LA IMAGEN DE LA MANCHA. ENERO

Hoy es siete de enero. Con espíritu de niño miro a través de la ventana con la esperanza de que los pronósticos de nieve se cumpliesen en esta parte de la Mancha, pero solo está lloviendo. No sé si podré subir al cerro del Montón de Trigo para hacer mi fotografía de primeros de mes. Me dirijo a él y compruebo que sigue chispeando y el suelo está embarrado, subir a pie a él es toda una temeridad, más para mis zapatos que no son los adecuados para la lluvia y el barro. Antes de llegar, desde el camino de la Casa de la Hidalga hago esta fotografía de él.

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¿Habrá nevado en la sierra de Campo de Criptana? Las previsiones eran que lo haría en la Mancha por encima de los 700 m.s.n.m. y la Sierra de Criptana está a 750 m.s.n.m. Solo estoy a unos cuatro kilómetros desde aquí y no pierdo nada en ir. Conforme voy acercándome, a tan solo dos kilómetros veo como un ligero manto blanco cubre el suelo, ¡por fin veo la esperada nieve! Antes de llegar a la cresta de la sierra veo las ruinas de uno de los más de treinta molinos que en tiempos de Cervantes tuvo Campo de Criptana.

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¡Otro gigante que resiste el paso del tiempo! quizás esperando que otro chileno, como Carlos Sander, venga a animarnos a restaurar esta obra civil del siglo XVI. La figura de este cónsul de Chile en España me fascina por su amor por estos artilugios, que tanto grano molieron y tanta hambre quitaron, y hoy tantos recursos turístico-económicos nos ofrecen. Sander llegó a España en 1951 con el entusiasmo de conocer la Mancha de don Quijote y cuando subió a la sierra de Campo de Criptana y vio el estado casi ruinoso de los molinos de viento, tuvo la genial idea de restaurar aquellos gigantes contra los que luchó don Quijote con dinero de países del otro lado del océano. Y en 1960 el Quimera estaba terminado con los pesos recogidos para tal fin en las huchas puestas en Santiago de Chile. Años más tarde otros molinos volvieron a estar dispuestos a entrar en  descomunal batalla contra el olvido, y hoy podemos contemplar, también gracias a la aportación de gobiernos latinoamericanos.

Me bajo del coche y me acerco a este molino, aún es un molino. Reconozco su escalera por la que el molinero subía sobre sus espaldas los sacos con el grano para moler hasta la planta alta, donde las piedras hacían el milagro de convertirlo en fina harina movidas con el soplo del aire. ¡Bendito aire solano! cuantas madrugadas has hecho despertar al molinero de su dulce sueño para, casi sin quitarse las legañas, vestir con las recias lonas las aspas de su molino y aligerando el freno de la maquinaria de álamo negro hacer crujir la rueda catalina.

Estoy junto al primer peldaño de la escalera y hace mucho frío hasta en las entrañas abiertas de este gigante. Sigo pensando en Carlos Sander y en aquel alcalde criptanense, José González Lara, que creyó en el proyecto del chileno. ¡Cuánta ilusión hemos perdido los manchegos por lo nuestro! ¡Cuánta indiferencia de tantos gobernantes, con honrosas excepciones, miopes culturales que a lo sumo balbucean las primeras líneas del Quijote, nefastos gestores del gran legado que a la Mancha, y a los manchegos, dejó Cervantes haciéndola patria del Caballero de la Triste Figura!

Al menos Campo de Criptana puso el nombre de una calle en recuerdo de Carlos Sander, aunque muchos de sus vecinos ni saben quién fue. Aumenta el aire y por lo tanto la sensación de frio. Me subo de nuevo en mi vehículo y solo avanzando unos pocos metros vuelvo a parar, la imagen de los molinos de viento apareciendo ante mí en el cercano y gris horizonte es asombrosa.

