molidos y quebrantados, por los palos de los arrieros yangüeses, y en la que transcurren tantos capítulos de la primera parte del Quijote. Esta venta, conocida en tiempos de Cervantes como la Venta del Alcalde, es la actual Venta de la Inés. Entre sus paredes acontecen muchas aventuras y se intercalan cuentos e historias. Desde esta venta, pasada la primera noche, no sin sobresaltos y más golpes, se dirigen hacia el interior de Sierra Morena por el antiguo Camino de Toledo a Sevilla, conocido como Camino de la Plata, en busca de más aventuras. Y las encuentran.

Cervantes conoce este camino real y particularmente esta venta, una de las principales de aquella época, desde la que se afrontaba el paso de Castilla a Andalucía por medio de Sierra Morena. Como señala Jesús Sánchez Sánchez, en Itinerarios manchegos de Miguel de Cervantes,  este camino era el más fácil y frecuentado de los cuatro que en aquella época había para atravesar Sierra Morena. Especialmente para llegar hasta Sevilla, destino de algunos de los personajes descritos en esta parte de la novela, como el oidor que llevaba destino a México, el mismo  Andresillo, repuesto ya de las muchas heridas propinadas por su amo, o destino ficticio del cura y el barbero, en la respuesta del cura a don Quijote, para justificar su estancia en aquella venta, y que así no sospechase nada de la verdadera intención de ambos, que no era otra que llevarle de regreso a casa:

 “A eso yo responderé con brevedad –respondió el cura-; porque sabrá vuestra merced, señor don Quijote, que yo y maese Nicolás, nuestro amigo y nuestro barbero, íbamos a Sevilla a cobrar cierto dinero que un pariente mío que ha muchos años que pasó a Indias me había enviado,…” (I, 29).

El sentido contrario de este camino, Toledo y León, también es nombrado como el destino que llevaba el Capitán cautivo para ir a visitar a su padre a León, en compañía de Zoraida, o la dirección que llevaban los jinetes que adelantaban a la carreta de bueyes con don Quijote sobre ella, camino a casa desde la venta, siendo el señor de ellos el canónigo de Toledo.  

Muchos viajes de ida y vuelta sobre una cabalgadura por este camino y parajes de Sierra Morena, viendo a muchas personas en la misma dirección y en la contraria. Imágenes observadas por Cervantes con parsimonia, al paso lento de su mula, que conservó en su privilegiada memoria y casi al final de su vida recurre a ellas, especialmente en las Novelas Ejemplares y en el Quijote.

Tomando como referencia geográfica la Venta de la Inés, podemos recorrer esta frontera natural, Sierra Morena, por el Camino de la Plata en busca de otro paraje vinculado con la geografía humana de la zona, hoy desaparecido, y que es también otra referencia evidente para seguir las andanzas de don Quijote y Sancho por ella: el batán. Artilugio hidráulico que les causó ” aquel horrísono y para ellos espantable ruido, que tan suspensos y medrosos toda la noche los había tenido”. Aventura que al leerla nos causa ternura de ver al escudero miedoso abrazado a las piernas de su amo, durante horas, en medio de la noche y a su vez risa, por culpa de sus tripas.

Con la localización documental y física de este batán, y su relación geográfica con el resto de aventuras y las singularidades topográficas de la zona, estaremos viajando con Miguel de Cervantes, y sus personajes, cuatro siglos después, siendo lectores y espectadores a la vez en un espacio geográfico y humano real.

EL BATAN CERVANTINO DE SIERRA MORENA

En el Tesoro de la lengua castellana, o española (Covarrubias, 1611) tenemos una descripción de este artilugio hidráulico:

“Cierta máquina ordinaria de unos mazos de madera mui gruesos, que mueve una rueda con el agua, y estos hieren a veces en un pilón donde batanan y golpean los paños para que fe limpien del azeite, y fe incorporen y tupan”

El batán es un ingenio mecánico-hidráulico usado para limpiar el tejido de lana de las impurezas incorporadas en los procesos de manufacturación, como motas, pajillas y cardillos, el polvo y la grasa natural de la propia lana, así como enfurtir o dar resistencia al propio tejido. A través de la fuerza de la corriente del agua de un río, canal o arroyo, transmitida por una rueda hidráulica vertical, similar a las aceñas o molinos harineros de río, a unos ejes dotados de varias levas, estas levantan unos mazos de madera que caen por su peso, golpeando los paños de lana en una cubeta o pila de madera a la que se le ha agregado jabones y gredas naturales. Estos batanes ya se usaban desde el Medievo en toda Europa y estuvieron en uso en España hasta el siglo XX.

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En Los veintiún libros de los Ingenios y Máquinas, atribuidos al ingeniero aragonés Pedro Juan de Lastanosa, obra manuscrita del siglo XVI del que se conserva una copia del original, realizada en el siglo XVII, en el Libro 13, de los molinos, batanes y de aceite, y de diversos géneros de artificios de la misma calidad para sacar aguas para hacer alumbres y salitres, y lavar lanas y paños, encontramos, además de un magnífico plano de un batán, la descripción detallada de sus elementos y los materiales para su construcción:

“La canal que trae el agua a la rueda es A. la rueda es B. las palas es C. el arbol de la rueda es D. y en ello va asentados dos levadores que es E.E. los cuales levadores levantan los mazos en la parte baxa que es F.F. en los mazos debaxo del mismo mazo que es del mango del que sale afuera algún tanto que tengan lagartos levadores de topar en ellos y conviene tener advertencia que no vayan rastrando los mazos por la pila ni al entrar ni al salir por causa que rompería el paño tocando en firme… los mazos son O.P. conviene que ellos sean de largo ocho palmos de madera de encina y todo lo demás de muy buena madera” 

La Venta de la Inés y este tramo del Camino de la Plata, atravesando Sierra Morena, en la época de Cervantes estaban en el término municipal de Almodóvar del Campo. La villa de Almodóvar del Campo, en las respuestas exigidas en las Relaciones Topográficas mandadas hacer por el rey Felipe II en 1575, declara tener algunos batanes, aunque estos  son propiedad de vecinos de otras villas:

“22. Como quiera que según dicho es en este nuestro término no haya ríos caudalosos no hay molinos ni aceñas en todo él más que en un río pequeño que llaman el rio Muelas; hay algunos molinos y batanes de vecinos de Pedroches y Torre Campo, lugares de la cibdad de Córdoba, en cuya juridiccion confina la de esta villa de la cual el dicho rio Muelas dista siete leguas poco más o menos.”

En 1751, en el Catastro de Ensenada, esta misma villa de Almodóvar del Campo, declara con mucha precisión el número de molinos harineros y batanes que tiene en su término, así como su ubicación, propietario y las rentas anuales de cada uno de ellos. Esta es parte de la relación de sus artilugios mecánicos:

“17. A la décima séptima dijeron que en el término de esta villa y Rio de Muelas, o Ribera de Casillas hay los molinos y batanes siguientes. Un molino harinero de cubo, y una piedra que pertenece a Alonso Ramírez vecino y escribano de ayuntamiento de la villa de Torremilano, una de las siete de los Pedroches de Córdoba, y se puede regular su utilidad cada año, en setecientos reales. Un batán que pertenece al mismo, y su utilidad se puede regular cada año en setecientos reales… “

En este Río Muelas o Ribera de Casillas se relacionan en total catorce molinos harineros, uno de ellos arruinado, y tres batanes. Sus  propietarios son de los lugares de Torremilano, Pedroches, Fuente Obejuna, Pozoblanco y Villanueva. También se relacionan dos molinos harineros en el Arroyo Gelices, uno en el Río Tablillas, uno en el Río Moro y otro más en el Río de la Vega.

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De los trabajos topográficos necesarios para la realización de la primera edición del Mapa Topográfico Nacional (MTN) de 1870 se conservan las Minutas cartográficas firmadas por los topógrafos en Córdoba en 1887, y que formaron parte de los planos 835-BRAZATORTAS Y 860-FUENCALIENTE, publicados en 1889 y 1893 por la Dirección General del Instituto Geográfico y Estadístico, quedando cartografiados estos tres batanes, además de los molinos harineros. Por cercanía al Camino de la Plata, camino real de Toledo a Sevilla, por el que iban don Quijote y Sancho Panza, estos batanes ubicados en el Arroyo de la Ribera se llamaban: Navarrillo, Los Canos y Las Monjas.

El Batán del Navarrillo, en a la desembocadura del Arroyo del Navarrillo con el Arroyo de la Ribera, junto al Camino de San Benito y cercano al Camino de la Plata, es el batán al que Cervantes hace llegar esa noche a don Quijote y Sancho Panza. Tiene como característica especial que es el mayor de los tres batanes, con unas rentas en la mitad del siglo XVIII de 700 reales, mientras que los otros dos batanes tienen unas rentas de 150 y 270 reales. Esto es debido a la mayor cantidad de mazos con los que estaba construido. Los molinos harineros instalados en la misma zona tienen una renta media de 800 reales, a excepción del molino del mismo propietario del Batán del Navarrillo que rentaba otros 700 reales.

