ALCÁZAR DE SAN JUAN CONFINADA DURANTE LA ESCRITURA DEL QUIJOTE

 

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El confinamiento es la mejor manera de combatir eficazmente la pandemia del COVID-19. Esta medida de aislamiento social, que parece novedosa o fruto de la imaginación de políticos iluminados por el conocimiento médico, no es nueva.

Las epidemias han tenido presencia durante toda la historia de la humanidad, diezmando a la población en algunos de los casos,  coincidiendo o siendo inicio de una crisis económica y demográfica. En tiempos de Cervantes, la peste y el tifus coincidían con largas sequías o plagas de langosta que hacían improductivos los campos de Castilla. Mateo Alemán, coetáneo de Cervantes, describía en su Guzmán de Alfarache la triste realidad que les tocó vivir: “Líbrete Dios de la enfermedad que baja de Castilla y del hambre que sube de Andalucía”, o al revés.

Durante la segunda mitad del siglo XVI la peste deambulaba por toda España a su antojo, siendo su “pico” entre los años 1598 y 1603, precisamente cuando Cervantes escribía la primera parte de su Quijote. Las cifras “oficiales” fueron de 500.000 muertos, aunque las reales fueron mucho mayores.

El rey Felipe II, ante esta gran pandemia, encarga a su médico de cámara, Luis de Mercado, un diagnóstico y, lo más importante, un remedio. Mercado escribe el Libro en que se trata con claridad la naturaleza, causas, prouidecia, y verdadera orden y modo de curar la enfermedad vulgar, y peste que en estos años se ha diuulgado por toda España (Madrid, 1599). En este tratado médico llega a la conclusión que la prevención, mediante el aislamiento de la población, es la mejor medicina que había encontrado. Recetando que se controlase, impidiendo si fuese necesario, la entrada a los lugares de personas o viajeros que manifestasen los síntomas de la enfermedad, o que, simplemente, procediesen de zonas en las que la peste estaba siendo más virulenta.

La villa de Alcázar de San Juan no fue ajena a la enfermedad y dispuso de medidas excepcionales para prevenir a su población de la peste. En 1601, un “repunte”, especialmente en la ciudad de Sevilla, hizo que los alcaldes y regidores de la villa alcazareña se reuniesen en la torre del ayuntamiento para evaluar la situación y tomar un acuerdo que salvaguardase la salud de sus vecinos, decidiendo cercar mediante una tapia toda la villa, que en aquellos tiempos contaba con “dos mil vecinos”, unos 9.000 habitantes.

En el Libro de Actas y Acuerdos Municipales (1599-1603) que se conserva en el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan se conserva un acta que dice textualmente:     “En la villa de Alcazar a once días del mes de julio de mil e seiscientos e un años estando en la sala de ayuntamiento desta dicha villa juntos como lo tienen de costumbre los señores alcaldes y regidores que aquí firmaron sus nombres para proveer y platicar las cosas tocantes al bien publico desta villa, dijeron que en la ciudad de Toledo, Granada y Valladolid Corte de su Majestad y otras ciudades, villas y lugares del Reino, se guardan con mucho cuydado de muchas partes questan apestados, de cuya causa, sea acordado questa villa se guarde y por haber en ella muchos arrabales y calles que para se guardar de la dicha peste, como conviene, es necesario que se tapien y cierren y que no queden sino quatro puertas por donde puedan entrar y salir los que vinieren con las demás de las partes que no estén apestadas, para que con mas facilidad se pueda guardar. Y de causa de no tener esta villa propios, por estar empeñada, de causa de los pleitos que tienen pendientes en Corte de Su Majestad, y en la ciudad de Granada, acordaron y mandaron que se tome dinero prestado que para hacer la cerca y atajar las calles y portillos que es necesario cerrarse, como se acostumbrado a ataxar en semejantes ocasiones, de Juan Díaz Guerrero, depositario de los maravedís de la bellota, que  entretanto que se trae facultad rreal para que se pueda gastar del dicho dinero lo que fueren e menester gastar en lo susodicho. Y nombraron a Francisco López del Quintanar, alguacil mayor, para que alquile obradas para traer tierras para hacer las dichas tapias y las haga hacer. Y ansi lo mandaron y firmaron”.

detalle del actaDe esta forma, los alcaldes y regidores de Alcázar de San Juan, tomaron la mejor medida conocida contra una pandemia, y que ha llegado hasta hoy, aislar a su población de un posible contagio. Como podemos leer en el acta, la villa no pasaba por sus mejores momentos de tesorería por lo que tuvieron que pedir prestado el dinero para hacer una cerca de tapial y las cuatro puertas de control que se cerraban por las noches. La longitud de la cerca fue de unos doce mil pies castellanos, unos 3,6 Km, El gasto en carros de tierra, albañiles y peones fue muy grande, pero se evitó centenares o miles de muertos entre sus vecinos.

El dinero para pagar esta cerca se dispuso de uno de los recursos económicos más importantes de la villa alcazareña: la bellota de sus montes. Hoy es casi imposible apreciar una encina en su término,  pero en tiempos de la escritura del Quijote contaba la villa  con tres grandes montes públicos: la dehesa de Villacentenos, y los montes del Acebrón y el Arenal. Estos montes, además de leña, producían grandes cantidades de bellotas muy apreciadas en la comarca, y que con su venta se generaba una buena cantidad de maravedís. Los alcaldes y regidores que formaban el ayuntamiento de Alcázar de San Juan en 1601, que se reunían en la sala de la torre del ayuntamiento “para proveer y platicar las cosas tocantes al bien público desta villa” cuando el alguacil los llamaba con la campana de la torre, ante las noticias de la propagación de la peste en España tomaron la decisión de salvaguardar la salud de sus vecinos, aún sin contar con los “propios” para hacerlo, tomando prestado el dinero proveniente de la venta de la bellota de sus montes.

Alcázar de San Juan es hoy muy conocida por un dulce que las monjas clarisas comenzaron a fabricar en su convento alcazareño, bien entrado el siglo XVII: las tortas de bizcocho o “tortas de Alcázar”. Pero a principios del siglo XVII, la villa era conocida por sus bellotas. Tanto es así que Cervantes también las aprovecha para inmortalizarlas en el Quijote.  La duquesa, en la carta que envía a la mujer de Sancho, le pide que le envíe de vuelta con su paje ¡dos docenas de bellotas!: “Dícenme, que en ese lugar hay bellotas gordas, envíeme hasta dos docenas, que las estimaré en mucho por ser de su mano […]” (Q2, 50). Las “bellotas gordas” de sus montes, otra imagen de Alcázar de San Juan en el Quijote, que alguna vez quedó en la retina de Cervantes.

Como en tiempos de la escritura del Quijote, Alcázar está confinada por el bien común de sus vecinos, del resto de la Mancha y España, aunque el precio que se está pagando en vidas de sus vecinos está siendo muy alto. Aislarse es la solución, como lo prescribió Luis de Mercado en 1599. Puede ser el COVID-19 una nueva enfermedad contagiosa, pero no su prevención, que por muy costosa que sea es infinitamente menor que su cura. El “cercarse” o confinarse antes de los primeros contagios, como lo mandaron hacer los alcaldes y regidores alcazareños en 1601, habría salvado miles de fallecidos en toda España y en el mundo. De nuevo, la enfermedad y las “malas cosechas” en el horizonte cercano podrían haberse evitado habiendo ordenado nuestros gobernantes un confinamiento preventivo cuando los primeros contagios se conocieron en cada territorio. La historia demostrará su gravísimo error. Las vidas perdidas y las familias rotas, sin haber podido despedirse de sus seres queridos, tienen ahora un altísimo precio.  El coste en empleos y en empresas también lo será, como en centenares de miles de familias que verán minimizada su economía. El COVID-19 ha evidenciado que no todos los gobernantes anteponen la salud de sus vecinos a cualquier otro interés.

No fue así en los alcaldes y regidores alcazareños en 1601. No todos los alcaldes y regidores estuvieron presentes y firmaron el acta. Aunque la campana se tañía con fuerza, algunos de estos trabajaban en el campo como agricultores, era tiempo de siega, o en sus oficios, no dándoles tiempo a llegar al ayuntamiento, a costa de las multas que se les imponían si la ausencia no estaba debidamente justificada. En recuerdo de todos los alcaldes y regidores que componían aquel ayuntamiento alcazareño, que tantas vidas salvaron, estos eran sus nombres y apellidos, algunos muy vinculados con el autor del Quijote: Antonio de Briones, Juan Hidalgo de las Beatas, Martín de Salcedo, Francisco Hidalgo Saavedra, Pedro Lopez de Villacañas, Cristóbal de Cervantes, Gonzalo Tardío, Pedro Díaz Maroto, Ruy García de Asensio, Pedro Vela, Juan Vela y Alonso García Negrillo.

                                                                                 Luis Miguel Román Alhambra 

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LA ESCUELA EN EL LUGAR DE DON QUIJOTE

la escuela del pueblo Jan Steen

“Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razón que vaya a la escuela, si es que su tío el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia” (2, 5)

En la descripción que Cervantes hace del lugar de don Quijote, su imagen tiene aspectos sociales de una villa, al disponer de ayuntamiento y picota, de una fuente en la plaza de agua dulce, recurso público muy escaso en esta parte de la Mancha, y escuela adonde llevar a los niños a aprender las primeras letras. Toques realistas en la novela que dan personalidad propia al lugar de don Quijote, además de los detalles físicos, como que un arroyo lame las afueras de la villa, sus montes son conocidos por sus bellotas o que en su término hay varios ríos donde sus vecinos pescan, actividad no habitual en esta parte de la Mancha seca.

El nivel educativo que había en España durante la escritura del Quijote queda reflejada en la misma novela cuando el mismísimo Sancho afirma que “yo no sé leer ni escrebir”, como tampoco sabía su mujer Teresa, ni sus hijos. Como tampoco Aldonza Lorenzo, Dulcinea. En las clases sociales bajas era muy difícil encontrar a alguien que supiera leer y escribir, y mucho menos en aldeas o villas muy pequeñas, en la que la poca disposición de recursos para contratar a un maestro para la escuela lo hacía imposible, aunque su salario fuera bajo. Así, la falta de maestros en los lugares manchegos era lo habitual. Este aspecto educativo no pasa inadvertido en el Quijote, es una realidad social, y así la describe, o critica con genial ironía, Cervantes, cuando don Quijote,  por falta de papel, le dice a Sancho que la carta que iba a escribir para Dulcinea en el “librito de memoria que fue de Cardenio… tú tendrás cuidado de hacerla trasladar en papel, de buena letra, en el primer lugar que hallares donde haya maestro de escuela de muchachos, o si no, cualquiera sacristán te la trasladará; y no se la des a trasladar a ningún escribano, que hacen letra procesada, que no la entenderá Satanás” (Q1, 25). Evidencia el autor que en la Mancha no en todos los lugares existían escuelas, quedando casi en exclusividad la formación de los niños en primeras letras en los curas y clérigos en iglesias y conventos. En niveles sociales más altos, el analfabetismo era lo infrecuente, llegando la educación en primeras letras también a niñas, como lo muestra que las mujeres nombradas en el Quijote de clase media o alta sabían todas leer, como Dorotea, Luscinda, Zoraida en árabe, y la duquesa.

La primera enseñanza en los lugares que disponían de escuela y maestro no era gratuita, se cobraba una matrícula acordada entre los alcaldes y regidores de la villa, por lo que ante los escasos recursos económicos de las familias humildes, como la de Sancho, solo algunos de los muchachos tendrían posibilidad de asistir a aprender las primeras letras.

La edad con la que comenzaban a ir a la escuela era entre cinco y seis años, y a los diez, sabiendo ya leer y escribir, podían empezar la segunda enseñanza en las escuelas de gramática en latín, con el Introductiones Latinae de Antonio de Nebrija, texto único ordenado por el Consejo Real de Castilla en 1598, aún menos frecuente en las villas pequeñas y medias. Sanchico ya tenía “quince años cabales”, una edad tardía para comenzar en las primeras letras, pero esto era más que habitual en la Castilla de 1600.

En el lugar de don Quijote sí había escuela donde llevar Teresa a su hijo Sanchico, más si su intención era la de que se dedicara a una de las profesiones mejor vistas y con más salida en aquel momento, pertenecer a la Iglesia: “Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razón que vaya a la escuela, si es que su tío el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia”. Las niñas, como su hermana Sanchica llevaban caminos distintos, como le decía Teresa a Sancho: “Mari Sancha, vuestra hija, no se morirá si la casamos”.

Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote, disponía en 1600 de escuelas de primeras letras donde iban los muchachos a aprender a leer, escribir y a “contar”. En el Archivo Histórico Municipal de Alcázar de San Juan se conserva el Libro de acuerdos del Ayuntamiento desde 1599 a 1609, donde  podemos leer como en 1605, a los dos maestros que ya disponía, el concejo acuerda contratar un tercer maestro para instruir a los muchos niños de la villa. Como es un documento interesante lo transcribo en su totalidad:

Al margen: “Salario que le da a Gonzalo Ruiz maestro de escuela por un año”

“En la villa de Alcazar a treinta y uno de julio de mil seiscientos y cinco años los señores alcaldes y regidores que abajo firmaron sus nombres estando juntos en su ayuntamiento a campaña tañida como tienen de costumbre dixeron que por quanto ay en esta villa necesidad de maestro para enseñar [a] los niños leer y escrivir y contar porque de presente no ai mas de dos maestros y esta villa tiene mucha vecindad y an sido ynformados que Gonzalo Ruiz vecino del Campo de Critana cerca a esta villa enseña a los niños y es maestro cual para ello conbiene por tanto acordaron para que el dicho Gonzalo Ruiz benga a esta villa de la dicha del Campo debe asignar y asignaron de salario por un año que le cuente desde el dia que conmenzare en un año diez ducados para ayuda a pagar el alquile de una casa en que viva y asi lo acordaron y firmaron”

Detalle acta acuerdo maestro 1605

En este libro de acuerdos, en su primer folio, aparecen los alcaldes y regidores que componían el ayuntamiento durante la escritura del primer Quijote. Entre ellos destacan dos regidores con apellidos coincidentes con los del autor del Quijote: Francisco Hidalgo Saavedra y Cristóbal de Cervantes.

folio 1 libro de actas

Cervantes y Saavedra, apellidos muy frecuentes entre los vecinos de esta villa en 1600, que han llegado hasta nuestros días. Apellidos que refuerzan la tradición cervantina de Alcázar de San Juan con el autor y su obra.

