LA MANCHA VISTA POR ESQUIVEL (V)

ENTRE LAGUNAS Y PECADOS

Artículo dedicado a Maite,

mi compañera en todos los viajes por la Mancha de don Quijote

pecados inicial

El Maestro Esquivel ha visto Villafranca de los Caballeros en sus dos localizaciones anteriores: desde la torre de Campo de Criptana y desde el cerro de la Sierra, en el término de Campo de Criptana. Esquivel deja esta villa y se dirige hacia Alcázar de San Juan, dejando atrás los terrenos gobernados por la Orden de Santiago comienza a pisar los terrenos de la Orden de San Juan.

En Alcázar de San Juan realiza donde una observación astronómica con su astrolabio y cuadrante y anota sus coordenadas en su cuaderno para situarla precisamente en el primer mapa matemático de España, como hace con las poblaciones más importantes que va encontrando a su paso.

coordenadas alcazar

Posiblemente el Maestro Esquivel hace esta observación astronómica desde el edificio del ayuntamiento de la villa alcazareña aprovechando que era una antigua torre y que se encontraba entre la Plaza Vieja y la Nueva, hoy casi el centro de la Plaza de España, anotando desde allí: «alcaçar de consuegra. lat. [latitud] 39. [grados] 28. [minutos] lon. [longitud] 10. [grados] 57 1/2 [57 minutos 30 segundos]».

Las coordenadas que obtengo a través del Sistema de Información Geográfica Nacional (SignA) para este mismo punto son: 39º 23 23 N – 3º 12 37 O. Puede llamar la atención la gran diferencia entre estas mediciones, especialmente en la longitud, sin embargo hay que tener en cuenta que la longitud se tomaba desde antiguo, Ptolomeo así lo anotó en su Geografía (150 años d.C.), a las Islas Afortunadas, las tierras conocidas más al occidente, como línea de referencia o meridiano 0, incluso después del descubrimiento de las tierras americanas. En mitad del siglo XVI la longitud seguía teniendo como meridiano 0 a las Islas Afortunadas, más precisamente la parte occidental de la isla canaria de El Hierro.

No obstante el Maestro Esquivel elige como meridiano 0 la isla canaria de Fuerteventura. Desconocemos el motivo, Esquivel no dejó escrito el procedimiento de trabajo que había creado para levantar el mapa solicitado por el rey Felipe II, pero elegir un meridiano de referencia distinto al “oficial” o “conocido” en la época también lo hizo su predecesor, como Cosmógrafo Real, Alonso de Santa Cruz para levantar el mapa conocido como Atlas de El Escorial encargado por el rey Carlos I, que tomó como origen de su mediciones el Cabo de la Roca, el punto más occidental de la Península Ibérica. Para los reyes españoles, y para sus cosmógrafos, el mapa de España tenía como objetivo ser un instrumento para el buen gobierno y administración de su territorio, pero también para su defensa en caso de guerras, por lo que en caso de copia o pérdida de los documentos el mapa resultante con los datos anotados por Esquivel tendría un error de más de trescientos kilómetros.

No es hasta 1884 cuando se acuerda formalmente Greenwich como meridiano 0, aunque tanto España como Francia siguieron usando Madrid y París como referencias en sus trabajos topográficos muchos años más.

Desde Alcázar el Maestro se dirige a Villafranca. Sube a la torre de la iglesia de Santa María, como así se conocía, para localizar desde allí otro cerro desde donde poder anotar y referenciar más lugares de la Mancha toledana. Elige un cerro que está «de Villafranca […] del po. [Poniente] al md. [Mediodía] 3 gr. leg 1 3/4». Este cerro está en el término municipal de Camuñas, muy cerca de esta villa toledana, y conocido como el Cerro San Cristóbal.

localizacion del cerro

lugares vistos en los papeles

Como anotó Esquivel en el folio 22, desde este altozano voy a poder observar  el castillo de Consuegra, Consuegra, Camuñas, Madridejos, Urda, el castillo de Mora y el puerto de Los Yébenes.

lugares visto mapa actual

Es sábado y me pongo en marcha desde Alcázar de San Juan hacia Villafranca. Voy por la carretera CM-4133. Este trayecto lo he hecho desde niño muchas veces en verano, pero por el antiguo camino de Villafranca. Primero con mi familia sobre el carro de mulas de un tío-abuelo y después en bicicleta. El destino siempre era sus lagunas, especialmente la conocida como Laguna Grande.

familia en villafranca

La Laguna Grande es una laguna endorreica salina, como la mayoría en esta parte de la Mancha. Pocos años después de la visita de Esquivel los vecinos de Villafranca respondían así a las Relaciones Topográficas en 1575: «… y que los términos de ella hay dos lagunas de agua salobre las cuales cogen agua de que el río dicho de Xigüela corre […]»

Desde hace muchos años sus aguas, y sus lodos, han sido muy estimadas por  aliviar los dolores reumáticos y artríticos, así como afecciones en la piel. Si bien la diversión en sus aguas tranquilas era el objetivo buscado por muchos vecinos de Villafranca, Herencia y Alcázar durante los calurosos veranos, un verdadero oasis en la Mancha. Por su composición era muy recomendable no tragar agua, de hacerlo el mal rato estaba más que asegurado.

barca en la laguna

No quería seguir mi camino hacia Camuñas sin volver a ver esta laguna. Más aún cuando mi amigo Félix Patiño, vecino de Villafranca, me había enviado unas imágenes del estado actual de las lagunas.

foto 1 laguna seca horizontal

Llego a la laguna y la imagen es desoladora, ampliada por el silencio casi sepulcral del entorno lagunar. Hoy este espacio debería estar lleno de familias disfrutando del día y no veo absolutamente a nadie, como tampoco fauna acuática, tan habitual en ella por ser Refugio de Fauna desde finales del año 1988.

laguna seca 2 sentado barca

Sentado en una barca de pescadores, con la ironía de tener los pies en fondo de la laguna, intento entender por qué podría estar sucediendo esto. Estas lagunas pertenecen a la cuenca del río Gigüela. Se nutren hídricamente por precipitación directa en ellas, por la descarga del Acuífero 20 cuando el nivel de este es alto y, desde antiguo, por aportación directa desde el río Gigüela,  vertiendo aguas en la Laguna Chica y desde esta hasta la Laguna Grande. Este año ha sido muy seco, solo llovió algo en primavera, y no ha sido suficiente para conservar mínimamente el nivel de agua. ¿Será la solución para futuro la entrada en explotación de la llamada Tubería Manchega en los próximos meses? Esta superestructura hídrica lleva en construcción casi veinte años y traerá agua desde el Trasvase Tajo-Segura a esta parte de la Mancha, posiblemente el próximo año, si hay voluntad política. ¿Habrá un pequeño ramal que inunde en caso de pertinaz sequía estas lagunas de Villafranca? Sufriendo esta imagen dantesca es más que necesaria.

Continúo mi viaje, algo contrariado por la imagen de la laguna, y llego a la pequeña localidad toledana de Camuñas. ¿Cuándo estuvo el Maestro Esquivel en Camuñas? La toma de datos en el terreno los hizo entre los años 1551 y 1565, año de su muerte. Solo hay una fecha en Los Papeles de Esquivel, «En la puente de Pareja. Lunes 18 de marzo 1555», cuando estaba realizando observaciones en la provincia de Guadalajara. El Maestro Esquivel pudo haber conocido Camuñas ya como villa, pues como contestan sus vecinos en 1575 a las Relaciones Topográficas «es villa desde el año cincuenta y siete que su Magestad lo isimio de la villa de Consuegra […] cae en el reino de Toledo la Mancha que dicen». O aún como aldea de Consuegra durante las disputas con ella.

Dejo atrás el centro urbano de Camuñas y subo por un camino al cercano  Cerro de San Cristóbal. Este es el cerro (39º 25 57.22 N – 3º 26 41.80 O) desde donde Esquivel contempla, de nuevo, la imagen de la  Mancha toledana.

ruinas molino

La ruina del antiguo molino se encuentra justo en el lugar donde Esquivel apoyó y niveló su gran dioptra de madera. Cuando estuvo aquí el Maestro, este molino de viento no había sido construido, Camuñas no disponía de molinos de viento con qué moler sus cereales, teniendo que ir sus vecinos «a moler a doce y catorce leguas a Tajo y Guadiana» a molinos de agua. Con los datos que me facilita Félix Patiño el molino de San Cristóbal se construyó en 1875 por el criptanense Juan Crisóstomo Quiñones. En la imagen que hace de Camuñas Domingo de Aguirre en su  Descripción Histórica del Gran Priorato de San Juan, manuscrito que realiza para el prior de la Orden don Gabriel Antonio de Borbón en 1752, aparece dibujado un molino de viento, pero corresponde al molino El Viejo, conocido actualmente como La Unión, y está integrado hoy en el casco urbano de la villa.

camuñas aguirre

Desde aquí Esquivel anotó en sus Papeles los nombres de los lugares alineados con el visor de su dioptra y el ángulo que formaba con respecto a uno de los cuatro puntos cardinales.

consuegra y madridejos

castillo consuegra detalle

Desde este cerro es posible ver un horizonte de casi 360º. Uno de los muy pocos lugares en la Mancha desde donde poder tener la imagen de inmensidad de la patria de don Quijote, junto con el Cerro de San Antón en Alcázar de San Juan. Y sin embargo el Maestro Esquivel no anota en su libreta lugares como Alcázar, Herencia y Villafranca que se ven perfectamente desde aquí.

alcazar dwesde cerro

herencia

Esquivel utiliza para situar en el mapa a los lugares más importantes sus coordenadas geográficas precisas, como hizo con Alcázar, y el resto de lugares más pequeños por las intersecciones de las líneas observadas desde cerros y torres elegidas por él. Herencia y Villafranca las tenía ya fijadas en el mapa con  tres observaciones anteriores, por lo que en esta ocasión las omite.

Bajo del cerro habiendo visto una de las imágenes más impresionantes que de la Mancha se puede tener, pero no puedo irme de Camuñas sin acercarme a ver el Centro de Interpretación de los Pecados y Danzantes.

viendo el mural

En este edifico de nueva planta nuevo se explica, dentro de lo que es posible, un antiquísimo Auto Sacramental que llena de color, olor, sonido y fervor el Corpus Christi camuñero. Su origen no es posible datarlo con seguridad. En 1741 se afirma documentalmente que desde “tiempo inmemorial” había “dos danzas que dizen de Judíos y Pecados”, y algunos historiadores afirman que en 1500 ya se hacían  estas danzas, por lo que en su breve estancia en alguna de las casas principales de de esta villa a Esquivel le describiesen este rito ancestral que comienza la tarde del Domingo de Resurrección, con la enigmática danza de Tejer el Cordón de los Danzantes. Y volverán a hacerlo el jueves del Corpus y el domingo de la Octava.

tejiendo el cordon

Algunos estudios locales creen que se trata de la escenificación mímica de la  lucha entre el bien y el mal. Sin embargo, en las danzas no se aprecia disputa alguna entre los Pecados y los Danzantes. Es una fiesta de sentido y sentimiento camuñero, muy difícil de comprender por los que venimos de fuera. El jueves del Corpus, las varas arrastrándose, disparos de escopeta, castañuelas, panderetas, tambor, sonajas, el son de una porra y aullidos se confunden en sus calles mientras los Pecados inician cada uno su particular carrera hacia el Santísimo.

salto de pecado

El Pecado la inicia con el volapié, haciendo un ligero aleteo con la mano izquierda y después de unos pequeños pasos arrastrando la vara inicia la carrera sin dejar de mover la mano izquierda y la vara sujeta con la derecha pegada al cuerpo, para terminar con el salto unos metros antes de llegar delante del Santísimo. Aquí, el Pecado da uno o dos brincos serpenteando su cuerpo quedando suspendido en el aire un instante para después caer y hacer una reverencia con su rodilla descubriendo su cara, dejando caer su máscara sobre el hombro. Nadie sabe lo que por la cabeza del Pecado pasa en esos instantes, tampoco lo dicen, es muy personal, como algunos de los adornos de su vestido.

mural transparencia iglesia

Regreso a casa con la determinación de volver a Camuñas durante el Corpus del año 2021, espero que ya sin mascarilla por el COVIC-19.

