¡FELIZ DÍA DE MUERTOS!

DON QUIJOTE CATRINA

En Guanajuato dicen que está enterrado don Quijote. Es posible, don Quijote estuvo, está y estará donde haya injusticias que remediar, entuertos que enderezar…

Quizás Cervantes también estuvo por aquellas tierras. Sabemos que lo solicitó al rey Felipe II en 1590: “Pide y suplica humildemente, cuanto puede a Vuestra Majestad, sea servido de hacerle merced de un oficio en las Indias de los tres o cuatro que al presente están vacos (vacantes), que es el uno de la Contaduría del nuevo Reino de Granada, o la Gobernación de la Provincia de Soconusco en Guatemala, o contador de las Galeras de Cartagena, o Corregidor de la Ciudad de la Paz…”. Pero se le denegó con un brusco: “Busqué por acá en qué se le haga merced”.

No hay constancia documental de que embarcara en Sevilla rumbo a aquellas tierras, pero hay lagunas de su vida, de meses, en la que no se sabe nada de él. Estuvo en alguna ocasión realizando servicios secretos a la Corona en Orán, por lo que no es de extrañar que ante su predisposición a ir a Chiapas le fuera encomendado algún servicio de información en aquellas tierras. Si era un trabajo secreto, también su nombre real no aparecería en los listados de embarque…

Quien sí está y estará presente en México es don Quijote. Estos días se celebran en Mesoamérica y especialmente en México el Día de Muertos, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, donde las familias recuerdan a sus seres queridos que ya no están entre ellos.

Desde hace más de un siglo las Catrinas inundan calles y rincones de México y como no podía ser de otra manera don Quijote también ha querido este año 2019 estar caracterizado como tal.

Esta ilustración la ha hecho mi hijo Guillermo para todo México, especialmente para Guanajuato y San Cristóbal de Las Casas, donde vive y trabaja mi hijo Jaime.

Aquí en España hemos importando la costumbre norteamericana del Halloween, ¡ójala en lugar de esta imagen tétrica y a veces nauseabunda en calles y colegios fuese la que en estos días se ve en México! ¡Don Quijote nunca se disfrazará de bruja, vampiro o zombi!. Es más, sin pedir explicaciones embrazaría su adarga y con la lanza en el ristre arremetería contra esta moda impuesta comercialmente que en nada recuerda y respeta a nuestros seres queridos que nos han dejado.

¡Viva México! ¡Feliz Día de Muertos!

                                                                  Luis Miguel Román Alhambra

 

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¡200.000 VISITAS!

          “Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndose a lo que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno. Este pecado, en cuanto me ha sido posible, he procurado yo huir desde el instante que tuve uso de razón; y si no puedo pagar las buenas obras que me hacen con otras obras, pongo en su lugar los deseos de hacerlas,…” dQ2, 58

200.000 visitas blog

          Hoy, 16 de octubre de 2019, este humilde blog cervantino ha registrado más de 200.000. ¡Mil gracias a cada una de las personas que lo han visitado desde los cinco continentes!.

mapa visitas

          De los 194 países constituidos como tales actualmente en 138 se ha visto este blog. Desde España, en 69.985 veces, hasta Antigua y Barbuda, en 1 ocasión. Estados Unidos, Colombia, México, Argentina, Perú, Chile… me demuestran la continua lectura del blog al otro lado del Atlántico. Quizá el interés de Cervantes por irse hasta allí esté representado en aquel lado de océano, o quizás en su ADN si verdaderamente lo consiguió, aunque no fuese oficialmente ni este documentado, yo no lo descarto, aunque fuese durante poco tiempo, incluso en funciones secretas para la Corona. Los que sí viajaron hasta allí, casi al mismo tiempo de salir de la imprenta en Madrid, fueron don Quijote y Sancho.

         Yo tengo el privilegio, el gran privilegio, de conocer unas partes de Chile (Atacama) y México (Chiapas), y entiendo por qué es tan conocido, leído y estudiado el Quijote en Latinoamérica. No hace falta explicar allí la necesidad de un hombre bueno deseoso de ayudar a los más desfavorecidos, aún hoy, especialmente en Chiapas.

           ¡¡Gracias, mil gracias!!

                                                                    Luis Miguel Román Alhambra

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LA IMAGEN DE LA MANCHA EN EL QUIJOTE

ALCÁZAR DE SAN JUAN, EL LUGAR DE DON QUIJOTE

El Quijote puede parecer al inicio de su lectura un laberinto geográfico, pero después de familiarizarse el lector con su medio físico y humano deja de serlo. Las imágenes del territorio, que podemos apreciar en el texto, son las que Cervantes ha visto y querido trasmitir a sus lectores, ¡a sus lectores coetáneos que compraban sus libros y con los que se ganaba la vida!

Pero, las imágenes de un paisaje son subjetivas, nadie las percibe de la misma manera ni les da la misma importancia. El análisis del entorno físico contiene, como la imagen de una ciudad según el urbanista estadounidense Kevin Linch, cinco elementos generales: bordes, sendas o itinerarios, barrios o distritos, nodos o puntos estratégicos, y mojones o hitos. Cuanto más legibles o nítidos sean estos cinco elementos geográficos más fácilmente será identificar la imagen del territorio.

Vierge-El Toboso

En la sociedad en la que vivió Cervantes eran tan grandes las desigualdades sociales que no necesitaba justificar la figura de un viejo hidalgo convertido en caballero andante, un héroe de la época, que asume con generosidad la empresa de deshacer agravios, enmendar sinrazones y mejorar abusos. Cervantes humaniza a los personajes y al situarlos en un territorio real hace creíbles las aventuras del Ingenioso Hidalgo. Del Quijote solo es real la sociedad descrita y el espacio por donde lleva a sus protagonistas. Adapta cada una de las novelas, cuentos y anécdotas que tiene escritas a unos personajes de carne y hueso, tipos normales, y los encaja en un espacio y tiempo creíbles con el fin de que su lector no tenga nunca la sensación de estar perdido en el escenario de las aventuras.

Y lo hace para su lector del siglo XVII, que no disponía de mapas, sistemas de información geográfica, navegadores por GPS, o teléfonos inteligentes con mapas y rutas, como disponemos los lectores del siglo XXI. Aquellos primeros lectores se orientaban en los caminos, como lo hacía Cervantes, mediante una imagen ambiental representativa para él, que no tiene que ser la misma para los demás. Imagen ambiental de sensación inmediata y experiencia propia de cada uno (un árbol, un arroyo, un cerro…) que en el caso de Cervantes traslada al papel en forma de información a sus lectores. Si bien, la gran mayoría de sus lectores nunca habían pasado por los caminos y parajes descritos, con la descripción que de ellos hace Cervantes pueden orientarse en el espacio geográfico elegido para las aventuras de los protagonistas. Es indudable que una imagen nítida de los cinco elementos generales (bordes, sendas, barrios, nodos o mojones) permite una orientación más exacta, más para los lectores. Hoy puede parecer la imagen del espacio que Cervantes nos trasmite algo borrosa, incluso inexistente como así lo afirman algunos autores,  pero no era así para sus primeros lectores y tampoco para nosotros si tenemos en cuenta las descripciones que de estos cinco elementos podemos percibir en la novela.

Cervantes lleva a don Quijote a campo abierto, huye de los pueblos y las ciudades. Recurre en la Mancha a los caminos transitados, sendas o itinerarios importantes como el Camino de Toledo a Murcia, implícitamente nombrado en la novela, o el Camino de la Plata, junto a los cuales se situaban las ventas, porque son escenarios propicios donde surgen las aventuras. Viajeros, trajinantes y arrieros, de toda condición y procedencia, son los usuarios principales de los caminos y ventas, sus vidas y sus historias las entremezcla genialmente con las de don Quijote y Sancho Panza.

Por los lugares que pasa, o ni los nombra o aporta muy pocas descripciones de ellos, solo lo hace de El Toboso y de Barcelona. Lo mismo ocurre con el lugar de don Quijote y Sancho, cuestión ésta que no nos debería de asombrar por cuanto Cervantes ya deja clara su intención nada más comenzar la novela: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” y lo reafirma en el último capítulo de la Segunda Parte: “Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente…”. Cervantes no es que no se acuerde de su nombre, es que no quiere acordarse. ¿El motivo?, si lo hay, don Miguel, se lo llevó a la cripta de las monjas trinitarias de Madrid o simplemente fue un recurso narrativo más. Sin embargo, aunque esto pueda parecer en principio que es así, la posible falta de descripciones o evidencias geográficas no pueden limitarnos en el análisis de las imágenes del lugar de don Quijote.

Los bordes de la comarca cervantina, donde se encuentra el lugar de don Quijote y Sancho, están perfectamente delimitados por Tembleque, Quintanar de la Orden, Argamasilla de Alba y Puerto Lápice, lugares nombrados explícitamente en la novela, junto a El Toboso, con relación directa con los personajes de la novela. En esta comarca hay varias villas y aldeas, una de estas es el lugar de don Quijote, no pudiendo ser ninguna de las anteriormente nombradas por expreso deseo de Cervantes. Sin embargo, desde hace mucho tiempo, gracias a la excelente estrategia turística de sus gobernantes, se intenta oficializar que Argamasilla de Alba sea el lugar de don Quijote, incluso anunciándolo así en carteles en los márgenes de nuestras carreteras, pagados con dinero público. Para esta empresa se apoyan en la cita, al final de la Primera Parte, que dice:

“Las palabras primeras que estaban escritas en el pergamino que se halló en la caja de plomo eran éstas: Los Académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha, hoc scripserunt”

Que Cervantes conocía la historia de la fundación reciente de Argamasilla de Alba es evidente, incluso pudo haber vivido un tiempo en ella conociéndola en primera persona. Esta villa manchega, contaba con una particularidad, se había fundado poco antes de nacer el personaje de don Quijote. Así lo podemos leer en las contestaciones que Argamasilla de Alba hace en 1575 a las Relaciones Topográficas de Felipe II:

 “… y decirse la villa de Argamasilla de Alba es porque se fundó siendo prior de San Juan don Diego de Toledo, antecesor de don Antonio de Toledo, que de presente es,… dijeron que la dicha villa es repoblación nueva de cuarenta y cuatro años a esta parte, un año más o menos…”

Contestacion de Argamasilla

Según estos datos, Argamasilla de Alba se fundó en 1531, “un año más o menos”, cuando es nombrado prior de esta parte de la Orden de San Juan don Diego de Toledo. Si Cervantes describía en 1605 que “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años…”, obtenemos que aproximadamente el personaje de don Quijote nacería en la mitad del siglo XVI, 20 o 25 años después de haberse fundado Argamasilla de Alba. Durante muchos años después se le llegó a conocer a Argamasilla de Alba como “Lugar Nuevo”,  cobrando sentido la frase de “lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”.

Por el contrario, pretender ubicar el lugar de don Quijote fuera de estos bordes entra dentro de los antiguos libros de caballerías donde, sin dormir ni comer, un caballero en unas horas recorría la distancia que separaba Londres de Estambul, olvidando que este libro es el Quijote y sus protagonistas son un viejo hidalgo manchego y un simple jornalero, sobre un caballo viejo y enfermo  y un borriquillo andarín.

Quizá la primera descripción considerada por algunos como ambigua del lugar de don Quijote es su título: ¿Aldea o villa? Si partimos que Cervantes a un mismo núcleo urbano como El Toboso unas veces lo llama aldea, otras pueblo e incluso llega a elevarlo con el título de “gran ciudad” cuando en su época era una villa, al lugar de don Quijote lo podía describir, como hace, de la misma manera siendo realmente cuando lo conoció, y pensó en él para hacerla la patria chica de don Quijote, una villa manchega. Y así la considera en las descripciones físicas y humanas que hace de ella en la novela. En la carta que Teresa envía a Sancho, contándole los últimos sucesos acaecidos le dice que un “pintor de mala mano que llegó a este pueblo a pintar lo que saliese: mandole el concejo pintar las armas de Su Majestad sobre las puertas del Ayuntamiento…”. Ayuntamiento, como casa o edificio donde se “ayuntaban” alcaldes y regidores, solo los tenían las ciudades y las villas.

