La imagen de la Mancha

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“Quiero echar la llave, en la capital geográfica de la Mancha, a mis correrías. ¿Habrá otro pueblo, aparte éste, más castizo, más manchego, más típico, donde más íntimamente se comprenda la alucinación de estas campiñas rasas, el vivir doloroso y resignado de estos buenos labriegos, la monotonía, la desesperación de las horas que pasan y pasan lentas, eternas, en un ambiente de tristeza, de soledad y de inacción? Así comenzaba su último artículo Azorín, publicado en El Imparcial, el 23 de marzo de 1905. Así terminaba La Ruta de Don Quijote, en Alcázar de San Juan.

Este año de 2017 se conmemora el cincuenta aniversario de la muerte de José Martínez Ruiz, conocido por su seudónimo Azorín. De Madrid vino a la Mancha, en un frío mes de marzo de 1905, para tratar de sentir el espíritu de don Quijote por los caminos y parajes de su patria, y que dejó inmortalizado en quince artículos  en el periódico El Imparcial, y que más tarde dieron lugar, todos juntos, a La Ruta de Don Quijote.

La imagen del paisaje es subjetiva para cada observador. Por nuestra retina vemos la misma imagen, pero no miramos lo mismo. Incluso un observador percibe imágenes de un mismo paisaje que le pueden resultar distintas según el día o la época que lo ha hecho, o incluso haber pasado desapercibida aquella imagen para él,  cuando ese paisaje lleva allí siempre.

Recuerdo el primer día que subí al Cerro de San Antón, de Alcázar de San Juan. Por la festividad de San Marcos, el 25 de Abril, se solía dar la tarde de escuela libre para hacer una merienda en el campo. Y allí, “al cerro”, que nos encaminamos un pequeño grupo de compañeros de la escuela, ya con diez años. Cuando llegué andando, a su cima, me pareció estar viendo un mundo desconocido, que jamás hasta ese día había visto. Di varias vueltas al molino de viento que lo corona, rozando mi mano a su pared encalada, y vi por primera vez la Mancha en toda su dimensión. Esto mismo ya le había pasado al poeta francés Jean Cocteau, cuando subió al Cerro Calderico, en Consuegra, y exclamó: “¡¡Por fin he visto el planeta!!”.

Aquella imagen la he seguido percibiendo durante toda mi vida. No es difícil verme allí a primera hora de los sábados o de los  domingos, en cualquier época del año, sentado unos minutos junto a la puerta del molino de viento. Me gusta la Mancha, mi tierra.

Gregorio Prieto, pintor manchego, de Valdepeñas, escribió: “Si Don Quijote se apellida de la Mancha, es porque la Mancha fue la fiel compañera inseparable de sus fantásticas locuras y filosóficos principios”. Desde aquí se entiende por qué Cervantes eligió esta tierra, llena de locos tan cuerdos, como Alonso, el Bueno.

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Y hasta aquí traigo a mis amigos cuando me visitan. Todos quieren ver la Mancha de don Quijote y antes de comenzar la ruta hacia El Toboso, Campo de Criptana, Puerto Lápice  o Argamasilla de Alba, les subo al Cerro de San Antón, y todos quedan mudos durante unos segundos mientras dan la vuelta al molino o giran sobre sí mismos, mirando incrédulos los 360º de horizonte manchego, la inmensa llanura manchega. ¡Ya empiezan a sentir la tierra de don Quijote!, sin preámbulos.

Según la época del año que es, les interpreto los colores que verían en cualquier otra época. Lo que hoy es ocre, dentro de dos meses será verde y seis meses después será amarillo… Y si la visita es en una noche de verano y esta es clara, después de que los ojos se han acostumbrado a la oscuridad, veremos miles de estrellas en el cielo y en el suelo. Sí, en el suelo. Cientos de luces de casitas en el campo nos parecerán estrellas a nuestros pies. ¡Increíble!

Hace unos años, en 2013, me propuse guardar la imagen de la Mancha desde esta atalaya privilegiada. El primer domingo de cada mes me planteé subir y hacer una fotografía hacia el mismo punto del horizonte. El resultado son las doce imágenes de la Mancha que aquí os dejo:

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Por una casualidad, ¡bendita casualidad!, hace unos días subí a otro pequeño cerro de esta solemne llanura manchega y volví a experimentar la misma sensación que hace más de cuarenta años sentí en el Cerro de San Antón. Es un cerro más bajo, de solo veinticinco metros de desnivel, pero la imagen del paisaje manchego es impresionante, muy distinta, más cerealista, y está muy cerca del “camino al Toboso”, el camino que don Quijote y Sancho llevaban en su tercera salida de su pueblo.

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Y vuelvo a plantearme la misma aventura, fotografiar la Mancha de don Quijote desde este pequeño cerro, conocido y usado de antiguo por su situación estratégica defensiva  por celtíberos, romanos y árabes que estuvieron en esta misma zona, muy cerca del lugar de don Quijote.

Serán otras doce imágenes distintas de un mismo paisaje que encantó a Cervantes y a cuantos vienen buscando, entre hadas y fantasmas, el espíritu del Caballero de la Triste Figura. Espero que os guste esta nueva aventura que hoy comienzo. A principios de cada mes, la misma imagen que yo perciba desde este altozano, la veréis vosotros también desde cualquier lugar del mundo. Vale.

                                     Luis Miguel Román Alhambra

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España

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-¡Señor Alonso, desde hace unas semanas le noto preocupado y lleva unos días leyendo libros con la bandera de España junto a su lado. A veces le veo mirarla durante horas!

-Amigo gatito, estoy muy preocupado por España. Por mi patria.

-Pero si su patria es la Mancha.

-Amigo gatito, ¡soy manchego, castellano y español! Así me siento desde hace muchos años y soy leal a este sentimiento. Estoy tan preocupado por la falta de lealtad del gobierno de una parte de España, Cataluña, con la Constitución, que es nuestra norma de convivencia en libertad y en paz. Quiere proclamar independiente fuera de la Ley a Cataluña de España, enfrentando a los catalanes y al resto de españoles.

-Yo soy un gato y no entiendo bien lo que me cuenta, pero si me lo explica quizá lo entienda.

-Amigo gatito, te voy a contar brevemente la historia reciente de nuestro país. Durante casi cuarenta años vivimos en un régimen dictatorial. A la muerte del dictador Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, de una manera ejemplar, reconocida así por el resto del mundo, pasamos en solo tres años a contar con una nueva norma de convivencia democrática, con un nuevo modelo de forma política, de  Monarquía parlamentaria, siendo desde ese mismo momento la Nación española un Estado de Derecho. A esta nueva norma de convivencia, desde el 6 de diciembre de 1978, le llamamos Constitución Española.

Pero no fue fácil su redacción. España sufrió entre 1936 y 1939 una guerra civil. Ese enfrentamiento fraticida de ideas seguía percibiéndose, y solo la generosidad política, voluntad de consenso y lealtad por su patria, sin precedentes en nuestra historia, de las siete personas encargadas para su redacción lo hizo posible. A estas personas elegidas, de signos políticos muy diferentes, incluso totalmente opuestos, se les sigue conociendo hoy como padres de la Constitución. Sus nombres, que siempre recordaremos, fueron: Gabriel Cisneros, Miguel Herrero, José Pérez-Llorca, Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé, Manuel Fraga, Miquel Roca. Después de ser discutida, fue aprobada por Las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado, y ratificada por el pueblo español, ¡por todo el pueblo español!, en referéndum el 6 de diciembre de 1978.

-¿Señor Alonso, usted votó?

-¡No, amigo gatito, ahora friso los cincuenta años! Pero recuerdo aquella fiesta de todos los españoles. Aquel día podían votar más de veintiséis millones de españoles, votando un 67% de ellos. Como ves, en este recorte del periódico catalán La Vanguardia, el resultado oficial en Cataluña fue de una participación similar al total de España, pero los catalanes votaron SI en un porcentaje mayor al resto de españoles, un 90%, ¡nueve de cada diez catalanes que fueron a votar, votaron SI a la nueva norma de convivencia!

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Amigo gatito, nuestra norma de libertad y convivencia “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Y en el artículo 1 nos atribuye la soberanía a todos los españoles proclamando que “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”

-Señor Alonso, si la Constitución que fue aceptada por nueve de cada diez catalanes que votaron y esta proclama que España es indivisible y que su soberanía recae en todos los españoles, no entiendo como el gobierno catalán, unilateralmente, puede declarar la independencia. ¿Por qué lo hacen?

-Amigo gatito, no lo entiendes tú ni nadie. Lo hacen por deslealtad a todo el resto de españoles y a una gran parte de catalanes que siguen pensando en la unidad de todos los pueblos que integramos España, como ellos mismos pensaban y votaron en el 78, o lo hicieron sus mismos padres y abuelos. Esta deslealtad les sitúa incluso fuera del Estado de Derecho, pues lo que pretenden hacer es ilegal, según nuestro Tribunal Constitucional, y puede ser un grave delito de rebelión o sedición.

Pero, amigo gatito, esta deslealtad viene gestándose desde hace veinticinco años en las escuelas de Cataluña, cambiándose por los responsables de Educación y Cultura de Cataluña interesada y  torticeramente en los libros de texto la historia de Cataluña e incluso de España.

Los niños han estudiado, y estudian, una historia plagada de mentiras y tergiversaciones. Los niños, evidentemente no tienen ninguna culpa de ello, sino los responsables del gobierno de Cataluña que han encargado con dinero público que la historia de Cataluña y de España se modifique a sus intereses. Y también tiene parte de culpa los gobiernos de España que no han hecho nada para corregir este despropósito que solo tiene un solo fin: fomentar el odio a España y el independentismo en la sociedad catalana. Un niño que desde la escuela recibe este adoctrinamiento secesionista será muy fácil manipular políticamente en el futuro.

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-Señor Alonso, pero si la historia de España y Cataluña es muy clara, ¡hasta para mí! Yo mismo le he escuchado aquí mismo leer libros de hace más de quinientos años en la que Cataluña es una parte de España.

-Así es, amigo gatito, pero algunos representantes catalanes están instalados en la mentira consciente, moralmente reprobables. Mira, como ejemplo bien vale mi persona. Como bien sabes mi padre, o padrastro como él mismo se define, Miguel de Cervantes, tomó mi persona y la región donde nací y donde vivo, la Mancha, para poner título a una novela en castellano, la más leída y traducida en el mundo. Pues esta caterva de  encantadores catalanes que todo lo mudan a su antojo, o interés económico, fundan en 2007 el Institut Nova Història (INH) y en el verano de 2013, subvencionado con dinero público, esta dudosa institución impartió un curso en la localidad catalana de Crespiá con el título: “Curso sobre la falsificación y restauración de la historia de Cataluña”.

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En ese curso de verano, uno de sus ponentes y organizadores principales, Jordi Bilbeny, defiende su teoría de que ¡¡Miguel de Cervantes era catalán y que escribió el Quijote en lengua catalana!! Del origen catalán de Miguel de Cervantes, mantiene que su familia tiene su origen en la localidad alicantina de Xixona, para él también Cataluña, y su nombre y apellido real era Miquel de Servent. Y afirma esperpénticamente y sin sonrojo alguno que: “La primera parte del Quijote se sitúa en Xixona. Se mencionan ríos, cascadas, el barranco de Les Batanes, la Cueva de Montesinos (Cueva de Montesa). Todos los nombres están traducidos” .