                                                                          Luis Miguel Román Alhambra

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DQ CONTRA COVID-19

IMG-20200316-WA0023Hace cinco días, el 14 de marzo, en el diario El Mundo apareció esta magnífica viñeta de Idígoras y Pachi. España comenzaba su Estado de Alarma, su confinamiento.

“… es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.

—Aquellos que allí ves —respondió su amo— de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo quítate de ahí y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.” (Q1, 8)

Hasta quien no ha leído el Quijote reconoce esta aventura contra los molinos de viento. La mayoría de los comentarios hacia esta actitud de don Quijote es de locura o temeridad, sin embargo yo veo la valentía. Él ve gigantes en los campos de la Mancha, no molinos, y sin pensarlo dos veces, aun sabiendo que eran más de treinta, abraza su lanza y se lanza contra ellos. El final ya lo sabemos todos, realmente eran molinos de viento.

En esta sociedad adormecida, sin rumbo, unos gigantes se han colado casi sin darnos cuenta. No son tan grandes como los molinos de viento pero quieren asolar nuestros pueblos, nuestras ciudades. Es un virus y le han puesto el nombre de COVID-19.

Ante la indiferencia e inacción de nuestros gobernantes, olvidando lo que don Quijote dice a la fingida princesa Micomicona “Y manos a la labor, que en la tardanza dicen que está el peligro” (Q1, 29), en los primeros días el COVID-19 está aniquilando muchas vidas. Pero hay quijotes que aun sabiendo que pueden quedar molidos a palos e incluso perder la propia vida por el virus se ponen los guantes y la mascarilla, y en interminables jornadas y guardias luchan contra este nuevo y desconocido gigante. Son nuestros profesionales sanitarios (médicos, enfermeros y enfermeras, auxiliares de enfermería, personal de limpieza y lavandería de hospitales, conductores de ambulancias, celadores…) y agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, voluntarios de Protección Civil…

Hoy más que nunca hay que quijotizar nuestra sociedad aborregada que discute acaloradamente sobre temas sin importancia, gastando dinero público en proyectos deshumanizados y ahora vemos que en los cajones de los hospitales y almacenes no tienen los medios ni las cantidades adecuadas para hacer frente a este gigante. Y aún así nuestros valientes quijotes luchan a destajo contra el COVID-19.

Todos nacemos iguales, pero como le decía don Quijote a Sancho “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro”(Q1, 18), y estos nuevos quijotes están haciendo mucho más que otros. Vamos a salir de esta, ¡claro que vamos a salir!, “siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas para dar remedio a ellas” (Q1, 15), pero nunca olvidemos esta lección y a nuestros quijotes.

¡¡Mi señor, que nos dijeron que no saliéramos de casa!!, le dice Sancho a don Quijote en la viñeta. Don Quijote sabe lo que tiene que hacer y lo hace, luchar. Los demás vecinos tenemos que quedarnos en casa, sabiendo que los quijotes están fuera cuidándonos. Mil gracias a cada uno.

P.D. Gobiernos del mundo mirad a China. Ha marcado la dirección exacta, no la menospreciemos, COVID-19 no entiende de género, raza o condición y mucho menos de fronteras políticas. España tardó, al menos, una semana en tomar decisiones de confinamiento y hoy 19 de marzo somos el tercer país en contagios y fallecidos.

                                                                        Luis Miguel Román Alhambra

 

 

 

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EL CONOCIDO CAMPO DE MONTIEL Y LA ISLA FANTASMA

       En el capítulo Presentación de Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena (2017), hacía esta consideración:
“Filósofos, geógrafos, astrónomos, físicos, médicos, psicólogos, psiquiatras, historiadores, botánicos, filólogos, teólogos, músicos, economistas, jueces, abogados, fiscales, etc. reconocen en el autor del Quijote amplios conocimientos. Sin embargo, hasta hoy, no tenemos de Cervantes rastro evidente de su paso por alguna universidad. ¿Es tan complejo y erudito el Quijote como tantos han afirmado? ¿Contempla tantas disciplinas en grado tan alto de conocimiento? Mi respuesta a estas dos interrogantes es rotundamente, no”
Por tanto, mi respuesta es válida también para esta pregunta específica: ¿Era Cervantes un geógrafo, cosmógrafo o cartógrafo en su tiempo? Aunque hay autores que mantienen todo lo contrario y aseguran que sólo un gran experto en geografía pudo escribir el Quijote.

CERVANTES_GEOGRAFO

     Aunque Cervantes no fuese un geógrafo no se le puede achacar falta de conocimientos de geografía física y humana. Nombra en el Quijote, además de ríos, valles y montañas, multitud de lugares, comarcas, reinos, regiones, países y continentes. Así, de España encontramos los nombres de: La Mancha, Béjar, Bañares, Puebla de Alcozer, Capilla, Curiel, Burguillos, Madrid, El Toboso, Puerto Lápice, Quintanar, Tembleque, Roncesvalles, Sevilla, Sanlúcar, Málaga, Segovia, Valencia, Granada, Córdoba, Toledo, Antequera, Murcia, Guadarrama, Arévalo, Alcobendas, Baeza, Villadiego, Piedrahíta, Alcalá, Úbeda, Valladolid, Osuna, Alcarria, Extremadura, Vizcaya, Andalucía, Castilla, León, Aragón, Navarra, Asturias, Trujillo, Alicante, Guadalajara, Santa Cruz de Mudela, Aguilar, Mallorca, Gibraltar, Vélez Málaga, Jerez, Lanzarote, Salamanca, Barcelona, Zaragoza, Ciudad Real, Tronchón, Cabra, Majadahonda, Cuenca, Ruidera, Medina del Campo, Peralvillo, Jaca, Tirteafuera, Caracuel, Almodóvar del Campo, Miguelturra, La Herradura, Oviedo, Morón, Aranjuez, Marchena, Tordesillas, Zamora, etc. También podemos leer nombres de continentes, países y ciudades del mundo: Portugal, Inglaterra, Europa, Egipto, Guinea, Etiopía, Indias o Nueva España, Armenia, Italia, Alejandría, México, Perú, Gran Bretaña, París, Florencia, Nápoles, Génova, Milán, Flandes, Toscana, Venecia, Mesina, Argel, Orán, Fez, Tetuán, Lombardía, Roma, Ginebra, Borgoña, Basilea, Marruecos, Túnez, Grecia, Sicilia, Malta, Francia, Amberes, Chipre, Bolonia, Libia, Londres, etc.
De la Mancha establece los bordes del ámbito geográfico próximo donde vive don Quijote, su hábitat cercano, nombrando los lugares y la estrecha relación humana del hidalgo manchego con ellos: De Quintanar de la Orden es Juan Haldudo, el ganadero que maltrataba al joven Andrés, su pastor, y donde Sansón Carrasco compra los perros pastores Barcino y Butrón para regalárselos a don Quijote. A Tembleque va a segar Sancho desde su pueblo. Hacia Puerto Lápice, pequeño núcleo de casas de quintería con una venta de paso junto al camino real, van caballero y escudero después de la aventura con los molinos de viento, porque estaba seguro don Quijote de encontrar allí alguna aventura. Y de Argamasilla de Alba son los académicos legos que escriben epitafios y sonetos a la memoria de los protagonistas de la novela: Dulcinea, don Quijote, Sancho y Rocinante. Dentro de esta comarca cervantina se encuentra el lugar de don Quijote y el de Dulcinea, El Toboso, así como implícitamente Campo de Criptana y sus molinos de viento.
Además de Dulcinea, hay personajes unidos a su lugar de origen por el topónimo. El ventero, dueño de la venta donde don Quijote llega en su primera salida, y quien burlescamente lo nombra caballero, es “andaluz, y de los de la playa de Sanlúcar”. En esta misma venta se encontraban dos prostitutas siendo sus lugares de origen Toledo y Antequera. Maritornes, natural de Asturias, y el arriero con quien tenía ella concertada una cita “era uno de los ricos arrieros de Arévalo”. Alcobendas era el origen de Alonso López, quien en compañía de once sacerdotes llevaban un cuerpo muerto desde Baeza a Segovia. “De las montañas de León” es el Capitán Cautivo y el renegado que le ayudó a salir de Argel era natural de Murcia. Pedro Recio, el doctor de la ínsula Barataria, es “natural de un lugar llamado Tirteafuera, que está entre Caracuel y Almodóvar del Campo”, y no muy lejos del lugar de Sancho es el labrador, “natural de Miguel Turra, un lugar que está dos leguas de Ciudad Real”, quien le pide una carta de recomendación para casar a su hijo. De Oviedo es doña Rodríguez y de Granada es don Alvaro Tarfe.
Hoy la gastronomía es global. En cualquier sitio podemos degustar productos y elaboraciones según las recetas originales creadas a miles de kilómetros. Muy distinto era en tiempos de la escritura del Quijote, cuando solo en los viajes se podía disfrutar de las comidas propias del lugar. En los pueblos y ciudades los vecinos podían disponer de productos que los arrieros transportaban de unas zonas a otras de España, por su escasez o calidad. Cervantes, viajero por gusto o necesidad, no duda en dejarnos su conocimiento gastronómico relacionando producto con procedencia, haciendo así más creíble la historia de su don Quijote. En boca de algunos de sus personajes crea, sin ninguna intención, lo que hoy conocemos como las Denominaciones de Origen. En su estancia en el norte de África conoció frutos que, secándolos al sol, se conservan durante mucho tiempo, como los “higos pasos de un lugar que se llamaba Sargel, que está treinta leguas de Argel hacia la parte de Orán”. O por su paso por Francia le quedó el recuerdo de su forma de elaborar bien el pan: “Tan buen pan hacen aquí como en Francia”. Reconoce la calidad de “un garbanzo de los buenos de Martos” o “el queso de Tronchón” y antepone la sencillez en la comida castellana a los elaborados platos con “francolines de Milán, faisanes de Roma, ternera de Sorrento, perdices de Morón, o gansos de Lavajos”. Y no deja atrás su conocimiento de los caldos que deben acompañar las comidas, haciendo que Sancho reconozca el vino de su zona que le ofrece su vecino, el escudero del Caballero del Bosque: “Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?”
El relato que el Capitán Cautivo hace de su viaje en la venta de Sierra Morena no deja de ser un itinerario detallado de viajes de la época. Decidido a seguir el empleo de las armas se despide de su padre y sus hermanos e inicia su marcha como soldado del ejército español, tal y como también pudo haberlo hecho el mismo Cervantes:

         “[…] y abrazándonos y echándonos su bendición, el uno tomó el viaje de Salamanca, el otro de Sevilla, y yo el de Alicante, adonde tuve nuevas que había una nave ginovesa que cargaba allí lana para Génova […] Embárqueme en Alicante, llegué con próspero viaje a Génova, fui desde allí a Milán, donde me acomodé de armas y de algunas galas de soldado, de donde quise ir a asentar mi plaza al Piamonte; y estando ya de camino para Alejandría de la Palla, tuve nuevas que el gran duque de Alba pasaba a Flandes. Mudé propósito, fuime con él, servíle en las jornadas que hizo, hálleme en la muerte de los condes de Eguemón y de Hornos, alcancé a ser alférez de un famoso capitán de Guadalajara, llamado Diego de Urbina, y a cabo de algún tiempo que llegué a Flandes, se tuvo nuevas de la liga que la Santidad del Papa Pío Quinto, de felice recordación, había hecho con Venecia y con España, contra el enemigo común, que es el Turco […] Y quiso mi buena suerte que el señor don Juan de Austria acababa de llegar a Génova; que pasaba a Nápoles a juntarse con la armada de Venecia, como después lo hizo en Mencina.” (1, 39)

              Si Cervantes no era geógrafo, ¿dónde y cómo pudo conocer tantos lugares para utilizarlos en el Quijote?