Teresa continúa su carta a Sancho: “La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas”. Una aldea, como muchos defienden que era el lugar de Alonso y Sancho, no disponía de casa Ayuntamiento y tampoco de una “picota”, lugar donde se exponían al escarnio público los condenados por la Justicia. Las aldeas dependían administrativa y judicialmente de una villa cercana, aunque en algunas aldeas, “por merced de Su Magestad” podían tener oficios de justicia muy limitados en el código civil, pero nunca en el criminal, donde las penas podían ser incluso hasta de muerte, siendo cumplidas siempre en la picota de justicia de la villa. Una aldea muy importante en la Mancha era Tomelloso, dependiente de la villa de Socuéllamos, esta dice que: “El lugar del Tomelloso es aldea y jurisdicción de la villa de Socuéllamos, tiene hasta ochenta vecinos, tiene los mismos oficios de justicia que esta villa por merced de Su Magestad, con límite de juzgar hasta cuatrocientos maravedís en lo civil y no en cosa criminal”. Por tanto es evidente que, administrativa y judicialmente, el lugar de don Quijote es una villa manchega.

don quijote saliendo de su pueblo

En la misma frase anterior de Teresa: “La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas”, avisa a Sancho que un recurso importante del pueblo como es la fuente de la plaza se había secado. En aquella época, en esta parte de la Mancha, muy pocas villas tenían una fuente pública en su plaza, siendo la forma habitual de abastecerse los vecinos de agua dulce en pozos públicos o privados.

Hay una imagen del lugar de don Quijote que es característica, propio de él. La carta de Teresa a Sancho es contestación a otra que Sancho le remite, aprovechando este que la duquesa enviaba una carta a Teresa desde Aragón por medio de uno de sus pajes. Así es la llegada del paje al lugar de Sancho:

“Dice pues la historia que el paje era muy discreto, y agudo, y con deseo de servir a sus señores, partió de muy buena gana al lugar de Sancho, y antes de entrar en él, vio en un arroyo estar lavando cantidad de mujeres…” dQ2, 50.

Este mojón o hito del lugar de don Quijote hay que situarlo entre el norte y este de él, ya que es evidente que el paje llega a esta comarca manchega desde una parte de Aragón, y el arroyo está muy cercano al pueblo, “antes de entrar en él”. En esta parte N-E del pueblo también está la casa de Sancho y la de su vecino Alonso, su barrio o distrito, porque una vez que el paje pregunta por Teresa Panza, su hija, que estaba allí lavando ropa, le dice: “Venga vuesa merced, que a la entrada del pueblo está nuestra casa, y mi madre en ella…”

Otra imagen del lugar de don Quijote la describe Cervantes cuando don Quijote y Sancho vuelven de Barcelona por el mismo camino de El Toboso, donde no pudieron ver finalmente desencantada a Dulcinea, y entran a su pueblo así:

“… subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho se hincó de rodillas… Déjate desas sandeces, dijo don Quijote, y vámonos con pie derecho a entrar en nuestro lugar… Con esto, bajaron la cuesta y se fueron a su pueblo” dQ2, 72.

El camino de El Toboso al lugar de don Quijote, aunque estamos en una parte de la Mancha muy llana, tiene algún pequeño cerro o desnivel en rampa que no deja ver el pueblo hasta que se sube a él. Aunque parezca una descripción menor o sin importancia en esta parte de la Mancha es reveladora.

dQ y SP llegando a su pueblo

Al comienzo del siguiente capítulo tenemos una descripción de las afueras del lugar de don Quijote, que aunque parece muy normal en un pueblo cerealista en esta parte de la Mancha, no deja de ser una imagen que Cervantes nos regala:

“A la entrada del cual, según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos…”, para después del suceso y la conversación con ellos y con unos cazadores “pasaron adelante, y a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo rezando al cura y al bachiller Carrasco… finalmente, rodeados de mochachos y acompañados del cura y del bachiller, entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don Quijote…” dQ 2, 73.

Las sendas o itinerarios, los caminos, que parten o cruzan el lugar de don Quijote también nos pueden ayudar a situarlo en el mapa de esta comarca cervantina del Quijote. Además de este camino que une con El Toboso, por el lugar de don Quijote pasa un camino muy conocido y transitado por muchos viajeros coetáneos de Cervantes: el Camino de Toledo a Murcia. Por él viene a casa desde la venta donde es armado caballero cuando: “… descubrió don Quijote un gran tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia…” dQ1, 4. Además de identificarnos implícitamente el camino, también nos describe el sentido que lleva en ese momento don Quijote camino a casa. Si se encuentra de frente con unos mercaderes toledanos que iban a Murcia, por tanto estos iban de oeste a este, don Quijote regresa a casa por este camino hacia el oeste, hacia Toledo. Este camino, que atraviesa el lugar de don Quijote de oeste a este, es el mismo que toma en sus dos primeras salidas, por tanto, saliendo hacia el este de su pueblo: “… Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje…” dQ1, 7.

De la segunda salida, esta vez ya con Sancho, regresa desde una venta en Sierra Morena, cordillera montañosa que hace de frontera natural entre Castilla y Andalucía, al sur de la Mancha. Esta venta, la Venta de la Inés o del Alcalde, como se llamaba en tiempos de Cervantes, está situada en el Camino de Toledo a Sevilla, conocido como Camino de la Plata, que atraviesa el Valle de Alcudia, término de Almodóvar del Campo, para adentrase en Sierra Morena camino a Andalucía. De la venta es traído don Quijote a casa, creyéndose encantado, sobre un carro convertido en jaula tirado por bueyes:

“El boyero unció sus bueyes y acomodó a don Quijote sobre un haz de heno y con su acostumbrada flema siguió el camino que el cura quiso, y a cabo de seis días llegaron a la aldea de don Quijote, adonde entraron en la mitad del día, que acertó a ser domingo y la gente estaba toda en la plaza, por mitad de la cual atravesó el carro de don Quijote”. dQ1, 52

El término de Almodóvar del Campo se encuentra al suroeste de la comarca cervantina, dirección por lo que la comitiva con la carreta de bueyes entra al pueblo hasta la plaza, que la atraviesan. Estando, por tanto, el barrio o distrito donde viven don Quijote y su vecino Sancho al lado contrario de la entrada desde Sierra Morena, coincidiendo la situación de la casa de Sancho,  con la descripción que hace el narrador de la entrada del paje que venía de Aragón una vez vadeado el arroyo.

En resumen, los caminos de salida y llegada al lugar de don Quijote nos describen una villa con varios caminos que parten o llegan a ella y con una plaza. Esto no es relevante ni específico del lugar de don Quijote, pues es la descripción de cualquier villa. Sin embargo, esta villa tan buscada es atravesada por el Camino de Toledo a Murcia, de este a oeste. Por este camino hacia el este parte en su primera salida llegando a una venta y también en su segunda salida encontrándose con los molinos de viento de Campo de Criptana. Otra salida encamina directamente con El Toboso, por donde nuestros protagonistas salen y llegan en su tercera salida, con un pequeño cerro o altillo a su salida. Y al menos tiene otro camino más, al suroeste, por donde entra don Quijote en una jaula sobre un carro tirado por bueyes.

camino de toledo en mapa autonomico

En el mapa anterior están delimitados los bordes de la comarca cervantina del Quijote y el Camino de Toledo a Murcia, con sus variantes, por ella. Casi en su centro hay un lugar no nombrado explícitamente en la novela, pero si implícitamente, este es Campo de Criptana. Esta villa es la única, no en esta comarca sino en toda la Mancha, que podía contar con más de treinta molinos de viento en la época de la escritura de la Primera Parte del Quijote y que sirvieron para que Cervantes escribiese:

“En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero: -La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra”. dQ1, 8.

Es el principio de la segunda salida de don Quijote. A los pies de los cerros de Campo de Criptana llega don Quijote y Sancho, saliendo de su pueblo por el este. La distancia que separa el lugar de don Quijote con estos molinos es muy poca. “Una noche se salieron del lugar sin que persona los viese; en el cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen”. Salen “sin despedirse” de sus familias en mitad de una noche de verano, para no ser vistos por nadie. En la Mancha, en verano, al caer la noche los vecinos de los pueblos solían, e incluso se sigue haciendo, salir a las puertas de las casas sentándose en sus poyos, sillas o serijos entablando conversaciones entre los mayores mientras los niños jugaban alrededor, esperando que el aire fresco de la noche se levantase y refrigerase las casas abiertas y así poder dormir mejor. Estas reuniones conocidas como “salir al fresco” podían durar hasta bien entrada la noche. Don Quijote y Sancho habían acordado salir una noche, sin despedirse de sus familias, por lo que debieron de esperar a que estas entraran a las casas y durmieran, como todo el pueblo. Así, en mitad de una noche de verano, inician nuestros protagonistas su salida por el camino a Murcia, hasta que al poco de amanecer se encontraron con los molinos de Campo de Criptana. ¿Hay mejor descripción, de esta senda e hito, que la que hace Cervantes?

El lugar de don Quijote y Sancho se encuentra al oeste de los molinos de Campo de Criptana, muy cerca de ellos, tanto que solo se necesitan dos o tres horas de camino, del lento Rocinante, para llegar a estos “gigantes”. Esta sola descripción es casi concluyente para localizar la villa desde donde parte don Quijote hacia sus aventuras, el origen geográfico del Quijote.

molinos C. Criptana

En la Mancha se comenzaron a construir molinos de viento a mitad del siglo XVI, motivado principalmente por la ausencia de agua en sus ríos “de invierno” durante los primeros 50 años de ese siglo dejando inútiles las piedras de los molinos de agua, especialmente en esta comarca cervantina del Quijote, excepto los molinos del río Guadiana que seguían trabajando al ser éste el único río con agua. Estos únicos molinos de agua operativos estaban alrededor de su nacimiento en las Lagunas de Ruidera y la mayoría pertenecía al prior de la Orden de San Juan. Este prior no concedió licencias de construcción de molinos de viento en su jurisdicción, obligando así a sus vecinos a desplazarse a sus molinos y, por tanto, proporcionarle pingües beneficios. No es hasta finales del siglo XVII cuando el prior comienza a autorizar la construcción de estos artilugios. Es por lo que Campo de Criptana, de la vecina Orden de Santiago, tenía en sus cerros y sierras tantos molinos de viento con los que moler su grano y el de los agricultores de las villas próximas de la Orden de San Juan como Alcázar de San Juan, Quero, Tembleque, Villacañas, Villafranca y Herencia. Que don Quijote no conociese estos artilugios, como tampoco los batanes, declara como villa sin molinos de viento a su pueblo, en 1605. Él, como hidalgo, no tenía obligación de acarrear sacos de grano a los molinos o paños a los batanes, pero sí su vecino Sancho, que, como jornalero, tenía que hacerlo y por tanto conocerlos. Otra descripción más del lugar de don Quijote: No tenía en la época de la escritura de la Primera Parte del Quijote molinos de viento, pero sí estar muy cerca de Campo de Criptana.

