LA MANCHA DEL QUIJOTE, UNA TIERRA DE CONVENIENCIA, INCLUSO HOY

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“… porque andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y les vuelven según su gusto, y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos”

Esto aseguraba don Quijote a Sancho Panza mientras iban caminando por Sierra Morena. Pero no solo había encantadores que volvían las cosas a su gusto en tiempo de Cervantes, hoy siguen mudando y trocando el Quijote, según su gusto e intereses, son los nuevos encantadores, magos y druidas cervantinos. Hay quienes intentan enmendar la plana al mismo Cervantes, proponiendo que en lugar del título original de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, debía haberse llamado la obra El ingenioso hidalgo don Quijote de Montiel, (Parra Luna, Francisco y Fernández Nieto, Manuel.  Coordinadores. 2009. El enigma resuelto del Quijote. Un debate sobre el lugar de la Mancha. Alcalá de Henares. Universidad de Alcalá, Servicio de Publicaciones. pág. 25), para de esta forma justificar un intencionado trabajo que nadie quiere leer, y menos aprobar. Otro afirma, que en la patria de don Quijote, la Mancha, solo cabe en ella su pueblo, El Toboso y unos pocos pueblos más que formaban el Común de la Mancha (González Mujeriego, José Manuel. 2014. Lo que Cervantes calló. Madrid. Cultiva libros. pág. 69-73). También podemos encontrar quienes aseguran que la Mancha ni existió, y todo que se debe a un juego de palabras que esconden infinidad de significados cuidadosamente encriptados, entendibles sólo para unos pocos iluminados. O quienes tratan de confundir con afirmaciones de que las aventuras de don Quijote podrían haber pasado en cualquier lugar de Castilla, según los pocos datos que de la Mancha nos deja Cervantes, según ellos que viven en el siglo XXI y sentados delante de un ordenador, con acceso a millones de archivos, datos oficiales, índices y tasas, etc., se quieren comparar con un viajero del siglo XVI-XVII que a lo sumo llevaba en su maleta, colgada del arzón de la silla de su mula, un libro de notas, una pluma y una guía de caminos, para saber dónde comer o pasar más dignamente la noche.

Este artículo forma parte ya de uno de los capítulos de mi próximo trabajo a editar, que anticipo aquí, junto con otro artículo que subiré al blog en septiembre sobre el “antiguo y conocido” Campo de Montiel. Así, mis lectores del blog, conocerán estos dos espacios geográficos, la Mancha y el cervantino Campo de Montiel, que Cervantes escoge, quizá también por conveniencia, para su Quijote, y no otros espacios que los encantadores, magos y druidas cervantinos proponen y difunden a modo de propaganda, que nada tienen que ver con lo que Cervantes describió en las aventuras de don Quijote.

Dos documentos históricos, nunca antes incorporados en el estudio de la geografía del Quijote, se podrán ver en estos artículos, que no hacen sino dar más conocimiento de la geografía física y humana del tiempo de Cervantes.

Este artículo que titulo La Mancha del Quijote no está dirigido a quienes tienen claro que era, y es, la Mancha, sino para quienes habiéndose acercado al mundo cervantino, escuchan ponencias o leen artículos y libros sobre la geografía real o ficticia del Quijote, creándoles dudas sobre esta tierra real y hasta si realmente el Quijote lo escribió Cervantes, que también hay quien afirma que no lo escribió él, pero como diría Sancho Panza: ¡esto es harina de otro costal!

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La Mancha del Quijote

Con la división de España en comunidades autónomas, en 1982, se constituye oficialmente la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha por las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo, con límites geográficos, administrativos y jurídicos perfectamente delimitados. Con un total de 919 municipios y dos millones de habitantes, es una de las regiones más extensas de España con una superficie de 79.463 Km².

Si hoy se realizase una encuesta por todos los municipios de Castilla-La Mancha y se preguntase a sus vecinos ¿Usted, qué es? o ¿Usted, de dónde es?, no todos contestarán, después de su orgulloso gentilicio local, “soy manchego”. En gran parte de la provincia de Guadalajara dirán que son de la Alcarria, en una extensa parte de Cuenca contestarán que “serranos” y en la de Toledo podemos encontrarnos con vecinos que antes de decir que son de la Mancha dirán que son de La Sagra o simplemente toledanos. Los límites del sentimiento, en muchas ocasiones, se anteponen a los geográficos, administrativos o judiciales, aunque estos estén perfectamente delimitados.

Este sentimiento manchego era, en tiempos de Cervantes, aún más impreciso, por no tener la Mancha límites geográficos, administrativos y jurídicos delimitados, simplemente era una región natural. En el Quijote se cita la “provincia de la Mancha”, pero en realidad no existía tal demarcación, tal y como ahora la concebimos. Para entender el espacio geográfico elegido por Cervantes como la patria de don Quijote, que no era geógrafo ni historiador, sino, en una parte de su vida, funcionario de la Corona y por lo tanto viajero obligado por sus funciones, también hay que comprender los sentimientos de los vecinos con los que compartió caminos, alojamientos y comidas, por esta parte de Castilla.

Si el topónimo Mancha ha llegado hasta nuestros días, sin duda alguna, es por ser la patria de don Quijote. Su uso y fama se la debemos a Cervantes, aunque nunca sepamos el motivo que realmente le llevó a fijar, en esta parte de España, el origen del Caballero de la Triste Figura. De la misma manera, en el mundo se identifica la imagen de la Mancha, e incluso de España, por la figura de los molinos de viento recortada en el horizonte manchego, estos antiguos artefactos eólicos habrían pasado también al olvido después de la revolución industrial, si contra ellos no hubiera entrado en “feroz y descomunal batalla” don Quijote.

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Y qué decir de la bacía de barbero sobre la cabeza de don Quijote. ¿Alguien se acordaría de esta herramienta de barbero si no fuese el famoso Yelmo de Mambrino? La imagen de don Quijote, y de la Mancha, van unidas también a ella.

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El origen de este topónimo, según diversas fuentes, puede ser árabe. Los árabes dominaron la Península Ibérica durante ocho siglos, a la que llamaron Al-Ándalus, como puede verse, en árabe, en el mapa realizado en 1156 por el ceutí Al-Idrisi, por encargo del rey de Sicilia Rogelio II, y que forma parte de la conocida como Tabula Rogeriana.

Aunque con distintas etimologías en árabe, el topónimo Manxa o Al-Mansha, significa “tierra seca” o “tierra sin agua”. La primera constancia del topónimo Mancha es del año 1237. Después de la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, esta parte de Castilla queda en manos de las Ordenes Militares de Calatrava, Santiago y San Juan. En los acuerdos entre ellas para marcar sus límites, las órdenes de Santiago y San Juan deciden que:

“Entonces la Ruidera tengan los frailes de Uclés y partieron por medio con la Moraleja por soga y de este mojón a la Mancha de Haver Garat a tanto que llegue con el otro mojón que está entre Criptana y Santa María. Mancha de Haver Garat que posteriormente se conoce como Mancha de Vejezate, en el término municipal de Socuéllamos, en la Orden de Santiago”.

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En el siglo XIV, el Maestre de la Orden de Santiago, crea dentro de su jurisdicción, en la provincia de Castilla, cuatro “Comunes”, para el aprovechamiento común de pastos y tierras por los lugares asociados a cada uno de ellos: Común de Mohernando, Común de Uclés, Común de la Mancha y el Común de Montiel. Hasta 1603, al Común de la Mancha habían pertenecido los lugares de: Campo de Criptana, Pedro Muñoz, Socuéllamos, Tomelloso, Los Hinojosos, Horcajo de Santiago, Mota del Cuervo, Pozorrubio, Santa María de los Llanos, Villaescusa de Haro, Villamayor de Santiago, Cabezamesada, Corral de Almaguer, Miguel Esteban, La Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, El Toboso, La Villa de Don Fadrique y Villanueva de Alcardete.

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De nuevo, dentro de la Orden de Santiago, en el siglo XVI, el topónimo Mancha se utiliza en la división, esta vez judicial, del territorio santiaguista de la provincia de Castilla. Hasta 1560 hubo dos gobernaciones, una con sede en Ocaña, de la que dependían el Partido de Ocaña y Ribera del Tajo y el Partido de La Mancha, y otra con sede en Villanueva de los Infantes de la que dependía el Partido de Montiel.

Al Partido de La Mancha, dentro de la gobernación de Ocaña, dependían los pueblos de: Cabezamesada, Campo de Criptana, Congosto, Corral de Almaguer, Dos Barrios, Hinojoso de la Orden, Horcajo de Santiago, Miguel Esteban, Mora, Mota del Cuervo, Noblejas, Pedro Muñoz, Puebla de Almoradiel, Puebla de don Fadrique, Quintanar de la Orden, Santa Cruz de la Zarza, Santa María de los Llanos, Socuéllamos, El Toboso, Villaescusa de Haro, Villa Mayor de Santiago, Villanueva de Alcardete y Villarrubia de Santiago.

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Después, el rey Felipe II la reorganiza de nuevo judicialmente en cuatro jurisdicciones, desapareciendo el topónimo Mancha, en los partidos de: Uclés, Ocaña, Quintanar de la Orden y Villanueva de los Infantes.

Y no encontramos el topónimo Mancha hasta que en 1691 se divide el antiguo y extenso reino de Toledo, para formar dentro de él dos provincias o intendencias: Toledo y La Mancha. La Provincia de Toledo quedaría formada por los partidos de Toledo, Alcalá, Ocaña, Talavera y Alcázar de San Juan, y la Provincia de La Mancha por los partidos de Alcaraz, Infantes, Almagro y Ciudad Real. Esta Provincia de La Mancha se reordena, administrativa y judicialmente, entre 1765 y 1785, en: Ciudad Real, Partido de Almagro y Campo de la Orden de Calatrava, Partido de Villanueva de los Infantes de la Orden de Santiago y Partido de Alcaraz. Según las relaciones solicitadas a los intendentes del reino por el Conde de Floridablanca, en 1785, agregados al Partido de Villanueva de los Infantes aparecen lugares que antes habían pertenecido al Partido de Ocaña: Quintanar de la Orden, Cabezamesada, Campo de Criptana, Miguel Esteban, El Toboso, Hinojosos, Horcajo, Socuéllamos, Santa María de los Llanos, Tomelloso, Villamayor, Villanueva de Alcardete y el Real Sitio de Ruidera.

