LA COMARCA DE DON QUIJOTE

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Por los caminos de este inmenso espacio castellano, que es la Mancha, Cervantes imaginó a su caballero, haciendo del Quijote un itinerario de caminos, fácil de seguir en su época.Todo viajero, o caballero andante, tiene un origen desde donde comienza su viaje, o sus  aventuras, un espacio donde vive con su familia, trabaja y se relaciona con sus vecinos, e incluso con vecinos de lugares limítrofes, su hábitat urbano. Este espacio geográfico y humano, origen de las aventuras de don Quijote, está definido por Cervantes. Simplemente, con la lectura del Quijote,es posible delimitar o marcar los bordes de esta comarca manchega de don Quijote.

Que El Toboso, el lugar manchego más nombrado en el Quijote,en la actual provincia de Toledo, y patria de Dulcinea, se encuentra en la comarca manchega de don Quijote, es una obviedad. El caminante Vivaldo, suplica a don Quijote que le diga “el nombre, patria, calidad y hermosura de su dama, a lo que le responde que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser princesa, pues es reina y señora mía”. El Toboso está en la Mancha, en la ficción del Quijote y en la realidad geográfica, “Está en el reino de Toledo en la Mancha en la provincia de Castilla”, contestan sus vecinos en 1575 en sus Relaciones Topográficas.

Y un lugar cercano al de don Quijote, como el narrador afirma, cuando describe la forma que tuvo nuestro hidalgo en poner nombre a su dama:

                        “… y fue a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo, había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él anduvo enamorado… vino a llamarla Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso” (1, 13).

La cercanía entre el lugar donde vivía don Quijote, y Sancho, y el de Dulcinea es confirmada también por el mismo Sancho Panza, porque, según él, conocía a la familia de Dulcinea, especialmente a sus padres:”Ta, ta, dijo Sancho, que la hija de Lorenzo Corchuelo, es la señora Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre, Aldonza Lorenzo?”(1, 25),aunque para Sancho“en lo que dudaba algo, era en creer aquello de la linda Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre, ni tal Princesa, había llegado jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso” (1, 13). 

El conocimiento y la relación entre vecinos, incluso sin lazos familiares, en una ordenación del territorio tan concentrada como en la Mancha, se originaba entre núcleos de población muy próximos, por lo que cualquier lector que lo leyese intuía que El Toboso es un pueblo vecino al de don Quijote y Sancho.

En el entorno cercano, físico y humano, del lugar de don Quijote, Cervantes nos nombra otros cuatro lugares manchegos con su topónimo,que nos conforman la imagen de la comarca manchega de don Quijote. Son los lugares de Tembleque, Quintanar, Argamasilla y Puerto Lápice, que nos servirán de mojones,o hitos,para marcar los bordes de este espacio geográfico cervantino.

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Tembleque,es mencionado por Sancho Panza durante las explicaciones que daba, a la duquesa, de su tan deseado cuento:

         “A menos de la mitad pararé, si Dios fuere servido -respondió Sancho-. Y así, digo que llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo convidador, que buen poso haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas dicen que hizo una muerte de un ángel, que yo no me hallé presente, que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque…

            -Por vida vuestra, hijo, que volváis presto de Tembleque, y que sin enterrar al hidalgo, si no queréis hacer más exequias, acabéis vuestro cuento.” (2, 31)

Sancho Panza es un humilde agricultor y no posee tierras propias. Tiene que trabajar a jornal en las faenas agrícolas del campo manchego. En época de la siega del cereal, si en un pueblo se acababa pronto el trabajo, por una cosecha pobre, debido a mala climatología, o por las temidas plagas de langosta que asolaban los campos apunto de recolectar, los jornaleros no tenían otra opción que desplazarse a los pueblos vecinos más próximos donde pudieran trabajar unos días y poder llevar unos pocos salarios a casa.Como le pasó a Sancho,”que había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque”.

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La tradición agrícola cerealista en Tembleque, que llega hasta  nuestros días, en tiempos de Cervantes era una de sus actividades o recurso económico más importante entre sus vecinos. En las contestaciones a las Relaciones Topográficas, responden:

              “Al veinte y seis capítulos se responde que los vecinos de esta villa la mayor parte de ellos son labradores y lo que más y mejor se coge es pan y vino y hay pocos ganados y son de lana por causa de la tierra rasa y de labor, que se cogerán de los diezmos de pan un año con otro doce mil fanegas de pan y cuatro o cinco mil arrobas de vino, poco más o menos siendo la cosecha de pan y vino razonable.” 

Quintanar de la Orden, la vemos nombrada en dos ocasiones en el Quijote. Muy distantes entre ellas, al principio de la primera parte y al final de la segunda parte. Sin duda alguna, la villa de Quintanar de la Orden,sus vecinos y familias más importantes, eran muy conocidos por Cervantes, estando especialmente mencionada, villa y familias, en el Persiles.

Es en la primera salida de don Quijote de su pueblo cuando es nombrada Quintanar. Camina sobre Rocinante, toda una jornada  bajo un sol implacable de verano manchego y, al final del día, sin encontrase con nadie en el camino, llega a una venta, donde es armado caballero esa misma noche por el señor del castillo, que no era otro que el propio ventero. Ala hora de la salida del sol, “la del alba sería”,y siguiendo las recomendaciones del ventero, sale de la venta con la intención de volver a casa y hacerse con todo lo que le faltaba para la profesión de caballero andante, entre otras cosas de un escudero.

“Y, no había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de persona que se quejaba…”  Estas voces eran de un joven pastor, Andresillo, al que su amo le estaba azotando, atado a una de las encinas, por perderle cada día una oveja del rebaño que le cuidaba. Este ganadero es “Juan Haldudo el rico, el vecino del Quintanar”. La versión de Andresillo es muy distinta, la paliza era porque le había reclamado el sueldo que le debía por nueve meses de trabajo. Don Quijote amenaza al ganadero de matarlo, si no le paga de inmediato lo que le debe al muchacho. Haldudo se excusa de no poder hacerlo con la prontitud exigida por no llevar dinero en ese momento, pero que se llevará a su casa a Andrés y allí le pagará. El desenlace es de todos bien conocido, una vez que don Quijote continúa su camino y se aleja de ellos, creyendo haber deshecho el primer agravio como caballero andante, el cruel  ganadero vuelve a atar al pastor en la misma encina y casi lo mata.

La escena se produce muy cerca de la venta y en el entorno de Quintanar. Esta villa está en el espacio geográfico gobernado por la Orden de Santiago, y el aprovechamiento de los pastos era común entre los lugares que pertenecían a ella. Hay quien enmarca la venta donde es armado caballero en una que existía en Puerto Lápice, en aquel tiempo dentro en el término de la villa sanjuanista  de Herencia. Para un lector coetáneo de Cervantes, conociendo del gozo comunal de pastos para los ganados de vecinos de los lugares de la Orden de Santiago y que esta aventura de Andresillo sucedía  poco después de salir de la venta,está enmarcada en territorio de la Orden de Santiago, simplemente por razones económicas.

Además del aspecto fiscal, muy importante en aquella época, y también ahora,el ganadero Haldudo le dice a Andrés que se vaya con él para pagarle, cosa improbable de poder hacerlo si el rebaño estuviese tan lejos de Quintanar para dejarlo solo y darle tiempo de ir y venir en el día. Tampoco es posible que el ganado fuese trashumante,no por la edad de Andresillo, quince años,sino por ir solo, cuando los ganados trashumantes se desplazaban siempre con varios pastores, por seguridad ante robos o ataques de los lobos.

Al final de la segunda parte encontramos la segunda mención de Quintanar. Don Quijote lleva enfermo seis días en la cama y Sansón Carrasco trata de animarlo, diciéndole: “… que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado Barcino, y el otro Butrón, que se los había vendido un ganadero del Quintanar” (2, 74). Don Quijote, para cumplir el tiempo de retiro en su profesión de caballero andante, compromiso adquirido ante su vencedor en las playas de Barcelona, que no era otro que el mismo bachiller Sansón Carrasco, decide que tanto él como Sancho se ocuparían,durante ese tiempo ocioso,  en las labores de pastor de ganado en su pueblo. Ir a comprar dos perros pastores a Quintanar evidencian la cercanía entre estos dos  los lugares manchegos y la fama ganadera de Quintanar en aquella época, que también debió conocer Cervantes.

Argamasilla de Alba,en la actualidad una localidad de la provincia de Ciudad Real, es citada al final de la primera parte del Quijote, con sus vecinos los”Académicos de la Argamasilla”.Don Quijote acaba de llegar a su pueblo, enjaulado sobre un carro tirado por bueyes, desde la venta de Sierra Morena y el “autor desta historia” nos adelanta una segunda parte, y una tercera salida de su casa en busca de aventuras, esta vez hacia Zaragoza. Este nuevo escenario de aventuras e incluso las noticias de la muerte de don Quijote, dice el autor que las conoce por unos pergaminos que un médico había encontrado en una caja de plomo, entre los cimientos de una antigua ermita que se estaba reconstruyendo:

         “… contenían muchas de sus hazañas y daban noticia de la hermosura de Dulcinea del Toboso, de la figura de Rocinante, de la fidelidad de Sancho Panza y de la sepultura del mesmo don Quijote, con diferentes epitafios y elogios de su vida y costumbres… Las palabras primeras que estaban escritas en el pergamino que se halló en la caja de plomo eran éstas: Los Académicos de la Argamasilla, lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha, hoc scripserunt”.

Cervantes conocía bien esta parte de la Mancha, sus demarcaciones e historia, especialmente la de Argamasilla de Alba cuando la describe como “lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”. Que es lugar de la Mancha no cabe duda alguna, pues en sus respuestas a las Relaciones Topográficas, en 1575, dicen: “… que el reino en que comúnmente se cuenta este pueblo es en el de Toledo, en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está sentado se llama la Mancha”. Pero no lo era como tal pueblo o lugar desde hacía mucho tiempo. Argamasilla de Alba se funda después de dos reasentamientos de sus vecinos por causa de las enfermedades debidas a los humedales cercanos. Originalmente estaban asentados en otros parajes cercanos, y su nombre antiguo era Moraleja y después Santa María de Alba, siempre dentro de su mismo término.En las mismas Relaciones Topográficas contestan que:

                  “… que la dicha villa es repoblación nueva de cuarenta y cuatro años a esta parte, un año más o menos, y que el fundador fue el prior don Diego de Toledo porque era en tiempo de la orden de San Juan de que era prior; y que esta población se fundó primero en la Moraleja que es término de dicha villa, habrá sesenta años poco más menos, y que por enfermedad se despobló y después se pobló en el Cerro Boñigal, cerca de los molinos que dicen de Santa María, término de esta villa, y se decía la dicha población la villa de Santa María de Alba, y por enfermedades se trasladó a donde al presente está fundada que es en la dicha villa de Argamasilla de Alba, habrá los dichos cuarenta y cuatro años como está dicho”

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Argamasilla de Alba se funda en 1531, año en el que es nombrado Prior de la Orden de San Juan don Diego de Toledo, coincidiendo con la respuesta dada por sus vecinos “habrá los dichos cuarenta y cuatro años como está dicho”. Si Cervantes describía en 1605 que “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años…”, nacía en el entorno de 1550, solo unos veinte años después de haberse fundado como lugar Argamasilla de Alba. Hecho histórico reciente en la Mancha dando sentido a la frase de”lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”, ya que mucho antes de nacer Alonso Quijana este lugar de Argamasilla no existía, conociéndose desde su fundación, hasta no hace mucho tiempo, como Lugar Nuevo.

En su estancia, o estancias, en Argamasilla de Alba, la tradición argamasillera así lo afirma, incluso la de haber iniciado la escritura del Quijote en su cárcel de la Casa de Medrano, Cervantes tuvo que haber conocido y tratado a estos vecinos sabios, que en todos los pueblos de la Mancha había, y hay, a los que llamó o apodó”Académicos de la Argamasilla”. Singularmente, en esta parte de la Mancha, como en otras muchas otras partes de España, siempre se ha utilizado un sobrenombre para identificar a las personas, conocido aquí como apodo o mote. Este sobrenombre era fijado por el resto de sus vecinos por cualquier motivo, por su aspecto físico, costumbres, profesión o por una anécdota personal puntual, y era de tal precisión y calado que incluso se llegaba a transmitir a varias  generaciones posteriores de su familia. Mucho se ha hablado de los sobrenombres o apodos de los “Académicos de la Argamasilla: Monicongo, Paniaguado, Caprichoso, Burlador, Cachidiablo y Tiquitoc”, a veces desde la ignorancia que se tiene de esta parte de la Mancha, elucubrando o fantaseando sobre uno u otro de estos personajes y el propio Cervantes. Simplemente son los apodos con los que eran conocidos estos vecinos sabios en Argamasilla de Alba cuando Cervantes los conoció. Una Academia, como sede o lugar donde se dedique el tiempo al estudio de las letras, es improbable que existiese en aquella cervantina Argamasilla, tal y como sí se conoce su existencia y dedicación en otros lugares de aquella época, pero es del todo posible que Cervantes conociese a argamasilleros a los que les gustase y practicaran el arte de la poesía, y con su genial humor así los retrató, como los “Académicos de la Argamasilla”.

Un autor natural de Argamasilla de Alba, coetáneo de Cervantes, es Francisco de Contreras, que en el año 1624 publica en Madrid el poema épico:Nave trágica de la India de Portugal.

Este poema épico está dedicado a Lope de Vega, que como Fiscal de la Cámara Apostólica es también quien se lo aprueba. Entre los poemas laudatorios al autor, hay una décima del mismísimo Lope de Vega dedicada a Francisco de Contreras,  que termina con: “Que su ingenio pudo hacer / Todos sus versos estrellas”.

La conocida rivalidad literaria, y personal, entre Cervantes y Lope de Vega, y esta extraña, por excelente, relación entre Lope de Vega y el argamasillero Francisco de Contreras, ha hecho “suponer que Contreras fue uno de los enemigos de Cervantes, y que éste se propuso ridiculizarle en el Quijote llamándole académico…”, tal y como lo afirma el geógrafo Antonio Blázquez en su conferencia La Mancha en tiempos de Cervantes, leída en la Real Sociedad Geográfica, en 1905. De la misma idea es también Manuel Serrano y Sanz en su Dos notas al Quijote, publicado en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, de abril y mayo de 1900:”… más bien pudo Cervantes conocer a Contreras, y acaso un manuscrito de su poema u otros versos suyos, y satirizarle encubiertamente por ser de Argamasilla y amigo de Lope”.

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¿Pudo ser el argamasillero Contreras el buscado Alonso Fernández de Avellaneda, nombre seudónimo del autor del Quijote apócrifo?  Avellaneda, a diferencia de Cervantes, no deja duda en su Quijote apócrifo del lugar de origen de su don Quijote: “Al Alcalde, Regidores, y hidalgos, de la noble villa del Argamesilla, patria feliz del hidalgo Cavallero Don Quixote de la Mancha”. Sin duda alguna, Argamasilla de Alba, es un lugar cervantino indiscutible, y su tradición lo avala. Argamasilla es el lugar de don Quijote, el de Avellaneda, pero no puede ser el lugar de don Quijote, el de Cervantes, por estar citado su nombre en la obra, cuando el autor expresamente no quiso nombrarlo:

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo…” (1, 1)

“Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente…” (2, 74)

Puerto Lápice, es el cuarto mojón o hito geográfico que cierra el borde de la comarca manchega de don Quijote. Localidad actual de la provincia de Ciudad Real, en tiempos de Cervantes, no era más que una venta en un camino real en la Mancha, junto a unas casas quintería de agricultores, dentro de los límites de la villa de  Herencia, siendo propiedad de un vecino de Villafranca de los Caballeros. Con este topónimo es ya nombrado en las Relaciones Topográficas de Herencia, en 1575:

         “… en el término de ella está una venta que se dice el Puerto Lápice como está declarado y esto responden, y esta venta es de un particular vecino de Villafranca”.

