EL ESPACIO REAL DEL QUIJOTE

LA MANCHA QUE CONOCIÓ CERVANTES

         La interpretación del Quijote ha dado, y seguirá dando, para miles de folios. Una obra clásica, actual para el hombre de la sociedad presente, es cuestionada por algunos autores “encantadores” que ponen en duda la verisimilitud del espacio geográfico principal por donde transitan sus personajes: la Mancha. Hay quienes ponen en tela de juicio que el paisaje descrito corresponda explícitamente a la Mancha, por mucho que se nombre en la obra, comparando su imagen a cualquier parte de Castilla o incluso de León. Otros “encantadores” cambian a su antojo los límites de este espacio geográfico a unas pocas villas, alrededor de Mota del Cuervo, que durante un tiempo formaron el territorio santiaguista del Común de la Mancha, o quienes integran en la Mancha lugares que en tiempos de Cervantes no eran manchegos, como por ejemplo el lugar cervantino, pero no quijotesco, de Esquivias. Incluso otros, sin ruborizarse, doblan y cortan los mapas para que Villanueva de los Infantes esté cerca de El Toboso y a un paso de los molinos de viento de Campo de Criptana, o que el conocido camino de Toledo a Murcia pase por la plaza de su pueblo, aunque esta se encuentre a decenas de kilómetros del camino murciano.

         Cervantes describe el paisaje desde su visión subjetiva, tal y como en ese momento de su vida ha percibido la imagen del paisaje manchego y con estilo literario propio se lo dibuja a sus lectores. Cervantes no escribe para los lectores del siglo XXI, lo hace para los del siglo XVII, sus lectores coetáneos. Unos pocos de aquellos primeros lectores reconocieron el paisaje manchego del Quijote porque habían transitado por la Mancha o vivían en ella, y la gran mayoría, con la simple lectura, fueron capaces de ubicar en un mapa de España el espacio de las aventuras, aunque no habían estado nunca en la Mancha o en España, como los primeros lectores cervantinos en América, hasta donde llegaron ejemplares de las primeras ediciones como libros de entretenimiento, casi al mismo tiempo que en las librerías españolas.

         La novela moderna, desde que Cervantes escribe el Quijote, tanto si es real como de ficción se apoya en un espacio geográfico preciso, no necesariamente nombrado explícitamente en el texto, pudiendo el lector reconocerlo con más o menos facilidad. Tampoco es necesario haber estado físicamente en el territorio nombrado, simplemente consultando un mapa o cualquier recurso de información geográfica se puede recorrer el espacio narrado. Por ejemplo, como aclaración a lo anterior, ¿es necesario ser de Colombia, o haber estado necesariamente en ella, para reconocer los lugares descritos por Gabriel García Márquez en sus novelas? ¡La misma respuesta que acabas de dar es válida con la Mancha del Quijote descrita por Cervantes! Quizás, dentro de cuatro siglos algunos lectores o autores “encantadores” pondrán también en duda el recurso literario-geográfico de García Márquez, hoy no nos cabe la menor duda.

        CAPITULO_XXII          Sobre la Mancha, la que conoce Cervantes y describe haciéndola patria de don Quijote, hace varios meses publiqué en este blog parte del capítulo La Mancha del Quijote que incluiré en mi próximo trabajo en papel, que pueden volver a leerlo en este enlace:

  https://alcazarlugardedonquijote.wordpress.com/2018/08/24/la-mancha-del-quijote-una-tierra-de-conveniencia-incluso-hoy

          Afirmaba que la Mancha en tiempos de la escritura del Quijote no tenía límites administrativos, judiciales o eclesiásticos, era simplemente un territorio natural, un espacio de sentimiento, de sentirse o no manchego, de conveniencia. Así queda meridianamente claro en las respuestas que los vecinos de los lugares de esta parte de Castilla dieron a las preguntas dispuestas por el rey Felipe II en sus Relaciones Topográficas de 1575.

         Como sigo leyendo y oyendo ambigüedades geográficas de los más variopinto creo que con otro documento más, muy poco conocido e inédito en el mundo cervantino, quede aún más claro los límites o bordes geográficos de la Mancha que conoció y describió Cervantes, no otros a conveniencia de “encantadores” actuales.