De nuevo, en 1799, la Provincia de La Mancha es ampliada con los pueblos del Partido de Alcázar de San Juan, pertenecientes al Gran Priorato de San Juan, hasta su disolución como Provincia de La Mancha en 1833. Los lugares pertenecientes a esta provincia formarían parte de las nuevas provincias constituidas de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, y así han llegado hasta nuestros días, dentro de la región española de Castilla-La Mancha.

Pero Cervantes murió en 1616, y, evidentemente, no pudo conocer esta Provincia de La Mancha, existente entre 1691 y 1833. Entonces hay que preguntarse: ¿Qué espacio geográfico comprende la Mancha del Quijote? Lo que no cabe duda es que el espacio manchego conocido en su tiempo por Cervantes, tiene en su corazón, en su centro, la famosa Cueva de Montesinos. Hay autores que al defender sus hipótesis sobre la geografía del Quijote se olvidan, en algunos casos deliberadamente, de leer algunas partes de sus capítulos, e incluso hasta los títulos, como el del capítulo XXII de la segunda parte, que dice así: “Donde se cuenta la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha”.

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La percepción de la imagen de un lugar o de un paisaje es subjetiva para cada uno de sus vecinos o visitantes, pero pasa a ser una imagen objetiva en el momento que se usa concretamente en la creación de una obra por su autor. Se podrá llegar a discutir hasta donde llegarían los límites del espacio natural de la Mancha por el norte, sur, este y oeste, y si este o aquel pueblo era o no de la Mancha en este o aquel tiempo, pero si se trata de la Mancha que Cervantes conoce y escoge para hacerla patria de don Quijote, es evidente que la Cueva de Montesinos está en su corazón.

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Los dos únicos espacios geográficos con límites y divisiones claras, administrativas, fiscales y judiciales, con el topónimo Mancha, que pudo conocer el autor del Quijote son: el Común de la Mancha y el Partido de la Mancha. En el mapa anterior está representado el Partido de La Mancha, con límites más extensos que el Común de La Mancha, aunque idénticos por el sur. Estos espacios administrativos o judiciales no son la Mancha del Quijote, porque, sencillamente, la Cueva de Montesinos no se encuentra en su corazón, ni tan siquiera en sus límites. Como tampoco se encuentra entre ellos Argamasilla de Alba, “lugar de la Mancha, en vida, y muerte, del valeroso don Quijote de la Mancha, hoc scripserunt” (1, 52).

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Argamasilla de Alba y El Toboso son los únicos lugares nombrados en el Quijote como manchegos. Don Quijote afirma ante el caballero Vivaldo que:

“… sólo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía” (1, 13)

El Toboso es un lugar santiaguista de ambas divisiones, el Común y el Partido de La Mancha, pero Argamasilla de Alba no formó parte de estos espacios geográficos perfectamente delimitados, aunque sí estaba en la Mancha, como lo aseguraba Cervantes en la primera parte del Quijote, y sus vecinos en las Relaciones Topográficas, en 1575:

“… el reino en que comúnmente se cuenta este pueblo es en el de Toledo, en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está sentado se llama la Mancha”

A la precisión geográfica del asentamiento de Argamasilla de Alba en la Mancha, Cervantes también nos deja evidencia de su escasa historia, al ser un lugar de fundación nueva cuando escribe el Quijote, y así se le ha conocido a Argamasilla de Alba hasta no hace mucho tiempo, como el Lugar Nuevo. En las mismas Relaciones Topográficas, sus vecinos reconocían los diversos movimientos que habían hecho a lo largo de su historia, hasta asentarse en este lugar:

“… la dicha villa es repoblación nueva de cuarenta y cuatro años a esta parte, un año más o menos, y que el fundador fue el Prior don Diego de Toledo porque era en tiempo de la orden de San Juan de que era prior y que esta población se fundó primero en la Moraleja que es término de dicha villa, habrá sesenta años poco más menos, y que por enfermedad se despobló y después se pobló en el Cerro Boñigal, cerca de los Molinos que dicen de Santa María, término de esta villa, y se decía la dicha población la villa de Santa María de Alba, y por enfermedades se trasladó a donde al presente está fundada que es en la villa de Argamasilla de Alba, habrá los dichos cuarenta y cuatro años como está dicho.”

Si a principios del 1600 “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años”, don Quijote nacía en la imaginación de Cervantes, “en un lugar de la Mancha”, sobre el año 1550. Sólo veinte años antes, en 1531, don Diego de Toledo era nombrado prior de la Orden de San Juan y fundaba el lugar de Argamasilla de Alba, en la Mancha. Ahora se comprende, aún mejor, la precisión histórica de Cervantes, cuando se refiere a Argamasilla de Alba como “lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”. Mucho antes de la vida narrada de don Quijote, este lugar manchego no existía.

Los límites de la Mancha del Quijote, que algunos autores aún defienden, no son los del Común de La Mancha ni los del Partido de La Mancha. La Mancha del Quijote, la que conoce en su tiempo Cervantes, tiene en su corazón la Cueva de Montesinos y uno de sus lugares que la forman es Argamasilla de Alba.

Otros autores afirman que los topónimos o las referencias geográficas usadas por Cervantes en el Quijote, de esta parte de España, son muy pocos, e incluso los califican de imprecisos, irrelevantes o ambiguos, argumentando así el escaso conocimiento y relación de Cervantes con esta parte de Castilla. Hay que tener en cuenta que el Quijote lo escribe Cervantes para los lectores de su tiempo, para sus lectores de principios de siglo XVII, con percepciones del paisaje o conocimientos del espacio geográfico muy diferentes a los actuales. Con los conocimientos y medios geográficos actuales, en los que todos llevamos en el bolsillo un dispositivo capaz de almacenar mapas, situarnos precisamente mediante sistemas de posicionamiento global en el mundo, calificar a Cervantes de impreciso o ambiguo es, al menos, pretencioso.

Cervantes tiene intención de contar una ficción creíble a sus lectores, lejos de los autores anteriores, e incluso coetáneos, que, como él mismo los define:

“son en el estilo duros; en las hazañas, increíbles; en los amores, lascivos; en las cortesías, mal mirados; largos en las batallas, necios en las razones, disparatados en los viajes, y, finalmente, ajenos de todo artificio, y por esto dignos de ser desterrados de la república cristiana, como a gente inútil” (1, 47).

El Quijote no es una guía de viajes en la que don Quijote se orienta por carteles o señales en el camino para no perderse, y que hoy las consideramos fundamentales para cualquier viaje. Sus salidas de su pueblo por la Mancha no son disparatadas, ni en el tiempo ni en el espacio, y lo que para nosotros puede pasar por impreciso o abstracto, sin posición clara en el espacio geográfico de la Mancha actual, para sus lectores sería fácilmente ubicable. Con los topónimos empleados y las descripciones físicas del terreno, por donde Cervantes llevaba a don Quijote, era suficiente para ubicar a nuestro caballero en esta tierra por sus lectores, aunque, para muchos de ellos esta geolocalización literaria no tuviese la menor importancia, como hoy también ocurre, o quizá sí la tuviera por lo novedoso del recurso literario utilizado. Sí que la tendría para quienes, viajeros como él, eran conscientes del marco geográfico por donde transcurrían las aventuras, reconociendo los caminos y parajes reales utilizados como escenario de las aventuras.

Por tanto, Cervantes, no es impreciso, ambiguo, contradictorio o poco concreto, en lo que a la geografía concierne, porque escribe para quienes conocen, como él, el espacio natural manchego de su tiempo. Somos nosotros los que tenemos, si queremos ubicar las escenas del Quijote, los que estamos obligados a conocer el espacio natural manchego que conoció Cervantes, y sus lectores, y dejar de enmendar la plana a un autor del siglo XVII con los conocimientos geográficos del XXI.

Vamos a definir la Mancha del Quijote a través de los trabajos de geógrafos e historiadores, y del propio autor del Quijote. Antonio Blázquez, durante su conferencia leída el día 3 de mayo de 1905 en la Real Sociedad Geográfica de Madrid, con el sugerente título de La Mancha en tiempos de Cervantes, se hacía esta pregunta: “¿Qué era la Mancha, teatro de las hazañas de Don Quijote?” Para seguidamente contestarse:

“Todos sabemos lo que es hoy; algunos ignoramos lo que fue; muchos identifican escenas y pasajes con lugares de aquel entonces, quizá sin prueba cierta y convincente; más no todos nos damos cuenta exacta de su territorio y de su vida, de sus productos y caminos, de sus tradiciones y leyendas… En realidad, el país en que se desarrollan los sucesos narrados en la primera parte del Quijote estaba constituido, según interpretadores y comentaristas, por el territorio de las Órdenes militares de Calatrava, Santiago y San Juan… El campo del priorato de la Orden de San Juan, a la cual elogia Cervantes aplicándole calificativos que no emplea para las demás, es de sospechar que con ella le ligaba algún particular afecto”.