El Maestro no dejó nada más que coordenadas, ángulos, relaciones de lugares y alguna otra nota geográfica en estos papeles, más de 800 folios, pero sin duda el horizonte manchego y su luz lo cautivó, como a Quijano, su fiel ayudante. De este asistente de topografía no se sabe nada más que su nombre y que estuvo al servicio con el Maestro muchos años, pero con solo pronunciar su nombre en esta parte de la Mancha se produce un trasiego sin remedio  hacia el Quijote.

No tardaré en volver a mirar los enigmáticos Papeles de Esquivel guardados en Estocolmo para tomar notas e ir a otro cerro desde donde contemplar la misma imagen de la Mancha que el Maestro vio en mitad del siglo XVI. Desde que en abril de 2018 llegó a mis manos una copia de estos papeles manuscritos, hay un lugar desde el cual Esquivel contempló la Mancha conquense, que medio siglo después sería parte de la Mancha cervantina, la villa de Mota del Cuervo. Hasta ella iré en mi próxima salida, pero no voy a subir a la torre de su iglesia, sino que iré al balcón de la Mancha, su sierra con molinos de viento, que quizás sí pudo verlos desde la torre de la iglesia el Maestro, aunque sus novedosas figuras con cuatro grandes aspas movidas por el viento no le recordaran a descomunales gigantes, era un excepcional matemático y geógrafo. Esa genial fantasía estaba aún en la pequeña cabeza de Cervantes.

                                                                            Luis Miguel Román Alhambra

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LA MANCHA VISTA POR ESQUIVEL (IV)

Desde la torre de la iglesia de Campo de Criptana el Maestro Esquivel no puede observar los lugares situados al «septentrión» de ella, al norte, porque el relieve del terreno se lo impide.

perfil

La Sierra de Criptana imposibilita la visión directa, por ejemplo, del lugar toledano  de Quero como se puede apreciar en el perfil del relieve entre ambas localidades, obtenido mediante el Sistema de Información Geográfica Nacional (SignA). Para poder realizar las observaciones de los lugares vecinos al norte  de Campo de Criptana Esquivel elige un cerro de la Sierra del Águila «questa del campo de criptana del S. [Septentrión] al po. [Poniente] 38 gr. [grados] leg [leguas] 1/6».

folio 22

El proyecto de Esquivel se fundamenta en la situación de los lugares en el mapa mediante la triangulación de las observaciones obtenidas desde las torres de los lugares visitados o cerros cercanos. La distancia anotada, siempre orientativa, en este caso tiene mucho error. Anota el cerro de Campo de Criptana a «leg. 1/6», que equivaldría aproximadamente a 1 kilómetro, y podemos comprobar en el perfil del relieve que  este cerro sobre la Sierra de Criptana está aproximadamente a media legua de la villa molinera, unos tres kilómetros. Para localizar este cerro es necesario calcular el valor del ángulo opuesto por el vértice del anotado por Esquivel desde el cerro. Así llego a marcar sobre el MTN (Mapa Topográfico Nacional) el cerro desde donde Esquivel apoya de nuevo sus voluminosos instrumentos, coincidiendo en el mismo lugar donde el Instituto Geográfico Nacional tiene instalado un vértice geodésico, denominado Sierra (39º 25ʹ 40.39ʺ N – 3º 8ʹ 20.37ʺ O) Este punto se encuentra entre los antiguos caminos de Campo de Criptana a Quero y Miguel Esteban, hoy carretera CM-3105.

cerro marcado en el mapa

Para ir a este punto decido hacerlo desde Campo de Criptana, igual que lo hizo  el Maestro Esquivel. Dejo atrás Campo de Criptana por la carretera CM-3105 y paro unos minutos en la ermita de San Isidro (39º 25ʹ 14.37ʺ – 3º 07ʹ 59,83ʺ O), construida en mitad del siglo XX.

ermita de san isidro

La ermita está enclavada sobre otro cerro de la Sierra de Criptana rodeada de pinos. Al ser por la mañana temprano, aunque es agosto, hace una temperatura de unos 18º C. A casi un kilómetro de ella dejo la carretera por un camino agrícola, y a unos 350 metros veo el vértice geodésico. Los últimos metros hay que hacerlos a pie junto a unos olivos hasta llegar a su base.

vertice geodésico

Giro sobre mis pasos y la Mancha toledana está a mi vista, tal y como la vio Esquivel desde aquí. Los usos del suelo han modificado su morfología, pero su plano sigue inalterable. Tomo mis prismáticos y veo con nitidez Quero, Villacañas, La Villa de Don Fadrique, La Puebla de Almoradiel, Miguel Esteban, Quintanar, Villanueva de Alcardete, Consuegra, Villafranca de los Caballeros, El Toboso y Lillo. Aún me cuesta entender como con aquellos instrumentos podía el Maestro Esquivel orientarlos perfectamente hacia las puntas de las torres de las iglesias sin ópticas adecuadas. Hoy, incluso, llego a pensar que las observaciones las podría haber hecho de noche, utilizando linternas encendidas sobre las torres. Es solo una hipótesis porque de su procedimiento de trabajo se ha perdido todo, si es que lo llegó a escribir.

lugares observados

la mancha toledana

En la fotografía se pueden ver los municipios toledanos de Quero, Villacañas y la Villa de Don Fadrique. Y mucho más cerca, a la derecha, blanquea la Laguna del Salicor, completamente seca en este verano manchego.

ruta al cristo de villajos

Para regresar a Alcázar de San Juan no voy a volver sobre mis pasos sino que continuaré por la misma carretera CM-3105. Aún sigo en el término municipal de Campo de Criptana y a menos de dos kilómetros llego a la ermita del Cristo de Villajos, su Patrón.

ermita cristo de villajos

Inicialmente este lugar estaba dedicado a la Nuestra Señora de Villajos, al menos así lo afirman los vecinos de Campo de Criptana en sus Relaciones Topográficas en 1575: «Media legua de esta villa está otra ermita de la Señora de Villajos». En este paraje estuvo asentado un pequeño núcleo de población, conocido como Villajos, desde que el rey Alfonso VIII lo encomienda repoblar a la Orden de San Juan en 1162, pasando después a formar parte de la Orden de Santiago, despoblándose totalmente hacia la villa de Campo de Criptana. Desde 1663 la ermita cambia su advocación con su reconstrucción casi la  ruina y la llegada a la ermita de la talla de un Cristo crucificado, pasando desde entonces a conocerse como la ermita del Santísimo Cristo de Villajos. Su aspecto exterior es de obra muy reciente, como su retablo, reconstruido a semejanza del existente de estilo barroco destruido durante la Guerra Civil española.

Junto a la ermita se encuentra un pozo de nieve construido en el siglo XVII para conservar en su interior la nieve recogida durante el invierno. Apisonada entre capas de paja formaban bloques de hielo, y así poder conservar alimentos y medicinas. Por la hora de la mañana a la que he llegado la puerta estaba cerrada y no he podido contemplar su forma circular y su profundidad, de unos siete metros.

pozo de la nieve

Consulto en los papeles de Esquivel el siguiente punto de observación al que se dirigió. De nuevo es un cerro, que está «[…] de Villafranca […] del po. [Poniente] al md. [Mediodía] 3 gr. leg 1 3/4». Y los lugares que anota desde allí son: el castillo de Consuegra, Consuegra, Camuñas, Madridejos, Urda, el castillo de Mora y el puerto de Yébenes. Una nueva imagen vista por Esquivel de la inmensa Mancha toledana me espera.

                                                                                Luis Miguel Román Alhambra

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VISITADORES DE LA CASA PUBLICA

España vuelve a estar en boca de todos como el país europeo con más brotes de COVID-19. ¡Algo no estamos haciendo bien! De nuevo nuestros gobernantes piensan ya en cómo curar a la población contagiada, cuando lo más eficiente hubiera sido, nuevamente, prevenir los contagios.

Estos días está siendo noticia en todos los medios de comunicación un nuevo brote, no por su gravedad o por su gran número de contagiados, sino porque este brote tiene su origen en un club nocturno donde todas sus mujeres han dado positivo. Este club nocturno está en Alcázar de San Juan. Ahora viene el costoso, y difícil, seguimiento de los clientes que han estado en este local, de vecinos de Alcázar de San Juan como de los lugares cercanos. Habrá personas contagiadas que por vergüenza o temor no se pongan en contacto con su médico para solicitar hacerse la prueba PCR, y por tanto el contagio se extenderá silencioso como gran mancha de aceite. De haber sido el inicio del foco otro tipo de local, como un supermercado, una librería o una cafetería, hoy habría colas de vecinos solicitando una prueba PCR, aunque hubiesen pasado a varios metros del establecimiento.

Esta falta de prevención ha ocurrido en Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote, mi pueblo. Sin embargo, en tiempos de la escritura de la novela aquí, en Alcázar, primaba la prevención a la cura. Todos los años se nombraban comisarios y visitadores de oficios para que, entre otras cosas, vigilaran el buen hacer de cada uno de los maestros y oficiales. Así eran visitados los bataneros, tejedores, zapateros, carpinteros, herreros, caldereros, herradores, cardadores, albañiles, carreteros, boteros, tundidores, cereros, tintoreros, cordeleros, sastres… y las mujeres públicas.

El 30 de noviembre de 1604, unos días antes de que Cervantes obtuviese el  permiso para la venta de su primer Quijote, el escribano del ayuntamiento de Alcázar de San Juan anotaba, en la vuelta del folio 208 del Libro de Actas y Acuerdos,  que los alcaldes y regidores de la villa ese día «se juntaron para proveer y praticar las cosas convenientes a la republica y bien común de los vecinos…», y apuntaba los nombres de los comisarios, visitadores y veedores de los distintos oficios. En el margen escribe: «Veedor de la casa publica». Para anotar a su derecha: «Para visitador de las mujeres de la casa publica desta villa a Fº Ximenez de la Guia cirujano» Para prevenir enfermedades, en las mujeres públicas y sus  clientes, los gobernantes de Alcázar de San Juan comisionan a un cirujano para que certifique las buenas prácticas en este oficio.

archivo municipal

En unos días o semanas nuestros hospitales estarán, casi con toda seguridad,  al borde del colapso, con jornadas maratonianas de médicos, enfermeros, auxiliares… que de nuevo se verán impotentes ante este virus.