¡Que en las inmediaciones de Xixona, exista un paraje conocido como el barranco de Les Batanes y una cueva con el nombre de Cueva de Montesa, sea suficiente para justificar su trabajo, y cobrar con dinero público por ello, junto con su explicación de que “Todos los nombres están traducidos”, es sencillamente lamentable!

Dudo que este señor simplemente alguna vez leyó algún capítulo de mi historia, o en qué parte de su calenturienta geografía sitúa en su falso mapa “serventino”, lugares o parajes como El Toboso, Quintanar, los molinos de viento, el camino de Toledo a Murcia, Puerto Lápice, Almodóvar del Campo, Titerafuera, Miguelturra, Ciudad Real, Sierra Morena, Tembleque, las lagunas de Ruidera, el Campo de Montiel o mi  Mancha, por ejemplo. Bueno, ya empiezo a pensar que en su mente retorcida de filólogo catalán, mi Mancha pueda ser Manresa. Dejemos que reciba unos miles de euros más en subvenciones y en un próximo congreso así lo hará. Y sus benefactores políticos, muy cercanos al gobierno y al parlamento catalán, pronto lo incluirán en los libros de texto. ¡¡Cómo voy yo a ser de un atierra tan pobre y olvidada como la Mancha!!

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-Señor Alonso, pensaba ver un intento de abrazar su adarga y coger su lanza y sin embargo he visto en sus labios una leve sonrisa.

-Amigo gatito, me sonrío porque soy manchego y pacífico, y algo indiferente cuando la mentira es sobre mi persona. Pero la inmoralidad cultural es tal que también defienden, editan, promueven congresos, etc, con dinero público y privado de empresas afines al secesionismo, para imponer a las bravas la catalanidad de Cristóbal Colón, Américo Vespucio, Santa Teresa de Jesús, Fray Bartolomé de las Casas o Leonardo da Vinci. Y entre cambios de partidas de nacimiento o falsificaciones de documentos históricos, sueltan sin inmutarse, lo mismo que hace el auditorio escogido para llenar las salas, frases que si las repiten mucho los catalanes crean que “España les roba”, también su cultura. Como por ejemplo:

Castilla no tenía historia ni cultura relevante. La necesitaban y cogieron las nuestras”

 “Castilla ha tenido la fortuna de ser la vencedora y se dota de un pasado que no tenía. Su intolerancia es casi genética

“Es materialmente imposible que una gente que no tenía los instrumentos necesarios para navegar y guiarse por los mares (Reino de Castilla y León) pudiese llegar donde dicen los libros que llegó, al otro lado del Atlántico

“Castilla no tenía banqueros”

Se ha podido demostrar la escasa potencialidad científica de la nación castellana para llevar a término una hazaña marítima que estaba muy por encima de su alcance. Esta empresa se hace en Cataluña. No en Sevilla ni en todos esos lugares estrambóticos que dicen ellos

“En realidad el imperio de Carlos I era el imperio catalán más Castilla, pero los libros han adulterado la historia

“Castilla, que era muy poco relevante en la historia del mundo occidental hasta el descubrimiento de América, ha chupado y saboteado la historia de los otros”

“En Castilla no tienen tradición literaria

Amigo gatito, la desvergüenza política-cultural y moral es tal  que, en julio de 2014, el expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, felicitó a Jordi Bilbeny por su documentado libro “Descubrimiento y conquista catalana de América. Una historia reescrita por los castellanos”. En la misma le invita a seguir con esos libros y averiguaciones porque “son muy convincentes”. Hoy ya todos conocemos a este personaje que ha gobernado Cataluña muchos años y al filólogo catalán.

Mira gatito en esta tablet la página web del Institut Nova Història de hoy mismo, donde me utilizan, como siempre:

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-¡¡Señor Alonso, es usted mismo dibujado por Doré!! ¿Pintor francés, verdad? aunque como Francia es frontera con Cataluña… jajaja… Pero arriba puedo leer que existe que podemos apoyar “Por el reconocimiento académico e institucional de la figura del almirante catalán Cristóbal Colón”. Y una cita junto a su figura que dice “Quien controla el pasado, controla el futuro… quien controla el presente, controla el pasado”. Señor Alonso, hoy no me gusta esta frase.

-Amigo gatito, como todo en este Institut Nova Història, esta frase está manipulada. George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair, la escribió así: “Si quien controla el pasado, controla el futuro, ¿Quien controla el presente, controla el pasado?”. Los responsables de la cultura catalana actual quieren hoy en los libros escolares “controlar” la historia pasada para “controlar” el futuro de estos, hoy niños, y en el futuro mayores para que odien España.

Pero también Orwell nos dejó otra frase que también es válida hoy, la pongo en inglés, pues él como británico, así lo hizo: Nationalism is power hunger tempered by self-deception”, que en español así se ha traducido: “El nacionalismo es el hambre de poder alimentado por el autoengaño”. O esta, también de Orwell: “El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio bando, sino que además tiene una notable capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas”.

Orwell conoció muy bien Cataluña, tanto que publicó en 1938 un libro con el título “Homage to Catalonia”, en español “Homenaje a Cataluña”, escrito en primera persona. Vino a Cataluña a finales de 1936 como periodista y casi de inmediato se alistó como soldado voluntario en la guerra civil española en el bando republicano, siendo herido por una bala del ejército franquista, que casi acaba con su vida.

Amigo gatito, pero hay mucho más, mira la actualidad de la página de este instituto de cultura subvencionado con dinero de todos los catalanes y españoles, mientras que a las farmacias de Cataluña no les abonan las facturas… y no te sonrojes demasiado:

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-¡Señor Alonso, ahora soy yo el que cada vez estoy más triste y preocupado, como usted!

-Amigo gatito, comprendo que estés preocupado, es para estarlo. Desde el 23 de febrero de 1981 en el que un golpe de Estado quiso quitarnos la libertad, nunca habíamos estado en un riesgo tan importante en España. En aquella ocasión el rey, nuestro Jefe de Estado, dirigió a nuestra sociedad por el camino seguro, y hace unos días, de nuevo, el rey nos lo ha marcado de nuevo. Aunque estos desleales, e inmorales, van a proclamar la independencia unilateral de Cataluña con la fuerza de un pucherazo ilegal…

-Señor Alonso ¡no entiendo lo de pucherazo!…

-Amigo gatito, este domingo pasado, el 1 de octubre, los impulsores de la independencia, con el presidente del gobierno catalán a la cabeza, desoyendo al Tribunal Constitucional, dispusieron urnas en cualquier sitio, como colegio electoral, y sin ningún control promovieron a que se metiese en ellas las papeletas. Además de la ilegalidad, pues se hizo en contra de decisiones judiciales, no había control alguno de censo creíble, quien quisiera podía votar cuantas veces quisiese en esa urna o en cualquier otra, hubo urnas que ya llegaron llenas de papeletas. Esto solo ocurre en votaciones autoritarias en países en los que la democracia brilla por su ausencia. El recuento de esas papeletas sin rigor ni procedimiento y sin interventores y con la fuerza inmoral de unos números inventados en un despacho por uno o varios consejeros, validarán un referéndum ilegal. Con este teatrillo, más propio de corralas y arrabales, un cargo público, el ¡¡president de la Generalitat de Catalunya!!, Carles Puigdemont, pretende proclamar la independencia de Cataluña de España.

-Y qué pasará, si este señor proclama la independencia unilateralmente?

-Amigo gatito, como ha dicho un expresidente de nuestra tierra, tendrá el mismo valor que si se “anexionan el Reino de Marruecos”, ninguno. Pero si conseguirán una fractura entre catalanes principalmente, y entre catalanes y el resto de españoles, que tardará mucho tiempo en curarse. No puede impedir el Gobierno del Estado español la proclamación como tal, pues como hemos visto en las votaciones ilegales, que te he comentado antes, incluso podrían declarar la independencia con los megáfonos de un coche de los Mossos d´Esquadra en medio de cualquier plaza o calle de Barcelona o cualquier ciudad o pueblo de Cataluña. El Gobierno de España, con la fuerza que le da la Constitución y el Estado de Derecho, estoy seguro que tomará todas las medidas necesarias para inhabilitar o detener a estos desleales con los mismos catalanes y con el resto de España y poner en su lugar un tiempo a quienes velen por la legalidad hasta que en urnas, papeletas, censo y garantías, de verdad, los catalanes voten de nuevo su futuro.

-Pero, señor Alonso, si vuelven a presentarse estos con las mismas ideas independentistas y tienen la mayoría, volvemos a estar en el mismo punto…

-Amigo gatito, en España, gracias a nuestra Constitución, que estos desleales e inmorales no respetan, la libertad de pensamiento político está garantizado. Los catalanes podrán votar libremente quien quieren que les gobierne y administre. Incluso un gobernante  independentista lo puede hacer muy bien dentro de la Ley. Si en su programa lleva iniciar la independencia de España lo podrá hacer dentro de la Ley. Esto es, dentro de la Constitución. Debe de convencer a los demás políticos españoles, en el Congreso de los Diputados, de su idoneidad, su necesidad, su beneficio mutuo… y después pactar un referéndum en toda España, porque “la soberanía nacional reside en el pueblo español,  para cambiar el artículo de la Constitución que proclama la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Los padres de la Constitución la protegieron, nos protegieron, de caprichos o intereses de unos u otros. Solo la fuerza de los votos de todos puede cambiar nuestra norma de convivencia.

Amigo gatito, no era mi intención de malhumorarte esta preciosa mañana de siete de octubre, aquí en Alcázar de San Juan, el Corazón de la Mancha, cuando se escuchan las campanas de la iglesia de Santa María, donde está la imagen de Nuestra Señora del Rosario, y hoy celebramos su festividad. Te recuerdo amigo gatito, que hace hoy cuatrocientos cuarenta y seis años, a esta misma hora de las doce del medio día, Miguel de Cervantes, estaba combatiendo en el golfo de Lepanto contra la armada turca, parece como que los cohetes de fiesta que en estos momentos escuchamos fuesen las salvas de terminación de la batalla…

-Señor Alonso, ¿Se refiere ahora a la batalla de Lepanto o a Cataluña?

-¡¡Ahora es a ti, fiel amigo mío, a quien se le escapa una sonrisa pícara con esa pregunta!!

 

                                          Luis Miguel Román Alhambra

 

 

 

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DON QUIJOTE EN EL CORAZÓN DE LA MANCHA  

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          De Cervantes se ha discutido en todas las parcelas del conocimiento, pues hay quienes mantienen que era un experto en multitud de ellas y quienes, como yo, que creemos que Cervantes escribe desde su gran experiencia, especialmente el Quijote, Las Novelas Ejemplares y el Persiles, obras escritas al final de su intensa vida. Y lo hace además de una manera muy sencilla, entendible por sus lectores, que era el pueblo llano. El Quijote,lo han intentado complicar quienes, de una manera o de otra, buscan en él explicaciones a su propio conocimiento, el sentido que Cervantes quiso dar, según ellos, a una frase u otra, haciendo de una novela, de entretenimiento y valores humanos, una gran tesis doctoral, de su especialidad.

Cervantes no tuvo ninguna intención de escribir sobre la Historia ni de describir la Geografía de una parte de España, de la Mancha, en su obra más trascendental, el Quijote. Crea, ya en él, una técnica narrativa nueva, diferente a la empleada en las novelas por autores anteriores y que siguieron después otros muchos, hasta nuestra actualidad. Sabe lo que desea transmitir a sus lectores y lo hace de una manera sencilla, cercana, y lo más importante, creíble. Lejos de fantásticas aventuras, extraordinarios gigantes, países fabulosos, caballeros inmortales y  doncellas de eterna juventud, utiliza para su narración lugares, caminos, parajes, construcciones, enseres y personas normales. Retrata con palabras, a hombres y mujeres, los relatos y sucesos de su tiempo, la política y su sociedad, en la creación del cuento de un hombre extraordinariamente solidario, defensor de la libertad y de la bondad innata del ser humano, al que ya en su tiempo, como ahora, solo un loco muy cuerdo, puede ser.

