LAS AVENTURAS DEL LOCO MÁS CUERDO

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¡No hay libro tan malo, que no tenga algo bueno! Así responde Sansón Carrasco a la crítica de don Quijote a quienes componen y arrojan libros de sí como si fueran buñuelos. Espero que mi tercer trabajo sobre la geografía del Quijote deje algo bueno a quienes lo lean. Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena acaba de salir de las cuidadosas manos de los impresores y ya se puede leer y observar, pues al texto lo complemento con fotografías y planos de la zona.

Al final, este trabajo que aquí presento, es una pequeña guía de unos dieciséis kilómetros por el antiguo camino de Toledo a Sevilla, en medio de un paraje natural único, Sierra Morena, para los lectores viajeros del siglo XXI que quieran sentir casi lo mismo que llegó a sentir Cervantes, cuando, a lomos de una mula de alquiler, atravesaba este espacio geográfico, frontera entre Castilla y Andalucía, como funcionario de la Corona española. Pararse en los puntos o hitos geográficos que marco, abrir su Quijote, y leer el pasaje que don Miguel imaginó en ese mismo lugar, escenario natural para esa aventura del loco más cuerdo, acompañado del analfabeto más sabio, jamás imaginado. Para quienes no puedan hacer este pequeño recorrido, podrán comprobar, como yo, que el Quijote es una obra de ficción enmarcada en una geografía real, también en Sierra Morena.

Mucho tiempo entre planos antiguos y actuales, archivos y relecturas de esta parte del Quijote, colmadas de satisfacción en el trabajo de campo localizando precisamente estos escenarios reales de la obra más leída en español, y en tantos idiomas traducido, en una gran parte por medio de la finca privada de La Garganta, que con tanta generosidad de su tiempo me han dedicado. Allí, en medio de una singular formación montañosa, en forma de garganta,  se quedó don Quijote haciendo penitencia, sentado sobre una peña junto a un arroyo, y aún quizás allí siga entre encinas y robles centenarios. Su actual dueño, el duque de Westminster, es su celoso guardián.

Aún no tengo prevista su presentación en público, en la que pueda compartir personalmente mis vivencias en medio de Sierra Morena con quienes se acerquen, pero el libro ya está disponible en la zona de librería de Moisés Mata S.L., situada en la calle Emilio Castelar, 22, en Alcázar de San Juan (tf. 926 54 04 40).

 

                                  Luis Miguel Román Alhambra

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Don Quijote regresa a casa

El Quijote, nuestro gran cuento de humanidades creado por Miguel de Cervantes, tiene como origen el pueblo de don Quijote y Sancho. Es, en la imagen ambiental del espacio manchego que nos transmite Cervantes, su principal nodo, desde el que los encamina en busca de aventuras, y a él siempre regresan. Don Quijote, en solitario, en la primera salida y acompañado ya de Sancho en la segunda, sale de su pueblo por un camino hacia el este. Solo hay que observar, en la primera salida,  que regresando a casa desde la venta donde es armado caballero, don Quijote, se encuentra de frente en el camino, con unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia.

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Si estos sederos toledanos, evidentemente, iban de oeste a este, de Toledo a Murcia, nuestro hidalgo, que regresaba a casa por el mismo camino, lo hacía en dirección contraria, hacia el oeste. Por ese mismo camino salió de casa el día anterior, hacia el este, hasta que al final del día, cansado y hambriento, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella. El camino de Toledo a Murcia, muy conocido y usado en tiempos de Cervantes, según las informaciones del Reportorio de todos los caminos de España, de Juan de Villuga (1546) o las Relaciones Topográficas (1575), tenía dos variantes a la salida de Toledo, pero con similar distancia. Una variante del camino pasaba por El Toboso y la otra por Campo de Criptana, juntándose ambas en un cruce de caminos, cerca de la Venta de Manjavacas. A este mismo cruce, muy conocido por los viajeros, mercaderes, trajinantes y arrieros, y por el mismo Cervantes, llega don Quijote después de que liberase a Andresillo en un encinar próximo a la venta, donde en esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía… y al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza, a su casa.

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Y es por ese mismo camino y dirección hacia el este, ya con Sancho, el que toman de nuevo en la segunda salida de su pueblo: acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje. Salen, a escondidas, en mitad de una noche calurosa de verano manchego, y al poco de amanecer, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo. Que estos molinos de viento son los de Campo de Criptana, hoy ya no le cabe duda a nadie por ser esta villa manchega la única que disponía de tantos molinos de viento antes de la escritura de la primera parte del Quijote.

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A este escenario de sierras y cerros en la llanura, donde los doce vientos manchegos mandaban dirigir las aspas de los molinos de viento, llegan en dos o tres horas nuestros vecinos, al paso lento de Rocinante. Este hito en la imagen del escenario manchego, los molinos de viento, está al este de Alcázar de San Juan, a menos de una legua de distancia, y ambas villas en el camino de Toledo a Murcia. Si seguimos este camino llegaremos a la Venta de Manjavacas, después de pasar por el famoso cruce de caminos. Solo con estas consideraciones se terminarían tantas discusiones sobre el lugar de don Quijote.

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Sin embargo, en la tercera salida de su casa no siguen este mismo camino y dirección. Esta vez don Quijote quiere ir hacia Zaragoza, pero antes  quiere pasar por El Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga. Cervantes, ahora, nos indica el camino que don Quijote y Sancho toman: … y que los lectores de su agradable historia pueden hacer cuenta que desde este punto comienzan las azañas y donaires de don Quijote y de su escudero; persuádales que se les olviden las pasadas caballerías del Ingenioso Hidalgo, y pongan los ojos en las que están por venir, que desde ágora en el camino del Toboso comienzan.

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Salen casi de noche: al anochecer, sin que nadie los viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso. Cuando Sansón Carrasco se despide de ellos, la intención de don Quijote es caminar toda esa noche y llegar por la mañana al lugar de Dulcinea, pero es tan oscura la noche que tiene dudas: Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar, y con más escuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso.

Cervantes, en la novela, cuando hace caminar a sus dos protagonistas por la noche, nos lo describe precisamente, por ejemplo: Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse (2, 72). No lo hace en esta ocasión, por lo que, caballero y escudero, pasan la noche en algún lugar del camino a El Toboso. La distancia que tenían previsto hacer esa noche, si hubiesen tenido alguna claridad de la Luna, la hacen por el día, llegando por la tarde a ver El Toboso: En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho. Los veinticinco kilómetros, unas cuatro leguas de camino, corresponden a una jornada del mermado Rocinante, tanto de noche como de día, por estos fáciles caminos manchegos.

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En las afueras de El Toboso conoció don Quijote a su princesa Dulcinea, pero  encantada en una labradora. Y desencantada la quiere ver a su regreso de Barcelona, después de que Sancho hubiese cumplido con la penitencia impuesta por el mago Merlín: que para recobrar su estado primo la sin par Dulcinea del Toboso, es menester que Sancho… se dé tres mil azotes y trescientos en ambas sus valientes posaderas, al aire descubiertas, y de modo que le escuezan, le amarguen y le enfaden. Don Quijote volvía a casa derrotado en las playas de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna, Sansón Carrasco disfrazado, y lo hace por El Toboso, con el deseo de ver a su Dulcinea desencantada en ese mismo camino.

Sancho había terminado su fingida penitencia después del encuentro con don Alvaro Tarfe, y don Quijote esperaba, de un momento a otro, encontrarse con Dulcinea desencantada en el camino. Pero llega a ver su pueblo sin verla: siguiendo su camino, no topaba mujer alguna que no iba a reconocer si era Dulcinea del TobosoCon estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho, se hincó de rodillas, y dijo: Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado.

Don Quijote y Sancho Panza han llegado a su pueblo por el mismo camino por el que salieron, por el camino de El Toboso, pero no han visto a Dulcinea en él. El camino de El Toboso al lugar de don Quijote, tiene, según nos describe Cervantes, una cuesta casi al llegar a él, que oculta su visión y desde la que, una vez en su cresta, se contempla el pueblo. ¿Estamos ante un recurso literario, como muchos defienden? ¿Existe realmente esta cuesta en el camino de El Toboso a Alcázar de San Juan? Solo hay que comprobar in situ esta parte del texto.

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El antiguo camino de El Toboso a Alcázar, poco después de dejar atrás la ermita del Stmo. Cristo de Villajos, es la carretera CM-310 en casi sus últimos siete kilómetros, siendo de nuevo visible el camino, con el nombre de Camino de Quintanar, después atravesar los Cerros de Vallejo. Desde un pequeño cerro testigo, que hay junto a la ermita, se puede contemplar la imagen del camino hacia Alcázar y su unión con la carretera CM-310.

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Con las curvas de nivel de las hojas MTN25 del Instituto Geográfico Nacional he realizado este perfil del camino, en el que se observa la cuesta que impide ver Alcázar de San Juan desde el camino, tal y como podemos leer en el Quijote

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Viniendo desde El Toboso nos encontramos el comienzo de una cuesta a unos tres kilómetros y medio, salvando los quince metros de desnivel en unos seiscientos metros de camino. Esta cuesta impide la visión urbana de la ciudad. Este relieve es parte de los Cerros de Vallejo, donde durante los siglos XVIII-XX se instalaron molinos de viento.

Hecho el trabajo de gabinete, ahora hay que hacer el trabajo de campo. Esta parte del camino es actualmente la carretera CM-310, pero tiene junto a su lado un camino de servicio en un estado regular, que se puede transitar andando sin riesgo.

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Con mis propios ojos compruebo esta cuesta, que tantas veces he tenido que hacer en bicicleta y en coche, cuando regreso de Quintanar o del mismo lugar de Dulcinea. Veo como lo vehículos aparecen o desaparecen en su cresta. Continúo subiendo la cuesta, de la misma manera que lo hicieron nuestros vecinos: con estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea. No es pesada y menos en un día nublado y fresco como hoy, y cuando llego a su cresta redondeada veo Alcázar, y Alcázar me ve a mí, como vio a Sancho,… la cual vista de Sancho, se hincó de rodillas, y dijo: Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo. 