En unos días o semanas miles de trabajadores volverán a estar en casa y aumentará el desempleo en este país. Los cierres metálicos en tiendas y empresas estarán con un candado.

En unos días o semanas los responsables en Educación  de este país dejarán las escuelas cerradas o bajo la responsabilidad de los padres para llevar a sus hijos a las aulas sin plenas garantías sanitarias.

Y de nuevo el confinamiento total o parcial de la población por no prevenir, por no comisionar “veedores de oficios” que evitaran aglomeraciones, fiestas y reuniones sociales de todo tipo sin las medidas de seguridad necesarias, que, según evidencian los resultados de las pruebas PCR, son los principales causantes de estos nuevos rebrotes.

No son suficientes el esfuerzo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, ni los “rastreadores” de contagios. Un “veedor” en la casa pública Las Palmeras en Alcázar de San Juan habría constatado que las medidas de seguridad contra el COVID-19 se relajaban en exceso, o simplemente no existían, y quizá no habría que comenzar a curar o lo que es peor volver a certificar más muertes.

Ahora no vale estigmatizar el oficio de estas mujeres, y menos desde el fariseísmo social que hoy impera. Criticar estos lugares y sus trabajadoras ha sido siempre un parche, una mala cura. Todo lo contrario de lo que hace Cervantes con este viejo oficio en el Quijote. Aprovecha la supuesta locura de don Quijote, y así evitar la censura, para dignificar a estas mujeres que ejercen esta antigua profesión, en una gran mayoría por necesidad económica o forzadas por embaucadoras celestinas y alcahuetas de entonces, y por proxenetas y traficantes de mujeres hoy.

tolosa y molinera

En la primera salida de don Quijote de su casa llega muy cansado al final del día a una venta y «estaban acaso a la puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del partido, las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche acertaron a hacer jornada… que a él le parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando» Don Quijote no ve prostitutas, sino mujeres, aunque ellas «como se oyeron llamar doncellas, cosa tan fuera de su profesión, no pudieron tener la risa». Después de una mala cena, de los desaguisados y encontronazos con los arrieros, una vez burlescamente armado caballero por el ventero este «mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción» Aquí don Quijote tiene una hermosa  conversación de despedida con ellas:

«Don Quijote le preguntó cómo se llamaba, porque él supiese de allí adelante a quién quedaba obligado por la merced recebida, porque pensaba darle alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de su brazo. Ella respondió con mucha humildad que se llamaba la Tolosa y que era hija de un remendón natural de Toledo, que vivía a las tendillas de Sancho Bienaya y que dondequiera que ella estuviese le serviría y le tendría por señor. Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese don y se llamase doña Tolosa. Ella se lo prometió, y la otra le calzó la espuela, con la cual le pasó casi el mismo coloquio que con la de la espada: preguntole su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera y que era hija de un honrado molinero de Antequera; a la cual también rogó don Quijote que se pusiese don y se llamase doña Molinera, ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.»

La Tolosa y La Molinera, para los ojos de todos y todas, pasan a ser doña Tolosa y doña Molinera para don Quijote, para Cervantes.

En noviembre de 1604 en Alcázar de San Juan se prevenía contra las enfermedades contagiosas en las relaciones sexuales y unos días después Cervantes pone en las calles su gran novela donde sus primeros lectores observan la dignidad con la que trata la profesión de estas dos mujeres.

Otra lección de humanidad que Cervantes nos dejó hace más de cuatro siglos, y que hoy sigue vigente en nuestra sociedad adormecida, insensible ante la muerte de más de cuarenta mil españoles, la mayoría sin poder ser despedidos por sus familias, y aborregada ante los discursos vacíos de muchos de sus gobernantes incapaces de tomar decisiones correctas, solo argumentando que esto mismo ha pasado en todo el mundo. Ya solo les falta decirnos que a ¡mal de muchos, consuelo de tontos!.

Mejor nos iría si se reuniesen «para proveer y praticar las cosas convenientes a la republica y bien común de los vecinos…», como hacían los  alcaldes y regidores de Alcázar de San Juan después de llegar de trabajar largas jornadas en el campo o en sus oficios, cuando se terminaba de imprimir el Quijote.

¡Salud!

                                                                           Luis Miguel Román Alhambra   

 

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LA MANCHA VISTA POR ESQUIVEL (III)

El Maestro Esquivel recurría, la mayoría de las veces, a las torres de las iglesias como el lugar para hacer sus observaciones. Los instrumentos, diseñados por él mismo, eran montados y desmontados en cada una de las observaciones. Dioptra y nivel, entre otros instrumentos, eran subidos y bajados a las torres de las iglesias por sus ayudantes. En Campo de Criptana, antes de ir a «la puente» de San Benito, Esquivel realizó sus mediciones desde la torre de su iglesia.

folio 22

Desde ella anotó en sus papeles los nombres de los lugares que veía y el ángulo preciso con respecto al norte magnético, para después en gabinete trazar las triangulaciones necesarias y dibujarlos en el mapa. La distancia, como en todas sus anotaciones, era la que aproximadamente le aportaba el guía local que le acompañaba, siendo un dato orientativo en su forma de trabajar sobre el mapa.

distancias de lugares

Quizá por lo llano y derecho de los caminos que en esta parte de la Mancha une a los pueblos, una legua en línea recta coincide con la distancia que en una hora se recorre andando o sobre una caballería al paso, aproximadamente seis kilómetros, aunque también en esta observación hay que poner muy buena nota al vecino de Campo de Criptana que con su experiencia de campo le indicó estas precisas distancias. Los lugares anotados son: Alcázar de Consuegra [de San Juan], Argamasilla de Alba, Villafranca, Villarta, Herencia y Arenas.

mapa con los lugares

Observando el mapa anterior puede llamar la atención que estando casi a la misma distancia Argamasilla de Alba y Tomelloso, y sin ningún relieve que impidiese su observación directa, este lugar no fuese anotado por Esquivel en sus papeles. La razón es sencilla: hoy Tomelloso es una ciudad manchega de unos 36.000 habitantes pero cuando Esquivel recorrió la Mancha era una aldea de Socuéllamos de «ochenta vecinos poco más o menos», unos 360 habitantes, como respondían a las Relaciones Topográficas en 1578.

Un día «de los calurosos del mes de julio» estoy recorriendo el camino de Campo de Criptana a Mota del Cuervo, antigua variante del Camino de Toledo a Murcia, y quiero ver el mismo horizonte que el Maestro Esquivel contempló desde Campo de Criptana. No voy a subir a la torre de su iglesia porque me he propuesto mirar la Mancha desde los cerros o puntos de observación que Esquivel eligió fuera de las villas y ciudades. Más razón si en Campo de Criptana hay un cerro singular desde el que puedo contemplar la misma imagen que vio Esquivel. Este cerro está situado a dos kilómetros al este de Campo de Criptana y en su cresta aloja al Santuario de Nuestra Señora de Criptana.

mapa ing santuario Dejo atrás las últimas casas de Campo de Criptana por el conocido Camino de la Virgen (39º 24ʹ 22.32ʺ N – 3º 6ʹ 50.33ʺ O), inicio del Camino de la Mota del Cuervo. Camino, entre la sombra de los árboles, dos kilómetros y a la derecha del camino está indicado el desvío al Santuario de Nuestra Señora de Criptana. Abandono una hora el Camino a Mota del Cuervo y subo a su altozano.

foto de la ermitaPor Francisco Escribano Sánchez-Alarcos, cronista oficial de la villa de Campo de Criptana, conocemos que el edificio se comenzó a construir en el siglo XVI en estilo renacentista sobre otro más pequeño de una nave con cubierta de madera, que ya existía dentro de un castillo que aquí había, y que «en los primeros años del siglo XVIII la ermita era dotada de un nuevo retablo, de estilo barroco […] el aspecto que presenta actualmente la ermita es el fruto de las reparaciones y restauraciones que se han efectuado a lo largo del tiempo»

Desde los muretes de una vieja muralla defensiva veo el inmenso horizonte de la Mancha y los lugares que Esquivel anotó en su cuaderno.

panorámica horizonte

alcazar desde arco

Desde una de las puertas de acceso de la muralla distingo los molinos de viento y el casco urbano de Alcázar de San Juan, y detrás Herencia y Villafranca. Estoy prácticamente en la misma latitud (39º 24ʹ 22ʺ) que la iglesia de Campo de Criptana (39º 24ʹ 20ʺ), por lo que esta imagen es la misma que Esquivel vio, aunque él no pudo apreciar los cuatro molinos de viento alcazareños porque el prior de San Juan aún no había autorizado su construcción, ¡faltaban más de cien años!

Como diría Sancho Panza: ¡no se me cuece el pan! Estoy deseando volver a Campo de Criptana y subir al siguiente cerro a contemplar la imagen de la Mancha. El mismo al que se dirigió el Maestro Esquivel después de bajar de su iglesia, «questa del campo de criptana del S. [Septentrión-norte] al po. [poniente-oeste] 38 gr. [grados] leg [leguas] 1/6».

                                                                             Luis Miguel Román Alhambra

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LA MANCHA DEL MARQUÉS DE CAÑETE

marques de cañete

En mi artículo Las plumas de los soldados españoles, publicado el 24 de junio, vinculaba la noticia que daba Teresa a Sancho Panza de que «Por aquí pasó una compañía de soldados; lleváronse de camino tres mozas deste pueblo; no te quiero decir quién son: quizá volverán y no faltará quien las tome por mujeres, con sus tachas buenas o malas» (Q2, 52), con el paso, documentado en el Libro de Actas y Acuerdos de la villa de Alcázar de San Juan, de una compañía de soldados por este pueblo en octubre de 1608: «[…] en veinticuatro días deste mes de octubre de mil seiscientos y ocho años se alojó en esta dicha villa la compañía de hombres de armas del señor Marqués de Cañete a quien alojaron vecinos de dicha villa».

Esta compañía de soldados pertenecía a García Hurtado de Mendoza, IV Marqués de Cañete, que llegó a ser Gobernador de Chile y Virrey de Perú. El marqués moriría en Madrid al año siguiente del paso de esta compañía por la villa de Alcázar de San Juan, el 15 de octubre de 1609.

PORTADA_HECHOS

García Hurtado de Mendoza había nacido en Cuenca el año 1535, como lo detalla Cristóbal Suárez de Figueroa en su obra Hechos de Don García Hurtado de Mendoza, Quarto Marques de Cañete, publicada en Madrid en 1613, el mismo año que las Novelas ejemplares de Cervantes. Suárez de Figueroa comienza la biografía del Marqués indicando su lugar de nacimiento:

«Si para la fortuna de un hombre importa (según Eurípides) nacer en noble lugar, nuestro sujeto halla en fu favor a Cuenca, antiquísimo de España. Su asiento es áspero, ceñido de dos ríos, Huécar y Júcar, que, despeñados de cercanas serranías, le bañan y hermosean casi con emulación. Tiene Huécar tan corto caudal como vida; mas Júcar, con más anchos fines, atravesando un lado de la Mancha entra en el Reino Valenciano, fertilizando las partes por donde pasa hasta desbocar en el Mediterráneo».