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Busco en la mochila mi Quijote y salgo de nuevo del coche. Entre el aire y el frio casi soy capaz de pasar las hojas, hasta encontrar este texto, que leo muy despacio, no tengo ya prisa:

“En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas…”

¡Estoy viendo la misma imagen que Cervantes hace ver a don Quijote y a Sancho! Y todavía hay autores que dicen que la aventura de los molinos de viento es un recurso literario más, que las aventuras pueden pasar en cualquier lugar de la Mancha o incluso de Castilla, que la geografía del Quijote no existe… Pues que vengan aquí, como lo hizo Sander, que dejen sus cómodas estancias y pongan los pies en este camino, y verán cómo, ante sus incrédulos ojos, se descubren unos desaforados gigantes, los mismos molinos de viento que alguna vez vio don Miguel y los  encantó en gigantes.

Creo que, aunque este mes no he cumplido la promesa de hacer una fotografía desde el Montón de Trigo, esta imagen de los molinos de viento apareciendo en el horizonte manchego ha valido la pena. Regreso a casa, lo que parecía una fría y lluviosa mañana de enero, sin más, se ha convertido en un encantador y blanco  paseo quijotesco. Posiblemente he tenido los pies donde alguna vez los tuvo Cervantes y, con su ingenio, puso también al bueno de Alonso sobre Rocinante, aunque en verano.

En febrero volveré al Montón de Trigo, seguro.

                                            Luis Miguel Román Alhambra

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¡EN BUENAS MANOS, ES NAVIDAD!

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Dentro de unos días los cristianos celebramos la venida de Jesucristo al mundo, la Navidad. En brazos de su Madre pasaría muchas horas en aquella fría aldea de Belén, sin duda las mejores manos donde estar y en las que nosotros podemos estar cada vez que lo necesitemos. Pero hay ratitos en los que también podemos tener en nuestras manos al Niño mientras montamos nuestro belén,  en casa, junto a los hijos y nietos.

Este año he querido que el Niño esté también en las buenas manos de Sancho, mientras don Quijote le cuenta un cuento. Sancho es un labrador de grandes manos, duras de trabajar en el campo, pero ha mecido a dos hijos y sabe hacerlo mientras canturrea una nana manchega. Don Quijote ha dejado un rato sus libros de aventuras y rebuscando en su vieja biblioteca ha encontrado uno de cuentos, y con voz, no muy suave, hace que los grandes ojos del Niño se abran de par en par. Nueva aventura, Sancho que quiere que se duerma y don Quijote que escuche su cuento, y así  pasarán el rato hasta que llegue su Madre.

Las figuras de don Quijote y Sancho son de unos alfareros manchegos, de nombre Peño, la del Niño lo compré a un alfarero en Santiago de Chile. De fondo una manta tejida en Chiapas, en recuerdo al terremoto de este pasado septiembre, y las figuras están sobre quijotes que he querido que tengan su protagonismo. Hay uno que está escrito en hebreo y otro en alemán, otro en chino, y dos editados en América, en México y en Cuba. De Calleja, el de los cuentos, hay otro editado en 1905, y también el Quijote que me regaló mi madre.

Desde la Mancha, desde la tierra de don Quijote y Sancho, os deseo a todos Feliz Navidad.

                               Luis Miguel Román Alhambra

 

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LAS AVENTURAS DE DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA

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Este sábado presenté mi último trabajo sobre la geografía del Quijote: Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena. Como estaba previsto fue en la Papelería Mata, de Alcázar de San Juan, donde también se encuentra a la venta. Mi intención en esta presentación fue la de trasladar a todas las personas que allí estaban presentes por medio de Sierra Morena, de la misma manera que yo tuve que hacer para localizar cada una de las aventuras de nuestros manchegos inmortales: la batalla contra los rebaños de ovejas, el encuentro con los encamisados, el lugar donde se encontraba el batán, el paraje del camino donde don Quijote arrebata a un barbero su bacía, el punto del camino donde libera a doce condenados a galeras  y el lugar en el que queda haciendo penitencia esperando el regreso de Sancho.

