Don Quijote en el camino de Toledo a Murcia, una realidad geográfica

Las aventuras de don Quijote transcurren principalmente por caminos, por ser donde más fácilmente podría hallarlas en aquella España de caminantes, carreteros, arrieros, comerciantes y viajeros. En los caminos se encontraban las socorridas ventas, mal provistas en general, donde al menos se podía pasar la noche al resguardo de bandoleros y salteadores de caminos.

Uno de los caminos que podemos identificar, determinando así otra realidad geográfica evidente en El Quijote, es el camino de Toledo a Murcia. Don Quijote, de vuelta a casa en su primera salida desde la venta donde es armado caballero, por el camino que llevaba se encuentra de frente con “un gran tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia” (I P, Cap IV). Este camino con sus dos variantes queda reflejado en el Reportorio de todos los caminos de España de Pedro Juan Villuga (1546), Libro de Grandezas y cosas memorables de España de Pedro de Medina (1566) y en las contestaciones de los pueblos en las Relaciones Topográficas de Felipe II (1575-1578).

Plano resumen de los caminos utilizados en La Mancha para ir de Toledo a Murcia

Plano resumen de los caminos utilizados en La Mancha para ir de Toledo a Murcia

En el Reportorio de todos los caminos de España de Pedro Juan Villuga, el camino que desde Nambroca continúa por Tembleque, La Puebla de Almoradiel y el propio El Toboso recibe el nombre de Murcia a Toledo, y el otro camino que también desde Nambroca continúa hacia Madridejos, Alcázar, Campo de Criptana y Mota del Cuervo, recibe el nombre de Toledo a Cuenca, siendo ambos caminos utilizados igualmente hacia Murcia.

Relación de lugares de paso del camino de Murcia a Toledo

Relación de lugares de paso del camino de Murcia a Toledo

En las Relaciones de Felipe II, podemos ver como los lugares por los que pasa este camino contestaban encontrarse en él y ser paso de viajeros, como la villa de Campo de Criptana:

“Esta villa es pasajera de carros que van de los reinos de Valencia y Murcia a Toledo, y de Toledo a los dichos reinos, y de Cuenca a la parte de cierzo de esta villa. Es pasajero para el Andalucía y reino de Granada”.

Contestación de Campo de Criptana a la pregunta cincuenta y cinco de las Relaciones de Felipe II.

Contestación de Campo de Criptana a la pregunta cincuenta y cinco de las Relaciones de Felipe II.

 

En este mismo sentido lo hacía también la villa de Madridejos:

“Por esta villa pasan los carreteros y caminantes que vienen de Murcia a Toledo y los que vienen de Madrid para Granada, y en su término no hay venta alguna” 

“Un gran tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia”. Cervantes con este pequeño párrafo nos identifica el camino por donde regresa a su casa don Quijote, el camino de Toledo a Murcia, y nos determina la dirección que lleva, contraria a la de los mercaderes toledanos en su viaje a Murcia. Si la dirección de estos mercaderes era Oeste a Este, nuestro hidalgo necesariamente llevaba la contraria, de Este a Oeste, quedando así determinada la dirección que toma don Quijote en las dos primeras salidas de su lugar por este camino, precisamente hacia el Este. Y así nos lo describe Cervantes en la segunda salida de don Quijote, ya con Sancho Panza de escudero, primero haciendo énfasis en el camino escogido y su dirección, “acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje” y después, habiendo partido en medio de la noche, al amanecer “ por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban”. El sol al amanecer, tan oblicuo al horizonte, aun dándoles de frente al llevar dirección Este, no les molestaba en aquel día de verano.  Muy poco tiempo después, se encuentran con los molinos de viento de Campo de Criptana.