La comarca manchega de don Quijote está atravesada, de oeste a este, por uno de los caminos más importantes utilizados en España, el camino de Toledo a Murcia, por el que camina don Quijote, especialmente durante toda la primera salida de su casa,“sin acontecerle cosa que de contar fuese”, hasta que llega cansado, al final del día, a la venta donde es armado caballero. Vuelve al día siguiente a casa sobre sus mismos pasos y se encuentra de frente en el camino con “unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia”.Este encuentro con este grupo de mercaderes evidencia la vía en la que se produce, el camino de Toledo a Murcia, que precisamente transcurre por esta comarca cervantina en sus variantes conocidas en la época. 

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Cuando Cervantes escribe el Quijote, había tres ventas en esta comarca manchega de don Quijote, en Puerto Lápice, en el paraje de Las Motillas y en Manjavacas. Esta última,en el término de Mota del Cuervo, se encontraba junto al camino de Toledo a Murcia. A una de estas tres ventas dirige Cervantes a don Quijote en su primera salida.

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La situación de la venta de Las Motillas, sin posibilidad de relación geográfica con la aventura de Andresillo, que ocurre cerca de Quintanar de la Orden, ni con la aventura de los comerciantes toledanos que iban por el camino a Murcia, la descartan como la venta cervantina donde don Quijote recibió burlescamente las órdenes de caballero andante. La venta de Puerto Lápice, que tampoco reúne las anteriores condiciones geoliterarias, es el escenario hacia donde se dirigen don Quijote y Sancho Panza, pero  después de la famosa batalla de don Quijote contra los molinos de viento:

         “Y, hablando en la pasada aventura, siguieron el camino del Puerto Lápice, porque allí decía don Quijote que no era posible dejar de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser un lugar muy pasajero” (1, 8)

Don Quijote, al contrario de la situación de la venta donde es armado caballero, que no la conocía, esta de Puerto Lápice la conoce perfectamente, por lo que esta venta no es en la que fue armado caballero, en su primera aventura. Así, por si cabe alguna  duda, nos lo aclara el mismo Cervantes:

                   “Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino, fue la del puerto Lápice, otros dicen que la de los molinos de viento. Pero lo que yo he podido averiguar en este caso, y lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha, es, que él anduvo todo aquel día, y al anochecer, su rocín y él, se hallaron cansados, y muertos de hambre: y que mirando a todas partes, por ver si descubría algún castillo, o alguna majada de pastores donde recogerse, y adonde pudiese remediar su mucha hambre, y necesidad: vio no lejos del camino por donde iba una venta…” (1, 2)

La venta de Manjavacas se encuentra en el camino de Toledo a Murcia, pertenece a la Orden de Santiago y su situación cercana a Quintanar de la Orden, la hacen ser la venta donde llega don Quijote en su primer día de aventuras y es armado caballero. Su situación al este de esta comarca de don Quijote, desde donde don Quijote recién armado caballero regresa a casa por el mismo camino, hace posible su encuentro con los comerciantes toledanos. El camino de Toledo a Murcia, con sus variantes, crea un cruce de camino, consistente geográficamente con el texto cervantino. Después de salir de la venta y creer haber liberado a Andresillo de los golpes de “Juan Haldudo el rico, vecino de Quintanar”:

         “En esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a la imaginación las encrucejadas donde los caballeros andantes se ponían a pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y, por imitarlos, estuvo un rato quedo; y al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a Rocinante, dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, que fue el irse camino de su caballeriza” (1, 4)

Poco después, “habiendo andado como dos millas, descubrió don Quijote un gran tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia”.

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Esta comarca manchega de don Quijote está surcada principalmente por los ríos Guadiana, Záncara y Gigüela, que se juntan casi en la parte central de ella, formando desde aquí un solo río. Cervantes conoce este sistema hidrológico manchego, tan excepcional en esta parte de la Mancha, de tener varios ríos, además de arroyos y fuentes,donde dar de beber también a los rebaños de ovejas. Uno de los rebaños que iría a beber agua a esos ríos cercanos al lugar de don Quijote, era el suyo, en su retiro de las armas por un año:

         “… yo compraré algunas ovejas, y todas las demás cosas, que al pastoral ejercicio son necesarias, y llamándome yo el pastor Quijótiz, y tú el pastor Pancino, nos andaremos por los montes, por las selvas, y por los prados, cantando aquí, endechando allí, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos…”(2, 67)

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El conocimiento de Cervantes de la geografía física de esta comarca, sus bordes y sus caminos, es el mismo que tendrían de ella sus lectores y los viajeros que pasasen por ella, por lo que no necesitaba dar más detalles para enmarcar en la imaginación de muchos de sus lectores las escenas de su novela en esta parte de la Mancha. Además, complementa la imagen física de la comarca con las actividades económicas de sus vecinos.

La agricultura y la ganadería son las actividades principales en la Mancha. Si el mismo don Quijote contaba con algunas fanegas de tierras, dándolas su aprovechamiento en renta por ser hidalgo, Sancho Panza era un  agricultor a jornal. El cereal recogido tenía que ser molido para hacer la harina, alimento principal para el sustento de los vecinos y animales, en los molinos de agua  instalados en los ríos cercanos a sus lugares, operados por molineros y ayudantes, profesiones ancestrales en la Mancha y en esta comarca cervantina.

La mayoría de los ríos manchegos dejaban de correr en la época de verano, excepto el Guadiana, por lo que en una parte importante del año no trabajaban los molinos de agua, coincidiendo con la recolección del cereal. Esta parte de la Mancha sufre sequías periódicas durante toda su historia, que hace que los ríos se sequen durante todo el año, como la que sufrió en el siglo XVI, durante casi medio siglo, por lo que surgió la necesidad de construir unos nuevos tipos de molinos, capaces de mover sus muelas de piedra con la fuerza del aire, los molinos de viento. El oficio de molinero cambiaba de lugar, de los cauces de los ríos a los cerros mejor orientados a los vientos de los pueblos.

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Pero estos molinos de viento no se construyeron en toda la Mancha por igual, ya que algunos ríos sí corrían todo el año, como el  Guadiana, que en esta comarca manchega de don Quijote  transcurre por tierras gobernadas por la Orden de San Juan. El Prior de esta orden era el propietario de sus aguas y de sus excelentes molinos de agua, no autorizando la construcción de los molinos de viento en los lugares de su gobernación, hasta finales del siglo XVII, asegurándose así las moliendas de sus vecinos en sus molinos de agua, y el cobro de la molienda, aunque los agricultores tuviesen que desplazarse con sus cargas de grano y harina en carros o los lomos de sus animales durante muchos kilómetros.

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La comarca manchega de don Quijote está dividida principalmente, casi de norte a sur, entre la Orden de San Juan y la Orden de Santiago. En la Orden de Santiago los molinos de viento se comenzaron a construir desde mediados del siglo XVI. En toda la Mancha, antes de publicar la primera parte del Quijote, en 1605,Cervantes pudo ver los molinos de viento en los lugares de Campo de Criptana, Belmonte, Las Mesas, Mota del Cuervo, El Pedernoso, El Toboso, Villaescusa de Haro y Chinchilla de Montearagón. Dentro de la comarca manchega de don Quijote en Campo de Criptana, El Toboso, Mota del Cuervo, pertenecientes a la Orden de Santiago, y en Las Mesas, lugar del Marquesado de Villena.

El lugar de don Quijote no contaba con ellos. Don Quijote no los conocía, teniendo que describírselos el mismo Sancho Panza, poco antes de cargar don Quijote contra uno de ellos:

                   “Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino” (1, 8).

Sancho sí los conocía al ser agricultor a jornal y tener que llevar el grano a moler a estos artilugios, en lugares cercanos al suyo. Los vecinos de los pueblos de la Orden de San Juan, tenían que ir a moler a los molinos de agua del Prior, en el río Guadiana, o a los molinos de viento de los lugares cercanos que ya los tenían, lo que justifica los muchos  molinos de viento construidos en Campo de Criptana, a solo media legua de distancia con los límites con la Orden de San Juan por el oeste, y en menor número en Mota del Cuervo y El Toboso. Se construyeron en un número tan elevado en Campo de Criptana, sobredimensionado el recurso molinero para el cereal propio y el de los lugares cercanos de la Orden de San Juan, como Alcázar de San Juan, Quero, Tembleque, Herencia o Villafranca.

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Era el mes de julio, y de un molino de viento venía de llevar una carga de trigo un vecino de don Quijote, Pedro Alonso, que fue el que lo auxilió después de la paliza que un mozo de mulas de los mercaderes toledanos le propinó a nuestro caballero, por culpa de un tropiezo de Rocinante. Venir de algún molino de agua, en verano, cercano al camino de Toledo a Murcia, por el que iba a su pueblo, es geográficamente imposible, porque los ríos Záncara y Gigüela no corrían durante el estío, y el Guadiana está muy lejos, al sur, de este camino principal:    

         “Y quiso la suerte que cuando llegó a este verso acertó a pasar por allí un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino, el cual viendo aquel hombre allí tendido, se llegó a él y le preguntó que quién era y qué mal sentía, que tan tristemente se quejaba…” (1, 5).

Pedro Alonso, cuando lo reconoce como Alonso Quijana, su vecino,  lo sube como puede sobre su borrico, recoge sus armas, y atando a Rocinante del ramal, sigue el camino hacia su pueblo, donde llega cuando anochecía.

La alfarería es también una actividad económica en esta comarca cervantina, desde donde se fabricaba y abastecía a los vecinos de vasijas, cántaros y tejas. Buen barro y mejores alfareros había especialmente en Mota del Cuervo y Villafranca de los Caballeros. Una de las actividades alfareras más singulares,por la complejidad en su elaboración, cocido y transporte,era la fabricación de grandes tinajas donde almacenar vino y aceite, y en la comarca de don Quijote se hacían en El Toboso. Cervantes tuvo que conocerlas, en la misma alfarería o en cualquier de los lugares próximos a él, hasta donde se trasladaban cuidadosamente estas “panzudas”, como se les conocía y se les sigue conociendo por su peculiar forma.Así contestaba El Toboso en sus Relaciones Topográficas, en 1575:

         “Lo que en el dicho pueblo se ha labrado y labra y hace mejor que en otro lugar de España son las tinajas para tener vino, aceite y lo que mas quisieren echar en ellas, y de las hacer hay en el dicho pueblo mucha pericia y sciencia, este trato va ya cesando por la falta de leña para las cocer”

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Cervantes las describe precisamente en un lugar muy cercano al El Toboso, como es en la casa de don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, donde llegan en su compañía, don Quijote y Sancho, después de pasar por El Toboso en su camino hacia Aragón, por tanto, muy cerca del lugar de Dulcinea:

                   “Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que por ser del Toboso le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea, y sospirando y sin mirar lo que decía ni delante de quien estaba, dijo:

         ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas;dulces y alegres cuando Dios quería!

         ¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura!” (2, 18)

Estas tobosescas tinajas no se trasladaban muy largo de El Toboso, por lo costoso y arriesgado que era su traslado, siendo  muy apreciadas y usadas en toda la comarca manchega de don Quijote.

Geografía física y humana de esta parte de la Mancha que Cervantes hace comarca de don Quijote. Este es el origen, el hábitat familiar y social de don Quijote.

Luis Miguel Román Alhambra

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Una ruta para todos los públicos que recorrerá el “Alcázar de Cervantes”

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Desde el 22 de octubre está abierto el plazo para inscripciones que se pueden realizar en la Oficina de Información Turística, en la Plaza de España

Alcázar de San Juan, 02-11-2018.-  El próximo 9 de noviembre se cumplirán 460 años desde que fuese bautizado un niño llamado Miguel de Cervantes Saavedra en la pila bautismal de la iglesia de Santa María la Mayor de Alcázar de San Juan, según se acredita en el Libro Primero de Bautismos guardado en el archivo parroquial, que dice:

«En nueve días del mes de Noviembre de mil quinientos y cincuenta y ocho bautizó el Reverendo Señor Alº Diaz pajares un hijo de Blas de Cervantes Sabedra y de Catalina López que le puso de nombre Miguel…»

Alrededor de esta efeméride y organizada por el Patronato Municipal de Cultura, se vienen celebrando anualmente las Jornadas Vino y Bautismo Qervantino que este año alcanzan su 5ª edición y que se desarrollarán entre el miércoles 7 y el domingo 11 de noviembre.

Colaborando con el Ayuntamiento de Alcázar, la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan coordinará la ruta guiada “Alcázar de Cervantes” que recorrerá los principales lugares de Alcázar de San Juan, que tienen relación con el escritor Miguel de Cervantes o con su obra.

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La ruta tendrá lugar el domingo 11 de noviembre a las 12 horas siendo el punto de concentración y origen de la ruta el monumento a Alonso Quijano con su gato junto a la sede de Aguas de Alcázar.

Las personas interesadas pueden inscribirse desde el 22 de octubre en la Oficina de Turismo Municipal en la Plaza de España (bajos del Mercado Municipal).

Esta ruta discurre por los lugares que directa o indirectamente evocan aspectos de la vida de Cervantes, desde su bautismo hasta su enterramiento, pasando por su cautiverio y por su obra cumbre “El Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha”. Consta de un recorrido de unos 2 km, y su duración aproximada de dos horas.

Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan

 

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LAS AVENTURAS DE DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA

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Hace un año, mi ir y venir a la imprenta era casi a diario. El día nueve de noviembre de 2017, festividad de Nuestra Señora de la Almudena, se terminaba de imprimir Las aventuras de don Quijote en Sierra Morena. Fueron doscientos ejemplares que ya están en las manos de muchos lectores y amigos, como de bibliotecas públicas, y ahora pongo a disposición de cuantos quieran leerlo puedan hacerlo en mi blog, en la pestaña SIERRA MORENA. Para quienes prefieran el libro quedan algunos ejemplares en la Librería de Moisés Mata, situada en la calle Emilio Castelar, 22, en Alcázar de San Juan (tf. 926 540 440)

Para quienes creen, como yo, que la ficción del Quijote está enmarcada en escenarios reales, podrán comprobar cómo las aventuras de don Quijote por Sierra Morena están delineadas perfectamente en el antiguo Camino de la Plata, sus parajes cercanos y en medio de la Sierra de La Garganta, refugio y escondite de bandoleros en tiempos de Cervantes, donde don Quijote llegó para hacer su penitencia.

Nunca sabremos si Cervantes estuvo allí, o quizá, junto a la lumbre de la venta, unos cuadrilleros le describieron lo peligroso que era adentrarse en esta parte de Sierra Morena. Lo cierto es que Cervantes llevó hasta allí a don Quijote.

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Tampoco hay constancia de que Gustave Doré visitase esta parte escondida, alejada del camino real, pero puso a don Quijote sobre la misma extraña piedra en la que yo he estado.

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Esta ha sido la parte más difícil de localizar de la geografía del Quijote en la Mancha. Espero que disfruten con esta lectura, tanto como yo localizando estos parajes por Sierra Morena de la mano del mejor guía que había podido imaginar, José María, responsable de la Finca de La Garganta.

Y para quienes afirman que en el Quijote todo es ficción, este libro no les aportará nada. Esta es la grandeza de esta gran obra de arte que es el Quijote y sus interpretaciones por quienes nos acercamos a ella. Vale.

Enlace al blog Alcázar lugar de don Quijote

https://alcazarlugardedonquijote.wordpress.com/sierra-morena/ 

                                        Luis Miguel Román Alhambra

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El antiguo Campo de Montiel del Quijote

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Si de la Mancha del Quijote se han escrito miles de folios, del Campo de Montiel otros tantos. Que el Campo de Montiel es una parte de la Mancha no cabe la menor de las dudas, ni a los montileños de hoy ni a los lectores coetáneos de Cervantes. Los límites del Campo de Montiel tenían, y tienen, sus bordes perfectamente delimitados, correspondiendo con los dibujados en el mapa de 1575 que acompaña las respuestas de Villanueva de los Infantes en sus Relaciones Topográficas, que son los mismos de la comarca actual del Campo de Montiel, en la región de Castilla-La Mancha.