Parte de los recursos utilizados en mi trabajo, como planos y documentación histórica, fueron expuestos durante la presentación para poder entender mejor la geografía física, como la humana, que conoció Cervantes en aquella zona del Camino de la Plata, tránsito entre Castilla y Andalucía, en el término de Almodóvar del Campo y Brazatortas. Cuarenta y cinco minutos de la mano de Cervantes por el escenario natural por donde llevó a don Quijote y a Sancho Panza, comprobando mediante fotografías como algunos parajes siguen intactos a la mano del hombre.

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Con firmas y dedicatorias a los que quisieron comprar allí el libro, mientras degustamos un vino español, terminamos la presentación en Alcázar de San Juan de esta parte de la segunda salida de don Quijote de su casa, dieciséis kilómetros por medio de Sierra Morena, desde la Venta de la Inés.

                                       Luis Miguel Román Alhambra

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POR SIERRA MORENA DE LA MANO DE CERVANTES

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En la misma librería de Papelería Mata, donde está a la venta Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena, lo presentaré el próximo sábado, día 16, a las 19 horas, acto al que estáis invitados todos los que podáis acercaros por esta tradicional papelería alcazareña. Trataré que sea un acercamiento, a través de las aventuras de don Quijote, a esta zona natural tan conocida, y a la vez desconocida, por todos. De la mano de Cervantes, que tantas veces tuvo que atravesarla a los lomos de una mula de alquiler, y con las fotografías y experiencia en mi trabajo de campo por ella, conoceremos unos parajes desconocidos hasta ahora, donde el espíritu de don Quijote sigue allí, intacto.

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Os espero para compartir mi experiencia quijotesca por Sierra Morena con vosotros y desearos a todos unas Felices Navidades, brindando con un vino manchego.

                                  Luis Miguel Román Alhambra

 

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La imagen de la Mancha. Diciembre

Son las nueve de la mañana del día seis de diciembre y la temperatura aquí, en la Mancha de don Quijote, es de seis grados,  bajo cero. No hace aire, dicen que durante la tarde soplará de cierzo, del norte, pero ahora bien abrigado la sensación no es de mucho frío.

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La toponimia estudia el origen y el significado de los nombres de un lugar, un paraje o de un camino. Es el vínculo del hombre con el terreno, con el paisaje, la interpretación de los vecinos de su  propia geografía. En la confección de mapas, hasta nuestros días, es necesario que los técnicos encargados del levantamiento del mapa, obtengan en el campo, de las personas más conocedoras del lugar, los nombres de los parajes, caminos, sendas… que solo se mantienen por tradición oral.

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Por estar aún el sol muy bajo hago esta fotografía girando la cámara hacia el oeste y poder dejaros la sombra que hace el cerro sobre el terreno, como un pequeño montón de trigo. Sobre él, mi sombra. Este cerro desde donde realizo las fotografías tiene el topónimo, el nombre, de Montón de Trigo. Nombre ancestral que nuestros antepasados le pusieron por su parecido a la forma que deja en el suelo un montón de trigo, que tantas veces habían observado en las eras, en época de la trilla, después de separar el grano de la paja.

Hoy es fiesta en España. Hace treinta y nueve años que se firmó nuestra actual Constitución, nuestro marco de convivencia, y tengo tiempo para caminar unos kilómetros por estos caminos manchegos, los caminos de mi pueblo. Ahora no hay mucho trabajo por hacer en el campo, no veo a nadie. Por aquí aún no han sembrado, es terreno de secano y  no ha llovido lo suficiente, si no lo hace pronto quizás no se pueda sembrar este año.

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Los agricultores aprovechan su tiempo y, en lugar de sembrar,  adelantan la poda de las viñas. Con certera sabiduría cortan los sarmientos, dejando cinco o seis yemas por donde brotarán nuevos sarmientos, más jóvenes y fuertes. Así pasarán estas viejas cepas el invierno hasta que la primavera las despierte y pasado el verano se pueda recoger sus racimos de uvas con las que elaborar el vino manchego, que tanto ya apreciaba nuestro vecino Sancho Panza, o quizás al que le gustase fuese a Cervantes y quiso inmortalizar en boca de Sancho. Esta fotografía la hago desde el Camino del Molino Hundido, otro topónimo muy singular.