Uno de los topónimos manchegos descritos por Cervantes son las lagunas de Ruidera, de las que incluso detalla los límites jurisdiccionales precisos, entre las órdenes de Santiago y San Juan:

“…que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera: las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima que llaman de San Juan” (2, 23)

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Las lagunas de Ruidera, quedaron divididas en 1237 por los acuerdos para marcar sus límites entre las órdenes de Santiago y San Juan: “Entonces la Ruidera tengan los frailes de Uclés y partieron por medio con la Moraleja por soga y de este mojón a la Mancha de Haver Garat a tanto que llegue con el otro mojón que esta entre Criptana y Santa María”. Con la victoria de Isabel y Fernando en la Guerra de Sucesión Castellana, en 1479, los territorios de las órdenes de Calatrava y Santiago, pasan al dominio de los Reyes Católicos, nombrados desde entonces como sus Maestres. Tras ser coronado rey de España su nieto Carlos I, en 1520 comenzó una revuelta comunera en varias ciudades castellanas contra él, que terminó con la derrota de los comuneros en 1522. Un año más tarde, en 1523, los maestrazgos de Calatrava y Santiago pasan a ser definitivamente parte de la Corona de España. La Orden de San Juan no pasó a la Corona hasta mucho tiempo después, en 1802. Esta situación jurisdiccional de esta parte de la Mancha, gran parte bajo el dominio de la Corona y otra bajo la Orden de San Juan, es la que Cervantes conoce y la describe exactamente, en la segunda parte del Quijote, cuando don Quijote cuenta a Sancho y al “primo” lo que había vivido en el interior de la Cueva de Montesinos, y cómo parte de las lagunas pertenecían a los “reyes de España y las dos sobrinas, a los caballeros de una Orden santísima que llaman de San Juan”, estas dos lagunas dentro del término de Argamasilla de Alba, villa de la Orden de San Juan, son las lagunas de La Cueva de la Morenilla y La Membrilleja. Esto les contaba don Quijote de lo oído a Montesinos contar a su primo Durandarte:

“… la cual, con vos, y conmigo, y con Guadiana vuestro escudero, y con la dueña Ruidera, y sus siete hijas, y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años, y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente faltan Ruidera, y sus hijas, y sobrinas, las cuales llorando (por compasión que debió de tener Merlín dellas) las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos, y en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera, las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas de los caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan” (2, 23)

¿Qué espacio geográfico natural castellano tenía en su corazón a la Cueva de Montesinos, situada junto a las famosas Lagunas de Ruidera, de las que incluso conocía Cervantes su división jurisdiccional, y era conocido en su tiempo como la Mancha? La forma más natural y expresiva para describir un territorio es su representación en un mapa. La Mancha aparece dibujada en un mapa por primera vez en 1544, por el cartógrafo italiano Giacomo Gastaldi.

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Unos años más tarde, en 1566, en un mapa realizado por Pedro de Medina en el Libro de grandezas y cosas memorables de España, podemos apreciar a la Mancha entre Castilla, reino de Aragón, Valencia, reino de Murcia y el reino de Toledo. Es evidente que la Mancha geográfica, coetánea a Cervantes, sin límites administrativos, fiscales y jurídicos, era una parte significativa, amplia y conocida de España.

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Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, de 1845, afirma:

“… el terr. llamado Mancha, abraza indudablemente el país, generalmente llano, raso y árido, contenido desde los montes de Toledo á los estribos occidentales de la sierra de Cuenca, y desde la Alcarria hasta Sierra-Morena; entrando en esta comprensión, lo que se llama mesa de Ocaña y del Quintanar, los part. de Belmonte y San Clemente, los terr. de la orden de Santiago, San Juan y Calatrava, y toda la sierra de Alcaraz; sus confines al N. son el Tajo, y la parte llamada propiamente Castilla la Nueva; E. los reinos de Valencia y Murcia; S. los de Córdoba y Jaén; O. las prov. de Estremadura, estendiéndose 53 leg. de E. á O. y 33 de N. á S.; hasta el siglo XVI, la parte oriental de este terr. se denominó Mancha de Montearagón y Mancha de Aragón, abreviado por conocerse con el título de Montearagón, la sierra que media entre Chinchilla y el reino de Valencia; todo lo demás se denominó simplemente Mancha”.

Casi la misma imagen, de norte a sur, de la Mancha nos deja descrita el geógrafo alemán Otto Jessen, profesor de Geografía de la Universidad de Rostock (Alemania), en La Mancha, contribución al estudio geográfico de Castilla la Nueva, publicada en 1930. Según Jessen, “lo mismo que en cualquiera otra región natural, es difícil señalar los límites precisos de La Mancha”. Realiza este estudio después de hacer un viaje por España en 1928. Tomando como origen la Estación del Mediodía, en Madrid, se sube “en el tren expreso de los “Andaluces”, que lleva la ruta Córdoba-Sevilla-Huelva”. Antes de hacer el análisis geomorfológico y del relieve de la Mancha, la delimita, de norte a sur, después de su paso por Aranjuez:

“Sin un tránsito sensible abandonamos la cuenca del Tajo para entrar en la del Guadiana, y, de la misma manera, la mesa de Ocaña pasa a convertirse en La Mancha. Al principio, el relieve es todavía movido. Cerros de rocas silúricas, triásicas o cretácicas se alzan sobre la llanura y viniendo del oeste, llegan hasta la vía los últimos ramales de los montes de Toledo; pero al llegar a Alcázar de San Juan, el país es casi llano del todo y parece como si se fuera navegando por el mar… Estamos ya en el corazón de La Mancha… No lejos de la vía divisamos Argamasilla de Alba, que se enorgullece de ser la patria del hidalgo don Alonso Quijano “el Bueno”. Desde Manzanares el paisaje se torna más animado… Todavía, en los alrededores de Valdepeñas, se extiende la planicie manchega como una amplia ensenada; pero se ha perdido ya la impresión de infinitud que tenía hasta aquí. La vista queda limitada por una comarca montuosa, que forma el Campo de Calatrava, al oeste, y el de Montiel, al este, en tanto que la llanura se alarga aún hacia el sur, hasta Santa Cruz de Mudela. Luego se juntan las lomas de uno y otro lado, y el tren abandona definitivamente La Mancha”.

¿Esta percepción geográfica de la Mancha corresponde a la que tenía Cervantes y sus coetáneos? Al menos, de este a oeste, podemos asegurar que sí. Pascual Madoz sitúa a la Mancha, y la delimita, al este con “los reinos de Valencia y Murcia” y al oeste con “Estremadura”, coincidiendo estos límites con los de la Mancha descrita por Cervantes en la Novela de la Gitanilla, una de las Novelas ejemplares publicada en 1613, entre los dos Quijotes:

“Esto contó la gitana vieja, y esto dio por excusa para no ir a Sevilla. Los gitanos, que ya sabían de Andrés Caballero que el mozo traía dineros en cantidad, con facilidad le acogieron en su compañía y se ofrecieron de guardarle y encubrirle todo el tiempo que él quisiese, y determinaron de torcer el camino a mano izquierda y entrarse en la Mancha y en el reino de Murcia… Dejaron, pues, a Extremadura y entráronse en la Mancha, y poco a poco fueron caminando al reino de Murcia.”

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Pocos años después de la publicación de los mapas de Gastaldi y Medina, en octubre de 1575, la monarquía española impulsó la recopilación de información sobre todos los pueblos de España, de la misma manera que ya se estaba haciendo en América. A esta ambiciosa empresa se le conoce como Relaciones Topográficas de Felipe II. La carta que acompaña a la Instrucción y Memoria, justifica el proyecto y la forma de hacerlo:

“El Rey. Por haber entendido que hasta ahora no se ha hecho ni hay descripción particular de los pueblos de estos reinos, cual conviene a la autoridad y grandeza de ellos, habemos acordado que se haga la dicha descripción y una historia de las particularidades y cosas notables de los dichos pueblos… Encargamos y mandamos os, que conforme a ella ordenéis a todos los concejos y justicias de los lugares de la tierra y jurisdicción de esa ciudad y de los eximidos de ella, se informen muy bien de todo lo contenido en la dicha Memoria, y hagan particular relación de ello, encargándoles con gran instancia tengan mucho cuidado de enviárosla, cada uno de los que tocare, la más cumplida, cierta y verdadera que sea posible, y con la mayor brevedad que se pueda…”

Muchos pueblos contestaron poco después de recibirse la carta, con la celeridad solicitada, pero otros muchos no lo hicieron, lo que provocó el envío de una nueva carta, en los mismos términos, tres años después, con amenazas de sanciones a quienes no la cumpliesen. Finalmente, los pueblos de la corona de Castilla fueron los que en mayor medida contestaron, en total 721. Y dentro de ella, el reino de Toledo contribuyó con un porcentaje alto de contestaciones.

La abundancia de datos aportados en las contestaciones, tocando gran cantidad de aspectos históricos, geográficos, sociales y religiosos, coetáneos con la vida de Cervantes y con la cercanía de la escritura del Quijote, hacen de las Relaciones Topográficas una obra importantísima para su consulta, por estar, dentro del reino de Toledo, el escenario real por el que camina Rocinante. Estas informaciones nos ayudan a tener una imagen del espacio geográfico del Quijote a través de la imagen que de cada uno de los lugares realizan “dos personas, o más, inteligentes y curiosas”. Por tanto, estamos ante la descripción más detallada y rica, en varios conceptos de la realidad de cada lugar, realizada por sus propios vecinos, según sus conocimientos, memoria y documentos localizados en sus archivos municipales, no por emisarios o viajeros encomendados para hacerlo, lo que refleja, en muchos casos, la idiosincrasia propia del lugar y sus vecinos.

En la pregunta número cuatro se solicitaba que se contestase, como a todas las preguntas del cuestionario, “breve y claramente, afirmando por cierto lo que fuese, y por dudoso lo que no fuese averiguado”, a:

“El reino en que comúnmente se cuenta el dicho pueblo, como es decir si cae en el reino de Castilla, o de León, Galicia, Toledo, Granada, Murcia, Aragón, Valencia, Cataluña, o Navarra, y en qué provincia o comarca de ellos, como sería decir en tierra de Campos, Rioja, Alcarria, la Mancha, etc.”

Esta pregunta tiene la gran importancia de poder recoger el sentimiento geográfico real de sus vecinos, y más en lo de pertenecer a comarcas sin límites geográficos, administrativos o jurídicos, como es la Mancha en esos años, nombrada específicamente en esta cuarta pregunta.