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Guiado por el personal de la finca de La Garganta, y siguiendo la representación cartográfica de los mapas MTN50-0835-1889-Brazatortas,  MTN50-0860-1893-Fuencaliente y la Minuta cartográfica 130066-1887- Almodóvar del Campo,  localizamos el lugar exacto donde se encontraba el Batán del Navarrillo, junto al viejo Camino a San Benito. Solo quedan unos pocos restos de las tejas de lo que fue este antiguo y conocido batán, en la orilla del Arroyo del Navarrillo.

Luis Miguel Román Alhambra

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El Presidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan es entrevistado en la TV de Castilla-La Mancha sobre la Mesa Redonda que analizará el desánimo para leer el Quijote en la sociedad

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Luis Miguel Román Alhambra en TV Castilla-La Mancha entrevistado sobre la Mesa Cervantina que ha levantado una gran expectación 

Se ha suscitado un gran interés por este evento debido a la importancia del tema y la presencia de destacados expertos en la relación entre la obra de Cervantes y la sociedad actual 

Alcázar de San Juan 04-05-17.  Luis Miguel Román Alhambra ha sido hoy entrevistado en los estudios de la TV regional en relación con el interés suscitado por  la I Mesa Redonda Cervantina que se celebrará el próximo sábado en el Toboso.

Esta Mesa cuestionará si estamos leyendo el Quijote de un modo sensato y razonable o bien el modo de acercarnos al Quijote y las ideas previas con que lo hacemos no es el más adecuado. Este abordaje intenta desentrañar la paradoja de cómo siendo una obra que nuestra sociedad considera una obra maestra finalmente se constata que no se lee eso que se admira tanto.

La Mesa Redonda, en la que habrá ocasión de conocer de primera mano las opiniones autorizadas de diferentes expertos, tendrá lugar el sábado 6 de mayo en la Sala Domus Artis de El Toboso.  La entrada es libre hasta completar aforo y a su finalización se servirá un vino español.

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Un nuevo modo de leer el Quijote para el siglo XXI

 

Cartel Mesa Redonda Cervantina

 

El próximo 6 de mayo, en El Toboso, una Mesa Redonda cuestionará si estamos leyendo el Quijote de un modo sensato 

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan ha organizado en El Toboso la Primera Mesa Redonda Cervantina con el título “Leyendo a Cervantes en el siglo XXI: ¿Por qué?” 

Alcázar de San Juan 02-05-17.   Si miramos a nuestro entorno, y preguntamos a nuestros convecinos, amigos, conocidos y familiares su opinión sobre Cervantes y el Quijote, no es difícil constatar el hecho de que la casi totalidad dirán que Cervantes es un genio universal. También sobre el Quijote, la mayoría dirá que lo reconoce como una obra maestra de la literatura global. Sin embargo, basta preguntar a esas personas de nuestro entorno si ellas lo han leído para constatar que la lectura del Quijote genera en la comunidad un frecuente, aunque a veces disimulado,desánimo y rechazo a leerlo.Es frecuente oír opiniones del tipo de que es algo muy pesado, que no se entiende y que aburre.

Obviamente, algo no cuadra. Va contra las leyes del sentido común que no se lea lo que se admira tanto.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan viene apostando desde su creación por acercar el entendimiento del Quijote al grupo social que fue al que inicialmente se dirigió. El Quijote no fue en su origen un libro destinado a las élites, sino un libro dirigido al pueblo llano. Basta  para ello considerar la escasa calidad formal de las primeras ediciones: muy alejadas del lujo y del ámbito académico.Inicialmente era un libro del pueblo y para el pueblo.

¿Qué ha pasado, pues, para que hoy día sea, más bien que un libro popular,  un libro para profesores, académicos y élites?

A responder a esta pregunta y a apuntar alternativas se va a dedicar la Mesa Redonda que lleva el ya expresivo título de: “Leyendo a Cervantes en el siglo XXI: ¿Por qué?”.

Dicha Mesa se aloja dentro de las  XXVI Jornadas Cervantinas de El Toboso,  que se están llevando a cabo entre el 21 de abril y el 6 de mayo de 2017 , siendo el colofón de las mismas esta I Mesa Redonda Cervantina que la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, en colaboración el Ayuntamiento de El Toboso, ha organizado. La Sociedad tiene proyectado que sea itinerante, de modo que las subsiguientes ediciones tengan lugar en otras localidades manchegas y cervantinas. 

Esta primera edición tendrá lugar en la Sala Domus Artis de El Toboso, el sábado 6 de mayo a las 12:00 horas y reunirá a expertos cervantistas pertenecientes a diferentes ámbitos de la cultura, que expondrán su punto de vista sobre el referido tema.

En la mesa estarán presentes Javier Balaguer Blasco, Director de Cine y productor de la película “Cervantes, la Búsqueda”, instrumento de divulgación de la cultura cervantina construido con imágenes tomadas directamente de las excavaciones en el lugar del enterramiento y con las declaraciones de testigos y protagonistas, así como una interpretación dramatizada de la vida y significado de Cervantes.

Luis García Jambrina. Profesor de Literatura de la Universidad de Salamanca y autor de los libros El Manuscrito de piedra, El manuscrito de nieve, La sombra de otro y su último y exitoso libro La Corte de los Engaños. 

Enrique Suárez Figaredo. Editor del Quijote y descubridor de la más antigua edición del Quijote de Avellaneda, entre los fondos de la Biblioteca Nacional.

La mesa redonda será moderada por Jesús Sánchez Sánchez, Vicepresidente de la Sociedad Cervantina alcazareña.

 

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

https://sociedadcervantinadellugardedonquijote.wordpress.com/2017/05/02/un-nuevo-modo-de-leer-el-quijote-para-el-siglo-xxi/

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Documentada y pedagógica conferencia de Luis Miguel Román Alhambra sobre la cocina del Quijote

 

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El presidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan encandiló a los asistentes dando un repaso por la cocina del Quijote y explicando la elaboración de algunos de sus más importantes platos 

Alcázar de San Juan 01-05-17.   En la mañana del domingo 30 de abril, Luis Miguel Román Alhambra -presentado por Mariano Ormeño, como presidente de la Asociación Cultural Recreativa Alcazareña (antiguo Casino de Alcázar) que ejerció como anfitrión de esta charla-, impartió una conferencia muy documentada y pedagógica sobre la variada cocina del Quijote.

Excelentemente documentada porque recogió cada uno de los lugares de la obra en donde se menciona algún tipo de comida, bien sea de diario, de días de fiesta, e incluso de bodas, y tanto platos principales como postres.

Explicó cómo la novela, que significó una revolución en la técnica narrativa de su época ya que introduce elementos reales e históricos en la trama, comienza a describir  desde la primera frase el tipo de alimentos que componían la dieta habitual de los hidalgos de la época.

Después hizo un recorrido pormenorizado  por las diferentes especialidades del Siglo de Oro español como la olla, la olla podrida o el atascaburras (que se preparaba a base de pescado en salazón machacado en una especie de puré con nueces o castañas y huevos duros). También dio un repaso rápido a las comidas de emergencia que se comen sin preparación como las sardinas arenques y pasó revista a las comidas para los viajes que aguantaban tiempo en las alforjas como son las empanadas de carne y las carnes en escabeche.

Se detuvo considerablemente en los duelos y quebrantos ofreciendo diferentes explicaciones de los motivos por los que podría llamarse así este plato que ha llegado hasta nuestros días y que es uno con los que la Sociedad Cervantina Alcazareña agasaja a su invitados a los llamados “Almuerzos con don Quijote”, junto con la caldereta (con tasajos de cabra)  de la que Cervantes menciona su preparación cuando a don Quijote y Sancho Panza se les hace de noche y se quedan a cenar con unos cabreros en sus chozas, resulta de una elaboración sumamente sencilla y que nunca puede salir mal si se utilizan buenos productos y se cocinan de forma natural y utilizando un fuego de leña. También la caldereta de cordero es uno de los platos que suelen formar parte de los “Almuerzos con don Quijote”.

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Otorgó especial relevancia al guiso de bodas, una receta que es tradicional en Alcázar porque no solo se conserva su receta sino que se elabora anualmente y se consume en unas jornadas al efecto que muy acertadamente la hostelería local organiza y ejecuta, poniendo de relieve cómo hasta hace muy pocos años era la comida con que la familia de los novios agasajaba a los invitados y cómo había personas muy conocidas en la ciudad que se dedicaban a guisarlo para los cientos de los asistentes a las bodas.

Hizo una detallada exposición de los ingredientes y de la elaboración del gazpacho manchego o galianos, y de cómo lo aprendió a hacer y posteriormente lo comió con el pan ácimo al estilo de unos pastores cerca del santuario de Belén en el término de Almansa.