Volveré el mes que viene, será ya enero.

                                            Luis Miguel Román Alhambra

 

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LAS AVENTURAS DEL LOCO MÁS CUERDO

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¡No hay libro tan malo, que no tenga algo bueno! Así responde Sansón Carrasco a la crítica de don Quijote a quienes componen y arrojan libros de sí como si fueran buñuelos. Espero que mi tercer trabajo sobre la geografía del Quijote deje algo bueno a quienes lo lean. Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena acaba de salir de las cuidadosas manos de los impresores y ya se puede leer y observar, pues al texto lo complemento con fotografías y planos de la zona.

Al final, este trabajo que aquí presento, es una pequeña guía de unos dieciséis kilómetros por el antiguo camino de Toledo a Sevilla, en medio de un paraje natural único, Sierra Morena, para los lectores viajeros del siglo XXI que quieran sentir casi lo mismo que llegó a sentir Cervantes, cuando, a lomos de una mula de alquiler, atravesaba este espacio geográfico, frontera entre Castilla y Andalucía, como funcionario de la Corona española. Pararse en los puntos o hitos geográficos que marco, abrir su Quijote, y leer el pasaje que don Miguel imaginó en ese mismo lugar, escenario natural para esa aventura del loco más cuerdo, acompañado del analfabeto más sabio, jamás imaginado. Para quienes no puedan hacer este pequeño recorrido, podrán comprobar, como yo, que el Quijote es una obra de ficción enmarcada en una geografía real, también en Sierra Morena.

Mucho tiempo entre planos antiguos y actuales, archivos y relecturas de esta parte del Quijote, colmadas de satisfacción en el trabajo de campo localizando precisamente estos escenarios reales de la obra más leída en español, y en tantos idiomas traducido, en una gran parte por medio de la finca privada de La Garganta, que con tanta generosidad de su tiempo me han dedicado. Allí, en medio de una singular formación montañosa, en forma de garganta,  se quedó don Quijote haciendo penitencia, sentado sobre una peña junto a un arroyo, y aún quizás allí siga entre encinas y robles centenarios. Su actual dueño, el duque de Westminster, es su celoso guardián.

Aún no tengo prevista su presentación en público, en la que pueda compartir personalmente mis vivencias en medio de Sierra Morena con quienes se acerquen, pero el libro ya está disponible en la zona de librería de Moisés Mata S.L., situada en la calle Emilio Castelar, 22, en Alcázar de San Juan (tf. 926 54 04 40).

 

                                  Luis Miguel Román Alhambra

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Don Quijote regresa a casa

El Quijote, nuestro gran cuento de humanidades creado por Miguel de Cervantes, tiene como origen el pueblo de don Quijote y Sancho. Es, en la imagen ambiental del espacio manchego que nos transmite Cervantes, su principal nodo, desde el que los encamina en busca de aventuras, y a él siempre regresan. Don Quijote, en solitario, en la primera salida y acompañado ya de Sancho en la segunda, sale de su pueblo por un camino hacia el este. Solo hay que observar, en la primera salida,  que regresando a casa desde la venta donde es armado caballero, don Quijote, se encuentra de frente en el camino, con unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia.

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Si estos sederos toledanos, evidentemente, iban de oeste a este, de Toledo a Murcia, nuestro hidalgo, que regresaba a casa por el mismo camino, lo hacía en dirección contraria, hacia el oeste. Por ese mismo camino salió de casa el día anterior, hacia el este, hasta que al final del día, cansado y hambriento, vio, no lejos del camino por donde iba, una venta, que fue como si viera una estrella. El camino de Toledo a Murcia, muy conocido y usado en tiempos de Cervantes, según las informaciones del Reportorio de todos los caminos de España, de Juan de Villuga (1546) o las Relaciones Topográficas (1575), tenía dos variantes a la salida de Toledo, pero con similar distancia. Una variante del camino pasaba por El Toboso y la otra por Campo de Criptana, juntándose ambas en un cruce de caminos, cerca de la Venta de Manjavacas. A este mismo cruce, muy conocido por los viajeros, mercaderes, trajinantes y arrieros, y por el mismo Cervantes, llega don Quijote después de que liberase a Andresillo en un encinar próximo a la venta, donde en esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía… y al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza, a su casa.