LIBRO 1

En este blog he tratado sobre autores que empequeñecen la inmensa Mancha cervantina hasta amojonarla a unos pocos lugares que formaban el Común de la Mancha, y otros que ven la imagen de la Mancha en cualquier otra parte de Castilla o León. La Mancha del Quijote de Cervantes se extiende de oeste a este desde Extremadura hasta el reino de Murcia, como describe en La gitanilla: «[…] Dejaron, pues, a Extremadura y entráronse en la Mancha, y poco a poco fueron caminando al reino de Murcia».

El vallisoletano Cristóbal Suárez de Figueroa, coetáneo de Cervantes, confirma en esta obra sobre la vida y hechos del IV Marqués de Cañete, los límites de la Mancha hacia el este, describiendo el cauce del río Júcar «atravesando un lado de la Mancha».

En el mapa del SigPac he remarcado en azul el curso del río Júcar a su paso por la Mancha antes de entrar en la provincia de Valencia, y los lugares que en 1575 declararon estar en la Mancha en sus contestaciones a las Relaciones Topográficas. Hasta aquí era conocida la Mancha que Cervantes y Suárez de Figueroa describen en sus obras.

MAPA SIGPAC

De este autor, Cristóbal Suárez de Figueroa, hace una «breve semblanza» Enrique Suárez Figaredo en su edición de El Pasajero, la obra más conocida de Figueroa, en la que evidencia las malas relaciones entre él y Cervantes: «Su manifiesta antipatía hacia Cervantes no era gratuita: venía de tiempo atrás, aun antes de la batallita entre literatos por acompañar a Nápoles al Conde de Lemos.» El rastro que dejaron de aquella enemistad literaria y personal condujo a Enrique Suárez, experto y editor de la obra de ambos autores, a asegurar que fue Figueroa quien se escondió tras el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda para publicar el llamado Quijote apócrifo. Y hasta hoy nadie se lo ha refutado.

https://parnaseo.uv.es/Lemir/Revista/Revista22/Textos/4_El_Pasajero.pdf

Sí; Cervantes y Figueroa andaban «al estricote» (como se decía entonces), y no tendría nada de extraño que a sus disputas debamos la Segunda parte del Quijote cervantino (1615) en réplica al Quijote de Avellaneda escrito por Suárez de Figueroa (1614). Ambas novelas con un mismo protagonista y una misma patria, la Mancha.

                                                    Luis Miguel Román Alhambra

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LAS PLUMAS DE LOS SOLDADOS ESPAÑOLES

uniformes ejercito xviiCervantes fue soldado del ejército español. Se alista o sienta plaza en Italia en 1570, dejando la vida cómoda al servicio del cardenal Acquaviva. La participación en la batalla de Lepanto, el día 7 de octubre de 1571, “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”, fue para él un alto honor. Herido en ella, pasa unos meses en el hospital de Mesina donde se recupera junto con otros soldados “que han quedado mancos y maltratados de la batalla”. Uno de esos soldados heridos también se llama Miguel Cervantes, del que poco más sabemos. Después, su nombre se reconoce en las campañas militares de Navarino, Túnez y la Goleta,  hasta que decide volver a España en 1575. Es apresada la galera en la que venía y llevado cautivo a Argel, donde pasará cinco largos años esperando su rescate.

En sus novelas irradia su amor por el servicio a las armas, lo que da a entender que su alistamiento y paso por el ejército fue por gusto y no por obligación. El ejercicio u oficio de las armas era uno de los tres que cualquier padre quería para sus hijos, según le decía el padre al capitán cautivo, uno de sus tres hijos:

“Hay un refrán en nuestra España, a mi parecer muy verdadero, como todos lo son, por ser sentencias breves sacadas de la luenga y discreta experiencia; y el que yo digo dice Iglesia o mar o casa Real,… Digo esto porque querría y es mi voluntad que uno de vosotros siguiese las letras, el otro la mercancía, y el otro sirviese al rey en la guerra, pues es dificultoso entrar a servirle en su casa; que ya que la guerra no dé muchas riquezas, suele dar mucho valor y mucha fama” (Q 1, 39)

Los orgullosos soldados españoles no escondían su profesión, al contrario, aún estando fuera de servicio mostraban con sus ropajes su condición de soldado, sargento, alférez o capitán. Estas ropas, aunque debían corresponderse con un mismo patrón, no eran del mismo tipo de tejido y color, y debían ser sufragadas por el propio soldado, o descontadas de su soldada. No es hasta 1660 cuando el ejército español unificó sus uniformes, distinguiéndose así unos Tercios de otros, y eran entregados en el momento de sentar la plaza.

Cervantes detalla en el Quijote la vida militar y también su indumentaria. Después de dejar la Cueva de Montesinos don Quijote, Sancho Panza y el primo alcanzan a un mancebito que iba a alistarse en una compañía de soldados. Este no iba por gusto, sino por necesidad, como mostraba en las  seguidillas que cantaba: “A la guerra me lleva mi necesidad. Si tuviera dineros, no fuera, en verdad”. Viste con lo justo para el camino, reservando el resto de ropa para cuando asiente su plaza en la compañía:

“Llevaba la espada sobre el hombro, y en ella puesto un bulto o envoltorio, al parecer, de sus vestidos, que, al parecer, debían de ser los calzones o greguescos, y herreruelo, y alguna camisa, porque traía puesta una ropilla de terciopelo con algunas vislumbres de raso, y la camisa, de fuera; las medias eran de seda, y los zapatos, cuadrados, a uso de corte… Señor —replicó el mancebo—, yo llevo en este envoltorio unos greguescos de terciopelo compañeros desta ropilla: si los gasto en el camino no me podré honrar con ellos en la ciudad, y no tengo con que comprar otros; y así por esto como por orearme voy desta manera hasta alcanzar unas compañías de infantería que no están doce leguas de aquí, donde asentaré mi plaza y no faltarán bagajes en que caminar de allí adelante hasta el embarcadero, que dicen ha de ser en Cartagena. Y más quiero tener por amo y por señor al Rey y servirle en la guerra que no a un pelón en la Corte” (Q2, 24).

Cuando pasaban los meses, y los años, los soldados iban comprando mejores ropas con las que vestir, siempre guardando las mejores en baúles o bolsos de cuero para cuando estaban en las villas y ciudades, creyéndose así comparables a los nobles. Ropas de buen tejido, botas grandes, cinturones del mejor guarnicionero, donde ajustar y mostrar la espada, y sombreros de ala rematados con exóticas plumas de vivos colores, provocaban la admiración y envidia en los muchachos, deseosos de poder alistarse y salir a conocer mundo, y también en las muchachas, deslumbradas por los brillos de las cadenas, hebillas y tachuelas, y el aire de las vistosas  plumas.

Cervantes describe a un soldado, que se marchó de su pueblo con doce años a servir a un capitán que pasó por su pueblo con su compañía de soldados, una edad muy frecuente para ser paje o grumete, y que vuelve unos años después, ya como soldado veterano. El uso que hace de sus vestimentas, no pasa desapercibido en el relato:

“En esta sazón vino a nuestro pueblo un Vicente de la Rosa, hijo de un pobre labrador del mismo lugar, el cual Vicente venía de las Italias y de otras diversas partes de ser soldado. Llevole de nuestro lugar, siendo muchacho de hasta doce años, un capitán que con su compañía por allí acertó a pasar, y volvió el mozo de allí a otros doce vestido a la soldadesca, pintado con mil colores, lleno de mil dijes de cristal y sutiles cadenas de acero. Hoy se ponía una gala y mañana otra, pero todas sutiles, pintadas, de poco peso y menos tomo. La gente labradora, que de suyo es maliciosa, y dándole el ocio lugar es la misma malicia, lo notó, y contó punto por punto sus galas y preseas y halló que los vestidos eran tres, de diferentes colores, con sus ligas y medias; pero él hacía tantos guisados e invenciones dellas, que si no se los contaran hubiera quien jurara que había hecho muestra de más de diez pares de vestidos y de más de veinte plumajes” (Q1, 51)

Leandra, una moza del pueblo, cayó seducida en sus brazos y el final de la historia por todos es conocida: “al cabo de tres días hallaron a la antojadiza Leandra en una cueva de un monte, desnuda en camisa, sin muchos dineros y preciosísimas joyas que de su casa había sacado”

el camino español_dalmauAlgo parecido pasó en el lugar de don Quijote, mientras amo y escudero deambulaban por tierras aragonesas. Entre otras cosas, esto le cuenta Teresa a Sancho, como respuesta a su carta, que el paje de la duquesa le había traído a casa: “Por aquí pasó una compañía de soldados; lleváronse de camino tres mozas deste pueblo; no te quiero decir quién son: quizá volverán y no faltará quien las tome por mujeres, con sus tachas buenas o malas” (Q2, 52)

 Que una compañía de soldados pasara por una villa y se alojase en ella varios días, o semanas, era un problema social y económico para ella. Social porque la llegada de una cierta cantidad de hombres, a veces muy ociosos, sobresaltaban la vida diaria de la villa, y  económico porque acarreaba un gasto enorme a las arcas del concejo, y más para los vecinos más humildes que tenían la obligación de hospedarlos en sus casas, según pragmáticas del rey. Y no eran pocos los hombres que integraban una compañía de soldados. Felipe II disponía que cada Tercio de su ejército se compusiese de 3000 soldados, divididos en diez compañías, al mando de un capitán cada una de ellas, un alférez y varios sargentos y cabos. Aunque este número fue menguando conforme avanzaba el siglo XVI, cuando Cervantes escribía el Quijote cada compañía estaba formada por no menos de cien soldados. Con este número,  solo las villas medianas o grandes disponían de los recursos y podían asumir los gastos necesarios para su hospedaje y manutención, más cuando había muchos vecinos eximidos de la obligación de hospedar a los soldados, ¡vaya! que estos eran alojados en las casas de los más humildes y con menos recursos.

La imagen de Alcázar de San Juan es detallada en el Quijote como el lugar del Ingenioso Hidalgo en varias ocasiones, incluso Cervantes aprovecha un suceso que ocurre en esta villa manchega después de editar su primer Quijote para incluirlo sutilmente en el segundo de 1615: la visita de una compañía de soldados de no muy buen recuerdo en el pueblo.  Y la utiliza en la carta de Teresa antes citada: “Por aquí pasó una compañía de soldados; lleváronse de camino tres mozas deste pueblo; no te quiero decir quién son: quizá volverán y no faltará quien las tome por mujeres, con sus tachas buenas o malas”.