Finalmente defendió el tiznao (a base de bacalao) como uno de los platos que son santo y seña de la gastronomía de nuestra ciudad, Alcázar de San Juan y que por desgracia está cayendo en el olvido, quizás porque su elaboración requiere de que tanto el pescado como el resto de ingredientes, cebollas y ajos enteros tengan que ser asados a la brasa hasta que se tiznen  y a los que se añaden al final unas puntas de guindilla que hacen que tenga un gusto picante por el que también es conocido como “hijoputa”.

En cuanto a los postres, el referente del Quijote es la miel que junto con los requesones de los que también se da cuenta en la novela, forman un final de comida exquisito.

La detallada descripción de los platos y la pormenorizada forma de elaboración, hicieron mella en el apetito de los asistentes que debido a la hora en que finalizó la conferencia ya se encontraban predispuestos y dispuestos para embaular algo en sus corpachones, siendo hora de imitar más a Sancho que a don Quijote.

 

Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote

https://sociedadcervantinadellugardedonquijote.wordpress.com/

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RUTA DE DON QUIJOTE

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NUEVO DESAGUISADO DE LA JJCC DE CASTILLA-LA MANCHA

En 2005, al amparo de la celebración del cuarto centenario de la publicación de la primera parte del Quijote de Cervantes, la JJCC de Castilla-La Mancha, trazó la RUTA DE DON QUIJOTE, proclamándola como “el corredor ecoturístico más largo de Europa”, con aspiración de ser “catalogada por sus valores culturales y medio ambientales como Patrimonio de la Humanidad”. Diez tramos propuestos, 2.500 km de caminos rehabilitados y 148 lugares por atravesar, han quedado, solo diez años después, en uno de los mayores fracasos culturales de España. Eso sí, no se han exigido responsabilidades a quienes idearon este monumental disparate y gastaron muchísimo dinero público en la ejecución y publicidad de esta Ruta.

Y llegamos a la Feria Internacional de Turismo 2017 (FITUR). En el pabellón de Castilla-La Mancha nos presentan una nueva RUTA DE DON QUIJOTE. No hay información sobre si es modificación de la anterior o es un nuevo proyecto, lo que si tiene es el mismo título. Tampoco sabemos si la anterior se mantendrá o directamente quedará en el olvido absoluto.

En el folleto informativo distribuido en FITUR podemos leer los objetivos  de la nueva Ruta:

 “Las geografías del Quijote se mueven, como no puede ser de otra manera, entre la realidad y la ficción, motivo por el cual siempre ha habido un gran empeño en desentrañar los itinerarios de Alonso Quijano y Sancho como uno de los misterios que escondía la fantasía de Cervantes. La ruta seguida en sus aventuras ha sido, además, siempre motivo de interés para cervantistas y geógrafos. 

El ir y venir de don Quijote por las páginas del libro constituye un detallado recorrido por la geografía de la Mancha, plagado de todas las contradicciones y saltos de tiempo y de espacio que la ficción puede permitirse aunque perfectamente reconocible, motivo por el cual nuestra primera propuesta de Ruta está basada en la novela, contemplando escrupulosamente el orden de las salidas de don Quijote y los itinerarios seguidos dentro de los límites de Castilla-La Mancha y que denominamos RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE. 

Para poder plantear una ruta lo más fidedigna posible y con arreglo a las distintas aventuras, queremos acercar al viajero a recorrer los territorios de Castilla-La Mancha en los que suceden cada una de ellas siguiendo los planteamientos, ya expuestos en el S. XVIII en dos mapas: el trazado por Tomás López, según las observaciones de don José de Hermosilla, publicado por la Real Academia Española en Madrid en 1780, y el dibujado por Manuel Antonio Rodríguez, según los estudios históricos de Juan Manuel Pellicer, impreso en Madrid por Gabriel de Sancha en 1798”. 

Esta Ruta plantea dos itinerarios, uno literario y otro turístico, identificando a cada uno de ellos como: RUTA  LITERARIA DEL QUIJOTE y RUTA TURISTICA DEL QUIJOTE. Considerando, que turísticamente el interés del viajero y de los recursos a ofrecer, pueden ser muy variados, y que estarán lo suficientemente valorados por los Técnicos de Turismo de la JJCC, solo centro mis comentarios y crítica en la RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE. Itinerario cervantino muy buscado desde el siglo XVIII por quienes intentan hallarse en mitad de un camino y sentándose sobre una piedra leer un pasaje de la obra, ese pasaje de la obra que allí se encuadra, sintiéndose estar en el mismo lugar por donde Cervantes en sus viajes, a lomos de una mula, pasó y retuvo en su genial memoria aquel paraje para, años después, imaginar a don Quijote allí.

Como he mantenido en numerosos artículos, Cervantes utiliza la geografía real que conoce para enmarcar, en ella, las aventuras de ficción de don Quijote. Estas aventuras trascurren por caminos y parajes, especialmente manchegos, haciendo del Quijote una obra de caminos y parajes, no de lugares. La geografía del Quijote no se mueve entre la realidad y la ficción, la geografía del Quijote simplemente es real. Y este espacio geográfico manchego es el que el viajero literario quiere conocer, recorriendo a pie o a caballo, en bicicleta o en todo terreno, esos caminos y parajes que Cervantes  inmortalizó en su obra, como recurso literario, para contarnos la historia de don Quijote.

Los autores de esta Ruta pretenden justificar su itinerario literario, y las críticas que seguro les llegarán, con las “contradicciones y saltos de tiempo y de espacio” que la obra tiene. Cervantes es el autor del Quijote y él dispone de la geografía, del espacio y del tiempo, incluso del tempo lento de la obra, ajustándolo con el paso de Rocinante. Cervantes no persigue hacer una obra geográfica, de haber querido hacerla el uso de topónimos habría sido muchísimo mayor que los usados en el Quijote. Los posibles descuidos o contradicciones de Cervantes en el Quijote, no justifica que los podamos tener nosotros en su estudio geográfico, y menos para argumentar interpretaciones sobre la geografía, el espacio y el tiempo. Si Cervantes define un espacio y un tiempo entre parajes o lugares, no tenemos licencia alguna para agrandar o acortar ese espacio y tiempo a nuestro antojo, con el fin de justificar, en este caso, el itinerario literario propuesto en esta Ruta.

Afirman los autores de esta RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE que “está basada en la novela, contemplando escrupulosamente el orden de las salidas de don Quijote y los itinerarios seguidos dentro de los límites de Castilla-La Mancha”. Esta afirmación es falsa. El itinerario seguido nada tiene que ver con lo escrito por Cervantes en la obra, siendo esto lo verdaderamente preocupante, pues, en lugar de ofrecer un itinerario caminero que aún existe, fiel al Quijote, y esto, es lo que esperan encontrar los visitantes cervantinos del todo el mundo que se acerquen a la Mancha, se ofrece un itinerario que poco o nada tiene de lo descrito en el Quijote. Al viajero que se desplaza desde su país, o desde cualquier parte de España, para recorrer estos caminos y parajes, con su Quijote en la mochila, no se le puede engañar.

Tampoco se puede entender que los autores de esta RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE utilicen mapas muy antiguos, sin precisión literaria, para justificar el trazado de la Ruta. No sabemos si ha sido la precipitación, o, lo que es peor,  la ignorancia o miopía cervantina, la que ha hecho escoger como mapas de referencia los realizados a finales del siglo XVIII: “el trazado por Tomás López, según las observaciones de don José de Hermosilla, publicado por la Real Academia Española en Madrid en 1780, y el dibujado por Manuel Antonio Rodríguez, según los estudios históricos de Juan Manuel Pellicer, impreso en Madrid por Gabriel de Sancha en 1798”.

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En la página web rutaquijote.com, se puede observar el mapa oficial de esta Ruta y la situación de las aventuras. El Quijote es una obra de caminos y no de carreteras actuales, por donde han marcado la Ruta. Aunque algunas partes de carreteras actuales fueran construidas sobre caminos ancestrales, aún existen los mismos caminos por donde Cervantes viajó -muy  alejados-, en muchos casos, de las carreteras de hoy.

Primera Salida. Este es el itinerario literario de la Primera Salida de don Quijote que la Ruta propone, en verde:

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 Texto de la Ruta:

“Primera salida (en solitario) parte de Argamasilla de Alba:

Cerca de Manzanares: Venta donde fue armado caballero; cerca de Membrilla: Aventura del muchacho Andrés; cerca de La Solana: Encrucijada donde estuvo dudando qué camino seguiría; cerca de Argamasilla: Aventura de los mercaderes donde quedó molido a palos y le condujo a su casa Pedro Alonso, su vecino”. 

La primera salida de don Quijote transcurre por un camino que le lleva, al final de un largo día de verano manchego, a una venta, para él castillo, donde iba a ser fraudulentamente armado caballero por el ventero. A la mañana siguiente, regresa a casa, evidentemente por el mismo camino, con la intención de hacerse especialmente con un escudero, tal y como el ventero le había recomendado. El itinerario propuesto por esta Ruta es inverosímil, al menos, por las siguientes razones:

1ª Cerca de Manzanares solo existía una venta en el camino de Manzanares a Alcázar de San Juan, llamada de Las Motillas. En el camino propuesto no había ninguna venta que Cervantes pudiese haber conocido.