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Y es por ese mismo camino y dirección hacia el este, ya con Sancho, el que toman de nuevo en la segunda salida de su pueblo: acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje. Salen, a escondidas, en mitad de una noche calurosa de verano manchego, y al poco de amanecer, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo. Que estos molinos de viento son los de Campo de Criptana, hoy ya no le cabe duda a nadie por ser esta villa manchega la única que disponía de tantos molinos de viento antes de la escritura de la primera parte del Quijote.

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A este escenario de sierras y cerros en la llanura, donde los doce vientos manchegos mandaban dirigir las aspas de los molinos de viento, llegan en dos o tres horas nuestros vecinos, al paso lento de Rocinante. Este hito en la imagen del escenario manchego, los molinos de viento, está al este de Alcázar de San Juan, a menos de una legua de distancia, y ambas villas en el camino de Toledo a Murcia. Si seguimos este camino llegaremos a la Venta de Manjavacas, después de pasar por el famoso cruce de caminos. Solo con estas consideraciones se terminarían tantas discusiones sobre el lugar de don Quijote.

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Sin embargo, en la tercera salida de su casa no siguen este mismo camino y dirección. Esta vez don Quijote quiere ir hacia Zaragoza, pero antes  quiere pasar por El Toboso, adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga. Cervantes, ahora, nos indica el camino que don Quijote y Sancho toman: … y que los lectores de su agradable historia pueden hacer cuenta que desde este punto comienzan las azañas y donaires de don Quijote y de su escudero; persuádales que se les olviden las pasadas caballerías del Ingenioso Hidalgo, y pongan los ojos en las que están por venir, que desde ágora en el camino del Toboso comienzan.

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Salen casi de noche: al anochecer, sin que nadie los viese sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se pusieron en camino del Toboso. Cuando Sansón Carrasco se despide de ellos, la intención de don Quijote es caminar toda esa noche y llegar por la mañana al lugar de Dulcinea, pero es tan oscura la noche que tiene dudas: Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar, y con más escuridad de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso.

Cervantes, en la novela, cuando hace caminar a sus dos protagonistas por la noche, nos lo describe precisamente, por ejemplo: Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse (2, 72). No lo hace en esta ocasión, por lo que, caballero y escudero, pasan la noche en algún lugar del camino a El Toboso. La distancia que tenían previsto hacer esa noche, si hubiesen tenido alguna claridad de la Luna, la hacen por el día, llegando por la tarde a ver El Toboso: En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don Quijote y se le entristecieron a Sancho. Los veinticinco kilómetros, unas cuatro leguas de camino, corresponden a una jornada del mermado Rocinante, tanto de noche como de día, por estos fáciles caminos manchegos.

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En las afueras de El Toboso conoció don Quijote a su princesa Dulcinea, pero  encantada en una labradora. Y desencantada la quiere ver a su regreso de Barcelona, después de que Sancho hubiese cumplido con la penitencia impuesta por el mago Merlín: que para recobrar su estado primo la sin par Dulcinea del Toboso, es menester que Sancho… se dé tres mil azotes y trescientos en ambas sus valientes posaderas, al aire descubiertas, y de modo que le escuezan, le amarguen y le enfaden. Don Quijote volvía a casa derrotado en las playas de Barcelona por el Caballero de la Blanca Luna, Sansón Carrasco disfrazado, y lo hace por El Toboso, con el deseo de ver a su Dulcinea desencantada en ese mismo camino.

Sancho había terminado su fingida penitencia después del encuentro con don Alvaro Tarfe, y don Quijote esperaba, de un momento a otro, encontrarse con Dulcinea desencantada en el camino. Pero llega a ver su pueblo sin verla: siguiendo su camino, no topaba mujer alguna que no iba a reconocer si era Dulcinea del TobosoCon estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea, la cual vista de Sancho, se hincó de rodillas, y dijo: Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado.