            Es evidente que muchos de los lugares los pudo conocer personalmente en sus múltiples viajes que hizo por España. Otros de Francia, Italia, Alemania, Flandes y norte de África, los pudo conocer también en sus años en el ejército español y como cautivo en Argel. Sin embargo, los lugares nombrados, tanto en el Quijote como en las demás obras suyas, de América, resto de África y Asia, es imposible que los conociese pues no pisó esas tierras, al menos no tenemos constancia. Por ejemplo, las del Nuevo Mundo explícitamente intentó obtener permiso de viaje y puesto de funcionario allí, que nunca se le concedió.
La respuesta a la pregunta anterior la podemos leer en la conversación que don Quijote tenía en casa con su ama:

“[…] y aunque todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la Corte, se pasean por todo el mundo mirando un mapa, sin costarles blanca ni padecer calor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies” (2, 6)

         “Mirando un mapa”. Los lugares nombrados por Cervantes en sus obras, conocidos personalmente o no, se encuentran en los mapas. Sólo en ellos pudo ver su situación en España y en el mundo, sin haber estado jamás en ellos.
Un mapa es, como definición muy aceptada hoy, una representación gráfica de la Tierra, o de una parte de ella, en un modelo reducido y a escala, que establece una correspondencia matemática entre los distintos puntos de la superficie terrestre y los del plano. En nuestros días es extraordinariamente sencillo adquirir, contemplar o estudiar un mapa de cualquier espacio geográfico del mundo, y con una exactitud increíble. Esta percepción del mundo es posible por los medios técnicos actuales, instalados a bordo de satélites artificiales, que ayudan a cartografiar desde el espacio cada rincón de nuestro planeta.
Pero Cervantes vivió principalmente en el siglo XVI, cuando la cartografía era un artículo escaso y al alcance de solo unos pocos. Que Cervantes pudo tener en sus manos mapas de Europa y particularmente de España es más que posible. La amistad, o la relación, con personajes influyentes, dueños de bibliotecas donde se recogían los pocos mapas que existían, pudo ser donde los pudo apreciar y manejar. Además del trabajo como funcionario de la Corona, en la que tuvo que visitar e incluso hospedarse las casas de las personas más influyentes de los lugares encomendados, antes de alistarse en el ejército español, en 1570, estuvo de camarero en la casa del cardenal Giulio Acquaviva, en la ciudad de Roma, donde en su magnífica biblioteca pudo leer a los clásicos y tener entre sus manos los mapas que ya se imprimían en Italia, y principalmente en la ciudad flamenca de Amberes. Solo en las grandes bibliotecas privadas, como la del cardenal Acquaviva, pudo ver el Mundo como hasta en el siglo XVI se había conocido y dibujado en los mapas.
Antes de la aparición de la imprenta, en 1450, los mapas eran dibujados a mano con muy escasa divulgación. En el Renacimiento, la representación de la geografía se comienza a generalizar mediante la imprenta tipográfica y el uso de nuevas técnicas de grabado, llegando así a muchas más personas, aunque el producto seguía siendo muy caro y elitista. El interés por conocer, unido a las nuevas técnicas de impresión, hizo que apareciese un nuevo mercado de edición, impresión y venta de mapas sueltos, de mayor o menor formato, o encuadernados en un formato más manejable en forma de atlas.

TOLOMEO

                 Con el redescubrimiento y reimpresión de la Cosmographia de Ptolomeo, el descubrimiento de América y las sucesivas expediciones, se generó un interés especial en los monarcas por rodearse de los mejores geógrafos, cosmógrafos y cartógrafos, que dibujasen los nuevos mapas con sus posesiones. La Cosmographia de Ptolomeo, olvidada durante diez siglos, es sacada de nuevo a la luz por M. Crisolas (1350-1415). Traducida al latín por Jacobus de Scarperia, comenzó a copiarse manuscrita hasta mitad del siglo XV. Con la invención de la imprenta es publicada, sin mapas, en Venecia en 1475 y en Bolonia en 1477, ya con veintiséis mapas.
Los primeros mapas en los que se incluían las tierras del Nuevo Mundo aparecieron a comienzos del siglo XVI. El más antiguo es el realizado a mano sobre pergamino, en forma de carta de navegar o portulano, por Juan de la Cosa, en 1500 y dos años después aparece el planisferio conocido como Mapa de Cantino.

WALDSEEMULLER
Con el nombre de América, en honor al cosmógrafo Américo Vespucio, aparece en el mapamundi dibujado por Waldseemüller en su honor, grabado e impreso en 1507 en doce hojas, que unidas se obtiene un gran mapa de 2,40 m. por 1,35 m. Solo un año después, en 1508, en una nueva edición impresa de la Cosmographia de Ptolomeo, se incluye el nuevo mapa del Mundo realizado por Johannes Ruysh.
Algunos de los mapas realizados fueron ejemplares únicos y se mantenían en secreto, con la intención de aprovecharse de ellos en el campo político, militar o económico, y nunca llegaron a publicarse, quedando en poder exclusivamente de quienes los encargaban y pagaban. Incluso llegaba a prohibirse por ley la publicación o la transmisión de la información contenida en esos mapas, aun así, existía un contrabando de mapas muy bien pagado.
En España se crea en Sevilla, por los Reyes Católicos, la Casa y Tribunal de la Contratación en 1503. Además de la función de regular el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo, tenía la responsabilidad explícita de dibujar las cartas y diseñar los instrumentos necesarios para la navegación segura. Se nombra un Piloto Mayor, con la función principal de recoger la información que todos los pilotos debían aportar a la vuelta de sus viajes, sobre nuevos accidentes geográficos vistos, medidas astronómicas de posición, desviaciones de la aguja magnética con respecto al norte geográfico, etc. y realizar las cartas náuticas oficiales. El primer Piloto Mayor fue Américo Vespucio, quien recibió la orden de hacer el Padrón Real por el cual todos los pilotos se hayan de regir y gobernar. Vespucio también tenía la función de formar, examinar y autorizar a los futuros pilotos en el uso de los instrumentos náuticos, determinar precisamente la posición de la nave y su rumbo, conocer e interpretar las tablas de mareas en las entradas y salidas de los puertos, y cómo llevar el diario de navegación y las anotaciones que debían aportar por escrito, al Piloto Mayor de la Casa de Contratación, a su vuelta a Sevilla.
Así, el siglo XVI fue especialmente fructífero en la nueva forma de ver el mundo a través de los mapas. Su imagen, y especialmente de la Península Ibérica, pudo contemplarla Cervantes en los mapas exentos, impresos sin formar parte de ningún libro de mapas, o en las colecciones y atlas de mapas que fueron surgiendo durante este siglo. Mapas anteriores, manuscritos dibujados incluso en finas pieles, como el de Juan de la Cosa, aunque existían, eran muy difícil de que pudiera haberlos visto, ya que eran propiedad de solo unos pocos.
Los mapas exentos, al haberse publicado muchos ejemplares en cada edición, y de cada cartógrafo, eran muy conocidos en por ciertas clases, especialmente por nobles y clérigos. Estos comenzaron a imprimirse y comercializarse en Italia, desde Venecia y Florencia, principalmente. El uso y la mala conservación de los ejemplares ha hecho de que hayan llegado muy pocos hasta nuestros días.

GASTALDI

          Uno de los mapas exentos más antiguos de la Península Ibérica, grabado en plancha de cobre en 1544, es el dibujado por el cartógrafo italiano Giacomo Gastaldi, calificado como el mejor cartógrafo italiano del siglo XVI, con el título de La Spana. Un mapa conocido en España en la época de Cervantes. En la cartela podemos leer que el embajador de España en Venecia, Diego Hurtado de Mendoza, es una de las fuentes de información para el diseño del mapa.

COCK

      En 1551, el fraile dominico Vicentius Corsulensis dibuja Nova Descriptio Hispaniae. Se graba y se estampa en Venecia. Este mapa, considerado como el que mejor representaba el perfil costero de la Península Ibérica, fue muy copiado o se convirtió en la base de otros muchos mapas posteriores. Aunque fue muy difundido en la mitad del siglo XVI, sólo se ha conservado un ejemplar original del mapa de Corsulensis, que forma parte de la colección encuadernada en un solo tomo propiedad de la familia genovesa Doria.

LIGORIO

Pirro Ligorio también se basa en el mapa de Corsulensis para dibujar, en 1559, el mapa Nova totius Hispaniae descriptio, con una red de rumbos similar, y el Nova Descriptio Hispania, editándose en el Speculum Orbis Terrarum de Gerad de Jode en 1578.
Estos tres mapas, dibujados por Gastaldi, Corsulensis y Ligorio, tuvieron mucha difusión por España en la segunda mitad del siglo XVI, donde también se comienzan a agrupar mapas de diferentes autores, encuadernados plegados o pegados a una hoja mayor, según las dimensiones originales de la estampa, poniéndose todos juntos a la venta. Antonio Lafreri, con taller en Roma, es uno de los primeros editores que comercializan estos conjuntos de mapas encuadernados en un solo tomo, continuando con esta forma de editar mapas desde Italia los editores Camocio, Forlani y Tramezini. Los mapas empiezan a tener más difusión.
El siglo XVI, también fue el comienzo de la cartografía matemática. De la misma manera que se producían avances en la técnica de grabado e impresión de mapas, en las universidades europeas se comenzaba a relacionar las matemáticas con la cartografía. Impulsor del método de triangulación, inventor y constructor de instrumentos astronómicos, fue el astrónomo y matemático Gemma Frisius (1508-1555), profesor en la Universidad de Lovaina, que reedita en 1547 el Libro de la Cosmographia de Pedro Apiano, incluyendo sus nuevas e importantes aportaciones.
La confección de un mapa requería cada vez más de las matemáticas y del uso de mejores instrumentos para hacer las observaciones astronómicas más precisas. El geógrafo no hacía personalmente in situ la observación astronómica para situar los lugares en el mapa, se basaban en datos aportados por terceros de las principales ciudades y villas. Los demás lugares se situaban según apreciaciones de viajeros, exploradores o comerciantes conocedores de la zona según sus descripciones, más o menos acertadas. Conocedores de los conocimientos de Frisius, Gerad Mercator (1512-1594) y Abraham Ortelio (1527-1598), coetáneos a Cervantes, además de realizar mapas murales de grandes dimensiones, muy caros, enrollados o para ser pegados sobre una plancha de madera y ser colgados en las paredes de edificios privados, públicos y palacios, impulsaron desde sus talleres el gran conocimiento de la cartografía moderna mediante la publicación de los libros de mapas, los atlas como hoy los conocemos.
Concebir y realizar un atlas, además de la creación y dibujo del mapa por el geógrafo y cartógrafo, necesitaba de varios especialistas coordinados por el propio editor: tipógrafos para la formación de los textos que acompañan los mapas, grabadores capaces de llevar a una plancha de madera o metal el dibujo del cartógrafo, y encuadernadores que ensamblen todas las hojas de texto y estampas en un mismo libro. La difusión e interés de las obras de Mercator y Ortelio fue altísima, editándose multitud de ediciones traducidas a las lenguas más importantes de Europa, siendo así como llegó las imágenes del mundo y sus continentes, países y ciudades, ríos y montañas, a poder ser contempladas por quienes podían comprar uno de esos atlas y tenerlo en su biblioteca.
Es muy posible, como he comentado antes, que en la biblioteca de algún edificio público, o de personajes influyentes, pudo tener Cervantes entre sus manos uno de estos atlas, y así conocer, sin haber estado jamás en ellas, las principales ciudades y lugares del mundo conocido hasta entonces, que luego nombra en el Quijote y en el resto de sus obras.
El primer atlas moderno fue el Theatrum Orbis Terrarum, de Abraham Ortelio, publicado en el año 1570 en Amberes. Reconocido grabador de mapas, viaja por toda Europa con la intención de recopilar toda la información sobre mapas y conocimientos de los cartógrafos existentes. Coincide con Mercator en la Feria del Libro de Franfurt, en 1554, compartiendo desde entonces conocimientos y amistad. De su ciudad natal, Amberes, era también Cristóbal Plantino (1520-1589), uno de los mejores impresores del momento, donde tenía su taller y se imprimió la primera edición del Theatrum Orbis Terrarum, que tuvo ese mismo año que reimprimirse ante el éxito y la fuerte demanda obtenida. Hasta la última edición, en 1612, este libro de mapas se imprimió en treinta y cuatro ediciones: quince en latín, tres en neerlandés, cinco en alemán, cuatro en español, cuatro en francés, dos en italiano y una en inglés. Todas las grandes bibliotecas europeas disponían al final del siglo XVI entre sus fondos un Theatrum Orbis Terrarum. Cinco años después de la primera edición el rey Felipe II lo nombra su Geógrafo Real, por lo que dispuso de primera mano del conocimiento obtenido por los navegantes y pilotos españoles y portugueses en sus expediciones, así como de la cartografía pública, y secreta, del momento.

EUROPA_ORTELIO

              Mercator, publica entre 1585 y 1589 su primer Atlas. Por primera vez un libro de mapas toma el nombre de atlas. Mercator estudió en la Universidad de Lovaina teniendo como profesor a Gemma Frisius, quien disponía también de un taller cartográfico donde Mercator aprendió con la práctica a dibujar y grabar mapas, y a construir instrumentos geográficos y globos terráqueos. Sus conocimientos matemáticos, topográficos y cartográficos, aprendidos de Frisius, posiblemente facilitaron la invención de la proyección más importante de la esfera al plano, la conocidísima Proyección Mercator, dando solución a uno de los problemas más importantes en la navegación marítima, el trazado de un rumbo en línea recta en las cartas náuticas, que ha llegado hasta nuestros días.

EUROPA_MERCATOR
Mercator abre en Amberes su propio taller de impresión de mapas, donde inicia su proyecto editorial con una nueva edición de la Cosmographia de Ptolomeo y donde imprime su Atlas sive cosmographicae meditationes de fabrica mundi et fabricati figura, la imagen del mundo que él quería transmitir con mapas originales suyos. Amberes, donde ya estaban establecidos Plantini y Ortelio, era la ciudad más influyente en la impresión y comercialización de libros y mapas en Europa. El propio Cervantes así lo reconoce en el Quijote, cuando Sansón Carrasco le dice a don Quijote que sus hazañas ya se conocen hasta “en Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso; y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes.” (Q2, 3)
Recopilar información, verificar y dibujar los más de cien mapas con que contaría su Atlas le llevó mucho tiempo. La primera parte se edita en 1585 y en 1589 la segunda. Sigue trabajando en ampliar el número de mapas hasta su muerte en 1594. Su hijo, Rumold, fue quien terminó el trabajo, editándose completo en 1602. Poco después, en 1604, las planchas de grabado se subastan por la familia, siendo compradas por otro grabador flamenco, Jodocus Hondius, quien volvió a editar el Atlas de Mercator en 1606. Un año después, de los buriles y tórculos del taller de Hondius, salen las estampas de los mapas que componen un Atlas de Mercator, de menor tamaño, con el título de Atlas Minor Gerardi Mercator, de mucho éxito, y del que se hicieron muchas ediciones. Su menor tamaño le hacía poder ser llevado en los viajes y consultado en cualquier lugar. Tanto el Atlas como el Atlas Menor de Mercator fueron publicados tras la muerte de Joducus Hondius, en 1612, por sus hijos, hasta una última edición en 1619.