Y con genial ambigüedad los encanta o desencanta para amoldarlos a la historia del buen hidalgo manchego. Los personajes que intervienen pudieron ser reales, con sus virtudes y sus vicios, a los que conoció en algún lugar, o de los que escuchó  rumorear en alguna venta junto a la lumbre, en boca de unos o de otros. De esta manera tan sencilla, pero tan novedosa en su tiempo, acerca la historia de don Quijote a sus lectores, conocedores de los mismos hechos históricos, situaciones sociales o particulares que están describiendo, e incluso, la geografía por donde transcurren las ingeniosas aventuras. Hace, en definitiva, creíble su historia.

Para algunos filólogos y filósofos este realismo, histórico, social, geográfico y humano, no tiene importancia, considerándolo como un simple recurso literario de Cervantes en la creación de su obra. Incluso hay geógrafos e historiadores que tampoco ven necesario perder el tiempo en esto. Como lector del Quijote, en principio, estoy de acuerdo con todos ellos, lo importante del Quijote es el cuento, que entre risas, por las locuras y sandeces de sus dos protagonistas, nos hacen pensar sobre nuestra condición humana, sobre nuestra propia vida. Pero como lector reincidente del Quijote,soy un privilegiado, porque nací y vivo en la Mancha, y estar en los mismos lugares, caminos y parajes reales, en los que don Quijote estuvo en la ficción, y quizás Cervantes en la realidad, me ayuda a entender mejor la elección de esta parte de España como patria de don Quijote, aunque para el resto de los lectores cervantinos, esto carezca de sentido.

De la Mancha de don Quijote se ha escrito y discutido también mucho, y se seguirá haciendo,  por no ser, en el tiempo de la escritura del Quijote, un espacio geográfico nítidamente delimitado, ni administrativa, ni judicialmente. Antes de que Cervantes pusiera el título a su novela, El Ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha, en 1605, este topónimo se había utilizado para definir administrativamente unas partes del territorio de la orden de Santiago en Castilla.

En 1353, una asociación de pueblos santiaguistas fundaron el Común de la Mancha, con objetivos fiscales y de aprovechamiento comunal de sus tierras y de pastos para sus ganados. En la primera mitad del siglo XVI, la orden de Santiago estaba dividida, administrativa y fiscalmente, entre los comunes de Mohernando y Uclés, y los partidos de Ocaña y Ribera del Tajo, de la Mancha, y del Campo de Montiel. A finales de ese mismo siglo XVI, este territorio santiaguista quedó dividido administrativamente entre los partidos de Ocaña y Montiel. Judicialmente también tuvo en este mismo siglo cambios en sus límites, pero en ninguno de ellos este topónimo se utilizó.

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Sin embargo, la Mancha aparece dibujada, por primera vez, en un mapa del Libro de grandezas y cosas memorables de España, publicado en 1566 por Pedro de Medina. En él, podemos apreciar a la Mancha entre Castilla, reino de Aragón, Valencia, reino de Murcia y el reino de Toledo.

Parece meridianamente claro que, nacido ya Miguel de Cervantes, la Mancha geográfica, sin límites administrativos, fiscales y jurídicos, era una parte significativa, amplia y conocida de España. Tanto es así que, en la Descripción y Historia de los pueblos de España, más conocida como Relaciones Topográficas de Felipe II, mandada hacer por el rey en 1575, en la pregunta número cuatro de su interrogatorio, solicitaba que se contestase por parte de “dos personas, o más, inteligentes y curiosas, de los pueblos donde residieren”, que describiesen: “El reino en que comúnmente se cuenta el dicho pueblo, como es decir si cae en el reino de Castilla, o de León, Galicia, Toledo, Granada, Murcia, Aragón, Valencia, Cataluña, o Navarra, y en qué provincia o comarca de ellos, como sería decir en tierra de Campos, Rioja, Alcarria, la Mancha, etc.”

No todos los pueblos responden y algunos que sí lo hacen, sus declaraciones no llegan o se pierden en los archivos de El Escorial. Pero sí encontramos en las contestaciones que se conservan, el topónimo “Mancha”, por encontrarse el pueblo en ella, o en referencias geográficas para determinar claramente su situación en el espacio castellano, según las personas elegidas por ese lugar.

Como ejemplo, Argamasilla de Alba, de la orden de San Juan, contesta: “Al cuarto capítulo dijeron que el reino en el que comúnmente se encuentra este pueblo es en el de Toledo en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está asentado se llama la Mancha”.

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Los pueblos que dicen encontrarse en la Mancha están repartidos mayoritariamente entre los territorios gobernados por las órdenes militares de Santiago, San Juan y Calatrava, aunque también hay algunos fuera de ellas, por ejemplo en señoríos del Obispado de Cuenca.

Sin embargo, resulta muy significativo que lugares muy próximos a otros, que sí manifestaban su situación dentro de la Mancha, no declarasen estar en ella. Un ejemplo muy significativo, por estar muy cerca de El Toboso, es Miguel Esteban, que no se siente estar en la Mancha. Así responden: “Al cuarto capítulo se responde que esta villa de Miguel Esteban es de la orden de Santiago, y que está muy lejos de la mar, cincuenta leguas, y lo demás de la pregunta no lo saben”. Además de El Toboso, responden estar en la Mancha: La Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, Mota del Cuervo y Campo de Criptana, todos pueblos de la orden de Santiago, como Miguel Esteban.

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Y en el lado opuesto podemos encontrar a pueblos que se declaran estar en la Mancha y sus pueblos vecinos no, como el caso de Bolaños de Calatrava, que dice ser “… del reino de Toledo, tierra de la Mancha, a la fin de ella”. Y sus localidades vecinas de Daimiel, Miguelturra, Manzanares o Valenzuela de Calatrava, nada dicen de estar en la Mancha. Sí, todos ellos, como Bolaños, pertenecer a la orden de Calatrava.

Los lugares que dicen estar en la Mancha abarcan un extenso territorio castellano, desde Uclés y Villarrubia de Santiago, al norte, a Argamasilla de Alba y Membrilla, al sur, y desde Tirteafuera y Almodóvar del Campo, al oeste, a Iniesta y La Roda, al este.

Extensísimo espacio, que coincide con el descrito por don José de Hosta, en su “Crónica de la provincia de Ciudad Real”, publicada en 1865. Buscando los orígenes de esta provincia actual, escribe:

         “… puesto que se da comúnmente el de Mancha a todo el territorio, llano, raso, árido y seco, comprendido entre los montes de Toledo y la falda occidental de la sierra de Cuenca, y desde la Alcarria hasta Sierra-Morena, entrando en esta demarcación la llamada Mesa de Ocaña y del Quintanar, los partidos de Belmonte y San Clemente, y los terrenos de las órdenes de Santiago, San Juan y Calatrava, con toda la sierra de Alcaraz, siendo sus confines al N. el Tajo y la parte llamada propiamente Castilla la Nueva, al E. los reinos de Valencia y Murcia, al S. los de Córdoba y Jaén y al O. las provincias de Extremadura, extendiéndose 53 leguas de E. a O. y 33 de N. a S

Y, coincide también, con la imagen de la inmensa Mancha que nos deja descrita Otto Jessen, profesor de Geografía de la Universidad de Rostock (Alemania), en “La Mancha, contribución al estudio geográfico de Castilla la Nueva”, publicada en 1930, delimitando este espacio geográfico. Jessen realiza este estudio después de hacer un viaje por España en 1928. Tomando como origen Madrid, sube a un tren, en la estación de Mediodía, hacia Andalucía. Y atraviesa la Mancha.

Jessen, define el norte de la Mancha después de su visita a Aranjuez: “Sin un tránsito sensible abandonamos la cuenca del Tajo para entrar en la del Guadiana, y, de la misma manera, la mesa de Ocaña pasa a convertirse en La Mancha”. Llega en tren a Alcázar de San Juan, y continúa viaje hacia Andalucía, describiéndonos el sur de la Mancha: “Todavía, en los alrededores de Valdepeñas, se extiende la planicie manchega como una amplia ensenada; pero se ha perdido ya la impresión de infinitud que tenía hasta aquí. La vista queda limitada por una comarca montuosa, que forma el campo de Calatrava, al oeste, y el de Montiel, al este, en tanto que la llanura se alarga aún hacia el sur, hasta Santa Cruz de Mudela. Luego se juntan las lomas de uno y otro lado, y el tren abandona definitivamente La Mancha.”

¿Por qué no todos los pueblos, o la mayoría de ellos, de la orden de Santiago, especialmente del partido del Campo Montiel,  y  de la orden de Calatrava, no declararon estar en la Mancha en las Relaciones Topográficas? Sencillamente, porque sus límites no eran físicos, administrativos o jurisdiccionales, sino sentimentales. Unos lugares sí se sentían pueblos manchegos y otros, aunque vecinos, prevalecía más su sentimiento santiaguista, calatravo o montieleño, al menos en esas “dos personas, o más, inteligentes y curiosas”  elegidas para contestar al interrogatorio. Pero esto no nos debe de asombrar, pues hoy mismo, por ejemplo, hay conquenses que se sienten “serranos” antes que manchegos, o la gran mayoría de vecinos de Guadalajara que son “alcarreños”, sin ningún sentimiento manchego, aunque todos pertenezcamos a la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.

Con los conocimientos geográficos e históricos con los que hoy contamos, hay quien ha querido, incluso, enmendar la plana al mismo Cervantes, sobre su equivocación en los límites de la Mancha. Cervantes es el autor del Quijote y no se equivoca. No tiene ninguna intención de escribir un tratado de geografía, simplemente quiere escribir un libro que, entre críticas e ironías,  moviese a la risa, entretuviese a sus lectores coetáneos, y con el dinero de la venta de su Quijote, poder vivir con su familia en aquel Madrid de principios del siglo XVII, ya que con sus obras de teatro no tenía éxito, en gran parte porque el teatro de Lope de Vega lo  ensombrecía, como a los demás autores.

Y elige como patria de don Quijote a la Mancha. Lejos de reinos imaginarios y fantásticos, escoge un espacio inmenso, de pocos recursos, donde casi no hay nada significativo ni casi nunca pasa nada, pero que lo conocen, de paso, muchos viajeros, y por donde le llevará a través de sus monótonos caminos y sencillos parajes. Con este simple recurso literario, sitúa a sus héroes en un terreno pobre, sin relevancia, pero real, bien conocida en España por estar en los caminos de paso entre Castilla, Andalucía, Murcia y Extremadura.

Describe, sin nitidez, la geografía que más o menos conoce y con la que sus vecinos se sienten pertenecer y los viajeros conocer. Somos nosotros, los que creemos que el Quijote es una obra de ficción en una geografía real, los que tenemos que llegar a entender esos límites que él autor conoció y describió, los bordes en la imagen que de la Mancha tiene Cervantes, para poder interpretar geográficamente su cuento, y, por qué no, poder hacer la misma ruta que don Quijote hizo por ella.