Saco mi Quijote de la mochila, un viejo zurrón de pastor que hoy me sirve en los trabajos de campo, y leo como don Quijote, posiblemente enojado por no haber visto desencantada a Dulcinea, le dice a Sancho: Déjate desas sandeces; y vamos con pie derecho a entrar en nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traza que en la pastoral vida pensamos ejercitar. Y…  con esto, bajaron la cuesta y se fueron a su pueblo.

Sin duda estoy en el mismo lugar donde Cervantes puso a nuestros vecinos, viendo la misma imagen que pudo ver alguna vez don Miguel, el Torreón, la iglesia conventual de San Francisco, Santa María. Es casi mediodía y tengo algo de tiempo para seguir leyendo allí mismo, sentado junto al camino, el capítulo siguiente, donde se terminan las aventuras de don Quijote y Sancho, el capítulo LXXIII. Cervantes nos cuenta como llegan a su pueblo: A la entrada del cual, según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos, …

c11.jpgDos de las muchas eras descritas en el Libro Maestro.

 

Hoy no existen esas eras en esta parte de la entrada a Alcázar, pero sí cuando se escribía el Quijote. En el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan, podemos consultar un curioso documento, elLibro Maestro y Registro de todas las piezas de tierras, viñas, olivares, eras, salitrerías, casas, molinos, censos, juros, y rentas que existen en esta población y Término de esta villa de Alcázar de San Juan, cabeza de Partido de la Provincia de Toledo, perteneciente al Estado Secular, en el mes de marzo de 1750”. Las eras aquí descritas, muy antiguas, han llegado en uso hasta bien entrado el siglo XX.

En esta hoja del Libro Maestro quedan relacionadas dos de las muchas eras para trillar que existían en las afueras del pueblo, en las cercanías del pozo nuevo que suministraba agua a la fuente de la plaza, y que se encontraban cerca del camino de El Toboso, una de ellas lindando con una tierra propiedad de un Saavedra alcazareño, curiosa coincidencia:

Iten una hera de pan trillar en el sitio del pozo nuevo distante un tiro de bala linda a oriente con tierra de don Juan Joseph Guerrero al sur otra de don Juan Antonio Sabedra a poniente el camino del Calvario y al norte con tierra de Juan Romero Mercado…

Iten otra hera de pan trillar en el pradillo distante un tiro de bala linda a oriente con tierra de don Juan Antonio Maza…

Después de ser reconocidos por los muchachos que en la era estaban riñendo por una jaula de grillos, Sancho coge con sus manos una liebre que unos cazadores con sus galgos estaban persiguiendo, y que le sirve para tratar de convencer a don Quijote que todo aquello no era un mal agüero, como entendía don Quijote,… llegaron los cazadores, pidieron su liebre, y diósela don Quijote; pasaron adelante, y a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo rezando al cura y al bachiller CarrascoFueron luego conocidos los dos del cura y del bachiller, que se vinieron a ellos con los brazos abiertos. …Finalmente, rodeados de mochachos y acompañados del cura y del bachiller, entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don Quijote…

Aquí cierro mi Quijote, lo meto en mi zurrón y bajo la cuesta para, como mis vecinos Alonso y Sancho, entrar en mi pueblo, recordando que en un “pradecillo”  a la entrada estaban rezando el cura y el bachiller, y que una de aquellas antiguas eras descritas en el Libro Mestro estaba “en el pradillo distante un tiro de bala” de Alcázar. ¿Otro recurso literario, o tanto en el Quijote como en el Libro Maestro hablan del mismo pradecillo o pradillo?

Sin ninguna duda el autor del Quijote, conocía este camino. A Azorín en su viaje por las tierras del Quijote, en 1905, estando en El Toboso, don Silverio, su maestro de escuela, le afirmaba sobre Cervantes: Señor Azorín, que Miguel sea de Alcázar, está perfectamente; que Blas sea de Alcázar, también; yo tampoco lo tomo a mal; pero el abuelo, ¡el abuelo de Miguel! no le quepa a usted duda, señor Azorín, el abuelo de Miguel era de aquí… Desde luego, si don Silverio estaba en lo cierto, bien pudo su nieto ir y venir por este mismo camino de Alcázar a El Toboso a ver a su abuelo y conocer esta cuestecilla.

Sea como fuese, esta imagen la utiliza como escenario final de las aventuras de mi vecino Alonso, como las eras para trillar pan y ese pradecillo que en las meriendas de San Marcos los alcazareños hemos llegado a pisar, sin darnos cuenta que pisábamos las mismas huellas de Rocinante.

He terminado mi mapa de la ruta del Quijote. No coincide casi en nada con las rutas oficiales de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ni con las rutas de gabinete de Tomás López, que nunca pisó estas tierras, ni con las de otros investigadores. Sí coincide el origen y final de mi ruta, el lugar de don Quijote y Sancho, con el gran trabajo de investigación que Ángel Ligero Móstoles llevó a cabo con tanto esfuerzo y que en tanto olvido ha caído, posiblemente por ser de Alcázar, aunque nacido en Villacañas. Desde este camino, tan conocido y citado por Ligero, me acuerdo de una parte del primer tomo de su trabajo, La Mancha de Don Quijote (1991), que titula Alcázar de San Juan, clave del Quijote. Bajo la cuesta, ya en el camino viejo, en dirección a la antigua entrada por la puerta de Villajos, y lo hago en tu memoria, don Ángel.

Luis Miguel Román Alhambra

 

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La imagen de la Mancha en noviembre

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La Mancha en Noviembre

 

Mi primera fotografía de la Mancha desde Montón de Trigo, que así se llama este altillo. Desde él, os enseñaré una imagen de la patria de don Quijote durante los doce meses del año. Es la Mancha seca, de trigo y cebada.

Acabamos de entrar en el mes de noviembre y la mañana amenaza lluvia, ¡por fin lloverá en la Mancha! No hace frío, solo algo de aire ábrego hondo que dentro de poco hará que la lluvia llegue a estos secos campos.

Un amigo chileno me preguntó hace unos días que dónde está este altillo. Me cuenta que él no podrá venir, de momento, pero que usando las nuevas tecnologías puede, al menos, situarse donde yo me encuentro. Las coordenadas geográficas son: 39º 27ʹ 23″ N – 3º 09ʹ 10″ O

Para los viajeros que utilicen mapas y quieran observar esta imagen, pueden utilizar la hoja del Instituto Geográfico Nacional: MTN25-0714-I.

Desde Alcázar de San Juan, saliendo por la CM-310, dirección Quintanar de la Orden, uno de los pocos lugares nombrados en el Quijote, entre el km 7 y el km 8 sale un camino hacia la Laguna de Salicor-La Hidalga. Habiendo recorrido unos 1700 m, por este buen camino de tierra, llegamos a nuestro humilde observatorio, Montón de Trigo.

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Detalle de la hoja MTN25-0714-I del Instituto Geográfico Nacional

 

El cerro Montón de Trigo ha sido utilizado desde la antigüedad como atalaya de observación defensiva, conocido como castro, y este observatorio estuvo en uso hasta la época árabe. En tiempos  de Cervantes la imagen desde aquí debía ser bien distinta, puesto que las encinas tapizaban estos parajes.

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Desde Montón de Trigo hacia el norte

 

Algo más adelante, por el mismo camino se llega a un paraje que es Reserva Natural, la Laguna el Salicor. Durante el verano está seca, pero sin las esperadas lluvias de otoño así sigue. Parece una imagen lunar. Paso entre dos de sus islas por un extraño camino empedrado y veo a una bandada de grullas acercándose a la laguna seca, donde posiblemente descansen en su largo viaje del frío centro de Europa a la cálida África.

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En la Laguna el Salicor

 

Volveré el mes que viene, será ya diciembre.

                                            Luis Miguel Román Alhambra

 

 

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La imagen de la Mancha

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“Quiero echar la llave, en la capital geográfica de la Mancha, a mis correrías. ¿Habrá otro pueblo, aparte éste, más castizo, más manchego, más típico, donde más íntimamente se comprenda la alucinación de estas campiñas rasas, el vivir doloroso y resignado de estos buenos labriegos, la monotonía, la desesperación de las horas que pasan y pasan lentas, eternas, en un ambiente de tristeza, de soledad y de inacción? Así comenzaba su último artículo Azorín, publicado en El Imparcial, el 23 de marzo de 1905. Así terminaba La Ruta de Don Quijote, en Alcázar de San Juan.

Este año de 2017 se conmemora el cincuenta aniversario de la muerte de José Martínez Ruiz, conocido por su seudónimo Azorín. De Madrid vino a la Mancha, en un frío mes de marzo de 1905, para tratar de sentir el espíritu de don Quijote por los caminos y parajes de su patria, y que dejó inmortalizado en quince artículos  en el periódico El Imparcial, y que más tarde dieron lugar, todos juntos, a La Ruta de Don Quijote.

La imagen del paisaje es subjetiva para cada observador. Por nuestra retina vemos la misma imagen, pero no miramos lo mismo. Incluso un observador percibe imágenes de un mismo paisaje que le pueden resultar distintas según el día o la época que lo ha hecho, o incluso haber pasado desapercibida aquella imagen para él,  cuando ese paisaje lleva allí siempre.

Recuerdo el primer día que subí al Cerro de San Antón, de Alcázar de San Juan. Por la festividad de San Marcos, el 25 de Abril, se solía dar la tarde de escuela libre para hacer una merienda en el campo. Y allí, “al cerro”, que nos encaminamos un pequeño grupo de compañeros de la escuela, ya con diez años. Cuando llegué andando, a su cima, me pareció estar viendo un mundo desconocido, que jamás hasta ese día había visto. Di varias vueltas al molino de viento que lo corona, rozando mi mano a su pared encalada, y vi por primera vez la Mancha en toda su dimensión. Esto mismo ya le había pasado al poeta francés Jean Cocteau, cuando subió al Cerro Calderico, en Consuegra, y exclamó: “¡¡Por fin he visto el planeta!!”.

Aquella imagen la he seguido percibiendo durante toda mi vida. No es difícil verme allí a primera hora de los sábados o de los  domingos, en cualquier época del año, sentado unos minutos junto a la puerta del molino de viento. Me gusta la Mancha, mi tierra.

Gregorio Prieto, pintor manchego, de Valdepeñas, escribió: “Si Don Quijote se apellida de la Mancha, es porque la Mancha fue la fiel compañera inseparable de sus fantásticas locuras y filosóficos principios”. Desde aquí se entiende por qué Cervantes eligió esta tierra, llena de locos tan cuerdos, como Alonso, el Bueno.