         Es notorio que Cervantes utiliza en la narración del Quijote hechos históricos. Uno de ellos es la expulsión de los moriscos de España, especialmente en el capítulo LIV y LXIII de la Segunda Parte donde aparece la figura y hechos de Ricote el morisco, tendero del lugar de don Quijote y Sancho. El primer bando de expulsión de los moriscos se dicta el 9 de diciembre de 1609, para Murcia y parte de Andalucía, y el 10 de julio de 1610 se firma el bando para las dos Castillas, Extremadura y la Mancha, fechas entre los dos Quijotes. De los lugares y la cantidad de personas obligadas a marcharse por la fuerza de sus casas, el historiador y cronista oficial de la orden carmelita fray Marcos de Guadalajara y Javier (1560-1631), contemporáneo de Miguel de Cervantes, publica en 1614, ¡un año antes del segundo Quijote!, Prodición y destierro de los Moriscos de Castilla, hasta el Valle de Ricote, dedicado al entonces príncipe Felipe IV. En este tratado se describe los pasos que se siguieron al bando de expulsión de los moriscos que “habitan en los Reynos de Caftilla Vieja y Nueva, Eftremadura, y la Mancha”.

LA_MANCHA_LISTA             El documento incluye cuatro listas: Castilla la Vieja, Reino de Toledo, en el que incluye a Ciudad Real y parte del Campo de Calatrava, la Mancha y Extremadura. En la Lista de la Mancha describe los partidos que la integran, y las familias y personas moriscas expulsadas de cada uno de ellos. En total son expulsadas de la Mancha ocho mil trescientas cuarenta personas. La Mancha, como refleja este documento realizado en tiempos de la publicación de los dos Quijotes, tenía sus límites por el norte con el Tajo, hasta Sierra Morena por el sur, y al oeste la villa de Almadén hasta Chinchilla y Albacete por el este.

         El Campo de Montiel, que también es definido y marcado fuera de la Mancha por algunos de estos “encantadores”, es una parte de la Mancha que conoció Cervantes. Como advertimos en la Lista de la Mancha, de los partidos de Villanueva de los Infantes, Cózar, Montiel, Villanueva de la Fuente, Membrilla y La Solana se expulsan un total de 2.108 personas.

pedro de medina

Los mapas realizados por los cartógrafos, al servicio de la monarquía española, Pedro de Medina (1566) y Pedro Texeira (1634) tampoco dejan lugar a dudas, como complemento al documento histórico anterior. La Mancha es un inmenso territorio castellano, entre el Tajo y Sierra Morena, Extremadura y Murcia, como es ya precisamente cartografiado por el portugués Texeira.

pedro teixeira           Entre el dibujo de ambos mapas Cervantes escribe y publica los dos Quijotes (1605-1615) y Las Novelas Ejemplares (1613). En la novela ejemplar de La Gitanilla, el autor del Quijote nos describe la extensión de la Mancha cuando en su viaje, Preciosa, tiene que atravesarla desde Extremadura hasta llegar al reino de Murcia:

         “Esto contó la gitana vieja, y esto dio por excusa para no ir a Sevilla. Los gitanos, que ya sabían de Andrés Caballero que el mozo traía dineros en cantidad, con facilidad le acogieron en su compañía y se ofrecieron de guardarle y encubrirle todo el tiempo que él quisiese, y determinaron de torcer el camino a mano izquierda y entrarse en la Mancha y en el reino de Murcia […] Dejaron, pues, a Extremadura y entráronse en la Mancha, y poco a poco fueron caminando al reino de Murcia.”

LA MANCHA_MADOZ

         Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España, de 1845, confirmaba estos límites manchegos conocidos históricamente, que algunos “encantadores” actuales siguen poniendo en duda, o modificándolos a su antojo:

         “… el terr. llamado Mancha, abraza indudablemente el país, generalmente llano, raso y árido, contenido desde los montes de Toledo á los estribos occidentales de la sierra de Cuenca, y desde la Alcarria hasta Sierra-morena; entrando en esta comprensión, lo que se llama mesa de Ocaña y del Quintanar, los part. de Belmonte y San Clemente, los terr. de la orden de Santiago, San Juan y Calatrava, y toda la sierra de Alcaráz; sus confines al N. son el Tajo, y la parte llamada propiamente Castilla la Nueva; E. los reinos de Valencia y Murcia; S. los de Córdoba y Jaen; O. las prov. de Estremadura, estendiéndose 53 leg. de E. á O. y 33 de N. á S”.

            Mapas y documentos coetáneos a los dos Quijotes, como este documento, Prodición y destierro de los Moriscos de Castilla, hasta el Valle de Ricote, publicado en 1614 entre Las Novelas Ejemplares (1613) y el segundo Quijote (1615), demuestran evidentemente los bordes o límites del espacio geográfico que Cervantes conoció y utilizó para el escenario de sus obras, especialmente del Quijote, pero aún “… andan entre nosotros siempre una caterva de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan, y les vuelven según su gusto, y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos” (1, 25), como ya advertía don Quijote a Sancho Panza.                                           

                                                                        Luis Miguel Román Alhambra

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