2ª Don Quijote regresa a casa por el mismo camino que el día anterior le había llevado a la venta. Y es en este camino donde de frente se encuentra con los mercaderes que iban desde Toledo a Murcia. El regreso propuesto, además de no hacerse por el mismo camino, tampoco es el antiguo camino de Toledo a Murcia que conoció Cervantes, y en cualquier caso hacen a don Quijote, y al viajero literario, ir de Suroeste a Noreste, por lo cual tampoco podría encontrarse de frente con los mercaderes toledanos que llevaban sentido Toledo-Murcia, o lo que es lo mismo sentido Oeste-Este, evidentemente.

En resumen, ni existía una venta en ese camino, ni puede ser el camino que los mercaderes toledanos llevaban a Murcia. Proponen, en lugar de una Ruta literaria, una Ruta turística entre Argamasilla de Alba, Manzanares, Membrilla y La Solana, que nada tiene que ver con el texto de Cervantes.

Segunda Salida. Este es el itinerario literario de la Segunda Salida de don Quijote que la Ruta propone, en azul:

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Texto de la Ruta:

“Segunda Salida (Con su escudero Sancho Panza)

Entre Argamasilla, Villarta de San Juan y Puerto Lápice: Aventura de los molinos de viento; Aventura de los frailes y el vizcaíno. Entre Puerto Lápice, Villarrubia de los Ojos (Tablas de Daimiel), Malagón, Daimiel, Peralvillo, Ciudad Real y Miguelturra: Bosque donde durmió con los cabreros y asistió al entierro de Grisóstomo; Aventura de los yangüeses; Venta donde Don Quijote tuvo y acaecieron mil sucesos, donde le curaron la ventera y su hija y se hizo el bálsamo de Fierabrás y mantearon a Sancho; Batalla de los dos ejércitos de ovejas y carneros; Aventura del cuerpo muerto donde tomó el nombre del Caballero de la Triste Figura; Aventura de los Batanes. 

Entre Almagro y Bolaños de Calatrava: Aventura con el barbero, a quien robó el yelmo de Mambrino: Entre Valdepeñas y Almuradiel: Aventura en la que da libertad a los galeotes. Cerca de la Venta de Cárdenas: Se oculta y hace penitencia en el corazón de Sierra Morena. Aventura de la hermosa Dorotea o de la doncella menesterosa. Desde este sitio condujeron a D. Quijote a la venta y desde ella lo llevaron a su casa enjaulado; siguiendo la ruta por Castellar de Santiago, La Torre de Juan Abad y Villanueva de los Infantes”. 

Si la propuesta de Primera Salida que sugiere la Ruta puede ser un error de orientación en el camino elegido desde Argamasilla de Alba, esta propuesta de Segunda Salida es un auténtico disparate geográfico, si leemos el Quijote de Cervantes, por estas razones:

1ª Cervantes hace salir a don Quijote y a Sancho por “la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje”, esto es, nuestro hidalgo manchego sale de su pueblo por el mismo camino y sentido que en su primera salida, en mitad de la noche. Y al amanecer, habiendo pasado por tanto muy pocas horas, “descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes” para don Quijote o molinos de viento para nosotros. Los autores de esta Ruta en lugar de ser coherentes a su propuesta de Primera Salida, no llevan al viajero cervantino  hacia Manzanares, sino esta vez, lo hacen hacia Villarta de San Juan, donde en época del autor del Quijote no había ni un solo molino de viento contra el que don Quijote pudiese entrar en combate. Es reconocido por la gran mayoría de cervantistas e historiadores que el único lugar de la Mancha que contaba en aquella época con tantos molinos de viento, y que por alguna razón  conoció Cervantes, es Campo de Criptana. Este es evidentemente el paraje donde don Quijote demuestra su valentía, pero increíblemente esta Ruta lo obvia.

2ª La venta cervantina de Sierra Morena la sitúan “Entre Puerto Lápice, Villarrubia de los Ojos (Tablas de Daimiel), Malagón, Daimiel, Peralvillo, Ciudad Real y Miguelturra”. Podemos entender que, en la sucesión de aventuras que amontonan en su propuesta, podrían estar pensando, como se apunta en los mapas de Tomás López y Manuel Antonio Rodríguez, cerca de Malagón. Desde esta venta de Malagón proponen al ya incrédulo viajero literario, con su Quijote en la mano, que se dirija después hasta “cerca de Venta de Cárdenas”  para descubrir en un camino los parajes donde don Quijote se adentra en Sierra Morena para hacer penitencia. El mismo punto del camino de Sevilla donde don Quijote y Sancho Panza se encuentran con los galeotes, y el cura, el barbero y Cardenio conocen en un arroyo, junto al camino, a Dorotea.  Pero antes, nuestro visitante cervantino, tiene que pasar por Daimiel, Carrión de Calatrava, Fernán Caballero, Ciudad Real, Miguelturra, Almagro, Bolaños, Valdepeñas, Santa Cruz de Mudela y Almuradiel.

En algún sitio de la carretera, el viajero perplejo de lo que le está pasando, abre su Quijote y lee algo que siempre ha leído: “Concertáronse que por entonces subiese el cura, y a trechos se fuesen los tres mudando, hasta que llegasen a la venta, que estaría hasta dos leguas de allí…” Y seguro se preguntará: ¿Han leído los autores de esta Ruta este dato concreto de distancia  que Cervantes nos deja escrito, en el capítulo XXIX de la primera parte del Quijote?

Para Cervantes, conocedor del camino a Sevilla, la distancia que hay entre este punto del camino, desde el que don Quijote se retira a su penitencia, y la venta cervantina de Sierra Morena es de dos leguas, unos doce kilómetros. En estos doce kilómetros Cervantes enmarca todas las aventuras que a don Quijote y Sancho les ocurren en Sierra Morena. Y esta RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE, pretende que el viajero cervantino, lector y conocedor de esta corta distancia en un camino con una densidad de aventuras cervantinas increíble,  se traslade solo ¡¡160 kilómetros!!, y esto, si lo hace en línea recta y sobre Clavileño… Si se afirma que la “propuesta de Ruta está basada en la novela, contemplando escrupulosamente el orden de las salidas de don Quijote y los itinerarios seguidos dentro de los límites de Castilla-La Mancha y que denominamos RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE”, no sé qué pensará, nuestro visitante de los manchegos llegado ya a este punto, de su forma de interpretar un texto y la forma de medir distancias. Lamentablemente pensará que se le está tomando el pelo y malgastado su tiempo y dinero en una Ruta que no es la que él quería recorrer.

3ª. El regreso a casa de don Quijote desde este punto cercano a Venta de Cardenas, que propone la Ruta es: “Desde este sitio condujeron a D. Quijote a la venta y desde ella lo llevaron a su casa enjaulado; siguiendo la ruta por Castellar de Santiago, La Torre de Juan Abad y Villanueva de los Infantes”. Cuesta ya entender todo esto. La venta que describe Cervantes hacia donde se dirigen Dorotea, el cura, el barbero, Cardenio, don Quijote y Sancho Panza, es la misma venta donde llegan después de la aventura de los yangüeses, hace don Quijote el bálsamo de Fierabrás y es manteado Sancho. Los autores de esta Ruta, sitúan esta venta cerca de Malagón, y pretenden que nuestro, ya sufrido y enfadado visitante cervantino, vuelva hasta allí. Pero, sin embargo, ahora lo llevan a otra venta, ¡pero si solo Cervantes describe una venta en este Quijote que he leído tantas veces!, pensará nuestro viajero, a la Venta de Cárdenas, para desde allí regresar a casa por Almuradiel, Castellar de Santiago, Torre de Juan Abad y Villanueva de los Infantes, donde no continúan  el camino hasta Argamasilla de Alba, el lugar de origen de las tres salidas en esta Ruta.

Ni en el Quijote de Cervantes hay dos ventas, ni esta puede estar en este camino conocido como de Despeñaperros. A la venta cervantina, del Quijote de Cervantes, llega desde Madrid don Luis y su hija Clara, dirigiéndose a Sevilla donde embarcarían rumbo a México. Este camino podría ser hasta aquí, pero don Luis y su hija viajaban en coche de caballos, siendo este camino de Despeñaperros, en la época de la escritura del Quijote, de herradura. Además de ser muy peligroso por los bandoleros que entre sus riscos aguardaban a los viajeros, solo se podía atravesar a pie o a lomos de una caballería, imposible en coche de caballos. Han de pasar más de ciento cincuenta años de la escritura de esta primera parte del Quijote para que un coche de caballos pudiese atravesar Sierra Morena por este camino. Evidentemente este no es el camino donde estaba situada la venta cervantina.