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Y hasta aquí traigo a mis amigos cuando me visitan. Todos quieren ver la Mancha de don Quijote y antes de comenzar la ruta hacia El Toboso, Campo de Criptana, Puerto Lápice  o Argamasilla de Alba, les subo al Cerro de San Antón, y todos quedan mudos durante unos segundos mientras dan la vuelta al molino o giran sobre sí mismos, mirando incrédulos los 360º de horizonte manchego, la inmensa llanura manchega. ¡Ya empiezan a sentir la tierra de don Quijote!, sin preámbulos.

Según la época del año que es, les interpreto los colores que verían en cualquier otra época. Lo que hoy es ocre, dentro de dos meses será verde y seis meses después será amarillo… Y si la visita es en una noche de verano y esta es clara, después de que los ojos se han acostumbrado a la oscuridad, veremos miles de estrellas en el cielo y en el suelo. Sí, en el suelo. Cientos de luces de casitas en el campo nos parecerán estrellas a nuestros pies. ¡Increíble!

Hace unos años, en 2013, me propuse guardar la imagen de la Mancha desde esta atalaya privilegiada. El primer domingo de cada mes me planteé subir y hacer una fotografía hacia el mismo punto del horizonte. El resultado son las doce imágenes de la Mancha que aquí os dejo:

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Por una casualidad, ¡bendita casualidad!, hace unos días subí a otro pequeño cerro de esta solemne llanura manchega y volví a experimentar la misma sensación que hace más de cuarenta años sentí en el Cerro de San Antón. Es un cerro más bajo, de solo veinticinco metros de desnivel, pero la imagen del paisaje manchego es impresionante, muy distinta, más cerealista, y está muy cerca del “camino al Toboso”, el camino que don Quijote y Sancho llevaban en su tercera salida de su pueblo.

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Y vuelvo a plantearme la misma aventura, fotografiar la Mancha de don Quijote desde este pequeño cerro, conocido y usado de antiguo por su situación estratégica defensiva  por celtíberos, romanos y árabes que estuvieron en esta misma zona, muy cerca del lugar de don Quijote.

Serán otras doce imágenes distintas de un mismo paisaje que encantó a Cervantes y a cuantos vienen buscando, entre hadas y fantasmas, el espíritu del Caballero de la Triste Figura. Espero que os guste esta nueva aventura que hoy comienzo. A principios de cada mes, la misma imagen que yo perciba desde este altozano, la veréis vosotros también desde cualquier lugar del mundo. Vale.

                                     Luis Miguel Román Alhambra

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España

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-¡Señor Alonso, desde hace unas semanas le noto preocupado y lleva unos días leyendo libros con la bandera de España junto a su lado. A veces le veo mirarla durante horas!

-Amigo gatito, estoy muy preocupado por España. Por mi patria.

-Pero si su patria es la Mancha.

-Amigo gatito, ¡soy manchego, castellano y español! Así me siento desde hace muchos años y soy leal a este sentimiento. Estoy tan preocupado por la falta de lealtad del gobierno de una parte de España, Cataluña, con la Constitución, que es nuestra norma de convivencia en libertad y en paz. Quiere proclamar independiente fuera de la Ley a Cataluña de España, enfrentando a los catalanes y al resto de españoles.

-Yo soy un gato y no entiendo bien lo que me cuenta, pero si me lo explica quizá lo entienda.

-Amigo gatito, te voy a contar brevemente la historia reciente de nuestro país. Durante casi cuarenta años vivimos en un régimen dictatorial. A la muerte del dictador Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, de una manera ejemplar, reconocida así por el resto del mundo, pasamos en solo tres años a contar con una nueva norma de convivencia democrática, con un nuevo modelo de forma política, de  Monarquía parlamentaria, siendo desde ese mismo momento la Nación española un Estado de Derecho. A esta nueva norma de convivencia, desde el 6 de diciembre de 1978, le llamamos Constitución Española.

Pero no fue fácil su redacción. España sufrió entre 1936 y 1939 una guerra civil. Ese enfrentamiento fraticida de ideas seguía percibiéndose, y solo la generosidad política, voluntad de consenso y lealtad por su patria, sin precedentes en nuestra historia, de las siete personas encargadas para su redacción lo hizo posible. A estas personas elegidas, de signos políticos muy diferentes, incluso totalmente opuestos, se les sigue conociendo hoy como padres de la Constitución. Sus nombres, que siempre recordaremos, fueron: Gabriel Cisneros, Miguel Herrero, José Pérez-Llorca, Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé, Manuel Fraga, Miquel Roca. Después de ser discutida, fue aprobada por Las Cortes en sesiones plenarias del Congreso de los Diputados y del Senado, y ratificada por el pueblo español, ¡por todo el pueblo español!, en referéndum el 6 de diciembre de 1978.

-¿Señor Alonso, usted votó?

-¡No, amigo gatito, ahora friso los cincuenta años! Pero recuerdo aquella fiesta de todos los españoles. Aquel día podían votar más de veintiséis millones de españoles, votando un 67% de ellos. Como ves, en este recorte del periódico catalán La Vanguardia, el resultado oficial en Cataluña fue de una participación similar al total de España, pero los catalanes votaron SI en un porcentaje mayor al resto de españoles, un 90%, ¡nueve de cada diez catalanes que fueron a votar, votaron SI a la nueva norma de convivencia!

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Amigo gatito, nuestra norma de libertad y convivencia “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Y en el artículo 1 nos atribuye la soberanía a todos los españoles proclamando que “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”

-Señor Alonso, si la Constitución que fue aceptada por nueve de cada diez catalanes que votaron y esta proclama que España es indivisible y que su soberanía recae en todos los españoles, no entiendo como el gobierno catalán, unilateralmente, puede declarar la independencia. ¿Por qué lo hacen?

-Amigo gatito, no lo entiendes tú ni nadie. Lo hacen por deslealtad a todo el resto de españoles y a una gran parte de catalanes que siguen pensando en la unidad de todos los pueblos que integramos España, como ellos mismos pensaban y votaron en el 78, o lo hicieron sus mismos padres y abuelos. Esta deslealtad les sitúa incluso fuera del Estado de Derecho, pues lo que pretenden hacer es ilegal, según nuestro Tribunal Constitucional, y puede ser un grave delito de rebelión o sedición.

Pero, amigo gatito, esta deslealtad viene gestándose desde hace veinticinco años en las escuelas de Cataluña, cambiándose por los responsables de Educación y Cultura de Cataluña interesada y  torticeramente en los libros de texto la historia de Cataluña e incluso de España.

Los niños han estudiado, y estudian, una historia plagada de mentiras y tergiversaciones. Los niños, evidentemente no tienen ninguna culpa de ello, sino los responsables del gobierno de Cataluña que han encargado con dinero público que la historia de Cataluña y de España se modifique a sus intereses. Y también tiene parte de culpa los gobiernos de España que no han hecho nada para corregir este despropósito que solo tiene un solo fin: fomentar el odio a España y el independentismo en la sociedad catalana. Un niño que desde la escuela recibe este adoctrinamiento secesionista será muy fácil manipular políticamente en el futuro.

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-Señor Alonso, pero si la historia de España y Cataluña es muy clara, ¡hasta para mí! Yo mismo le he escuchado aquí mismo leer libros de hace más de quinientos años en la que Cataluña es una parte de España.

-Así es, amigo gatito, pero algunos representantes catalanes están instalados en la mentira consciente, moralmente reprobables. Mira, como ejemplo bien vale mi persona. Como bien sabes mi padre, o padrastro como él mismo se define, Miguel de Cervantes, tomó mi persona y la región donde nací y donde vivo, la Mancha, para poner título a una novela en castellano, la más leída y traducida en el mundo. Pues esta caterva de  encantadores catalanes que todo lo mudan a su antojo, o interés económico, fundan en 2007 el Institut Nova Història (INH) y en el verano de 2013, subvencionado con dinero público, esta dudosa institución impartió un curso en la localidad catalana de Crespiá con el título: “Curso sobre la falsificación y restauración de la historia de Cataluña”.

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En ese curso de verano, uno de sus ponentes y organizadores principales, Jordi Bilbeny, defiende su teoría de que ¡¡Miguel de Cervantes era catalán y que escribió el Quijote en lengua catalana!! Del origen catalán de Miguel de Cervantes, mantiene que su familia tiene su origen en la localidad alicantina de Xixona, para él también Cataluña, y su nombre y apellido real era Miquel de Servent. Y afirma esperpénticamente y sin sonrojo alguno que: “La primera parte del Quijote se sitúa en Xixona. Se mencionan ríos, cascadas, el barranco de Les Batanes, la Cueva de Montesinos (Cueva de Montesa). Todos los nombres están traducidos” .

¡Que en las inmediaciones de Xixona, exista un paraje conocido como el barranco de Les Batanes y una cueva con el nombre de Cueva de Montesa, sea suficiente para justificar su trabajo, y cobrar con dinero público por ello, junto con su explicación de que “Todos los nombres están traducidos”, es sencillamente lamentable!

Dudo que este señor simplemente alguna vez leyó algún capítulo de mi historia, o en qué parte de su calenturienta geografía sitúa en su falso mapa “serventino”, lugares o parajes como El Toboso, Quintanar, los molinos de viento, el camino de Toledo a Murcia, Puerto Lápice, Almodóvar del Campo, Titerafuera, Miguelturra, Ciudad Real, Sierra Morena, Tembleque, las lagunas de Ruidera, el Campo de Montiel o mi  Mancha, por ejemplo. Bueno, ya empiezo a pensar que en su mente retorcida de filólogo catalán, mi Mancha pueda ser Manresa. Dejemos que reciba unos miles de euros más en subvenciones y en un próximo congreso así lo hará. Y sus benefactores políticos, muy cercanos al gobierno y al parlamento catalán, pronto lo incluirán en los libros de texto. ¡¡Cómo voy yo a ser de un atierra tan pobre y olvidada como la Mancha!!

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-Señor Alonso, pensaba ver un intento de abrazar su adarga y coger su lanza y sin embargo he visto en sus labios una leve sonrisa.