Por este camino, de Toledo a Murcia, conocido por esta parte de La Mancha también por Camino de Murcia, o Camino de los Valencianos, transcurre casi toda la primera salida de don Quijote de su lugar. Nuestro hidalgo, después de toda una larga jornada de un mes de julio manchego “vio, no lejos del camino por donde iba, una venta… que a él le parecía castillo”. En esta venta hoy desaparecida, situada donde ahora se encuentra la ermita de Manjavacas, en el término de Mota del Cuervo, y después de las risas que su figura provocaba, de un mal cenar, y una vela de armas junto a la pila que servía de abrevadero en el corral donde dejó mal heridos a dos arrieros, don Quijote es armado caballero por el propio ventero en una ceremonia fingida.

Cervantes nos narra como don Quijote no quiere perder más tiempo en aquella venta una vez investido caballero y regresa a su casa para hacerse con todo lo que el ventero le había relacionado que un caballero andante debía de llevar en su oficio consigo: dineros, camisas, ungüentos para las curas y un escudero:

“La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo. Mas viniéndole a la memoria los consejos de su huésped cerca de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, especial la de los dineros y camisas, determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería. Con este pensamiento guió a Rocinante hacia su aldea, el cual, casi conociendo la querencia, con tanta gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo” .

Por el mismo camino que salió de su casa y llegó a la venta, don Quijote comienza su regreso a ella. Y “no había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba”. Don Quijote se dirige hacia donde salían esas voces y ve como un labrador azota a un muchacho que esta atado a una encina, por haber perdido alguna oveja de su rebaño. Este labrador es “Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar”, lugar que dista pocos kilómetros de este paraje cercano a Mota del Cuervo, lugares de la Orden de Santiago y con aprovechamiento común de sus pastos, por lo que no era difícil ver rebaños de ovejas aprovechando los pastos en terrenos cercanos a los de sus propietarios, como así nos lo indica, en la respuesta cuarenta y cinco, Quintanar de la Orden en las Relaciones de Felipe II:

“Esta villa no tiene término propio, si no es un monte y coto que se da al carnicero que es poca cosa. Tiene aprovechamiento y comunidad en todos los términos de la orden de Santiago para pastar y rozar y arar los otros aprovechamientos como pueblo de la dicha orden”

Plano actual de los lugares cercanos de Quintanar y Mota del Cuervo, de la Orden de Santiago

Plano actual de los lugares cercanos de Quintanar y Mota del Cuervo, de la Orden de Santiago

Don Quijote, después de acordar con el labrador que el muchacho, Andrés, le acompañase a su casa y que le pagase la soldada que le debía por la guarda de su rebaño, sigue caminando sobre Rocinante hacia su hacienda, contentísimo de haber acometido la primera aventura después de ser nombrado caballero, sin darse cuenta que en cuanto se alejó de aquel lugar el labrador pegó tal paliza al muchacho que le dejó casi por muerto.

Como ocurre habitualmente, este camino también tenía otro que lo cruzaba. Cervantes, buen conocedor de el, así nos lo describe:

“En esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucijadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquellos tomarían, y, por imitarlos, estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza”.

Detalle del plano de los caminos donde se aprecia el cruce del camino

Detalle del plano de los caminos donde se aprecia el cruce del camino

Este cruce, aun visible hoy, es el formado por los dos caminos posibles por los que se puede ir de Toledo hasta Murcia, utilizando uno u otro, por los viajeros y comerciantes, según los lugares a pasar, ya que las distancias son muy parecidas.

Cruce de caminos descrito por Cervantes. “soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza”. Llegando a este punto del camino, Rocinante giró a la izquierda hacia su cuadra

Cruce de caminos descrito por Cervantes. “soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza”. Llegando a este punto del camino, Rocinante giró a la izquierda hacia su cuadra

Rocinante, no tuvo la menor duda para volver a su cuadra y tomo el mismo camino que el día anterior había recorrido. Comienza a avanzar por él dirigiéndose hacia el Oeste, “Y habiendo andado como dos millas, descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que como después se supo, eran unos mercaderes toledanos, que iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie”

Detalle del capítulo IV de la primera edición de El Quijote de 1605

Detalle del capítulo IV de la primera edición de El Quijote de 1605

Desde este cruce de caminos nos ponemos a andar esas dos millas que nos indica Cervantes, dirección Campo de Criptana hacia el Oeste, recordando que fue en los cerros de esta villa donde en su segunda salida, don Quijote arremetió contra sus “gigantes” al poco de salir de su casa. En el siglo XVI, una milla equivalía a 1000 pasos, 1392 metros. Y a unos 2800 metros nos detenemos, igual que alguna vez lo hiciese Cervantes y desde esta posición privilegiada nos imaginamos a un “tropel” de personas, que a buen seguro habían pasado la noche en Campo de Criptana y estaban comenzando otra de las jornadas que les habían de llevar hasta Murcia.