Cuando Cervantes escribía la novela el río Guadiana y los ríos de invierno, el Záncara y el Gigüela llevaban agua todos los años. El lugar de don Quijote contaba en su término municipal con varios ríos y arroyos cercanos a la villa. Algo que parece irrelevante, en esta parte de la Mancha es una descripción valiosa, casi determinante. Don Quijote, al ser derrotado por el Caballero de la Blanca Luna en la playa de Barcelona, vuelve a su casa para cumplir el año de retiro impuesto y toma la decisión de hacerse pastor: “yo compraré algunas ovejas… y nos andaremos por los montes… bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos…“. Sancho desespera por que llegue ese ansiado trabajo, ejercido antaño, y así dejar el de escudero, e incluso ya imagina a su hija llevándoles la comida, lo que indica la cercanía al pueblo: “Sanchica mi hija nos llevará la comida al hato” dQ2, 67.

Con estas descripciones e imágenes del lugar de don Quijote, y utilizando el método de análisis deductivo, se las aplico a Alcázar de San Juan, un lugar que nunca ha estado en el mapa cervantino de filólogos, periodistas o viajeros.

 Consideraciones geográficas físico-humanas del lugar de don Quijote:

1. Pertenecer a la comarca cervantina. Alcázar de San Juan se encuentra en el centro de esta comarca manchega.

2. Ser una villa. Casa Ayuntamiento, la picota de justicia y sus anécdotas. Alcázar de San Juan era villa desde que en 1292 el rey Sancho IV le concede este título y escudo propio. En tiempos de Cervantes era sede del Gobernador del Priorato de San Juan, contando con un edificio que servía de Ayuntamiento y una picota, donde exponer o ajusticiar a los condenados por la Justicia.

En 1615 se publica la Segunda Parte del Quijote, donde podemos leer la carta que Teresa manda a Sancho. En ella le cuenta los sucesos importantes acaecidos en su pueblo durante su ausencia: “… pintor de mala mano que llegó a este pueblo a pintar lo que saliese: mandole el concejo pintar las armas de Su Majestad sobre las puertas del Ayuntamiento…”.

ayuntamiento viejo

Mª Soledad Salve, en Notas históricas sobre Alcázar de San Juan y su Casino (PMC, 2010) describe minuciosamente las diversas fases por la que pasó el edificio antiguo, ya desaparecido, del Ayuntamiento de Alcázar de San Juan “que presidía la Plaza Vieja”. La villa de Alcázar compró un edifico en forma de torre en el año 1529, que se conocía como la Torre del Ayuntamiento en 1600. En una “estrecha sala” de este edificio se juntaban los alcaldes y regidores para celebrar sus sesiones. “Esta falta de espacio de la torre sería, entre otras razones, la que determinó al Concejo, a principios del siglo XVII, a realizar las obras de ampliación del edificio y la remodelación del lado norte de la Plaza. La licencia para su ejecución la dio S.A Manuel Filiberto de Saboya, Gran Prior, en una Provisión de 1612…”

En 1612 comienzan a realizarse las obras de ampliación a la Torre, las conocidas como “casas de Ayuntamiento”, a ambos lados de ella. En 1622 se reforma el interior de la Torre con una nueva sala de juntas llamada “sala de la media naranja o sala del secreto”. Terminada esta “sala de la media naranja”,  en 1626, en las Actas y acuerdos municipales de 1 de noviembre de 1626 se puede leer: “…la media naranja que se fijó en el aposento de la torre deste ayuntamiento esta acavada y blanqueada y la obra y escudos della pide se pinten de pintura al oleo de buena mano en los cuatro escudos questan en el dicho aposento…”.

En 1615, fecha de la publicación de la Segunda Parte del Quijote, el Ayuntamiento de Alcázar de San Juan estaba en obras. ¿Ocurrió realmente el suceso de que un “un pintor de mala mano” pintara “las armas de Su Magestad sobre las puertas del Ayuntamiento…”? Lo que sí sabemos es que poco más de diez años después se hizo constancia en que “los escudos della se pinten de pintura al oleo de buena mano”. Un suceso que bien pudo provocar las risas en los vecinos y la anécdota la utilizó Cervantes en la carta de Teresa. No es posible comprobar la contratación de este pintor de “mala mano” en el libro de Actas y acuerdos municipales de 1610 a 1615, al estar perdido éste.

La existencia de picota, su uso y conservación en Alcázar de San Juan está documentada en los libros de Actas y acuerdos municipales. En fecha cercana a la publicación del Quijote, 1604, podemos leer como los alcaldes y regidores “estando juntos en su Ayuntamiento” toman la decisión de contratar “a Pedro Gómez, vecino de la ciudad de Guadalajara para que en esta villa haga el oficio de verdugo por el tiempo de un año…”

Folio 193 libro de actas verdugo

Una picota estaba construida generalmente por una columna de piedra  sobre una base formada por cuatro o cinco gradas, también de piedra, donde se exponían a los condenados por la Justicia. La columna disponía en su parte superior de unas barras de hierro forjado a modo de perchas y en su cabeza una cruz, también de hierro. No cabe duda que esta cruz metálica en una zona abierta del pueblo podía atraer a los rayos, y si esto ocurría la picota quedaba muy dañada o destruida. ¿Ocurrió esto en Alcázar de San Juan poco antes de la escritura de la Segunda Parte del Quijote o es una crítica irónica de Cervantes hacia esta forma de exposición pública de los condenados?

3. Encontrarse en el Camino de Toledo a Murcia. Alcázar de San Juan es atravesada por una de las variantes, la sur, de este importante camino.

Alcazar en el camino de Toledo a Murcia detalle4. Disponer de una fuente en la plaza. Alcázar de San Juan, con dos mil vecinos, unos 8.000 -10.000 habitantes, en tiempos de la escritura de la Primera Parte del Quijote, se abastecía de agua de varios pozos de agua dulce en sus afueras, como de pozos particulares. En el noreste de ella contaba con un pozo conocido como del Vallejo que en 1602 se decide ampliar para abastecer con más agua a la villa. En 1616 los alcaldes y regidores toman la decisión de hacer ampliaciones en este pozo con las aguas de otro pozo cercano, conocido como de Huerta de Montoya, por la demanda de agua de sus vecinos que el pozo del Vallejo no puede abastecer. Al margen de este acuerdo se indica que es para la “fuente de la plaza”. Es significativo que en la villa de Alcázar se tiene necesidad de agua para la fuente de la plaza, por estar secándose el pozo del Vallejo, tomándose decisiones en 1616 para intentar solucionarlo. Esto ocurría en Alcázar de San Juan un año después de escribir Cervantes “… la fuente de la plaza se secó…”. La fecha exacta de la construcción de la canalización desde el pozo de Vallejo y Huerta Montoya hasta la plaza debió ser entre los años 1610 y 1615, coincidente con el desparecido libro de Actas y acuerdos municipales.

fuente de la plaza

5. Arroyo entre el norte y el este de la villa. Desde Aragón, el camino que debía de traer el paje de la duquesa es pasando por Cuenca, Villaescusa de Haro, Mota del Cuervo y dejando atrás Campo de Criptana entrar por el camino de Toledo a Murcia a la villa de Alcázar. Por el término de Alcázar de San Juan discurrían varios arroyos, uno de ellos, conocido como Arroyo de la Mina, recogía aguas en los cerros del Tinte y Las Fontanillas, situados al norte, y lamiendo el este de la villa se cruzaba en sus afueras con el Camino de Murcia.

plano de alcazar y arroyo mina

Este Camino a Murcia salvaba el arroyo por medio de un puente que se ha conservado hasta casi finales del siglo XX. En 1849, se acordaba, de nuevo, la reparación de “… la puente que hay en el camino llamado de Murcia sobre el arroyo de la Mina…”

puente sobre arroyo camino murcia

6. El camino de El Toboso tiene un cerro que impide ver la villa de Alcázar. La villa de El Toboso y la de Alcázar tenían, y tienen, un camino derecho que unía ambos lugares.

cuesta foto

Viniendo desde El Toboso, como lo hacía don Quijote y Sancho Panza sin ver desencantada a Dulcinea, nos encontramos el comienzo de una cuesta a unos 3,5 kilómetros antes de llegar a Alcázar, salvando 15 metros de desnivel en 600 metros de camino. Esta cuesta, entre dos cerros, impide la visión urbana de la ciudad hasta que no se llega a su cresta. Este pequeño relieve es parte de los Cerros del Vallejo, donde durante los siglos XVIII-XX se instalaron molinos de viento en ellos.

Con las curvas de nivel de las hojas MTN25 del Instituto Geográfico Nacional he realizado este perfil del camino, en el que se observa la cuesta que impide ver Alcázar de San Juan desde el camino.

perfil de la cuesta

El perfil del camino y la imagen de Alcázar de San Juan cuando se salva  este pequeño desnivel coinciden exactamente con el texto:

“… subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho se hincó de rodillas… Déjate desas sandeces, dijo don Quijote, y vámonos con pie derecho a entrar en nuestro lugar… Con esto, bajaron la cuesta y se fueron a su pueblo” dQ2, 72.

7. El camino de El Toboso atraviesa unas eras de trillar antes de entrar al pueblo por un “pradecillo”. Alcázar de San Juan, como la gran mayoría de los pueblos manchegos, contaba alrededor de sus límites urbanos con eras donde los labradores trillaban el cereal. En el Libro Seglar guardado en el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan, que da origen a las respuestas de la villa, enviadas en el año 1753, al Catastro mandado hacer por el Marqués de la Ensenada, se relacionan las eras que los agricultores disponían. Hay que tener en cuenta que aunque las Relaciones de 1575 de Alcázar se perdieran, esta villa conservaba el mismo número de vecinos en 1750, “Dos mil vecinos, poco más o menos”, entre ocho y diez mil habitantes, y los mismos recursos socioeconómicos.

eras del pradillo

La mayoría de las eras se concentraban en la parte noreste de la villa, en el paraje que se conocía como “pozo nuevo”. Este paraje limitaba al oeste con los caminos de La Puebla y Quero, y era  atravesado por el camino de Miguel Esteban-Quintanar-El Toboso. Poco más cerca, junto a la entrada de la villa, había otras eras en el paraje conocido como “el pradillo”. Felipe Díaz Carrascosa dice tener: “Item una hera pan trillar en las del pradillo contiguo a esta Población…”

hera folio 818

Cervantes podría haber omitido la imagen de las eras y el “pradecillo” en la bajada del camino de El Toboso y el relato de la entrada al pueblo sería el mismo. Esta misma imagen se podía ver en Alcázar hasta el comienzo de la construcción de la estación de ferrocarril, en la segunda parte del siglo XIX, y por tanto de la expansión urbana de esta parte de la ciudad, que cambió su imagen anterior. Una imagen tan sencilla de Alcázar de San Juan, como son sus eras y un pradillo junto al camino de El Toboso, sin duda fue vista alguna vez por Cervantes y utilizada como imagen de la llegada de don Quijote a su pueblo.

8. Los molinos de viento de Campo de Criptana al este de la villa. Alcázar de San Juan, villa de la Orden de San Juan en tiempos de Cervantes, tiene al este la villa de Campo de Criptana, de la Orden de Santiago. En medio de ellas estaba la frontera entre ambas jurisdicciones religiosas y por tanto la posibilidad de construir molinos de viento en el término de Campo de Criptana, que cuenta con muchos cerros y sierras. Alcázar de San Juan, en tiempos de la escritura del Quijote, no contaba con ningún molino de viento, y, sin embargo, en Campo de Criptana el número de molinos construidos se elevó considerablemente, no solamente para moler su grano sino para el de los labradores de los pueblos vecinos de la Orden de San Juan, evitando estos el largo camino hasta los molinos de Ruidera.

Alcazar y los molinos mapa

9. El lugar de don Quijote dispone de varios ríos, donde se pesca. Este recurso hídrico, tan inusual en la Mancha y más en esta comarca cervantina, es solo posible apreciarlo en el término de Alcázar de San Juan.

Junta de los ríos_fotoLM.