-Amigo gatito, me sonrío porque soy manchego y pacífico, y algo indiferente cuando la mentira es sobre mi persona. Pero la inmoralidad cultural es tal que también defienden, editan, promueven congresos, etc, con dinero público y privado de empresas afines al secesionismo, para imponer a las bravas la catalanidad de Cristóbal Colón, Américo Vespucio, Santa Teresa de Jesús, Fray Bartolomé de las Casas o Leonardo da Vinci. Y entre cambios de partidas de nacimiento o falsificaciones de documentos históricos, sueltan sin inmutarse, lo mismo que hace el auditorio escogido para llenar las salas, frases que si las repiten mucho los catalanes crean que “España les roba”, también su cultura. Como por ejemplo:

Castilla no tenía historia ni cultura relevante. La necesitaban y cogieron las nuestras”

 “Castilla ha tenido la fortuna de ser la vencedora y se dota de un pasado que no tenía. Su intolerancia es casi genética

“Es materialmente imposible que una gente que no tenía los instrumentos necesarios para navegar y guiarse por los mares (Reino de Castilla y León) pudiese llegar donde dicen los libros que llegó, al otro lado del Atlántico

“Castilla no tenía banqueros”

Se ha podido demostrar la escasa potencialidad científica de la nación castellana para llevar a término una hazaña marítima que estaba muy por encima de su alcance. Esta empresa se hace en Cataluña. No en Sevilla ni en todos esos lugares estrambóticos que dicen ellos

“En realidad el imperio de Carlos I era el imperio catalán más Castilla, pero los libros han adulterado la historia

“Castilla, que era muy poco relevante en la historia del mundo occidental hasta el descubrimiento de América, ha chupado y saboteado la historia de los otros”

“En Castilla no tienen tradición literaria

Amigo gatito, la desvergüenza política-cultural y moral es tal  que, en julio de 2014, el expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, felicitó a Jordi Bilbeny por su documentado libro “Descubrimiento y conquista catalana de América. Una historia reescrita por los castellanos”. En la misma le invita a seguir con esos libros y averiguaciones porque “son muy convincentes”. Hoy ya todos conocemos a este personaje que ha gobernado Cataluña muchos años y al filólogo catalán.

Mira gatito en esta tablet la página web del Institut Nova Història de hoy mismo, donde me utilizan, como siempre:

quijote cartel

-¡¡Señor Alonso, es usted mismo dibujado por Doré!! ¿Pintor francés, verdad? aunque como Francia es frontera con Cataluña… jajaja… Pero arriba puedo leer que existe que podemos apoyar “Por el reconocimiento académico e institucional de la figura del almirante catalán Cristóbal Colón”. Y una cita junto a su figura que dice “Quien controla el pasado, controla el futuro… quien controla el presente, controla el pasado”. Señor Alonso, hoy no me gusta esta frase.

-Amigo gatito, como todo en este Institut Nova Història, esta frase está manipulada. George Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair, la escribió así: “Si quien controla el pasado, controla el futuro, ¿Quien controla el presente, controla el pasado?”. Los responsables de la cultura catalana actual quieren hoy en los libros escolares “controlar” la historia pasada para “controlar” el futuro de estos, hoy niños, y en el futuro mayores para que odien España.

Pero también Orwell nos dejó otra frase que también es válida hoy, la pongo en inglés, pues él como británico, así lo hizo: Nationalism is power hunger tempered by self-deception”, que en español así se ha traducido: “El nacionalismo es el hambre de poder alimentado por el autoengaño”. O esta, también de Orwell: “El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio bando, sino que además tiene una notable capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas”.

Orwell conoció muy bien Cataluña, tanto que publicó en 1938 un libro con el título “Homage to Catalonia”, en español “Homenaje a Cataluña”, escrito en primera persona. Vino a Cataluña a finales de 1936 como periodista y casi de inmediato se alistó como soldado voluntario en la guerra civil española en el bando republicano, siendo herido por una bala del ejército franquista, que casi acaba con su vida.

Amigo gatito, pero hay mucho más, mira la actualidad de la página de este instituto de cultura subvencionado con dinero de todos los catalanes y españoles, mientras que a las farmacias de Cataluña no les abonan las facturas… y no te sonrojes demasiado:

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-¡Señor Alonso, ahora soy yo el que cada vez estoy más triste y preocupado, como usted!

-Amigo gatito, comprendo que estés preocupado, es para estarlo. Desde el 23 de febrero de 1981 en el que un golpe de Estado quiso quitarnos la libertad, nunca habíamos estado en un riesgo tan importante en España. En aquella ocasión el rey, nuestro Jefe de Estado, dirigió a nuestra sociedad por el camino seguro, y hace unos días, de nuevo, el rey nos lo ha marcado de nuevo. Aunque estos desleales, e inmorales, van a proclamar la independencia unilateral de Cataluña con la fuerza de un pucherazo ilegal…

-Señor Alonso ¡no entiendo lo de pucherazo!…

-Amigo gatito, este domingo pasado, el 1 de octubre, los impulsores de la independencia, con el presidente del gobierno catalán a la cabeza, desoyendo al Tribunal Constitucional, dispusieron urnas en cualquier sitio, como colegio electoral, y sin ningún control promovieron a que se metiese en ellas las papeletas. Además de la ilegalidad, pues se hizo en contra de decisiones judiciales, no había control alguno de censo creíble, quien quisiera podía votar cuantas veces quisiese en esa urna o en cualquier otra, hubo urnas que ya llegaron llenas de papeletas. Esto solo ocurre en votaciones autoritarias en países en los que la democracia brilla por su ausencia. El recuento de esas papeletas sin rigor ni procedimiento y sin interventores y con la fuerza inmoral de unos números inventados en un despacho por uno o varios consejeros, validarán un referéndum ilegal. Con este teatrillo, más propio de corralas y arrabales, un cargo público, el ¡¡president de la Generalitat de Catalunya!!, Carles Puigdemont, pretende proclamar la independencia de Cataluña de España.

-Y qué pasará, si este señor proclama la independencia unilateralmente?

-Amigo gatito, como ha dicho un expresidente de nuestra tierra, tendrá el mismo valor que si se “anexionan el Reino de Marruecos”, ninguno. Pero si conseguirán una fractura entre catalanes principalmente, y entre catalanes y el resto de españoles, que tardará mucho tiempo en curarse. No puede impedir el Gobierno del Estado español la proclamación como tal, pues como hemos visto en las votaciones ilegales, que te he comentado antes, incluso podrían declarar la independencia con los megáfonos de un coche de los Mossos d´Esquadra en medio de cualquier plaza o calle de Barcelona o cualquier ciudad o pueblo de Cataluña. El Gobierno de España, con la fuerza que le da la Constitución y el Estado de Derecho, estoy seguro que tomará todas las medidas necesarias para inhabilitar o detener a estos desleales con los mismos catalanes y con el resto de España y poner en su lugar un tiempo a quienes velen por la legalidad hasta que en urnas, papeletas, censo y garantías, de verdad, los catalanes voten de nuevo su futuro.

-Pero, señor Alonso, si vuelven a presentarse estos con las mismas ideas independentistas y tienen la mayoría, volvemos a estar en el mismo punto…

-Amigo gatito, en España, gracias a nuestra Constitución, que estos desleales e inmorales no respetan, la libertad de pensamiento político está garantizado. Los catalanes podrán votar libremente quien quieren que les gobierne y administre. Incluso un gobernante  independentista lo puede hacer muy bien dentro de la Ley. Si en su programa lleva iniciar la independencia de España lo podrá hacer dentro de la Ley. Esto es, dentro de la Constitución. Debe de convencer a los demás políticos españoles, en el Congreso de los Diputados, de su idoneidad, su necesidad, su beneficio mutuo… y después pactar un referéndum en toda España, porque “la soberanía nacional reside en el pueblo español,  para cambiar el artículo de la Constitución que proclama la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles. Los padres de la Constitución la protegieron, nos protegieron, de caprichos o intereses de unos u otros. Solo la fuerza de los votos de todos puede cambiar nuestra norma de convivencia.

Amigo gatito, no era mi intención de malhumorarte esta preciosa mañana de siete de octubre, aquí en Alcázar de San Juan, el Corazón de la Mancha, cuando se escuchan las campanas de la iglesia de Santa María, donde está la imagen de Nuestra Señora del Rosario, y hoy celebramos su festividad. Te recuerdo amigo gatito, que hace hoy cuatrocientos cuarenta y seis años, a esta misma hora de las doce del medio día, Miguel de Cervantes, estaba combatiendo en el golfo de Lepanto contra la armada turca, parece como que los cohetes de fiesta que en estos momentos escuchamos fuesen las salvas de terminación de la batalla…

-Señor Alonso, ¿Se refiere ahora a la batalla de Lepanto o a Cataluña?

-¡¡Ahora es a ti, fiel amigo mío, a quien se le escapa una sonrisa pícara con esa pregunta!!

 

                                          Luis Miguel Román Alhambra

 

 

 

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DON QUIJOTE EN EL CORAZÓN DE LA MANCHA  

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          De Cervantes se ha discutido en todas las parcelas del conocimiento, pues hay quienes mantienen que era un experto en multitud de ellas y quienes, como yo, que creemos que Cervantes escribe desde su gran experiencia, especialmente el Quijote, Las Novelas Ejemplares y el Persiles, obras escritas al final de su intensa vida. Y lo hace además de una manera muy sencilla, entendible por sus lectores, que era el pueblo llano. El Quijote,lo han intentado complicar quienes, de una manera o de otra, buscan en él explicaciones a su propio conocimiento, el sentido que Cervantes quiso dar, según ellos, a una frase u otra, haciendo de una novela, de entretenimiento y valores humanos, una gran tesis doctoral, de su especialidad.

Cervantes no tuvo ninguna intención de escribir sobre la Historia ni de describir la Geografía de una parte de España, de la Mancha, en su obra más trascendental, el Quijote. Crea, ya en él, una técnica narrativa nueva, diferente a la empleada en las novelas por autores anteriores y que siguieron después otros muchos, hasta nuestra actualidad. Sabe lo que desea transmitir a sus lectores y lo hace de una manera sencilla, cercana, y lo más importante, creíble. Lejos de fantásticas aventuras, extraordinarios gigantes, países fabulosos, caballeros inmortales y  doncellas de eterna juventud, utiliza para su narración lugares, caminos, parajes, construcciones, enseres y personas normales. Retrata con palabras, a hombres y mujeres, los relatos y sucesos de su tiempo, la política y su sociedad, en la creación del cuento de un hombre extraordinariamente solidario, defensor de la libertad y de la bondad innata del ser humano, al que ya en su tiempo, como ahora, solo un loco muy cuerdo, puede ser.