 

Imagen tomada del camino de Toledo a Murcia a unas dos millas del cruce de caminos. Pocos metros antes esta parte del camino no se ve, oculto detrás de una pequeña cuesta, por lo que este punto del camino puede ser el lugar desde donde don Quijote “descubrió” a los mercaderes toledanos

Imagen tomada del camino de Toledo a Murcia a unas dos millas del cruce de caminos. Pocos metros antes esta parte del camino no se ve, oculto detrás de una pequeña cuesta, por lo que este punto del camino puede ser el lugar desde donde don Quijote “descubrió” a los mercaderes toledanos

 

¡Otra nueva aventura!, debió de pensar don Quijote, “y así, con gentil continente y denuedo, se afirmó bien en los estribos, apretó la lanza, llegó la adarga al pecho y, puesto en la mitad del camino, estuvo esperando que aquellos caballeros andantes llegasen”. Al no creer y confesar la hermosura de Dulcinea del Toboso sin verla, como don Quijote les solicitó a los mercaderes toledanos y sus criados, nuestro caballero sintiendo blasfemada su “emperatriz de La Mancha” les arremete con la lanza, con la gran suerte para los mercaderes de que Rocinante tropezara e hiciese caer junto a él a don Quijote en mitad de este camino. No fue solo el golpe de la caída, sino los muchos palos que le dio un mozo de mulas en este mismo lugar con su propia lanza, lo que dejó a don Quijote mal herido mientras los mercaderes proseguían su camino hacia Murcia.

Maltrecho por la caída y los golpes recibidos, don Quijote no puede ni ponerse en pié, por lo que pasa el tiempo y los dolores, recitando versos de memoria, de aquellos libros que él guardaba en su casa y que le habían hecho perder el juicio. Y mal lo hubiese pasado si no lo encontrara un vecino suyo que lo reconoció:

“Y quiso la suerte que, cuando llegó a este verso, acertó a pasar por allí un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino”.

Subiéndolo el labrador en su borrico y recogiendo los pedazos de lanza que allí había, se encaminó hacia su pueblo, avanzando a pie y llevando al borrico y a Rocinante de las riendas llegando cuando anochecía, aunque esperó a que se hiciese de noche para entrar en él y llevarlo a su casa, donde alborotados, por la desaparición de don Quijote el día anterior, se encontraban su sobrina, el ama y sus amigos, el cura y el barbero.

Este mismo camino que, sin duda, Cervantes conoció en el siglo XVI y que utilizó en la obra para que don Quijote lo tomase en sus dos primeras salidas de su lugar, es el espacio geográfico real donde prácticamente se desarrolla la primera salida de don Quijote. Por este Camino de Murcia, sale una mañana de su casa, y al anochecer, sin acontecerle nada durante todo el día, llega a una de las pocas ventas que en él existían, ya que la cercanía entre los pueblos por los que pasaba, en esta zona cercana a El Toboso, hacían que los viajeros se acomodaran mejor en sus mesones. Y como nos narra Cervantes, a la mañana siguiente toma el mismo camino y hace el mismo recorrido, pero a la inversa hacia su casa, para tratar de hacerse con los recursos que el ventero le había recomendado para su nueva vida de caballero andante.

Camino de Toledo a Murcia, una realidad geográfica que aún hoy podemos recorrer y conocer, casi como lo conoció Cervantes y nos lo dejó en El Quijote. Solo nos faltan esos bosques de encinas que poblaban parte de estos parajes manchegos.

                                             Luis Miguel Román Alhambra

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