Los ríos Guadiana, Záncara y Gigüela se juntan en lo que hasta hoy se conoce como “La Junta de los ríos”, algo más adelante, en la línea con el término de Herencia, se junta también el río Amarguillo. Hoy es posible ver esta espectacular imagen solo los años de alta pluviometría, muy escasos actualmente.

mapa junta de los rios

Sancho y un vecino suyo, éste disfrazado de escudero del Caballero del Bosque, en una larga conversación entre escuderos, éste le pregunta a Sancho:

“… qué escudero hay tan pobre en el mundo, a quien le falte un rocín, y un par de galgos, y una caña de pescar, con que entretenerse en su aldea? -A mí no me falta nada deso, respondió Sancho, verdad es que no tengo rocín: pero tengo un asno, que vale dos veces más que el caballo de mi amo” dQ 2, 13.

Pocos vecinos de esta comarca podían declarar abiertamente su afición a la pesca en sus ríos, o su necesidad para completar la maltrecha despensa familiar. La mayoría de pueblos de esta comarca cervantina declaran en sus Relaciones Topográficas de Felipe II que no hay pesca en su término o la que hay es muy mala y no se consume.

Detalle pesca actas 1599-1609

En tiempos de la escritura del Quijote, debido a que muchos vecinos pescaban en sus ríos para vender la pesca, los alcaldes y regidores de la villa de Alcázar de San Juan, el 20 de febrero de 1602, acordaron:

 “… que se identifique a todas las personas que pescan en los ríos que están en el término de esta villa que acuda a ella con toda la pesca que tomaron de los dichos ríos para la provisión de esta villa. Sin que sean osados a vender la pesca en esta villa. So pena de seiscientos maravedíes…”.

            Como iniciaba este artículo: “El Quijote puede parecer al inicio de su lectura un laberinto geográfico, pero después de familiarizarse el lector con su medio físico y humano deja de serlo”.   Así, con las sencillas descripciones de los caminos que entran y salen del lugar de don Quijote, la disposición de la plaza, el arroyo y el camino a Murcia, las eras… que se desprenden de la lectura entretenida de la novela, es posible incluso definir en la villa de Alcázar de San Juan hasta el barrio o distrito de ella donde vivían sus vecinos Alonso Quijana y Sancho Panza, a principios del siglo XVII y que hoy ha quedado integrado en el núcleo urbano de la ciudad. Pero esto es materia para otro artículo, ¡harina de otro costal!, como diría nuestro vecino Sancho.

            Ser y, lo más importante, vivir en esta parte de la Mancha es un gran  privilegio para quienes afirmamos que el origen geográfico del Quijote está aquí, y más comprobando cómo Alcázar de San Juan cumple con todas las descripciones que del lugar de don Quijote hace Cervantes, ¿pueden decir esto mismo los defensores de los lugares de Argamasilla de Alba, Esquivias, Mota del Cuervo, Villanueva de los Infantes, etc. que pretenden también serlo?

               El Quijote es una obra de ficción, pero para que sus lectores del siglo XVII lo estimaran, y lo compraran, lo hizo creíble, poniendo a los nuevos héroes, tipos normales, sobre caminos y parajes reales, siendo esta nueva forma narrativa uno de los grandes aciertos de Cervantes, creando así lo que muchos han llamado la Novela Moderna. Hoy este paisaje del Quijote aún es posible reconocerlo, aunque es tan simple que puede pasar desapercibido. La llanura, el horizonte, la luz de esta parte de la inmensa Mancha no han cambiado, como tampoco la idiosincrasia del manchego. Si la imagen del lugar de don Quijote, del que no quiso acordarse de su nombre Cervantes, la he actualizado a un lugar de hoy, Alcázar de San Juan, lo mismo estoy haciendo con la de los caminos y parajes por los que Rocinante dejó sus huellas, y que aún no se han borrado.

            ¿Paisaje borroso, confuso o inexistente en el Quijote? A la mirada del simple lector del siglo XXI puede parecer inicialmente el paisaje del Quijote algo borroso por el paso del tiempo, pero nunca se puede confundir con otros paisajes o definirlo como inexistente. La sencillez del paisaje manchego carece de deslumbrantes hitos que nos orienten fácilmente y nos puede presentar alguna duda de orientación. Sin embargo, sus primeros lectores no tuvieron duda alguna sobre el territorio descrito porque la percepción que tenían del paisaje era similar a la del autor. No es posible tener hoy la misma percepción que la que tenían entonces, pero sí podemos ver casi lo mismo que ellos, y Cervantes, veían.

        Lo anterior, sobre la percepción del paisaje manchego, no es solo una particularidad del Quijote. Hace cien años Azorín pasó por esta misma comarca y la descripción del paisaje y paisanaje que hace no la percibimos hoy de la misma manera que la percibieron sus primeros lectores. Dentro de trescientos años habrá quien ponga en duda la geografía que describe, incluso su viaje, no les quepa duda. Azorín escribió para los lectores de El Imparcial en 1905. Solo el éxito de sus artículos en el periódico hizo posible la edición de todos juntos en La Ruta de Don Quijote y que podamos seguir leyéndolos hoy. Han pasado poco más de cien años y ya comienza a ser dificultoso ver lo que Azorín vio.

            Y no hace ni cinco años el también periodista y escritor Julio Llamazares hizo un recorrido similar, pero mucho más extenso que acabó en Barcelona, y pasó por esta comarca cervantina. La empresa tuvo un inicio parecido a la de Azorín, siendo un encargo del subdirector del periódico El País. Llamazares escribe treinta crónicas acompañadas con magníficas fotografías de José Manuel Navia, publicadas en el periódico en 2015. Un año después con el título El viaje de don Quijote se recopilan también todas juntas, pero sin las imágenes, perdiéndose ya una gran parte de la percepción del paisaje, ¡hoy que una imagen vale más que mil palabras!

foto de Navia

            Llamazares ha pensado y escrito este libro de viajes para sus lectores de hoy. Para mí, que casi reconozco cada rincón de los que describe, y para quienes vivan muy lejos de aquí puedan tener una imagen de esta tierra, sin conocerla físicamente. No duden que dentro de cuatrocientos años también habrá quien ponga en dudas que Llamazares ha estado, vivido, comido y dormido en esta tierra, y pondrán como argumento que: ¡no hay documentos que lo justifiquen! (mi consejo a El País: guarden celosamente  las facturas de las comidas, hoteles, peajes, etc que ha hecho Llamazares en su viaje durante, al menos, los próximos cuatrocientos años). También vacilarán de la imagen que de la Mancha hace, e incluso habrá quienes afirmen que la imagen puede ser de cualquier parte de Castilla (si es que así se llama todavía). Le demandarán que debería haber tenido más nitidez, exactitud, etc. en sus crónicas, y, Llamazares y Navia, desde donde se encuentren, se partirán de la risa con todo esto, recordando cómo vivieron y disfrutaron de sus jornadas durante su viaje por la Mancha de don Quijote, como lo estará también haciendo ahora don Miguel en su reposo, ya reposado, en las Trinitarias de Madrid.

            Solo un pequeño ejemplo de todo esto, y muy sencillo. Así describe Llamazares un rincón de mi ciudad, Alcázar de San Juan: “En la iglesia mayor del pueblo, de proporciones catedralicias y con trazas de haber sido una mezquita anteriormente (hay restos en sus paredes de yesos árabes), el sacristán, que está más versado…”. Si dentro de cuatro siglos, o quizá no tantos, sigue en pie la iglesia actual de Santa María La Mayor, que lo estará, habrá quien contemplándola dude de la descripción de Llamazares sobre sus “proporciones catedralicias” comparándola con cualquier catedral, e incluso que un simple sacristán tuviese amplios conocimientos de Historia. Yo fui bautizado en esta vieja iglesia, para mí sí es mi “catedral” y Paco es el “versado” sacristán.

Santa María

             Las imágenes claras, nítidas del paisaje y paisanaje de la Mancha, que Azorín y Llamazares han dejado a sus lectores coetáneos, serán un nuevo laberinto para los lectores del siglo XXV, no me cabe la más mínima duda.

            En el siglo XXV la organización político-administrativa de España (si es que se sigue llamando así) será muy distinta a la de hoy, pero siempre seguirá habiendo un gran espacio sin límites claros, como era a principios del siglo XVII, entre el río Tajo y Sierra Morena (si es que se siguen llamando así), y entre Extremadura y la región de Murcia y Valencia (si es que se siguen llamando así) que le llamen la Mancha de don Quijote. Y por ella seguirá caminando Rocinante, cabizbajo, parsimonioso, y habrá quienes, como hoy yo, quieran ir detrás de sus inmortales huellas por estos caminos manchegos. Y otros lectores afirmarán que no es posible que esta geografía existiese hace tantos siglos, será su opinión, ellos se lo perderán, como hoy se lo pierden cuantos niegan la realidad geográfica del Quijote.

                                                                      Luis Miguel Román Alhambra

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EL CAMINO DE TOLEDO A MURCIA POR LA COMARCA DE DON QUIJOTE

          En la primera salida que don Quijote hace desde su pueblo, cabalga todo el día por un camino, “sin acontecerle cosa que de contar fuese”, hasta que llega a una venta, al final de la tarde. Don Quijote cree que ha llegado a un castillo y, después de mal cenar, velar sus armas y pelearse con arrieros, es armado caballero por el ventero, fingiendo este ser el señor de tal castillo. Poco antes de salir el sol toma la determinación de volver a su pueblo y seguir los consejos del propio ventero:

            “La del alba sería, cuando don Quijote salió de la venta tan contento, tan gallardo, tan alborozado, por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo. Mas viniéndole a la memoria los consejos de su huésped; cerca de las prevenciones tan necesarias que había de llevar consigo, especial la de los dineros, y camisas. Determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero: haciendo cuenta de recebir a un labrador vecino suyo, que era pobre, y con hijos: pero muy a propósito para el oficio escuderil, de la caballería.” dQ1, 4.

           De camino a casa y después de su primera aventura como caballero andante, creyendo haber librado de los azotes de su amo a Andrés, “contentísimo de lo sucedido, pareciéndole que había dado felicísimo, y alto principio a sus caballerías”, don Quijote sigue caminando. Llega a un cruce de caminos donde deja al libre albedrío a Rocinante, el cual, lógicamente, “fue el irse camino de su caballeriza… Y habiendo andado como dos millas, descubrió don Quijote un gran tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia”.

           Una de las vías de comunicación más importantes de la época en España, la que unía la ciudad de Toledo y la de Murcia, y con el puerto de Cartagena, es nombrado implícitamente por Cervantes como uno de los escenarios del Quijote, siendo este camino el que don Quijote había tomado en su primera salida de su casa y el mismo por el que se comienzan las aventuras de su segunda salida, esta vez ya con Sancho Panza como escudero: “Acertó don Quijote a tomar la misma derrota, y camino, que el que él había tomado en su primer viaje …” dQ1, 7.