ESPAÑA_ORTELIO

ESPAÑA_MERCATOR

          En estos atlas de Ortelio y Mercator, que contienen varias decenas de mapas de todo el mundo, por continentes, por países e incluso por regiones, también está el mapa de España más conocido en la época.
Estos grandes cartógrafos estuvieron relacionados con los reyes de España, especialmente Ortelio. Pero en España también hubo geógrafos y cartógrafos empeñados en hacer el mapa, la imagen interior, de España. Tres grandes proyectos geográficos fueron desarrollados en el siglo XVI en España, pero no fueron acabados. Es muy posible que hubiese otros mapas, pero el secretismo de los reyes y consejeros por ocultar sus posesiones, por el valor estratégico y militar, y la falta de grabadores e impresores especializados en España, que llevasen a la estampa los dibujos de los cartógrafos, ha hecho que no dispongamos hoy de ninguno. Estos tres grandes proyectos españoles del siglo XVI son: la Descripción y Cosmografía de Hernando Colón, el Atlas de El Escorial y el Mapa de Esquivel.

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         Hasta hace muy pocos años no se sabía nada del segundo gran proyecto cartográfico español, el conocido como el Atlas de El Escorial. Es una colección de veintiún mapas manuscritos doblados a la mitad, encuadernados en un solo tomo, con un primer mapa general de la Península y veinte mapas a una escala mayor. No tiene fecha, ni nombre del autor, pero investigadores expertos en cartografía han llegado a la conclusión de que este mapa encontrado en la Real Biblioteca de El Escorial se comenzó a dibujar alrededor del 1538 y su autor fue el cosmógrafo Alonso de Santa Cruz (1505-1567). El rey Carlos I le encarga la elaboración de “hacer la descripción general de la Geografía de España”, utilizando sus instrumentos con los que obtenía una mayor precisión en las coordenadas, que las obtenidas hasta entonces. En una carta enviada al rey le describe que tiene “cosas de geografía hechas”, entre las que se encuentra “una de España del tamaño de un gran repostero donde están puestos todas las ciudades, villas y lugares, montes y ríos que en ella hay”. Un repostero, de la época, era un tapiz con el que se decoraban los balcones o entradas de las casas, con el escudo de armas de la familia bordado o pintado en él, y este Atlas desplegado corresponde a una superficie de más de cuatro metros cuadrados, similar a un repostero. Carlos I se retira a Yuste, y el nuevo emperador Felipe II no cuenta con los servicios de Santa Cruz, apartándolo a Sevilla. El mapa general incorpora una retícula numerada, que identifica la hoja que corresponde a esa parte de la Península entre las siguientes hojas numeradas. Este mapa general no tiene escala, ni cartela, y están reflejadas las poblaciones más importantes, otras de segundo orden, sistemas montañosos y los ríos más importantes, con correcciones, por lo que se supone que era un mapa aún en construcción. Este mapa se dibuja con los datos de las otras veinte hojas, que son las que muestran el valiosísimo trabajo cartográfico realizado por Santa Cruz. Geoffrey Parker lo describe así: “… el Atlas de El Escorial contiene, con mucho, los mayores mapas del momento basados en una medición detallada del terreno. Ningún otro estado importante del siglo XVI poseía nada semejante.”
Es evidente que Cervantes, aunque pudo tener referencias de estos proyectos cartográficos españoles, no vio el mapa de España dibujado por sus autores. Sí los mapas exentos italianos que tuvieron difusión en España, y con toda seguridad los contenidos en los conocidos y manejados Atlas de Ortelio y Mercator, con ediciones expresamente en castellano.

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              En ellos, la Mancha, la patria de don Quijote, no aparece, pero si el de “conocido” Campo de Montiel, un espacio manchego nombrado hasta en cinco ocasiones en el Quijote. Mercator, además del mapa de España, incluyó en su Atlas mapas de distintas regiones españolas. El mapa de la región de Castilla la Nueva lo tituló Castillae Veteris et Novae Descriptio. Esta es la imagen del espacio de don Quijote que pudo observar Cervantes en los mapas dibujados por los dos cartógrafos más importantes del momento, y coetáneos a Cervantes. Y en ellos destaca el cervantino y “conocido” Campo de Montiel, situado al este de Alcázar de San Juan y de la “junta de los ríos” Guadiana y Záncara. Esta misma imagen se aprecia en mapa general del Atlas de El Escorial.

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         Es evidente que Alonso de Santa Cruz tuvo los mismos datos geográficos que Ortelio y Mercator para situar y dibujar el “conocido” Campo de Montiel al este de Alcázar de San Juan y de la “junta de los ríos” Guadiana y Záncara, ¿en un error de todos los expedicionarios que recorrieron Castilla recopilando testimonios geográficos de vecinos y autoridades? Mi respuesta es que, sencillamente, así se conocía en su tiempo este espacio manchego, y así lo dibujaron los geógrafos con los recursos que disponían.
Con los mapas y sistemas de información geográfica actuales podemos observar discrepancias o contradicciones con estos mapas, pero para comprender los espacios cervantinos hay que manejar los mismos mapas que pudo conocer y manejar Cervantes, y sus lectores coetáneos. Estas posibles diferencias geográficas en el texto con la realidad no son un error atribuible a Cervantes, él conoció así el espacio físico que luego utilizó para las andanzas de don Quijote. Esto mismo, en 1905, ya lo afirmó el geógrafo Antonio Blázquez en La Mancha en tiempos de Cervantes:

      “Pero ha de observarse, porque puede tener gran importancia, que los geógrafos españoles, o, por mejor decir, el único mapa de España que circulaba desde 1550, y cuyas ediciones fueron muy numerosas y casi todas anteriores al Quijote, sitúan el campo de Montiel, no en el lugar que le corresponde, sino al E. de Alcázar de San Juan y al N. de Minaya, Roda, Gineta, Albacete y Chinchilla, y al S. del Cañavate (provincia de Cuenca), y como es indudable que este mapa estuvo en manos de Cervantes, pudieran explicarse algunas dudas y contradicciones del Quijote, por este error del cual no era Cervantes responsable.”

            Incluso, se puede llegar a asegurar que fueron estos, los muy populares mapas de Ortelio y Mercator, o copias de ellos, tanto de España como del resto del mundo, los que tuvo Cervantes en sus manos, porque un error cartográfico de bulto es copiado en una de sus obras, El Persiles. En ella describe una isla fantasma, una gran isla que no existía: Frislanda.

FRISLANDA EN EUROPA ORTELIO

             El capítulo XII del Libro Cuarto, Cervantes, lo titula: Donde se dice quién eran Periandro yAuristela,  que no eran otros que Persiles y Sigismunda, integrantes del grupo de los peregrinos a Roma. Serafido explicaba a Rutilio los reinos de origen de Persiles y Sigismunda:

         “Más adelante, debajo del mismo norte, como trescientas leguas de Tile, está la isla de Frislanda, que habrá cuatrocientos años que se descubrió a los ojos de las gentes, tan grande que tiene nombre de reino, y no pequeño. De Tile es rey y señor Magsimino, hijo de la reina Eustoquia, cuyo padre no ha muchos meses que pasó a mejor vida, el cual dejó dos hijos, que el uno es el Magsimino que te he dicho, que es el heredero del reino, y el otro, un generoso mozo llamado Persiles […] Eusebia, reina de Frislanda, tenía dos hijas de estremada hermosura, principalmente la mayor, llamada Sigismunda […]”

DETALLE_FRISLANDA_ORTELIO

Poco más adelante, en el capítulo XIII, Cervantes vuelve a describir ambas islas y el origen cartográfico de Frislanda:

         “Volviose a repetir Serafido cómo la isla de Tile o Tule, que agora vulgarmente se llama Islandia, era la última de aquellos mares septentrionales…
Puesto que un poco más adelante está otra isla, como te he dicho, llamada Frislanda, que descubrió Nicolás Zeno, veneciano, el año de mil y trescientos y ochenta, tan grande como Sicilia, ignorada hasta entonces de los antiguos, de quien es reina Eusebia, madre de Sigismunda, que yo busco. Hay otra isla, asimismo poderosa y casi siempre llena de nieve, que se llama Groenlanda […]”

            En la edición en castellano del Theatrum Orbis Terrarum de 1588, Ortelio describe junto a este mapa de las Regiones Septentrionales la isla de Frislanda:

         Está en esta tabla la isla que llaman Islanda (de los antiguos dicha Thyle) esclarescida en maravillas si alguna lo es. Y también está Groenlanda, de pocos conocida. Veese también Frislanda, isla a los antiguos del todo desconocida, ni hay mención de ella en los modernos Geógraphos o Hydrographos, salvo en Nicolás Zeno Veneciano: el cual en el año 1380, en este mar por muchas y largas tempestades echado a una parte y otra, al cabo después de padecido naufragio, aportó a esta isla. Este dice que esta isla está sujeta al Rey de Noruega, y que es mayor que Hibernia, y que la ciudad principal tiene el mismo nombre que la isla; y que los moradores casi todos viven de la pesca; porque se toma en su puerto tanta abundancia de todo género de peces, que de ellos cargan muchos navíos en que los llevan a las islas vecinas”.

TEXTO_ORTELIO

              Parece más que evidente que Cervantes tuvo en sus manos esta edición en español del Theatrum Orbis Terrarum de Ortelio cuando situaba el origen del peregrinaje a Roma de Persiles y Sigismunda. Escogió una isla, Frislanda, que solo existía en los mapas, incluso copiando casi literalmente del texto de Ortelio las notas sobre Nicolás Zeno, su “descubridor”, y el año, 1380. Esta gran isla comenzó a situarse en todos los mapas después de que Nicolás Zeno el Joven la dibujase en 1558 y 1561 según unos documentos y cartas de navegar viejos que había descubierto de unos navegantes antepasados suyos, Nicolás y Antonio Zeno, en los que aseguraban haber llegado a ella en 1380 durante su viaje al continente americano, un siglo antes que Cristóbal Colón.

FRISLANDA_ZENO
Antes de la aparición del mapa de Zeno el Joven en 1558 y 1561, la isla fantasma de Frislanda “descubierta” por los Zeno a finales del siglo XIV ya se había dibujado al menos en dos mapas o cartas de navegar, pero por ser ejemplares únicos es casi imposible que los hubiese visto Cervantes, al menos muy improbable.

MAPA_COSA
En 1500, Juan de la Cosa dibuja en el Puerto de Santa María una carta de navegar en la que por primera vez se dibuja la costa del Nuevo Mundo descubierta y cartografiada durante los tres primeros viajes de Cristóbal Colón, así como los de Ojeda, Vespucio, Caboto y del propio Juan de la Cosa. En este pergamino y aparece una isla con el nombre de Frislanda.

DETALLE_COSA           Poco después, un cartógrafo desconocido, posiblemente portugués, dibujó un planisferio en forma de carta de navegar, que en las manos del comerciante italiano, espía para otros, Alberto Cantino a las órdenes de Hércules I, Duque de Ferrara, llega a Italia en 1502. Es un mapa, además de uno de los más importantes de la Cartografía, en cierta forma enigmático, pues incluye la península de Florida cuando esta es vista por primera vez en 1513 por Juan Ponce de León, a lo que da por pensar que algún navegante portugués se adelantó unos años, y por tener también dibujada la isla fantasma de Frislanda.

CANTINO

           Actualmente el Mapa de Cantino se encuentra expuesto en la Biblioteca Estense de Módena, pero antes pasó por palacios de nobles italianos y en poder del papa Clemente VIII fue llevado a un palacio de Módena donde se le pierde la pista hasta que Giuseppe Boni, director de la Biblioteca Estense de Módena, en 1868 lo reconoce cuando un carnicero le envuelve unas salchichas con parte de este pergamino. Por suerte era el primer trozo del mapa dispuesto para tal fin y pudo recuperarlo entero para la biblioteca.

DETALLE_CANTINO

          Frislanda, una isla fantasma que nunca existió salvo en algunos documentos de dudosa credibilidad de la familia Zeno, y que los cartógrafos y geógrafos incluyeron durante el siglo XVI en planisferios, cartas de navegar y mapas, hasta que se constató que todo fue una invención de los Zeno. Algunos de estos mapas, obras manuscritas únicas, no pudo verlas Cervantes, pero los conocidos y manejados mapas de Ortelio y Mercator sin duda alguna estuvieron en sus manos. En la parte septentrional de Europa vio la isla de Islandia y Frislanda en uno de esos mapas y las hizo patria de Persiles y Sigismunda. ¿Error geográfico de Cervantes?, no, simplemente utiliza la información geográfica y humana del momento para dar credibilidad al texto del Persiles, tal y como lo hizo antes con el “conocido” Campo de Montiel en el Quijote.