No todos los pueblos del reino de Toledo responden, y otros que sí lo hacen sus declaraciones no llegan o se pierden en los archivos de El Escorial. Pero sí encontramos en las contestaciones de los pueblos que se conservan, el topónimo Mancha, por contestar encontrarse en ella, o como referencia geográfica para determinar su situación en el espacio castellano del reino de Toledo.

Como ejemplo, dos villas cervantinas, nombradas en el Quijote: El Toboso y Argamasilla de Alba.

El Toboso, de la Orden de Santiago contesta: “Está en el reino de Toledo en la Mancha en la provincia de Castilla”.

Argamasilla de Alba, de la Orden de San Juan, contesta: “Al cuarto capítulo dijeron que el reino en el que comúnmente se encuentra este pueblo es en el de Toledo en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está asentado se llama la Mancha”.

tc 14.jpgSin embargo, resulta muy significativo que lugares muy próximos a otros, que sí manifestaban su situación dentro de la Mancha, no declarasen estar en ella. Un ejemplo muy demostrativo, por estar muy cerca de la cervantina villa de El Toboso, es Miguel Esteban. No responde estar en la Mancha, y así contestan sus vecinos encargados de hacerlo: “… esta villa de Miguel Esteban es de la orden de Santiago, y que está muy lejos de la mar, cincuenta leguas, y lo demás de la pregunta no lo saben”. Lugares cercanos a Miguel Esteban, además de El Toboso, que responden estar en la Mancha son: La Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, Mota del Cuervo y Campo de Criptana, todos son pueblos de la Orden de Santiago, como Miguel Esteban. Quero no contesta y Alcázar de San Juan, aunque hay constancia de que sí lo hace, sus declaraciones permanecen perdidas a día de hoy.

El Toboso: “Está en el reino de Toledo en la Mancha en la provincia de Castilla”.

Puebla de Almoradiel: “Que esta villa está fundada en el reino de Toledo y provincia de Castilla y Mancha de Aragón en el partido que pocos años ha era de la villa de Ocaña y al presente es el partido y gobernación de la villa del Quintanar de la Orden”

Quintanar de la Orden: “Esta villa del Quintanar se encuentra en el reino de Toledo porque cae el dicho reino en la Mancha de Aragón.”

Mota del Cuervo: “Al cuarto capítulo declararon que esta villa cae en el reino de Toledo en la Mancha.”

Campo de Criptana: “Está en la Mancha arrimada a la sierra de Criptana”.

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Y en el lado opuesto podemos encontrar a pueblos que declaran estar en la Mancha y sus pueblos vecinos, que también contestan, no dicen encontrase en ella. Bolaños de Calatrava, que dice ser “… del reino de Toledo, tierra de la Mancha, a la fin de ella”, sus localidades vecinas de Daimiel, Manzanares, Miguelturra, o Valenzuela de Calatrava, nada dicen de estar en la Mancha. Todos ellos, como Bolaños, pertenecen a la misma jurisdicción, de la Orden de Calatrava, aunque Valenzuela en 1575 pertenecía a un vecino de Almagro desde 1553, como así declaran. De la villa cercana de Almagro, se tiene constancia de que contestó pero, como otras declaraciones, los documentos se encuentran perdidos en El Escorial.

Daimiel: “… decimos que esta villa de Daimiel está en el reino de Toledo y Campo de Calatrava”.

Miguelturra: “… decimos que esta villa cae y está en el reino de Toledo y así se dice comúnmente porque está en el reino de Toledo. Y el reino de Toledo es Castilla y no está en ninguna frontera por estar como está dicha villa en el partido y Campo de Calatrava y reino de Toledo”.

Manzanares: “… que esta villa está situada en el reino y arzobispado de Toledo en el maestrazgo de Calatrava”.

Valenzuela de Calatrava: “… que esta villa de Valenzuela como dicho está hoy se cuenta una legua de Almagro en el reino de Toledo… es de Diego Alfonso, vecino de la villa de Almagro, … y que era de la orden de Calatrava”.

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Los lugares que dicen estar en la Mancha, en 1575, abarcan un extenso territorio castellano, desde Uclés y Villarrubia de Santiago, al norte, a Argamasilla de Alba y Membrilla, al sur, y desde Tirteafuera y Almodóvar del Campo, al oeste, a Iniesta y Chinchilla, al este. Están repartidos, mayoritariamente, entre los espacios geográficos gobernados por las órdenes militares de Santiago, San Juan y Calatrava.

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Fijándonos en los lugares más extremos que contestaron estar en la Mancha, como bordes geográficos, obtenemos un espacio muy amplio. ¿Es esta la Mancha de don Quijote? Observando que la Cueva de Montesinos no está en su corazón, ni en sus imprecisos límites, evidentemente este espacio geográfico no es la patria de don Quijote.

La Cueva de Montesinos se encuentra en el término municipal de La Ossa de Montiel. Es un topónimo muy antiguo conocido por sus vecinos y lugares cercanos. En sus respuestas a las Relaciones Topográficas afirman:

“… dijeron que en esta villa hay una ermita, que se dice San Pedro de Saelices, que está a una legua de esta villa, en la ribera del Guadiana, muy antiquísima, la cual está labrada la ermita en cruz. Y más arriba de ella hay una cueva, la cual se dice que era la cueva de Montesinos, que pasa un río grande por ella…”

La Ossa de Montiel junto a otras villas y aldeas formaban el Campo de Montiel, el Partido de Villanueva de los Infantes en la Orden de Santiago, cuando se elaboraron las Relaciones Topográficas, y Cervantes escribió el Quijote. Estos lugares eran: Villanueva de los Infantes, Alcubillas, La Solana, Membrilla, Torrenueva, Castellar de Santiago, La Torre de Juan Abad, Villamanrique, Almedina, La Puebla del Príncipe, Terrinches, Albaladejo, Cózar, La Ossa de Montiel, Villahermosa, Fuenllana, Alhambra, Carrizosa, Ruidera, Montiel, Torres, Cañamares y Santa Cruz de los Cáñamos.

De estos lugares santiaguistas solo Membrilla contestó estar en la Mancha: “… decimos que esta villa está en el reino de Toledo y su asiento es Mancha, y es el primer pueblo del partido del Campo de Montiel viniendo de Toledo hacia el sol a mediodía”.

El resto de lugares, de este Partido de Villanueva de los Infantes, no solo no respondieron pertenecer a la Mancha, sino que la mencionaban precisamente para excluirse de ella, como por ejemplo:

Villanueva de los Infantes: “Cae esta villa en el reino de Toledo, en las vertientes de los principios de sierra Morena que llaman en el Campo de Montiel que es entre la Mancha y sierra Morena”.

Almedina: “Esta villa está fundada en el reino de Toledo, en la provincia que llaman el Campo de Montiel, que es una gobernación de quince villas y tres aldeas situadas entre la Mancha y el Andalucía y tierra de Alcaraz y orden de Calatrava”.

Puebla del Príncipe: “Está en el reino de Toledo, en el Campo de Montiel, entre la Mancha y sierra de Segura, casi en las faldas de sierra Morena”.

Terrinches: “… está en la orden de Santiago, en el partido del Campo de Montiel… no es Mancha ni serranía ni sierra Morena; está entre medias de sierra Morena y sierra de Alcaraz y Mancha”.

Esto declaraban a finales del año 1575, con lo que se podría afirmar que el Campo de Montiel no es Mancha, al menos para aquellos vecinos elegidos para hacer las contestaciones. ¿Y para Cervantes, es el Campo de Montiel una parte de la Mancha?

Dos de estas villas, Villanueva de los Infantes, residencia del gobernador, y La Ossa, término en el que se encuentra la cervantina Cueva de Montesinos, en las diligencias realizadas a su favor, por Mateo López, en cumplimiento de las Reales Cédulas sobre fomento de la raza caballar, registro de yeguas y señalamiento de dehesas, mandadas hacer por el mismo rey Felipe II, en julio de 1576, argumentan ahora todo lo contrario, que están en el Campo de Montiel y ¡son pueblos de la Mancha!:

“Las villas de Villanueva de los Infantes y La Osa que son en el Campo de Montiel dicen que las dichas villas son pueblos de Mancha y estan distancia del puerto Muladar quince y veinte leguas a esta parte. Y las yeguas que hay en los dichos pueblos…”

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¿Por qué no todos los pueblos, o la mayoría de ellos, de la Orden de Santiago, especialmente del cervantino Campo Montiel, de la Orden de Calatrava y del Marquesado de Villena, no declararon estar en la Mancha en las Relaciones Topográficas, aunque si lo estuvieran? La razón es porque los límites de la Mancha no eran administrativos, jurisdiccionales o eclesiásticos, sino solo sentimentales, o incluso de conveniencia, de pertenecer a este espacio geográfico natural. Los vecinos elegidos para contestar, en las Relaciones Topográficas, lo hicieron precisamente por su conocimiento administrativo, judicial y religioso del momento, y con su sentimiento, o conveniencia, ante lo que no tenía límites precisos, como era la Mancha.

Para algunos vecinos, el sentimiento de pertenecer a la antigua Mancha árabe era irrelevante, en su contestación al cuestionario oficial en ese momento, y para otros, ese sentimiento manchego era parte de la antigua tradición de su lugar, anteponiendo, a veces, el sentimiento al conocimiento. Unos lugares, se sentían pueblos manchegos, y otros, aunque fueran vecinos, prevalecía más su pertenencia sanjuanista, santiaguista, calatraveña o montieleña, al menos en esas “dos personas, o más, inteligentes y curiosas” elegidas entre los vecinos para contestar al interrogatorio oficial.

Hoy es impensable que un montieleño contestase que no es manchego, porque en su antigua tradición y sentimiento lo son, aunque en su primera contestación sea la de montieleño, cómo es lógico en un territorio que ha llegado así hasta nuestros días. Con la evidencia del documento sobre las Reales Cédulas sobre fomento de la raza caballar, registro de yeguas y señalamiento de dehesas, y siempre teniendo en cuenta la afirmación de Cervantes que la Cueva de Montesinos está en el “corazón de la Mancha”, podemos afirmar que el Campo de Montiel era una parte indiscutible de la Mancha de don Quijote. Este es el sur de la Mancha de don Quijote, el Campo de Montiel, el sur de las órdenes militares de Santiago y Calatrava, con Sierra Morena como frontera natural con Andalucía.