Lo que no cabe duda, y muy a menudo es olvidado, es que el espacio geográfico conocido por Cervantes, la Mancha, tiene en su corazón, en su centro, a la Cueva de Montesinos. Sencillamente porque así la conoce Cervantes. Hay autores que al defender sus hipótesis sobre la geografía del Quijote se “olvidan” de leer algunas partes de los capítulos, e incluso hasta los títulos de los capítulos.  Concretamente el del capítulo XXII de la segunda parte, que dice así: “Donde se cuenta la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha”

         La percepción de la imagen de una ciudad o un paisaje es subjetiva para cada uno de sus vecinos o visitantes, pero pasa a ser una imagen objetiva en el momento que se usa en una creación por su autor. Se podrá llegar a discutir hasta donde llegarían los límites de la Mancha por el norte, sur, este y oeste, y si este o aquel pueblo era o no de la Mancha en este o aquel tiempo, pero si se trata de la Mancha que Cervantes conoce y escoge para hacerla patria de don Quijote, es evidente que la Cueva de Montesinos está en su corazón.

         Y al corazón de esa Mancha, a esta famosa cueva, se dirigen don Quijote y Sancho, acompañados por un guía, después de las famosas bodas de Camacho con Quiteria, que al fin resultaron ser las bodas de Quiteria con el ingenioso y enamorado Basilio:

         “Finalmente, tres días estuvieron con los novios, donde fueron regalados y servidos como cuerpos de rey. Pidió don Quijote al diestro licenciado le diese una guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía gran deseo de entrar en ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas las maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos. El licenciado le dijo que le daría a un primo suyo, famoso estudiante y muy aficionado a leer libros de caballerías, el cual con mucha voluntad le pondría a la boca de la mesma cueva y le enseñaría las lagunas de Ruidera, famosas ansimismo en toda la Mancha y aun en toda España”

La existencia de la Cueva de Montesinos era conocida en la Mancha, como las antiguas leyendas de aquellos parajes. También por don Quijote, aunque no sabe llegar precisamente a ella, por lo que pide al licenciado, amigo de Basilio, al que conoció en el camino hacia el lugar de las bodas, un guía que los lleve hasta ella, y el licenciado le recomienda a su primo.

Dejan el lugar, de Quiteria y Basilio, no sin el disgusto de Sancho, y llegan a una pequeña aldea, muy cercana a la cueva, donde pasan la noche. A la mañana siguiente compran las cuerdas para atar a don Quijote, empeñado en bajar a las entrañas de ella:

         “En estas y otras gustosas pláticas se les pasó aquel día, y a la noche se albergaron en una pequeña aldea, adonde el primo dijo a don Quijote que desde allí a la cueva de Montesinos no había más de dos leguas, y que si llevaba determinado de entrar en ella era menester proveerse de sogas, para atarse y descolgarse en su profundidad.

         Don Quijote dijo que aunque llegase al abismo había de ver dónde paraba, y así, compraron casi cien brazas de soga; y otro día, a las dos de la tarde, llegaron a la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubren. En viéndola se apearon el primo, Sancho y don Quijote, al cual los dos le ataron luego fortísimamente con las sogas…”

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Llegan a la entrada de la cueva a las dos de la tarde. Han tenido que comprar las cuerdas por la mañana y hacer el camino que hay entre este lugar y la cueva. Después de atar a don Quijote, este se hinca de rodillas y hace una oración al Cielo, además de encomendarse a su Dulcinea del Toboso:

“Y en diciendo esto se acercó a la sima: vio no ser posible descolgarse ni hacer lugar a la entrada si no era a fuerza de brazos o a cuchilladas, y así, poniendo mano a la espada comenzó a derribar y a cortar de aquellas malezas que a la boca de la cueva estaban, por cuyo ruido y estruendo salieron por ella una infinidad de grandísimos cuervos y grajos, tan espesos y con tanta priesa que dieron con don Quijote en el suelo; y si él fuera tan agorero como católico cristiano, lo tuviera a mala señal y escusara de encerrarse en lugar semejante.

Finalmente se levantó, y viendo que no salían más cuervos ni otras aves nocturnas, como fueron murciélagos que asimismo entre los cuervos salieron, dándole soga el primo y Sancho, se dejó calar al fondo de la caverna espantosa…”

Comienza don Quijote a adentrarse en la cueva. Sancho y el primo le van soltando, poco a poco, la cuerda. Las casi cien brazas de cuerda se acaban y ya no escuchaban las voces de don Quijote desde hacía rato. Esperan media hora, sin que escuchen ni pase nada, y deciden tirar de la cuerda, que recuperan con facilidad, sin el peso del cuerpo de don Quijote, lo que hace pensar a Sancho que su amo se había quedado allí dentro, hasta que habiendo sacado algo más de ochenta brazas vuelven a sentir el peso de don Quijote, reconociendo su figura a solo diez brazas de la entrada. Algo extraño ha pasado:

         “Iba don Quijote dando voces que le diesen soga y más soga, y ellos se la daban poco a poco, y cuando las voces, que acanaladas por la cueva salían, dejaron de oírse ya ellos tenían descolgadas las cien brazas de soga y fueron de parecer de volver a subir a don Quijote, pues no le podían dar más cuerda. Con todo eso, se detuvieron como media hora, al cabo del cual espacio volvieron a recoger la soga con mucha facilidad y sin peso alguno, señal que les hizo imaginar que don Quijote se quedaba dentro, y creyéndolo así Sancho, lloraba amargamente y tiraba con mucha priesa por desengañarse; pero llegando, a su parecer, a poco más de las ochenta brazas sintieron peso, de que en estremo se alegraron. Finalmente, a las diez, vieron distintamente a don Quijote, a quien dio voces Sancho, diciéndole:

—Sea vuesa merced muy bien vuelto, señor mío, que ya pensábamos que se quedaba allá para casta.

         Pero no respondía palabra don Quijote, y sacándole del todo, vieron que traía cerrados los ojos, con muestras de estar dormido. Tendiéronle en el suelo y desliáronle, y, con todo esto, no despertaba; pero tanto le volvieron y revolvieron, sacudieron y menearon, que al cabo de un buen espacio volvió en sí…” 

         Don Quijote ha estado profundamente dormido, tanto que lo habían sacado aún dormido. Despierto, más por las sacudidas y meneos de Sancho que por el deseo de hacerlo, don Quijote, comienza a contarles lo que allí adentro le había pasado: 

         “… desperezándose, bien como si de algún grave y profundo sueño despertara; y, mirando a una y otra parte como espantado, dijo:

—Dios os lo perdone, amigos, que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, ahora acabo de conocer que todos los contentos desta vida pasan como sombra y sueño, o se marchitan como la flor del campo.

Comen, pues don Quijote decía tener mucha hambre. Y les cuenta todo lo que en el interior de la cueva le había sucedido, desde el mismo momento de la entrada a la cueva. Y así comienza el capítulo XXIII:

         “Las cuatro de la tarde serían cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos dio lugar a don Quijote para que sin calor y pesadumbre contase a sus dos clarísimos oyentes lo que en la cueva de Montesinos había visto; y comenzó en el modo siguiente:

         —A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas. Éntrale una pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden, abiertos en la superficie de la tierra. Esta concavidad y espacio vi yo a tiempo, cuando ya iba cansado y mohíno de verme, pendiente y colgado de la soga, caminar por aquella escura región abajo sin llevar cierto ni determinado camino, y así, determiné entrarme en ella y descansar un poco. Di voces pidiéndoos que no descolgásedes más soga hasta que yo os lo dijese, pero no debistes de oírme. Fui recogiendo la soga que enviábades, y, haciendo della una rosca o rimero, me senté sobre él pensativo además, considerando lo que hacer debía para calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y estando en este pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo, me salteó un sueño profundísimo; y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo no, desperté dél y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza ni imaginar la más discreta imaginación humana”.

Don Quijote estaba profundamente dormido. Cree haberse despertado y ver, allí mismo, un gran castillo, del que salió su alcaide y guarda mayor, que se presenta como el mismo Montesinos de quien la cueva toma nombre. Montesinos le confirma la historia que los vecinos de la Mancha conocían desde el Medievo, y de cómo había llegado hasta allí, desde Roncesvalles, encantado por el sabio Merlín, junto a su primo Durandarte, Belerma, el escudero Guadiana y la dueña Ruidera con sus siete hijas y sus dos sobrinas:

“… y, por más señas, primo de mi alma, en el primero lugar que topé saliendo de Roncesvalles eché un poco de sal en vuestro corazón, porque no oliese mal, y fuese, si no fresco, a lo menos amojamado, a la presencia de la señora Belerma; la cual, con vos y conmigo y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años” 

La Cueva de Montesinos es real, es un topónimo conocido desde muy antiguo. En las Relaciones Topográficas, en 1575, los vecinos de La Ossa contestaban:

“… dijeron que en esta villa hay una ermita, que se dice San Pedro de Saelices, que está a una legua de esta villa, en la ribera del Guadiana, muy antiquísima, la cual está labrada la ermita en cruz. Y más arriba de ella hay una cueva, la cual se dice que era la cueva de Montesinos, que pasa un río grande por ella…”

Los vecinos de la vecina villa de La Solana, además del conocimiento geográfico de la cueva, contaban en su declaración la leyenda de los amores de la doncella Rosa Florida con el mismo Montesinos, en el cercano castillo de Rochafrida, que bien pudo inspirar a Cervantes:

“Y más encima del dicho heredamiento a la parte de levante, en una laguna que se dice que no tiene mucha agua y que en agosto se suele apocar y enjugar y que no quedan sino aguachares, hay una fortaleza en medio de la dicha laguna arruinada el edificio de ella, que comúnmente le llaman en esta tierra el castillo de Rochafrida, donde dicen que antiguamente estuvo una doncella que llamaron Rosa Florida, muy hermosa, y siendo señora de aquel castillo la demandaron de casamiento duques y condes de Lombardía y otras partes extrañas, y a todos los despreció. Y oyendo decir nuevas de Montesinos se enamoró de él y lo envió a buscar por muchas partes extrañas y lo trajo y se casó con él, y que era un hombre de notable estatura de grande y que en aquel castillo vivieron juntos hasta que allí murieron. Y cerca del castillo para entrar en él suele haber una puente de madera para pasar al dicho castillo porque, como dice su romance, por agua tiene la entrada y por agua la salida. Y cerca del dicho castillo está una cueva que llaman comúnmente la Cueva de Montesinos, por de dentro de la cual dicen que pasa mucha agua dulce siendo la del dicho río Guadiana más basta, y que pastores que andan en aquella ribera con ganado sacan agua de la dicha cueva para beber y guisar su comida…”

Estas declaraciones oficiales de los pueblos, mandadas al rey,  se hicieron coetáneas a Cervantes, un cuarto de siglo antes de que comenzase a escribir el Quijote. No cabe duda alguna que la cueva era muy conocida por los vecinos de las villas cercanas a ella, e incluso era usada como refugio y manantial de agua por los pastores que por aquel espacio estaban con sus ganados, aunque tenían que entrar hasta el fondo de ella para obtener el agua, que, como afirman, es abundante.

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Que la cueva existe, no cabe ninguna duda, pero lo descrito por don Quijote del interior de la cueva ¿es real o es ficción? Está meridianamente claro que lo visto por don Quijote después de quedarse dormido es un sueño, como el tiempo que estima que estuvo en el interior de la cueva, todo fruto de la creación de Cervantes.