Tercera Salida. Este es el itinerario literario de la Tercera Salida de don Quijote que la Ruta propone, en naranja:

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Texto de la Ruta:

Tercera Salida. “Tercera Salida (Con su escudero Sancho Panza) parte de Argamasilla de Alba pasando por Tomelloso hacia Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Miguel Esteban para llegar a El Toboso donde vive la Aventura de las aldeanas y encuentra a Dulcinea encantada. Cerca de Los Hinojosos vive la Aventura del carro de las Cortes de la Muerte. Cerca de La Osa de la Vega trascurre la Aventura del Caballero del Bosque. Continúa camino hacia Belmonte y con dirección a Villarrobledo a mitad de camino sucede la Aventura de los leones. Pasa por Villarrobledo y cerca de Munera tienen lugar las Bodas de Camacho. Pasando por El Bonillo en dirección a Osa de Montiel y Ruidera llegamos al territorio donde se vive la Aventura de la Cueva de Montesinos. Cerca de Socuéllamos es donde se encontró al paje y mozo de las alabardas. Cerca de Las Pedroñeras vivió la Aventura del Rebuzno. Cerca de San Clemente se encontraba la venta donde Maese Pedro hizo sus habilidades con los títeres y el mono adivino.” 

Teniendo en cuenta lo escrito por Cervantes, esta parte de la Ruta de la tercera salida de su pueblo de don Quijote, es, como mínimo, un despropósito literario-geográfico. Don Quijote decide ir esta vez a Zaragoza, pero no sale de su casa por el mismo camino que en las dos anteriores salidas, sino que lo hace por un camino que le lleva directamente a El Toboso: “que desde agora en el camino del Toboso comienzan”. Y es en este punto donde comienza este desatino de tercera salida de don Quijote propuesta por la Ruta, según estas consideraciones:

1ª. La Ruta describe de que forma, para llegar a El Toboso don Quijote, y nuestro mosqueado y ya cansado viajero literario, debe de seguir el camino de Tomelloso, Alcázar de San Juan, Campo de Criptana (por fin verá los ansiados  molinos de viento, iconos de la Mancha de don Quijote) y Miguel Esteban. ¡¡Pero si hay un camino derecho que va de Argamasilla de Alba a El Toboso!! (como podemos ver en este detalle del Mapa Topográfico Nacional de 1886).

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2ª. Ya tenemos, por fin, a nuestro viajero cervantino en El Toboso. Cervantes imagina a don Quijote y Sancho Panza entrar en esta preciosa villa manchega por la noche y darse contra el muro de su iglesia. Ante la imposibilidad de encontrar a su ansiada Dulcinea, amo y escudero salen del pueblo casi al amanecer y “a dos millas del lugar hallaron una floresta o bosque”. Es en este lugar donde a primera hora de la tarde se produce el encuentro con las tres labradoras, encantadas según don Quijote, pues poco antes eran Dulcinea y dos doncellas suyas. A dos millas, que es poco más de dos kilómetros, donde se produce este encuentro. Decepcionado y pensativo don Quijote del resultado de tan extraño encuentro, Cervantes nos describe como  “soltó las riendas a Rocinante, el cual sintiendo la libertad que se le daba, a cada paso se detenía a pacer la verde yerba de que aquellos campos abundaban”. Y es cuando de frente se encuentran con la carreta de comediantes que iban a representar esa tarde, el auto de Las Cortes de la Muerte, al pueblo del que venían don Quijote y Sancho, El Toboso. Habían representado el mismo auto por la mañana en el pueblo hacia el que se dirigían don Quijote y Sancho Panza. Esta aventura, que se produce esa misma tarde, y termina de nuevo a la entrada de El Toboso, con los comediantes esperando a pedradas a amo y escudero, tal y como Cervantes nos describe.  Esta Ruta  sitúa esta aventura cerca de Los Hinojosos, habiendo pasado antes por Mota del Cuervo. Es evidente que los autores de esta Ruta no han seguido lo escrito en el Quijote.

3ª. Desde el encuentro con la carreta de Las Cortes de la Muerte, hasta que llegan al pueblo del Caballero del Verde Gabán, don Quijote y Sancho pasan la noche, de nuevo en un bosque, cerca de donde terminan la aventura con los comediantes. A ese mismo bosque, llega por la noche ya, Sansón Carrasco disfrazado del Caballero del Bosque. Es al amanecer, cuando don Quijote vence al Caballero del Bosque, y siguiendo el camino son alcanzados por don Diego de Miranda, sucediendo poco después la aventura de los leones, para llegar a comer a casa de don Diego. Por tanto, según el texto cervantino, en una mañana se desplazan desde el lugar donde se encuentran con el Caballero del Bosque, bosque cercano a El Toboso, y llegan a comer al lugar y casa de don Diego. La Ruta propone, que esto ocurra entre La Osa de la Vega y Villarrobledo, pasando antes por Belmonte. Además de no ser fiel al texto en la geografía donde se produce, intenta hacer creer al abatido visitante literario  que Rocinante ha recorrido en una mañana más de 60 km. Distancia que si para un caballo normal, como la yegua de don Diego, es imposible en media jornada al paso, para el flaco y débil de Rocinante es una quimera. 

4ª. Si bien es cierto que desde la Cueva de Montesinos hasta ver el Rio Ebro, Cervantes no nos deja nada más que la referencia geográfica del juramento de Sancho Panza del ¡Voto a Rus!, relacionado con San Clemente, donde en sus inmediaciones podría estar la venta donde se encuentran con maese Pedro y el mono adivino, la Ruta propone, al ya desconsolado viajero, ir a San Clemente por Ruidera, y casi llegando a Argamasilla de Alba,  le hace   ir de nuevo a Tomelloso, y desde aquí, pasando por Socuéllamos y Las Mesas, llegar a Las Pedroñeras, para después desviarse hacia El Provencio y por fin poner rumbo a San Clemente. Como desde que don Quijote sale de la Cueva de Montesinos, ya con la intención de irse hacia Zaragoza, hasta que llega a la venta del ¡Voto a Rus!, Cervantes lo narra en una tarde, los autores de la Ruta, se toman la licencia de hacer un poco más de turismo y en una tarde manchega hacen que don Quijote sobre Rocinante camine más de 120 km. Difícil para nuestro famoso caballo, que con hacer quince kilómetros en una tarde ya se ha ganado el pan al llegar a la cuadra de la venta. Nuestro ilustre visitante cervantino ha terminado. No tiene ningún reconocimiento que dé fe de la sinrazón de Ruta vivida, tampoco la espera. Solo ha venido a la Mancha,  desde cualquier punto del mundo, con la esperanza de recorrer los caminos y ver los parajes por donde Cervantes llevó a don Quijote. Con su Quijote en la mochila se marchará quizás frustrado de haber creído y seguido esta Ruta que la JJCC de Castilla-La Mancha ha presentado en FITUR 2017.

Considero muy acertado, reflexionar sobre la fracasada RUTA DE DON QUIJOTE del 2005 promoviendo dos nuevas Rutas, una literaria y otra turística, para que el viajero opte por una u otra, o incluso poder mezclarlas, según sus prioridades y gustos personales. Lo que no se puede, ni se debe hacer, es  anunciar al mundo una RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE que “está basada en la novela, contemplando escrupulosamente el orden de las salidas de don Quijote y los itinerarios seguidos dentro de los límites de Castilla-La Mancha”, sin ser fiel con la propia novela, llevando al viajero literario por carreteras que en muchos casos no coinciden con los caminos que pudo conocer Cervantes y en la ficción  don Quijote. Pésimo favor, a quienes vengan a hacer esta RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE creyendo que se le oferta, desde la propia JJCC de Castilla-La Mancha, un recurso fiel a la novela que ha leído, y, fascinado por ella, quiere ver lo mismo que Cervantes vio, e hizo ver a sus personajes.

Quizá el error del equipo que ha propuesto esta Ruta es basarse en unos mapas históricos, creyendo que eran fieles a la novela, sin comprobarlo. Como hemos podido ver, sin entrar en muchos detalles, estos mapas no recogen la geografía real del Quijote de Cervantes, ni en el tiempo ni en el espacio. Cervantes no quiere dejarnos el nombre del lugar de don Quijote, es él el autor, pero sí nos deja la comarca o el espacio manchego donde sin duda se encuentra y desde el que hay que comenzar a seguir la novela. Este espacio geográfico central del Quijote está entre los lugares nombrados textualmente de: Quintanar de la Orden (lugar donde Sansón Carrasco va a comprar unos famosos perros pastores y de donde es el ganadero Juan Haldudo), El Toboso (lugar de Dulcinea, tan cercano al de don Quijote), el siempre olvidado Tembleque (lugar donde Sancho Panza también va a segar en verano desde su pueblo) y Puerto Lápice (lugar donde se encontraban unas ventas en tiempo de Cervantes y hacia el que se dirige don Quijote una vez vencido por uno de los molinos de viento). Espacio manchego atravesado por el camino de Toledo a Murcia, por el que don Quijote de regreso a casa es molido a palos por uno de los mozos de mulas de los mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia. Y espacio geográfico en el que se encuentran los molinos de viento de Campo de Criptana esperando, encantados en descomunales gigantes, a don Quijote al amanecer al poco de salir de su casa en mitad de la noche. Olvidarse de estos lugares nombrados para ubicar el origen de don Quijote, es condenar a la RUTA LITERARIA DEL QUIJOTE a un nuevo fracaso.