Sin embargo, estos límites no corresponden, con la imagen que del Campo de Montiel nos deja Cervantes en el texto del Quijote, ni con los mapas que comenzaron a editarse en su tiempo y que muy probablemente tuvo alguno en sus manos. Mapas imprecisos, según las técnicas cartográficas actuales, pero realizados con los conocimientos de los mejores geógrafos y cartógrafos de su época.

De España no hubo mapas precisos hasta que se crea el Instituto Geográfico en 1870, impulsado por José Echegaray, ministro de Fomento, bajo la dirección del coronel de ingenieros Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero. El primer mapa parcial u hoja, correspondiente a Madrid, se publica en 1875 y el último, de San Nicolás de Tolentino, en 1968, casi cien años después. Hoy, los mapas se realizan mediantes técnicas de sistemas de posicionamiento global, fotogrametría, interferometría radar, ortoimágen, etc., con incertidumbres de centímetros, integradas en infraestructuras globales de información geográfica, que nada tienen que ver con la toma de datos directamente en el campo con brújula y teodolito, por los equipos de trabajo iniciales del Instituto Geográfico, y mucho menos con los mapas cartografiados en el siglo XVI y XVII. En tiempo de Cervantes, aunque la cartografía había resurgido con fuerza después de la invención de la imprenta, en 1454, y del descubrimiento de América, en 1492, solo las costas estaban bien definidas por la labor de pilotos y cosmógrafos a bordo de los navíos. El interior de los países se representaba mediante el posicionamiento de las ciudades y lugares más importantes, de los que se conocían sus coordenadas mediante su observación astronómica, y por las informaciones de los expedicionarios contratados para viajar por el territorio preguntando a los vecinos de cada lugar por sus aspectos geográficos, como el nombre del lugar más próximo por el norte, sur, este y oeste, y a qué distancia se encontraban, el nombre del río más cercano, en qué dirección estaba y de nuevo su distancia, etc. En el mejor de los casos las respuestas tenían una precisión de cuartos de leguas, un kilómetro y medio, siendo lo habitual medias leguas, tres kilómetros. Un procedimiento lento y muy costoso, y siempre a merced del celo y el rigor en las notas de estos expedicionarios, puestos en dudas por los propios geógrafos al contrastarlas.

En 1751, Jorge Juan, después de regresar de la expedición internacional a Perú, que determinó la medida exacta de un arco de un grado en el Ecuador, prepara y presenta a Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada y secretario de Estado, un proyecto en el que se definían los procedimientos para levantar el mapa general de España. El proyecto se olvida con la caída política del marqués de la Ensenada, en 1754. El mismo año de 1751, Jorge Juan, había instado al Gobierno a que se enviaran a dos cartógrafos españoles a París, Tomás López y Juan de la Cruz, para formarse en el levantamiento de mapas en los gabinetes de Mazarin y D´Auville. A su regreso a España, en 1760, Tomás López, recibe el encargo de hacer el mapa de España, pero casi sin presupuesto. Enviar decenas de expedicionarios y topógrafos al campo era demasiado caro, y López sustituye a estos por remitir un cuestionario a cada lugar de España, a su alcalde, cura párroco o maestro de la escuela, donde le solicitaba que respondiera sobre cuestiones geográficas e incluso que le remitiesen un croquis o dibujo sobre su lugar y lugares próximos, ríos, caminos, montañas, etc.:

“Muy Señor mío: Hallándome ejecutando un mapa y descripción de esa diócesis, y deseando publicarle con el acierto posible, me pareció indispensable suplicar a Vd. se sirva responder a los puntos que comprende el interrogatorio adjunto…”
Aunque los mapas realizados por Tomás López no tenían precisión matemática, solo las ciudades y lugares importantes estaban situados con coordenadas precisas, estos contenían muchísima información de forma muy clara y sencilla, incluso con los caminos más importantes, gracias a su método minucioso de trabajo y a la gran información recibida desde todos los rincones de España. Algunas de las informaciones fueron muy vagas, pero otras contenían un gran nivel de detalle geográfico.

En la Biblioteca Nacional de España se conservan originales y copias de los miles de documentos remitidos a Tomás López desde los lugares e instituciones a los que solicitó ayuda. En los archivados como provincia de Ciudad Real, encontramos los documentos recibidos desde el Campo de Montiel, entre ellos el realizado por su gobernador, Fernando de Cañas, en el año 1772. Este documento es de gran importancia para entender el “antiguo y conocido campo de Montiel” del Quijote, mucho más extenso que el Campo de Montiel que hoy conocemos. Es un documento inédito en el estudio del Quijote que desde hoy formará parte de la geografía cervantina, al hacer consistente el texto con la geografía física y humana que Cervantes nos describe.

“Pero quizá la caballería y los encantos destos nuestros tiempos deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos”, le decía don Quijote a Sancho, mientras regresaba a casa desde Sierra Morena enjaulado sobre un carro tirado por bueyes. El Campo de Montiel actual no es, ni puede ser, el “origen del Quijote como pretenden los encantadores de nuestro tiempo, al menos del Quijote de Cervantes. Sus límites, y la geografía física y humana, son incompatibles con el texto cervantino, por mucho que nos intenten convencer mediante extensísimos trabajos publicados, con escasa aceptación y el recelo de las administraciones públicas por su uso, mal uso afirmo yo, en las justas reivindicaciones de esta comarca manchega del Campo de Montiel, ante el olvido social y económico que sufre durante muchas décadas por parte de las instituciones públicas regionales y nacionales.

El Campo de Montiel actual es una gran parte del “antiguo y conocido campo de Montiel” del Quijote, sin lugar a dudas. Este espacio geográfico, tan importante en el texto cervantino, forma un capítulo, junto a la Mancha y la comarca cervantina del Quijote, de mi próximo trabajo que verá la luz el próximo año.

Llevo tiempo afirmando que “el Quijote es una abstracción de la sociedad real que conoció Cervantes, también de su geografía y el propio paisaje, escenarios de las aventuras del hidalgo manchego”. La imagen del paisaje cervantino tendrá consistencia con el texto solo si nos aproximamos a su tiempo.

El antiguo y conocido Campo de Montiel

Cervantes tiene un especial vínculo con el Campo de Montiel. Topónimos nombrados en el Quijote están dentro de este espacio geográfico. Las Lagunas de Ruidera y la Cueva de Montesinos, con sus paisajes únicos en la Mancha y leyendas medievales, quedaron grabados en su memoria en cualquiera de sus viajes o estancias por la zona. La misma imagen que queda en nosotros cuando, dejando atrás el paisaje monótono, de pronto, el agua se desborda de forma increíble y ruidosa ante nosotros, son las Lagunas de Ruidera “famosas ansimismo en toda la Mancha y aun en toda España”. Y en el nacimiento de las lagunas la mismísima Cueva de Montesinos, “de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se contaban”. En las Relaciones Topográficas de La Ossa ya la nombran: “Y más arriba de ella hay una cueva, la cual se dice que era la cueva de Montesinos, que pasa un río grande por ella”.

Este espacio manchego es utilizado por Cervantes como referencia geoliteraria para sus lectores, los de su tiempo. Especialmente para situar el origen de las aventuras en esta inmensa Mancha. Y lo cita en cinco ocasiones a lo largo de las dos partes del Quijote.
Al final del Prólogo de la primera parte es nombrado, por primera vez:

“… y el alivio tuyo en hallar tan sincera y tan sin revueltas la historia del famoso don Quijote de la Mancha, de quien hay opinión, por todos los habitadores del distrito del campo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el más valiente caballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos” (1, Prólogo)

El sentido geográfico de la palabra “distrito” era utilizado en su tiempo como: “… el termino que contiene en fi alguna Provincia lugar, o termino, y la jurifdicion de la poteftad de aquel termino, y distrito”. (Cobarruvias, 1611). Cervantes define a la Mancha como “provincia”, cuando don Quijote le cuenta a Sancho y al “primo” lo que le había ocurrido dentro de la cueva, y lo que Montesinos le decía a su primo Durandarte:

“… solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera: las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima que llaman de San Juan.” (2, 23)

Para Cervantes y sus lectores, en el habla de su tiempo, el Campo de Montiel es un “distrito” de la “provincia de la Mancha”, una parte de la Mancha.

En cada una de las tres salidas, de don Quijote de su casa, es nuevamente nombrado el Campo de Montiel. Después de ocho días pensando cuál sería su nombre, que “se vino a llamar don Quijote”, y limpias las viejas armas de su familia, sale de madrugada de su casa, y, cuando lleva un tiempo caminando, comienza a pensar lo que de él se escribirá:
“… que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel (y era la verdad que por él caminaba) y añadió diciendo…” (1, 2)

Su primera salida solo dura un par de días. Repuesto, en su casa, de la paliza propinada por el mozo de los mercaderes toledanos, pocos días después, ya en compañía de su vecino y escudero, Sancho Panza, vuelve a salir de su pueblo, por segunda vez:
“Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo, los rayos del sol no les fatigaban.” (1, 7)

Don Quijote, inicia las dos primeras salidas por el mismo camino y dirección, para entrar en el Campo de Montiel. El pueblo manchego de don Quijote está fuera del “distrito del campo de Montiel”, aunque sí muy cerca de sus límites. Si el origen de las aventuras de don Quijote, su pueblo, estuviese en el Campo de Montiel, como algunos autores intentan mantener, no necesitaría don Quijote acertar en “tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje”, para pisar el Campo de Montiel.  Sencillamente, porque si el lugar de don Quijote estuviese en este “distrito” manchego, saliendo por cualquiera de los caminos de su pueblo siempre estaría en él, sin necesidad de acertar.

En la tercera, y última, salida de su casa, ya no lo hace por el mismo camino, sino que utiliza otro distinto, ahora con dirección a El Toboso, hacia donde se encaminan para comenzar unas nuevas aventuras:

“Bendito sea el poderoso Alá!, dice Hamete Benengeli al comienzo deste octavo capítulo. ¡Bendito sea Alá!, repite tres veces, y dice que da estas bendiciones por ver que tiene ya en campaña a don Quijote y a Sancho, y que los letores de su agradable historia pueden hacer cuenta que desde este punto comienzan las hazañas y donaires de don Quijote y de su escudero; persuádeles que se les olviden las pasadas caballerías del ingenioso hidalgo y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los campos de Montiel…” (2, 8)

Cervantes, en el último capítulo de la primera parte, esboza tenuemente la tercera salida de don Quijote, que sería hacia Zaragoza, y cómo será el final del caballero manchego, cuerdo muere en casa rodeado de los suyos. Nos adelanta los epitafios que se podrán leer en su sepultura, entre otros “elogios de su vida”. En uno de ellos, el “Paniaguado, académico de la Argamasilla”, escribe un soneto, y en su segundo cuarteto, describe el espacio geográfico que don Quijote tuvo que recorrer por Dulcinea, pisando el Campo de Montiel. Es la quinta vez que es nombrado:

“Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran Sierra Negra y el famoso
campo de Montiel, hasta el herboso
llano de Aranjuez, a pie y cansado”

El lugar manchego de don Quijote, origen de sus aventuras, no está en el Campo de Montiel, pero sí muy cerca de sus límites. El Campo de Montiel es una parte importante del espacio geográfico natural manchego, gobernado por la Orden de Santiago. Esta orden religiosa y militar tenía sus límites más importantes por el noroeste con la Orden de San Juan, por el suroeste con la Orden de Calatrava y por el este con el Marquesado de Villena. En la época de Cervantes, el Campo de Montiel administrativo y judicial estaba perfectamente definido, y sus límites han llegado hasta nuestros días, como una comarca de Castilla-La Mancha.

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En las Relaciones Topográficas de 1575 queda explícitamente definido y dibujado, en uno de los pocos croquis y mapas que se incluyeron en las respuestas, los límites administrativos, jurídicos y religiosos del Campo de Montiel. En las contestaciones de Villanueva de los Infantes, que se define como “cabeza de la gobernación del Campo de Montiel”, se relacionan “los pueblos que hay en la gobernación del Campo de Montiel”: Villanueva de los Infantes, Alcubillas, La Solana, Membrilla, Torrenueva, Castellar de Santiago, La Torre de Juan Abad, Villamanrique, Almedina, La Puebla del Príncipe, Terrinches, Albadalejo, Cózar, La Ossa de Montiel, Villahermosa, Fuenllana, Alhambra, Carrizosa, Montiel, Torres, Cañamares y Santa Cruz de los Cáñamos. Ruidera no es relacionada, pero si es dibujada en el mapa. En total veintitrés lugares, entre villas y aldeas, formaban el Campo de Montiel en la época de la escritura del Quijote.

El escenario por el que Cervantes dirige a don Quijote en el inicio de sus aventuras contiene dos aspectos geográficos, físicos y especialmente humanos, que lo sitúan en una parte muy concreta de la Mancha:

El primero, es el camino de Toledo a Murcia. En su primera salida, don Quijote, sale “una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de Julio…” camina todo el día, “y no lejos del camino por donde iba”, ve una venta, donde después de malentendidos y golpes es, fingidamente, armado caballero por el ventero. Al amanecer decide deshacer el camino y volver a casa, para hacerse de cuanto el ventero le ha recomendado en su nuevo oficio de caballero andante. Después del encuentro con el pastor Andresillo y su amo Juan Haldudo, vecino de Quintanar de la Orden, llega a un cruce de caminos en el que deja al libre albedrío de Rocinante el camino a seguir, que, lógicamente, no fue otro que el de su cuadra, su pueblo:

“Y habiendo andado como dos millas descubrió don Quijote un grande tropel de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia.” (1, 4)

El camino de Toledo a Murcia, por el que iban estos mercaderes toledanos, cruza la Mancha de oeste a este y era una de las vías de comunicación más importantes de la Península Ibérica en los tiempos de Cervantes. En 1546, en Medina del Campo, se editaba la primera de las guías de caminos, muy difundida entre los viajeros en España, el Reportorio de todos los caminos de España, de Pedro Juan Villuga, “en el cual hallará cualquier viaje que quieran andar muy provechoso para todos los caminantes”. En el Prólogo, Villuga aconseja a los caminantes su uso para evitar “ser informados falsamente y de oídas como dicen” y perderse en el camino. Villuga anota los lugares de paso, incluido las ventas, que hay entre las ciudades de origen y destino, y las distancias de camino en leguas y medias leguas. La distancia total de camino desde Murcia a Toledo es de cincuenta y nueve leguas.

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El cosmógrafo sevillano Pedro de Medina, en su Libro de grandezas y cosas memorables de España, calificado como la “Primera guía de la España Imperial”, recoge, tres años después de la guía de Villuga, muchos de los caminos más importantes de España, desde una ciudad de origen y “las leguas que se han de andar para llegar a la otra ciudad o pueblo donde quisieren ir”. Medina describe el itinerario de Toledo a Murcia, también de cincuenta y nueve leguas de camino. Con la misma longitud y lugares de paso relacionados por Villuga, en 1576, se imprime en Alcalá de Henares el Repertorio de Caminos, una nueva guía de caminos realizada por Alonso de Meneses. Es muy posible que un ejemplar de estas guías fuese en los bolsillos de Cervantes, viajero gran parte de su vida por la Península Ibérica.