En octubre de 1608 el escribano del ayuntamiento de Alcázar anota en el Libro de Actas y Acuerdos de la villa que:“ […] en veinticuatro días deste mes de octubre de mil seiscientos y ocho años se alojó en esta dicha villa la compañia de hombres de armas del señor marques de Cañete a quien alojaron vecinos de dicha villa”. Pasados más de quince días surgen los primeros problemas, ya que el alojamiento  “fue en casas de vecinos de poca posibilidad y fuerzas porque los mas ricos hallaron estar libres de recibir huéspedes por mandato de Su Magestad, unos por hidalgos otros por salitreros…”. Los alcaldes y regidores acuerdan que  “para aliviar mas el trabajo y costas a las personas en cuyas casas se alojan los dichos gentilhombres por cada dia se de a las casas un real para la costa del soldado”

Pero el tiempo pasa y la compañía seguía en la villa. De nuevo se reúnen para tratar este asunto y toman la decisión de que lo mejor es abonar al capitán una cierta cantidad de dinero para que se marchen a otro lugar, como se dice por esta parte de la Mancha ¡con la música a otra parte! Y encargan el “despacho” de la compañía de soldados a los regidores Melchor de Agudo y Andrés de Valdivieso que pactan con don Francisco de Londuño, capitán de la compañía, su marcha de la villa por ¡veinte mil reales!

Lógicamente en las actas no aparece reflejado si surgió algún exceso de los soldados, aunque sí se anota el nombramiento de dos regidores para que estuviesen al tanto, sospechando que tal cantidad de hombres podrían dar alguno que otro suceso. La incomodidad del paso de la compañía de soldados por la villa queda de manifiesto en las actas del ayuntamiento, y explícitamente como se aprecia en el encabezamiento del acta del trece de noviembre de 1608 que dice: “Acuerdo de los regidores del ayuntamiento y alcaldes desta villa para echar della a los gentiles hombres de armas por convenir a los vecinos de esta villa y bien della”

acta

Oficialmente costó a la villa “echar della a los gentiles hombres de armas”, además de las costas pagadas a los vecinos, esos veinte mil reales anotados, pero quizá también alguna que otra moza de la villa enamorada por las graciosas plumas que los soldados aireaban por las calles y plazas de Alcázar. Una imagen en Alcázar de San Juan de finales de 1608 que queda irónicamente inmortalizada por Cervantes en el Quijote de 1615.

                                                                                Luis Miguel Román Alhambra

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LA CAÑA DE PESCAR DE SANCHO PANZA

imagen de pesca con caña 1 El lugar de don Quijote se encuentra en una parte de la Mancha más seca, sin embargo Cervantes lo describe como un lugar con cuantiosos recursos hídricos superficiales cuando don Quijote, derrotado por el Caballero de la Blanca Luna en la playa de Barcelona, vuelve a casa para cumplir el año de retiro impuesto, tomando la decisión de hacerse pastor durante este tiempo: “[…] yo compraré algunas ovejas […] y nos andaremos por los montes […] bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos […]” (Q2, 67). Sancho desespera porque llegue ese ansiado trabajo, oficio que había ejercido antaño, y, así, poder dejar el de escudero. Sancho ya imagina a su hija llevándoles la comida al campo, lo que indica que los parajes por donde apacentarán al rebaño de ovejas está cerca del pueblo: “Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato”.

Esta singularidad geográfica del lugar de don Quijote propiciaba la actividad de la pesca entre sus vecinos. Sancho y un vecino suyo, disfrazado de escudero del Caballero del Bosque, en una larga conversación entre ellos mientras cenaban, éste le pregunta a Sancho:

“[…] qué escudero hay tan pobre en el mundo, a quien le falte un rocín, y un par de galgos, y una caña de pescar, con que entretenerse en su aldea? A mí no me falta nada deso, respondió Sancho, verdad es que no tengo rocín, pero tengo un asno, que vale dos veces más que el caballo de mi amo” (Q2, 13)

El inusual recurso hídrico citado en el texto de varios “ríos”, además de fuentes y arroyos, en esta parte de la Mancha, solo es posible apreciarlo en el término de Alcázar de San Juan.

junta de los ríos fotoLos ríos Guadiana, Záncara y Gigüela atraviesan su término y se unen en lo que hasta hoy se conoce como la Junta de los ríos. Poco más adelante, en la línea con el término municipal de Herencia, también aporta su caudal el río Amarguillo. Hoy es posible ver esta espectacular imagen de la Junta solo los años de alta pluviometría, muy escasos actualmente.

junta de los ríos mapa

En esta comarca cervantina, delimitada sus bordes por Tembleque, Quintanar de la Orden Argamasilla de Alba y Puerto Lápice, ningún vecino podía declarar explícitamente como hace Tome, que así se llamaba el escudero, y Sancho Panza su afición a la pesca en sus ríos, o su necesidad para completar la maltrecha despensa familiar, si no vivía en Alcázar de San Juan. La mayoría de pueblos de esta comarca declaran en sus Relaciones Topográficas que no hay pesca en su término o la que hay es muy mala y por ello no se consume. Los ríos de esta parte de la Mancha, como el Záncara, Gigüela y Amarguillo se secaban siembre en verano, e incluso había inviernos que el agua no corría por ellos, por lo que los peces eran muy pequeños e inservibles para su consumo. A excepción del río Guadiana, que corría todo el año, pero, como el agua, los peces que llevaba eran propiedad del prior de la Orden de San Juan, que mediante arriendos propiciaba su pesca, como ocurría en la villa de  Argamasilla de Alba.

En el término de Alcázar de San Juan, a unos diez kilómetros de la villa, se juntan todos estos ríos para formar uno solo. A menos de dos horas de camino llano, sus vecinos tenían la posibilidad de hacerse con pescado fresco de río, más barato que el pescado en salazón que arrieros y trajinantes traían desde Andalucía y Levante a la Mancha.

Es tal la afición, o necesidad, a la pesca en Alcázar de San Juan que en el año 1601 surgen denuncias de los agricultores por la elaboración de numerosas “cespederas”, muretes artificiales realizados con piedras y tierra  con las que se conseguía embalsar y retener el agua durante varios meses y así mantener vivos los peces, que ocasionaban desbordes y daños en las tierras y caminos de labor en los meses de invierno, cuando el caudal las desbordaba.

acta cespederas

Son los alcaldes y regidores de Alcázar de San Juan quienes, ante esta práctica de pesca, tienen que tomar severas decisiones:

“En la villa de Alcázar a catorce días del mes de octubre de mil y seiscientos y un años los señores alcaldes y regidores que aquí firmaron sus nombres  estando juntos en su ayuntamiento a campana tañida como lo hacen de uso y costumbre para tratar y conferir las cosas tocantes del bien de los vecinos dijeron que de causa de que algunos vecinos de esta villa y forasteros han hecho y hacen muchas cespederas en el río Záncara para pescar y por haber tanta cantidad de las dichas cespederas tapan el río y sale fuera de madre y a echado a perder muchos huertos y haces de labor y otras heredades y los caminos por donde se va a las labores desta villa de suerte que a hecho notables daños”

Es tanta la pesca que se toma de sus ríos que pocos meses después, los mismos alcaldes y regidores, acuerdan que la pesca se utilice para el propio consumo de la población, por entonces de unos 9.000 habitantes, impidiendo su comercio, anunciando penas y multas para quienes habiendo pescado no lo cumpliesen. En febrero de 1602 el escribano municipal  anotaba en el Libro de Actas y Acuerdos:

“Acordaron los dichos señores que se identifique a todas las personas que pescan en los ríos que están en el término de esta villa que acudan a ella con toda la pesca que tomaron de los dichos ríos para la provisión de esta villa. Sin que sean osados a vender la pesca en esta villa. So pena de seiscientos maravedíes […]”

Alcázar de San Juan al recibir el título de villa por el rey Sancho IV, este le otorgó unos privilegios que otras villas no tenían, posiblemente por haber nacido aquí su hijo Fernando, quien fue su sucesor como rey de Castilla. Estos privilegios fueron siempre disputa entre la villa y el prior de San Juan,  especialmente con su gobernador que residía habitualmente en Alcázar. En julio de 1605 aprovechando que el Concejo de Alcázar de San Juan había nombrado a unos regidores para “ir a besar las manos de su Alteza del príncipe gran prior de San Juan” para suplicarle “se sirva de remediar la necesidad de trigo para pan y sembradura” que tenía la villa ante las malas cosechas que habían tenido, le piden también al prior que no arriende la pesca de los ríos, por lo poco que le supone a él y lo mucho a los pobres poder pescar libremente en ellos, como se ha hecho desde antiguo en Alcázar de San Juan:

“Item. Sinificando a Su A[lteza] el daño que tiene a los pobres del arrendar la pesca de los ríos y lagunas y el poco probecho que tiene a Su Alteza y la defensa que tiene la villa en la costumbre antigua podría servirse de mandar que se den los dichos arrendamientos reduciéndose al estado antiguo”

Seguimos en tiempos de la escritura del Quijote, cuando, de nuevo, los alcaldes y regidores tienen que tomar cartas en el asunto por la construcción de las “cespederas” en sus tres ríos, y los problemas que estas acarrean a los agricultores y a los caminos. Es abril de 1608 cuando reunidos acuerdan que:

“Otro si acordaron que se pregone públicamente que todas las personas que tuvieren cespederas en los ríos de Zancara y Guadiana y Jiguela dentro del termino desta villa las derriben y limpien la corriente de los dichos ríos sacando fuera de ellos las céspedes y otras cosas con [que] los tuvieren atrapados dentro de quatro días con apercibimiento que pasado el dicho termino iran personas a su costa […] las dichas cespederas embarrancando con ellas la corriente de los dichos ríos se anegan muchas eredades de vecinos desta villa y los caminos de manera que no se puede pasar a las labores dellas”

En estas “cespederas”, además de pescar con caña, sedal y anzuelo, se utilizaban pequeñas nasas amarradas a una caña y garlitos. De esta manera, el pescado que quedaba en el agua embalsada, de manera también pasiva, se atrapaba con facilidad y en ocasiones en cantidad, como recogían las actas del ayuntamiento. Esta imagen coetánea a la escritura del Quijote, se puede apreciar en unos grabados conservados en la BNE, realizados entre 1582 y 1600 por Philippe Galle.

pesca caña 2

La imagen de Sancho sobre su rucio con una caña de pescar al hombro o pescando en un río es inexistente en el dibujo y grabado del Quijote. Es una seña de identidad geográfica del lugar de don Quijote que coincide exactamente con la imagen geográfica de Alcázar de San Juan y de sus vecinos que alguna vez vio Cervantes aquí y la utilizó como descripción del lugar de don Quijote.

Otra imagen más del paisaje y paisanaje de Alcázar de San Juan que Cervantes inmortaliza en la novela como el lugar de don Quijote. Una seña de identidad geográfica física y humana que no es posible percibir en ningún otro lugar en esta parte de la Mancha.

Calidad y cantidad de bellotas y pescado de río eran productos que identificaban la imagen de Alcázar de San Juan en 1600, y que Cervantes utiliza sencillamente como recurso literario para describir, sin nombrarlo, al lugar de don Quijote.