                                                                             Luis Miguel Román Alhambra

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LOS MOLINOS DE VIENTO DEL QUIJOTE

           Hasta ahora, cuando en este blog he nombrado los molinos de viento del Quijote ha sido como hito geográfico a tener en cuenta en la interpretación geográfica o percepción del paisaje que Cervantes nos describe en el texto. Hasta quién no ha leído el Quijote sabe que es contra uno de estos artilugios contra el que lucha don Quijote, creyendo que era un descomunal gigante que arrasaría su tierra. Y es gracias al Quijote por lo que hoy podemos seguir viendo estos “desaforados gigantes” en pie, muchos reconstruidos a mediados y finales del siglo XX después de su total abandono por ser inservibles para lo que fueron creados: moler cereal para transformarlo en harina.

molinos de viento de Alcázar de San Juan
Yo vivo en la Mancha, en el Corazón de la Mancha, donde cuando salgo de casa veo los cuatro molinos de Alcázar de San Juan sobre el Cerro San Antón, y, a lo lejos, al este los de Campo de Criptana y al oeste los de Herencia. He estado presenciando moliendas, incluso junto al molinero en la parte alta del molino, y es una sensación única. Indescriptible el silbido del viento con el crujir de las gruesas maderas, mientras engrana afinadamente la “catalina” en la “linterna” dejando escuchar el tintineo del grano entrando por la “tolva” para que las grandes ruedas de piedra lo conviertan en fina harina, ocho metros más abajo. Soy un lector quijotista privilegiado de ver todos los días estos gigantes y poder estar de vez en cuando dentro de la barriga de uno de ellos o ver como sus brazos se voltean a merced del viento, pero con el sabio control del molinero.

       Ver un molino de viento manchego solo es posible viniendo a la Mancha. Pero observo que tengo muchísimas visitas de países de Europa y otros continentes, especialmente de América, que quizá no tengan la oportunidad de estar junto a uno de ellos nunca, por lo que intentaré describirlos mediante mi experiencia y fotografías, y basándome en un trabajo excepcional de un médico alcazareño, don Rafael Mazuecos Pérez-Pastor “Rufao”, que entre 1950 y 1980 editó 58 fascículos de Hombres, lugares y cosas de La Mancha. Y a quien dedico humildemente este artículo.

           En el mes de abril de 1971 salía de la imprenta Vda. De Moisés Mata el fascículo XXXIII de HOMBRES, LUGARES Y COSAS DE LA MANCHA. En la portada se podía leer esta cita del Quijote: “Podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, es imposible. Decía DON QUIJOTE”

portada del fascículo

Entre sus páginas 18 a 29 encontramos la mejor de las descripciones que de un molino de viento manchego se ha realizado. En esta parte de la Mancha se empezaron a construir a mediados del siglo XVI en terrenos gobernados por la orden de Santiago. Antes de la publicación del Quijote, y por lo tanto únicos lugares donde Cervantes pudo contemplar sus singulares siluetas, y comprobar su labor de moler cereal, fue en Belmonte, Las Mesas, El Pedrnoso, Villaescusa de Haro, Mota del Cuervo, El Toboso y especialmente en Campo de Criptana, donde ya había construidos “en esta sierra de Criptana, junto a la villa, muchos molinos de viento donde también muelen los vecinos de esta villa.” (Relaciones Topográficas de Campo de Criptana, 1575). Son estos molinos de Campo de Criptana, que quedaron en la memoria del regocijo de las musas, los que inspiraron la “espantable y jamás imaginada” batalla de don Quijote contra uno de ellos.

azulejo de Daimiel.
Esta “espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento”, como la califica Cervantes en el título del capítulo VIII del Primer Quijote, comienza así:
En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
-La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. (Q1, 8)

           Sin duda alguna Cervantes estuvo muy cerca de ellos para describir tan precisamente su funcionamiento en boca de Sancho: “Mire vuestra merced –respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.” Sancho era agricultor y conocía muy bien estos nuevos artilugios que hacía pocos años estaban en los cerros de algunos lugares manchegos. El final de la aventura es más que conocida: una ligera brisa pone en marcha el molino de viento justo en el momento en el que don Quijote atravesaba una de sus aspas dando con sus huesos en el suelo.

           El fascículo está terminado por un magnífico plano con dos vistas y cortes del molino, realizado por su amigo G. Chaves, con la descripción de todos los elementos que lo componen por su nombre. El doctor Mazuecos dio la importancia que en el futuro tendría este plano dibujado por Chaves dejando “bien claro que gracias al esfuerzo para comprenderlo y a las molestias de ir a verlo, podrán los venideros tener una idea concreta de lo que era un molino por dentro y cómo funcionaba, pues los dibujos que tan eficazmente ilustran este trabajo, son consecuencia de su magnífica disposición y preparación en primer término y en segundo, de su entusiasmo, de su ilusión por realizarlo y legarlo a su pueblo” Este plano lo iré utilizando en detalles, por su gran valor gráfico, anotando en la descripción de cada elemento entre paréntesis el número que corresponde en el plano.

plano general Chaves
¿Funcionan hoy los molinos de viento? No para uso industrial, por el poco rendimiento comparándolo con uno eléctrico que los hizo casi desaparecer a mediados del siglo XX, pero sí los podemos ver en alguna jornada cultural o turística en las localidades que cuentan con ellos, siempre que el esperado viento haga acto de presencia. Yo los he visto funcionar en Campo de Criptana, Mota del Cuervo, Consuegra y Alcázar de San Juan, con maquinaría original, de los siglos XVI y XVII, o construida en la segunda mitad del siglo XX fiel a la original.

Día de molienda en Campo de Criptana.
El doctor Mazuecos comienza su artículo “En cualquier lugar de la Mancha, porque en el que fuere hallaremos la asentada llanura, moteada de barbechos y escuálidos trigales salpicados de amapolas, el cielo, raso y la descomunal figura del molino de viento recortada en el horizonte, podemos acometer la ya casi quijotesca aventura de puntualizar cual era el mecanismo que utilizando como fuerza motriz el viento que manda Dios nos molía el grano para hacer el pan nuestro de cada día” Para quienes solo han visto un molino de viento por fuera parado no pueden imaginar lo asombroso que es cuando este comienza a mover sus aspas. Y si tienen la fortuna de estar en su interior junto al molinero cuando este suelta su freno y vierte grano entre sus piedras de moler es todo un espectáculo. Jamás olvidarán la “gran estampa la de este gigante braceando en lo alto de un cerro ante un horizonte que se pierde de vista, con un aire que aturde y un crujir que sobrecoge y asombra, chasqueando tan ruidosamente las enormes y resecas maderas que forman su pesado armazón y se mueve velozmente…”

con el molinero
El doctor Mazuecos describe su aspecto exterior como “una obra de mampostería de forma rigurosamente cilíndrica, detalle importante para diferenciar el molino manchego de otros…”. Para continuar con su construcción “de sólidos cimientos y gruesa muralla hecha con yeso de los Anchos y piedra firme… La obra del molino, hasta el enrase de la muralla, sin contar la cubierta o capucha, mide alrededor de ocho metros de altura”.

Ruina de molino
El molino tiene como cubierta una “capucha” móvil de madera recubierta de placas de zinc (17), que además de resguardar de la lluvia el interior del molino contiene en su interior la mayor parte de la maquinaria, “… la capucha tiene una especie de tronera, buhardilla o castillete por donde sale la cabeza del eje (21) en la que se fijan las aspas…”

Detalle 1 general caperuza y aspas.
“Tanto el montaje como la fijación de las aspas en el eje mediante cuñas de madera, son trabajos de fuerza y habilidad”. Sin duda alguna la construcción de estos artilugios de madera estaba en manos de carpinteros muy especializados por las dimensiones y pesos de las piezas. Tanto el taller, como los trabajos en el campo serían dirigidos por un maestro molinero en todo momento, porque “…todas las faenas de la molinería son de fuerza y de conocimiento en el manejo del arte, pues entraña serios peligros en muchos momentos. Un golpe de viento puede volcar…”   Por el lado opuesto a la salida del eje de las aspas, de la capucha, con el mismo grado de inclinación de esta, sale de ella el “palo de gobierno” (57) que se utilizará para orientar la capucha, y la maquinaria, del molino hacia el viento, “poner el molino al aire”.

Detalle 2. Borriquillo

           En el suelo, alrededor del molino, a unos ocho metros de sus paredes se encajan en el terreno unos “hitos” de piedra viva (58) en un número de ocho o diez que servirán para alojar en ellos un torno vertical o cabrestante que se conoce como “borriquillo” con el que arrastrar con una cadena, de hito en hito, el palo de gobierno y orientar el molino al viento.

Borriquillo e hito

          El cuerpo de obra del molino tiene a unos 35 cm de su parte superior o del “enrase” doce “ventanillos” de 20 x 30 cm (32) para que el molinero pueda asomarse desde ellos y poder apreciar el viento y sus cambios, que en esta parte de la Mancha los doce aires que soplan sus cerros son “ábrego hondo, ábrego fijo, toledano, moriscote, cierzo, matacrabas, solano alto, solano fijo, solano hondo y tres ventanillas a mediodía”.

vntanillos y silo de molino
En el eje del molino se encajan dos aspas, con dos velas cada una, lo que forman cuatro brazos “descomunales” reforzados por otros palos más fuertes que se llaman “macho” (44) y “remacho (45). Cada vela del aspa desde el eje mide ocho metros, por lo que casi rozan el suelo. Las aspas son en la Mancha de forma rectangular y “miden 7,5 metros de longitud por dos metros de ancho y llevan un armazón de cabrios más o menos gruesos colocados en sentido longitudinal y transversal formando un bastidor llamado telera (52) que sirve, como su nombre indica, para sujetar la lona que ha de recibir el aire como las velas de los barcos”.

aspas vestidas
Una vez “vestida” cada aspa con su lona, cosida a la telera por medio de cuerdas, el molino girará al tener las aspas oblicuas “como las hélices y los molinillos de los chicos, que si la pala de arriba se inclina hacia la derecha, la de abajo lo hace a la izquierda”. El giro normal de los molinos es a derechas, en el sentido de las agujas del reloj según los miras de frente, a excepción de El Zurdo de Mota del Cuervo, que es el único que se construyó para moler a izquierdas. Hay dos hipótesis sobre el motivo del giro a izquierdas, una que se equivocaron los carpinteros en el montaje, y otra, la más aceptada, es que las piedras de moler que llegaron desde canteros catalanes tenían labradas las ranuras de salida al revés y tuvieron los carpinteros que adaptar la maquinaría a ellas. Sea una u otra por lo que también es muy conocido El Zurdo es por tener constancia de haber estado arrestado judicialmente, sin moler, por haber matado entre sus engranajes a su molinero.

Detalle 3. Planta primera
Hacia el mediodía, al sur, el molino cuenta con una puerta pequeña (56), embutida en la pared “enrasada y fija en el quicio de dentro”, que abre hacia adentro, “rozando la escalera de caracol que está adosada a la pared”.

molinero entrando en el molino
Este primer habitáculo servía de cuadra para la mula o el borrico del molinero y hasta donde llega un “canalón de madera” (43) por donde salía la harina a los sacos o “costales”. Al lado del canalón está “pendiente del techo, el alivio (42), contrapeso de hierro, de forma ovoidea, de unos cinco kilos de peso”, que más adelante explicaré su uso.

Detalle 4. 2 planta
Sobre los peldaños de la escalera de caracol se dejaban los sacos de grano para ir subiéndolos conforme hacían falta, de uno en uno, llegando hasta la primera planta, “que es un rellano llamado camareta”, espacio diáfano para dejar más sacos de grano, los cedazos de harina. En esta “camareta” el canalón tenía otra salida (41) desde la que se recogía la “harina de titos” con la que en la Mancha se hacían las socorridas “gachas manchegas”, hoy convertidas en uno de los platos típicos de esta parte de la Mancha. En esta “camareta” hay una alacena (73) donde el molinero guardaba herramientas y “trastos” para uso en el molino. Justo encima de la puerta de entrada al molino, pero en esta planta, hay una ventanilla (55) que da luz a esta estancia. En el techo se encuentran dos grandes vigas de madera llamadas “marranos” (39) de 40×40 cm que descansan en los muros de la obra. Estas vigas son la bancada principal de la maquinaría del molino.

Detalle 5. Maquinaria
De la “camareta” subimos al “moledero”. La escalera de caracol se va estrechando cada vez más, para dejar el máximo espacio para la maquinaría. En el “moledero” es donde se concentra todo el ingenio de este artefacto para moler cereal utilizando la energía que proporciona el viento. Sus paredes de obra se alzan dos metros para estar terminadas en un anillo de madera (26) engrasado con sebo animal, para facilitar el giro de la “capucha” que descansaba sobre él, que tenía como base cuatro grandes vigas entrelazadas entre ellas y entre otras cuatro más de menor tamaño.
La “capucha” está construida con palos que van desde las “madres” hasta el “fraile” (16), que sobresale de la “capucha”, donde también se ajusta el “palo de gobierno” (57) de unos quince metros de longitud. La “capucha” tiene forma cónica y una altura de 3,10 m. por lo que la altura total del molino desde el suelo al “fraile” es de once metros. Se cubría de tabloncillos de madera y con zinc en las últimas cubiertas construidas.

           El gran eje del molino (21) tiene un diámetro de ochenta centímetros y está “tallado con hacha carretera o azuela”, descansando sobre dos piedras (24) y (47), también ensebadas. La piedra trasera “de rebote” tiene forma de caja donde hace tope el eje, la delantera o “bóllega” es la que soporta el eje. La precisión en el tallado y labrado de estas piedras por el cantero era esencial para el funcionamiento y vida del molino. Toda la maquinaria está fabricada de madera de roble y álamo negro, conocido como negrillo. Según se necesitase dureza o elasticidad se usaba una u otra madera.

piedra bollega
En mitad del eje se monta la “rueda del aire o rueda catalina” (19) de 2,7 m de diámetro y 40 cm de gruesa, formada por “un entramado de tarugos y cruceros. “Esta rueda, está formada en su contorno por ocho trozos o piezas firmes a modo de pinas de las ruedas de los carros, abrazadas con lañas grandes y sólidas, de hierro, por ambas caras”.