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Los bordes de los términos municipales reflejados en este mapa son, al menos, la Mancha de límites imprecisos que conoció Cervantes, y que la elige como patria de su famoso caballero don Quijote. Lejos de reinos imaginarios y fantásticos, lo sitúa en un espacio inmenso, de pocos recursos, donde casi no hay nada, ni nunca pasa nada, quizá también por conveniencia. Tierra de paso, muy conocida por viajeros, arrieros y trajinantes de su época, por donde llevará al hidalgo manchego a través de sus monótonos caminos y parajes. Con este simple recurso literario, sitúa a sus sencillos protagonistas, un viejo hidalgo y un pobre labrador, en un terreno también muy sencillo, sin relevancia, monótono y polvoriento, pero real y creíble, en la Mancha. Conocida en su España, todos sus lectores viajeros, con solo leer el título de su novela sabrían dónde se iban a desarrollar las aventuras de don Quijote, e incluso al leer los capítulos reconocerían los mismos caminos y parajes por donde tantas veces han pasado, lentamente, sobre una mula o un carro. Lentitud que hoy nos falta a los viajeros para percibir el paisaje como lo percibían en el siglo XVI-XVII. A veces, solo viendo las innumerables fotografías que hacemos con nuestros dispositivos digitales, días, semanas o meses después, nos parece entonces reconocer matices en el paisaje que, cuando estábamos in situ, no supimos apreciar.

Y esta inmensa Mancha es dibujada en otro mapa, pocos años después de la publicación de la segunda parte del Quijote, y de la muerte de Cervantes. El rey Felipe IV, al iniciar su reinado en 1621, impulsa otro nuevo proyecto de hacer un mapa detallado de España, y ordena que se realice un Atlas de España, con el máximo detalle. Este encargo es conocido como el Atlas del Rey Planeta y lo dirige su cosmógrafo, Juan Bautista Labaña, pero este muere y no es hasta 1634 cuando lo termina uno de sus discípulos, nombrado también cosmógrafo real, Pedro Teixeira, publicándose como Descripción de España y de las costas y puertos de sus reynos. Este atlas, encontrado recientemente en la Biblioteca Nacional de Austria, en el año 2000, contiene un mapa de la Península Ibérica, que aunque no está realizado mediante procedimientos matemáticos y topográficos precisos, si muestra una aproximación de la imagen de la península, y, dentro de ella, la de la inmensa Mancha castellana.

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En uno de los doce mapas de las regiones de la Península Ibérica, el titulado “Tabla del Reyno de Andaluzia”, Texeira, representa precisamente el sur de la “Parte de la Mancha”, junto a Sierra Morena, donde transcurren tantos capítulos de la primera parte del Quijote. Y limítrofe a la Mancha, a su oeste, representa a la “Parte de Extremadura”.

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La Mancha de don Quijote, la que conoce Cervantes y sus coetáneos es inmensa. Y es dibujada así en los mapas por Gastaldi y Medina, antes de la escritura de la primera parte del Quijote, y por Labaña y Texeira, pocos años después de salir de la imprenta la segunda parte. La Mancha, que al oeste limita con Extremadura y al este con el antiguo reino de Murcia, que atravesó caminando “la gitanilla Preciosa, dejando Extremadura y entráronse en la Mancha, y poco a poco fueron caminando al reino de Murcia”. El sur es la cervantina Sierra Morena, frontera natural entre Castilla y Andalucía. Sólo nos queda delimitar el borde norte de la Mancha. Quizá Cervantes nos lo quiso definir en el soneto que el “Paniaguado, académico de la Argamasilla”, dedica a Dulcinea:

“Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran Sierra Negra y el famoso
campo de Montiel, hasta el herboso
llano de Aranjuez, a pie y cansado”

Don Quijote no llega en ninguna de sus salidas al río Tajo, que forma la llanura de Aranjuez, pero sin duda alguna Cervantes lo cruzó por sus puentes o embarcaderos en sus viajes a Andalucía y Murcia, sintiendo que, desde ese momento, se encontraba ya en la Mancha. Esta sensación de estar en la Mancha se describía en las guías de caminos, como en el Itinerario Español, ó Guia de Caminos, para ir desde Madrid á todas las Ciudades, y Villas mas principales de España (1760), de Josef Matìas Escrivano, cuando al cruzar el río Tajo, y entrando en Ocaña, el viajero ya estaba en la Mancha, aunque la división administrativa del territorio del momento fuese desde el río Tajo la Provincia de Toledo, estando la Provincia de La Mancha en 1760, mucho más al sur. De nuevo, el sentimiento prevalece a la política administrativa del territorio:

“Madrid para Cadiz: Paffa por las Ciudades de Andujar, Cordova, Ecija, Xerez, y Puerto de Santa María, y Firve de Guia al margen para otras muchas Ciudades, y Villas grandes de la Mancha y Andalucia. Es camino de Ruedas. Se fale por la Puerta, y Puente de Toledo en el Rio de Manzanares…”

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Esta Mancha, entre el río Tajo y Sierra Morena, y Extremadura y Murcia, sí tiene en su corazón a la Cueva de Montesinos, “a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha”. Esta es la Mancha que conoció Cervantes y la hizo patria de don Quijote, la Mancha de don Quijote.

Cervantes describe, sin la nitidez que hoy precisamos, a sus lectores de su tiempo, la geografía que él conoce y con la que sus vecinos se sienten pertenecer y los viajeros también conocer. Del conocimiento real de Cervantes, de esta tierra, tampoco hay acuerdo, por la ausencia de evidencias documentales de su estancia en la Mancha, aunque, al menos, es necesario su paso por ella en los traslados como funcionario desde Castilla a Andalucía y Granada, o a los puertos del Levante. Es esa supuesta falta de nitidez o imprecisión, la que hoy induce a algunos autores a contradicciones geográficas en el estudio del Quijote, ¡achacándoselas incluso al mismo Cervantes!, sin tener en cuenta que somos nosotros, los lectores actuales del siglo XXI, los pocos que creemos que el Quijote es una obra de ficción por una geografía real, los que tenemos que entender aquellos límites geográficos tan imprecisos, sin mojones ni señales, como los bordes de la imagen que de la Mancha tiene Cervantes y sus coetáneos, para poder interpretar geográficamente su novela, y, por qué no, poder caminar por los mismos caminos y parajes que el autor por algún motivo pasó y su personaje, sobre Rocinante, pisó.

Cervantes fue viajero por necesidad. En sus obras nos retrata al ser humano, la sociedad y, también, la geografía física y humana de su tiempo. ¿Impreciso en la geografía?, nuestro autor vivió hace más de cuatro siglos y escribió el Quijote para los de su época, que conocían que la imprecisa Mancha comenzaba en el río Tajo y terminaba en Sierra Morena, y desde Extremadura a Murcia. Para sus lectores no cabía imprecisión alguna.

Luis Miguel Román Alhambra

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LA IMAGEN DE LA MANCHA, AGOSTO

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Hemos pasado el ecuador del mes de agosto, todavía verano en la Mancha. Hoy la imagen que veo desde Montón de Trigo poco difiere a la que vi el mes pasado. Quizá todo aún más seco. A lo lejos veo a un ciclista sobre la antigua plataforma ferroviaria que debió de unir Alcázar de San Juan y Quintanar de la Orden, y que hoy la conocemos como la Vía del Hambre. Se realizaron los terraplenes, trincheras y puentes, pero nunca tuvo la piedra, el balasto ferroviario. Piedra sobre la que las brigadas de construcción alinearían las traviesas de madera de roble creosotadas y atornillarían firmemente, en ellas, los carriles con tirafondos. Antes, especialistas con las azuelas cajeaban las traviesas, dando con milimétrica precisión la inclinación que debía de tener el carril. Todo para unir Quintanar de la Orden con el gran nudo ferroviario de Alcázar de San Juan. Pero solo quedó terminada la plataforma.

A Quintanar fue Sansón Carrasco a comprar unos buenos perros pastores para regalárselos a don Quijote: “… y que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado Barcino, y el otro Butrón, que se los había vendido un ganadero del Quintanar”. Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote, y Quintanar de la Orden, de donde también era el cruel ganadero Juan Haldudo, ya quedaron unidas por la pluma de Cervantes, mucho antes que el tren lo intentase, o este ciclista lo haga hoy.

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Al poco tiempo, el ciclista se pierde de mi vista. Sigo contemplando este paisaje desde mi altozano. Al fondo veo la Laguna del Salicor, y rozando con el horizonte diviso la localidad manchega de Quero, ya en la provincia de Toledo. Todo está muy seco y la laguna también. De formación endorreica solo tiene agua unos pocos meses al año, cuando las lluvias de invierno y primavera se escurren hasta su fondo. Decido ir a pisar su suelo, como hicieron los romanos muchos siglos antes para recoger la preciada sal de este humedal hipersalino. Alces, la antigua villa romana está localizada por estos entornos. Los varios centímetros de sal que se acumula en su superficie quizá fueron decisivos en la decisión de fundar un asentamiento, una ciudad romana, la antigua Alces.

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Dejo mi vehículo a unos doscientos metros del borde de la laguna, su aspecto es lunar. Desciendo a su fondo y cada paso que doy es como si pisase en una alfombra increíblemente suave y blanda. Pellizco el suelo y lo chupo, es salado. Y ante mí un milagro de la vida, de la naturaleza, una planta que encuentra el agua debajo de la sal, el salicor. Aquí se registran temperaturas de más de + 40º C en verano y de – 10º C en invierno, más de 50º de amplitud térmica anual, con una concentración de sal muy alta, y ¡hay vida! Merece la pena llegar hasta aquí, no hay nadie, solo escucho al aire, algún pájaro a lo lejos, mi respiración y mis tripas.