Este camino, es de nuevo descrito su paso por los lugares en las respuestas que dieron en sus Relaciones Topográficas de 1575. En ellas se constata que existía una variante principal al trazado de Villuga, de longitud parecida, que recorría la Mancha pasando por distintos lugares, según las necesidades de los viajeros y comerciantes:

“Por esta villa pasan los carreteros y caminantes que vienen de Murcia a Toledo y los que vienen de Madrid para Granada, y en su término no hay venta alguna” (Madridejos)

“Esta villa es pasagera de carros que van de los reinos de Valencia y Murcia a Toledo y de Toledo a los dichos reinos, y de Cuenca a la parte de cierzo de esta villa. Es pasajero para el Andalucía y reino de Granada” (Campo de Criptana)

“… que esta villa es pueblo pasajero, porque desde los puertos de Cartagena, Alicante y Valencia, vienen a pasar por esta villa para ir a Toledo y a Madrid, y también pasan por esta villa las gentes de Cuenca e Güete para ir a Granada y al Andalucía, y otras partes” (El Pedernoso)

“… está en el camino real que va de Toledo y Madrid a Murcia,…” (Las Pedroñeras)

Por este camino de Toledo a Murcia regresa don Quijote a casa, desandando los pasos del día anterior. Camino que de nuevo, unos días después, pisará en su segunda salida de su pueblo, ya acompañado por su vecino Sancho Panza.

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El segundo de estos aspectos geográficos tiene que ver especialmente con la geografía humana y con uno de los recursos que favorecieron el desarrollo de los pueblos manchegos: los molinos harineros de viento. Si hay una aventura que, aunque no se haya leído el Quijote, se identifica siempre con la imagen de la Mancha y la figura de don Quijote y sus aventuras, esta es la “espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento”.

Antes de la publicación de la primera parte del Quijote, en la Mancha, se molía el cereal en molinos de agua de sus ríos y en los molinos de viento construidos en: Chinchilla, Campo de Criptana, Belmonte, Las Mesas, Mota del Cuervo, El Pedernoso, El Toboso y Villaescusa de Haro. Los molinos de viento reales contra los que lucha don Quijote creyendo que eran gigantes, son los de Campo de Criptana. Este lugar manchego es el único que, en tiempos de Cervantes, pudo contar en su término con tantos molinos de viento: “En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo…”

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Molinos de viento desconocidos por don Quijote, y por lo tanto inexistentes en su pueblo, que como hidalgo estaba exento de trabajar, y mucho menos acarrear costales de trigo a los molinos. Es Sancho, agricultor a jornal, el que tiene que describirle que lo que está viendo son los nuevos ingenios que se usan para moler el cereal:

“Mire vuestra merced -respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino” (1, 8)

Campo de Criptana es una villa manchega de la Orden de Santiago, en el camino de Toledo a Murcia. Estas son algunas de sus contestaciones a las Relaciones Topográficas:

“Está en la Mancha arrimada a la sierra de Criptana…” “Es pueblo de Su Magestad de la orden de Santiago de la provincia de Castilla…”

“Está media legua de la orden de San Juan; no hay aduana, es camino cosario de Valencia y Murcia a Toledo, de carreteros, y de Toledo a estas ciudades…”

En los muchos cerros de su término, especialmente en su sierra pegada al núcleo urbano, se instalaron gran cantidad de molinos de viento para moler el cereal de sus vecinos, y, principalmente, el de las villas de la limítrofe Orden de San Juan, cuyo Prior, propietario de las aguas que discurrían por su territorio, especialmente de las del río Guadiana, no concedía las licencias para construirlos en sus posesiones debido a que era el propietario, y principal beneficiario, de los eficientes molinos de agua de Ruidera. Así contesta Campo de Criptana en 1575: “Hay en esta sierra de Criptana, junto a la villa, muchos molinos de viento donde también muelen los vecinos de esta villa.”

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El sobredimensionamiento de recursos molineros en esta villa santiaguista es tan evidente, y espectacular visualmente, que antes del comienzo de la construcción de estos artilugios eólicos en esta zona de la Mancha, sobre la mitad del siglo XVI, para sus necesidades, contaba en su término municipal con tan solo dos piedras de molino en el río Záncara. La construcción de los nuevos molinos de viento en su término, “donde también muelen los vecinos de esta villa”, sufragada en gran parte por vecinos e instituciones religiosas de la villa vecina de “Alcázar de la orden de San Juan”, burlando así la prohibición de construcción de molinos de viento del Prior sanjuanista, también facilitó desde ese momento la molienda del cereal necesario para sus necesidades propias, sin tener que desplazarse a otros molinos de río, a muchos kilómetros de distancia, cuando, por las constantes sequías, los propios quedaban parados durante años. El trasiego de personas y animales, con las cargas de grano y harina, por los caminos, cerros y sierras criptanenses fue una imagen muy conocida en tiempos de Cervantes, en esta zona de la Mancha.

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A estos molinos de viento de Campo de Criptana llegan, don Quijote y Sancho, al poco de salir de su pueblo: “… una noche se salieron del lugar sin que persona los viese, en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen”. Es el mes de agosto en la Mancha, y sus vecinos salen a las puertas de las casas, después de cenar, a esperar que el aire solano les refresque, y esto solo ocurre bien entrada la noche. Salen de su pueblo por el mismo camino, de Toledo a Murcia, que en la primera salida, y con dirección a Murcia, hacia el este: “Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje…”. Para afirmar esta dirección por el camino solo hay que recordar que el encuentro de don Quijote con los mercaderes toledanos que iban a Murcia, de regreso a casa desde la venta por este camino, es de frente, por lo que es evidente que don Quijote caminaba en dirección a Toledo, hacia el oeste. Esta villa molinera, manchega y santiaguista, tiene sus límites a solo “media legua de la orden de San Juan”, por el camino de Toledo a Murcia. Estamos, sin lugar a dudas, en el origen del Quijote y sin embargo muy lejos del Campo de Montiel, para que “cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel”.

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El Campo de Montiel, formado por veintitrés lugares, dibujado y definido, administrativa y judicialmente, en las Relaciones Topográficas de su capital, Villanueva de los Infantes, en 1575, y cuyos límites han llegado hasta nuestros días como una comarca castellano-manchega, no es el “antiguo y conocido campo de Montiel” del Quijote, por el que iban los sederos toledanos a Murcia y donde están los molinos de viento de Campo de Criptana, escenarios del comienzo de las aventuras del hidalgo manchego. Sencillamente, como se puede apreciar en el mapa, el camino de Toledo a Murcia no pasa por estos límites montileños, ni los molinos de viento de Campo de Criptana se encuentran en este espacio geográfico.

Los límites del “antiguo y conocido campo de Montiel” que Cervantes utiliza como escenario real del Quijote, son evidentemente otros, los mismos que conocieron los exploradores y viajeros que tomaron las notas necesarias para confeccionar los mapas de España, editados en tiempo de Cervantes, y que también pudo haberlos tenido entre sus manos, por estar muy difundidos en su tiempo, incluso como atlas de bolsillo en formato manejable por los viajeros y comerciantes.

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Tanto en el primer atlas de Abraham Ortelius, el Theatrum Orbis Terrarum, publicado en el año 1570 en Amberes, como en el Atlas sive cosmographicae meditationes de fabrica mundi et fabricati figura, de Gerard Mercator, publicado, también en Amberes, entre 1585 y 1589, el Campo de Montiel está dibujado al este de Alcázar de San Juan. Tanto Ortelius como Mercator eran los más prestigiosos geógrafos y cartógrafos de la época, los dos a las órdenes de Felipe II, con acceso a toda la información sobre las notas de campo de los exploradores.

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En el mapa, atribuida su ejecución a Alonso de Santa Cruz, cosmógrafo de Carlos I, que nunca se editó y que se conoce desde su descubrimiento como el Atlas de El Escorial, el geógrafo dibuja el Campo de Montiel al este de Alcázar, entre esta villa y Albacete.
No cabe duda que los exploradores, y viajeros, que recorrían los lugares de las zonas encomendadas por los geógrafos tuvieron la misma información de los vecinos a los que preguntaban, cuando se encontraban al este de la Orden de San Juan. Al este de Alcázar de San Juan estaban en el “antiguo” Campo de Montiel, así lo anotaban en sus minutas y así se dibujó en los mapas.

No es un error de los exploradores, geógrafos, ni del propio Cervantes. El Campo de Montiel, en “lo antiguo”, estaba formado por más de los veintitrés lugares relacionados en las Relaciones Topográficas, con una extensión de influencia mucho mayor. Así es reconocido por el gobernador del Campo de Montiel, Fernando de Cañas, el día “doce de Agosto de mil setecientos setenta y tres”. En la cuantiosa documentación enviada al geógrafo Tomás López, para dibujar los mapas de España, desde Villanueva de los Infantes “Don Fernando de Cañas, Caballero de la Orden de Santiago, Teniente Coronel de los reales Ejércitos, actual Gobernador Militar y político, Justicia mayor de la dicha villa y partido por su Magestad”, realiza con “verídicas noticias que he tomado de personas ancianas de todo conocimiento, y en particular por lo que respecta a esta de algunos documentos que he visto” la “Discripcion de las veinte y tres villas de este Partido Suelo, y Campo de Montiel, efectuada en virtud de orden de Su Magestad y Señores de su Real Consejo de los militares a diez y siete de noviembre del año pasado de mil setecientos setenta y dos”. En la descripción de la villa de Villanueva de los Infantes, afirma:

“…y si expreso que esta villa es del territorio de la Orden de Santiago de la espada, capital, y cabeza de este Partido que en lo antiguo tubo cuarenta villas, que hoy están reducidas a las veinte y tres de viña y suelo y Campo de Montiel, también llamado en lo antiguo Campo Arminio y de Arenas, donde predicó San Pablo.”

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¡… en lo antiguo tubo cuarenta villas, que hoy están reducidas a las veinte y tres de viña y suelo y Campo de Montiel!.  Esta información, hecha y firmada por el gobernador del Campo de Montiel, es la imagen del “antiguo y conocido campo de Montiel” que inmortalizó Cervantes en el Quijote. Ahora sí tiene relevancia la aclaración, expresa y tajante, que del “antiguo y conocido campo de Montiel” hacía Cervantes al principio del Quijote: “… subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel (y era la verdad que por él caminaba)”.

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¡Y era la verdad que por él caminaba! Don Quijote no caminaba por el Campo de Montiel, administrativo y judicial, de su tiempo, caminaba por el “antiguo y conocido campo de Montiel” santiaguista, de límites mucho mayores, “en lo antiguo”, a los relacionados y dibujados en las Relaciones Topográficas. Y para que sus primeros lectores, y especialmente para nosotros en la actualidad, situaran en la geografía manchega los primeros pasos de Rocinante por el camino de Toledo a Murcia entrando en el Campo de Montiel, Cervantes, tiene que aclararles que verdaderamente sus huellas las estaba dejando en el “antiguo” Campo de Montiel, conocido así por él, por sus vecinos, dibujado por los cartógrafos, y siglo y medio después confirmada su antigua extensión por el gobernador del Partido y Campo de Montiel.

¿Qué cuarenta villas de la Orden de Santiago formaban en “lo antiguo” el Campo de Montiel declaradas por el gobernador? Pocos años antes de la declaración del gobernador del Partido y Campo de Montiel, el rey Felipe V encarga a “Don Bernavé de Chaves, freyre clerigo de dicha Orden, y Capellàn de Honor de su Magestad, à quien se cometiò: que reconociesse a los Papeles, è Instrumentos, que huviera en el Archivo General; sacando copias authorizadas de las Reales Donaciones; y practicando lo demàs, que debia executar con los Jueces de Valdios, en defensa de los derechos, y possesiones de la Orden…”. Chaves realiza su informe en 1741, conocido como Apuntamiento Legal, después de reconocer los documentos archivados en el Archivo General del Convento de Uclés.

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En el mismo informe se reconoce ya la falta o pérdida de muchos documentos, antes de que los Reyes Católicos, en 1505, ordenasen a Diego de Orozco, Comendador de la Cámara, que se recopilaran y guardasen en el Archivo General del Convento de Uclés:

“Que en el Capitulo General de la dicha Orden, que se celebró en la Villa de Medina del Campo, fue platicado, que por quanto los Privilegios, y Escrituras, è Libros de Visitaciones de la dicha Orden, no han estado, ni estan en aquel recauda, è guarda, que conviene, ni han tenido el concierto, ni orden que deben haver; e porque cumple al bien de la dicha Orden, fue acordado en el dicho Capitulo, que se debia tener manera, que las dichas Escrituras, è Libros, è Privilegios estuviessen en buena guarda, è puestos en concierto; è para remedio de ello se acordò, e assentò, que en el Convento de Uclès se haga una buena Camara, en la qual se haga un Archivo de madera…”

Chaves separa en su informe las posesiones de la Orden, entre las que pertenecen a la Provincia de León y la Provincia de Castilla. En las Reales Donaciones hechas en la Provincia de Castilla, comienza relacionando cómo en 1171, Alfonso IX, concede el “Castillo de Aurelia (vulgo Oreja) sobre la Rivera de Tajo”, con un término que incluía los lugares de Ontígola, Ocañuela, Ocaña Mayor y Noblejas. Es el comienzo del territorio que se conocerá como “Partido de Ocaña, y Uclés”. Este “expressado territorio de Ocaña” sigue obteniendo donaciones, según avanza la reconquista a los árabes. En 1237, la Orden de Santiago deslinda términos con la Orden de San Juan:

“…quedando para la de Santiago à Mora, con su Termino, y à Criptana con su Sierra contra Consuegra, derecho à la cabeza de Lillo, y la Carrera, que và de Almuradiel à Quero, y Santa Maria de Guadiana, dividiendo su Termino de por mitad, y à la Ruidera, y de alli à Abeyazat, (oy Socuellamos) que confina con las Mesas-Rubias;… quedando asi deslindado, y declarado por de la Orden, desde Socuellamos, todo el Partido de Ocaña hasta Alharilla, Lugar, ò termino señalado en la Población de Oreja, confinante con Uclès, y Cuenca”.

En el folio 16 v. Chaves emprende las relaciones de las donaciones pertenecientes al futuro “Partido de Montiel”, con la orden del rey de seguir con la “guerra en el Campo de Montiel à los Moros, … por ser el territorio tan vecino a Uclés, y tierra de Ocaña”:

“Referidas todas las Reales donaciones, en cuya virtud, goza la Orden el dilatado Partido de Ocaña; y siguiendo (en lo posible) la propuesta relacion chronologica de sus concessiones, se assienta, que el nombrado señor Don Alfonso el IX. de Castilla (segun refiere el Licenciado Fr. Francisco Rades, y enuncia el Privilegio, que se citarà) concediò à la Orden, y à su Maestre Don Fernando Diaz, (que lo fue desde el año de 1184. hasta el de 1186.) que hiciese querra en el Campo de Montiel à los Moros, dandole dicha conquista, por ser el territorio tan vecino à Uclès, y tierra de Ocaña…”

Chaves prosigue relacionando las Donaciones Reales al Partido de Montiel en el folio 17. Conquistadas las tierras, el rey Fernando el Santo “manifestò su amor, y devocion grande à la Orden”, y en el año 1227:

“… donó, concedió, y confirmò à el Maestre Don Pedro Gonzalez, con todos sus Terminos, Montes, Fuentes, Riveras, Prados, Pastos, y sus Molinos, y son sus sitios, entradas, salidas, y pertenencias, à San Pablo, y à Montièl; Castillo, que diez años antes era de los Sarracenos; como refiere el antecedente expressado Privilegio; y en esta forma quedò por propio de la Orden todo el Partido de Montièl, que se comprehende en los terminos de Alhambra, Eznavessor, Algecira, y Montièl; y le pertenece por las referidas donaciones de los señores Don Aonso el IX. Don Enrique Primero, y Don Fernando III. el Santo”

Con esta información, parece evidente que en 1227 el Campo de Montiel comienza al sur del término de Abeyazat (Vejezate), hoy Socuéllamos, final del Partido de Ocaña, quedando bajo el dominio de la Orden de Santiago.