Catalina engranada en la linterna
En una de sus caras se encastran los 40 “dientes” que engranarán en la “linterna” (30). La “linterna” está colocada encima de las piedras de moler, siendo su eje común. En sus “husillos” engranan los dientes de la ”rueda catalina” transfiriendo el giro del eje del molino, multiplicándolo, a la piedra de moler (28).

Detalle 6. vista frontal maquinaria
La rueda catalina o del aire lleva un freno hecho con madera de fresno y una pletina de hierro que se ajusta a la parte superior (3), accionándose por medio de un sistema de polea mediante una barra de freno (4)

Detalle 7 maquinaria
El eje de la linterna y de las piedras se ajusta en medio de la bancada de mampostería (35). En la base de esta bancada se sujeta con yeso la “piedra solera” (29) y encima de ella la “piedra volandera” (28), pero estas han de tener más o menos contacto entre ellas según se quiera de fina la harina, esto se consigue elevando o bajando la “piedra volandera” mediante el “alivio” (11) accionado directamente por el molinero o por medio de una cuerda desde el piso de abajo, mientras inspecciona la finura de la harina que cae a los sacos, sin tener que subir al “moledero”. Todo el conjunto de piedras está cerrado por un cajón de madera llamado “guardapolvo” (66) que encauza la harina hacia el canalón de bajada, evitando también harina en suspensión en esta parte del molino.

Observando la maquinaria LM
“Las piedras de moler son de pedernal y constan de tres o cuatro pedazos que se unen con unas abrazaderas de hierro o aros llamados cellos. Miden metro y medio de diámetro por 0,24 de grueso”. Quizá muchos se hayan preguntado alguna vez, o al ver estos planos en este artículo, cómo se subían o bajaban estas piedras tan pesadas hasta esta parte del molino. Esta operación se hacía utilizando como gran torno el mismo eje del molino, como nos lo describe precisamente el doctor Mazuecos: “Esta delicada maniobra se lleva a cabo con el aire, estando el molino a cierzo, con las lonas puestas y funcionando. Quitados los tablones que cubren las piqueras de las dos plantas del molino, se pasa una maroma por el agujero de la piedra y se anuda y se ata al eje por la otra punta. Al andar el molino se lía la maroma al eje y eleva la piedra entera y de canto”.
Una vez conocida la construcción de este ingenio manchego, que vino a suplir la falta de agua en los ríos cercanos y la falta de rendimiento de los molinos de agua, la ceremonia de su puesta en marcha, aunque parezca sencilla, es solo posible por la gran experiencia del molinero. A veces, si había gran cantidad de grano esperando ser molido, el molinero pasaba las 24 horas del día en el molino esperando que la brisa de aire comenzase a sentirse en las cresta del cerro, pues aunque parezca que necesario gran cantidad de aire para hacerlo funcionar no es así. Con una ligera brisa es suficiente para moler, e incluso si el viento arrecia hay que quitar algo de superficie de lonas, enrollándolas sobre sí, o frenar ligeramente la “rueda catalina”.

desde ventanillo
De día como de noche, en esta parte de la Mancha el “solano”, viento del este, es uno de los aires predominantes. Cuando el molinero apreciaba que el viento ya se notaba, a veces por el silbido entre las rendijas de puertas y ventanillos, subía a la parte superior del molino y abría los doce ventanillos para apreciar mejor la dirección desde donde soplaba el viento. Junto con su ayudante giraban la “caperuza” del molino amarrando la punta del palo de gobierno al “borriquillo” por medio de una cadena.

molinero y ayudante con el borriquillo
El molino, por seguridad, solía estar siempre frenado y enclavado por medio de una cadena a las vigas del molino. Estando ya el molinero en el “moledero” soltaba poco a poco el freno hasta que el molino comienza a girar, a veces era necesario que el ayudante impulsara a mano una de las aspas desde el suelo si el viento era flojo. La “piedra volandera” está algo separada de la “piedra solera” y el molinero comienza a verter grano sobre la “tolva” (33) que encauza este hasta el eje de la “volandera”, bajando con cuidado la “volandera” contra la “solera” mediante el “alivio” comenzando así la molienda. Cuando aprecia que la harina está con la finura adecuada y la velocidad de la piedra ajustada, si es muy alta quema la harina, deja al ayudante subiendo sacos y vertiéndolos en la tolva bajando él hasta la parte baja del molino para ir llenando los sacos o costales con la harina que cae por la “canaleta” poniendo su mano debajo de la harina comprobando continuamente su finura. Si observa que es necesario afinarla más o menos acciona el contrapeso del “alivio” que tiene junto a la salida del “canalón de la harina”, sin tener necesidad de subir al “moledero”. Así hasta que se acaba el grano a moler o el viento desaparece. Si cambia de dirección el viento se deja de moler, se frena la “rueda catalina” y se reorienta la “caperuza” de nuevo, para proseguir la faena. En tiempos de molienda casi nunca se desmontaban las lonas de las aspas, sino que se enrollaban sobre sí para evitar que un golpe de viento fuerte dañase el mecanismo.

azulejo del gigante

          Espero que con este artículo todos los que siguen este blog quijotesco, más que cervantino, se animen a venir a conocer in situ los molinos de viento de la Mancha. Y para quienes no puedan venir, su lectura les haya servido para conocerlos mejor y entender por qué no es tan difícil imaginarse un gigante cuando los mira, como le pasó a Cervantes y a su don Quijote.

sentado en el molino

Si vienen por Alcázar de San Juan no es difícil verme los domingos temprano sentado junto a la puerta del molino Rocinante. Desde este altozano se puede ver el horizonte manchego en sus 360º, tal y como lo vio hace más de cuatro siglos Miguel de Cervantes Saavedra.

                                                                    Luis Miguel Román Alhambra

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LOS MAPAS MENTALES DE CERVANTES EN EL QUIJOTE

CERVANTES IMAGINANDO                 Hace unas semanas le enviaba a un amigo parte de la guía de caminos por la Mancha de don Quijote que estoy preparando, incluyendo el Prólogo para el viajero y la primera de las salidas de don Quijote. Es un lector del Quijote, se lo sabe de cabo a rabo, y es manchego, como yo, aunque vive desde hace muchos años en Madrid. Me llama solo dos días más tarde y me dice que acaba de ver el itinerario que propongo para seguir los pasos de don Quijote en esta salida concreta y que está asombrado, creo que fue benevolente con lo de asombrado, porque no coincide mi mapa con ningún mapa o ruta publicado hasta ahora, ni por particulares ni por organismos públicos como la JJCC de Castilla-La Mancha, y que no entendía mi propuesta, aunque después de haberlo analizado coincidiese el espacio y el tiempo con el texto del Quijote. Le pregunto que si antes había leído el Prólogo para el viajero, y su contestación fue: “nunca leo los prólogos de los libros”. Le insto a que en este caso, por ser yo, lo hiciese porque es la única manera de entender mi propuesta viajera, y que además le enviaba también una parte de uno de los capítulos previos: Los mapas mentales de Cervantes en el Quijote.

         Esta vez pasa casi un mes sin tener noticias suyas, lo que no me preocupó porque no comparte, o compartía, conmigo la idea de que “el Quijote es una novela de ficción por una geografía real”. Cuál fue mi sorpresa cuando me llama y me dice, me pareció incluso entusiasmado, que durante dos fines de semana ha recorrido los caminos y estado en los parajes anotados por mí y que solo le ha faltado ¡hacerlo sobre un borrico…! Creo que ahora sí comparte mi interpretación geográfica del Quijote. Es más, quiere que le adelante el resto de salidas, cosa que no puedo hacer porque no están terminadas, a veces el “hilo de hilvanar” que usa Cervantes cose paños muy distintos. Con lenguaje geográfico me dice que él también se ha hecho un “mapa mental” de esta parte de la Mancha.

            Este es subcapítulo de mi guía que ha ayudado a mi amigo entender la guía:

LOS MAPAS MENTALES DE CERVANTES EN EL QUIJOTE

Un mapa es, como definición muy aceptada por los geógrafos, una representación gráfica de la Tierra, o de una parte de ella, en un modelo reducido y a escala, que establece una correspondencia matemática, continua y biunívoca, entre los distintos puntos de la superficie terrestre y los del plano, y que en alguna ocasión hemos tenido uno entre nuestras manos. Hoy incluso los podemos llevar en dispositivos electrónicos e incluso consultarlos por internet.

Confeccionar un mapa es una tarea minuciosa que, aunque ha cambiado a lo largo del tiempo por el uso de mejores instrumentos astronómicos y topográficos, requiere amplios conocimientos geográficos y topográficos. Sin embargo, los seres humanos somos capaces de crear nuestros propios mapas mentales según distintos modelos de percepción, los cuales relacionan los procesos cognitivos (sensación, percepción, atención, memoria, pensamiento, lenguaje e inteligencia) y la conducta espacial de cada individuo, o conjunto de individuos.

La creación de mapas mentales por el individuo, tanto urbanos como rurales, es también del interés de los geógrafos, en los estudios sobre la geografía física y humana. Para los geógrafos R.M. Downs (Geographic space perception: Past approaches and future prospects, Londres, 1970) y B. Goodey (Perception of enviroment, Birmingham, 1973) las imágenes que forman los mapas mentales se elaboran a partir de la información obtenida del medio real filtrada por el sistema de valores individuales o colectivos, teniendo una influencia determinate el espacio personal, el entorno que mejor se conoce, y los desplazamientos habituales, tanto dentro de la ciudad como los de viajes de trabajo o de ocio fuera de ella. Así, las imágenes reales percibidas son filtradas por las experiencias personales creándose una imagen más sencilla, incluso distorsionada del paisaje urbano y rural. Según M.A. Zárate (Geografía Urbana. Dinámicas locales, procesos globales, Madrid, 2012) aunque cada persona percibe el espacio de forma diferente, ciertos aspectos de las imágenes pueden ser compartidas por grandes grupos a causa de semejanzas de socialización y de experiencias comunes con el entorno vivido.

El urbanista Kevin Lynch (The image of the City, 1960), determinó que para la elaboración de un mapa mental se parte de cinco elementos singulares o básicos del paisaje urbano o rural: sendas, bordes, distritos, nodos e hitos.

-Las sendas o itinerarios son las vías o caminos que sigue el observador normal u ocasionalmente cualquier observador. Para muchas personas, las sendas son los elementos principales de la imagen de un paisaje urbano o rural.

-Los bordes son elementos lineales que separan dos espacios diferenciados morfológica o socialmente. Unas veces, son límites físicos, como ríos, costas, sistemas montañosos o zonas de contacto de suelos de usos urbanos y rurales; otras, son límites percibidos, como espacios geográficos de características sociales contrastadas.

-Los distritos o barrios son espacios bien diferenciados mentalmente por el observador respecto a otros, ya que poseen rasgos peculiares que los distinguen dentro del conjunto de una región o de una ciudad.

-Los nodos son puntos de confluencia de las sendas o itinerarios, como las plazas o los cruces de caminos.

-Los hitos o mojones son componentes de paisaje fácilmente visibles, que la mayoría de los individuos utilizan como puntos de referencia y guía: la torre de una iglesia, un edifico, un monumento o un accidente de relieve.

CERRO SAN ANTON

Estos cinco elementos singulares del paisaje urbano o rural actúan como elementos de referencia para la elaboración del mapa mental de un espacio geográfico determinado por un individuo, facilitándole su organización y orientación con seguridad dentro de él, y, lo más importante, le sirve para no perderse. La intensidad con que son percibidos estos elementos singulares del paisaje varía según las características morfológicas del espacio urbano o rural y de factores personales. Un mismo espacio es percibido de distinta manera, incluso por un mismo individuo, según la edad, el propio conocimiento por el tiempo que ha pasado en él, la forma de desplazarse o el nivel cultural. Un ejemplo sencillo es la visión del mar por alguien que vive en el interior, su imagen le llama más la atención, en ciertos aspectos, que a un vecino de un lugar situado en esa misma costa.

En un mapa mental, la distancia percibida también configura la imagen del paisaje urbano o rural, organizando en el espacio los elementos singulares que lo forman. La distancia percibida por el individuo y la distancia real no siempre coinciden. Esta anomalía se explica por la cantidad y variedad de puntos de referencia, hitos percibidos, que el individuo observa en el itinerario realizado, cuántos menos hitos de referencia o de menor variedad o interés hay en el camino más es la sensación de distancia percibida. De la misma manera, según el sistema de trasporte utilizado y el tipo de la vía es posible percibir más o menos elementos singulares del paisaje. No percibe los mismos y con la misma intensidad el conductor de un vehículo que sus acompañantes.

Cervantes, para dar credibilidad o verisimilitud al conjunto de cuentos, aventuras y novelitas que forman el texto final del Quijote utiliza la relación espacio-tiempo entre ellas, facilitando así al lector la comprensión del comportamiento de los protagonistas en cada parte de la obra, que coincide con el de los individuos de su época, sus lectores. Así utiliza las ventas junto a los caminos que se llenan de vida al final de cada jornada con arrieros, viajeros, funcionarios, comerciantes, prostitutas, cuadrilleros, y algún capador de cerdos. Como los mismos caminos donde se produce el flujo de movilidad durante el día, de los mismos actores, ocasionando interesantes encuentros en ello, a veces dolorosos para nuestros protagonistas, o casi al final de una noche toledana en El Toboso se encuentran por su calle con un gañán que sale a trabajar, al cual le preguntan por el palacio de Dulcinea, nadie sino un gañán transita a esas horas tan tempranas por un pueblecito manchego. Este espacio-tiempo y los elementos singulares del paisaje del Quijote coinciden con el mapa mental que Cervantes tiene en su memoria y que describe para sus lectores.