Pero antes de quedarse dormido, don Quijote, describe a Sancho y al primo la cueva: “A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas”.  Aquí, en este ensanchamiento decide quedarse don Quijote: “Esta concavidad y espacio vi yo a tiempo, cuando ya iba cansado y mohíno de verme, pendiente y colgado de la soga, caminar por aquella escura región abajo sin llevar cierto ni determinado camino, y así, determiné entrarme en ella y descansar un poco”.

Además de la descripción física de la cueva, aquí anota el autor unas medidas de profundidad, medidas en estados, y durante el relato de la aventura también de longitud, medidas en brazas. Estas medidas enunciadas en el Quijote, lógicamente corresponden a medidas antiguas españolas, especialmente usadas en Castilla. Después de la Real Orden de 26 de Enero de 1801, donde se intentó unificar los pesos y las medidas, porque tenían diferencias de valor incluso entre provincias de la misma Castilla, y con la entrada en vigor del Sistema Métrico Internacional, la braza antigua castellana quedó fijada en 1,67 metros de longitud, la misma equivalencia que el estado antiguo, empleado principalmente en la medida de la profundidad de los pozos u otra cosa honda, por los poceros y canteros. Ambas medidas equivalían a seis pies, y cada pie a 0,278 metros.

Con la cantidad de cuerda comprada por don Quijote, compraron casi cien brazas de soga, casi 167 metros, y las explicaciones que en el texto encontramos, podemos calcular a cuantos metros, desde la boca de entrada a esta cueva,donde quedaron Sancho y el primo, llegó a entrar don Quijote en ella, hasta que llegó al gran ensanchamiento, donde quedó dormido. Don Quijote entra a la cueva pendiente y colgado de la soga y llega a un punto de ella donde distingue un gran ensanche. Está a oscuras y solo con algo de luz que le entra del exterior. Vocea a Sancho y al primo para que no les dé más cuerda, pero ellos no le oyen y siguen descolgando cuerda hasta agotarla, por lo que don Quijote fue haciendo un rollo con ella, sentándose sobre él. Como no había llegado al fondo de la cueva su preocupación era de quien le iba a sujetar desde ese momento, hasta que el sueño le venció:

Di voces pidiéndoos que no descolgásedes más soga hasta que yo os lo dijese, pero no debistes de oírme. Fui recogiendo la soga que enviábades, y, haciendo della una rosca o rimero, me senté sobre él pensativo además, considerando lo que hacer debía para calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y estando en este pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo me salteó un sueño profundísimo…”

La distancia descendida por la cueva, pendiente de la cuerda que le iban soltando Sancho y el primo hasta ese espacio amplio, donde don Quijote quedó dormido después de enrollar la cuerda floja que le soltaban desde arriba, la concreta Cervantes cuando Sancho y el primo, habiendo pasado media hora, deciden tirar de la cuerda y sacar a don Quijote de la cueva. Tiran de ella y la recogen con mucha facilidad y sin peso alguno, lógico pues estaba solo enrollada, hasta que a poco más de las ochenta brazas sintieron peso. Se había acabado el rollo de cuerda que don Quijote había hecho y comenzaban a tirar del cuerpo de don Quijote, que seguía dormido atado a la cuerda. Si compraron casi cien brazas de cuerda y ya habían recuperado poco más de ochenta, a menos de veinte brazas de ellos se encontraba don Quijote, por tanto a menos de 33,5 metros.

En el año 1790, Luis Paret, dibuja un plano de la Cueva de Montesinos, en planta y en corte, que titula “Demostración de la célebre Cueva de Montesinos citada por Cervantes en su DnQuixote”. El plano está en escala de varas castellanas, otra medida antigua con una equivalencia de 0,835 metros, cada vara. Una braza castellana equivalía a dos varas castellanas. Medido en línea recta, entre la boca de la cueva y el lugar donde se encuentran dibujadas cuatro personas con antorchas o linternas, obtenemos una distancia de treinta varas, 25 metros.

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Parece, más que probable, que además de tomar Cervantes  el topónimo de la Cueva de Montesinos, y sus leyendas, para llevar hasta este espacio geográfico real a don Quijote, antes de continuar su camino hacia Zaragoza, también utiliza las características físicas de esta cueva como espacio escénico de esta aventura.

Teniendo el gran privilegio de vivir en la Mancha de don Quijote, decido volver de nuevo a la Cueva de Montesinos. Y esta vez, sí, adentrarme en sus entrañas, como lo hizo don Quijote y, por qué no, el mismo Cervantes, y comprobar estas singularidades que de la cueva he leído en el Quijote. Las dos veces anteriores que había venido me había quedado en su entrada, una reja me impedía el acceso, aunque tampoco tenía la curiosidad de entrar en ella como ahora.

No es necesario llevar casi cien brazas de cuerda ni buscar un primo que nos guíe hasta su entrada. Actualmente, con gran acierto, el Ayuntamiento de Ossa de Montiel, el lugar donde don Quijote, Sancho y el primo pasaron la noche y compraron a la mañana siguiente la cuerda, dispone de un servicio turístico de guía para llegar hasta la cueva y enseñártela con todo tipo de comodidad y seguridad. Hace como unos siete años acomodó la bajada a ella instalando en su parte de mayor pendiente unos escalones que hacen que no solo no sea necesario una cuerda o barandilla donde agarrarnos, sino que, además, impiden peligrosos resbalones en una superficie de roca caliza muy resbaladiza por la humedad y precipitación de agua que hay en el interior de esta formación kárstica.

Matilde, que así se llama nuestra experta guía oficial, nos encamina en los escasos doscientos metros que hay entre el punto de encuentro y la cueva, entre encinas, sabinas, tomillo y romero. Después de proveernos de casco y linterna, incluidos en los 4 euros de la visita, a cada uno del pequeño grupo al que me sumé, nos informa de la manera que debemos de comportarnos en el interior. Además del suelo resbaladizo y un punto donde casi todos oiremos el golpe de nuestro casco en el techo, en esta época, mediados de septiembre, comienza la época de cría de la colonia de murciélagos que hay en la cueva, y la luz excesiva de las linternas y el tono de voz alto pueden molestarlos en esta delicada etapa de su vida. Sí, también la descripción que hace Cervantes de estos singulares mamíferos voladores es real: “Finalmente se levantó, y viendo que no salían más cuervos ni otras aves noturnas, como fueron murciélagos que asimismo entre los cuervos salieron, dándole soga el primo y Sancho, se dejó calar al fondo de la caverna espantosa…”

         Y comienza nuestra guía, antes de entrar, el resumen de los capítulos XXII y XXIII de la segunda parte del Quijote, que hacen que una simple visita a la cueva, se encante, y sintamos estar junto al espíritu de don Quijote en sus profundidades. Esta cueva, si no es por Cervantes, es muy posible que hoy no estuviese ni representada en las hojas de los mapas de la zona, ni mucho menos tendría el más mínimo interés turístico.

Le pido permiso para sujetar un extremo de una cinta métrica,  de 50 metros, en la boca de la cueva e ir descolgándola por su interior hasta la conocida hoy como Sala Grande, donde quedó don Quijote dormido. Y entramos en la cueva. Junto a su entrada, como a unos cuatro metros de profundidad hay un espacio, que era usado hasta no hace muchos años para el resguardo de pastores y agricultores de las inclemencias del tiempo, conocida como Sala El Portalo de los Arrieros, donde ya podemos ver algunos ejemplares de murciélagos pendientes del techo, su actual tesoro, que seguiremos viendo en toda la cueva, incluso revolotear entre nosotros.

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Desde aquí, comienza la verdadera bajada a la cueva. La pendiente es acusada pero los peldaños estratégicamente instalados facilitan y aseguran el paso. Y llegamos a un punto donde a nuestra derecha se abre y agranda la cueva,y me viene a la cabeza: “…a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas”. Nuestra guía sigue con la narración y explicaciones de la parte de la obra cumbre de Cervantes, que se escenifica precisamente aquí. Estamos, en el mismo lugar donde don Quijote, después de bajar, casi colgado, por esta fuerte pendiente, llega a esta parte más llana y recoge la cuerda que le seguían dando Sancho y el primo,y cansado se duerme.

Dirijo la luz tenue de mi linterna al suelo y apunto la medida a la que nos encontramos desde la entrada de la cueva, exactamente 32 metros, ¡las menos de veinte brazas de cuerda a las que dice sentir Sancho el peso del cuerpo de su amo, a menos de 33,5 metros! Matilde sigue hablando unos minutos, creo, pero yo no la escucho, mi mente está recordando una y otra vez los párrafos escritos por Cervantes de este mismo sitio. ¡Tengo los pies en este momento en el mismo lugar donde don Quijote se quedó dormido y soñando vio al anciano Montesinos dirigirse a él!

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Miro hacia arriba, mis ojos ya se han acostumbrado a la oscuridad, y veo la luz reflejada por la entrada de la cueva, exactamente de la misma manera de como lo había leído en mi Quijote: “Éntrale una pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden, abiertos en la superficie de la tierra…”

         La distancia medida en metros coincide con la medida en brazas de la cuerda, pero también nos deja otra medida, de profundidad, tal y como se medían los pozos en aquella época: “A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas”. Entre 20 y 23 metros estima don Quijote que ha bajado en profundidad con respecto a la superficie del terreno. En los paneles informativos que hay en la entrada podemos leer que la profundidad de la cueva es de 18 metros, once estados castellanos de profundidad. No coincide exactamente, pero como vemos es muy aproximado.

Salimos al exterior, la visita ha terminado, son casi las seis de la tarde, casi las cuatro de la tarde de horario solar…:“Las cuatro de la tarde serían cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos dio lugar a don Quijote para que sin calor y pesadumbre contase a sus dos clarísimos oyentes lo que en la cueva de Montesinos había visto…”.

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         Las visitas se pueden hacer durante todo el día, pero preferí ir a la que comienza a las cuatro de la tarde, las dos de la tarde solar en España en esta época del año, la misma hora a la que llegaron nuestros protagonistas a la cueva: “… a las dos de la tarde, llegaron a la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha…”. La luz que entra por la cueva es la misma. Aunque estamos en septiembre la inclinación solar es muy aproximada a principios del mes de abril, que es cuando se estima que don Quijote comienza su tercera salida. Esa misma luz reflejada en su interior, y el olor del campo manchego llegando poco después de medio día a la entrada de la cueva, quería apreciar como lector.

Que fuese el mismo Cervantes el que bajase a la cueva, es más que probable, o que esta cueva y su interior se la describiese un vecino de La Ossa o de La Solana, en cualquiera de las ventas en las que pasó mil noches por los caminos de Castilla, también es posible. Lo que no cabe duda es que el que sí se adentra en la Cueva de Montesinos, en el corazón de la Mancha, es don Quijote, y hoy también he estado yo.

Hay lugares cervantinos, quijotescos, en los que cualquier lector del Quijote quiere estar. Uno de ellos es la Cueva de Montesinos. Leer estos dos capítulos antes de entrar, incitan a creer sentir dentro de ella el mismo espíritu de don Quijote y casi lo que él mismo sintió cuando, atado a una cuerda, descendió por ella y llegó a la gran sala inferior. ¡No es la cueva más bonita del mundo, es obvio, pero es la cueva del Quijote, única en el mundo!

Es evidente que la Mancha de don Quijote, no tiene los límites santiaguistas del antiguo Común de la Mancha y del Partido de la Mancha del vecindario del 1530. Tampoco es el territorio que administraba, desde 1691, la Provincia de la Mancha, ni mucho menos la actual región autónoma española de Castilla-La Mancha, integrada por las provincias de Albacete, Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Guadalajara. Olvidar, o no intentar comprender, la imagen que del territorio nos describe Cervantes es alejarnos de la verdadera Mancha de don Quijote, en cuyo corazón está la Cueva de Montesinos.