           Este camino atraviesa el pueblo de don Quijote. Para que don Quijote accediera a dejar las entrañas de Sierra Morena el cura ingenia un plan con una nueva aventura para su vecino, que no era otra que Dorotea se hiciese pasar por una princesa que lo buscaba para que la acompañase a su reino, pasando necesariamente por su pueblo, manteniendo el cura y Dorotea esta conversación con la intención de que fuese escuchada por don Quijote:

           “Y antes que ella respondiese, dijo el Licenciado: -Hacia qué reino quiere guiar vuestra señoría, es, por ventura hacia el de Micomicón, que sí debe de ser, o yo sé poco de reinos? Ella que estaba bien en todo, entendió que había de responder, que sí, y así dijo: -Sí, señor: hacia ese reino es mi camino. -Si así es, dijo el Cura, por la mitad de mi pueblo hemos de pasar, y de allí tomará vuestra merced la derrota de Cartagena, donde se podrá embarcar con la buena ventura;…” dQ1, 29

           En la época de Cervantes ya existían guías de caminos en las que los viajeros podían consultar por qué lugares iban a pasar y las distancias entre ellos, y así poder organizar sus jornadas y descansos. Una de ellas, la más conocida, era el Reportorio de todos los caminos de España realizado por Pedro Juan Villuga en 1546. Villuga relaciona los siguientes lugares de paso en el camino de Toledo a Murcia: Nambroca, Almonacid, Tembleque, Villacañas, Molinillo, Miguel Esteban, El Toboso, Manjavacas, Las Mesas, Provencio, Minaya, La Roda, La Gineta, Albacete…

facsímil Camino Toledo a Murcia

Camino Toledo a Murcia Villuga

           En el mapa anterior está marcado el itinerario y los lugares de paso que desde Toledo hacia Murcia se atravesaban en esta parte de la Mancha, según Villuga. Treinta años después de la publicación de este Reportorio, en 1578, “los pueblos de estos reinos” tuvieron que contestar a la Instrucción y Memoria de las Relaciones que se han de hacer y enviar a S. M. para la Descripción y Historia de los pueblos de España, que manda hacer el rey Felipe II. Una de las cuestiones a responder es “Si el pueblo fuere pasajero, en qué camino real estuviese…”. No todos los lugares cumplieron con este requerimiento y algunos que sí lo hicieron se perdieron los documentos con sus respuestas. De los lugares que se encuentran en este itinerario de Villuga se conservan las respuestas de:

            -Almonacid: “Al capítulo cincuenta y cinco respondieron que esta este lugar en el paso por donde vienen los que van a Toledo desde el priorazgo de San Juan y la Mancha, pero no es lugar pasajero”

           -Tembleque: No responde a esta pregunta.

           -Villacañas: No responde a esta pregunta. En la 45 dice que “… los portazgos y peajes son del prior de San Juan, valen poco”.

           -Miguel Esteban: “Al cincuenta y cinco capítulos se responde que el dicho pueblo es pasajero de Toledo a Valencia, e de Alcarria e Vizcaya a el Andalucía, e no hay ventas, porque los pueblos de la comarca estan cerca unos de otros”

           -El Toboso: “Esta en el camino que de Toledo va a Murcia, y no hay venta alguna en su comarca”

           -Las Mesas: “A los 55 capítulos… dicen: que no pasa por el otro camino real sino es de Toledo a Murcia, y que no hay venta ninguna en el camino por estar cerca de aquí los pueblos a un cabo y al otro”.

           -El Provencio: No responde a esta pregunta.

           -La Roda: “… siendo el paso derecho y ordinario desde Cartagena, Murcia e Valencia a Toledo y Castilla la Vieja…”

           Además, de estos pueblos, en esta parte central de la Mancha hubo otros lugares que también contestaron que estaban en el Camino de Toledo a Murcia, por lo que este camino tenía en esta parte del territorio manchego varias variantes muy similares en su longitud:

           -Villa de Don Fadrique, como Puebla de Almoradiel, está nombrado en el camino de Santiago a Alicante, pasando por Toledo. Contesta así: “Por la villa pasan los que van de Toledo a Montiel, a Murcia y a Cartagena, y de Toledo a Madrid”.

           -El Pedernoso: “Respondese a este: que esta villa es pueblo pasajero, porque desde los puertos de Cartagena, Alicante y Valencia, vienen a pasar por esta villa para ir a Toledo y a Madrid; y tambien pasan por esta villa las gentes de Cuenca e Güete para ir a Granada y al Andalucia, y otras partes”

           -Las Pedroñeras: “Dixeron: que esta en el camino real que va de Tolledo y Madrid a Murcia, y que es pangado de soldados de tamanera que antes se despuebla que puebla”

           -Madridejos: “Por esta villa pasan los carreteros y caminantes que vienen de Murcia a Toledo y los que vienen de Madrid para Granada, y en su término no hay venta ninguna”.

           -Camuñas: “No es pueblo muy pasajero, aunque esta en el paso de los carros que van de Toledo a Murcia e a Valencia”

            -Villafranca de los Caballeros: “A los cincuenta y cinco dijeron que esta villa es algo pasajera de carros que van de Cartagena, Almansa y Murcia a la ciudad de Toledo”.

            Los pueblos de Villafranca de los Caballeros, Camuñas y Madridejos están relacionados por Villuga en el itinerario o Camino de Alcázar (tiene el nombre equivocado) a Toledo, continuando por Mora y Mascaraque hasta unirse en Nambroca al Camino de Murcia a Toledo.

Facsímil Camino de Cuenca a Alcázar

            -Campo de Criptana, contesta: “Esta villa es pasajera de carros que van de los reinos de Valencia y Murcia a Toledo, y de Toledo a los dichos reinos, y de Cuenca a la parte de cierzo de esta villa. Es pasajero para el Andalucía y reino de Granada”. A la pregunta 22, “Los molinos y aceñas, y los barcos y puentes señalados que en los dichos ríos y términos del dicho lugar hubiese, y los aprovechamientos de ellos, y cuyos son”, responden que: “Hay una puente en este río de Záncara a una legua de esta villa; está por acabar, hízola esta villa. Que vienen en tiempo que corre el río, que vienen a pasar por ella los carreteros que vienen de los reinos de Murcia y Valencia a Toledo, y de Toledo a estos dos reinos…” Este puente es el conocido como “la puente de San Benito”.

            -Socuéllamos: “Está la villa de Socuéllamos en el camino que va del maestrazgo de Calatrava a la serranía de Cuenca y reinos de Murcia y Valencia, y ansimismo desde el reino de Murcia acostumbran a pasar mucho por esta villa al reino de Toledo; es ansimismo por donde van desde la Alcarria y tierra de Huete al reino de Granada”

            En España no hay un proyecto de cartografiar la geografía española con base matemática hasta que por Real Decreto de 20 de agosto de 1859 se disponen los procedimientos de triangular tanto el perímetro de las costas como de cada una de las provincias españolas. En 1870 se crea definitivamente el Instituto Geográfico Nacional, publicándo en 1875 la primera hoja del Mapa Topográfico Nacional, correspondiente a Madrid. Decenas de topógrafos realizan los trabajos de planimetría y altimetría por toda España, anotados a escala 1:25.000 en lo que se conoce como Minutas que después darían cuerpo a cada hoja del MTN50 (Mapa Topografico Nacional 1:50.000). Revisando los lugares de paso definidos por Villuga y por las Relaciones, en ninguna de las Minutas de los pueblos de esta parte central de la Mancha se puede leer “Camino de Murcia”, a excepción de las dibujadas de los términos de Alcázar de San Juan y Campo de Criptana.

Minuta de Alcázar

Minuta de Campo de Criptana            En la Minuta de Campo de Criptana el Camino de Murcia cruza el río Záncara por la puente de San Benito, tal y como leemos en sus Relaciones: “Hay una puente en este río de Záncara a una legua de esta villa; está por acabar, hízola esta villa. Que vienen en tiempo que corre el río, que vienen a pasar por ella los carreteros que vienen de los reinos de Murcia y Valencia a Toledo, y de Toledo a estos dos reinos…” Este puente era utilizado por los viajeros procedentes de Toledo, que utilizando el itinerario de Toledo a Alcázar de San Juan iban a Murcia por Socuéllamos, o viceversa. Por Alcázar de San Juan pasaba el camino procedente de Toledo, y a su salida, cruzado el arroyo Mina, como a un kilómetro este camino se dividía en dos, hacia Campo de Criptana y a Socuéllamos por el Camino de Murcia vadeando el río Záncara por la puente de San Benito.

Camino de Toledo a Murcia con todas las variantes           Por Campo de Criptana “… pasajera de carros que van de los reinos de Valencia y Murcia a Toledo…” pasa también el itinerario de Alcázar a Cuenca, también relacionado por Villuga. Este camino antes de llegar a Mota del Cuervo se cruza con el Camino de Toledo a Murcia formando otra variante más a este. Este importantísimo cruce de caminos era muy conocido por los viajeros en la época de la escritura del Quijote. Hoy casi pasa desapercibido, nada indica su situación estratégica en esta parte de la Mancha.

Cruce de caminos            Coincidiendo con la comarca cervantina del Quijote, delimitada por los lugares, nombrados en la novela cercanos al lugar de don Quijote y con relación directa con los personajes, de Tembleque, Quintanar de la Orden, Argamasilla de Alba y Puerto Lápice, el Camino de Toledo a Murcia relacionado por Villuga tenía varias variantes, de la misma longitud y dificultad, por lo que cada viajero elegía el camino según sus necesidades, intereses comerciales o gustos. No existían ventas en esta comarca “porque los pueblos de la comarca estan cerca unos de otros” (Miguel Esteban), a excepción de una venta existente en el pequeño núcleo de Manjavacas, en el término municipal de Mota del Cuervo, como así lo dejan contestado en sus Relaciones:

            “Al capítulo veinte e cinco dixeron: que en esta villa hay una casa de la Encomienda de la Torre Vejezate, que agora posee el marqués de Aguilar, y una legua de esta villa hay otra casa de la dicha Encomieda, que sirve de venta, y en ella tiene un portazgo la dicha Encomienda, que esta donde dicen Manjavacas, juridiscion de esta villa”.

Camino Toledo a Murcia y comarca con molinos y venta           El Camino de Toledo a Murcia es el escenario real de algunas de las aventuras, o desventuras, de nuestro hidalgo manchego. Por él saldrá por primera vez “una mañana, antes del día” en dirección hacia el este, hacia Murcia, llegando al anochecer a una venta que estaba “no lejos del camino por donde iba”, regresando a casa el día siguiente por el mismo camino. Libera, o eso cree que hace, al pastor Andresillo de su cruel amo, “Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar”, y llega a un cruce de caminos, donde el libre albedrío de Rocinante le hace seguir el “camino de su caballeriza”, para poco después tener el infortunio de encontrarse con los mercaderes toledanos y su pendenciero mozo de mulas que lo dejó mal herido. Por “la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje” volverá a salir por segunda vez, ya con su inseparable Sancho, de nuevo hacia el este. Salen en mitad de la noche de su pueblo encontrándose al poco de amanecer con los molinos de viento de Campo de Criptana.

           En esta comarca cervantina, marcada en el mapa anterior, está el origen geográfico de las aventuras del Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. En ella está el Camino de Toledo a Murcia, donde comienzan sus dos primeras salidas, la venta donde es armado caballero, el monte donde pastaban las ovejas del ganadero de Quintanar, el cruce de caminos donde Cervantes otorga importancia a un simple caballo, Rocinante ¡el mejor actor secundario que ha dado la literatura!, los espectaculares molinos de viento de Campo de Criptana y el lugar de Dulcinea, El Toboso, tan cercano al de don Quijote, hacia el que se dirige en su tercera y última salida, esta vez ya no por el Camino de Toledo a Murcia sino por el “camino del Toboso” que los unía.

            Una variable geográfica del Quijote muy poco comentada o anotada está en este camino. Si don Quijote sale de noche por segunda vez de su pueblo por “la misma derrota y camino” que la primera, viendo los “treinta o cuarenta molinos de viento” al amanecer, ¿cómo es posible que en su primera salida, ya de día, no vea esta singular imagen? ¿Otro descuido de Cervantes, o verdaderamente coincide con una condición expresa de este camino a su paso por el lugar de don Quijote? Observando el mapa anterior pocas dudas hay.

            Hay autores que afirman que Cervantes no describe el paisaje, los parajes y escenarios de sus aventuras o el mismo territorio de la Mancha. El cervantino Camino de Toledo a Murcia y sus particularidades en esta comarca cervantina de la Mancha evidencia todo lo contrario.