Pocos son los lugares manchegos, además de estos, los nombrados en el Quijote, que por el mero hecho de estar nombrados no pueden ser el lugar del hidalgo Alonso y su vecino Sancho, por expreso deseo e intención de Cervantes: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme …”. Esta Ruta propone como lugar de don Quijote, origen y final de las salidas, a Argamasilla de Alba. La “… Argamasilla, lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha…” nombrada textualmente así en el Quijote de Cervantes al final de la primera parte. Que Argamasilla de Alba es el lugar de don Quijote, del Quijote apócrifo de Avellaneda, no cabe la menor  duda porque así lo dejó escrito y “… el Licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas” en 1614. Pero esta Ruta es la del Quijote de Cervantes, quizá aquí radique el error.

                                                                  Luis M. Román Alhambra

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“TRAS LOS PASOS DE ROCINANTE”,DON QUIJOTE EN MOTA DEL CUERVO Y SOCUÉLLAMOS

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Hay un lugar manchego que en “Tras los pasos de Rocinante” también tomará nombre y referencia relevante en el mapa cervantino, el lugar de don Diego de Miranda, también conocido como El caballero del Verde Gabán. Este lugar quijotesco es Mota del Cuervo

En mi próximo trabajo, cuando la imprenta acabe y los encuadernadores terminen con su cuidadoso cosido, que verá la luz con el título: “Tras los pasos de Rocinante”, saldrán en mapas, hasta ahora nunca vistos, los verdaderos caminos, parajes y lugares por donde don Quijote pasó a lomos de su buen caballo Rocinante. Tras los pasos lentos de Rocinante propondré ir por los lugares nombrados en el Quijote y por otros que aunque no están nombrados explícitamente en el texto cervantino, siguiendo el camino del cuento creado por Cervantes llegaremos a sus plazas. Esta será la ruta tan buscada desde las primeras peregrinaciones de románticos alemanes e ingleses, allá por el siglo XVIII, llegando su interés hasta nuestros días. Al igual que pasaba por entonces, muchos viajeros quieren transitar por los mismos caminos por los que don Quijote pasó sobre Rocinante, y conocer nuestro gran patrimonio físico heredado de Cervantes: La geografía del Quijote.

Hace unos años, al abrigo del IV Centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, intereses políticos regionales y locales diseñaron una red de caminos del Quijote que nada tienen que ver con la obra de Cervantes. En lugar de ser un aliciente para el visitante han conseguido todo lo contrario, porque el espíritu de don Quijote no está en estos caminos ni por los lugares por donde pretendían llevar a los turistas. No hacen falta miles de kilómetros por caminos sinsentido cervantino, sino el Camino del Quijote.

En mis anteriores publicaciones puse nombre a algunos lugares y parajes cervantinos no nombrados textualmente en el Quijote. En Mi vecino Alonso (2010), además del nombre del lugar de don Quijote, Alcázar de San Juan, identifiqué la venta donde fue armado caballero, la antigua Venta de Manjavacas (Mota del Cuervo), y Villaescusa de Haro como el lugar donde don Quijote y don Álvaro Tarfe se conocen. En La venta cervantina de Sierra Morena y el lugar de don Quijote (2012), puse nombre a la venta de Sierra Morena donde tantos capítulos de la primera parte de la obra transcurren, la Venta del Alcalde, conocida hoy como la Venta de la Inés.

Y hay un lugar manchego que en “Tras los pasos de Rocinante” también tomará nombre y referencia relevante en el mapa cervantino, el lugar de don Diego de Miranda, también conocido como El caballero del Verde Gabán. Este lugar quijotesco es Mota del Cuervo. Pero, sigamos los parsimoniosos pasos de Rocinante hasta llegar a Mota del Cuervo.

Si bien es cierto que es difícil, en algunos tramos de las tres salidas de don Quijote, identificar exactamente por donde llevó Cervantes a don Quijote,  porque no fue la intención del autor hacer del Quijote una obra con gran detalle geográfico sino simplemente aprovecharse de la geografía real que conoció para adaptarla a la ficción que creó, hay un lugar en el Quijote que es una referencia geográfica evidente: El Toboso. Y para localizar el lugar de don Diego de Miranda, hay que partir del lugar de Dulcinea.

En la tercera y última salida de su casa, don Quijote decide ir a El Toboso, para desde allí continuar el camino hacia Zaragoza:

“… habiendo aplacado Sancho a su mujer, y don Quijote a su sobrina y a su ama, al anochecer, sin que nadie lo viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso, don Quijote sobre su buen Rocinante y Sancho sobre su antiguo rucio” (2, 8).

Sansón Carrasco, llegó a acompañarles esa media legua narrada, se despide de ellos y vuelve a casa, continuando don Quijote y Sancho su recién comenzado camino. Aquí, al comienzo de aquella noche, muchos autores quieren alargar el texto cervantino a varios días y con sus noches, haciendo caminar sin descanso a nuestros vecinos manchegos, como si de antiguos caballeros fantásticos fuesen, sin tener en cuenta, que Cervantes crea el Quijote con personajes sencillos de carne y hueso, que comen y duermen, como así también lo hacen  sus caballerías. Cuando Cervantes estima que, para el tempo del cuento, caminen nuestros protagonistas por la noche, expresamente así lo describe. Como, por ejemplo, a la vuelta de esta misma tercera salida:

Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse, si no fue que en ella acabó Sancho su tarea, de que quedó don Quijote contento sobremodo, y esperaba el día, por ver si en el camino topaba ya desencantada a Dulcinea su señora; y siguiendo su camino, …” (2, 72)

Sigamos a Rocinante. Pasan la noche en algún lugar del camino a El Toboso, aunque su intención era haber llegado con las primeras luces del día, si no fuese porque la noche era muy oscura. Y, al día siguiente, haciendo el camino de día, llegan por la tarde a ver El Toboso, como nos cuenta el narrador: “En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese”. Aquí, don Quijote decide aguardar, hasta la media noche, antes de entrar en la “ciudad” de Dulcinea:

“Finalmente, ordenó don Quijote entrar en la ciudad entrada la noche, y en tanto que la hora se llegaba se quedaron entre unas encinas que cerca del Toboso estaban, y llegado el determinado punto entraron en la ciudad, donde les sucedió cosas…” (2, 8). “Media noche era por filo, poco más o menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso” (2, 9).

Ya tenemos a nuestros manchegos universales en medio de El Toboso, pero sin saber, ni amo ni escudero, dónde se encontraba la casa de Dulcinea. Tampoco encontraron indicación en la respuesta de un labrador que casi amaneciendo salía hacia el campo con una yunta de mulas. Y en este punto  deciden, por miedo a lo que los vecinos pensasen de sus intenciones, salir del pueblo y emboscarse, y, ya de día, que volviese Sancho en busca de Dulcinea,  para hablar con ella de su señor, don Quijote:

“… y a dos millas del lugar hallaron una floresta o bosque, donde don Quijote se emboscó en tanto que Sancho volvía a la ciudad a hablar a Dulcinea” (2, 9). “Y así, prosiguiendo su historia, dice que así como don Quijote se emboscó en la floresta, encinar, o selva junto al gran Toboso, mandó a Sancho volver a la ciudad, y que no volviese a su presencia sin haber primero hablado de su parte a su señora pidiéndola fuese servida de dejarse ver de su cautivo caballero y se dignase de echarle su bendición…” (2, 10

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A estas dos millas, poco más de dos kilómetros, de El Toboso, Sancho deja a don Quijote en el bosque y cuando lo pierde de vista, ya junto al camino, piensa como hacer pasa salir airoso del mandato de su amo, pues no conocía a Dulcinea. Y no se le ocurre otra cosa que encantar a la primera aldeana que pasase en la princesa Dulcinea, sabiendo Sancho que su vecino don Quijote:

“… siendo, pues, loco, como lo es, y de locura que las más veces toma unas cosas por otras y juzga lo blanco por negro y lo negro por blanco, … no será muy difícil hacerle creer que una labradora, la primera que me topare por aquí, es la señora Dulcinea; y cuando él no lo crea, juraré yo; y si él jurare, tornaré yo a jurar; y si porfiare, porfiaré yo más, y de manera que tengo de tener la mía siempre sobre el hito, venga lo que viniere” (2, 10).

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Los dos caminos recorren unas distancias similares entre El Toboso y Mota del Cuervo. El camino viejo es el camino que conoció Cervantes en el siglo XVI-XVII.

Sancho, convencido de su plan, deja pasar unas horas, “hasta la tarde por dar lugar a que don Quijote pensase que le había tenido para ir y volver del Toboso”. Ve que de El Toboso venían tres labradoras sobre tres borricas, por lo que no duda en ir a por don Quijote para sacarle del encinar al camino para conocer a su Dulcinea que hasta allí venía: “… no tiene más que hacer vuesa merced sino picar a Rocinante y salir a lo raso a ver a la señora Dulcinea del Toboso, que con otras dos, doncellas suyas, viene a ver a vuesa merced”. (2, 10)

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Ya en el camino, don Quijote no ve a ninguna princesa sino a las tres labradoras que Sancho Panza había visto, a lo lejos, poco antes:

“Ya en esto salieron de la selva y descubrieron cerca a las tres aldeanas. Tendió don Quijote los ojos por todo el camino del Toboso, y como no vio sino a las tres labradoras turbose todo, y preguntó a Sancho si las había dejado fuera de la ciudad.