Y con genial ambigüedad los encanta o desencanta para amoldarlos a la historia del buen hidalgo manchego. Los personajes que intervienen pudieron ser reales, con sus virtudes y sus vicios, a los que conoció en algún lugar, o de los que escuchó  rumorear en alguna venta junto a la lumbre, en boca de unos o de otros. De esta manera tan sencilla, pero tan novedosa en su tiempo, acerca la historia de don Quijote a sus lectores, conocedores de los mismos hechos históricos, situaciones sociales o particulares que están describiendo, e incluso, la geografía por donde transcurren las ingeniosas aventuras. Hace, en definitiva, creíble su historia.

Para algunos filólogos y filósofos este realismo, histórico, social, geográfico y humano, no tiene importancia, considerándolo como un simple recurso literario de Cervantes en la creación de su obra. Incluso hay geógrafos e historiadores que tampoco ven necesario perder el tiempo en esto. Como lector del Quijote, en principio, estoy de acuerdo con todos ellos, lo importante del Quijote es el cuento, que entre risas, por las locuras y sandeces de sus dos protagonistas, nos hacen pensar sobre nuestra condición humana, sobre nuestra propia vida. Pero como lector reincidente del Quijote,soy un privilegiado, porque nací y vivo en la Mancha, y estar en los mismos lugares, caminos y parajes reales, en los que don Quijote estuvo en la ficción, y quizás Cervantes en la realidad, me ayuda a entender mejor la elección de esta parte de España como patria de don Quijote, aunque para el resto de los lectores cervantinos, esto carezca de sentido.

De la Mancha de don Quijote se ha escrito y discutido también mucho, y se seguirá haciendo,  por no ser, en el tiempo de la escritura del Quijote, un espacio geográfico nítidamente delimitado, ni administrativa, ni judicialmente. Antes de que Cervantes pusiera el título a su novela, El Ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha, en 1605, este topónimo se había utilizado para definir administrativamente unas partes del territorio de la orden de Santiago en Castilla.

En 1353, una asociación de pueblos santiaguistas fundaron el Común de la Mancha, con objetivos fiscales y de aprovechamiento comunal de sus tierras y de pastos para sus ganados. En la primera mitad del siglo XVI, la orden de Santiago estaba dividida, administrativa y fiscalmente, entre los comunes de Mohernando y Uclés, y los partidos de Ocaña y Ribera del Tajo, de la Mancha, y del Campo de Montiel. A finales de ese mismo siglo XVI, este territorio santiaguista quedó dividido administrativamente entre los partidos de Ocaña y Montiel. Judicialmente también tuvo en este mismo siglo cambios en sus límites, pero en ninguno de ellos este topónimo se utilizó.

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Sin embargo, la Mancha aparece dibujada, por primera vez, en un mapa del Libro de grandezas y cosas memorables de España, publicado en 1566 por Pedro de Medina. En él, podemos apreciar a la Mancha entre Castilla, reino de Aragón, Valencia, reino de Murcia y el reino de Toledo.

Parece meridianamente claro que, nacido ya Miguel de Cervantes, la Mancha geográfica, sin límites administrativos, fiscales y jurídicos, era una parte significativa, amplia y conocida de España. Tanto es así que, en la Descripción y Historia de los pueblos de España, más conocida como Relaciones Topográficas de Felipe II, mandada hacer por el rey en 1575, en la pregunta número cuatro de su interrogatorio, solicitaba que se contestase por parte de “dos personas, o más, inteligentes y curiosas, de los pueblos donde residieren”, que describiesen: “El reino en que comúnmente se cuenta el dicho pueblo, como es decir si cae en el reino de Castilla, o de León, Galicia, Toledo, Granada, Murcia, Aragón, Valencia, Cataluña, o Navarra, y en qué provincia o comarca de ellos, como sería decir en tierra de Campos, Rioja, Alcarria, la Mancha, etc.”

No todos los pueblos responden y algunos que sí lo hacen, sus declaraciones no llegan o se pierden en los archivos de El Escorial. Pero sí encontramos en las contestaciones que se conservan, el topónimo “Mancha”, por encontrarse el pueblo en ella, o en referencias geográficas para determinar claramente su situación en el espacio castellano, según las personas elegidas por ese lugar.

Como ejemplo, Argamasilla de Alba, de la orden de San Juan, contesta: “Al cuarto capítulo dijeron que el reino en el que comúnmente se encuentra este pueblo es en el de Toledo en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está asentado se llama la Mancha”.

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Los pueblos que dicen encontrarse en la Mancha están repartidos mayoritariamente entre los territorios gobernados por las órdenes militares de Santiago, San Juan y Calatrava, aunque también hay algunos fuera de ellas, por ejemplo en señoríos del Obispado de Cuenca.

Sin embargo, resulta muy significativo que lugares muy próximos a otros, que sí manifestaban su situación dentro de la Mancha, no declarasen estar en ella. Un ejemplo muy significativo, por estar muy cerca de El Toboso, es Miguel Esteban, que no se siente estar en la Mancha. Así responden: “Al cuarto capítulo se responde que esta villa de Miguel Esteban es de la orden de Santiago, y que está muy lejos de la mar, cincuenta leguas, y lo demás de la pregunta no lo saben”. Además de El Toboso, responden estar en la Mancha: La Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, Mota del Cuervo y Campo de Criptana, todos pueblos de la orden de Santiago, como Miguel Esteban.

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Y en el lado opuesto podemos encontrar a pueblos que se declaran estar en la Mancha y sus pueblos vecinos no, como el caso de Bolaños de Calatrava, que dice ser “… del reino de Toledo, tierra de la Mancha, a la fin de ella”. Y sus localidades vecinas de Daimiel, Miguelturra, Manzanares o Valenzuela de Calatrava, nada dicen de estar en la Mancha. Sí, todos ellos, como Bolaños, pertenecer a la orden de Calatrava.

Los lugares que dicen estar en la Mancha abarcan un extenso territorio castellano, desde Uclés y Villarrubia de Santiago, al norte, a Argamasilla de Alba y Membrilla, al sur, y desde Tirteafuera y Almodóvar del Campo, al oeste, a Iniesta y La Roda, al este.

Extensísimo espacio, que coincide con el descrito por don José de Hosta, en su “Crónica de la provincia de Ciudad Real”, publicada en 1865. Buscando los orígenes de esta provincia actual, escribe:

         “… puesto que se da comúnmente el de Mancha a todo el territorio, llano, raso, árido y seco, comprendido entre los montes de Toledo y la falda occidental de la sierra de Cuenca, y desde la Alcarria hasta Sierra-Morena, entrando en esta demarcación la llamada Mesa de Ocaña y del Quintanar, los partidos de Belmonte y San Clemente, y los terrenos de las órdenes de Santiago, San Juan y Calatrava, con toda la sierra de Alcaraz, siendo sus confines al N. el Tajo y la parte llamada propiamente Castilla la Nueva, al E. los reinos de Valencia y Murcia, al S. los de Córdoba y Jaén y al O. las provincias de Extremadura, extendiéndose 53 leguas de E. a O. y 33 de N. a S

Y, coincide también, con la imagen de la inmensa Mancha que nos deja descrita Otto Jessen, profesor de Geografía de la Universidad de Rostock (Alemania), en “La Mancha, contribución al estudio geográfico de Castilla la Nueva”, publicada en 1930, delimitando este espacio geográfico. Jessen realiza este estudio después de hacer un viaje por España en 1928. Tomando como origen Madrid, sube a un tren, en la estación de Mediodía, hacia Andalucía. Y atraviesa la Mancha.

Jessen, define el norte de la Mancha después de su visita a Aranjuez: “Sin un tránsito sensible abandonamos la cuenca del Tajo para entrar en la del Guadiana, y, de la misma manera, la mesa de Ocaña pasa a convertirse en La Mancha”. Llega en tren a Alcázar de San Juan, y continúa viaje hacia Andalucía, describiéndonos el sur de la Mancha: “Todavía, en los alrededores de Valdepeñas, se extiende la planicie manchega como una amplia ensenada; pero se ha perdido ya la impresión de infinitud que tenía hasta aquí. La vista queda limitada por una comarca montuosa, que forma el campo de Calatrava, al oeste, y el de Montiel, al este, en tanto que la llanura se alarga aún hacia el sur, hasta Santa Cruz de Mudela. Luego se juntan las lomas de uno y otro lado, y el tren abandona definitivamente La Mancha.”

¿Por qué no todos los pueblos, o la mayoría de ellos, de la orden de Santiago, especialmente del partido del Campo Montiel,  y  de la orden de Calatrava, no declararon estar en la Mancha en las Relaciones Topográficas? Sencillamente, porque sus límites no eran físicos, administrativos o jurisdiccionales, sino sentimentales. Unos lugares sí se sentían pueblos manchegos y otros, aunque vecinos, prevalecía más su sentimiento santiaguista, calatravo o montieleño, al menos en esas “dos personas, o más, inteligentes y curiosas”  elegidas para contestar al interrogatorio. Pero esto no nos debe de asombrar, pues hoy mismo, por ejemplo, hay conquenses que se sienten “serranos” antes que manchegos, o la gran mayoría de vecinos de Guadalajara que son “alcarreños”, sin ningún sentimiento manchego, aunque todos pertenezcamos a la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha.

Con los conocimientos geográficos e históricos con los que hoy contamos, hay quien ha querido, incluso, enmendar la plana al mismo Cervantes, sobre su equivocación en los límites de la Mancha. Cervantes es el autor del Quijote y no se equivoca. No tiene ninguna intención de escribir un tratado de geografía, simplemente quiere escribir un libro que, entre críticas e ironías,  moviese a la risa, entretuviese a sus lectores coetáneos, y con el dinero de la venta de su Quijote, poder vivir con su familia en aquel Madrid de principios del siglo XVII, ya que con sus obras de teatro no tenía éxito, en gran parte porque el teatro de Lope de Vega lo  ensombrecía, como a los demás autores.