Su edad, en el momento de escribir el Quijote, le ha aportado muchísimas imágenes a lo largo de su azarosa vida. Imágenes del paisaje que ha podido percibir en los caminos al paso de una mula, a una velocidad de una legua, unos seis kilómetros, a la hora en caminos más o menos llanos como los manchegos. De la misma manera sus lectores, que tenían el mismo sistema de valores, podían comprender el mapa mental de las aventuras de don Quijote, o aproximarse a él, que Cervantes describía en el texto. F. Pillet (Geoliteratura. paisaje literario y turismo. Madrid, 2017) argumenta que en “una novela se puede estudiar el sujeto (autor), el objeto (la obra literaria) y la sociedad a la que el autor dirigió la obra, sin olvidar un último componente, el tiempo histórico en el que está escrita… No cabe duda que cuando un novelista escribe sobre el momento que está viviendo, las descripciones son más reales y verídicas, que cuando se retrotrae en el tiempo.

Hace unos pocos años cuando programábamos un viaje consultábamos un mapa o una guía de confianza, o nos poníamos en ruta siguiendo un mapa mental que nosotros mismos teníamos creado por nuestra experiencia anterior. Hitos percibidos en el paisaje nos iban recordando tanto el espacio como el tiempo del viaje. De la misma manera, cuando el viaje o traslado era por una ciudad más o menos conocida, tener un mapa mental lo más legible posible de la realidad evitaba la sensación angustiosa de estar perdido. El medio de transporte utilizado condicionaba las referencias en el espacio percibidas, que tenían que ser más o menos visibles o reconocibles, y no las percibimos igual en coche que en bicicleta o andando. Si orientábamos a otra persona para que hiciese esa misma ruta, le describíamos nuestro mapa mental, con los caminos o carreteras a tomar, hitos percibir, cruces a tener en cuenta, bordes o límites de provincias a traspasar, etc. Cuánto mejor fuese nuestra descripción mayor facilidad de organización y orientación tendría la ruta para el nuevo viajero.

La legibilidad de nuestro mapa mental a veces se fundamentaba en elementos singulares, como un árbol solitario, un arroyo serpenteante, o un edificio típico. El problema se agranda con el paso del tiempo, porque esos elementos significativos del paisaje han cambiado o el medio de transporte utilizado no es el mismo, siendo la percepción distinta, por lo que al no reconocerlos podemos tener la sensación angustiosa de estar perdidos, siendo la morfología del territorio prácticamente la misma.

MAPA ORTELIUS

Tratar hoy de comprender el mapa del Quijote sin tener en cuenta que el texto lo escribe Cervantes para lectores de principios del siglo XVII condena la empresa al fracaso, o, lo que es peor, a tergiversar el espacio geográfico elegido por Cervantes para cada una de las aventuras del hidalgo manchego. Los mapas que pudo tener entre sus manos Cervantes pudieron ser los que Ortelius o Mercator habían ya publicado en varias ediciones, siendo ya muy populares a finales del siglo XVI. Pero estos mapas no describían los caminos, por lo que bien pudo llevar en uno de los bolsillos de su gabán de viaje una guía de caminos, como el Reportorio de Caminos de Pedro J. Villuga (1546). Tener en cuenta la cartografía y relaciones de caminos de su época es imprescindible, como la de tener a mano los primeros mapas topográficos que de España se hacen con procedimientos matemáticos desde 1875 por el Instituto Geográfico, en los que se dibujan caminos, parajes y lugares que los usos del suelo hasta entonces casi habían dejado inalterables en la morfología manchega, como comparación con los mapas topográficos actuales, MTN del Instituto Geográfico Nacional.

Así, y solo así, tratando de comprender el mapa mental que de esta parte de España tenía Cervantes podremos entender el espacio geográfico descrito en el texto. Quienes definen el paisaje manchego descrito en el Quijote por Cervantes como inexistente, desconocido, deformado, ambiguo o impreciso lo hacen desde el conocimiento geográfico y cartográfico del siglo XXI, muy lejos del que tenían los lectores del siglo XVII. Solo caminado por los caminos manchegos, aproximándose al paso de la mula de alquiler de Cervantes, es posible percibir el paisaje que Cervantes guardó en su mapa mental de la Mancha, aunque lógicamente algunos hitos, nodos, barrios, distritos y bordes se hayan transformado por el paso del tiempo y los cambiantes usos del suelo o la acción antrópica del hombre.

Como recordaba F. Pillet, sobre cómo el autor transcribe el paisaje en la novela recreándolo según su percepción personal, “no se dejará de escribirse literatura, real o ficticia, que no se apoye en un territorio”.  El mapa del Quijote no es lo importante en la lectura del Quijote. El Quijote es muchísimo más que una simple guía de viajes por la Mancha, pero para un lector que haya leído el Quijote quizás le atraiga estar en los mismos caminos y parajes descritos por Cervantes, y percibir la misma luz y el mismo horizonte que cautivó al regocijo de las musas.

                                                                             Luis Miguel Román Alhambra

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EL QUIJOTE EN LA MALETA DEL MÉDICO GORNIA

            Quizá el título de este artículo no les diga nada, pero si les digo que Giovan Battista Gornia acompañó a Cosme III de Médici en su viaje por España entre 1668 y 1669, como su médico personal, ya si es mucho más fácil ubicarlo en un espacio y en un tiempo concreto. Aunque la relación oficial del viaje no era su función, esta correspondía a Lorenzo Magalotti, el médico Gornia tomó sus notas en un diario personal de viaje que tituló Viaggio fatto dal Serenissimo Principe Cosimo Terzo di Toscana per la Spagna, Inghilterra, Francia et altri luochi negli anni 1668 e 1669. Giovan Battista Gornia nace en el año 1633 en la provincia de Bolonia. Estudia retórica y poesía, así como filosofía y medicina. Gornia llega a ser catedrático de medicina de la Universidad de Pisa y buen escritor. Su diario es eso, su diario, y aunque coincide en general con la relación oficial de Magalotti presenta una gran singularidad en sus apreciaciones. Como médico, hace que preste especial atención a los asuntos de la profesión manteniendo entrevistas con médicos y profesores, de los cuales recibe tantos libros que tiene que enviarlos a Italia desde Lisboa.  Como escritor se interesa en los usos y costumbres de los españoles, desde la forma de vestir de las mujeres a su papel en la sociedad, desde la transcripción de milagros y tradiciones legendarias a la costumbre de danzar y bailar delante del altar.

          El Quijote se traduce al italiano por Lorenzo Franciosini, imprimiéndose en Venecia en 1622, por lo que Gornia ya había leído el Quijote en su propia lengua cuando realizaba este viaje por España, siendo posiblemente uno de los libros que llevaba en su maleta de viaje al conocer que desde Toledo el séquito de Cosme III atravesaría la Mancha, la ya famosa tierra del hidalgo manchego, antes de entrar en tierras andaluzas. Tanto la relación oficial del viaje que hace Magalotti de las tierras manchegas como las apreciaciones personales que hace Gornia en su diario, siguiendo ambos fielmente a Cosme III será el grueso de este artículo, completado con los dibujos que ilustran el viaje, obras de  Pier María Baldi.

            Pero antes de adentrarnos en tierras manchegas, es conveniente conocer muy por encima quien era Cosme III y la razón de su viaje. En esos momentos era el príncipe heredero de una poderosa e influyente familia de Florencia y de Europa, los Médici. De ella salieron tres Papas, León X, Clemente VII y León XI, y dos reinas de Francia, Catalina de Médici y María de Médici. A los Médici se les reconoce también por ser mecenas de los artistas y científicos más importantes de su época, como Donatello, Fray Angélico, Brunelleschi, Leonardo da Vinci y Miguel Angel. Cosme III de Médici nació en Florencia el 14 de agosto de 1642. Hijo de Fernando II de Médici y de Victoria della Rovere era de carácter muy religioso.  Influido desde niño por su madre, rechazó los pasatiempos lúdicos de sus coetáneos dedicándose a las prácticas devocionales, peregrinajes y cantos religiosos, en contra del deseo de su padre, una persona muy interesada en la ciencia y la literatura.

retrato de Cosme

            Casado, a regañadientes, con Margarita Luisa de Orleans, prima del rey Luis XIV de Francia, joven educada de una manera muy diferente al príncipe, las discusiones y peleas entre ambos se alternaban con reconciliaciones. Por su condición de príncipe heredero del Gran Ducado de Toscana, y como pretexto para alejarse un tiempo relativamente largo de su esposa, organizó su segundo gran viaje por Europa y así conocer de cerca las principales cortes europeas. España, Portugal, Inglaterra y Francia fue la ruta marcada. Un viaje de aproximadamente un año de duración.

            Cosme III y su séquito parte de Florencia el 18 de septiembre de 1668, hasta el puerto de Livorno, donde se embarcan rumbo a España costeando Francia. Llegan al puerto de Cadaqués, y desde aquí a los de Rosas y Palamós, antes de llegar a Barcelona. Desde Barcelona, la comitiva llega a Zaragoza y a continuación a Madrid. Desde Madrid se dirige a El Escorial, emblema de la monarquía española, y una vez abandonado Madrid, se dirige a Aranjuez y a Toledo. El itinerario desde Toledo seguirá hacia el sur, hasta las principales ciudades de Andalucía: Córdoba, Granada y Sevilla.

            Si Magalotti hace la relación oficial del viaje, en el séquito viaja un pintor, Pier María Baldi, que tendrá la función de dibujar el lugar donde duerme el príncipe, e incluso donde para para comer y descansar. El príncipe no siempre duerme en una ciudad o pueblo con cierta entidad, a veces, por la excesiva distancia entre lugares para salvarla en una jornada, lo tiene que hacer en alguna venta junto al camino, cuidada especialmente para el momento, aunque si no salen bien parados algunos lugares, de la pluma de Magalotti, por su suciedad y mal acondicionamiento, las humildes ventas menos aún. Sin embargo la imagen del paisaje captada por Baldi nos deja su percepción casi fotográfica del paisaje y de ese lugar, sin interpretaciones artísticas, con una gran precisión y objetividad. Sin duda Baldi dibuja la mejor imagen que se tiene de España del siglo XVII.

jornada Toledo a Mora

            De Toledo sale el príncipe con su séquito el 29 de noviembre de 1668 con intención de llegar a dormir a Mora: “El día 29 a las 8,30 Su Alteza descendió a pie para oír misa en una iglesia de los carmelitas y, después del desayuno, partió hacia las diez, dirigiéndose directamente hacia Mora para reposar allí. […] Pasamos por Nambroca y Mascaraque, […] y dejamos a mano izquierda, a distancia de una buena milla del camino, Almonacid […]”

Mora

De Mora, Magalotti, deja una de las descripciones más benévolas sobre la limpieza que hay en los pueblos de España:

             “Mora es un pueblo de alrededor de trescientas casas, aunque los del lugar afirman que son quinientas, y es uno de los pueblos más bellos y limpios de toda España, sea porque la limpieza está arraigada en la gente, sea porque nos cupo a nosotros llegar en el momento preciso en que todos los vecinos enjalbegaban sus casas por fuera y por dentro, lo que acostumbran a hacer tres veces al año, cuando llega el buen tiempo; y esto porque las lluvias, al ser las calles tan anchas, se llevan el blanco de la cal, dejando las paredes manchadas y negras. […]. A media milla de distancia de Mora, en la cima de una colina se eleva un castillo antiguo, donde Su Alteza subió antes de la puesta del sol, mientras que nosotros salimos a pasear, viendo cómo los jóvenes mozos hacían ejercicios lanzando una barra de hierro, cosa que ejecutaban con bastante destreza. Aquella tarde Su Alteza no salió de casa.”

              Al día siguiente, después de oír misa, el séquito continúa su camino. El objetivo es llegar al final del día a Consuegra.

Mora a Consuegra

              “El día 30 fue a misa en la parroquia de Mora que es una iglesia gótica, si bien grande y de buena fábrica. Y de vuelta a casa desayunó, partiendo luego para Consuegra. […] Aquí la llanura se va estrechando insensiblemente hasta convertirse en una garganta de gran estrechez, que atraviesa las dos paredes de la montaña, y en medio de una selva de piedras y árboles se halla una iglesia, denominada de Santa María de Finibusterre y con un ermitaño como guardián. Es aquí donde comienza el país de la Mancha, y la susodicha iglesia pertenece al Gran Priorato de Castilla, a cuya cabeza está actualmente don Juan [José] de Austria. […]”

                Para el diplomático Magalotti,  entre Mora y Consuegra “comienza el país de la Mancha”. Sin embargo, en este mismo punto del camino el médico Gornia nos deja un detalle en su diario que solo un lector del Quijote, y amante de la obra de Cervantes, es capaz de hacer: “… aquí en el castillo de Mora comienza la provincia de la Mancha, famosa por Don Quijote y sus heroicas empresas …”. El príncipe Cosme de Médici, y todo su séquito, acaba de pisar la Mancha de don Quijote, en medio de una jornada invernal que empezó temprano en Mora y que acabará en el castillo de Consuegra.