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Vuelvo a casa con la cabeza llena de murciélagos, encinas, antojadiza roca caliza y agua. No tengo prisa. Y lo hago recorriendo despacio las Lagunas de Ruidera, “famosas ansimismo en toda la Mancha y aun en toda España”. Aquellas hijas y sobrinas de la dueña Ruidera encantadas en lagunas, también, como la vecina Cueva de Montesinos, son reales. Este año, debido a la fuerte sequía que asola España, parte de estas lagunas no “lloran”, están con el nivel de agua muy bajo, e incluso la conocida como Redondilla está seca. Me paro, bajo andando a ella y contemplo una imagen desde su mismo centro muy difícil de volver a ver. No me voy muy preocupado por ella, pues de la misma manera la vi en el año 1992, y poco después se recuperaron y volvieron a “llorar” todas. Me llevo en la memoria esta imagen de la laguna con colores increíbles, aún sin el turquesa de su agua, y pienso incrédulo en quienes afirman que: ¡¡la Mancha de don Quijote es monótona!!

                                         Luis Miguel Román Alhambra

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PAUL AUSTER Y EL QUIJOTE

“Confesiones del escritor americano”

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El pasado día 27 de agosto, con el periódico ABC, venía una pequeña revista, el XLSemanal, en cuya portada está fotografiado el escritor estadounidense Paul Auster, sentado en una escalera de madera, posiblemente la de su casa en Brooklin. Del título del reportaje, realizado por Fátima Uribarri, “Confesiones del escritor americano a los 70 años, cuando publica nueva novela” tomo una parte como el subtítulo perfecto para este artículo, y una de las fotografías realizada por Edu Bayer.

Hablar yo de Paul Auster y sus obras, un simple lector que solo deseo estar en los mismos lugares, caminos y parajes en los que estuvo don Quijote, es poco menos que una temeridad.

Lo que no cabe duda es que Auster es un narrador, un gran narrador de historias, que acaba de publicar su última novela, titulada “4321”. Y su trayectoria la avala los muchos premios que le han otorgado, entre ellos destaco aquí el Príncipe de Asturias de las Letras, en 2006.

Durante la entrevista voy relacionando a Auster con Cervantes, hasta en edades y situaciones personales. Confiesa que en esta novela: “He tomado de mi propia vida los sitios y la época. También lo que se cuenta de las actividades sociales y políticas de entonces es históricamente riguroso. Incluso se toca una experiencia central de mi vida” ¡Lo mismo hizo Cervantes, según mi opinión, para crear el Quijote! Cervantes toma de su gran experiencia personal sitios y lugares reales, y sitúa allí al hidalgo manchego. Crea una novela de ficción en una geografía real que conoce. ¡Auster y Cervantes crean sus novelas de la misma manera!

Auster confiesa que ha estado en España muchas veces, la primera cuando tenía 18 años, en 1965. Y esta misma semana, he visto por televisión que ha estado en Madrid presentando “4321” Conoce bien a los españoles, y especialmente a los dos españoles más universales: don Quijote y Sancho Panza. Afirma la periodista de XLSemanal: “Le entusiasma El Quijote”, y Auster le contesta: “¿No es el mejor libro jamás escrito? El resto salen de ahí, cada novela ha nacido en El Quijote. Es extraordinario. Lo acabo de releer hace un año, por quinta vez, y me ha vuelto a encantar”

¡Cinco veces ha leído Paul Auster el Quijote! ¡El Príncipe de Asturias de las Letras ha leído cinco veces la obra del Príncipe de las Letras españolas! Y algunos aseguran que el Quijote es una obra vieja, trasnochada, que ya no dice nada.

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Creo que lo habrá leído en inglés, o en francés, porque Auster no sabe español, como él mismo confiesa: “Me encantaría saber español” Y recuerdo a nuestro gran poeta José Hierro, cuando en el discurso que lee en la inauguración del Museo Iconográfico del Quijote, el cinco de noviembre de 1987, en la ciudad mexicana de Guanajuato, ciudad cervantina hermanada con Alcázar de San Juan, decía: “Las grandes creaciones literarias lo son por su capacidad para sobrevivir a los cambios de gustos de las diferentes épocas. Conservan, en todo momento, su frescor inicial. No se decoloran, no envejecen, ni son víctimas de los estragos del tiempo. En cambio las traducciones -bien sean a otra lengua, bien a otra expresión artística- cuando son fieles al original, envejecen”.

Auster, podría también afirmar o matizar a Hierro, él mismo ha sido traductor de autores franceses. Las traducciones del Quijote  no son capaces de transmitir el espíritu del loco más cuerdo y del analfabeto más docto de la literatura universal. ¿Cuántos nuevos matices del Quijote extraería Auster si lo leyese en español? Como muchos otros autores, quizás aprenda español para leerlo y, por qué no, traducirlo al inglés. Seguro que sería el mejor Quijote en inglés. Solo tiene, como nos confiesa, setenta años de edad.

Termino de leer la entrevista de XLSemanal con Auster, y lamento cómo los españoles hemos dejado de leer este gran libro, no ya cinco veces como él ya ha hecho, sino una sola vez, teniendo el gran privilegio de mirarnos en el espejo original, que nos regaló Cervantes en español, y vernos reflejados en él, unas veces como don Quijote y otras como Sancho Panza. Y la risa, que pretendía sacar de sus lectores Cervantes, al reconocernos en sus héroes manchegos seguro que nos saldrá.

En su discurso, en la entrega del premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, hace ya casi once años, nos dejaba esta sabia sentencia: “Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más”.

Señor Auster, muchas gracias por leer el Quijote, y confesarlo. Ahora me toca a mí leer su novela, “4321”, su nueva historia, sabiendo que Archie, como don Quijote, está en la ficción de la historia en los mismos lugares reales que su autor conoció.

                                   Luis Miguel Román Alhambra

 

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¡NO TENGAS MIEDO GATITO, YO NO LO TENGO!

¡Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única! (El Quijote. 2, 72)

Don Quijote y su gatito

Tú hoy tampoco entiendes que pasa por la cabeza de un ser humano para planificar y matar a otros que pasean por una calle de una ciudad, con sus hijos o sus nietos, de vacaciones, comprando unas flores o volviendo del trabajo. Tú no lo entiendes, igual que los miles de españoles, y de todo el mundo, que estarán este próximo sábado en Barcelona, en la misma Barcelona donde hace unos pocos días la sinrazón quiso cubrir de miedo. Hermosa ciudad, como decimos aquí, en Alcázar de San Juan, Corazón de la Mancha, mi patria.

Durante estos días he pensado, quería pensar, que lo que leía o veía, en los periódicos o en la televisión, era de nuevo ficción, ¡como mis antiguas aventuras! y que todo era un encantamiento, obra de un feo y descomunal gigante. Pero he visto a Sancho, en la cuadra, llorar abrazado a su borrico, porque estaría pensando en ese niño de solo tres años que han arrebatado de los brazos de sus padres, para siempre. Sancho no sabe leer ni escribir, como yo, pero sabe expresar sus sentimientos mejor que nadie. Le he recordado lo mismo que hace mucho tiempo le afirmé: La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”

Gatito, nos quieren quitar la libertad con la que hemos nacido y que defendemos como un firme pilar de la convivencia. En Barcelona y en Cambrils muchos han dado su vida en su defensa, o están o han pasado por el hospital con heridas y secuelas para toda su vida, ¡por andar por las calles en libertad! Y antes, en otras hermosas ciudades, ha pasado lo mismo. Pero no tengas miedo, gatito, yo no lo tengo.

Yo estuve, hace ya más de cuatro siglos en Barcelona, paseando por esa misma calle. Aunque de una de sus playas salí  derrotado, guardé su imagen en mi memoria. Cuando se la describía a don Álvaro, un caballero de Granada, le decía de ella:

“¡Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única!”

Así era Barcelona, es y debe de seguir siendo esta hermosa ciudad española, nunca cautiva por la sinrazón terrorista.

Vine derrotado desde Barcelona, aquí, a mi casa, donde dicen que recuperé la cordura que había perdido leyendo estos libros. Yo creo que nunca la perdí, ¡gatito, los locos son otros!

Ahora hay que rezar por los fallecidos y los heridos. Y acompañar en el dolor a las familias. Solo ellas saben lo que es  perder a un ser querido por la locura de unos pocos.

Gatito, ¡Bien podrán los encantadores quitarme la ventura; pero el esfuerzo y el ánimo, será imposible! Esto mismo le decía a Sancho cuando casi en todas las aventuras mis costillas, y las suyas, salían mal paradas. Estos locos están tratando de quitarnos la libertad con crímenes horrendos, tratan de que la desilusión nos divida, pero no saben que juntos, los españoles, nos hemos levantado siempre de las adversidades. Intentarán volver a golpear de nuevo, pero el esfuerzo y el ánimo no nos lo pueden quitar.

Aunque ya estoy viejo, y no podré estar allí en Barcelona este próximo Sábado, mi espíritu si estará.

 ¡No tengas miedo gatito, yo no lo tengo!

 ¡Yo, tampoco tengo miedo!

 

Luis Miguel Román Alhambra

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Descubierto el paraje de la penitencia de don Quijote en Sierra Morena

Peña Penitencia

 

Hace más de cuatrocientos años, durante estos calurosos días del mes de Agosto, Cervantes llevaba a don Quijote y a Sancho Panza por mitad de Sierra Morena hasta un lugar donde don Quijote decide apearse de Rocinante y hacer su penitencia.

Este paraje cervantino ha sido descubierto recientemente por Luis M. Román Alhambra, investigador independiente del Quijote, dentro de sus trabajos de localización geográfica realizados siguiendo las aventuras que don Quijote y Sancho tienen en Sierra Morena, y que en el mes de Octubre, según nos afirma el autor, verán la luz en una nueva publicación suya con el título: “Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena. Caminos y parajes reales en la ficción del Quijote”.

Desde que publicase “La venta cervantina de Sierra Morena y el lugar de don Quijote”(2012), donde identificó la venta donde se produce el manteo de Sancho Panza, la actual Venta de la Inés, al final del Valle de Alcudia, ha estado trabajando en la situación geográfica real de las aventuras que se producen cuando don Quijote y Sancho abandonan esta venta y se adentran por el antiguo Camino de la Plata por Sierra Morena. Aventuras creadas en la ficción del Quijote por la imaginación de Cervantes, utilizando, según Luis Miguel Román, los parajes conocidos por él mismo en sus numerosos viajes a Sevilla. Las aventuras de los ganados de ovejas, los encamisados, el batán, el yelmo de Mambrino, los galeotes, la mula muerta y el paraje final de la penitencia ya están marcados en el mapa real de esta zona, coincidiendo precisamente con el texto y la descripción que de ellos hace Cervantes, y que nunca antes se había hecho por esta zona.

Como indica el autor: “Localizar los parajes donde se encuentran con la mula muerta del Roto y donde elige don Quijote hacer su penitencia han sido los más complicados, ya que estas aventuras se producen fuera del camino real y por lo tanto muy difíciles de referenciar, llegando incluso a pensar que estas aventuras también eran una ficción geográfica, como muchos mantienen”.

 Parte de estas aventuras se acontecen dentro de lo que es ahora la finca privada de La Garganta, por lo que se necesita la autorización y el apoyo de su personal para acceder a su interior, como es precisamente el lugar que, este pasado diez de Agosto, descubrió en mitad de la formación montañosa de La Garganta y que coincide con las descripciones que Cervantes hace de este paraje como el lugar donde don Quijote se quedó haciendo penitencia a la espera de que Sancho Panza volviese de El Toboso con la contestación de Dulcinea a su carta.