                                                                                       Luis Miguel Román Alhambra

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“EN CADA TIERRA SU USO”

dQ y Rocinante_Vierge

          “—Señor —respondió Sancho—, en cada tierra su uso: quizá se usa aquí en el Toboso edificar en callejuelas los palacios y edificios grandes; y así, suplico a vuesa merced me deje buscar por estas calles o callejuelas que se me ofrecen: podría ser que en algún rincón topase con ese alcázar, que le vea yo comido de perros, que así nos trae corridos y asendereados.” dQ2, 9.

          “En cada tierra su uso”. Cuando se analiza el Quijote a hay quienes lo interpretan sin tener en cuenta el uso y significado que de las palabras se hace en cada territorio, e incluso entre localidades muy cercanas. Para poner un ejemplo significativo del uso de una palabra en español con significados distintos en la frase que la contiene según la lea un español o un mexicano bien puede valer “cogió” en estas dos frases del Primer Quijote: “…que, según él puso los pies en polvorosa y cogió las de Villadiego…”, y “… más el barbero hizo de suerte que el cabrero cogió debajo de sí a don Quijote”.

          “En cada tierra su uso”. Pero en esto de interpretar o analizar el Quijote hay quienes desconociendo el uso del lenguaje o intencionadamente para “acercar el ascua a su sardina” han utilizado el texto del Quijote para intentar sembrar dudas sobre la cercanía de El Toboso con el lugar de don Quijote, según Cervantes “tan cerca” uno del otro.

          Me refiero a la tercera salida de don Quijote y Sancho Panza de su pueblo hacia El Toboso. Una vez decidido que irían al lugar de Dulcinea antes de continuar su camino hacia Zaragoza “… al anochecer, sin que nadie lo viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso”. Salen de su pueblo casi entrando la noche de un mes de abril, en el que la noche y el día casi tienen la misma duración. Cuando el bachiller Sansón Carrasco se despide de ellos, volviéndose al pueblo, don Quijote y Sancho “tomaron la de la gran ciudad del Toboso” dQ2, 7.

          Y entramos aquí en el capítulo VIII de la Segunda Parte, “Donde se cuenta lo que le sucedió a don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea del Toboso”. El narrador, Cervantes, tiene aquí cuidado en indicarnos que el camino que ahora llevan no es el mismo que el tomado las dos anteriores salidas: “persuádeles que se les olviden las pasadas caballerías del ingenioso hidalgo y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel”.

          Al poco de haberse quedados solos en el camino le dice don Quijote a Sancho: “-Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar y con más escuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga, y allí tomar la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea”

          Ya es casi noche cerrada en la Mancha y don Quijote la observa como un obstáculo para poder llegar a El Toboso “con el día”, al amanecer. Su cálculo e intención es claro, caminar toda la noche, 10 o 12 horas, para entrar en El Toboso en las primeras horas del día siguiente. No dice explícitamente que se parasen a pasar la noche, pero tenemos que tener en cuenta que cuando Cervantes quiere que la aventura se siga desarrollando por la noche lo indica explícitamente, como por ejemplo:

           “Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse, si no fue que en ella acabó Sancho su tarea, de que quedó don Quijote contento sobremodo, y esperaba el día por ver si en el camino topaba ya desencantada a Dulcinea su señora; y siguiendo su camino no topaba mujer ninguna que no iba a reconocer si era Dulcinea del Toboso, teniendo por infalible no poder mentir las promesas de Merlín”. dQ2, 72

          Sancho no contradice a don Quijote en la estimación de tiempo a emplear, ni en la contrariedad de la poca luz que la luna aporta al camino, al contrario, asiente las afirmaciones de don Quijote con un “Yo así lo creo”. El narrador nos cuenta, durante casi todo este capítulo VIII, las distintas conversaciones que durante la noche y el día siguiente tienen amo y escudero. Terminando el capítulo con el siguiente párrafo:

          “En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese, de que no poco le pesó a don Quijote. En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabía la casa de Dulcinea, ni en su vida la había visto, como no la había visto su señor; de modo que el uno por verla y el otro por no haberla visto estaban alborotados, y no imaginaba Sancho qué había de hacer cuando su dueño le enviase al Toboso. Finalmente, ordenó don Quijote entrar en la ciudad entrada la noche, y en tanto que la hora se llegaba se quedaron entre unas encinas que cerca del Toboso estaban, y llegado el determinado punto entraron en la ciudad, donde les sucedió cosas que a cosas llegan”

          Don Quijote y Sancho pasan la noche a poco más de media legua de su pueblo, al dejarlos Sansón Carrasco, hablando entre ellos, emprendiendo el camino al alba del día siguiente, al amanecer, siguiendo entre ellos “estas y otras semejantes pláticas” hasta el final del día que ven El Toboso. El mismo tiempo que pensaba tardar por la noche don Quijote, lo tardan por el día del día siguiente al que salieron. La jornada de unas 10 a 12 horas por la noche la realizan por el día, llegando “al anochecer”.

          “En cada tierra su uso”. Este pasaje es meridianamente claro para un español y manchego como yo. La distancia que separa el lugar de don Quijote y Sancho con el de Dulcinea, El Toboso, es de una jornada a caballo aproximadamente, de noche o de día.

          Cervantes quiere dar a las aventuras de don Quijote una credibilidad en el espacio, o escenario escogido, y en el tiempo, incluso con las historias, novelas, cuentos o anécdotas que tenía escritas y que acopla al guion de la novela quijotesca. Sus lectores, los del siglo XVII, conocen como él que una jornada a caballo es de unas 8 a 10 horas y que se recorre en estos caminos llanos de la Mancha, como en cualquier otro camino llano del mundo, una media de una legua por hora, aproximadamente 6 Km. También, Cervantes, quiere ralentizar el tempo de la acción, su héroe es viejo, “Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años”, y con casi cincuenta años, en aquella época, un hombre estaba en el final de su vida, y era muy delgado, “seco de carnes”, por lo que no podía subirlo en un caballo normal, y le busca un caballo acorde a sus facultades físicas y su imagen: Rocinante. Su viejo caballo, delgado como él, que “tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela…”. A la condición de caballo viejo, Cervantes, para transmitir una imagen casi penosa del héroe manchego, lo sube a horcajadas sobre un caballo inválido por la enfermedad equina de los “cuartos” y desde ese momento sus traslados por los caminos se ralentizan provocando así nuevas aventuras. Si por los caminos podía cruzarse con viajeros, como los mercaderes toledanos, con este genial recurso cualquier caballería alcanzaría en el camino al bueno de Rocinante. Así, por ejemplo, el Caballero del Verde Gabán o los asistentes a la boda de Camacho y Quiteria, le alcanzan y la aventura comienza siguiendo el mismo camino y dirección, aunque pidiendo siempre don Quijote que sus caballerías se amolden al paso cansino de Rocinante. ¿Cuánto más lento caminaba Rocinante? Cervantes quiere que ande la mitad, así le es fácil ajustar las aventuras a un espacio real durante toda la obra. Incluso nos detalla esta velocidad o condición física de Rocinante que ha empleado en toda la novela, es durante su combate en las playas de Barcelona con el Caballero de la Blanca Luna. El espacio que separa a ambos caballeros al inicio del combate es recorrido “dos tercios” por el caballo de la Blanca Luna y un tercio por Rocinante, justo la mitad, en el momento del derribo de don Quijote:

          “Agradeció el de la Blanca Luna con corteses y discretas razones al Visorrey la licencia que se les daba, y don Quijote hizo lo mesmo; el cual encomendándose al Cielo de todo corazón y a su Dulcinea, como tenía de costumbre al comenzar de las batallas que se le ofrecían, tornó a tomar otro poco más del campo, porque vio que su contrario hacía lo mesmo, y sin tocar trompeta ni otro instrumento bélico que les diese señal de arremeter, volvieron entrambos a un mesmo punto las riendas a sus caballos; y como era más ligero el de la Blanca Luna, llegó a don Quijote a dos tercios andados de la carrera, y allí le encontró con tan poderosa fuerza, sin tocarle con la lanza —que la levantó, al parecer, de propósito—, que dio con Rocinante y con don Quijote por el suelo una peligrosa caída” dQ2, 64.

            Volviendo a la distancia que separa los lugares de Dulcinea y don Quijote y la tardanza en cubrirla por don Quijote y Sancho. Rocinante en una jornada de noche o de día, 8 a 10 horas de camino, podía recorrer entre 4 y 5 leguas, la mitad que un caballo normal, entre 25 y 30 kilómetros. Esta es la distancia que separa ambos lugares.

            Pero, como en tiempos de don Quijote “andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y las vuelven según su gusto y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos”, y para justificar sus afirmaciones amoldan el texto cervantino a su antojo y libre albedrío. Por ejemplo, pero no es el único, para justificar que Villanueva de los Infantes es el lugar de don Quijote, el “equipo multidisciplinar” dirigidos por el señor Parra Luna publican en 2005 El enigma resuelto del Quijote, y en la página 105 podemos leer: “En consecuencia, y en una primera estimación parece quedar claramente establecido por Cervantes que tardaron en llegar una noche completa y dos días, …”, basándose en que el narrador dice “En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso…” después de “En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese”. Según estos señores don Quijote y Sancho, que conocen el camino, tenían intención de llegar a El Toboso una noche completa, tardan en llegar esa oscura noche, da igual que los animales se asustasen, el día siguiente, hablando entre ellos todo el tiempo y por fin les dan un descanso, ¡menos mal!, y vuelven a caminar otra jornada más, pero esta ya sin hablar entre ellos, no tenían ya de qué hablar. Lógicamente esta interpretación no se lo cree nadie, solo ellos y unos cuantos más que en sus trabajos sobre el Quijote quieren tergiversar el texto a su antojo.

          “En cada tierra su uso”. Parece que incluso los españoles damos distinta interpretación a las mismas palabras, pero no es así solo es el interés. Cualquiera en la época de Cervantes, con los medios de transporte existentes (a caballo, mula, burro o a pie) que fueron a quienes estaba destinada esta novela, entendió, sin releer el texto dos veces, que estaban estos lugares cervantinos “tan cerca” uno del otro como para tardar en llegar una jornada del flaco Rocinante, la de aquella noche, si la oscuridad le hubiese dejado caminar, o de día como realmente llegó a ser al día siguiente.

                                                                                          Luis Miguel Román Alhambra

 

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LA MANCHA VISTA POR ESQUIVEL

CAP 1. ERMITA DE SANTA ANA (EL TOBOSO)

Estado actual de la ermita            El Maestro Esquivel, cuando recibe el encargo del rey para “que anduviese por todos estos sus reinos mirando por vista de ojos todos los lugares”, tiene los mayores conocimientos matemáticos y cartográficos que en Europa existían en la mitad del siglo XVI. Construye para este trabajo una dioptra para medir ángulos horizontales, un gran limbo horizontal de madera graduado en 360º, similar a la que dibujó en 1550 Juan Rojas Sarmiento en su Commentariorum in Astrolabium, aunque la podemos imaginar aún más grande porque necesitaba, según las crónicas, una mula para su transporte.

medicion de angulos            El limbo estaba dividido en cuatro cuadrantes con puntos de origen que coincidían con los puntos cardinales: Septentrión (Norte), Meridiana (Sur), Oriente (Este) y Poniente (Oeste). Según podemos deducir de las anotaciones cada cuadrante lo dividió en dos partes de 45º y desde cada punto de origen a cada medio cuadrante lo dividió y numeró de 0º a 45º. Sobre el eje del limbo situó una aliada de pínulas, un visor. Para realizar la medida había que situar el instrumento en un punto, nivelarlo y orientarlo, haciendo coincidir el Septentrión del instrumento con el norte magnético por medio de una brújula. Dirigiendo el visor hacia un punto significativo, normalmente cerros cercanos o a las torres de las iglesias de los lugares visibles, Esquivel anotaba en su libreta de campo los grados de declinación con en punto de origen obtenido en la observación.

detalle de los papeles de esquivel-latitud-longitud-lugares            Para situar muchos lugares principales, en latitud y longitud exacta, Esquivel utiliza un astrolabio. Estos lugares serán los puntos fijos en el mapa desde donde trazar las líneas obtenidas en sus observaciones acimutales, y de esta manera triangularía todo el terreno, situando exactamente en un mapa cada uno de los lugares y puntos singulares como nunca hasta ese momento se había hecho en España.