—¿Cómo fuera de la ciudad? —respondió—. ¿Por ventura tiene vuesa merced los ojos en el colodrillo, que no vee que son estas las que aquí vienen, resplandecientes como el mismo sol a medio día?

—Yo no veo, Sancho —dijo don Quijote—, sino a tres labradoras sobre tres borricos” (2, 10)

Después de que las labradoras siguiesen a toda prisa su camino, alejándose de ellos, y Sancho Panza conteniendo la risa por lo sucedido,  “volvieron a subir en sus bestias y siguieron el camino de Zaragoza…”.

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Continúan el camino, pero pensativo don Quijote en el encantamiento tan cruel de su Dulcinea, el paso de Rocinante es cada vez más lento, que incluso se para a cada paso:

Pensativo a demás iba don Quijote por su camino adelante, considerando la mala burla que le habían hecho los encantadores volviendo a su señora Dulcinea en la mala figura de la aldeana, y no imaginaba qué remedio tendría para volverla a su ser primero; y estos pensamientos le llevaban tan fuera de sí, que sin sentirlo soltó las riendas a Rocinante, el cual sintiendo la libertad que se le daba, a cada paso se detenía a pacer la verde yerba de que aquellos campos abundaban” (2, 11).

Conversando don Quijote y Sancho sobre lo sucedido, ven como una carreta les viene de frente por el camino. Al paso de Rocinante, y sus continuas paradas, esto ocurre pocos metros después del encuentro con las aldeanas.  Cervantes quiere que todas estas aventuras ocurran muy cerca del Toboso, como veremos un poco más adelante. En la carreta venían unos extraños personajes, que como después se sabe son una compañía de teatro:

“Responder quería don Quijote a Sancho Panza, pero estorbóselo una carreta que salió al través del camino cargada de los más diversos y estraños personajes y figuras que pudieron imaginarse. El que guiaba las mulas y servía de carretero era un feo demonio. Venía la carreta descubierta al cielo abierto, sin toldo ni zarzo. La primera figura que se ofreció a los ojos de don Quijote fue la de la misma Muerte, con rostro humano; junto a ella venía un ángel con unas grandes y pintadas alas; al un lado estaba un emperador con una corona, al parecer de oro, en la cabeza; a los pies de la Muerte estaba el dios que llaman Cupido, sin venda en los ojos, …” (2, 11). 

Don Quijote se pone en medio del camino y les pregunta amenazadoramente quienes eran, a lo que el demonio, parando la carreta, le responde:

“Señor, nosotros somos recitantes de la compañía de Angulo el Malo. Hemos hecho en un lugar que está detrás de aquella loma, esta mañana, que es la octava del Corpus, el auto de Las Cortes de la Muerte, y hémosle de hacer esta tarde en aquel lugar que desde aquí se parece, y por estar tan cerca y escusar el trabajo de desnudarnos y volvernos a vestir nos vamos vestidos con los mesmos vestidos que representamos” (2, 11)

La respuesta del demonio no deja dudas algunas, van a El Toboso y el lugar que dejaban atrás es Mota del Cuervo, lugar donde habían representado por la mañana el mismo auto de Las Cortes de la Muerte, y hacia donde se dirigían don Quijote y Sancho, camino hacia Zaragoza. Uno de los comediantes asusta al bueno de Rocinante que da con el cuerpo de don Quijote en el suelo. Sancho,  al ir a ayudarlo, se baja de su borrico y el comediante de un salto se sube sobre el pacífico rucio, que con el susto corrió hacia el lugar hacia donde iban, El Toboso:

“Mas apenas hubo dejado su caballería Sancho por acudir a don Quijote, cuando el demonio bailador de las vejigas saltó sobre el rucio, y sacudiéndole con ellas, el miedo y ruido, más que el dolor de los golpes, le hizo volar por la campaña hacia el lugar donde iban a hacer la fiesta” (2, 11).

No hizo falta ir en su busca porque el comediante se había caído al suelo y el borrico venía hacia ellos. Pero don Quijote, con intención de hacer pagar aquel incidente a los comediantes, vuelve las riendas de Rocinante hacia El Toboso, persiguiendo a la carreta que ya estaba cerca de llegar al lugar de Dulcinea. Los comediantes, al verse perseguidos, les reciben cargados de piedras:

“Y diciendo esto volvió a la carreta, que ya estaba bien cerca del pueblo. Iba dando voces, diciendo:

—¡Deteneos! ¡Esperad, turba alegre y regocijada, que os quiero dar a entender cómo se han de tratar los jumentos y alimañas que sirven de caballería a los escuderos de los caballeros andantes!

Tan altos eran los gritos de don Quijote, que los oyeron y entendieron los de la carreta, y juzgando por las palabras la intención del que las decía, en un instante saltó la Muerte de la carreta, y tras ella el Emperador, el Diablo carretero y el Ángel, sin quedarse la Reina ni el dios Cupido, y todos se cargaron de piedras y se pusieron en ala, esperando recebir a don Quijote en las puntas de sus guijarros” (2, 11).

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Ante los consejos de Sancho de no continuar, ante la amenaza de ser apedreados, se volvieron y continuaron su camino, que nuevo lo comienzan muy cerca de El Toboso.

Esta aventura con los comediantes les ocurre, como dice el texto, por la tarde y continúan de nuevo el mismo camino. Paran a cenar y pasar la noche, no muy largo de El Toboso, quizá en el mismo sitio arbolado donde habían pasado la mañana a “… dos millas del lugar hallaron una floresta o bosque”:

“La noche que siguió al día del rencuentro de la Muerte la pasaron don Quijote y su escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, habiendo, a persuasión de Sancho, comido don Quijote de lo que venía en el repuesto del rucio” (2, 12) 

Sancho se duerme junto a un alcornoque y don Quijote dormitaba junto a una encina, cuando unos ruidos despiertan a don Quijote. Eran Sansón Carrasco y Tomé Cecial que, disfrazados de caballero y escudero, iban detrás de don Quijote y Sancho, coincidiendo a pasar la noche en el mismo lugar:

“—¡Hermano Sancho, aventura tenemos!

—Dios nos la dé buena —respondió Sancho—. Y ¿adónde está, señor mío, su merced de esa señora aventura?

—¿Adónde, Sancho? —replicó don Quijote—. Vuelve los ojos y mira, y verás allí tendido un andante caballero, que a lo que a mí se me trasluce no debe de estar demasiadamente alegre, porque le vi arrojar del caballo y tenderse en el suelo con algunas muestras de despecho, y al caer le crujieron las armas” (2, 12)

Habiéndose hecho las presentaciones oportunas entre ellos, caballeros y escuderos, después de tanto hablar y beber, los dos escuderos se duermen, mientras que los dos caballeros hablaban de amores. Sansón Carrasco, en su papel del Caballero del Bosque, trata de que don Quijote le desafíe en un combate, diciéndole que de entre los caballeros que había derrotado se encontraba el famoso don Quijote de la Mancha:

“Pero de lo que yo más me precio y ufano es de haber vencido en singular batalla a aquel tan famoso caballero don Quijote de la Mancha y héchole confesar que es más hermosa mi Casildea que su Dulcinea; y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido todos los caballeros del mundo, porque el tal don Quijote que digo los ha vencido a todos, y habiéndole yo vencido a él, su gloria, su fama y su honra se ha transferido y pasado a mi persona…” (2, 13)

Tras los datos precisos del combate y victoria contra ese famoso don Quijote, detallados por Sansón Carrasco, don Quijote no puede sino declarar que es él el auténtico don Quijote, retándole al verdadero combate a la  salida del sol, aceptando, lógicamente, el del Bosque con una condición:

“Y ha de ser condición de nuestra batalla que el vencido ha de quedar a la voluntad del vencedor, para que haga dél todo lo que quisiere, con tal que sea decente a caballero lo que se le ordenare” (2, 14).     

Despertados de su sueño los escuderos con la noticia del combate, preparan ambos los caballos de sus respectivos caballeros. Y a la salida del sol, por un contratiempo con la lanza del Caballero del Bosque, o de los Espejos como también decía llamarse, este es fácilmente batido por  don Quijote. Estando Sansón Carrasco en el suelo, descubriéndose quien era realmente, a lo que don Quijote dio ser por obra de otro encantamiento, su escudero les asegura quien verdaderamente es ese caballero vencido,  y la identidad de él mismo, que se había quitado las narices de disfraz que había llevado, como vecino del mismísimo Sancho Panza.