Y elige como patria de don Quijote a la Mancha. Lejos de reinos imaginarios y fantásticos, escoge un espacio inmenso, de pocos recursos, donde casi no hay nada significativo ni casi nunca pasa nada, pero que lo conocen, de paso, muchos viajeros, y por donde le llevará a través de sus monótonos caminos y sencillos parajes. Con este simple recurso literario, sitúa a sus héroes en un terreno pobre, sin relevancia, pero real, bien conocida en España por estar en los caminos de paso entre Castilla, Andalucía, Murcia y Extremadura.

Describe, sin nitidez, la geografía que más o menos conoce y con la que sus vecinos se sienten pertenecer y los viajeros conocer. Somos nosotros, los que creemos que el Quijote es una obra de ficción en una geografía real, los que tenemos que llegar a entender esos límites que él autor conoció y describió, los bordes en la imagen que de la Mancha tiene Cervantes, para poder interpretar geográficamente su cuento, y, por qué no, poder hacer la misma ruta que don Quijote hizo por ella.

Lo que no cabe duda, y muy a menudo es olvidado, es que el espacio geográfico conocido por Cervantes, la Mancha, tiene en su corazón, en su centro, a la Cueva de Montesinos. Sencillamente porque así la conoce Cervantes. Hay autores que al defender sus hipótesis sobre la geografía del Quijote se “olvidan” de leer algunas partes de los capítulos, e incluso hasta los títulos de los capítulos.  Concretamente el del capítulo XXII de la segunda parte, que dice así: “Donde se cuenta la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha”

         La percepción de la imagen de una ciudad o un paisaje es subjetiva para cada uno de sus vecinos o visitantes, pero pasa a ser una imagen objetiva en el momento que se usa en una creación por su autor. Se podrá llegar a discutir hasta donde llegarían los límites de la Mancha por el norte, sur, este y oeste, y si este o aquel pueblo era o no de la Mancha en este o aquel tiempo, pero si se trata de la Mancha que Cervantes conoce y escoge para hacerla patria de don Quijote, es evidente que la Cueva de Montesinos está en su corazón.

         Y al corazón de esa Mancha, a esta famosa cueva, se dirigen don Quijote y Sancho, acompañados por un guía, después de las famosas bodas de Camacho con Quiteria, que al fin resultaron ser las bodas de Quiteria con el ingenioso y enamorado Basilio:

         “Finalmente, tres días estuvieron con los novios, donde fueron regalados y servidos como cuerpos de rey. Pidió don Quijote al diestro licenciado le diese una guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía gran deseo de entrar en ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas las maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos. El licenciado le dijo que le daría a un primo suyo, famoso estudiante y muy aficionado a leer libros de caballerías, el cual con mucha voluntad le pondría a la boca de la mesma cueva y le enseñaría las lagunas de Ruidera, famosas ansimismo en toda la Mancha y aun en toda España”

La existencia de la Cueva de Montesinos era conocida en la Mancha, como las antiguas leyendas de aquellos parajes. También por don Quijote, aunque no sabe llegar precisamente a ella, por lo que pide al licenciado, amigo de Basilio, al que conoció en el camino hacia el lugar de las bodas, un guía que los lleve hasta ella, y el licenciado le recomienda a su primo.

Dejan el lugar, de Quiteria y Basilio, no sin el disgusto de Sancho, y llegan a una pequeña aldea, muy cercana a la cueva, donde pasan la noche. A la mañana siguiente compran las cuerdas para atar a don Quijote, empeñado en bajar a las entrañas de ella:

         “En estas y otras gustosas pláticas se les pasó aquel día, y a la noche se albergaron en una pequeña aldea, adonde el primo dijo a don Quijote que desde allí a la cueva de Montesinos no había más de dos leguas, y que si llevaba determinado de entrar en ella era menester proveerse de sogas, para atarse y descolgarse en su profundidad.

         Don Quijote dijo que aunque llegase al abismo había de ver dónde paraba, y así, compraron casi cien brazas de soga; y otro día, a las dos de la tarde, llegaron a la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, que de todo en todo la ciegan y encubren. En viéndola se apearon el primo, Sancho y don Quijote, al cual los dos le ataron luego fortísimamente con las sogas…”

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Llegan a la entrada de la cueva a las dos de la tarde. Han tenido que comprar las cuerdas por la mañana y hacer el camino que hay entre este lugar y la cueva. Después de atar a don Quijote, este se hinca de rodillas y hace una oración al Cielo, además de encomendarse a su Dulcinea del Toboso:

“Y en diciendo esto se acercó a la sima: vio no ser posible descolgarse ni hacer lugar a la entrada si no era a fuerza de brazos o a cuchilladas, y así, poniendo mano a la espada comenzó a derribar y a cortar de aquellas malezas que a la boca de la cueva estaban, por cuyo ruido y estruendo salieron por ella una infinidad de grandísimos cuervos y grajos, tan espesos y con tanta priesa que dieron con don Quijote en el suelo; y si él fuera tan agorero como católico cristiano, lo tuviera a mala señal y escusara de encerrarse en lugar semejante.

Finalmente se levantó, y viendo que no salían más cuervos ni otras aves nocturnas, como fueron murciélagos que asimismo entre los cuervos salieron, dándole soga el primo y Sancho, se dejó calar al fondo de la caverna espantosa…”

Comienza don Quijote a adentrarse en la cueva. Sancho y el primo le van soltando, poco a poco, la cuerda. Las casi cien brazas de cuerda se acaban y ya no escuchaban las voces de don Quijote desde hacía rato. Esperan media hora, sin que escuchen ni pase nada, y deciden tirar de la cuerda, que recuperan con facilidad, sin el peso del cuerpo de don Quijote, lo que hace pensar a Sancho que su amo se había quedado allí dentro, hasta que habiendo sacado algo más de ochenta brazas vuelven a sentir el peso de don Quijote, reconociendo su figura a solo diez brazas de la entrada. Algo extraño ha pasado:

         “Iba don Quijote dando voces que le diesen soga y más soga, y ellos se la daban poco a poco, y cuando las voces, que acanaladas por la cueva salían, dejaron de oírse ya ellos tenían descolgadas las cien brazas de soga y fueron de parecer de volver a subir a don Quijote, pues no le podían dar más cuerda. Con todo eso, se detuvieron como media hora, al cabo del cual espacio volvieron a recoger la soga con mucha facilidad y sin peso alguno, señal que les hizo imaginar que don Quijote se quedaba dentro, y creyéndolo así Sancho, lloraba amargamente y tiraba con mucha priesa por desengañarse; pero llegando, a su parecer, a poco más de las ochenta brazas sintieron peso, de que en estremo se alegraron. Finalmente, a las diez, vieron distintamente a don Quijote, a quien dio voces Sancho, diciéndole:

—Sea vuesa merced muy bien vuelto, señor mío, que ya pensábamos que se quedaba allá para casta.

         Pero no respondía palabra don Quijote, y sacándole del todo, vieron que traía cerrados los ojos, con muestras de estar dormido. Tendiéronle en el suelo y desliáronle, y, con todo esto, no despertaba; pero tanto le volvieron y revolvieron, sacudieron y menearon, que al cabo de un buen espacio volvió en sí…” 

         Don Quijote ha estado profundamente dormido, tanto que lo habían sacado aún dormido. Despierto, más por las sacudidas y meneos de Sancho que por el deseo de hacerlo, don Quijote, comienza a contarles lo que allí adentro le había pasado: 

         “… desperezándose, bien como si de algún grave y profundo sueño despertara; y, mirando a una y otra parte como espantado, dijo:

—Dios os lo perdone, amigos, que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, ahora acabo de conocer que todos los contentos desta vida pasan como sombra y sueño, o se marchitan como la flor del campo.

Comen, pues don Quijote decía tener mucha hambre. Y les cuenta todo lo que en el interior de la cueva le había sucedido, desde el mismo momento de la entrada a la cueva. Y así comienza el capítulo XXIII:

         “Las cuatro de la tarde serían cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos dio lugar a don Quijote para que sin calor y pesadumbre contase a sus dos clarísimos oyentes lo que en la cueva de Montesinos había visto; y comenzó en el modo siguiente:

         —A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas. Éntrale una pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden, abiertos en la superficie de la tierra. Esta concavidad y espacio vi yo a tiempo, cuando ya iba cansado y mohíno de verme, pendiente y colgado de la soga, caminar por aquella escura región abajo sin llevar cierto ni determinado camino, y así, determiné entrarme en ella y descansar un poco. Di voces pidiéndoos que no descolgásedes más soga hasta que yo os lo dijese, pero no debistes de oírme. Fui recogiendo la soga que enviábades, y, haciendo della una rosca o rimero, me senté sobre él pensativo además, considerando lo que hacer debía para calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y estando en este pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo, me salteó un sueño profundísimo; y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo no, desperté dél y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza ni imaginar la más discreta imaginación humana”.