Consuegra

Continúa Magalotti con la descripción de Consuegra:

            “Consuegra es un pueblo pobre situado al pie de una pequeña montaña, encima de la cual se alza un castillo a la antigua, con muros y torres con almenas, más aptas para servir de habitación que para defensa. En Consuegra, por ello, está la residencia del Gran Prior de Castilla; por ninguna otra razón más que por el aire libre, el señor don Juan se retiró allí después de la licencia, la cual le fue concedida por el rey Felipe IV, para retirarse como Comandante general de los ejércitos, y esquivar la malicia de la corte, o debido al impulso de su desesperación y melancolía, después de la derrota que recibió en Portugal. El Priorato tiene trece pueblos, el principal es el de Alcázar de San Juan, donde se encuentra el Contador, o administrador de impuestos internos, que es la primera oficina de este gobierno […]  Los ingresos del Priorato consisten en diezmos, y algunos otros derechos, que pagan los habitantes de estos trece lugares, teniendo el Priorato derecho de soberanía por lo que no hay apelación a las sentencias de estos ministros en ningún otro tribunal […] A lo largo de La Mancha se recoge el mejor trigo de España, tanto que, por orden del Rey, sólo se hace pan con trigo de esta zona; si bien es cierto que el pan hecho allí es el peor de todo el reino, por el agua cruda e insalubre por las grandes cantidades de salitre que hay en la tierra. Allí los pastos producen una hierba muy sabrosa y hacen de su carne un manjar excelente y delicado, principalmente la de los castrados, que no hay muchos. Sin embargo nacen en toda La Mancha dos vetas de agua, una noble y una dulce. Una es tan pobre que la mayoría de las veces se reduce a un hilo, y ésta nace bajo el castillo de Consuegra, por eso se llama del Castillo. La otra está a seis o siete leguas y es la llamada de Los Terrales, que es abundante y continua. […]”

Consuegra a Membrilla

            “Antes del amanecer del día 1 de diciembre, Su Alteza estaba en iglesia principal de Consuegra en misa y al acabar montó en su carruaje para continuar su viaje seguido durante media legua por Guelfi. El camino durante las siguientes cinco leguas fue por una llanura en la que se veían algunas pocas casas y sólo muy a lo lejos se observaba alguna ciudad más grande cerca de las montañas.[…]”

Villarta

            La intención del séquito florentino era llegar a la villa de Membrilla. El almuerzo les coincide en Villarta de San Juan. Dice la relación del viaje que el almuerzo lo hacen de “pie”, por lo que podemos entender que ni siquiera entran en el pueblo ni saludan a su alcalde, al menos no consta en ella. Todavía quedaban “otras cinco leguas” de camino, unas cinco horas de viaje y los días de invierno son muy cortos, tanto que llegan de noche a Membrilla. Durante el  frugal almuerzo del príncipe el pintor Baldi aprovechó para dibujar Villarta desde el lado derecho del camino de Puerto Lápice, junto al cauce del río Gigüela:

          “En Villarta se refrescó de pie, y se puso en rumbo por otras cinco leguas a Membrilla, pueblo del rey donde se llegó dos horas después de la puesta de sol. Fuera de Villarta comienza la zona de Calatrava, al que pertenecen la Venta Pesada donde hay un pozo de veinticuatro varas de profundidad, que saca el agua del subsuelo del Guadiana, y el pobre pueblo de Manzanares, que es del rey. Aquí encontramos un recinto cuadrangular de paredes almenadas con tres torres similares en todos los ángulos, por lo que puede decirse que es apto para la defensa. Fuera del campo de Manzanares comienza inmediatamente Montiel que pertenece a Membrilla, también del Rey. Calatrava es  toda una llanura yerma, y sin otra frontera que el horizonte.”

Membrilla

           “Membrilla trae su nombre de la abundancia, en otros tiempos mucho más que ahora, de membrillo. Las viñas que tienen poco vigor producen pocas y claras uvas, por lo que el pueblo, en general, no tiene una producción abundante de vino. Aquellos pocos, sin embargo, que lo producen, lo hacen en abundancia, y desde un año y medio, lo han perfeccionado y tiene una duración de un máximo de cuatro años. Su Alteza oyó misa el día 2 en la iglesia parroquial de Santiago, oficiada por un vicario de la Orden de Santiago con dependencia del Consejo de Órdenes con otros veinticuatro sacerdotes subordinados con títulos de capellanes. La iglesia es grande y la arquitectura gótica. De allí volvió a la posada a desayunar y de nuevo se puso en camino”.

Membrilla a Villanueva            Poco disfrutó el príncipe de su estancia en Membrilla. Dormiría y, después de oír misa y desayunar, de nuevo al carruaje o las parihuelas de viaje, sigue por caminos manchegos para llegar a Villanueva de los Infantes, una villa mucho más acogedora para su séquito. Al menos a Magalotti, esta parte de la Mancha, se le quedó gratamente impresa en la retina:

           “Llegó a Villanueva de los Infantes tras un recorrido de siete leguas. El campo que se vio este día es de los más bonitos que se han visto hasta ahora, que se extiende por uno y otro lado por un largo trayecto hasta algunas montañas a lo lejos. En Villanueva de los Infantes destaca el cultivo de la uva para el vino y el trigo y en  algún lugar se pueden ver bellos olivos como los nuestros […]”

Villanueva de los Infantes

            “Villanueva de los Infantes es un lugarcito de los infantes de Lara, de los cuales viene el duque de Hajara de la casa Manríquez; está bien situado y lleno de buenas construcciones, que merece, si no el nombre de ciudad, por lo menos algo más por encima del de pueblo. La principal iglesia de San Andrés, la de los dominicos y las hermanas de Santa Clara, la calle Mayor, la calle de San Francisco, que ambas van a dar a la plaza, y la propia plaza que se construye, como el exterior de la iglesia, de piedra viva con una arquitectura de soportales que sostienen en torno a ellas toda construcción uniforme, son piezas que podrían darse en una ciudad italiana. […] Villanueva de los Infantes está, sin embargo, en el Campo de Montiel, y es uno de los lugares más importantes de la región, como el mismo Montiel, del que toma su nombre y que no llega a ser la mitad de ella. […] Su Alteza se alojó en el convento de los dominicos. Después de la misa fue a reverenciar a Su Alteza, el Alcalde Mayor; después se adelantó el desayuno como lo había hecho el día anterior, y mientras se cargaba todo, fue Su Alteza a ver la Iglesia Mayor, la plaza, la calle Mayor, y la Iglesia de Santa Clara. Luego entró en el carruaje alrededor de las 9, e iniciaron el camino rápidamente, para llegar a la Venta Nueva a siete leguas de allí; en cuanto se sale de Villanueva de los Infantes, el terreno empieza a ser desigual, y aunque cementado en partes sigue habiendo muchas zonas por encima y por abajo salvajes.”

Villanueva a Venta Nueva

             “Y así continúa por tres leguas hasta Villamanrique, que es el último pueblo del Campo de Montiel, de La Mancha y de Castilla, donde hay una muralla baja de tierra; nada más pasarla se empieza a subir hacia Sierra Morena, que parece más una cadena de grandes colinas que de montes, los cuales se despoblan y se separan en varias líneas en una área de terreno bastante amplia. Al subir en dirección a la Venta Nueva se ve a lo lejos y a la izquierda Sierra Nevada, cuyas altísimas montañas dividen Andalucía desde Granada hasta la costa, para llegar a un lugar llamado Tomotrel. […]”

venta Nueva

               “La Venta Nueva es una casa pobre que se mandó construir recientemente por el duque de Medina para que pudieran descansar los viajeros, y se compone de dos míseras habitaciones en la primera planta, una en la planta baja, un henil, y un cuarto con chimenea donde se cocina, situado delante de un establo muy grande donde se pasó la noche junto a las bestias. El mismo día 4 oyó misa en esta casa, y cuando terminó se montó a caballo una hora después del amanecer, y entró en el bosque, al lado de la carretera principal, con perros y cazadores y fue a cazar codornices, dos de las cuales eran bien hermosas. Cuando hubo recorrido la mitad de ese camino entró en el camino principal, desmontó y se subió a la calesa y avanzó durante cinco leguas hasta la Venta de San Andrés, donde llegó una hora y media antes de que se pusiera el sol, situada casi en la frontera que divide La Mancha, y por tanto Castilla, de Andalucía.”

                 Desde aquí el príncipe continúa viaje hasta la Venta de los Arquillos, donde “se refresca”,  y desde allí se dirige a Linares.

             En la maleta del médico Giovan Battista Gornia su Quijote ha recorrido parte de la Mancha y del Campo de Montiel cervantino. Magalotti y Gornia son precisos geograficamente cuando entre Mora y Consuegra advierten en sus manuscritos que desde aquí comienza la Mancha: “Es aquí donde comienza el país de la Mancha, y la susodicha iglesia pertenece al Gran Priorato de Castilla, a cuya cabeza está actualmente don Juan [José] de Austria” (Magalotti), “… aquí en el castillo de Mora comienza provincia de la Mancha, famosa por Don Quijote y sus heroicas empresas. (Gornia)”

             Y desde aquí, el séquito de Cosme III no dejan de estar en la Mancha hasta llegar a Sierra Morena, al sur del término municipal de Villamanrique. Entran en el manchego Campo de Montiel por Membrilla, “Fuera del campo de Manzanares comienza inmediatamente Montiel al que pertenece  Membrilla…”, para continuar hasta Villanueva de los Infantes y dejar el Campo de Montiel y la Mancha por Villamanrique “… que es el último pueblo del Campo de Montiel, de La Mancha y de Castilla…”, para entrar en Andalucía.

           La Mancha, el espacio natural de esta parte de Castilla descrita por  Cervantes para enmarcar las aventuras de don Quijote, es percibida de la misma manera, sesenta años después, por Magalotti y Gornia. Y dentro de ella,   en tierras gobernadas por la Orden de Santiago, el mismo Campo de Montiel nombrado por Cervantes. Dos de los bordes de la Mancha natural han quedado bien definidos en la relación oficial del viaje, el Campo de San Juan por el oeste, junto a Toledo, y el Campo de Montiel por el sur, limítrofe con Sierra Morena. De igual manera, los límites entre las órdenes militares de San Juan, Calatrava y Santiago, entre los lugares de Villarta (San Juan), Manzanares (Calatrava) y Membrilla (Santiago).

       Esta es la Mancha de don Quijote, inmensa, imprecisa en sus bordes, de conveniencia a veces, y no otro espacio geográfico con el que intentan diversos autores actuales deformarla e incluso poniéndola en duda como espacio real descrito por Cervantes. Unos deciden que solo el mancomunado Común de la Mancha es ese espacio cervantino y otros quieren percibir la imagen de la Mancha como si Cervantes fuese un escritor actual escribiendo para los lectores del siglo XXI. Cervantes escribió el Quijote para sus lectores coetáneos, los de principios del siglo XVII que lo comprarían y con cuyos beneficios comería y pagaría las rentas de su casa en Madrid, y que percibían el paisaje de la misma manera que él a horcajadas sobre una mula de alquiler por estos mismos caminos, como unos pocos años después también hicieron Magalotti, Gornia y Baldi.

           Baldi, con sus excelentes dibujos a la acuarela nos deja imágenes de un paisaje muy legible actualmente. Los elementos que forman la morfología del espacio físico, el plano, los edificios y los usos del suelo, casi no han cambiado en esta parte de la Mancha. Solo los bordes urbanos, con nuevas construcciones y usos del suelo, han ensanchado la imagen de sus pueblos y ciudades, manteniéndose algunos edificios singulares tal y como los vio Baldi, como las iglesias, ermitas, conventos y castillos.

           En la Mancha, uno de los elementos paisajísticos que hoy la definen, desde que don Quijote entrara en batalla con uno de ellos, son los molinos de viento. Baldi solo dibuja uno de ellos en su paso por la Mancha, fiel a la figura de estos artefactos en estas latitudes, en Membrilla.

molino en Consuegra Baldi                Sin embargo, en el perfil del paisaje de Consuegra dibujado por Baldi no vemos dibujados los imponentes molinos de su Cerro Calderico, a los lados del castillo, tal y como hoy los vemos.

zona de molinos en Consuegra

             Baldi no los dibuja sencillamente porque no existían en este cerro, ni en esta parte de la Mancha dominada por la Orden de San Juan. Su Prior no autorizó su instalación a los lugares que los demandaban hasta finales del siglo XVI y principios del XVII. De esta manera, ante la necesidad de sus vecinos de moler trigo para hacer la preciada y necesaria harina, los obligaba a desplazarse a los molinos de agua que tenía instalados en Ruidera y de los que era su propietario y principal beneficiario.  Muy pocos años después de pasar por Consuegra el séquito de Cosme III se iniciaron su construcción, aunque no en un número tan elevado como podemos ver en la actualidad, al que se llega en el siglo XIX, poco antes de que los molinos eléctricos los dejara casi al borde del derribo. Si hoy los vemos en toda la Mancha es gracias a la novela inmortal del Quijote que arremete contra las ideas funcionalistas de mitad del siglo XX, anticipándose al artículo 46 de nuestra Constitución: “Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad”. Si en 1605 don Quijote lucha contra uno de ellos, hoy es su gran defensor.

molinos actuales en Consuegra

            Este artículo contiene citas tomadas del libro Lorenzo Magalotti. Viaje de Cosme III de Médici por España y Portugal, de David Fermosel y José María Sánchez, editado en Madrid en el 2018, en el que está traducida por primera vez del italiano la relación oficial realizada por Magalotti, con notas de otros manuscritos como del diario personal del médico Gornia. Como el libro de Fermosel y Sánchez no incluye imágenes de Baldi de esta parte del viaje por la Mancha, estas que acompaño están tomadas de la obra Viaje de Cosme de Medicis por España y Portugal, editada en Madrid en 1933 por Ángel Sánchez Rivero y Mariutti de Sánchez Rivero, conservada en la Biblioteca Nacional de Portugal.

                                                              Luis Miguel Román Alhambra 

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