Después de confesar y aceptar Sansón Carrasco todas las condiciones impuestas por don Quijote para perdonarle la vida, don Quijote y Sancho continúan, de nuevo, el camino a Zaragoza. Mientras tanto, Sansón Carrasco es recogido y curado por Tomé Cecial, y vuelven ambos a su casa ese mismo día. Don Quijote iba vanagloriándose de su victoria, cuando son alcanzados, debido como siempre al poco andar de Rocinante, por un caballero que iba por ese mismo camino, de El Toboso a Mota del Cuervo:

“En estas razones estaban cuando los alcanzó un hombre que detrás dellos por el mismo camino venía sobre una muy hermosa yegua tordilla, vestido un gabán de paño fino verde, jironado de terciopelo leonado, con una montera del mismo terciopelo…” (2, 16)

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Llegando a ellos, el Caballero del Verde Gabán, les saluda y don Quijote le pide que, como llevan el mismo camino, podrían ir juntos, a lo que el caballero,  deteniendo a su yegua, acepta por dirigirse al pueblo cercano y por el aspecto interesante de don Quijote. En sus presentaciones el caballero les dice quién es y la intención de llegar a su pueblo para comer. Estaban entonces a media mañana:

“Yo, señor Caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de un lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido. Soy más que medianamente rico y es mi nombre don Diego de Miranda…” (2, 16)  

Continúan su camino, hablando don Quijote tan cuerdo que casi don Diego cambia la primera opinión que de él había tenido. Y estando Sancho comprando unos requesones a unos pastores, que allí cerca estaban con sus ovejas, cuando de frente a ellos ven una carreta con distintivos reales:

“… cuando alzando don Quijote la cabeza vio que por el camino por donde ellos iban venía un carro lleno de banderas reales, y, creyendo que debía de ser alguna nueva aventura, a grandes voces llamó a Sancho que viniese a darle la celada, el cual Sancho oyéndose llamar, dejó a los pastores y a toda priesa picó al rucio y llegó donde su amo estaba…” (2, 16)

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Esta carreta, como poco después se describe, iba tirada por unas mulas y llevaba dos leones en jaulas que desde Orán venían como regalos al rey. El carretero responde a don Quijote cuanto se le pregunta, Y el leonero, que iba sentado en la parte delantera del carro le detalla la grandeza y el hambre que en ese momento debían de tener los leones.

Don Quijote ordena al leonero que le abriese una de las jaulas para probar ante todos su valentía. Apartándose los demás lo más lejos que pudieron, al abrirse la jaula, el león, no solo no ataca a don Quijote, sino que lo ignora volviéndose a acostar en el mismo suelo de la jaula. La valentía del Caballero de la Triste Figura quedó así vista y reconocida por todos:

“Dio los escudos Sancho, unció el carretero, besó las manos el leonero a don Quijote por la merced recebida y prometiole de contar aquella valerosa hazaña al mismo Rey cuando en la Corte se viese.

Siguió su camino el carro, y don Quijote, Sancho y el del Verde Gabán prosiguieron el suyo.

Y démonos priesa, que se hace tarde, y lleguemos a mi aldea y casa, donde descansará vuesa merced del pasado trabajo, que si no ha sido del cuerpo, ha sido del espíritu, que suele tal vez redundar en cansancio del cuerpo.

-Tengo el ofrecimiento a gran favor y merced, señor don Diego —respondió don Quijote.

Y picando más de lo que hasta entonces, serían como las dos de la tarde cuando llegaron a la aldea y a la casa de don Diego, a quien don Quijote llamaba el Caballero del Verde Gabán.” (2, 17) 

“Y picando más de lo que hasta entonces”. De nuevo el cuidado del tempo de la historia. Cervantes hace ahora terminar este espacio que separa El Toboso con Mota del Cuervo al paso de Rocinante, pero ya sin nuevas paradas. Donde llegan, a la hora de comer es Mota del Cuervo, el lugar del Caballero del Verde Gabán.

En casa de don Diego estuvieron don Quijote y Sancho Panza cuatro días, muy bien recordados después por Sancho por el buen trato recibido. Como la intención era de ir a Zaragoza a unas famosas justas y podían “entretener el tiempo”, les sobraba tiempo para llegar, don Quijote decide ir desde el lugar de don Diego a conocer la Cueva de Montesinos, “de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se contaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento y verdaderos manantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera”

Identificado este lugar del Caballero del Verde Gabán, Mota del Cuervo, de nuevo constatamos cómo la geografía del Quijote es real, solo hay que seguirla con el texto de Cervantes, tras los pasos de Rocinante.

Ahora resulta todo coherente, pero teniendo en cuenta la ubicación geográfica de El Toboso, y los caminos de esta parte de España, desde el lugar de Dulcinea, para ir hacia Zaragoza, también podría haber tomado don Quijote la derrota hacia Quintanar de la Orden y desde allí continuar hacia las tierras del río Ebro, por Madrid o Guadalajara. Esta duda se disipa  principalmente por el encuentro que tienen, de frente, con la carreta de los leones. Esta carreta transportaba dos leones que desde Orán, ciudad española en el Norte de África en tiempos de Cervantes, llevaban como destino la villa y corte de Madrid. Desde Orán, estas jaulas se transportarían en barco hasta algún puerto de la costa del Levante de España, y desde allí, en la carreta identificada con banderines reales, por caminos de rueda ir a Madrid. Desde Valencia, Alicante o Cartagena, la carreta con los leones después de pasar por Mota del Cuervo, punto común de caminos procedentes de Cartagena, Alicante o Valencia, continuaría su camino por El Toboso, Quintanar de la Orden, Ocaña y desde aquí cruzando el río Tajo en barca llegar a Madrid. Solo se podía producir este encuentro con la carreta de los leones, de frente en el camino que llevaban, tal y como lo describe Cervantes, en el camino de El Toboso a Mota del Cuervo.

El camino que une estos dos lugares manchegos está bien definido en las contestaciones que ambos hacen en las Relaciones Topográficas de Felipe II en 1575:

El Toboso. “El pueblo mas derecho y mas cercano hacia donde el sol sale es la villa de la Mota que esta de este dos leguas pequeñas…”

Mota del Cuervo. “Al capitulo quince declararon que saliendo de esta villa do se pone el sol el primer lugar es la villa del Toboso y esta de esta villa dos leguas comunes”

En estas dos leguas, unos 12 kilómetros, transcurren estas aventuras, y,  al paso lento de Rocinante, después del duelo con el Caballero del Bosque y el encuentro con la carreta de los leones, llegar a medio día a comer a la casa del Caballero del Verde Gabán, en Mota del Cuervo.

La descripción de la casa de don Diego, es la de una casa importante de Mota del Cuervo, casi un castillo, como poco después, en el capítulo XX, Sancho la recordaba: “viniéndosele a la memoria el buen alojamiento que había tenido en el castillo o casa de don Diego”:

“Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que por ser del Toboso le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea, y sospirando y sin mirar lo que decía ni delante de quien estaba, dijo:

-Oh dulces prendas, por mi mal halladas;

dulces y alegres cuando Dios quería!

¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura! (2, 18)

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Cervantes sabe que en el cercano lugar de El Toboso se hacen tinajas, con una forma singular que las distingue de las demás a simple vista. Estas tinajas las ha debido de ver en alguno de sus viajes de paso por El Toboso o en el mismo Mota del Cuervo. Utiliza como recurso descriptivo de la casa de don Diego unas tinajas fabricadas en El Toboso. Estas singulares  tinajas y su laboriosa fabricación artesanal también la podemos constatar en las Relaciones Topográficas de El Toboso:

“… Lo que en el dicho pueblo se ha labrado y labra y hace mejor que en otro lugar de España son tinajas para tener vino, aceite y lo que mas quisieren echar en ellas, y de las hacer hay en el dicho pueblo mucha pericia y sciencia…”

Ya tenemos situado en el mapa el lugar de don Diego de Miranda, en el lugar conquense de Mota del Cuervo. Don Quijote, una vez que han pasado cuatro días en casa de don Diego, y estando con tiempo de sobra para llegar a las famosas justas que se celebrarían en Zaragoza, decide “que primero había de entrar en la cueva de Montesinos, de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se contaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento y verdaderos manantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera” (2, 18) 

Siguiendo el camino que le llevará desde la casa de don Diego a la famosa cueva de Montesinos, topónimo real y referencia concreta en el mapa, pasaremos por la plaza del lugar donde se iba a celebrar la boda de la bella Quiteria con el rico Camacho, que a la postre fue la boda de Quiteria con el ingenioso Basilio. Poco hay ya que averiguar, sino mirar el mapa de esta parte de la Mancha y seguir leyendo el Quijote, para poner nombre a este lugar tampoco nombrado textualmente por Cervantes: Socuéllamos. Pero hasta llegar al lugar de Quiteria, aún nos queda una jornada de viaje, tras los pasos de Rocinante, por un camino y un paraje manchego único.

                                                     Luis Miguel Román Alhambra

Más información:

Sociedad Cervantina del Lugar de don Quijote https://sociedadcervantinadellugardedonquijote.wordpress.com/

 

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