                                                                                   Luis Miguel Román Alhambra

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LAS ERAS EN EL LUGAR DE DON QUIJOTE

La forma y el paisaje de Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote, han cambiado en estos cuatro siglos. Su morfología urbana ha evolucionado reflejando en ella los diferentes modelos socioeconómicos sucedidos a través de este tiempo. El plano urbano, el elemento más estable de la morfología, en su expansión, con nuevos trazados viarios y superficies ocupadas por otros usos del suelo, ha tapado superficies destinadas en lo antiguo a otros usos, como son las eras de trillar el cereal situadas en las afueras de Alcázar de San Juan.

Las del lugar de don Quijote y Sancho son descritas, como paisaje periurbano, cuando estos regresan a casa desde Barcelona con la intención de hacer un año de retiro pastoril. Después de pasar por El Toboso, en el último intento de ver desencantada a Dulcinea, siguen el camino que les lleva finalmente a su pueblo. Una cuesta en el camino, poco antes de llegar a él, les impide su visión, hasta que: “Con esto pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea […] Con esto bajaron de la cuesta y se fueron a su pueblo.” (Q2, 72)

Además de describirnos el accidente geográfico que impide desde el camino ver el pueblo, Cervantes lo aprovecha para invitarnos a que desde allí contemplemos la imagen completa del lugar de don Quijote, mientras leemos como Sancho, hincado de rodillas, se alegra ya de llegar “si no muy rico, muy bien azotado”. Y es aquí, entrando al pueblo, cuando Cervantes nos regala otra imagen, otra estampa singular del paisaje urbano del lugar de don Quijote: las eras empedradas donde sus vecinos trillaban el “pan”.

Estas eras están en la entrada del pueblo y unos muchachos riñen en ellas. Entre las eras y las primeras casas, en un “pradecillo”, están rezando el cura y Sansón Carrasco. Otros muchachos aprovechan la cercanía a sus casas para estar también en aquel paraje:

“A la entrada del cual, según dice CideHamete, vio don Quijote que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos […], pasaron adelante, y a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo rezando al cura y al bachiller Carrasco […] finalmente, rodeados de mochachos y acompañados del cura y del bachiller, entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don Quijote.” (Q2, 73)

La mayoría de las eras con las que contaba Alcázar de San Juan se concentraban en la parte noreste de la villa, entre los caminos de Quero, La Puebla y El Toboso,  junto a sus límites urbanos.

folio 20En el primer Libro de Actas y Acuerdos de Alcázar de San Juan (1599-1609), que se conserva en el Archivo Histórico Municipal, encontramos varios pleitos que mantuvo el concejo con el gobernador del priorato de San Juan, que residía en esta misma villa. Uno de ellos fue por la titularidad y uso de estas eras situadas en el “pradillo”, en el que sus alcaldes y regidores defendían a los vecinos propietarios de estas antiguas eras del lugar:

“En la villa de Alcazar en diez y siete días del mes de febrero de mil seiscientos años estando en la torre del ayuntamiento de esta dicha villa los alcaldes y regidores que abajo firmaron sus nombres para tratar y conferir cosas tocantes del bien público de la dicha villa acordaron que por cuanto el gobernador [de los] dichos priorazgos procede contra los vecinos desta villa que tienen eras en el pradillo […]se lleven los papeles que les pareciere en su provecho para que el dicho gobernador se satisfaga de como las dichas eras son de los vecinos que las poseen […]”

Estas “eras en el pradillo” se conservaron con este topónimo aún muchos años después. En el Libro Seglar, también conservado en el Archivo Histórico Municipal, origen de las respuestas enviadas en 1752 al Catastro mandado hacer por el Marqués de la Ensenada, el agricultor Felipe Díaz Carrascosa, vecino de esta villa, dice tener “una hera pan trillar en las del pradillo contiguo a esta población”.

folio 818

En estas eras “del pradillo”, como se conocían entre los vecinos de Alcázar, al estar junto a un pradillo a la sombra de las últimas casas de la población, Cervantes enmarca esta escena. En ella dibuja fielmente el paisaje periurbano de la villa, desde el camino de El Toboso, y, además, utiliza el mismo topónimo conocido por los vecinos para este espacio: “un pradecillo”. Las eras del “pradillo” o “pradecillo”, en la entrada a Alcázar por este camino, es otra imagen más del paisaje de Alcázar de San Juan en el Quijote.

Hoy estas eras y el “pradecillo” han desaparecido, perdiéndose esta referencia geográfica de Alcázar. Con la ayuda de los documentos y la cartografía histórica disponible es posible situar este paraje descrito por Cervantes en el plano actual de Alcázar.

La actividad que los vecinos ejercen en su lugar moldea su estructura configurando su imagen, especialmente el plano. Cuando hay un cambio significativo en el número de vecinos y sus actividades, el plano del lugar, y por lo tanto su imagen, también cambia, amoldándose a las necesidades de sus vecinos. Esta función urbana del lugar cambia su morfología, adaptando incluso su forma a las nuevas exigencias sociales, económicas o culturales. Este cambio de vida socioeconómica ocurrió especialmente en Alcázar de San Juan a finales del siglo XIX con la llegada del ferrocarril, que uniría Madrid con el Levante y Andalucía, convirtiendo la estación de Alcázar de San Juan en uno de los nudos ferroviarios más importantes de España, cambiando la función urbana de una ciudad, antes mayoritariamente agrícola y de oficios, a otra distinta con centenares de empleados ferroviarios. El ferrocarril cambió sustancialmente los parámetros básicos de su configuración urbana: superficie, perímetro, longitud de los ejes y radios de su forma. Por tanto cambió su aspecto externo y su paisaje.

El mapa más antiguo que se conoce de Alcázar de San Juan es el dibujado en 1840, conservado en el Centro Geográfico del Ejército.

mapa 1840Esta imagen urbana, de poco antes de mitad del siglo XIX, aún no tiene la huella del ferrocarril en ella. Don Manuel Rubio Herguido, en la revista Guía de septiembre de 1966, describe como “El día 1º de abril de 1852 un pregonero recorre las calles de Alcázar anunciando a los vecinos que aquel que quisiera trabajar en las obras de la red se presentara en el camino que salía de la calle de las Huertas”. Ante una multitud de personas, don José de Salamanca, promotor de la línea,  marcó el lugar donde se construiría la estación. El 21 de mayo de 1854 llegaba a los andenes de la nueva estación el primer tren procedente de Madrid. En marzo de 1855 se inauguraba el tramo de Alcázar-Albacete y 1860 el tramo Alcázar Manzanares. La imagen de la ciudad ya no tendría nada que ver con la que se podía contemplar en 1840, especialmente en su parte norte por donde se trazaron las vías, la estación y sus andenes, el depósito de máquinas, los talleres de material móvil y remolcado, etc.

El siguiente mapa conocido de Alcázar de San Juan es el realizado en 1884 por el Instituto Geográfico y Estadístico, siendo parte del primer Mapa Topográfico Nacional (MTN). En él ya se aprecia el nuevo desarrollo urbano de Alcázar debido al ferrocarril.

detalles de mapas

En 1857 el censo de Alcázar de San Juan era de 7.942 personas (INE). Número de personas muy aproximado al que tenía Alcázar de San Juan cuando Cervantes escribía el Quijote, “dos mil vecinos”. “Vecino” se consideraba al sujeto que pagaba impuestos, por lo que quedaban fuera de este número las mujeres, niños, clero, religiosos, hidalgos y todo aquel que estuviese exento de pagarlos. Expertos en estadística e historia han llegado a la conclusión que para conocer el número aproximado de personas que habitaban un lugar, el número de “vecinos” habría que multiplicarlo por 4 o por 5, estando muy consensuado multiplicar por 4,5. Así, la villa de Alcázar, de “dos mil vecinos”, tendría entre 8.000 y 10.000 habitantes en 1600.

En 1530 el número de habitantes era mucho mayor. Según los libros de alcabalas tenía 3.696 “vecinos pecheros”, unos 16.600 habitantes. Es en esta época cuando los bordes urbanos de la villa fueron los mayores conocidos.

En 1575, en las Relaciones Topográficas mandadas hacer por Felipe II, se solicitaba a los pueblos que respondieran a “Las casas y vecinos que al presente en el dicho pueblo hubiese, y si ha tenido más o menos antes de ahora, y la causa por que se haya disminuido”. Las respuestas de Alcázar, aunque fueron hechas y enviadas al secretario del rey, están perdidas. Pero sí disponemos de las respuestas de pueblos vecinos sobre los nombres de los lugares más próximos a ellos y el número de vecinos. Campo de Criptana dice que “[…] Alcázar, como al poniente, de más de dos mil vecinos […]” y Villafranca de los Caballeros que “[…] la villa de Alcázar tendrá de vecindad dos mil y quinientos vecinos […]”, unos 11.250 habitantes. Poco después, en el censo de vecinos realizado en 1594 en Alcázar de San Juan aparecen registrados 2.057 “vecinos”, de nuevo unos 9.250 habitantes. El descenso demográfico durante la segunda mitad del siglo XVI, en general en toda España, fue debido a las guerras mantenidas por la monarquía hispánica, las epidemias, enfermedades y sequías que asolaron toda España, además de la escasa natalidad y alta mortalidad de recién nacidos y mujeres en la gestación y en el parto. Crisis demográfica que seguirá durante los primeros años del siglo XVII acrecentada por la expulsión de la población morisca entre 1609 y 1613, de la que Cervantes en su segundo Quijote no pasa de largo. De los 2.057 “vecinos” en 1594 (unos 9.250 habitantes), Alcázar pasaría a 1.481 “vecinos de todas clases” (unos 6.665 habitantes) en 1646 y a 1.134 “vecinos” (unos 5.100 habitantes) en 1694. En cien años Alcázar de San Juan casi perdió la mitad de sus habitantes, aunque sus límites urbanos seguían siendo los mismos.

Durante el siglo XVIII comenzó a recuperarse, declarando en 1752, al Catastro de Ensenada, de nuevo “dos mil vecinos” (unos 9.000 habitantes), el mismo número que contaba en 1600. La población se estabilizó durante los siguientes cien años y las ocupaciones de sus vecinos seguían siendo las mismas. Su plano urbano seguía siendo el mismo.

Los Censos realizados por el INE en 1857 y en 1860 contabilizan el número real de personas que habitan en los pueblos y ciudades españolas. Respectivamente en Alcázar de San Juan reflejan 7.942 y 8.179 habitantes, apreciándose claramente como la construcción del ferrocarril hace que en solo tres años el número de habitantes creciese en 237 personas, un 3%. Llegando a 11.292 habitantes en el año 1900.

Por tanto, se puede afirmar que el mapa de Alcázar de San Juan realizado en 1840 refleja la misma función urbana que la villa mantenía en 1600. El trazado de sus calles y los límites urbanos son los mismos que los vecinos coetáneos de Cervantes, y el mismo Cervantes, pudieron ver. Es a partir de la segunda parte del siglo XIX, con la construcción del ferrocarril, cuando comienza un nuevo desarrollo urbano que ha llegado hasta nuestros días.