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Bernavé Chaves continúa su informe con las disputas por el dominio de estas tierras entre el Concejo de Alcaraz y la Orden de Santiago. Al margen del punto 44, en el folio 17 v. anota: “Montiel, sus terminos, y Pueblos, año de 1243”, afirmando en este punto:

“Y para que mas bien conste de la dicha extension de este territorio de Montiel; se hace presente, que el nombrado señor Don Fernando el Santo, despachò un Privilegio (73) de particion de terminos, su fecha en Valladolid a 18. de Febrero de la Era de 1281. y año de 1243…”

Los razonamientos de unos y otros fueron estimados por el rey, y “determinò el Pleyto de esta guisa”:

“Que los Freyles se apartaran de Villanueva, y cuanto derecho alli tenian, y pretendian tener, y de la heredad de Gorgogi;… otorgando, y confirmando à Dios, y à la Orden de la Cavallerìa de Santiago, todos los Lugares, que (*) se nombraban…”

En el mismo margen, de este folio 17 v., Chaves relaciona después de la nota “(*)” treinta y ocho lugares, muchos ya desaparecidos o con otros nombres en la actualidad, como es el caso de Xamila, o Jamila, que después se llamó Moraleja y finalmente Villanueva de los Infantes. En esta relación de lugares se nombran “Quitrana, Possadas Viejas, Villajos, Miguel Esteban, Almuradiel, La Figuera, El Cuervo, Villarejo Rubio y Manja Bacas”. Para que no surgiesen nuevos pleitos también ordena a la Orden y Alcaràz, que “entre ellos huviese comunidad de pastos, y los demàs aprovechamientos; sacadas dos Dehessas, una para cada Parte, y entrando en dicha comunidad los de Segura, y tambien los de Santiago, y los de Alhambra, y Eznavessor”.

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Solo cinco años después Villanueva y Gorgogi son donados a la Orden, por compra al Concejo de Alcaraz. En esos años las villas de Chiclana (1235), Beas (1239) y San Esteban (1242), en la Sierra de Segura, ahora provincia de Jaén, fueron incorporadas también a la Orden de Santiago. San Esteban “es la ultima donacion de dicho reynado, que se encuentra, por lo tocante à el Partido de Montiel”. Unos años después, entre 1255 y 1259, el pueblo de la Ossa, que se encontraba en término de Alcaraz, se incorpora también al territorio de la Orden de Santiago.

En el folio 41 de este Apuntamiento Legal, al margen se lee: “Adquisiciones hechas en tiempo del Maestre Pelay Correa, en el Partido de Montièl, y su deslinde con el Privilegio de el Santo Rey, que prueba concluyentemente el domino solar de la Orden en dicho territorio”. Y de nuevo, Chaves, añade dos “instrumentos”, o relaciones, de los lugares “que la Orden tenia en Montièl el año de 1243”. En la relación de “Aldeas, y Castillos, poblados, y sin poblar, que la Orden tenia en Montièl el año de 1243”, se anotan treinta y dos lugares con castillos y nueve aldeas. Las nueve aldeas son “Criptana, Possadas Viejas, Villajos, Miguel Estevan, Monuradiel (Almoradiel), La Figuera, El Cuervo, Villarejo-Rubio y Manjabacas”

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En el mismo folio, con los diez lugares que tenían iglesia en 1243, que no desaparecieron posteriormente, otros lugares despoblados y repoblados después, como Alvaladejo o Jamila, (Xamila o Jamila pasó a ser Moraleja y después Villanueva de los Infantes), y nuevos lugares adquiridos o poblados posteriormente al 1243, son los que formaban “al presente” de 1741 el Partido del Campo de Montiel, fecha del informe al rey. Estos lugares son así nombrados: “Alhambra, Cañamares, Fuenllana, Alcoviellas, Montiel, Torres, Torre de Juan Abad, Terrinches, La Membrilla, Almedina, Infantes, Villa-hermosa, La Ossa, Villanueva de la Fuente, Carrizosa, Alvaladejo, Puebla del principe, Villamanrique, Santa Cruz de los Cañamos, El Castellar de Santiago, Cozar, Torrenueva y La Solana. Límites del Partido del Campo de Montiel muy similares a los relacionados y dibujados en 1575 en las Relaciones Topográficas de Villanueva de los Infantes, con la incorporación del término de Villanueva de la Fuente.

Sin embargo, no podemos olvidar que Chaves, en dos de las relaciones o “instrumentos” aportados en el Apuntamiento Legal copiados del Archivo General en el Convento de Uclés, anota nueve aldeas “que la Orden tenía en Montiel el año de 1243”, por lo tanto bajo su influencia, como el resto de los cuarenta antiguos lugares relacionados, algunos desaparecidos después. Estos cuarenta lugares pueden ser los que formaban el “antiguo, y conocido campo de Montiel” del Quijote, y que llegaba hasta la actual Puebla de Almoradiel, Campo de Criptana, Mota del Cuervo, con Manjavacas y Villarejo-Rubio en el término del antiguo castillo de Abeyazat, hoy Socuéllamos, con su aldea Tomelloso. Unos límites de influencia del Campo de Montiel, hacia el norte, en la Provincia de Castilla de la Orden de Santiago, que también llegaron hasta Quintanar de la Orden. Así contestaba Quintanar en sus Relaciones Topográficas:

“Como esta dicho esta villa es muy antigua e ha sido cabeza de partido muchos años y tiempo ha no se halla, ni hay memoria del tiempo que ha, que esta villa, siendo esta villa cabeza de gobernación en tiempos pasados llegaba su partido hasta las sierras de Xaen, Campo de Montiel como se ha visto y entendido por escrituras antiguas, que el postrero juez que hubo se decía el comendador Horozco”

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En el mapa anterior están marcados los límites de los términos de las nueve aldeas “que la Orden tenía en Montiel el año de 1234”, relacionadas por Chaves en su Apuntamiento Legal, actualmente integradas en los términos de Campo de Criptana, Miguel Esteban, Mota del Cuervo y Quintanar de la Orden, que contestó, en 1575, haber pertenecido, “tiempo ha no se halla”, al Campo de Montiel, lugar al que en 1344, el Infante Don Fadrique le concedió comunidad de pastos para fomentar su escasa población. El término de El Toboso queda integrado entre Quintanat, Mota del Cuervo y Miguel Esteban. También está dibujado el camino de Toledo a Murcia que atraviesa este espacio manchego, en sus variantes conocidas, después de dejar atrás el territorio de la Orden de San Juan, y los molinos de viento de Campo de Criptana. Ahora la lectura del Quijote y la geografía son consistentes, como así ya lo era para sus primeros lectores.

¡Y era la verdad que por él caminaba! Este sí es el espacio geográfico, parte del “antiguo” Campo de Montiel, atravesado por el camino de Toledo a Murcia. Desde un lugar muy cercano a Campo de Criptana, situado en el territorio de la Orden de San Juan, fuera de los límites santiaguistas de este “antiguo y conocido campo de Montiel”,  salieron don Quijote y Sancho de su casa, en mitad de una calurosa noche de verano, por este mismo camino, encontrándose al amanecer con sus molinos de viento. ¡Ahora sí estamos en el origen del Quijote!

Cervantes con el Campo de Montiel es especialmente sensible. Es una parte de la Mancha que le atrae personalmente y por la que expresamente hace andar a Rocinante. Si no fuese así, podía haberlo olvidado y la historia de don Quijote no tendría variación. Sabiendo los límites jurisdiccionales del Partido del Campo de Montiel de su época, hace pisar a don Quijote por este antiguo territorio santiaguista, atravesado por el camino de Toledo a Murcia, de este oeste a este, y donde los muchos molinos de viento de Campo de Criptana hacen su paisaje reconocible, pero tiene que aclarar precisamente la posición geográfica de Rocinante en la Mancha en ese momento, en el “antiguo” Campo de Montiel manchego, con la frase: “Y era la verdad que por él caminaba”.

Chaves pudo, casi a mitad del siglo XVIII, reconocer muchos documentos de la Orden, depositados en los cajones del Archivo General del Convento de Uclés, para hacer su Apuntamiento Legal, sabiendo ya de la pérdida de otros muchos documentos en los archivos locales hasta principios del siglo XVI, pero hubo más pérdidas tras la invasión del convento por las tropas francesas en el año 1089. Hoy los documentos supervivientes de la Orden de Santiago se encuentran en el Archivo Histórico Nacional. Debido a esta pérdida de documentos, quizá nunca sepamos las razones por las que el Campo de Montiel tuvo su influencia hasta tan al norte de los territorios de la Orden de Santiago, mucho antes de la escritura del Quijote. Cervantes fue testigo de su época, y en el Quijote nos dejó su imagen, lo que él y sus coetáneos conocieron y sabían de la historia pasada de esta parte de España, su crónica.

Luis Miguel Román Alhambra

 

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LA IMAGEN DE LA MANCHA, SEPTIEMBRE

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“Quien recorre la Mancha deberá creer en hadas, en fantasmas, en Caballeros Andantes y en bellas Dulcineas”

Hoy a las 3:54 horas de España ha comenzado el otoño, es el equinoccio de otoño en el hemisferio norte y el de primavera en el sur.

He esperado hasta este día para hacer la última foto desde Montón de Trigo. Desde este pequeño cerro he visto la imagen de la Mancha, siempre por la mañana, durante doce meses, y os la he dejado aquí para que disfrutéis, igual que yo, del paisaje manchego. Las cosechas de cereal se retrasaron, igual que la uva, pero han sido buenas por las lluvias de primavera. El mosto ya fermenta en las bodegas y en noviembre o diciembre ya estará listo para comenzar a embotellar el vino manchego. ¡Otro año más en la Mancha de don Quijote!

Hoy es el primer día de otoño y estamos en el conocido “veranillo de San Miguel”, unos días en los que el calor a medio día se hace sentir. No regreso aún a casa. Al salir, recuerdo un camino que recorre unos cerros llenos de molinos harineros de viento que llegaban hasta la sierra de Criptana, aunque hoy solo se pueden ver los restos de las cimentaciones. Es el camino del Pico.

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En unos minutos llego a la sierra de Criptana y junto al camino, a mano izquierda, veo dos ruinas de molinos, de los más de treinta que tuvo esta villa y que sin duda alguna Cervantes conoció. Y me da pena verlos así. Estos gigantes molieron mucha harina en los siglos XVI-XIX y llenaron las despensas manchegas de harina con la que poder hacer pan. ¡Cuánta hambre quitaron y ahora están olvidados! Si no hubiese sido por Cervantes quizá hoy no estarían entre nosotros.

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Miro a mi derecha y allí están. El turismo hace que estos tengan mejor suerte y se conserven. La imagen de la Mancha es reconocida por sus molinos de viento que inmortalizó Cervantes. Es buena hora para tomar un café en una cafetería junto a ellos.

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Tengo la gran suerte de poder tomarme el café en una pequeña terraza presidida por una escultura en hierro de Eloy Teno. Detrás, el molino Quimera, el molino que rehabilitó la República de Chile en los años sesenta del pasado siglo. Las ruinas de este molino tuvieron la gran suerte de ser miradas por Carlos Sander en su visita a Campo de Criptana, acompañado por su amigo y pintor manchego Gregorio Prieto. Suya fue la idea de promover la reconstrucción de este molino con el dinero recogido en las huchas repartidas por todo Santiago de Chile, y aquí sigue el molino Quimera, gracias a él. Termino el último sorbo y recuerdo una pequeña frase de Sander: “Quien recorre la Mancha deberá creer en hadas, en fantasmas, en Caballeros Andantes y en bellas Dulcineas”.

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No puedo volver a casa sin contemplar el nombre de Carlos Sander en la calle cercana a la subida a esta sierra molinera. ¡Cuánta suerte tuvo la Mancha de conocerle a usted!

Ha sido un año intenso, doce fotografías de la Mancha desde un mismo lugar. Hay quien ha escrito que el paisaje de la Mancha es monótono, simple, predecible. Es posible que lo sea si no se viene a ella con la intención de descubrir el espíritu de don Quijote, si no se cree en hadas, en fantasmas,…

 

                                  Luis Miguel Román Alhambra

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LA MANCHA DEL QUIJOTE, UNA TIERRA DE CONVENIENCIA, INCLUSO HOY

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“… porque andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y les vuelven según su gusto, y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos”

Esto aseguraba don Quijote a Sancho Panza mientras iban caminando por Sierra Morena. Pero no solo había encantadores que volvían las cosas a su gusto en tiempo de Cervantes, hoy siguen mudando y trocando el Quijote, según su gusto e intereses, son los nuevos encantadores, magos y druidas cervantinos. Hay quienes intentan enmendar la plana al mismo Cervantes, proponiendo que en lugar del título original de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, debía haberse llamado la obra El ingenioso hidalgo don Quijote de Montiel, (Parra Luna, Francisco y Fernández Nieto, Manuel.  Coordinadores. 2009. El enigma resuelto del Quijote. Un debate sobre el lugar de la Mancha. Alcalá de Henares. Universidad de Alcalá, Servicio de Publicaciones. pág. 25), para de esta forma justificar un intencionado trabajo que nadie quiere leer, y menos aprobar. Otro afirma, que en la patria de don Quijote, la Mancha, solo cabe en ella su pueblo, El Toboso y unos pocos pueblos más que formaban el Común de la Mancha (González Mujeriego, José Manuel. 2014. Lo que Cervantes calló. Madrid. Cultiva libros. pág. 69-73). También podemos encontrar quienes aseguran que la Mancha ni existió, y todo que se debe a un juego de palabras que esconden infinidad de significados cuidadosamente encriptados, entendibles sólo para unos pocos iluminados. O quienes tratan de confundir con afirmaciones de que las aventuras de don Quijote podrían haber pasado en cualquier lugar de Castilla, según los pocos datos que de la Mancha nos deja Cervantes, según ellos que viven en el siglo XXI y sentados delante de un ordenador, con acceso a millones de archivos, datos oficiales, índices y tasas, etc., se quieren comparar con un viajero del siglo XVI-XVII que a lo sumo llevaba en su maleta, colgada del arzón de la silla de su mula, un libro de notas, una pluma y una guía de caminos, para saber dónde comer o pasar más dignamente la noche.

Este artículo forma parte ya de uno de los capítulos de mi próximo trabajo a editar, que anticipo aquí, junto con otro artículo que subiré al blog en septiembre sobre el “antiguo y conocido” Campo de Montiel. Así, mis lectores del blog, conocerán estos dos espacios geográficos, la Mancha y el cervantino Campo de Montiel, que Cervantes escoge, quizá también por conveniencia, para su Quijote, y no otros espacios que los encantadores, magos y druidas cervantinos proponen y difunden a modo de propaganda, que nada tienen que ver con lo que Cervantes describió en las aventuras de don Quijote.

Dos documentos históricos, nunca antes incorporados en el estudio de la geografía del Quijote, se podrán ver en estos artículos, que no hacen sino dar más conocimiento de la geografía física y humana del tiempo de Cervantes.

Este artículo que titulo La Mancha del Quijote no está dirigido a quienes tienen claro que era, y es, la Mancha, sino para quienes habiéndose acercado al mundo cervantino, escuchan ponencias o leen artículos y libros sobre la geografía real o ficticia del Quijote, creándoles dudas sobre esta tierra real y hasta si realmente el Quijote lo escribió Cervantes, que también hay quien afirma que no lo escribió él, pero como diría Sancho Panza: ¡esto es harina de otro costal!

¡¡Ya son casi 180.000 visitas desde todo el mundo a este blog cervantino y quijotesco!! Muchas gracias a todos por vuestro seguimiento y apoyo a este humilde medio.

La Mancha del Quijote

Con la división de España en comunidades autónomas, en 1982, se constituye oficialmente la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha por las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo, con límites geográficos, administrativos y jurídicos perfectamente delimitados. Con un total de 919 municipios y dos millones de habitantes, es una de las regiones más extensas de España con una superficie de 79.463 Km².

Si hoy se realizase una encuesta por todos los municipios de Castilla-La Mancha y se preguntase a sus vecinos ¿Usted, qué es? o ¿Usted, de dónde es?, no todos contestarán, después de su orgulloso gentilicio local, “soy manchego”. En gran parte de la provincia de Guadalajara dirán que son de la Alcarria, en una extensa parte de Cuenca contestarán que “serranos” y en la de Toledo podemos encontrarnos con vecinos que antes de decir que son de la Mancha dirán que son de La Sagra o simplemente toledanos. Los límites del sentimiento, en muchas ocasiones, se anteponen a los geográficos, administrativos o judiciales, aunque estos estén perfectamente delimitados.