Nos comenta el autor que impresiona ver como la topografía de esa parte de Sierra Morena coincide exactamente con lo descrito por Cervantes en el capítulo veinticinco de la primera parte:“Llegaron, en estas pláticas, al pie de una alta montaña, que, casi como peñón tajado, estaba sola entre otras muchas que la rodeaban. Corría por su falda un manso arroyuelo, y hacíase por toda su redondez un prado tan verde y vicioso, que daba contento a los ojos que le miraban”.

Este lugar se encuentra dentro de una excepcional  formación montañosa en forma de garganta por donde transcurre su arroyo. Y además encontró una singular peña, junto al arroyo, que muchos pintores, en su imaginación, han usado para ilustrar a don Quijote sobre ella meditando o dando volteretas.

Sin duda estamos ante un trabajo que dará mucho que hablar, pues no coincide con ninguna de las rutas oficiales, o de otros autores cervantinos,  propuestas hasta la fecha.

Parte de su trabajo ya ha sido publicado en su blog, como este último capítulo que se puede leer en:

https://alcazarlugardedonquijote.wordpress.com/

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

 

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Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena (VIII)

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Por fin he llegado al lugar, enigmático lugar, de la penitencia de don Quijote. Después de la localización documental, solo me quedaba estar físicamente en el paraje y comprobar que la imagen que Cervantes describe coincide con la realidad. He llegado a primera hora de la mañana, fresca mañana del diez de Agosto, a la entrada de la finca privada de La Garganta, donde me espera José María, quien me guiará hasta los puntos marcados en mi mapa.

Nos dirigimos primero hasta el lugar del Camino de la Plata, hoy casi desaparecido, donde don Quijote libera a los galeotes y en el que el Arroyo del Robledillo casi lame su cuneta. Arroyo en el que Dorotea un mes de Agosto, en la ficción del Quijote, se refresca. Hoy va seco, sin una sola gota de agua. Este año ha sido de los más secos de los últimos veinte años, pero el frescor de la sombra de los árboles que abrazan al arroyo se agradece. Desde aquí seguimos el trazado, hoy hay una senda abierta, que nos dirige hacia la “montañuela” en la que vieron a Cardenio, donde después de bordearla se encuentran, en un arroyo, muerta a su mula. Y justo en ese punto que indico a José María en el plano llegamos al pie de un arroyo, que hoy corre vago con sus aguas cristalinas y en el que, casualidades del destino, yace muerta, desde hace pocas horas, una cierva adulta.

Delante tenemos los dos puntales montañosos por donde tenemos que entrar a esta singular formación de montañas en forma de garganta. Hoy también hay un camino interno de la finca que la recorre longitudinalmente por ambas vertientes internas junto a su arroyo. Pienso en la época de Cervantes y como esta zona sería un lugar donde se escondían bandidos y ladrones después de sus fechorías en el transitado e importante camino de Toledo a Sevilla, como lo confirma un topónimo de una de las vertientes: Los Ladrones. Habría una pequeña y casi impracticable senda, pisada por caballerías y animales salvajes, por donde don Quijote y Sancho se adentraron hasta que nuestro Caballero de la Triste Figura decidió apearse de Rocinante, quitarse sus armas y quedarse haciendo penitencia entre unos peñascos. Y allí, junto al arroyo, vemos una extraña peña, tal y como lo han pintado tantos artistas siguiendo el texto de Cervantes.

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José María y yo, somos las primeras personas que conscientemente hemos estado en estos parajes siguiendo el espíritu de don Quijote. Y se me viene a la cabeza la imagen de una estatua de don Quijote pensativo, tal y como lo dibujó Doré, Vierge o Álvarez, entre tantos, instalada sobre esta peña.  Sería un lugar excepcional de peregrinación cervantina en un entorno tan hermoso, salvaje y natural, casi como era en el siglo XVII. Pero quizá este anonimato lo ha preservado así de original, tal y como lo pudo ver Cervantes, y así tenga que seguir siendo.

 

LA PENITENCIA DE DON QUIJOTE

Después del encuentro en el Camino de la Plata con los galeotes, Sancho, aún más temeroso por el desenlace final de aquella aventura, convence a don Quijote, que en principio se niega, a dejar el camino real y emboscarse por la sierra, donde poder esconderse de los cuadrilleros de la Santa Hermandad, que en cuanto tuviesen noticia de los hechos ocurridos con los galeotes saldrían en su busca, por haber sido cómplices en su motín:

“Subió don Quijote sin replicarle más palabra, y guiando Sancho sobre su asno se entraron por una parte de Sierra Morena, que allí junto estaba, llevando Sancho intención de atravesarla toda e ir a salir al Viso o a Almodóvar del Campo y esconderse algunos días por aquellas asperezas, por no ser hallados si la Hermandad los buscase…” (I, 23)

Don Quijote ya iba especulando en las muchas aventuras que por esos parajes inhóspitos les iban a ocurrir. Sancho, en cambio, sintiéndose ya seguro,  comía tranquilamente de los restos de la despensa que había requisado a los encamisados, la noche anterior. La aventura de los galeotes había terminado pasadas las diez de la mañana, como aseguraba Ginés de Pasamonte cuando en su negativa a ir a El Toboso, como le había pedido don Quijote, le dice que “ponernos en camino del Toboso, es pensar que es ahora de noche, que aún no son las diez del día, y es pedir a nosotros eso como pedir peras al olmo”. Es ya mediodía, hora de comer, para Sancho Panza:

” Así como don Quijote entró por aquellas montañas se le alegró el corazón, pareciéndole aquellos lugares acomodados para las aventuras que buscaba…

Reducíansele a la memoria los maravillosos acaecimientos que en semejantes soledades y asperezas habían sucedido a caballeros andantes. Iba pensando en estas cosas, tan embebecido y trasportado en ellas, que de ninguna otra se acordaba. Ni Sancho llevaba otro cuidado, después que le pareció que caminaba por parte segura, sino de satisfacer su estómago con los relieves que del despojo clerical habían quedado, y así, iba tras su amo sentado a la mujeriega sobre su jumento, sacando de un costal y embaulando en su panza, y no se le diera por hallar otra aventura, entretanto que iba de aquella manera, un ardite” (I, 23)

Hasta ahora, esta parte del Quijote, enmarcada en medio de Sierra Morena, sin un camino o senda de referencia, solo se ha considerado como un simple recurso literario de Cervantes. Sin embargo, tomando como referencia evidente el punto del Camino de la Plata, junto al Arroyo del Robledillo, lugar donde se encuentran con los galeotes y desde el que se adentran en la sierra, las descripciones del relieve y la distancia recorrida hasta donde don Quijote decide hacer su particular penitencia, tres cuartos de legua, unos cuatro kilómetros y medio, hace posible situar el paraje de esta parte de Sierra Morena donde don Quijote se quedará solo, mientras Sancho Panza vuelve de llevar la carta a Dulcinea. Nunca sabremos si llegó a ver realmente Cervantes este lugar o simplemente fue la descripción de la historia de Cardenio, que escuchó contar a cualquier pastor del Valle de Alcudia.

El narrador nos cuantifica la distancia que hay que andar entre el camino y el lugar de penitencia, cuando Sancho, acompañado por Dorotea y el barbero, los dos disfrazados, vuelve de nuevo hacia ese lugar donde se encontraba don Quijote, con el cura y Cardenio siguiéndolos de largo, para no ser descubiertos:

“Tres cuartos de legua habrían andado cuando descubrieron a don Quijote entre unas intricadas peñas, ya vestido, aunque no armado, y así como Dorotea le vio y fue informada de Sancho que aquél era don Quijote, dio del azote a su palafrén, siguiéndole el bien barbado barbero” (I, 29)

Convencido don Quijote, por las dotes teatrales de Dorotea, de terminar con su penitencia y ponerse al servicio de la princesa Micomicona, manda a Sancho que lo vista con sus armas y vuelven todos hacia el camino. El cura y Cardenio ya disfrazados, para no ser reconocidos por don Quijote, habían llegado poco antes que ellos al camino, donde los esperaban:

“Hecho esto, puesto ya que los otros habían pasado adelante en tanto que ellos se disfrazaron, con facilidad salieron al camino real antes que ellos, porque las malezas y malos pasos de aquellos lugares no concedían que anduviesen tanto los de a caballo como los de a pie” (I, 29)

La imagen que dibuja el narrador del paraje elegido por don Quijote  para hacer su particular penitencia caballeresca, tiene unas descripciones del relieve muy singulares, una montaña que sobresale de otras que están a su alrededor y un arroyo:

“Llegaron, en estas pláticas, al pie de una alta montaña, que, casi como peñón tajado, estaba sola entre otras muchas que la rodeaban. Corría por su falda un manso arroyuelo, y hacíase por toda su redondez un prado tan verde y vicioso, que daba contento a los ojos que le miraban. Había por allí muchos árboles silvestres y algunas plantas y flores, que hacían el lugar apacible. Este sitio escogió el Caballero de la Triste Figura para hacer su penitencia; y así, en viéndole, comenzó a decir en voz alta, como si estuviera sin juicio:

-Éste es el lugar, ¡oh cielos!, que diputo y escojo para llorar la desventura en que vosotros mesmos me habéis puesto. Éste es el sitio donde el humor de mis ojos acrecentará las aguas deste pequeño arroyo, y mis continos y profundos sospiros moverán a la contina las hojas destos montaraces árboles, en testimonio y señal de la pena que mi asendereado corazón padece” (I, 25)

En el mapa del Instituto Geográfico Nacional MTN-0860-2002-Fuencaliente, marcamos el lugar del Camino de la Plata, junto al Arroyo del Robledillo, con la referencia de una distancia de tres cuartos de legua, cuatro kilómetros y medio. Con la descripción de encontrarse don Quijote delante de una alta montaña “entre otras muchas que la rodeaban” con un arroyo en su falda, no cabe duda alguna que el lugar de penitencia elegido por el Caballero de la Triste Figura se encuentra en mitad de La Garganta. La montaña alta es el pico de Peñarrodrigo, actual Morra de Peña Rodrigo (1287 m), situada al final de una singular formación montañosa en forma de garganta cerrada, con alturas superiores a los 1000 m. El arroyo que discurre por el valle que forman las faldas de estas sierras de La Garganta y del Nacedero, el Arroyo de La Garganta, no hace sino confirmar que la  descripción topográfica de esta zona  corresponde exactamente con la que en el Quijote describe Cervantes.

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Antes de llegar a este punto de penitencia, don Quijote se encuentra una maleta de viaje, con unas camisas, algo de dinero y un libro de notas. Al leer los versos y cartas de este librito conjetura que el propietario de esa maleta era un hombre desengañado por los amores de una mujer. Continuando entre la sierra, por donde Rocinante podía caminar,  ven a un hombre delante de ellos en la cima de una pequeña montaña, calificada como montañuela, que iba saltando de risco en risco y de mata en mata, con estraña ligereza. Acaban de descubrir a Cardenio, al que intentan seguir sin conseguirlo, por lo espeso de la vegetación de aquella zona. Don Quijote trata de que Sancho le ayude a encontrar a ese hombre, rodeando cada uno por un lado aquella serrezuela. Sancho, por miedo a ir solo, se niega, siguiendo juntos el mismo camino:

 “Y así, picó a Rocinante, y siguióle Sancho con su acostumbrado jumento; y,  habiendo rodeado parte de la montaña, hallaron en un arroyo, caída, muerta y medio comida de perros y picada de grajos, una mula ensillada y enfrenada; todo lo cual confirmó en ellos más la sospecha de que aquel que huía era el dueño de la mula y del cojín.