La villa de Alcázar de San Juan que refleja este primer mapa la he dibujado en negro sobre el mapa actual del Sistema de Información Geográfica de Parcelas Agrícolas (SigPac). Así era el lugar de don Quijote en 1600:

mapa de lacazar en sigpac

Los parajes de las eras en Alcázar de San Juan, aparte de las que algunos agricultores tenían cerca de sus propias tierras y quinterías a lo largo del término municipal, que están relacionadas en el Libro Seglar son: camino de San Sebastián, camino de la Cruz Verde, camino de las canteras, portada de la Cruz, camino de Herencia, camino del Campo [de Criptana], del Pozo Nuevo y del Pradillo. Siendo en estos dos últimos parajes donde se concentraban la mayoría de ellas.

detalle de caminos y eras en mapa 1840

En el mapa de 1840, entre los caminos de Quero y La Puebla de Almoradiel, están dibujadas las eras del Pozo Nuevo, y entre el camino de La Puebla de Almoradiel y Miguel Esteban, inicio común del camino a El Toboso, están dibujadas las eras situadas en el paraje del Pradillo, las más cercanas junto a las casas y las más alejadas a “un tiro de bala” de ellas.

eras en mapa real sigpac

imagen edificios castelar

calle del horno

“Y a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo rezando al cura y al bachiller Carrasco”. Esta fotografía de los edificios que hoy se encuentran sobre las antiguas eras del Pradillo está tomada desde la Calle Horno, entrada del antiguo camino de El Toboso a la villa de Alcázar de San Juan, por la puerta de Villajos. En este mismo lugar imagina Cervantes esta escena de la entrada de don Quijote y Sancho Panza a su pueblo.

Cervantes podría haber omitido la imagen de las eras y del “pradecillo” donde estaban el cura y el bachiller rezando a la entrada del pueblo y la historia del ingenioso hidalgo manchego habría sido la misma. Sin embargo, aprovecha esta imagen real de las afueras del lugar de don Quijote desde el camino a El Toboso como recurso literario para ilustrar la llegada a casa del valiente don Quijote, haciendo así creíble su historia.  Imagen real como recurso literario en su cuento de ficción, así es de sencilla la geografía del Quijote.

Alcázar, y sus vecinos, es retratada por Cervantes en el Quijote. Sus eras en Pradillo a la entrada por el camino de El Toboso, vecinos con cañas de pescar en sus ríos, galgos con los que llevar una socorrida libre a casa, una fuente en la plaza que la sequía la deja sin gota de agua, una picota de justicia destruida por un rayo, soldados regalándose por sus calles, el arroyo Mina donde Sanchica lavaba ropa junto al camino de Murcia, sus montes públicos repletos de bellotas, maestros de primeras letras, hidalgos y caballeros, predicadores por cuaresma, médicos y letrados, agricultores y pastores, carniceros y herreros. Paisaje y paisanaje del lugar de don Quijote dibujado con palabras por Cervantes.

Hoy es casi imposible contemplar la imagen de la trilla del cereal, no solo en Alcázar y en la Mancha sino en toda España. Modernas cosechadoras atraviesan cada verano España de sur a norte, segando y separando el grano de la paja a velocidades impensables hace medio siglo.

familia trilla

En la imagen de esta fotografía se ve la labor de trillar el trigo en el Corazón de la Mancha. En la era empedrada se extendían los haces recién segados. La trilla de madera de encina o álamo negro, con sus pedernales bien ajustados, pasaba una y otra vez cortando la paja y deshaciendo los granos de la espiga. El agricultor guiaba el tiro de mulas bajo el soberano sol manchego del mes de julio. A veces, era también el momento para que los muchachos disfrutasen del final de la jornada sentados también sobre la trilla, un poco más de peso venía bien para acelerar el proceso si la mies era abundante. Como este, en el que mi madre con mis tres hermanos mayores pasaba la tarde sobre la trilla de su tío Miguel, en la era de la Huerta del Mamello. Cuando mi madre me enseñaba esta fotografía me decía que yo también iba ese día en la trilla con ella, dentro de ella.

                                                                             Luis Miguel Román Alhambra      

 

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EL MÉDICO DE DON QUIJOTE

leccion de anatomía, RembrandCuando Cervantes escribía el Quijote, la mortalidad en España ha sido  considerada como catastrófica. Además de los fallecidos en las guerras, por causas naturales y en el parto, la población española estaba sufriendo epidemias de enfermedades infecciosas, como la peste, el tifus o la difteria, agravadas por las malas condiciones alimenticias e higiénicas en la población más humilde, siendo las causas de una altísima mortalidad entre la población. Algunas enfermedades no eran bien conocidas, especialmente las que afectaban a los niños, siendo estudiadas por los médicos más importantes del momento, publicándose libros sobre el conocimiento y la forma de tratarlas.  Los aspirantes a médicos debían formarse como bachilleres, cursar cuatro años de Medicina y tras dos años de prácticas y superar un examen teórico y práctico podían ejercer su profesión. Aunque las villas les asignaban las mejores casas o una cierta cantidad para sus costas, los servicios que prestaban tenían que ser pagados por los propios enfermos, lo que impedía su presencia en aldeas o villas muy pequeñas.

Una de las causas frecuentes de muerte se producía durante la gestación y en el parto, tanto del niño como de la madre. Esta causa no era ajena a los niveles más altos de aquella sociedad donde asistían los mejores médicos, como podemos ver en la causa de la muerte de las dos primeras mujeres del rey Felipe II. María de Portugal muere a los pocos días de haber dado a luz al príncipe Carlos y su segunda mujer, Isabel de Valois, al sufrir un aborto a los cinco meses de gestación. En el Quijote, Cervantes refleja también el entorno sanitario español, y en especial este problema sanitario. Cuando el cabrero está contando a don Quijote la historia de Marcela dice que su padre “el cual se llamaba Guillermo, y al cual dio Dios, amén de las muchas y grandes riquezas, una hija, de cuyo parto murió su madre, que fue la más honrada mujer que hubo en estos contornos…” (Q1, 12). Aquí relata la muerte de de la madre de Marcela durante el parto, y en el segundo Quijote, el labrador de Miguel Turra dice ser viudo “porque se murió mi mujer, o, por decir, me la mató un mal médico, que la purgó estando preñada”, (Q2, 47).

Llamar al médico no era frecuente en las casas humildes, la gran mayoría, y solo se hacía en extrema necesidad, cuando los ungüentos y pócimas caseras no tenían el efecto deseado. Estos remedios eran muy conocidos y utilizados. Cervantes los conocía y los utiliza en la historia del ingenioso hidalgo manchego. Don Quijote llega a casa molido a palos y casi sin poder moverse, después de su primera salida que lo llevó a la venta. En lugar de pedir que llamasen al médico, les dice a su ama y sobrina “… que vengo mal ferido por culpa de mi caballo. Llévenme a mi lecho, y llámese, si fuere posible, a la sabia Urganda, que cure y cate mis feridas”. ¡Por culpa del tropiezo de Rocinante… y de los muchos palos que recibió ya en el suelo a manos de uno de los mozos de mulas de los mercaderes toledanos! Son el ama y su sobrina, el cura y el barbero, quienes lo examinan en la cama y al no verle heridas simplemente lo dejaron descansar. Seguro que de haber tenido alguna, quizás habrían aplicado sobre ella algún ungüento casero, como el que le aplicó uno de los cabreros a la oreja de don Quijote, con quienes pasó la noche después de que el vizcaíno le cortase la mitad de la oreja en las cercanías de Puerto Lápice:

“[…] y viendo uno de los cabreros la herida, le dijo que no tuviese pena, que él pondría remedio con que fácilmente se sanase. Y tomando algunas hojas de romero, de mucho que por allí había, las mascó y las mezcló con un poco de sal, y aplicándoselas a la oreja, se la vendó muy bien, asegurándole que no había menester otra medicina, y así fue la verdad.” (Q1, 11).

La pomada que el cabrero hace en su boca, masticando un poco de romero, tiene las propiedades antisépticas de la planta y de la saliva, que mezclada con un poco de sal ayudaría a cicatrizar la herida de la oreja de don Quijote. Antes, había sido el propio Sancho Panza quien viendo la “mucha sangre de esa oreja” hizo la primera cura con unas “hilas y un poco de ungüento blanco” que llevaba en las alforjas.

Pero el bálsamo más famoso de todos es el cervantino bálsamo de Fierabrás “del quien tengo la receta en la memoria, con lo cual no hay que tener temor a la muerte, ni pensar morir de ferida alguna”, decía don Quijote. Simplemente se componía de aceite, vino, sal y romero. Componentes naturales con resultados sobrenaturales, solo para don Quijote. Un bálsamo que “con solo una gota se ahorraran tiempo y medicinas”, aunque luego en la venta de Sierra Morena no sentó igual de bien a amo como a escudero.

el medico toma el pulsoEl lugar de don Quijote contaba con al menos un médico. A él recurren cuando don Quijote “cayó malo” después de llegar a su casa desde Barcelona, donde había sido derrotado en su playa por Sansón Carrasco disfrazado del Caballero de la Blanca Luna. No tenía heridas ni fracturas, pero la fiebre durante varios días no indicaba nada bueno que una pócima o bálsamo pudiese curar:

“[…] porque o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido o ya por la disposición del Cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama […] Llamaron sus amigos al médico: tomole el pulso y no le contentó mucho, y dijo que, por sí o por no, atendiese a la salud de su alma, porque la del cuerpo corría peligro. Oyolo don Quijote con ánimo sosegado, pero no lo oyeron así su ama, su sobrina y su escudero, los cuales comenzaron a llorar tiernamente, como si ya le tuvieran muerto delante. Fue el parecer del médico que melancolías y desabrimientos le acababan” (Q2, 74)

Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote, la villa con más habitantes de la comarca cervantina cuando Cervantes estaba escribiendo su primer Quijote, unos 9.000 habitantes, contaba con el servicio de varios médicos. En 1601, ante las nuevas enfermedades que estaban padeciendo sus vecinos, sus alcaldes y regidores se reúnen en la torre del ayuntamiento para “prover y praticar las cosas tocantes y convenientes al bien publico” y “[…] dixeron que atento que esta villa es de mucha vecindad y que puesto ay algunas enfermedades no conocidas de cuya causa los médicos que las curan no las conocen [acuerdan] traer un médico de fama y asista en esta villa para curar las dichas enfermedades” (AHMASJ). En el acta nombran a cuatro comisarios, entre los alcaldes y regidores, para que hicieran las diligencias oportunas para traer a dicho “médico de fama” y tratar su salario. Al margen del folio 81 se puede leer: “Para buscar medico”.

acta de acuerdoMédicos, cirujanos, barberos, matronas y boticarios estaban al cuidado de la salud del cuerpo de los alcazareños a principios del siglo XVII, uno de estos médicos, quizá el de mayor “fama”, fue el que con solo tomarle el pulso a don Quijote barruntó su muerte. Como en el aspecto geográfico, también en el sanitario la novela se ajusta a la realidad que se vivía en Alcázar de San Juan a principios del siglo XVII.