Este sentimiento manchego era, en tiempos de Cervantes, aún más impreciso, por no tener la Mancha límites geográficos, administrativos y jurídicos delimitados, simplemente era una región natural. En el Quijote se cita la “provincia de la Mancha”, pero en realidad no existía tal demarcación, tal y como ahora la concebimos. Para entender el espacio geográfico elegido por Cervantes como la patria de don Quijote, que no era geógrafo ni historiador, sino, en una parte de su vida, funcionario de la Corona y por lo tanto viajero obligado por sus funciones, también hay que comprender los sentimientos de los vecinos con los que compartió caminos, alojamientos y comidas, por esta parte de Castilla.

Si el topónimo Mancha ha llegado hasta nuestros días, sin duda alguna, es por ser la patria de don Quijote. Su uso y fama se la debemos a Cervantes, aunque nunca sepamos el motivo que realmente le llevó a fijar, en esta parte de España, el origen del Caballero de la Triste Figura. De la misma manera, en el mundo se identifica la imagen de la Mancha, e incluso de España, por la figura de los molinos de viento recortada en el horizonte manchego, estos antiguos artefactos eólicos habrían pasado también al olvido después de la revolución industrial, si contra ellos no hubiera entrado en “feroz y descomunal batalla” don Quijote.

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Y qué decir de la bacía de barbero sobre la cabeza de don Quijote. ¿Alguien se acordaría de esta herramienta de barbero si no fuese el famoso Yelmo de Mambrino? La imagen de don Quijote, y de la Mancha, van unidas también a ella.

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El origen de este topónimo, según diversas fuentes, puede ser árabe. Los árabes dominaron la Península Ibérica durante ocho siglos, a la que llamaron Al-Ándalus, como puede verse, en árabe, en el mapa realizado en 1156 por el ceutí Al-Idrisi, por encargo del rey de Sicilia Rogelio II, y que forma parte de la conocida como Tabula Rogeriana.

Aunque con distintas etimologías en árabe, el topónimo Manxa o Al-Mansha, significa “tierra seca” o “tierra sin agua”. La primera constancia del topónimo Mancha es del año 1237. Después de la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, esta parte de Castilla queda en manos de las Ordenes Militares de Calatrava, Santiago y San Juan. En los acuerdos entre ellas para marcar sus límites, las órdenes de Santiago y San Juan deciden que:

“Entonces la Ruidera tengan los frailes de Uclés y partieron por medio con la Moraleja por soga y de este mojón a la Mancha de Haver Garat a tanto que llegue con el otro mojón que está entre Criptana y Santa María. Mancha de Haver Garat que posteriormente se conoce como Mancha de Vejezate, en el término municipal de Socuéllamos, en la Orden de Santiago”.

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En el siglo XIV, el Maestre de la Orden de Santiago, crea dentro de su jurisdicción, en la provincia de Castilla, cuatro “Comunes”, para el aprovechamiento común de pastos y tierras por los lugares asociados a cada uno de ellos: Común de Mohernando, Común de Uclés, Común de la Mancha y el Común de Montiel. Hasta 1603, al Común de la Mancha habían pertenecido los lugares de: Campo de Criptana, Pedro Muñoz, Socuéllamos, Tomelloso, Los Hinojosos, Horcajo de Santiago, Mota del Cuervo, Pozorrubio, Santa María de los Llanos, Villaescusa de Haro, Villamayor de Santiago, Cabezamesada, Corral de Almaguer, Miguel Esteban, La Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, El Toboso, La Villa de Don Fadrique y Villanueva de Alcardete.

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De nuevo, dentro de la Orden de Santiago, en el siglo XVI, el topónimo Mancha se utiliza en la división, esta vez judicial, del territorio santiaguista de la provincia de Castilla. Hasta 1560 hubo dos gobernaciones, una con sede en Ocaña, de la que dependían el Partido de Ocaña y Ribera del Tajo y el Partido de La Mancha, y otra con sede en Villanueva de los Infantes de la que dependía el Partido de Montiel.

Al Partido de La Mancha, dentro de la gobernación de Ocaña, dependían los pueblos de: Cabezamesada, Campo de Criptana, Congosto, Corral de Almaguer, Dos Barrios, Hinojoso de la Orden, Horcajo de Santiago, Miguel Esteban, Mora, Mota del Cuervo, Noblejas, Pedro Muñoz, Puebla de Almoradiel, Puebla de don Fadrique, Quintanar de la Orden, Santa Cruz de la Zarza, Santa María de los Llanos, Socuéllamos, El Toboso, Villaescusa de Haro, Villa Mayor de Santiago, Villanueva de Alcardete y Villarrubia de Santiago.

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Después, el rey Felipe II la reorganiza de nuevo judicialmente en cuatro jurisdicciones, desapareciendo el topónimo Mancha, en los partidos de: Uclés, Ocaña, Quintanar de la Orden y Villanueva de los Infantes.

Y no encontramos el topónimo Mancha hasta que en 1691 se divide el antiguo y extenso reino de Toledo, para formar dentro de él dos provincias o intendencias: Toledo y La Mancha. La Provincia de Toledo quedaría formada por los partidos de Toledo, Alcalá, Ocaña, Talavera y Alcázar de San Juan, y la Provincia de La Mancha por los partidos de Alcaraz, Infantes, Almagro y Ciudad Real. Esta Provincia de La Mancha se reordena, administrativa y judicialmente, entre 1765 y 1785, en: Ciudad Real, Partido de Almagro y Campo de la Orden de Calatrava, Partido de Villanueva de los Infantes de la Orden de Santiago y Partido de Alcaraz. Según las relaciones solicitadas a los intendentes del reino por el Conde de Floridablanca, en 1785, agregados al Partido de Villanueva de los Infantes aparecen lugares que antes habían pertenecido al Partido de Ocaña: Quintanar de la Orden, Cabezamesada, Campo de Criptana, Miguel Esteban, El Toboso, Hinojosos, Horcajo, Socuéllamos, Santa María de los Llanos, Tomelloso, Villamayor, Villanueva de Alcardete y el Real Sitio de Ruidera.

De nuevo, en 1799, la Provincia de La Mancha es ampliada con los pueblos del Partido de Alcázar de San Juan, pertenecientes al Gran Priorato de San Juan, hasta su disolución como Provincia de La Mancha en 1833. Los lugares pertenecientes a esta provincia formarían parte de las nuevas provincias constituidas de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, y así han llegado hasta nuestros días, dentro de la región española de Castilla-La Mancha.

Pero Cervantes murió en 1616, y, evidentemente, no pudo conocer esta Provincia de La Mancha, existente entre 1691 y 1833. Entonces hay que preguntarse: ¿Qué espacio geográfico comprende la Mancha del Quijote? Lo que no cabe duda es que el espacio manchego conocido en su tiempo por Cervantes, tiene en su corazón, en su centro, la famosa Cueva de Montesinos. Hay autores que al defender sus hipótesis sobre la geografía del Quijote se olvidan, en algunos casos deliberadamente, de leer algunas partes de sus capítulos, e incluso hasta los títulos, como el del capítulo XXII de la segunda parte, que dice así: “Donde se cuenta la grande aventura de la cueva de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha”.

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La percepción de la imagen de un lugar o de un paisaje es subjetiva para cada uno de sus vecinos o visitantes, pero pasa a ser una imagen objetiva en el momento que se usa concretamente en la creación de una obra por su autor. Se podrá llegar a discutir hasta donde llegarían los límites del espacio natural de la Mancha por el norte, sur, este y oeste, y si este o aquel pueblo era o no de la Mancha en este o aquel tiempo, pero si se trata de la Mancha que Cervantes conoce y escoge para hacerla patria de don Quijote, es evidente que la Cueva de Montesinos está en su corazón.

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Los dos únicos espacios geográficos con límites y divisiones claras, administrativas, fiscales y judiciales, con el topónimo Mancha, que pudo conocer el autor del Quijote son: el Común de la Mancha y el Partido de la Mancha. En el mapa anterior está representado el Partido de La Mancha, con límites más extensos que el Común de La Mancha, aunque idénticos por el sur. Estos espacios administrativos o judiciales no son la Mancha del Quijote, porque, sencillamente, la Cueva de Montesinos no se encuentra en su corazón, ni tan siquiera en sus límites. Como tampoco se encuentra entre ellos Argamasilla de Alba, “lugar de la Mancha, en vida, y muerte, del valeroso don Quijote de la Mancha, hoc scripserunt” (1, 52).

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Argamasilla de Alba y El Toboso son los únicos lugares nombrados en el Quijote como manchegos. Don Quijote afirma ante el caballero Vivaldo que:

“… sólo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía” (1, 13)

El Toboso es un lugar santiaguista de ambas divisiones, el Común y el Partido de La Mancha, pero Argamasilla de Alba no formó parte de estos espacios geográficos perfectamente delimitados, aunque sí estaba en la Mancha, como lo aseguraba Cervantes en la primera parte del Quijote, y sus vecinos en las Relaciones Topográficas, en 1575:

“… el reino en que comúnmente se cuenta este pueblo es en el de Toledo, en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está sentado se llama la Mancha”

A la precisión geográfica del asentamiento de Argamasilla de Alba en la Mancha, Cervantes también nos deja evidencia de su escasa historia, al ser un lugar de fundación nueva cuando escribe el Quijote, y así se le ha conocido a Argamasilla de Alba hasta no hace mucho tiempo, como el Lugar Nuevo. En las mismas Relaciones Topográficas, sus vecinos reconocían los diversos movimientos que habían hecho a lo largo de su historia, hasta asentarse en este lugar:

“… la dicha villa es repoblación nueva de cuarenta y cuatro años a esta parte, un año más o menos, y que el fundador fue el Prior don Diego de Toledo porque era en tiempo de la orden de San Juan de que era prior y que esta población se fundó primero en la Moraleja que es término de dicha villa, habrá sesenta años poco más menos, y que por enfermedad se despobló y después se pobló en el Cerro Boñigal, cerca de los Molinos que dicen de Santa María, término de esta villa, y se decía la dicha población la villa de Santa María de Alba, y por enfermedades se trasladó a donde al presente está fundada que es en la villa de Argamasilla de Alba, habrá los dichos cuarenta y cuatro años como está dicho.”

Si a principios del 1600 “frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años”, don Quijote nacía en la imaginación de Cervantes, “en un lugar de la Mancha”, sobre el año 1550. Sólo veinte años antes, en 1531, don Diego de Toledo era nombrado prior de la Orden de San Juan y fundaba el lugar de Argamasilla de Alba, en la Mancha. Ahora se comprende, aún mejor, la precisión histórica de Cervantes, cuando se refiere a Argamasilla de Alba como “lugar de la Mancha en vida y muerte del valeroso don Quijote de la Mancha”. Mucho antes de la vida narrada de don Quijote, este lugar manchego no existía.

Los límites de la Mancha del Quijote, que algunos autores aún defienden, no son los del Común de La Mancha ni los del Partido de La Mancha. La Mancha del Quijote, la que conoce en su tiempo Cervantes, tiene en su corazón la Cueva de Montesinos y uno de sus lugares que la forman es Argamasilla de Alba.

Otros autores afirman que los topónimos o las referencias geográficas usadas por Cervantes en el Quijote, de esta parte de España, son muy pocos, e incluso los califican de imprecisos, irrelevantes o ambiguos, argumentando así el escaso conocimiento y relación de Cervantes con esta parte de Castilla. Hay que tener en cuenta que el Quijote lo escribe Cervantes para los lectores de su tiempo, para sus lectores de principios de siglo XVII, con percepciones del paisaje o conocimientos del espacio geográfico muy diferentes a los actuales. Con los conocimientos y medios geográficos actuales, en los que todos llevamos en el bolsillo un dispositivo capaz de almacenar mapas, situarnos precisamente mediante sistemas de posicionamiento global en el mundo, calificar a Cervantes de impreciso o ambiguo es, al menos, pretencioso.

Cervantes tiene intención de contar una ficción creíble a sus lectores, lejos de los autores anteriores, e incluso coetáneos, que, como él mismo los define:

“son en el estilo duros; en las hazañas, increíbles; en los amores, lascivos; en las cortesías, mal mirados; largos en las batallas, necios en las razones, disparatados en los viajes, y, finalmente, ajenos de todo artificio, y por esto dignos de ser desterrados de la república cristiana, como a gente inútil” (1, 47).

El Quijote no es una guía de viajes en la que don Quijote se orienta por carteles o señales en el camino para no perderse, y que hoy las consideramos fundamentales para cualquier viaje. Sus salidas de su pueblo por la Mancha no son disparatadas, ni en el tiempo ni en el espacio, y lo que para nosotros puede pasar por impreciso o abstracto, sin posición clara en el espacio geográfico de la Mancha actual, para sus lectores sería fácilmente ubicable. Con los topónimos empleados y las descripciones físicas del terreno, por donde Cervantes llevaba a don Quijote, era suficiente para ubicar a nuestro caballero en esta tierra por sus lectores, aunque, para muchos de ellos esta geolocalización literaria no tuviese la menor importancia, como hoy también ocurre, o quizá sí la tuviera por lo novedoso del recurso literario utilizado. Sí que la tendría para quienes, viajeros como él, eran conscientes del marco geográfico por donde transcurrían las aventuras, reconociendo los caminos y parajes reales utilizados como escenario de las aventuras.

Por tanto, Cervantes, no es impreciso, ambiguo, contradictorio o poco concreto, en lo que a la geografía concierne, porque escribe para quienes conocen, como él, el espacio natural manchego de su tiempo. Somos nosotros los que tenemos, si queremos ubicar las escenas del Quijote, los que estamos obligados a conocer el espacio natural manchego que conoció Cervantes, y sus lectores, y dejar de enmendar la plana a un autor del siglo XVII con los conocimientos geográficos del XXI.

Vamos a definir la Mancha del Quijote a través de los trabajos de geógrafos e historiadores, y del propio autor del Quijote. Antonio Blázquez, durante su conferencia leída el día 3 de mayo de 1905 en la Real Sociedad Geográfica de Madrid, con el sugerente título de La Mancha en tiempos de Cervantes, se hacía esta pregunta: “¿Qué era la Mancha, teatro de las hazañas de Don Quijote?” Para seguidamente contestarse:

“Todos sabemos lo que es hoy; algunos ignoramos lo que fue; muchos identifican escenas y pasajes con lugares de aquel entonces, quizá sin prueba cierta y convincente; más no todos nos damos cuenta exacta de su territorio y de su vida, de sus productos y caminos, de sus tradiciones y leyendas… En realidad, el país en que se desarrollan los sucesos narrados en la primera parte del Quijote estaba constituido, según interpretadores y comentaristas, por el territorio de las Órdenes militares de Calatrava, Santiago y San Juan… El campo del priorato de la Orden de San Juan, a la cual elogia Cervantes aplicándole calificativos que no emplea para las demás, es de sospechar que con ella le ligaba algún particular afecto”.