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Dejo este increíble lugar para bordear la laguna y  encontrarme con más vida. Ahora es un sisón, una hembra de sisón. Sabe que no soy su depredador y me deja de acercarme lo suficiente como para hacerle esta foto. Y para que compruebe por qué se llama así emprende el vuelo, dejando en mis oídos ese silbido o siseo de sus grandes alas, tan singular, y del que toma nombre.

Estamos al final del verano en la Mancha. Por aquí decimos que ya “en agosto, frío al rostro”, y la mañana es fresca. Tengo que continuar un poco el camino, la Senda de los Canteros, para llegar a contemplar más vida vegetal. Vida cuidada por el agricultor para crear uno de los productos, junto al queso, más conocidos de la Mancha en el mundo, el vino. Llego a un viñedo de uvas tempranillo, a las que les falta madurar un poco más. La primavera ha sido muy lluviosa, el verano atípicamente más fresco, han hecho que la vendimia se retrase unas semanas este año. Me llevo una uva a la boca, algo ácida aún, pero de un sabor intenso, como el vino que saldrá de estos apretados racimos tempranillo de las bodegas de este inmenso viñedo manchego.

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Vuelvo a casa, pero junto al camino hay un montón de piedras calizas de gran tamaño, que los agricultores retiran de sus tierras. Tengo la sensación de que desde su cresta podré ver mejor esta viña de uva tinta.

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Y lo que me encuentro es con un nuevo paisaje de mi tierra, de la Mancha, y sus contrastes. Continúo camino a Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote y Sancho, y el mío. Los usos del suelo han cambiado el paisaje que pudo conocer Cervantes, pero quizá esta tierra tan sencilla,  pero llena de contrastes, le hizo pensar en ella como patria de sus dos personajes. Sobre un plano inmenso de tierra, una línea divide sus dos personalidades, tan distintas, pero tan arraigadas una a la otra, como sus dos personajes principales, Alonso y Sancho, como la vida de cualquier ser humano.

En septiembre, volveré. Será mi última imagen desde esta atalaya, desde Montón de Trigo.

 

                                  Luis Miguel Román Alhambra

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LA IMAGEN DE LA MANCHA, JULIO

que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque…

imagen julio revEs julio, verano en la Mancha, y es tiempo de la siega del cereal en Alcázar de San Juan y en toda la Mancha. Sancho se excusa, en el cuento que estaba contando a los duques, de no haber estado presente en la muerte de un hidalgo, vecino suyo, debido a que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque. En esta tierra las cosechas se malograban, casi todos los años, por la sequía, tormentas de agua y granizo, o por plagas de langosta que arrasaban términos enteros. Los agricultores a jornal, como Sancho Panza, en época de siega, cuando en su pueblo no había suficiente cosecha para dar trabajo a todos, iban a los pueblos cercanos que sí necesitaban mano de obra en la siega, como Tembleque. Pasaban semanas fuera de sus casas,  durmiendo en quinterías o casas de labor trayendo a casa los  jornales convenidos con los propietarios de los campos, que eran bien recibidos en sus casas para poder llenar sus desabastecidas despensas.

Desde mi cerro testigo, Montón de trigo, en mitad de este caluroso mes de julio, observo los campos amarillos recién segados, contrastando con los colores ocres de la tierra que se ha quedado en barbecho este año y los verdes de las viñas que ya inundan con fuerza la Mancha. En este mismo mes sitúa Cervantes la primera salida de don Quijote de su pueblo camino hacia la venta de Manjavacas, en Mota del Cuervo, donde después de un intenso día de camino, y calor, llegó al anochecer. Esta es la misma imagen de los campos manchegos que vio don Quijote sobre su querido Rocinante.

Desde este mirador inmejorable veo que en uno de los “peazos” de tierra ya se han hecho las alpacas de paja que servirán para dar de comer al ganado o servir de cama a los rebaños de ovejas en los rediles manchegos. A lo lejos una de esas casas de labor, ya casi en ruinas, que usaban los agricultores para pasar los días.

alpacas de paja_revSon las nueve de la mañana y comienzo a dar un paseo por el camino, huele a paja. La poca humedad de la noche deja un olor intenso a paja. Creo que estoy solo, pero no es así, estoy siendo observado por una de las aves más increíbles que hay, el cernícalo primilla, capaz de quedarse inmóvil en el aire, de cara al aire,  esperando a su presa, normalmente un ratoncillo que se apura para comer algunos de los granos que han quedado durante la siega antes de meterse en su agujero. Me encuentro a unos centenares de metros de la Laguna de Salicor, uno de los humedales de la Mancha y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Casi en extinción, este pequeño halcón, ha conseguido reponerse gracias a su protección y hoy es posible verlo “flotar” cara al viento predominante en la Mancha, el solano, viento del Levante. Nos miramos, y desde su atalaya de paja levanta el vuelo y al poco tiempo me sobrevuela, durante un instante parece que la gravedad no existe para él y se aleja en busca de su almuerzo, o el de sus crías.

cernicalo_revVuelvo a casa y rebusco en las fotografías de la familia, especialmente de la de mi mujer, agricultora como la de Sancho Panza, y encuentro la de mi suegro, Julián, en la era familiar, con el carro sin la mula cargado de paja y espiga, increíblemente colocada y atada, para comenzar su descarga y la trilla, donde quedará separado el grano de la paja.

carro de espigas_rev

Sigo mirando fotografías de mi familia, de mi abuelo Juan, pastor de cabras, y encuentro la de mi madre sentada en una trilla conducida por su tío Miguel, el huertero como se le conocía. Con mi madre están mis tres hermanos mayores, Juan José, Javier y Epi, y, según me dijo ella, yo también iba subido ya en la trilla. Unos meses después nacía.

Trilla_rev

Ahora recuerdo uno de los consejos de don Quijote a Sancho Panza, y me lo aplico: ¡Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de labradores!

El mes de agosto volveré a las viñas que están junto a Montón de trigo, los racimos estarán ya casi maduros, el vino del 2018 se está gestando.

                                                                                       Luis Miguel Román Alhambra

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LAS AVENTURAS DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA NUNCA ASÍ CONTADAS

Enrique Suárez (izqda) y Luis Miguel Román

Con Enrique Suárez Figaredo antes de la presentación oficial

Desde el pasado jueves, 14 de junio, está disponible para su descarga en la página www.cervantesalcazar.com, un Quijote más entretenido y entendible, especialmente editado por la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan para quienes han comenzado la lectura del Quijote y la han dejado por diversos motivos, como que hay capítulos que les aburre o no lo entienden, al estar escrito en un español del siglo XVI-XVII. Según estudios oficiales, ocho de cada diez lectores que han comenzado el Quijote no lo han terminado, y de estos, muchos lo han dejado al comienzo de El curioso impertinente.

Enlace de descarga:  http://www.cervantesalcazar.com/web/pdf/QUIJOTE_SC_Alcazar.pdf

He tenido el gran privilegio, como presidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, de prologar este Quijote y de presentarlo oficialmente en el Museo Casa del Hidalgo de Alcázar de San Juan, junto al autor de esta magnífica adaptación del Quijote, el barcelonés Enrique Suárez Figaredo, Socio de Honor de esta asociación cultural y editor de la gran mayoría de las obras de Cervantes y del Siglo de Oro español, un excepcional especialista del Quijote de Cervantes y el de Avellaneda. Por su conocimiento en el Quijote de Cervantes ha sido colaborador en la última edición del Quijote de la Real Academia Española de la Lengua (2015) y del Quijote de Avellaneda que en breve verá la luz,  en edición de lujo.

Este Quijote, sin perder nada de la esencia cervantina, es un 25% más corto, por haberse eliminado los capítulos en los que don Quijote y Sancho no son protagonistas, las novelas intercaladas, por lo que tenemos siempre a la vista a los manchegos universales en el argumento del capítulo. Pero además, se han corregido las erratas, se han suprimido los trucos de los cajistas en la imprenta,se ha intervenido en la sintaxis para evitar confusiones al lector, se ha adaptado el vocabulario al de uso actual para evitar tener que usar continuamente un diccionario y se ha regularizado el lenguaje de los personajes para que siempre hablen del mismo modo, en especial el de Sancho Panza. Finalmente, se han reorganizado los capítulos para hacerlos más homogéneos. Con todo, sigue siendo una obra escrita en castellano antiguo y el texto se acerca a las mil páginas. Su título está en la línea de lo realizado: Las aventuras de don Quijote de la Mancha nunca así contadas.

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No es un Quijote académico, ni se pretende, es, sencillamente, el medio para que el lector esquivo del Quijote, una vez leído este, quiera leer el original de Cervantes. Para lo cual, también en la misma página web, el lector podrá encontrar las ediciones, editadas y comentadas por Enrique Suárez, de la primera y segunda parte del Quijote,fieles a la primera edición de 1605 y 1615. Y como la segunda parte del Quijote de Cervantes no se puede entender sin haber leído antes el Quijote apócrifo de Avellaneda, este Quijote también está disponible. En total, el lector tiene a su disposición cuatro Quijotes, yla descarga es totalmente gratuita.

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¿Qué nos ha movido a la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan a hacer esta edición adaptada del Quijote? La respuesta la resumo en el prólogo, que aquí copio:

Ocupado lector del siglo XXI, es para mí, como presidente de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan, un orgullo poder presentar esta obra que ahora tienes en tus manos.

Son varios los motivos que han impulsado este proyecto. En primer lugar, nuestra Sociedad Cervantina se ubica en la ciudad de Alcázar de San Juan, que lleva, desde el año 1966, el título oficial de “Corazón de la Mancha”. Corazón de la patria de dos de los personajes más conocidos de la literatura universal, don Quijote y Sancho Panza. Por otro lado, la vinculación de esta ciudad con la figura de Cervantes es más que centenaria, desde que se encontró aquí, en 1748,  una partida de bautismo atribuida al autor del Quijote. Con independencia del devenir de esta partida de bautismo, foco de una intensa polémica sobre la patria chica del autor del Quijote, hemos seguido la trayectoria de cuantos nos precedieron en el estudio de la vinculación de Cervantes con esta ciudad, particularmente con la ubicación nuclear de la novela.