Hoy, cuatro siglos después, hay que destacar el interés de aquellos alcaldes y regidores alcazareños por el “bien público” de sus vecinos, al entender conveniente que en una villa con tanta vecindad le asistiese un nuevo médico con mayor formación y experiencia en nuevas enfermedades. Hoy esta comarca cervantina está padeciendo especialmente la pandemia del Covid-19, y, nuevamente, los mejores médicos y sanitarios que componen el Hospital Mancha Centro de Alcázar de San Juan han luchado con verdadero espíritu quijotesco, ¡con la locura más cuerda jamás vista!, contra esta “enfermedad no conocida de cuya causa los médicos que las curan no la conocen”. Son nuestros grandes “sanitarios de fama” del lugar de don Quijote, reconocidos con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2020 junto con el resto de sanitarios españoles. La Fundación, que recibe las candidaturas y elige a los premiados, justifica su decisión por el “[…] espíritu de sacrificio personal sobresaliente a favor de la salud pública y del bienestar del conjunto de la sociedad, se han convertido ya en un símbolo de la lucha contra la mayor pandemia global que ha asolado a la humanidad en el último siglo […]  expuestos a una alta y agresiva carga viral, su entrega incondicional, haciendo frente a las largas jornadas de trabajo sin contar, en ocasiones, con el equipamiento y los medios materiales adecuados, según quejas de organizaciones profesionales y sindicales del sector, representa un ejercicio de vocación de servicio y ejemplaridad ciudadana”. Nos han cuidado y curado sabiendo que sus vidas y la de sus familias corrían peligro, aún sin contar con las armas adecuadas, ¿no es esto el espíritu de don Quijote?

¡No es locura lo que han demostrado nuestros sanitarios, sino la más sana cordura que una persona puede tener!

¿No es más loco quien sabiendo que el virus es muy letal no toma las medidas políticas sociales y sanitarias para prevenirlo y combatirlo lo antes posible?

¿No es más loco quien sabiendo que los hospitales y sus sanitarios no cuentan con los recursos necesarios para esta pandemia no los compran a tiempo?

¿No es más loco quien toma la decisión de no llevar a nuestros mayores a los hospitales?

¿No es más loco quien falta a la verdad al ocultar la verdadera dimensión de fallecidos, solo por interés político?

¡Líbranos Señor de todos estos locos que creen estar tan cuerdos!

                                                                             Luis Miguel Román Alhambra

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ALCÁZAR DE SAN JUAN CONFINADA DURANTE LA ESCRITURA DEL QUIJOTE

 

medicos 3

El confinamiento es la mejor manera de combatir eficazmente la pandemia del COVID-19. Esta medida de aislamiento social, que parece novedosa o fruto de la imaginación de políticos iluminados por el conocimiento médico, no es nueva.

Las epidemias han tenido presencia durante toda la historia de la humanidad, diezmando a la población en algunos de los casos,  coincidiendo o siendo inicio de una crisis económica y demográfica. En tiempos de Cervantes, la peste y el tifus coincidían con largas sequías o plagas de langosta que hacían improductivos los campos de Castilla. Mateo Alemán, coetáneo de Cervantes, describía en su Guzmán de Alfarache la triste realidad que les tocó vivir: “Líbrete Dios de la enfermedad que baja de Castilla y del hambre que sube de Andalucía”, o al revés.

Durante la segunda mitad del siglo XVI la peste deambulaba por toda España a su antojo, siendo su “pico” entre los años 1598 y 1603, precisamente cuando Cervantes escribía la primera parte de su Quijote. Las cifras “oficiales” fueron de 500.000 muertos, aunque las reales fueron mucho mayores.

El rey Felipe II, ante esta gran pandemia, encarga a su médico de cámara, Luis de Mercado, un diagnóstico y, lo más importante, un remedio. Mercado escribe el Libro en que se trata con claridad la naturaleza, causas, prouidecia, y verdadera orden y modo de curar la enfermedad vulgar, y peste que en estos años se ha diuulgado por toda España (Madrid, 1599). En este tratado médico llega a la conclusión que la prevención, mediante el aislamiento de la población, es la mejor medicina que había encontrado. Recetando que se controlase, impidiendo si fuese necesario, la entrada a los lugares de personas o viajeros que manifestasen los síntomas de la enfermedad, o que, simplemente, procediesen de zonas en las que la peste estaba siendo más virulenta.

La villa de Alcázar de San Juan no fue ajena a la enfermedad y dispuso de medidas excepcionales para prevenir a su población de la peste. En 1601, un “repunte”, especialmente en la ciudad de Sevilla, hizo que los alcaldes y regidores de la villa alcazareña se reuniesen en la torre del ayuntamiento para evaluar la situación y tomar un acuerdo que salvaguardase la salud de sus vecinos, decidiendo cercar mediante una tapia toda la villa, que en aquellos tiempos contaba con “dos mil vecinos”, unos 9.000 habitantes.

En el Libro de Actas y Acuerdos Municipales (1599-1603) que se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan se conserva un acta que dice textualmente:     “En la villa de Alcazar a once días del mes de julio de mil e seiscientos e un años estando en la sala de ayuntamiento desta dicha villa juntos como lo tienen de costumbre los señores alcaldes y regidores que aquí firmaron sus nombres para proveer y platicar las cosas tocantes al bien publico desta villa, dijeron que en la ciudad de Toledo, Granada y Valladolid Corte de su Majestad y otras ciudades, villas y lugares del Reino, se guardan con mucho cuydado de muchas partes questan apestados, de cuya causa, sea acordado questa villa se guarde y por haber en ella muchos arrabales y calles que para se guardar de la dicha peste, como conviene, es necesario que se tapien y cierren y que no queden sino quatro puertas por donde puedan entrar y salir los que vinieren con las demás de las partes que no estén apestadas, para que con mas facilidad se pueda guardar. Y de causa de no tener esta villa propios, por estar empeñada, de causa de los pleitos que tienen pendientes en Corte de Su Majestad, y en la ciudad de Granada, acordaron y mandaron que se tome dinero prestado que para hacer la cerca y atajar las calles y portillos que es necesario cerrarse, como se acostumbrado a ataxar en semejantes ocasiones, de Juan Díaz Guerrero, depositario de los maravedís de la bellota, que  entretanto que se trae facultad rreal para que se pueda gastar del dicho dinero lo que fueren e menester gastar en lo susodicho. Y nombraron a Francisco López del Quintanar, alguacil mayor, para que alquile obradas para traer tierras para hacer las dichas tapias y las haga hacer. Y ansi lo mandaron y firmaron”.

detalle del actaDe esta forma, los alcaldes y regidores de Alcázar de San Juan, tomaron la mejor medida conocida contra una pandemia, y que ha llegado hasta hoy, aislar a su población de un posible contagio. Como podemos leer en el acta, la villa no pasaba por sus mejores momentos de tesorería por lo que tuvieron que pedir prestado el dinero para hacer una cerca de tapial y las cuatro puertas de control que se cerraban por las noches. La longitud de la cerca fue de unos doce mil pies castellanos, unos 3,6 Km, El gasto en carros de tierra, albañiles y peones fue muy grande, pero se evitó centenares o miles de muertos entre sus vecinos.

El dinero para pagar esta cerca se dispuso de uno de los recursos económicos más importantes de la villa alcazareña: la bellota de sus montes. Hoy es casi imposible apreciar una encina en su término,  pero en tiempos de la escritura del Quijote contaba la villa  con tres grandes montes públicos: la dehesa de Villacentenos, y los montes del Acebrón y el Arenal. Estos montes, además de leña, producían grandes cantidades de bellotas muy apreciadas en la comarca, y que con su venta se generaba una buena cantidad de maravedís. Los alcaldes y regidores que formaban el ayuntamiento de Alcázar de San Juan en 1601, que se reunían en la sala de la torre del ayuntamiento “para proveer y platicar las cosas tocantes al bien público desta villa” cuando el alguacil los llamaba con la campana de la torre, ante las noticias de la propagación de la peste en España tomaron la decisión de salvaguardar la salud de sus vecinos, aún sin contar con los “propios” para hacerlo, tomando prestado el dinero proveniente de la venta de la bellota de sus montes.

Alcázar de San Juan es hoy muy conocida por un dulce que las monjas clarisas comenzaron a fabricar en su convento alcazareño, bien entrado el siglo XVII: las tortas de bizcocho o “tortas de Alcázar”. Pero a principios del siglo XVII, la villa era conocida por sus bellotas. Tanto es así que Cervantes también las aprovecha para inmortalizarlas en el Quijote.  La duquesa, en la carta que envía a la mujer de Sancho, le pide que le envíe de vuelta con su paje ¡dos docenas de bellotas!: “Dícenme, que en ese lugar hay bellotas gordas, envíeme hasta dos docenas, que las estimaré en mucho por ser de su mano […]” (Q2, 50). Las “bellotas gordas” de sus montes, otra imagen de Alcázar de San Juan en el Quijote, que alguna vez quedó en la retina de Cervantes.

Como en tiempos de la escritura del Quijote, Alcázar está confinada por el bien común de sus vecinos, del resto de la Mancha y España, aunque el precio que se está pagando en vidas de sus vecinos está siendo muy alto. Aislarse es la solución, como lo prescribió Luis de Mercado en 1599. Puede ser el COVID-19 una nueva enfermedad contagiosa, pero no su prevención, que por muy costosa que sea es infinitamente menor que su cura. El “cercarse” o confinarse antes de los primeros contagios, como lo mandaron hacer los alcaldes y regidores alcazareños en 1601, habría salvado miles de fallecidos en toda España y en el mundo. De nuevo, la enfermedad y las “malas cosechas” en el horizonte cercano podrían haberse evitado habiendo ordenado nuestros gobernantes un confinamiento preventivo cuando los primeros contagios se conocieron en cada territorio. La historia demostrará su gravísimo error. Las vidas perdidas y las familias rotas, sin haber podido despedirse de sus seres queridos, tienen ahora un altísimo precio.  El coste en empleos y en empresas también lo será, como en centenares de miles de familias que verán minimizada su economía. El COVID-19 ha evidenciado que no todos los gobernantes anteponen la salud de sus vecinos a cualquier otro interés.

No fue así en los alcaldes y regidores alcazareños en 1601. No todos los alcaldes y regidores estuvieron presentes y firmaron el acta. Aunque la campana se tañía con fuerza, algunos de estos trabajaban en el campo como agricultores, era tiempo de siega, o en sus oficios, no dándoles tiempo a llegar al ayuntamiento, a costa de las multas que se les imponían si la ausencia no estaba debidamente justificada. En recuerdo de todos los alcaldes y regidores que componían aquel ayuntamiento alcazareño, que tantas vidas salvaron, estos eran sus nombres y apellidos, algunos muy vinculados con el autor del Quijote: Antonio de Briones, Juan Hidalgo de las Beatas, Martín de Salcedo, Francisco Hidalgo Saavedra, Pedro Lopez de Villacañas, Cristóbal de Cervantes, Gonzalo Tardío, Pedro Díaz Maroto, Ruy García de Asensio, Pedro Vela, Juan Vela y Alonso García Negrillo.

                                                                                 Luis Miguel Román Alhambra 

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