Don Quijote y Sancho Panza han llegado a su pueblo por el mismo camino por el que salieron, por el camino de El Toboso, pero no han visto a Dulcinea en él. El camino de El Toboso al lugar de don Quijote, tiene, según nos describe Cervantes, una cuesta casi al llegar a él, que oculta su visión y desde la que, una vez en su cresta, se contempla el pueblo. ¿Estamos ante un recurso literario, como muchos defienden? ¿Existe realmente esta cuesta en el camino de El Toboso a Alcázar de San Juan? Solo hay que comprobar in situ esta parte del texto.

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El antiguo camino de El Toboso a Alcázar, poco después de dejar atrás la ermita del Stmo. Cristo de Villajos, es la carretera CM-310 en casi sus últimos siete kilómetros, siendo de nuevo visible el camino, con el nombre de Camino de Quintanar, después atravesar los Cerros de Vallejo. Desde un pequeño cerro testigo, que hay junto a la ermita, se puede contemplar la imagen del camino hacia Alcázar y su unión con la carretera CM-310.

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Con las curvas de nivel de las hojas MTN25 del Instituto Geográfico Nacional he realizado este perfil del camino, en el que se observa la cuesta que impide ver Alcázar de San Juan desde el camino, tal y como podemos leer en el Quijote

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Viniendo desde El Toboso nos encontramos el comienzo de una cuesta a unos tres kilómetros y medio, salvando los quince metros de desnivel en unos seiscientos metros de camino. Esta cuesta impide la visión urbana de la ciudad. Este relieve es parte de los Cerros de Vallejo, donde durante los siglos XVIII-XX se instalaron molinos de viento.

Hecho el trabajo de gabinete, ahora hay que hacer el trabajo de campo. Esta parte del camino es actualmente la carretera CM-310, pero tiene junto a su lado un camino de servicio en un estado regular, que se puede transitar andando sin riesgo.

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Con mis propios ojos compruebo esta cuesta, que tantas veces he tenido que hacer en bicicleta y en coche, cuando regreso de Quintanar o del mismo lugar de Dulcinea. Veo como lo vehículos aparecen o desaparecen en su cresta. Continúo subiendo la cuesta, de la misma manera que lo hicieron nuestros vecinos: con estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual descubrieron su aldea. No es pesada y menos en un día nublado y fresco como hoy, y cuando llego a su cresta redondeada veo Alcázar, y Alcázar me ve a mí, como vio a Sancho,… la cual vista de Sancho, se hincó de rodillas, y dijo: Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza tu hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de sí mismo. 

Saco mi Quijote de la mochila, un viejo zurrón de pastor que hoy me sirve en los trabajos de campo, y leo como don Quijote, posiblemente enojado por no haber visto desencantada a Dulcinea, le dice a Sancho: Déjate desas sandeces; y vamos con pie derecho a entrar en nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traza que en la pastoral vida pensamos ejercitar. Y…  con esto, bajaron la cuesta y se fueron a su pueblo.

Sin duda estoy en el mismo lugar donde Cervantes puso a nuestros vecinos, viendo la misma imagen que pudo ver alguna vez don Miguel, el Torreón, la iglesia conventual de San Francisco, Santa María. Es casi mediodía y tengo algo de tiempo para seguir leyendo allí mismo, sentado junto al camino, el capítulo siguiente, donde se terminan las aventuras de don Quijote y Sancho, el capítulo LXXIII. Cervantes nos cuenta como llegan a su pueblo: A la entrada del cual, según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en las eras del lugar estaban riñendo dos mochachos, …

c11.jpgDos de las muchas eras descritas en el Libro Maestro.

 

Hoy no existen esas eras en esta parte de la entrada a Alcázar, pero sí cuando se escribía el Quijote. En el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan, podemos consultar un curioso documento, elLibro Maestro y Registro de todas las piezas de tierras, viñas, olivares, eras, salitrerías, casas, molinos, censos, juros, y rentas que existen en esta población y Término de esta villa de Alcázar de San Juan, cabeza de Partido de la Provincia de Toledo, perteneciente al Estado Secular, en el mes de marzo de 1750”. Las eras aquí descritas, muy antiguas, han llegado en uso hasta bien entrado el siglo XX.