Otro de los motivos es nuestra sensibilidad por quienes, por un motivo u otro, se han alejado de la lectura, y especialmente del Quijote, por la problemática que su lectura les presenta, especialmente en los jóvenes. Esta antigua inquietud de la Sociedad Cervantina de editar un Quijote entretenido y entendible por el lector actual, pero sin perder el sabor al castellano antiguo de su redacción inicial, comienza a gestarse con Enrique Suárez Figaredo, actualmente Socio de Honor de la Sociedad Cervantina, durante las distintas actividades que llevamos a cabo. Enrique no es alcazareño, ni siquiera manchego, sino catalán de Barcelona, y un gran quijotista. En 2004 publicó un voluminoso Quijote preparado con rigor filológico, y ha colaborado en la reciente edición del Quijote de la Real Academia de la Lengua. Nuestra inquietud y el antiguo, y aplazado sine die, proyecto de Enrique de preparar un Quijote aligerado de todo lo que pueda no ser relevante al lector de cara a la continuidad de la lectura de la trama, dio lugar a la proposición por parte de la Sociedad Cervantina a Enrique de que pusiese manos a esta obra. Y en menos de seis meses teníamos en nuestras manos lo que ahora te presentamos: un Quijote entretenido y entendible. Como refleja el subtítulo de nuestro Quijote: Las aventuras de don Quijote de la Mancha nunca así contadas, estamos lejos de una edición académica al uso.

Asumimos con cervantino decoro cuantas críticas, encendidas o cordiales, merezca nuestra modesta iniciativa, y realizada por Enrique Suárez Figaredo. Venga lo que viniere sobre nuestras espaldas, sin pesadumbre lo llevaremos. Y si este Quijote, por agrado o desagrado, te mueve a leer el Quijote de las ediciones de 1605 y 1615, también te los ofrecemos con el texto íntegro y con rigor académico, así como de las más conocidas obras cervantinas.

¡Vale!

Luis Miguel Román Alhambra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA IMAGEN DE LA MANCHA, JUNIO

“Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”

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Los meteorólogos aseguran que estamos en el comienzo de un cambio climático, pero este año el clima en la Mancha está siendo fiel reflejo de la sabiduría popular. Esa sabiduría que se transmite de padres a hijos, a veces, en forma de pequeñas sentencias o refranes. El sayo era una prenda de medio abrigo, larga y sin botones, usada por los agricultores y pastores. Y hasta ayer, diez de junio, en Alcázar de San Juan la habría llevado puesta Sancho Panza.

Cuando vuelvo por el camino veo una de las plantas más comunes en esta época, junto a los caminos y lindes de las tierras, son las tobas, que llegan a alcanzar más de dos metros de altura. De la familia de los cardos, es también conocida por aquí como “cardo borriquero” y forma parte de la imagen veraniega de la Mancha. Hoy están verdes, pero con el paso de las semanas, y el calor del verano, las tornará secas y amarillas.

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Y me viene a la cabeza el nombre y escudo de armas del lugar más cervantino del Quijote: El Toboso. Los vecinos de El Toboso, en 1575, respondiendo al cuestionario enviado por el rey Felipe II a su villa, dicen que: Llamase el Toboso, y se entiende que se dice así porque cerca del dicho pueblo se hacen y crían muchas tobas, y no hay noticia que antes haya tenido otro nombre… Está en el reino de Toledo en la Mancha en la provincia de Castilla… Tiene por escudo y armas unas tobas en campo verde y cielo, y en medio de ellas una cierva que viene huyendo a ellas, las tobas se ponen porque ellas dieron el nombre al pueblo… y ponerse la cierva entre ellas para mostrar el efecto dellas, porque en los tobares que en esta tierra se suelen hacer se guarece la caza, y así que por la cierva se expresa bien su afecto, y púsose cierva y no otra caza por ser la mas noble de la caza.

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Estoy a escasos metros del camino del Toboso, el mismo por el que don Quijote y Sancho pasaron hacia el lugar de Dulcinea, camino a Zaragoza. Como me ocurre varias veces al cabo del año,  siento la necesidad de pasear por sus calles y plazas, no hay ningún lugar tan cervantino como El Toboso. Mientras voy, esta vez por la carretera hacia El Toboso, me acuerdo cuando, en uno de mis viajes a Chile, cansado y con sueño, subo en el taxi que me llevaría del aeropuerto al hotel de Santiago de Chile, y el conductor me hace las preguntas de cortesía sobre mi origen, que siempre tienen mi misma respuesta: ¡Soy de la Mancha! No hace falta decir nada más, ya sabe que soy español y me ubica entre Madrid y Andalucía. ¡Debe de ser muy bonito vivir donde don Quijote!, me exclama. Después ya todo fue muy fácil, en cuarenta y cinco minutos de trayecto, hablar del Quijote y su geografía fue fascinante con este taxista, conocedor, como casi nadie, del Quijote, que había leído varias veces.

Le hablo de otro chileno, de Talca, muy especial para mí, Carlos Sander Alvarez, que impulsó la rehabilitación de los molinos de viento en Campo de Criptana, cuando estuvo destinado como cónsul en la embajada de Chile en Madrid. El taxista no recordaba nada de esto, y tomó nota del título del libro de Sander que le recomendé leer, En busca del Quijote, para buscarlo en las librerías o mercadillos de libro antiguo de Santiago. Le cuento como a veces voy a El Toboso a recorrer sus calles, y, después de unos segundos de silencio, me pregunta, entre sorprendido y pensativo: ¿El Toboso existe? ¿No es un pueblo inventado por Cervantes? Ahora soy yo el sorprendido. Las trece horas de vuelo pasadas en el avión posiblemente me dejaron sin frescura, pero también no concebía que un pueblo tan visto y tocado por mí, fuese de ficción por un lector del Quijote, como mi amable taxista.

¡Claro que existe!, le respondo. El Toboso está a unos treinta kilómetros de donde yo vivo, tan cerca que he llegado a ir en bicicleta a él, como a Campo de Criptana o a las lagunas de Ruidera, le comento. ¡Ojala hubiese durado más el trayecto!, pero era domingo y no había “taco” en la carretera de acceso a Santiago, y tampoco en sus calles, pero seguro que este taxista cervantino, en cuanto pudo, buscó en su teléfono móvil el lugar de Dulcinea.

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Paso por Miguel Esteban, y sigo la indicación hacia El Toboso ¡Cómo le hubiese gustado a aquel taxista ver esta señal!, estoy en las Tierras de Dulcinea.

En pocos minutos llego a las afueras del pueblo y dejo mi vehículo aparcado junto al convento de las trinitarias. Es casi mediodía, los ruidos son los de un pueblo pequeño de agricultores, donde casi tampoco se ve a nadie. Los hombres estarán en las viñas, desde bien temprano, colocando los sarmientos o arando la tierra para quitarle las malas hierbas. Las mujeres haciendo la comida que hoy me huele a gloria, ¡o quizás es que tengo ya hambre! Detrás de una portada escucho ladrar a un perro, que por su tono me parece de talla grande, y recuerdo: No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho… Desde luego, si este ladrido, por debajo de la portada, lo escucho a media noche, me turbaría más que a Sancho Panza, por expresar así el miedo, de forma más cervantina. Sigo con mi paseo por El Toboso, y a pocos metros ya diviso la torre de la iglesia principal. Parece que el texto y mis pasos llevan el mismo tempo, solo la luz cambia el escenario.

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El Toboso es cervantino, se siente cervantino, y lo demuestra en sus calles, donde se nos guía hacia el palacio de Dulcinea. Solo hay que seguir las indicaciones…

Sancho hijo, guía al palacio de Dulcinea: quizá podrá ser que la hallemos despierta.

¿A qué palacio tengo de guiar, cuerpo del sol —respondió Sancho—, que en el que yo vi a su grandeza no era sino casa muy pequeña?

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… Guió don Quijote, y habiendo andado como docientos pasos dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre…

lmj7.jpg… y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo, y dijo:

Con la iglesia hemos dado, Sancho.

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… si mal no me acuerdo, que la casa desta señora ha de estar en una callejuela sin salida.

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¡Maldito seas de Dios, mentecato! —dijo don Quijote—. ¿Adónde has tú hallado que los alcázares y palacios reales estén edificados en callejuelas sin salida?

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Señor —respondió Sancho—, en cada tierra su uso: quizá se usa aquí en el Toboso edificar en callejuelas los palacios y edificios grandes; y así, suplico a vuesa merced me deje buscar por estas calles o callejuelas que se me ofrecen…

… y así, guiado por un “GPS” tan cervantino, llego al callejón sin salida, junto a los muros del actual Museo Casa de Dulcinea…

… y su palomar restaurado sigue allí, del que se suministraban de palominos en los días de fiesta, como todos los labradores e hidalgos manchegos: Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda.

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La princesa Dulcinea lleva encantada más de cuatro siglos esperando que la descubramos en las calles de El Toboso, pero, quizás nos la encontremos como la labradora Aldonza. O ni la encontramos, también le paso a don Quijote… o  quizás todo esto le pasó al mismo Cervantes. Que Cervantes conoció este pueblo, yo no tengo dudas, aunque no existan documentos que lo evidencien. ¿Conoció aquí a alguna toboseña que en sueños la quiso hacer su princesa? ¡Quién sabe! Don Miguel es el autor, e igual que utiliza como escenarios en la novela parajes, caminos y lugares reales, que sin duda conoció, también pudo tomar de la realidad personajes a los que encantó genialmente en la ficción de la novela. Dulcinea no existió, pero ¿Podemos afirmar lo mismo de Aldonza, su Aldonza?