            Con este voluminoso instrumento, además de brújulas, astrolabios y cuadrantes, sube a la torre de la iglesia de San Antón de El Toboso desde la cual divisa hacia el sur un cerro del que destaca una construcción perfectamente visible, es la ermita de Santa Ana. Para situarla orienta el instrumento y toma el ángulo que marca el visor anotando “… questa del Tovoso del md. Alpo. 3 gr. l ½.”. A 3º desde el sur hacia el oeste está el siguiente punto hacia donde se dirigirá con todo su equipo.

Torre de la iglesia El Toboso_camino            Cuatrocientos sesenta años después hago el mismo camino que el Maestro Esquivel hizo desde El Toboso. Salgo de la villa de Dulcinea por el Camino del Lugar Nuevo (Argamasilla de Alba). Durante un tiempo recorro parte del Tramo 1, De Toledo a San Clemente por El Toboso y Belmonte, de la mal planificada y peor gestionada RUTA DE DON QUIJOTE, inaugurada por la JJCC de Castilla-La Mancha en 2005 a bombo y platillo, y catalogada como Itinerario Cultural Europeo, hasta que por su deterioro y falta de mantenimiento a los pocos años fue retirada vergonzosamente de tan distinguida lista.

camino a santa ana            La ermita está siempre a nuestra vista y no es necesario ningún tipo mapa, solo hay que ir hacia ella, nos atrae como un imán. A medio kilómetro de llegar ya es visible el estado de total abandono. El Maestro Esquivel la tuvo que ver en su esplendor. Una construcción con planta de cruz latina de estilo renacentista, de gruesos muros de piedra y sillares en las esquinas, cubierta de teja árabe, sin duda le llamaría la atención en esta parte de la Mancha y tan apartada de El Toboso. La misma imagen de ella la guardó en su retina Miguel de Cervantes, ya que desde el camino que une El Toboso y Argamasilla de Alba, su visión es compañera de viaje durante muchos kilómetros.

Desconozco su propiedad, privada o pública, pero es lamentable su estado y los signos evidentes de haber sido expoliada. Hoy, entre sus piedras, entiendo por qué está en la Lista Roja del Patrimonio en peligro, elaborada por Hispania Nostra. Aún quedan dos arcos en pie, pero si nadie lo remedia estos caerán y con ellos buena parte de sus muros.

            Lo que sigue siendo fascinante es el paisaje de la Mancha desde este altozano de poco más de cuarenta metros de altura. Merece la pena subir a este pequeño cerro para contemplar 360º de horizonte manchego totalmente plano, el mismo horizonte que vio el Maestro Esquivel mientras montaba, nivelaba y dirigía su visor hacia los muchos lugares que desde aquí es posible divisar.

Detalle papeles desde santa ana            En el folio 211 de Los papeles de Esquivel están las anotaciones de las visualizaciones que desde este cerro se anotaron en 1555: Pedro Muñoz, Socuéllamos, Las Mesas, Mota del Cuervo, el castillo de Puebla de Almenara, Villanueva de Alcardete, Quintanar de la Orden, Miguel Esteban, La Puebla de Almuradiel, La Puebla [Villa] de Don Fadrique, Villacañas, la ermita de San Antón de Lillo y Villarrobledo. Un guía local le acompañó hasta este cerro y le indicó la dirección y nombre de los lugares que desde allí se llegaban a ver, que como podemos comprobar hay algunos a mucha distancia de este cerro, como Villarrobledo a 40 kilómetros.

Puebla Almuradiel_quintana

El Toboso-Mota

pedro muñoz

Virgen de Criptana

miguel esteban

            Estoy en la Mancha más cervantina, entre los cuatro lugares nombrados en el Quijote: Tembleque, Quintanar de la Orden, Argamasilla de Alba y Puerto Lápice, a un paso de El Toboso y de los molinos de viento de Campo de Criptana. Hoy el color de la Mancha, es verde y amarillo. Verde por las viñas que están terminando de madurar sus frutos y amarillo por los campos de cereal recién segados. Algún toque ocre desvela un peazo de tierra en barbecho. Dentro de unos meses estos colores serán otros muy distintos, no así su horizonte que seguirá siendo completamente plano, increíblemente plano. Este es el escenario principal del Quijote.

            Bajo de este suave altillo manchego y en pocos minutos llego a Alcázar de San Juan, el Alcázar de Consuegra que conoció el Maestro Esquivel, el Corazón de la Mancha de hoy. ¡Que privilegio tengo de vivir en esta comarca cervantina! Mi siguiente lugar, desde el que miraré el paisaje manchego, será al que el propio Esquivel se dirigió después de dejar esta ermita de Santa Ana de El Toboso en 1555, “a una puente questa en Zancara questa del Campo de Critana…”. “Una puente”, sí, en femenino, es la puente de San Benito, en Campo de Criptana.

                                                                                   Luis Miguel Román Alhambra

 

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LA MANCHA VISTA POR ESQUIVEL

                                                         A MODO DE PRÓLOGO

Detalle de Los Ppeles de Esquivel

          La imagen de la Mancha se percibe mucho mejor desde cualquiera de sus cerros y altillos. Durante dos años he ido añadiendo en este blog imágenes de una parte de ella vista desde los cerros San Antón (Alcázar de San Juan) y Montón de Trigo (Campo de Criptana). El primer domingo de cada mes subía a ellos y hacía una toma fotográfica hacia un mismo punto fijo, con el que habéis podido apreciar los distintos colores que la inmensa llanura de la Mancha dispone según la estación del año.

          Ahora comienzo un nuevo proyecto, similar a los anteriores pero muy itinerante. Recorreré la Mancha de cerro en cerro, de la misma manera que en la mitad del siglo XVI lo hizo Pedro de Esquivel, en su intento de hacer el primer mapa matemático de España.

           Las imágenes serán distintas a como él las vio, pero no la perspectiva física del terreno que sigue tal y como él la apreció y anotó. Alguna de estas mismas imágenes las pudo ver también Miguel de Cervantes en sus viajes y estancias por la Mancha y, al final casi de su azarosa vida, utilizarlas como escenario de las aventuras del ingenioso hidalgo manchego.

            El Maestro Esquivel, como se le conocía, no pasó por aquí por casualidad, lo hizo por encargo personal del rey Felipe II para emprender el tercer gran proyecto cartográfico puesto en marcha en el siglo XVI, y disponer de un mapa de España fiel a la realidad del territorio, pero, como los dos anteriores, quedó en el olvido a su muerte, o al menos eso parece.

Atlas Menor_Mercator           “Ya la comedia es un mapa, donde con un dedo distante verás a Londres y a Roma, a Valladolid y a Gante”, escribía Cervantes en El rufián dichoso. En tiempos de la escritura del Quijote un mapa era “… la tabla, lienço, o papel donde fe defcrive la tierra univerfal”, como lo definía Cobarruvias en su diccionario de 1611. Con más claridad lo hace el primer diccionario de la Real Academia Española, conocido como de Autoridades:

           Mapa: La descripción geográphica de la tierra, que regularmente fe hace en papel ò lienzo, en que fe ponen los lugares, mares, rios, montañas, y otras cofas notables, con las distancias proporcionadas, fegun el pitipié que fe elige, feñalando los grados de longitud y latitúd que ocupa el País que se describe, para conocimiento del parage ò lugar que cada cofa deftas ocupa en la tierra.

            Desde antiguo, el hombre ha querido conocer los territorios donde vivía, marcar sus límites y pertenencias, y conocer donde se encontraba en sus viajes y el rumbo a seguir. Y esto ha sido posible a través de las descripciones que de los territorios han hecho los geógrafos y cartógrafos, representándolos en un modelo a escala con correspondencia matemática entre la superficie terrestre y el mapa.

            España en el siglo XVI era un conjunto de reinos, condados, principados, ducados y señoríos, independientes entre sí, que reconocían a un rey que establecía, con sus consejeros, la política general. Pero el rey solo dominaba directamente la mitad del territorio, estando en manos de los grandes linajes la propiedad de amplias posesiones, por lo que necesitaba conocer todos los territorios, sus ciudades, caminos principales, puentes, puertos, accidentes geográficos, etc. a una escala manejable, pero con suficiente detalle. En este siglo hubo tres proyectos cartográficos desarrollados en España, por cartógrafos españoles, con la intención de hacer el mapa de ella, pero no fueron nunca acabados, o eso se cree. Es posible que se terminasen e incluso que hubiese otros mapas, pero el secretismo de los reyes y consejeros en ocultar sus posesiones, por el valor estratégico y militar, y la falta de grabadores e impresores especializados en España, que llevasen a la estampa los dibujos de los cartógrafos, ha hecho que no dispongamos hoy de ninguno. Estos tres grandes proyectos españoles del siglo XVI son: la Descripción y Cosmografía de Hernando Colón, el Atlas de El Escorial y el Mapa de Esquivel.

            El proyecto de Hernando Colón (1488-1539), hijo de Cristóbal Colón, descubridor de América, es conocido como los Itinerarios de Hernando Colón. Con sólo catorce años acompaña a su padre en el cuarto viaje al Nuevo Mundo. Al conocerse que el joven Hernando contaba con una asignación económica alta, se cree que realizaba en el viaje algún tipo de trabajo cartográfico, una de sus pasiones durante toda su vida. Carlos I, y su interés por conocer el alcance de sus dominios, y su buen gobierno, encarga a Hernando Colón realizar una descripción de España y el dibujo de ese mapa. Los trabajos de recopilación de datos, redacción y memoria, se realizan entre 1517 y 1523, cuando, sin estar terminados, el rey paraliza el proyecto.

            Poco ha llegado hasta nuestros días de este proyecto, pero sí el procedimiento de cómo debían de obtenerse y registrarse los datos por los comisionados en las expediciones a las distintas partes de España, y cómo se situarían y dibujarían las ciudades y lugares finalmente en el mapa. Se utilizaría para las ciudades y villas más importantes las coordenadas conocidas en la Tabla de la diversidad de los días y horas, y partes de hora en las ciudades, villas y lugares de España, de Antonio de Nebrija, publicada en 1517, y alrededor de ellas se posicionarían el resto de lugares por distancias y dirección a ellas. Estos datos debían de ser recopilados in situ por los comisionados en los viajes asignados. Las distancias se determinaban por las contestaciones de vecinos o autoridades de los lugares visitados, o por la propia experiencia en el viaje del comisionado, pero no se anotaban ángulos ni se hacían observaciones astronómicas nuevas, por lo que el mapa carecería, en su inmensa parte, de rigor matemático alguno.

Hernando Colon.

          El proyecto de Colón ha terminado y sus datos abandonados para siempre. Se describen unos 1300 lugares con el nombre del lugar, número de vecinos, el tipo de jurisdicción a la que pertenece y la distancia a los lugares cercanos, con alguna descripción notable.