Uno de los topónimos manchegos descritos por Cervantes son las lagunas de Ruidera, de las que incluso detalla los límites jurisdiccionales precisos, entre las órdenes de Santiago y San Juan:

“…que ahora, en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de Ruidera: las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los caballeros de una orden santísima que llaman de San Juan” (2, 23)

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Las lagunas de Ruidera, quedaron divididas en 1237 por los acuerdos para marcar sus límites entre las órdenes de Santiago y San Juan: “Entonces la Ruidera tengan los frailes de Uclés y partieron por medio con la Moraleja por soga y de este mojón a la Mancha de Haver Garat a tanto que llegue con el otro mojón que esta entre Criptana y Santa María”. Con la victoria de Isabel y Fernando en la Guerra de Sucesión Castellana, en 1479, los territorios de las órdenes de Calatrava y Santiago, pasan al dominio de los Reyes Católicos, nombrados desde entonces como sus Maestres. Tras ser coronado rey de España su nieto Carlos I, en 1520 comenzó una revuelta comunera en varias ciudades castellanas contra él, que terminó con la derrota de los comuneros en 1522. Un año más tarde, en 1523, los maestrazgos de Calatrava y Santiago pasan a ser definitivamente parte de la Corona de España. La Orden de San Juan no pasó a la Corona hasta mucho tiempo después, en 1802. Esta situación jurisdiccional de esta parte de la Mancha, gran parte bajo el dominio de la Corona y otra bajo la Orden de San Juan, es la que Cervantes conoce y la describe exactamente, en la segunda parte del Quijote, cuando don Quijote cuenta a Sancho y al “primo” lo que había vivido en el interior de la Cueva de Montesinos, y cómo parte de las lagunas pertenecían a los “reyes de España y las dos sobrinas, a los caballeros de una Orden santísima que llaman de San Juan”, estas dos lagunas dentro del término de Argamasilla de Alba, villa de la Orden de San Juan, son las lagunas de La Cueva de la Morenilla y La Membrilleja. Esto les contaba don Quijote de lo oído a Montesinos contar a su primo Durandarte:

“… la cual, con vos, y conmigo, y con Guadiana vuestro escudero, y con la dueña Ruidera, y sus siete hijas, y dos sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí encantados el sabio Merlín ha muchos años, y aunque pasan de quinientos, no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente faltan Ruidera, y sus hijas, y sobrinas, las cuales llorando (por compasión que debió de tener Merlín dellas) las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos, y en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera, las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas de los caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan” (2, 23)

¿Qué espacio geográfico natural castellano tenía en su corazón a la Cueva de Montesinos, situada junto a las famosas Lagunas de Ruidera, de las que incluso conocía Cervantes su división jurisdiccional, y era conocido en su tiempo como la Mancha? La forma más natural y expresiva para describir un territorio es su representación en un mapa. La Mancha aparece dibujada en un mapa por primera vez en 1544, por el cartógrafo italiano Giacomo Gastaldi.

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Unos años más tarde, en 1566, en un mapa realizado por Pedro de Medina en el Libro de grandezas y cosas memorables de España, podemos apreciar a la Mancha entre Castilla, reino de Aragón, Valencia, reino de Murcia y el reino de Toledo. Es evidente que la Mancha geográfica, coetánea a Cervantes, sin límites administrativos, fiscales y jurídicos, era una parte significativa, amplia y conocida de España.

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Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, de 1845, afirma:

“… el terr. llamado Mancha, abraza indudablemente el país, generalmente llano, raso y árido, contenido desde los montes de Toledo á los estribos occidentales de la sierra de Cuenca, y desde la Alcarria hasta Sierra-Morena; entrando en esta comprensión, lo que se llama mesa de Ocaña y del Quintanar, los part. de Belmonte y San Clemente, los terr. de la orden de Santiago, San Juan y Calatrava, y toda la sierra de Alcaraz; sus confines al N. son el Tajo, y la parte llamada propiamente Castilla la Nueva; E. los reinos de Valencia y Murcia; S. los de Córdoba y Jaén; O. las prov. de Estremadura, estendiéndose 53 leg. de E. á O. y 33 de N. á S.; hasta el siglo XVI, la parte oriental de este terr. se denominó Mancha de Montearagón y Mancha de Aragón, abreviado por conocerse con el título de Montearagón, la sierra que media entre Chinchilla y el reino de Valencia; todo lo demás se denominó simplemente Mancha”.

Casi la misma imagen, de norte a sur, de la Mancha nos deja descrita el geógrafo alemán Otto Jessen, profesor de Geografía de la Universidad de Rostock (Alemania), en La Mancha, contribución al estudio geográfico de Castilla la Nueva, publicada en 1930. Según Jessen, “lo mismo que en cualquiera otra región natural, es difícil señalar los límites precisos de La Mancha”. Realiza este estudio después de hacer un viaje por España en 1928. Tomando como origen la Estación del Mediodía, en Madrid, se sube “en el tren expreso de los “Andaluces”, que lleva la ruta Córdoba-Sevilla-Huelva”. Antes de hacer el análisis geomorfológico y del relieve de la Mancha, la delimita, de norte a sur, después de su paso por Aranjuez:

“Sin un tránsito sensible abandonamos la cuenca del Tajo para entrar en la del Guadiana, y, de la misma manera, la mesa de Ocaña pasa a convertirse en La Mancha. Al principio, el relieve es todavía movido. Cerros de rocas silúricas, triásicas o cretácicas se alzan sobre la llanura y viniendo del oeste, llegan hasta la vía los últimos ramales de los montes de Toledo; pero al llegar a Alcázar de San Juan, el país es casi llano del todo y parece como si se fuera navegando por el mar… Estamos ya en el corazón de La Mancha… No lejos de la vía divisamos Argamasilla de Alba, que se enorgullece de ser la patria del hidalgo don Alonso Quijano “el Bueno”. Desde Manzanares el paisaje se torna más animado… Todavía, en los alrededores de Valdepeñas, se extiende la planicie manchega como una amplia ensenada; pero se ha perdido ya la impresión de infinitud que tenía hasta aquí. La vista queda limitada por una comarca montuosa, que forma el Campo de Calatrava, al oeste, y el de Montiel, al este, en tanto que la llanura se alarga aún hacia el sur, hasta Santa Cruz de Mudela. Luego se juntan las lomas de uno y otro lado, y el tren abandona definitivamente La Mancha”.

¿Esta percepción geográfica de la Mancha corresponde a la que tenía Cervantes y sus coetáneos? Al menos, de este a oeste, podemos asegurar que sí. Pascual Madoz sitúa a la Mancha, y la delimita, al este con “los reinos de Valencia y Murcia” y al oeste con “Estremadura”, coincidiendo estos límites con los de la Mancha descrita por Cervantes en la Novela de la Gitanilla, una de las Novelas ejemplares publicada en 1613, entre los dos Quijotes:

“Esto contó la gitana vieja, y esto dio por excusa para no ir a Sevilla. Los gitanos, que ya sabían de Andrés Caballero que el mozo traía dineros en cantidad, con facilidad le acogieron en su compañía y se ofrecieron de guardarle y encubrirle todo el tiempo que él quisiese, y determinaron de torcer el camino a mano izquierda y entrarse en la Mancha y en el reino de Murcia… Dejaron, pues, a Extremadura y entráronse en la Mancha, y poco a poco fueron caminando al reino de Murcia.”

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Pocos años después de la publicación de los mapas de Gastaldi y Medina, en octubre de 1575, la monarquía española impulsó la recopilación de información sobre todos los pueblos de España, de la misma manera que ya se estaba haciendo en América. A esta ambiciosa empresa se le conoce como Relaciones Topográficas de Felipe II. La carta que acompaña a la Instrucción y Memoria, justifica el proyecto y la forma de hacerlo:

“El Rey. Por haber entendido que hasta ahora no se ha hecho ni hay descripción particular de los pueblos de estos reinos, cual conviene a la autoridad y grandeza de ellos, habemos acordado que se haga la dicha descripción y una historia de las particularidades y cosas notables de los dichos pueblos… Encargamos y mandamos os, que conforme a ella ordenéis a todos los concejos y justicias de los lugares de la tierra y jurisdicción de esa ciudad y de los eximidos de ella, se informen muy bien de todo lo contenido en la dicha Memoria, y hagan particular relación de ello, encargándoles con gran instancia tengan mucho cuidado de enviárosla, cada uno de los que tocare, la más cumplida, cierta y verdadera que sea posible, y con la mayor brevedad que se pueda…”

Muchos pueblos contestaron poco después de recibirse la carta, con la celeridad solicitada, pero otros muchos no lo hicieron, lo que provocó el envío de una nueva carta, en los mismos términos, tres años después, con amenazas de sanciones a quienes no la cumpliesen. Finalmente, los pueblos de la corona de Castilla fueron los que en mayor medida contestaron, en total 721. Y dentro de ella, el reino de Toledo contribuyó con un porcentaje alto de contestaciones.

La abundancia de datos aportados en las contestaciones, tocando gran cantidad de aspectos históricos, geográficos, sociales y religiosos, coetáneos con la vida de Cervantes y con la cercanía de la escritura del Quijote, hacen de las Relaciones Topográficas una obra importantísima para su consulta, por estar, dentro del reino de Toledo, el escenario real por el que camina Rocinante. Estas informaciones nos ayudan a tener una imagen del espacio geográfico del Quijote a través de la imagen que de cada uno de los lugares realizan “dos personas, o más, inteligentes y curiosas”. Por tanto, estamos ante la descripción más detallada y rica, en varios conceptos de la realidad de cada lugar, realizada por sus propios vecinos, según sus conocimientos, memoria y documentos localizados en sus archivos municipales, no por emisarios o viajeros encomendados para hacerlo, lo que refleja, en muchos casos, la idiosincrasia propia del lugar y sus vecinos.

En la pregunta número cuatro se solicitaba que se contestase, como a todas las preguntas del cuestionario, “breve y claramente, afirmando por cierto lo que fuese, y por dudoso lo que no fuese averiguado”, a:

“El reino en que comúnmente se cuenta el dicho pueblo, como es decir si cae en el reino de Castilla, o de León, Galicia, Toledo, Granada, Murcia, Aragón, Valencia, Cataluña, o Navarra, y en qué provincia o comarca de ellos, como sería decir en tierra de Campos, Rioja, Alcarria, la Mancha, etc.”

Esta pregunta tiene la gran importancia de poder recoger el sentimiento geográfico real de sus vecinos, y más en lo de pertenecer a comarcas sin límites geográficos, administrativos o jurídicos, como es la Mancha en esos años, nombrada específicamente en esta cuarta pregunta.

No todos los pueblos del reino de Toledo responden, y otros que sí lo hacen sus declaraciones no llegan o se pierden en los archivos de El Escorial. Pero sí encontramos en las contestaciones de los pueblos que se conservan, el topónimo Mancha, por contestar encontrarse en ella, o como referencia geográfica para determinar su situación en el espacio castellano del reino de Toledo.

Como ejemplo, dos villas cervantinas, nombradas en el Quijote: El Toboso y Argamasilla de Alba.

El Toboso, de la Orden de Santiago contesta: “Está en el reino de Toledo en la Mancha en la provincia de Castilla”.

Argamasilla de Alba, de la Orden de San Juan, contesta: “Al cuarto capítulo dijeron que el reino en el que comúnmente se encuentra este pueblo es en el de Toledo en la bailía de Alcázar, que por otra parte en donde este pueblo está asentado se llama la Mancha”.

tc 14.jpgSin embargo, resulta muy significativo que lugares muy próximos a otros, que sí manifestaban su situación dentro de la Mancha, no declarasen estar en ella. Un ejemplo muy demostrativo, por estar muy cerca de la cervantina villa de El Toboso, es Miguel Esteban. No responde estar en la Mancha, y así contestan sus vecinos encargados de hacerlo: “… esta villa de Miguel Esteban es de la orden de Santiago, y que está muy lejos de la mar, cincuenta leguas, y lo demás de la pregunta no lo saben”. Lugares cercanos a Miguel Esteban, además de El Toboso, que responden estar en la Mancha son: La Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, Mota del Cuervo y Campo de Criptana, todos son pueblos de la Orden de Santiago, como Miguel Esteban. Quero no contesta y Alcázar de San Juan, aunque hay constancia de que sí lo hace, sus declaraciones permanecen perdidas a día de hoy.

El Toboso: “Está en el reino de Toledo en la Mancha en la provincia de Castilla”.

Puebla de Almoradiel: “Que esta villa está fundada en el reino de Toledo y provincia de Castilla y Mancha de Aragón en el partido que pocos años ha era de la villa de Ocaña y al presente es el partido y gobernación de la villa del Quintanar de la Orden”

Quintanar de la Orden: “Esta villa del Quintanar se encuentra en el reino de Toledo porque cae el dicho reino en la Mancha de Aragón.”

Mota del Cuervo: “Al cuarto capítulo declararon que esta villa cae en el reino de Toledo en la Mancha.”

Campo de Criptana: “Está en la Mancha arrimada a la sierra de Criptana”.

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Y en el lado opuesto podemos encontrar a pueblos que declaran estar en la Mancha y sus pueblos vecinos, que también contestan, no dicen encontrase en ella. Bolaños de Calatrava, que dice ser “… del reino de Toledo, tierra de la Mancha, a la fin de ella”, sus localidades vecinas de Daimiel, Manzanares, Miguelturra, o Valenzuela de Calatrava, nada dicen de estar en la Mancha. Todos ellos, como Bolaños, pertenecen a la misma jurisdicción, de la Orden de Calatrava, aunque Valenzuela en 1575 pertenecía a un vecino de Almagro desde 1553, como así declaran. De la villa cercana de Almagro, se tiene constancia de que contestó pero, como otras declaraciones, los documentos se encuentran perdidos en El Escorial.

Daimiel: “… decimos que esta villa de Daimiel está en el reino de Toledo y Campo de Calatrava”.

Miguelturra: “… decimos que esta villa cae y está en el reino de Toledo y así se dice comúnmente porque está en el reino de Toledo. Y el reino de Toledo es Castilla y no está en ninguna frontera por estar como está dicha villa en el partido y Campo de Calatrava y reino de Toledo”.

Manzanares: “… que esta villa está situada en el reino y arzobispado de Toledo en el maestrazgo de Calatrava”.

Valenzuela de Calatrava: “… que esta villa de Valenzuela como dicho está hoy se cuenta una legua de Almagro en el reino de Toledo… es de Diego Alfonso, vecino de la villa de Almagro, … y que era de la orden de Calatrava”.

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Los lugares que dicen estar en la Mancha, en 1575, abarcan un extenso territorio castellano, desde Uclés y Villarrubia de Santiago, al norte, a Argamasilla de Alba y Membrilla, al sur, y desde Tirteafuera y Almodóvar del Campo, al oeste, a Iniesta y Chinchilla, al este. Están repartidos, mayoritariamente, entre los espacios geográficos gobernados por las órdenes militares de Santiago, San Juan y Calatrava.

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Fijándonos en los lugares más extremos que contestaron estar en la Mancha, como bordes geográficos, obtenemos un espacio muy amplio. ¿Es esta la Mancha de don Quijote? Observando que la Cueva de Montesinos no está en su corazón, ni en sus imprecisos límites, evidentemente este espacio geográfico no es la patria de don Quijote.

La Cueva de Montesinos se encuentra en el término municipal de La Ossa de Montiel. Es un topónimo muy antiguo conocido por sus vecinos y lugares cercanos. En sus respuestas a las Relaciones Topográficas afirman:

“… dijeron que en esta villa hay una ermita, que se dice San Pedro de Saelices, que está a una legua de esta villa, en la ribera del Guadiana, muy antiquísima, la cual está labrada la ermita en cruz. Y más arriba de ella hay una cueva, la cual se dice que era la cueva de Montesinos, que pasa un río grande por ella…”

La Ossa de Montiel junto a otras villas y aldeas formaban el Campo de Montiel, el Partido de Villanueva de los Infantes en la Orden de Santiago, cuando se elaboraron las Relaciones Topográficas, y Cervantes escribió el Quijote. Estos lugares eran: Villanueva de los Infantes, Alcubillas, La Solana, Membrilla, Torrenueva, Castellar de Santiago, La Torre de Juan Abad, Villamanrique, Almedina, La Puebla del Príncipe, Terrinches, Albaladejo, Cózar, La Ossa de Montiel, Villahermosa, Fuenllana, Alhambra, Carrizosa, Ruidera, Montiel, Torres, Cañamares y Santa Cruz de los Cáñamos.

De estos lugares santiaguistas solo Membrilla contestó estar en la Mancha: “… decimos que esta villa está en el reino de Toledo y su asiento es Mancha, y es el primer pueblo del partido del Campo de Montiel viniendo de Toledo hacia el sol a mediodía”.