En esta hoja del Libro Maestro quedan relacionadas dos de las muchas eras para trillar que existían en las afueras del pueblo, en las cercanías del pozo nuevo que suministraba agua a la fuente de la plaza, y que se encontraban cerca del camino de El Toboso, una de ellas lindando con una tierra propiedad de un Saavedra alcazareño, curiosa coincidencia:

Iten una hera de pan trillar en el sitio del pozo nuevo distante un tiro de bala linda a oriente con tierra de don Juan Joseph Guerrero al sur otra de don Juan Antonio Sabedra a poniente el camino del Calvario y al norte con tierra de Juan Romero Mercado…

Iten otra hera de pan trillar en el pradillo distante un tiro de bala linda a oriente con tierra de don Juan Antonio Maza…

Después de ser reconocidos por los muchachos que en la era estaban riñendo por una jaula de grillos, Sancho coge con sus manos una liebre que unos cazadores con sus galgos estaban persiguiendo, y que le sirve para tratar de convencer a don Quijote que todo aquello no era un mal agüero, como entendía don Quijote,… llegaron los cazadores, pidieron su liebre, y diósela don Quijote; pasaron adelante, y a la entrada del pueblo toparon en un pradecillo rezando al cura y al bachiller CarrascoFueron luego conocidos los dos del cura y del bachiller, que se vinieron a ellos con los brazos abiertos. …Finalmente, rodeados de mochachos y acompañados del cura y del bachiller, entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don Quijote…

Aquí cierro mi Quijote, lo meto en mi zurrón y bajo la cuesta para, como mis vecinos Alonso y Sancho, entrar en mi pueblo, recordando que en un “pradecillo”  a la entrada estaban rezando el cura y el bachiller, y que una de aquellas antiguas eras descritas en el Libro Mestro estaba “en el pradillo distante un tiro de bala” de Alcázar. ¿Otro recurso literario, o tanto en el Quijote como en el Libro Maestro hablan del mismo pradecillo o pradillo?

Sin ninguna duda el autor del Quijote, conocía este camino. A Azorín en su viaje por las tierras del Quijote, en 1905, estando en El Toboso, don Silverio, su maestro de escuela, le afirmaba sobre Cervantes: Señor Azorín, que Miguel sea de Alcázar, está perfectamente; que Blas sea de Alcázar, también; yo tampoco lo tomo a mal; pero el abuelo, ¡el abuelo de Miguel! no le quepa a usted duda, señor Azorín, el abuelo de Miguel era de aquí… Desde luego, si don Silverio estaba en lo cierto, bien pudo su nieto ir y venir por este mismo camino de Alcázar a El Toboso a ver a su abuelo y conocer esta cuestecilla.

Sea como fuese, esta imagen la utiliza como escenario final de las aventuras de mi vecino Alonso, como las eras para trillar pan y ese pradecillo que en las meriendas de San Marcos los alcazareños hemos llegado a pisar, sin darnos cuenta que pisábamos las mismas huellas de Rocinante.

He terminado mi mapa de la ruta del Quijote. No coincide casi en nada con las rutas oficiales de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ni con las rutas de gabinete de Tomás López, que nunca pisó estas tierras, ni con las de otros investigadores. Sí coincide el origen y final de mi ruta, el lugar de don Quijote y Sancho, con el gran trabajo de investigación que Ángel Ligero Móstoles llevó a cabo con tanto esfuerzo y que en tanto olvido ha caído, posiblemente por ser de Alcázar, aunque nacido en Villacañas. Desde este camino, tan conocido y citado por Ligero, me acuerdo de una parte del primer tomo de su trabajo, La Mancha de Don Quijote (1991), que titula Alcázar de San Juan, clave del Quijote. Bajo la cuesta, ya en el camino viejo, en dirección a la antigua entrada por la puerta de Villajos, y lo hago en tu memoria, don Ángel.

Luis Miguel Román Alhambra

 

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