Me vuelvo a casa. El Toboso lo conocía, pero hoy lo he oído y olido, ¡y qué olores! Pero antes quiero subir a la sierra de los molinos de Campo de Criptana y hacerle una fotografía al molino Quimera. El molino, que con el dinero de los chilenos recaudado en las calles de Santiago, restauró la República de Chile por iniciativa de Carlos Sander. Posiblemente mi taxista nunca vea este artículo, pero como agradecimiento a él, por su amable atención durante el trayecto, y a los chilenos, que creyeron en el sueño quijotesco de Sander, dejo aquí la imagen del gigante Quimera. El cielo tiene nubes bajas, pero está con un azul tan limpio e intenso que me recuerda al cielo inmaculado del Atacama chileno. Sander, dedicaba En busca del Quijote a su mujer, que era española: Para Amalia, mi mujer. Compañera en rutas de ensueño, que llenó mi soledad de celestial ternura. Este libro donde España y Chile juntan sus caminos de quimera y gloria.

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Delante de este gigante, ahora entiendo su elección por Sander. Quimera: Sueño o ilusión que es producto de la imaginación y que se anhela o se persigue pese a ser muy improbable que se realice.

Esta vez el molino de viento Quimera no es un sueño, es una realidad, como la geografía del Quijote, solo hay que buscarla.

El próximo mes de julio ya será verano, invierno en Chile,  como aquel domingo.

                                  Luis Miguel Román Alhambra

 

 

 

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SANCHEZ, HIJO DE SANCHO

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Hoy es nombrado, por el rey Felipe VI, presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. Y hoy estoy terminando de leer, para preparar el programa de radio semanal, ¡número 91!, Cervantes, don Quijote y la Mancha, de la cadena SER de Alcázar de San Juan. En él comentaremos el capítulo 50 de la primera parte del Quijote.

Don Quijote viene de regreso a casa desde Sierra Morena y en conversación con el canónigo de Toledo le quiere demostrar su inmensa generosidad, diciéndole que … por esto querría que la fortuna me ofreciese presto alguna ocasión donde me hiciese emperador, por mostrar mi pecho haciendo bien a mis amigos, especialmente a este pobre Sancho Panza, mi escudero, que es el mejor hombre del mundo, y querría darle un condado que le tengo muchos días ha prometido; sino que temo que no ha de tener habilidad para gobernar su estado.

Sancho, que está escuchando atento esta conversación, le dice a don Quijote que: no tarde en darme ese condado tan prometido por vuestra merced, como de mí esperado; que yo le prometo que no me falte habilidad para gobernarle; y cuando me faltare, yo he oído decir que hay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de los señores, y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le dan, sin curarse de otra cosa; y así haré yo, y no repararé en tanto más cuanto, sino que luego me desistiré de todo, y me gozaré mi renta como un duque

El canónigo, que atento escucha las intenciones de caballero y escudero, le dice a Sancho que como gobernador no puede descuidar sus obligaciones, y que debe hacerlo con habilidad y buen juicio, y principalmente [tener] la buena intención de acertar. Que si esta falta en los principios, siempre irán errados los medios y los fines.

Sancho, lejos de entender, o de querer entender, estas recomendaciones del canónigo le asegura que tan presto tuviese yo el condado como sabría regirle; que tanta alma tengo yo como otro, y tanto cuerpo como el que más…

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¡Sánchez, hijo de Sancho! Este es el significado del apellido castellano Sánchez. Por tanto, hoy valen estos consejos para Sancho como para Sánchez. No sé si Pedro Sánchez ha leído el Quijote, pero si no lo ha hecho, y no hay uno en la Moncloa, que compre uno (esta semana pasada he comprado el Quijote conmemorativo del cuarto centenario del 2015, de la Real Academia Española, en tapa dura y magníficamente encuadernado, por menos de 14 €, así que no hay excusa por caro) y me gustaría que lo abriese por este capítulo 50 de la primera parte. Sánchez, Sancho tenía la intención de que en cuanto le llegase la hora de gobernar su estado, él sabría hacerlo y si no, lo alquilaría, y con lo que ganase viviría a pierna suelta. Espero que esta primera intención de Sancho, que luego vemos que fue un magnífico gobernador de Barataria, no sea la de Sánchez, aunque esto de alquilar el gobierno, o recibir votos a cambio de algo, parece muy normal en España, y especialmente en estos últimos días.

Creo que su gobierno no será de canónigos, pero no está de más que siga la recomendación del canónigo de Toledo, y tenga habilidad y buen juicio, y principalmente la buena intención de acertar. Que si esta falta en los principios, siempre irán errados los medios y los fines.

¡Buen gobierno, y buena lectura del Quijote, señor Sánchez!

Y aún hay quienes dicen que el Quijote es un libro rancio, trasnochado, aburrido… pues a mi hoy me parece que fue escrito hace solo una semana. ¡Quizás es que no lo han leído!

¿Caro? ¡Menos de 14 euros!

                                               Luis Miguel Román Alhambra

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UN QUIJOTE PARA MIRAR

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El Quijote hay que leerlo, releerlo, meditarlo, comentarlo, interpretarlo, criticarlo… y también se puede mirar. Los vecinos de Alcázar de San Juan tenemos el gran privilegio de contar en la calle un “Quijote para mirar”.

Cada vez hay más quejas de la falta de hábito a la lectura y no digamos a la lectura del Quijote. Miles de folios se han escrito sobre la edad adecuada para poder entender el Quijote, y otros tantos sobre la necesidad, o no, de adaptaciones para niños y jóvenes. Pocos años después de salir a la venta, allá por el 1605, se comenzaron a ilustrar con estampas las ediciones para facilitar al lector la imagen de la escena.

Sobre mi opinión, a toda esta polémica inventada por algunos, es tan sencilla como el propio Quijote. El pasado domingo les conté el cuento del Quijote a mis nietos. Son muy pequeños. Leire casi tiene cinco años, Carlos dos años y medio y Hernán uno y medio. Y lo que más les gusta a los niños son los cuentos con dibujos, y más si se los cuentan sus abuelos en forma de historias inventadas según el momento. Así que, aprovechando una soleada mañana, fui a contarles el cuento del  Quijote a un parque de mi ciudad donde hay, desde hace casi cien años, un Quijote en la calle. Conforme llegaba al centro del Parque Cervantes, ¡no podía llamarse de otra manera!, recordaba cuando mi padre me llevaba de la mano los domingos a este mismo sitio. Pero ya lo había descubierto yo antes.

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Detalle de la aventura con Clavileño, ¡espectacular!

Nací en la calle Fray Patricio Panadero, junto al convento de san Francisco, y comencé a ir a un colegio que se llamaba Escuela  Ferroviaria, hoy Casa de la Cultura. Fui creciendo y empecé a ir solo a la escuela junto con otros amigos, pero siempre por el camino “derecho”, como me decía mi madre, de casa a la escuela y de la escuela a casa. Con ocho o nueve  años, una tarde de primavera, como ahora, a la salida del colegio acepté la proposición de jugar un rato a la pelota en un parque cercano, y allí descubrí el Quijote. No el libro, que tuvo que pasar algunos años más, sino un lugar en medio del “parque viejo”, en el que había infinidad de espléndidos dibujos, que en ese momento no sabía realmente que eran. ¡Es el Quijote!, me dijo mi madre cuando llegué a casa, a la vez que veía que mi merienda de pan con chocolate se quedaba dentro de la alacena, como castigo por no haberme venido derecho a casa. ¡Me quedé sin merendar, pero había descubierto el Quijote! Poco tiempo después mi padre me llevó un domingo a verlo, mientras que él charlaba, y hojeaba libros y revistas, junto con otros hombres. Yo miraba los dibujos sin saber que estaba en una biblioteca pública al aire libre.

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Fotografía de la biblioteca pública, de los años 60-70 del siglo pasado

En torno a 1925 se comenzó a construir este espacio público que haría de biblioteca los días de fiesta, donde se prestaban  revistas y libros. Se construyeron cuatro grandes bancos de ladrillos con hornacinas entre ellos, también de ladrillo, donde el funcionario colocaba los libros y revistas. Todo el conjunto de decoró con cerámica sevillana, con las aventuras de don Quijote y Sancho Panza. Como ha pasado con mucho de nuestro patrimonio, el vandalismo, y la dejación municipal, hizo que los azulejos originales fueran deteriorándose, hasta que hace muy pocos años se ha vuelto a rehabilitar con nuevos azulejos pegados sobre los antiguos.

Mi buen amigo Constantino, que tiene estudiado y catalogado  este recurso, me dice que hay 291 azulejos, 181 corresponden a la primera parte y 110 a la segunda parte del Quijote, además de otros muchos más pequeños y repetidos para rematar la construcción.

Hoy he venido con mis nietos para que miren el Quijote por primera vez. ¡Qué lástima que este magnífico lugar pase desapercibido a los propios vecinos de Alcázar, que sin duda muchos ni conocerán! ¡Cuánta desidia por lo nuestro! ¡Ya les gustarían a japoneses, mejicanos, o cualquier turista del mundo,  sedientos de Quijote, saber que hay un “Quijote para miraren Alcázar de San Juan. Sin duda alguna estarían leyendo y leyendo horas aquí, y, poniendo su marcapáginas, cerrar el libro y buscar esta escena que acaban de leer y soñar.

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La antigua biblioteca pública en la actualidad

De nuevo ya son visibles los daños en algunos azulejos, espero que se pueda conservar y restaurar adecuadamente para generaciones futuras. Y por qué no, que se use por los colegios de la ciudad para visitarlo y leer con los niños una aventura y que los niños la busquen, la dibujen…

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Mi madre a la derecha y mi padre en el centro, de estas fotografías.

Busco en las fotografías viejas de mi familia y encuentro a mis padres, en los años cuarenta del pasado siglo, siendo aún novios, sentados con sus amigos en los mismos bancos del Quijote, donde he estado con mis nietos. ¡Volveré, con más nietos!

                                          Luis Miguel Román Alhambra    

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