El resto de lugares, de este Partido de Villanueva de los Infantes, no solo no respondieron pertenecer a la Mancha, sino que la mencionaban precisamente para excluirse de ella, como por ejemplo:

Villanueva de los Infantes: “Cae esta villa en el reino de Toledo, en las vertientes de los principios de sierra Morena que llaman en el Campo de Montiel que es entre la Mancha y sierra Morena”.

Almedina: “Esta villa está fundada en el reino de Toledo, en la provincia que llaman el Campo de Montiel, que es una gobernación de quince villas y tres aldeas situadas entre la Mancha y el Andalucía y tierra de Alcaraz y orden de Calatrava”.

Puebla del Príncipe: “Está en el reino de Toledo, en el Campo de Montiel, entre la Mancha y sierra de Segura, casi en las faldas de sierra Morena”.

Terrinches: “… está en la orden de Santiago, en el partido del Campo de Montiel… no es Mancha ni serranía ni sierra Morena; está entre medias de sierra Morena y sierra de Alcaraz y Mancha”.

Esto declaraban a finales del año 1575, con lo que se podría afirmar que el Campo de Montiel no es Mancha, al menos para aquellos vecinos elegidos para hacer las contestaciones. ¿Y para Cervantes, es el Campo de Montiel una parte de la Mancha?

Dos de estas villas, Villanueva de los Infantes, residencia del gobernador, y La Ossa, término en el que se encuentra la cervantina Cueva de Montesinos, en las diligencias realizadas a su favor, por Mateo López, en cumplimiento de las Reales Cédulas sobre fomento de la raza caballar, registro de yeguas y señalamiento de dehesas, mandadas hacer por el mismo rey Felipe II, en julio de 1576, argumentan ahora todo lo contrario, que están en el Campo de Montiel y ¡son pueblos de la Mancha!:

“Las villas de Villanueva de los Infantes y La Osa que son en el Campo de Montiel dicen que las dichas villas son pueblos de Mancha y estan distancia del puerto Muladar quince y veinte leguas a esta parte. Y las yeguas que hay en los dichos pueblos…”

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¿Por qué no todos los pueblos, o la mayoría de ellos, de la Orden de Santiago, especialmente del cervantino Campo Montiel, de la Orden de Calatrava y del Marquesado de Villena, no declararon estar en la Mancha en las Relaciones Topográficas, aunque si lo estuvieran? La razón es porque los límites de la Mancha no eran administrativos, jurisdiccionales o eclesiásticos, sino solo sentimentales, o incluso de conveniencia, de pertenecer a este espacio geográfico natural. Los vecinos elegidos para contestar, en las Relaciones Topográficas, lo hicieron precisamente por su conocimiento administrativo, judicial y religioso del momento, y con su sentimiento, o conveniencia, ante lo que no tenía límites precisos, como era la Mancha.

Para algunos vecinos, el sentimiento de pertenecer a la antigua Mancha árabe era irrelevante, en su contestación al cuestionario oficial en ese momento, y para otros, ese sentimiento manchego era parte de la antigua tradición de su lugar, anteponiendo, a veces, el sentimiento al conocimiento. Unos lugares, se sentían pueblos manchegos, y otros, aunque fueran vecinos, prevalecía más su pertenencia sanjuanista, santiaguista, calatraveña o montieleña, al menos en esas “dos personas, o más, inteligentes y curiosas” elegidas entre los vecinos para contestar al interrogatorio oficial.

Hoy es impensable que un montieleño contestase que no es manchego, porque en su antigua tradición y sentimiento lo son, aunque en su primera contestación sea la de montieleño, cómo es lógico en un territorio que ha llegado así hasta nuestros días. Con la evidencia del documento sobre las Reales Cédulas sobre fomento de la raza caballar, registro de yeguas y señalamiento de dehesas, y siempre teniendo en cuenta la afirmación de Cervantes que la Cueva de Montesinos está en el “corazón de la Mancha”, podemos afirmar que el Campo de Montiel era una parte indiscutible de la Mancha de don Quijote. Este es el sur de la Mancha de don Quijote, el Campo de Montiel, el sur de las órdenes militares de Santiago y Calatrava, con Sierra Morena como frontera natural con Andalucía.

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Los bordes de los términos municipales reflejados en este mapa son, al menos, la Mancha de límites imprecisos que conoció Cervantes, y que la elige como patria de su famoso caballero don Quijote. Lejos de reinos imaginarios y fantásticos, lo sitúa en un espacio inmenso, de pocos recursos, donde casi no hay nada, ni nunca pasa nada, quizá también por conveniencia. Tierra de paso, muy conocida por viajeros, arrieros y trajinantes de su época, por donde llevará al hidalgo manchego a través de sus monótonos caminos y parajes. Con este simple recurso literario, sitúa a sus sencillos protagonistas, un viejo hidalgo y un pobre labrador, en un terreno también muy sencillo, sin relevancia, monótono y polvoriento, pero real y creíble, en la Mancha. Conocida en su España, todos sus lectores viajeros, con solo leer el título de su novela sabrían dónde se iban a desarrollar las aventuras de don Quijote, e incluso al leer los capítulos reconocerían los mismos caminos y parajes por donde tantas veces han pasado, lentamente, sobre una mula o un carro. Lentitud que hoy nos falta a los viajeros para percibir el paisaje como lo percibían en el siglo XVI-XVII. A veces, solo viendo las innumerables fotografías que hacemos con nuestros dispositivos digitales, días, semanas o meses después, nos parece entonces reconocer matices en el paisaje que, cuando estábamos in situ, no supimos apreciar.

Y esta inmensa Mancha es dibujada en otro mapa, pocos años después de la publicación de la segunda parte del Quijote, y de la muerte de Cervantes. El rey Felipe IV, al iniciar su reinado en 1621, impulsa otro nuevo proyecto de hacer un mapa detallado de España, y ordena que se realice un Atlas de España, con el máximo detalle. Este encargo es conocido como el Atlas del Rey Planeta y lo dirige su cosmógrafo, Juan Bautista Labaña, pero este muere y no es hasta 1634 cuando lo termina uno de sus discípulos, nombrado también cosmógrafo real, Pedro Teixeira, publicándose como Descripción de España y de las costas y puertos de sus reynos. Este atlas, encontrado recientemente en la Biblioteca Nacional de Austria, en el año 2000, contiene un mapa de la Península Ibérica, que aunque no está realizado mediante procedimientos matemáticos y topográficos precisos, si muestra una aproximación de la imagen de la península, y, dentro de ella, la de la inmensa Mancha castellana.

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En uno de los doce mapas de las regiones de la Península Ibérica, el titulado “Tabla del Reyno de Andaluzia”, Texeira, representa precisamente el sur de la “Parte de la Mancha”, junto a Sierra Morena, donde transcurren tantos capítulos de la primera parte del Quijote. Y limítrofe a la Mancha, a su oeste, representa a la “Parte de Extremadura”.

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La Mancha de don Quijote, la que conoce Cervantes y sus coetáneos es inmensa. Y es dibujada así en los mapas por Gastaldi y Medina, antes de la escritura de la primera parte del Quijote, y por Labaña y Texeira, pocos años después de salir de la imprenta la segunda parte. La Mancha, que al oeste limita con Extremadura y al este con el antiguo reino de Murcia, que atravesó caminando “la gitanilla Preciosa, dejando Extremadura y entráronse en la Mancha, y poco a poco fueron caminando al reino de Murcia”. El sur es la cervantina Sierra Morena, frontera natural entre Castilla y Andalucía. Sólo nos queda delimitar el borde norte de la Mancha. Quizá Cervantes nos lo quiso definir en el soneto que el “Paniaguado, académico de la Argamasilla”, dedica a Dulcinea:

“Pisó por ella el uno y otro lado
de la gran Sierra Negra y el famoso
campo de Montiel, hasta el herboso
llano de Aranjuez, a pie y cansado”

Don Quijote no llega en ninguna de sus salidas al río Tajo, que forma la llanura de Aranjuez, pero sin duda alguna Cervantes lo cruzó por sus puentes o embarcaderos en sus viajes a Andalucía y Murcia, sintiendo que, desde ese momento, se encontraba ya en la Mancha. Esta sensación de estar en la Mancha se describía en las guías de caminos, como en el Itinerario Español, ó Guia de Caminos, para ir desde Madrid á todas las Ciudades, y Villas mas principales de España (1760), de Josef Matìas Escrivano, cuando al cruzar el río Tajo, y entrando en Ocaña, el viajero ya estaba en la Mancha, aunque la división administrativa del territorio del momento fuese desde el río Tajo la Provincia de Toledo, estando la Provincia de La Mancha en 1760, mucho más al sur. De nuevo, el sentimiento prevalece a la política administrativa del territorio:

“Madrid para Cadiz: Paffa por las Ciudades de Andujar, Cordova, Ecija, Xerez, y Puerto de Santa María, y Firve de Guia al margen para otras muchas Ciudades, y Villas grandes de la Mancha y Andalucia. Es camino de Ruedas. Se fale por la Puerta, y Puente de Toledo en el Rio de Manzanares…”

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Esta Mancha, entre el río Tajo y Sierra Morena, y Extremadura y Murcia, sí tiene en su corazón a la Cueva de Montesinos, “a quien dio felice cima el valeroso don Quijote de la Mancha”. Esta es la Mancha que conoció Cervantes y la hizo patria de don Quijote, la Mancha de don Quijote.

Cervantes describe, sin la nitidez que hoy precisamos, a sus lectores de su tiempo, la geografía que él conoce y con la que sus vecinos se sienten pertenecer y los viajeros también conocer. Del conocimiento real de Cervantes, de esta tierra, tampoco hay acuerdo, por la ausencia de evidencias documentales de su estancia en la Mancha, aunque, al menos, es necesario su paso por ella en los traslados como funcionario desde Castilla a Andalucía y Granada, o a los puertos del Levante. Es esa supuesta falta de nitidez o imprecisión, la que hoy induce a algunos autores a contradicciones geográficas en el estudio del Quijote, ¡achacándoselas incluso al mismo Cervantes!, sin tener en cuenta que somos nosotros, los lectores actuales del siglo XXI, los pocos que creemos que el Quijote es una obra de ficción por una geografía real, los que tenemos que entender aquellos límites geográficos tan imprecisos, sin mojones ni señales, como los bordes de la imagen que de la Mancha tiene Cervantes y sus coetáneos, para poder interpretar geográficamente su novela, y, por qué no, poder caminar por los mismos caminos y parajes que el autor por algún motivo pasó y su personaje, sobre Rocinante, pisó.

Cervantes fue viajero por necesidad. En sus obras nos retrata al ser humano, la sociedad y, también, la geografía física y humana de su tiempo. ¿Impreciso en la geografía?, nuestro autor vivió hace más de cuatro siglos y escribió el Quijote para los de su época, que conocían que la imprecisa Mancha comenzaba en el río Tajo y terminaba en Sierra Morena, y desde Extremadura a Murcia. Para sus lectores no cabía imprecisión alguna.

Luis Miguel Román Alhambra

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LA IMAGEN DE LA MANCHA, AGOSTO

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Hemos pasado el ecuador del mes de agosto, todavía verano en la Mancha. Hoy la imagen que veo desde Montón de Trigo poco difiere a la que vi el mes pasado. Quizá todo aún más seco. A lo lejos veo a un ciclista sobre la antigua plataforma ferroviaria que debió de unir Alcázar de San Juan y Quintanar de la Orden, y que hoy la conocemos como la Vía del Hambre. Se realizaron los terraplenes, trincheras y puentes, pero nunca tuvo la piedra, el balasto ferroviario. Piedra sobre la que las brigadas de construcción alinearían las traviesas de madera de roble creosotadas y atornillarían firmemente, en ellas, los carriles con tirafondos. Antes, especialistas con las azuelas cajeaban las traviesas, dando con milimétrica precisión la inclinación que debía de tener el carril. Todo para unir Quintanar de la Orden con el gran nudo ferroviario de Alcázar de San Juan. Pero solo quedó terminada la plataforma.

A Quintanar fue Sansón Carrasco a comprar unos buenos perros pastores para regalárselos a don Quijote: “… y que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros para guardar el ganado, el uno llamado Barcino, y el otro Butrón, que se los había vendido un ganadero del Quintanar”. Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote, y Quintanar de la Orden, de donde también era el cruel ganadero Juan Haldudo, ya quedaron unidas por la pluma de Cervantes, mucho antes que el tren lo intentase, o este ciclista lo haga hoy.

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Al poco tiempo, el ciclista se pierde de mi vista. Sigo contemplando este paisaje desde mi altozano. Al fondo veo la Laguna del Salicor, y rozando con el horizonte diviso la localidad manchega de Quero, ya en la provincia de Toledo. Todo está muy seco y la laguna también. De formación endorreica solo tiene agua unos pocos meses al año, cuando las lluvias de invierno y primavera se escurren hasta su fondo. Decido ir a pisar su suelo, como hicieron los romanos muchos siglos antes para recoger la preciada sal de este humedal hipersalino. Alces, la antigua villa romana está localizada por estos entornos. Los varios centímetros de sal que se acumula en su superficie quizá fueron decisivos en la decisión de fundar un asentamiento, una ciudad romana, la antigua Alces.

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Dejo mi vehículo a unos doscientos metros del borde de la laguna, su aspecto es lunar. Desciendo a su fondo y cada paso que doy es como si pisase en una alfombra increíblemente suave y blanda. Pellizco el suelo y lo chupo, es salado. Y ante mí un milagro de la vida, de la naturaleza, una planta que encuentra el agua debajo de la sal, el salicor. Aquí se registran temperaturas de más de + 40º C en verano y de – 10º C en invierno, más de 50º de amplitud térmica anual, con una concentración de sal muy alta, y ¡hay vida! Merece la pena llegar hasta aquí, no hay nadie, solo escucho al aire, algún pájaro a lo lejos, mi respiración y mis tripas.

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Dejo este increíble lugar para bordear la laguna y  encontrarme con más vida. Ahora es un sisón, una hembra de sisón. Sabe que no soy su depredador y me deja de acercarme lo suficiente como para hacerle esta foto. Y para que compruebe por qué se llama así emprende el vuelo, dejando en mis oídos ese silbido o siseo de sus grandes alas, tan singular, y del que toma nombre.

Estamos al final del verano en la Mancha. Por aquí decimos que ya “en agosto, frío al rostro”, y la mañana es fresca. Tengo que continuar un poco el camino, la Senda de los Canteros, para llegar a contemplar más vida vegetal. Vida cuidada por el agricultor para crear uno de los productos, junto al queso, más conocidos de la Mancha en el mundo, el vino. Llego a un viñedo de uvas tempranillo, a las que les falta madurar un poco más. La primavera ha sido muy lluviosa, el verano atípicamente más fresco, han hecho que la vendimia se retrase unas semanas este año. Me llevo una uva a la boca, algo ácida aún, pero de un sabor intenso, como el vino que saldrá de estos apretados racimos tempranillo de las bodegas de este inmenso viñedo manchego.

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Vuelvo a casa, pero junto al camino hay un montón de piedras calizas de gran tamaño, que los agricultores retiran de sus tierras. Tengo la sensación de que desde su cresta podré ver mejor esta viña de uva tinta.

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Y lo que me encuentro es con un nuevo paisaje de mi tierra, de la Mancha, y sus contrastes. Continúo camino a Alcázar de San Juan, el lugar de don Quijote y Sancho, y el mío. Los usos del suelo han cambiado el paisaje que pudo conocer Cervantes, pero quizá esta tierra tan sencilla,  pero llena de contrastes, le hizo pensar en ella como patria de sus dos personajes. Sobre un plano inmenso de tierra, una línea divide sus dos personalidades, tan distintas, pero tan arraigadas una a la otra, como sus dos personajes principales, Alonso y Sancho, como la vida de cualquier ser humano.

En septiembre, volveré. Será mi última imagen desde esta atalaya, desde Montón de Trigo.

 

                                  Luis Miguel Román Alhambra

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