           Hasta hace muy pocos años no se sabía nada del segundo gran proyecto cartográfico español, el conocido como el Atlas de El Escorial. Es una colección de veintiún mapas doblados a la mitad, encuadernados en un solo tomo, con un primer mapa general de la Península Ibérica y veinte mapas a una escala mayor. No tiene fecha, ni nombre del autor, pero investigadores expertos en cartografía han llegado a la conclusión de que este mapa manuscrito encontrado en la Real Biblioteca de El Escorial se comenzó a dibujar alrededor del 1538 y su autor fue Alonso de Santa Cruz (1505-1567). Nacido en Sevilla, en un ambiente relacionado con la navegación y las nuevas expediciones, el año 1526 se embarca en la expedición al Río de la Plata dirigida por Sebastián Caboto, donde adquiere gran experiencia astronómica y cartográfica. A su vuelta comienza a intentar resolver cómo establecer bien el rumbo en los viajes por mar, uno de los problemas más importantes para los pilotos, e inventa y construye instrumentos para la observación astronómica desde los navíos. El rey Carlos I le encarga “hacer la descripción general de la Geografía de España”, utilizando sus nuevos instrumentos con los que obtenía una mayor precisión en las coordenadas que las obtenidas hasta entonces. En una carta enviada al rey le describe que tiene cosas de geografía hechas, entre las que se encuentra “una de España del tamaño de un gran repostero donde están puestos todas las ciudades, villas y lugares, montes y ríos que en ella hay”. Un repostero de la época era un tapiz con el que se decoraban los balcones o entradas de las casas con el escudo de armas de la familia bordado o pintado en él, y el Atlas desplegado corresponde a una superficie de más de cuatro metros cuadrados, similar a un repostero.

            El mapa general incorpora una retícula numerada, que identifica la hoja que corresponde a esa parte de la Península entre las siguientes hojas numeradas. Este mapa general no tiene escala, ni cartela, y están reflejadas las poblaciones más importantes, otras de segundo orden, sistemas montañosos y los ríos más importantes, con correcciones, por lo que se supone que era un mapa aún en construcción. Este mapa se dibuja con los datos de las otras veinte hojas, que son las que muestran realmente el valiosísimo trabajo cartográfico realizado por Santa Cruz, utilizando dos escalas gráficas en leguas grandes y en comunes para poder ser interpretado en la mayoría de los territorios y usuarios. El historiador Geoffrey Parker lo describe así: “… el Atlas de El Escorial contiene, con mucho, los mayores mapas del momento basados en una medición detallada del terreno. Ningún otro estado importante del siglo XVI poseía nada semejante”. ¿Se conoció este trabajo fuera de las manos de Santa Cruz?, posiblemente, no.

            Santa Cruz era un cartógrafo elegido por el Carlos I. Cuando el rey se retira definitivamente a Yuste, en 1556, dejando a su hijo Felipe como nuevo rey de España, Alonso de Santa Cruz no es de la confianza del nuevo rey que ya contaba con cartógrafos y matemáticos. Felipe II lo nombra Cosmógrafo Mayor de la Casa de la Contratación de Sevilla, con el objeto de alejarlo de sus cartógrafos, al no estar de acuerdo con el método de trabajo seguido. El Atlas queda en el olvido en una estantería de la Biblioteca Real, hasta que a finales del siglo XX vuelve a ver la luz. El día 18 de septiembre de 2008 me encuentro en la Biblioteca de El Escorial buscando mapas antiguos de España, cuando el archivero responsable de la sala pone en mis manos un pequeño tomo encuadernado en piel, afirmándome que era un mapa muy poco conocido, aunque desde unos años atrás era muy consultado, era este gran trabajo cartográfico, que tuve el privilegio de fotografiar íntegro.

Atlas de El Escorial

          Felipe II, en sus viajes por sus posesiones europeas aún siendo príncipe, conocía como en sus universidades se ideaban y construían nuevos instrumentos topográficos y de observación astronómica, procedimientos para medir distancias y ángulos, el mejor uso de la escala y nuevas proyecciones de la esfera al plano, y sabía del gran prestigio y conocimientos de Pedro de Esquivel, que conocía la nueva forma de triangulación geodésica del terreno creada principalmente por Frisius y Apiano. El entonces príncipe Felipe le nombra ya su matemático y cosmógrafo de palacio y le encarga un nuevo proyecto cartográfico, el mejor mapa de España jamás dibujado para el gobierno, administración, defensa y conocimiento de su territorio.

            Pedro de Esquivel había nacido en Alcalá de Henares, en una fecha hoy desconocida de principios del siglo XVI. Estudia en su universidad, es alumno del astrólogo Pedro Sánchez Ciruelo y llega a ser catedrático de Matemáticas en 1549 y de Teología en 1550 de la misma institución complutense. Con instrumentos mucho más precisos que los de Santa Cruz, una nueva metodología en el trabajo de campo, empleo de proyecciones, cálculo de distancias por triangulación matemática, situaba con mucha precisión cualquier detalle geográfico, como nunca se había hecho en España. Con su método e instrumentos diseñados y fabricados por él, un topógrafo, ayudantes y caballerías para transportar los pesados y voluminosos instrumentos recorre España tomando medidas y notas muy precisas de su geografía física. Pero tiene muchas dificultades de financiación, ya que mantenía muy mala relación personal con el secretario del rey, Francisco de Eraso, que le negaba o dilataba en lo posible los pagos, por lo que el proyecto se dilataba en el tiempo, hasta que se produce la muerte del Maestro Esquivel en 1570. El proyecto lo continúa uno de sus colaboradores y discípulo suyo, Diego de Guevara, pero muere muy pronto, también sin terminarlo. Los instrumentos, documentos con los trabajos y anotaciones de Esquivel pasan a manos de Juan de Herrera por orden del rey para su custodia, hasta terminar en las de Juan Bautista Labaña, pero tampoco terminó el trabajo iniciado por Esquivel y continuado por Guevara, también por la mala financiación económica que percibía el proyecto, si es que llegaba algo de dinero, y porque tanto Esquivel como Guevara no dejaron escrito el procedimiento de medida seguido, como anotó Ambrosio de Morales (1513-1591) en el Discurso general de las Antigüedades:

            Este invento queda tan perdido como si nunca se hubiera hallado con la muerte de Don Diego de Guevara; porque el Maestro Esquivel nunca escribió sola una letra de él; y con habérselo comunicado, y declarado á Don Diego y á su padre, lo tenia por sabido y continuado. Y muerto Don Diego, no queda hombre vivo que lo sepa.

            Y hasta aquí llega este tercer gran proyecto cartográfico español del siglo XVI, con solo sus notas de campo, ni rastro de croquis o borradores de mapas, porque con la muerte de Labaña, el proyecto se paraliza finalmente y empieza a difuminarse en manos de unos y otros, que no supieron o pudieron seguir el procedimiento marcado por Esquivel, hasta el punto que hoy, estas minutas, forman un tomo de más de ochocientas folios en las estanterías de la Biblioteca Nacional de Suecia.

Medida del espacio. Apiano

         Sí, en la Biblioteca Nacional de Suecia están Los papeles de Esquivel. Cómo llegan las notas de campo a Estocolmo está directamente relacionado con la desidia y desinterés español por conservar nuestro patrimonio, o el ánimo de lucro de algunos funcionarios, además de otros incidentes que parecen estar sacados de una novela. Después de pasar por manos de cartógrafos, los papeles llegan a las del Conde Duque de Olivares, valido del rey Felipe IV, y tras su muerte en 1645 toda su biblioteca se vende o se dona por su viuda, que no mostraba ningún interés en ella. Solo dos años después muere su viuda y papeles y manuscritos antiguos pasan por herencia a Luis de Haro, un sobrino del Conde Duque, y de este a su hijo Gaspar de Haro, marqués del Carpio y de Eliche. Gaspar de Haro sí reconocía el verdadero valor de los papeles de Esquivel, como el de otros muchos mapas y trabajos cartográficos que abarrotaban la biblioteca de su casa en la calle Mayor de Madrid. Tenía altas aspiraciones en la corte y sabía de la importancia de los documentos cartográficos como recurso para la buena gestión del territorio. Como le pasó a su tío-abuelo, el Conde Duque de Olivares, al morir en 1687 su mujer e hijas pusieron a la venta directa la valiosa biblioteca, haciendo a su antojo lotes que subastaban o vendían al mejor postor que por allí pasaba. Uno de estos perspicaces compradores fue el diplomático sueco Juan Gabriel Sparwenfeld que enterándose de la venta de documentos manuscritos antiguos compra en 1690 varias cajas de valiosísimos documentos, incluso de secretos de estado, y una libreta manuscrita con muchos nombres de lugares y notas, esta libreta contenía Los papeles de Esquivel, que adquiere por tan solo 6 reales. Después de un incendio en el Palacio Real de Suecia, donde los depositó para su revisión y catalogación, y en el que se perdió gran parte de la inestimable documentación española, Sparwenfeld dona en 1705 los documentos salvados a la Biblioteca Real de Estocolmo y a la Biblioteca de Upsala.

Medicion de angulos horizontales

         Muchos de los datos aquí expuestos están recogidos del impresionante trabajo Los Grandes Proyectos Nacionales en el siglo XVI de Antonio Crespo, editado por el Centro Nacional de Información Geográfica. En él detalla que el lugar actual donde se encuentran Los papeles de Esquivel es en la Biblioteca Real de Suecia (Kungliga Bibliotek), en Estocolmo, con signatura M.163, y cómo no se tiene ninguna noticia de ellos hasta principios del siglo XX. Siendo casi al final de este siglo cuando el profesor Rodolfo Núñez de las Cuevas los microfilma y estudia en España, llegando a la conclusión de que son del puño y letra del Maestro Esquivel al compararlos con una carta manuscrita enviada por el cosmógrafo al rey Felipe II.

            ¿Pasó el Maestro Esquivel por la Mancha?, me preguntaba mientras leía el trabajo de Crespo. La libreta conservada contiene más de ochocientos folios, con más de 8.000 núcleos de población descritos, ríos, montañas, cerros… por lo que seguro que sí. Solo queda ir hasta la biblioteca o buscar su descarga digitalizada, pero lamentablemente aún no lo están.

            En contacto con los responsables de la Biblioteca Real de Estocolmo (Kungliga Bibliotek) me indican que la signatura está disponible solo para su consulta en la sala, y que por la poca demanda de este documento no está prevista su digitalización, aunque me pueden hacer una reproducción EOD, que les encargo. Es abril de 2018 y Los papeles de Esquivel, anotando lugares, cerros, puentes, ríos… de la Mancha, pocos años antes de que Cervantes también la recorriera y la describiese en el Quijote, están en Alcázar de San Juan, en el Corazón de la Mancha.

Portada de Los papeles

          En la portada o primera página Sparwenfelt anota que lo compra en “Madrid a 30 de mayo de 1690” y el precio que pagó “a 6 reales”, de la librería del marqués del Carpio. Parece que los adquiere creyendo que son manuscritos de Juan Bautista Labaña, geógrafo del rey Felipe III, pero después de descubrirse su existencia en Estocolmo y estudiarse por geógrafos españoles, aunque contienen notas de Guevara y Labaña, la autoría de la obra corresponde a Esquivel.

            Con estos papeles iré zigzagueando la Mancha, de cerro en cerro, de altillo en altillo, tal y como lo hizo el Maestro Esquivel. En las Hojas del MTN (Mapa Topográfico Nacional) marcaré las medidas angulares y las distancias anotadas hace cuatro siglos y medio, y tomaré imágenes hacia los mismos puntos que Esquivel dirigió sus novedosos instrumentos. Sin duda alguna veré la Mancha que vio el maestro geógrafo y que pocos años después vio Cervantes. Poco después estarán en este blog, para que desde cualquier lugar del mundo podáis contemplar la misma imagen del paisaje manchego.

            Voy a comenzar mi ruta en El Toboso. No es el primer punto de la Mancha en el que trabaja Esquivel, pero ¿se puede empezar un trabajo tan quijotesco como este desde un lugar mejor que el de Dulcinea? Dejando atrás la torre de su iglesia, en la que también el Maestro Esquivel estuvo trabajando, y por el mismo camino que su guía local le llevó, saldré de El Toboso y llegaré a un cerro en el que está la ermita de Santa Ana, o lo que queda hoy de ella.

                                                                                     Luis Miguel Román Alhambra

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