Don Quijote estaba profundamente dormido. Cree haberse despertado y ver, allí mismo, un gran castillo, del que salió su alcaide y guarda mayor, que se presenta como el mismo Montesinos de quien la cueva toma nombre. Montesinos le confirma la historia que los vecinos de la Mancha conocían desde el Medievo, y de cómo había llegado hasta allí, desde Roncesvalles, encantado por el sabio Merlín, junto a su primo Durandarte, Belerma, el escudero Guadiana y la dueña Ruidera con sus siete hijas y sus dos sobrinas:

“… y, por más señas, primo de mi alma, en el primero lugar que topé saliendo de Roncesvalles eché un poco de sal en vuestro corazón, porque no oliese mal, y fuese, si no fresco, a lo menos amojamado, a la presencia de la señora Belerma; la cual, con vos y conmigo y con Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años” 

La Cueva de Montesinos es real, es un topónimo conocido desde muy antiguo. En las Relaciones Topográficas, en 1575, los vecinos de La Ossa contestaban:

“… dijeron que en esta villa hay una ermita, que se dice San Pedro de Saelices, que está a una legua de esta villa, en la ribera del Guadiana, muy antiquísima, la cual está labrada la ermita en cruz. Y más arriba de ella hay una cueva, la cual se dice que era la cueva de Montesinos, que pasa un río grande por ella…”

Los vecinos de la vecina villa de La Solana, además del conocimiento geográfico de la cueva, contaban en su declaración la leyenda de los amores de la doncella Rosa Florida con el mismo Montesinos, en el cercano castillo de Rochafrida, que bien pudo inspirar a Cervantes:

“Y más encima del dicho heredamiento a la parte de levante, en una laguna que se dice que no tiene mucha agua y que en agosto se suele apocar y enjugar y que no quedan sino aguachares, hay una fortaleza en medio de la dicha laguna arruinada el edificio de ella, que comúnmente le llaman en esta tierra el castillo de Rochafrida, donde dicen que antiguamente estuvo una doncella que llamaron Rosa Florida, muy hermosa, y siendo señora de aquel castillo la demandaron de casamiento duques y condes de Lombardía y otras partes extrañas, y a todos los despreció. Y oyendo decir nuevas de Montesinos se enamoró de él y lo envió a buscar por muchas partes extrañas y lo trajo y se casó con él, y que era un hombre de notable estatura de grande y que en aquel castillo vivieron juntos hasta que allí murieron. Y cerca del castillo para entrar en él suele haber una puente de madera para pasar al dicho castillo porque, como dice su romance, por agua tiene la entrada y por agua la salida. Y cerca del dicho castillo está una cueva que llaman comúnmente la Cueva de Montesinos, por de dentro de la cual dicen que pasa mucha agua dulce siendo la del dicho río Guadiana más basta, y que pastores que andan en aquella ribera con ganado sacan agua de la dicha cueva para beber y guisar su comida…”

Estas declaraciones oficiales de los pueblos, mandadas al rey,  se hicieron coetáneas a Cervantes, un cuarto de siglo antes de que comenzase a escribir el Quijote. No cabe duda alguna que la cueva era muy conocida por los vecinos de las villas cercanas a ella, e incluso era usada como refugio y manantial de agua por los pastores que por aquel espacio estaban con sus ganados, aunque tenían que entrar hasta el fondo de ella para obtener el agua, que, como afirman, es abundante.

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Que la cueva existe, no cabe ninguna duda, pero lo descrito por don Quijote del interior de la cueva ¿es real o es ficción? Está meridianamente claro que lo visto por don Quijote después de quedarse dormido es un sueño, como el tiempo que estima que estuvo en el interior de la cueva, todo fruto de la creación de Cervantes.

Pero antes de quedarse dormido, don Quijote, describe a Sancho y al primo la cueva: “A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas”.  Aquí, en este ensanchamiento decide quedarse don Quijote: “Esta concavidad y espacio vi yo a tiempo, cuando ya iba cansado y mohíno de verme, pendiente y colgado de la soga, caminar por aquella escura región abajo sin llevar cierto ni determinado camino, y así, determiné entrarme en ella y descansar un poco”.

Además de la descripción física de la cueva, aquí anota el autor unas medidas de profundidad, medidas en estados, y durante el relato de la aventura también de longitud, medidas en brazas. Estas medidas enunciadas en el Quijote, lógicamente corresponden a medidas antiguas españolas, especialmente usadas en Castilla. Después de la Real Orden de 26 de Enero de 1801, donde se intentó unificar los pesos y las medidas, porque tenían diferencias de valor incluso entre provincias de la misma Castilla, y con la entrada en vigor del Sistema Métrico Internacional, la braza antigua castellana quedó fijada en 1,67 metros de longitud, la misma equivalencia que el estado antiguo, empleado principalmente en la medida de la profundidad de los pozos u otra cosa honda, por los poceros y canteros. Ambas medidas equivalían a seis pies, y cada pie a 0,278 metros.

Con la cantidad de cuerda comprada por don Quijote, compraron casi cien brazas de soga, casi 167 metros, y las explicaciones que en el texto encontramos, podemos calcular a cuantos metros, desde la boca de entrada a esta cueva,donde quedaron Sancho y el primo, llegó a entrar don Quijote en ella, hasta que llegó al gran ensanchamiento, donde quedó dormido. Don Quijote entra a la cueva pendiente y colgado de la soga y llega a un punto de ella donde distingue un gran ensanche. Está a oscuras y solo con algo de luz que le entra del exterior. Vocea a Sancho y al primo para que no les dé más cuerda, pero ellos no le oyen y siguen descolgando cuerda hasta agotarla, por lo que don Quijote fue haciendo un rollo con ella, sentándose sobre él. Como no había llegado al fondo de la cueva su preocupación era de quien le iba a sujetar desde ese momento, hasta que el sueño le venció:

Di voces pidiéndoos que no descolgásedes más soga hasta que yo os lo dijese, pero no debistes de oírme. Fui recogiendo la soga que enviábades, y, haciendo della una rosca o rimero, me senté sobre él pensativo además, considerando lo que hacer debía para calar al fondo, no teniendo quien me sustentase; y estando en este pensamiento y confusión, de repente y sin procurarlo me salteó un sueño profundísimo…”

La distancia descendida por la cueva, pendiente de la cuerda que le iban soltando Sancho y el primo hasta ese espacio amplio, donde don Quijote quedó dormido después de enrollar la cuerda floja que le soltaban desde arriba, la concreta Cervantes cuando Sancho y el primo, habiendo pasado media hora, deciden tirar de la cuerda y sacar a don Quijote de la cueva. Tiran de ella y la recogen con mucha facilidad y sin peso alguno, lógico pues estaba solo enrollada, hasta que a poco más de las ochenta brazas sintieron peso. Se había acabado el rollo de cuerda que don Quijote había hecho y comenzaban a tirar del cuerpo de don Quijote, que seguía dormido atado a la cuerda. Si compraron casi cien brazas de cuerda y ya habían recuperado poco más de ochenta, a menos de veinte brazas de ellos se encontraba don Quijote, por tanto a menos de 33,5 metros.

En el año 1790, Luis Paret, dibuja un plano de la Cueva de Montesinos, en planta y en corte, que titula “Demostración de la célebre Cueva de Montesinos citada por Cervantes en su DnQuixote”. El plano está en escala de varas castellanas, otra medida antigua con una equivalencia de 0,835 metros, cada vara. Una braza castellana equivalía a dos varas castellanas. Medido en línea recta, entre la boca de la cueva y el lugar donde se encuentran dibujadas cuatro personas con antorchas o linternas, obtenemos una distancia de treinta varas, 25 metros.

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Parece, más que probable, que además de tomar Cervantes  el topónimo de la Cueva de Montesinos, y sus leyendas, para llevar hasta este espacio geográfico real a don Quijote, antes de continuar su camino hacia Zaragoza, también utiliza las características físicas de esta cueva como espacio escénico de esta aventura.

Teniendo el gran privilegio de vivir en la Mancha de don Quijote, decido volver de nuevo a la Cueva de Montesinos. Y esta vez, sí, adentrarme en sus entrañas, como lo hizo don Quijote y, por qué no, el mismo Cervantes, y comprobar estas singularidades que de la cueva he leído en el Quijote. Las dos veces anteriores que había venido me había quedado en su entrada, una reja me impedía el acceso, aunque tampoco tenía la curiosidad de entrar en ella como ahora.

No es necesario llevar casi cien brazas de cuerda ni buscar un primo que nos guíe hasta su entrada. Actualmente, con gran acierto, el Ayuntamiento de Ossa de Montiel, el lugar donde don Quijote, Sancho y el primo pasaron la noche y compraron a la mañana siguiente la cuerda, dispone de un servicio turístico de guía para llegar hasta la cueva y enseñártela con todo tipo de comodidad y seguridad. Hace como unos siete años acomodó la bajada a ella instalando en su parte de mayor pendiente unos escalones que hacen que no solo no sea necesario una cuerda o barandilla donde agarrarnos, sino que, además, impiden peligrosos resbalones en una superficie de roca caliza muy resbaladiza por la humedad y precipitación de agua que hay en el interior de esta formación kárstica.

Matilde, que así se llama nuestra experta guía oficial, nos encamina en los escasos doscientos metros que hay entre el punto de encuentro y la cueva, entre encinas, sabinas, tomillo y romero. Después de proveernos de casco y linterna, incluidos en los 4 euros de la visita, a cada uno del pequeño grupo al que me sumé, nos informa de la manera que debemos de comportarnos en el interior. Además del suelo resbaladizo y un punto donde casi todos oiremos el golpe de nuestro casco en el techo, en esta época, mediados de septiembre, comienza la época de cría de la colonia de murciélagos que hay en la cueva, y la luz excesiva de las linternas y el tono de voz alto pueden molestarlos en esta delicada etapa de su vida. Sí, también la descripción que hace Cervantes de estos singulares mamíferos voladores es real: “Finalmente se levantó, y viendo que no salían más cuervos ni otras aves noturnas, como fueron murciélagos que asimismo entre los cuervos salieron, dándole soga el primo y Sancho, se dejó calar al fondo de la caverna espantosa…”

         Y comienza nuestra guía, antes de entrar, el resumen de los capítulos XXII y XXIII de la segunda parte del Quijote, que hacen que una simple visita a la cueva, se encante, y sintamos estar junto al espíritu de don Quijote en sus profundidades. Esta cueva, si no es por Cervantes, es muy posible que hoy no estuviese ni representada en las hojas de los mapas de la zona, ni mucho menos tendría el más mínimo interés turístico.

Le pido permiso para sujetar un extremo de una cinta métrica,  de 50 metros, en la boca de la cueva e ir descolgándola por su interior hasta la conocida hoy como Sala Grande, donde quedó don Quijote dormido. Y entramos en la cueva. Junto a su entrada, como a unos cuatro metros de profundidad hay un espacio, que era usado hasta no hace muchos años para el resguardo de pastores y agricultores de las inclemencias del tiempo, conocida como Sala El Portalo de los Arrieros, donde ya podemos ver algunos ejemplares de murciélagos pendientes del techo, su actual tesoro, que seguiremos viendo en toda la cueva, incluso revolotear entre nosotros.