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Estándola mirando, oyeron un silbo como de pastor que guardaba ganado, y a deshora, a su siniestra mano, parecieron una buena cantidad de cabras, y tras ellas, por cima de la montaña, pareció el cabrero que las guardaba, que era un hombre anciano. Diole voces don Quijote y rogóle que bajase donde estaban. Él respondió a gritos que quién les había traído por aquel lugar, pocas o ningunas veces pisado sino de pies de cabras o de lobos y otras fieras que por allí andaban. Respondióle Sancho que bajase, que de todo le darían buena cuenta.” (I, 23)

Determinar este lugar, donde se encuentran con la mula muerta y el cabrero, partiendo desde el punto del Camino de la Plata y con la referencia en la dirección hacia el interior de La Garganta, ya no es nada complicado. Siguiendo la narración y con el mismo mapa MTN-0860-2002-Fuencaliente, antes de entrar en el valle de La Garganta hay una pequeña montañuela que compone la serrezuela de Las Lastrillas. Si comenzamos a rodearla en el sentido opuesto a las agujas del reloj nos encontramos con un arroyo que nace en el interior de La Garganta.

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Llegando el cabrero hasta donde ellos estaban, junto al arroyo, hablan de esa mula muerta, la maleta que habían visto poco antes y del propietario de todo aquello, que es el mismo joven que poco antes don Quijote y Sancho habían visto. Todo esto lo confirma el cabrero, que les cuenta  como hacía más de seis meses que su grupo de pastores lo habían conocido y de las veces que les había pedido comida por caridad, y otras veces les había atacado para quitársela a la fuerza. El anciano cabrero también les cuenta que ya habían decidido en salir en su busca y llevarle a Almodóvar del Campo para curarle de sus males y saber de su familia. Y es, en este momento preciso de la narración donde Cervantes nos deja la distancia que desde este lugar de la sierra, donde se encuentran con la mula muerta y el cabrero, hay hasta Almodóvar del Campo, ocho leguas:

“Y en verdad os digo, señores —prosiguió el cabrero—, que ayer determinamos yo y cuatro zagales, los dos criados y los dos amigos míos, de buscarle hasta tanto que le hallemos, y, después de hallado, ya por fuerza, ya por grado, le hemos de llevar a la villa de Almodóvar, que está de aquí ocho leguas, y allí le curaremos, si es que su mal tiene cura, o sabremos quién es cuando esté en su seso, y si tiene parientes a quien dar noticia de su desgracia.”(I, 23)

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Este lugar marcado en el mapa junto al arroyo, siguiendo la traza aproximada por donde fueron don Quijote y Sancho, sin caminos ni sendas, hasta el pie de la montañuela y rodeándola llegar hasta al arroyo, donde el narrador sitúa a la mula muerta, se encuentra a una distancia aproximada de 2,5 km del Camino de la Plata, una media legua de camino.

El Arroyo del Navarrillo, donde se encuentra el batán que tanto miedo causó a don Quijote y especialmente a Sancho, vierte sus aguas en el Arroyo de la Ribera, conocido en tiempos de Cervantes como Río Muelas, donde se encontraban los molinos y batanes del término de Almodóvar del Campo, como así contestan en las Relaciones Topográficas de Felipe II a la pregunta veintidós:

“Como quiera que según dicho es en este nuestro término no haya ríos algunos caudalosos no aceñas en todo él más que un río pequeño que llaman el río de Muelas hay algunos molinos y batanes de vecinos de Pedroches y Torre Campo lugares de la ciudad de Córdoba en cuya jurisdicción confina la de esta villa de la cual el dicho río de Muelas dista siete leguas poco más o menos”

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Desde este río, o arroyo actual, hasta el punto del Camino de la Plata,  desde el que don Quijote acepta seguir el consejo de Sancho de adentrarse en la sierra hay unos tres kilómetros, media legua de camino.

Si a las siete leguas poco más o menos que está Almodóvar del Campo del Arroyo de la Ribera, le sumamos la media legua de camino que hay hasta que se encuentran con los galeotes, y la media legua  por medio de la sierra, hasta llegar, rodeando la montañuela, al arroyo donde se encuentran con la mula muerta y el cabrero, obtenemos una distancia de ocho leguas de camino. Exactamente la distancia que estima el cabrero que hay entre ese paraje de la sierra en el que están y Almodóvar del Campo: “le hemos de llevar a la villa de Almodóvar, que está de aquí ocho leguas”

Solo nos queda ahora dejar el paraje de la mula muerta y continuar adentrándonos en La Garganta. Con la inestimable ayuda y conocimiento del terreno de José María, me adentro en el interior de esta extraña formación montañosa. El camino, junto al arroyo, discurre entre un espeso bosque de robles canarios, alcornoques, castaños y enebros, algunos mucho más que centenarios, que casi no dejan de ver los puntos más altos de las montañas. A unos dos kilómetros del paraje de la mula muerta, pasado el pequeño embalse que abastecía de agua desde principios del siglo XX al antiguo ferrocarril de la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya, llegamos donde don Quijote decidió quedarse solo, desarmado, haciendo penitencia. Es increíble la similitud de la narración con el lugar, donde estamos rodeados de montañas, junto a un apacible arroyo.

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Junto al arroyo puedo entrever, entre lo espeso del bosque, las cimas de algunos de estos picos y leo: “Llegaron, en estas pláticas, al pie de una alta montaña, que, casi como peñón tajado, estaba sola entre otras muchas que la rodeaban. Corría por su falda un manso arroyuelo, y hacíase por toda su redondez un prado tan verde y vicioso, que daba contento a los ojos que le miraban”

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No sabremos nunca si el propio Miguel de Cervantes estuvo aquí mismo,  y la imagen de este paisaje la guardó en su mente y nos la regaló en la historia de don Quijote, o este fondo de saco montañoso era un paraje tan conocido en aquella época, como refugio o guarida de ladrones y bandidos del camino, que cualquier cuadrillero de la Santa Hermandad, o un pastor de cabras, pudo describírsela perfectamente  durante las horas de descanso en la venta. Quién sí estuvo, en la ficción, fue don Quijote y su espíritu sigue aquí, sentado sobre esta singular peña.

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En el plano anterior está representado el lugar del camino real, junto al arroyo, desde donde don Quijote y Sancho se adentran hacia la sierra (1), la zona donde se produce el hallazgo de la mula muerta de Cardenio y el cabrero (2) y el lugar de la penitencia de don Quijote (3).

La distancia entre el lugar donde se encuentran con la mula muerta y el cabrero, en la ficción de la historia de don Quijote, coincide exactamente con la distancia que hay entre este paraje real, a la entrada de La Garganta, hasta Almodóvar del Campo, ocho leguas. Ahora, Cervantes, nos deja otra distancia, desde el lugar de penitencia, que es necesario comprobar para evidenciar que estamos en el mismo paraje donde el autor llevó a nuestros vecinos manchegos: la distancia que hay desde aquí hasta El Toboso.

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Don Quijote ha decidido quedarse en este lugar haciendo su particular  penitencia, y algunas locuras, hasta que Sancho Panza regrese de llevar una carta a El Toboso y volviendo con la respuesta de Dulcinea:

“Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea” (I, 25).

Hagamos el mismo recorrido que Sancho tendría que hacer hasta llegar a El Toboso. Aunque sabemos que no cumple su misión, pues una vez que se despide de don Quijote, sube sobre Rocinante y sale al camino llegando a la venta del manteo, de mal recuerdo para Sancho, donde es reconocido por el cura y el barbero que allí estaban en busca de sus vecinos. Estos le persuaden de volver de nuevo al lugar de penitencia y tratar de convencer a don Quijote de que regrese a su casa. Sancho guía al cura y al barbero, por el mismo camino, hasta el paraje desde donde debe adentrarse en la sierra, quedándose el cura y el barbero esperando en el arroyo que hay junto al camino. Sancho, siguiendo las retamas, que como marcas había dejado en su salida, llega al lugar donde estaba su amo. Don Quijote, sorprendido, al verle tan pronto de vuelta del viaje, y que Sancho le aseguraba haber hecho, le dice:

¿Sabes de qué estoy maravillado, Sancho? De que me parece que fuiste y veniste por los aires, pues poco más de tres días has tardado en ir y venir desde aquí al Toboso, habiendo de aquí allá más de treinta leguas…” (I, 31)

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Las distancias parciales que habría recorrido Sancho sobre Rocinante, desde el lugar de la penitencia, donde quedó don Quijote hasta El Toboso son:

-Lugar de penitencia a la mula muerta: un cuarto de legua.

-Lugar de la mula muerta a Almodóvar del Campo, ocho leguas.

-Almodóvar del Campo a Caracuel: tres leguas, “… que es una villa pequeña de esta jurisdicción a tres leguas, que hoy se llama Caracuel”, (Relaciones Topográficas de Almodóvar del Campo)

-Caracuel a Ciudad Real: tres leguas  según el “Reportorio de todos los caminos de España” de Juan de Villuga.

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-Ciudad Real a Villarrubia de los Ojos: seis leguas, “… que el primer pueblo que hay derecho al poniente desde esta villa es Ciudad Real, que yendo por el camino derecho desde esta villa a Ciudad Real hay seis leguas…” (Relaciones Topográficas de Villarrubia de los Ojos)

-Villarrubia de los Ojos a Herencia: cuatro leguas, “… al poniente de esta villa está un pueblo que se dice Villarrubia, cuatro leguas de esta villa de las ordinarias…” (Relaciones Topográficas de Herencia)

-Herencia a Alcázar de San Juan: dos leguas, “… que desde esta villa está hacia la parte donde sale el sol la villa de Alcázar dos leguas ordinarias camino derecho” (Relaciones Topográficas de Herencia)

-Alcázar de San Juan a El Toboso: cuatro leguas, antiguo camino de Alcázar a El Toboso.

Haciendo la suma total, entre el lugar de penitencia de don Quijote hasta El Toboso, siguiendo los mismos caminos que habría seguido Sancho, obtenemos una distancia de treinta leguas y cuarto, coincidiendo con lo calculado por don Quijote, “habiendo de aquí allá más de treinta leguas”.

Esta parte de Sierra Morena, sin sendas ni caminos en tiempos de Cervantes, está hoy en medio de la finca de La Garganta, desconocedora, hasta hoy, que es la guardiana del espíritu de don Quijote. Es imposible para mí describir la sensación vivida aquí, en el paraje de la penitencia, junto al arroyo, en el que las montañas casi te acunan como una madre. Ahora entiendo por qué decidió quedarse aquí don Quijote, y espero que así siga varios siglos más.

Salimos, José María y yo, a lo llano de la sierra. Hemos sido las primeras personas que conscientemente hemos estado en este lugar quijotesco. Ya he terminado mi trabajo, es verano, hoy es diez de Agosto, festividad de San Lorenzo, y a la memoria me viene la fecha en la que don Quijote firmó la carta a su sobrina, a la vuelta de la hoja en la que había escrito la carta a su Dulcinea, para que le diese tres borricos a Sancho, a cuenta de sus servicios hasta ese momento: “Fecha en las entrañas de Sierra Morena, a veinte y dos de agosto deste presente año”.

                                               Luis Miguel Román Alhambra

 

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