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Desde aquí, comienza la verdadera bajada a la cueva. La pendiente es acusada pero los peldaños estratégicamente instalados facilitan y aseguran el paso. Y llegamos a un punto donde a nuestra derecha se abre y agranda la cueva,y me viene a la cabeza: “…a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas”. Nuestra guía sigue con la narración y explicaciones de la parte de la obra cumbre de Cervantes, que se escenifica precisamente aquí. Estamos, en el mismo lugar donde don Quijote, después de bajar, casi colgado, por esta fuerte pendiente, llega a esta parte más llana y recoge la cuerda que le seguían dando Sancho y el primo,y cansado se duerme.

Dirijo la luz tenue de mi linterna al suelo y apunto la medida a la que nos encontramos desde la entrada de la cueva, exactamente 32 metros, ¡las menos de veinte brazas de cuerda a las que dice sentir Sancho el peso del cuerpo de su amo, a menos de 33,5 metros! Matilde sigue hablando unos minutos, creo, pero yo no la escucho, mi mente está recordando una y otra vez los párrafos escritos por Cervantes de este mismo sitio. ¡Tengo los pies en este momento en el mismo lugar donde don Quijote se quedó dormido y soñando vio al anciano Montesinos dirigirse a él!

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Miro hacia arriba, mis ojos ya se han acostumbrado a la oscuridad, y veo la luz reflejada por la entrada de la cueva, exactamente de la misma manera de como lo había leído en mi Quijote: “Éntrale una pequeña luz por unos resquicios o agujeros, que lejos le responden, abiertos en la superficie de la tierra…”

         La distancia medida en metros coincide con la medida en brazas de la cuerda, pero también nos deja otra medida, de profundidad, tal y como se medían los pozos en aquella época: “A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella un gran carro con sus mulas”. Entre 20 y 23 metros estima don Quijote que ha bajado en profundidad con respecto a la superficie del terreno. En los paneles informativos que hay en la entrada podemos leer que la profundidad de la cueva es de 18 metros, once estados castellanos de profundidad. No coincide exactamente, pero como vemos es muy aproximado.

Salimos al exterior, la visita ha terminado, son casi las seis de la tarde, casi las cuatro de la tarde de horario solar…:“Las cuatro de la tarde serían cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz escasa y templados rayos dio lugar a don Quijote para que sin calor y pesadumbre contase a sus dos clarísimos oyentes lo que en la cueva de Montesinos había visto…”.

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         Las visitas se pueden hacer durante todo el día, pero preferí ir a la que comienza a las cuatro de la tarde, las dos de la tarde solar en España en esta época del año, la misma hora a la que llegaron nuestros protagonistas a la cueva: “… a las dos de la tarde, llegaron a la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha…”. La luz que entra por la cueva es la misma. Aunque estamos en septiembre la inclinación solar es muy aproximada a principios del mes de abril, que es cuando se estima que don Quijote comienza su tercera salida. Esa misma luz reflejada en su interior, y el olor del campo manchego llegando poco después de medio día a la entrada de la cueva, quería apreciar como lector.

Que fuese el mismo Cervantes el que bajase a la cueva, es más que probable, o que esta cueva y su interior se la describiese un vecino de La Ossa o de La Solana, en cualquiera de las ventas en las que pasó mil noches por los caminos de Castilla, también es posible. Lo que no cabe duda es que el que sí se adentra en la Cueva de Montesinos, en el corazón de la Mancha, es don Quijote, y hoy también he estado yo.

Hay lugares cervantinos, quijotescos, en los que cualquier lector del Quijote quiere estar. Uno de ellos es la Cueva de Montesinos. Leer estos dos capítulos antes de entrar, incitan a creer sentir dentro de ella el mismo espíritu de don Quijote y casi lo que él mismo sintió cuando, atado a una cuerda, descendió por ella y llegó a la gran sala inferior. ¡No es la cueva más bonita del mundo, es obvio, pero es la cueva del Quijote, única en el mundo!

Es evidente que la Mancha de don Quijote, no tiene los límites santiaguistas del antiguo Común de la Mancha y del Partido de la Mancha del vecindario del 1530. Tampoco es el territorio que administraba, desde 1691, la Provincia de la Mancha, ni mucho menos la actual región autónoma española de Castilla-La Mancha, integrada por las provincias de Albacete, Ciudad Real, Toledo, Cuenca y Guadalajara. Olvidar, o no intentar comprender, la imagen que del territorio nos describe Cervantes es alejarnos de la verdadera Mancha de don Quijote, en cuyo corazón está la Cueva de Montesinos.

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Vuelvo a casa con la cabeza llena de murciélagos, encinas, antojadiza roca caliza y agua. No tengo prisa. Y lo hago recorriendo despacio las Lagunas de Ruidera, “famosas ansimismo en toda la Mancha y aun en toda España”. Aquellas hijas y sobrinas de la dueña Ruidera encantadas en lagunas, también, como la vecina Cueva de Montesinos, son reales. Este año, debido a la fuerte sequía que asola España, parte de estas lagunas no “lloran”, están con el nivel de agua muy bajo, e incluso la conocida como Redondilla está seca. Me paro, bajo andando a ella y contemplo una imagen desde su mismo centro muy difícil de volver a ver. No me voy muy preocupado por ella, pues de la misma manera la vi en el año 1992, y poco después se recuperaron y volvieron a “llorar” todas. Me llevo en la memoria esta imagen de la laguna con colores increíbles, aún sin el turquesa de su agua, y pienso incrédulo en quienes afirman que: ¡¡la Mancha de don Quijote es monótona!!

                                         Luis Miguel Román Alhambra

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PAUL AUSTER Y EL QUIJOTE

“Confesiones del escritor americano”

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El pasado día 27 de agosto, con el periódico ABC, venía una pequeña revista, el XLSemanal, en cuya portada está fotografiado el escritor estadounidense Paul Auster, sentado en una escalera de madera, posiblemente la de su casa en Brooklin. Del título del reportaje, realizado por Fátima Uribarri, “Confesiones del escritor americano a los 70 años, cuando publica nueva novela” tomo una parte como el subtítulo perfecto para este artículo, y una de las fotografías realizada por Edu Bayer.

Hablar yo de Paul Auster y sus obras, un simple lector que solo deseo estar en los mismos lugares, caminos y parajes en los que estuvo don Quijote, es poco menos que una temeridad.

Lo que no cabe duda es que Auster es un narrador, un gran narrador de historias, que acaba de publicar su última novela, titulada “4321”. Y su trayectoria la avala los muchos premios que le han otorgado, entre ellos destaco aquí el Príncipe de Asturias de las Letras, en 2006.

Durante la entrevista voy relacionando a Auster con Cervantes, hasta en edades y situaciones personales. Confiesa que en esta novela: “He tomado de mi propia vida los sitios y la época. También lo que se cuenta de las actividades sociales y políticas de entonces es históricamente riguroso. Incluso se toca una experiencia central de mi vida” ¡Lo mismo hizo Cervantes, según mi opinión, para crear el Quijote! Cervantes toma de su gran experiencia personal sitios y lugares reales, y sitúa allí al hidalgo manchego. Crea una novela de ficción en una geografía real que conoce. ¡Auster y Cervantes crean sus novelas de la misma manera!

Auster confiesa que ha estado en España muchas veces, la primera cuando tenía 18 años, en 1965. Y esta misma semana, he visto por televisión que ha estado en Madrid presentando “4321” Conoce bien a los españoles, y especialmente a los dos españoles más universales: don Quijote y Sancho Panza. Afirma la periodista de XLSemanal: “Le entusiasma El Quijote”, y Auster le contesta: “¿No es el mejor libro jamás escrito? El resto salen de ahí, cada novela ha nacido en El Quijote. Es extraordinario. Lo acabo de releer hace un año, por quinta vez, y me ha vuelto a encantar”

¡Cinco veces ha leído Paul Auster el Quijote! ¡El Príncipe de Asturias de las Letras ha leído cinco veces la obra del Príncipe de las Letras españolas! Y algunos aseguran que el Quijote es una obra vieja, trasnochada, que ya no dice nada.

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Creo que lo habrá leído en inglés, o en francés, porque Auster no sabe español, como él mismo confiesa: “Me encantaría saber español” Y recuerdo a nuestro gran poeta José Hierro, cuando en el discurso que lee en la inauguración del Museo Iconográfico del Quijote, el cinco de noviembre de 1987, en la ciudad mexicana de Guanajuato, ciudad cervantina hermanada con Alcázar de San Juan, decía: “Las grandes creaciones literarias lo son por su capacidad para sobrevivir a los cambios de gustos de las diferentes épocas. Conservan, en todo momento, su frescor inicial. No se decoloran, no envejecen, ni son víctimas de los estragos del tiempo. En cambio las traducciones -bien sean a otra lengua, bien a otra expresión artística- cuando son fieles al original, envejecen”.

Auster, podría también afirmar o matizar a Hierro, él mismo ha sido traductor de autores franceses. Las traducciones del Quijote  no son capaces de transmitir el espíritu del loco más cuerdo y del analfabeto más docto de la literatura universal. ¿Cuántos nuevos matices del Quijote extraería Auster si lo leyese en español? Como muchos otros autores, quizás aprenda español para leerlo y, por qué no, traducirlo al inglés. Seguro que sería el mejor Quijote en inglés. Solo tiene, como nos confiesa, setenta años de edad.

Termino de leer la entrevista de XLSemanal con Auster, y lamento cómo los españoles hemos dejado de leer este gran libro, no ya cinco veces como él ya ha hecho, sino una sola vez, teniendo el gran privilegio de mirarnos en el espejo original, que nos regaló Cervantes en español, y vernos reflejados en él, unas veces como don Quijote y otras como Sancho Panza. Y la risa, que pretendía sacar de sus lectores Cervantes, al reconocernos en sus héroes manchegos seguro que nos saldrá.

En su discurso, en la entrega del premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006, hace ya casi once años, nos dejaba esta sabia sentencia: “Nos hacemos mayores, pero no cambiamos. Nos volvemos más refinados, pero en el fondo seguimos siendo como cuando éramos pequeños, criaturas que esperan ansiosamente que les cuenten otra historia, y la siguiente, y otra más”.

Señor Auster, muchas gracias por leer el Quijote, y confesarlo. Ahora me toca a mí leer su novela, “4321”, su nueva historia, sabiendo que Archie, como don Quijote, está en la ficción de la historia en los mismos lugares reales que su autor conoció.

                                   Luis Miguel Román Alhambra

 

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