HAES Y VIERGE

MAESTRO Y DISCÍPULO POR LA MANCHA DE DON QUIJOTE

Entre los muchos viajeros que a finales del siglo XIX vinieron hasta la Mancha, transformada en una tierra idealizada por los viajeros románticos que querían estar en los mismos parajes reales por donde cabalga don Quijote, e incluso encontrar en ella el espíritu del Caballero de la Triste Figura, hay dos que, además de esbozar magistralmente la imagen del paisaje manchego, entre ellos hay un vínculo muy especial, son maestro y discípulo del dibujo.


Según la RAE:
Maestro: «Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo.
Discípulo: «Persona que aprende una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro»


Carlos de Haes (Bruselas, 1826-Madrid, 1898), un gran paisajista al aire libre, consigue por oposición la plaza de maestro de paisaje en la Escuela Superior de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el año 1857.
Daniel Urrabieta Vierge (Madrid, 1851-París, 1904), el padre de la ilustración, considerado así por los franceses, es un gran desconocido en España. Para mí es el mejor ilustrador del Quijote al haber dibujado al natural el paisaje, y paisanaje, de la Mancha. Decía su amigo y pintor ciudadrealeño Carlos Vázquez que Vierge «ha otorgado un sabor manchego a los dibujos». W. D. Howells, al contemplar las ilustraciones Picturesfor Don Quixote, afirmaba a sus lectores que si deseaban «ver el paisaje manchego, sus interiores y sus gentes, no como los ve en Cervantes, si no como el mismo Cervantes los vio en La Mancha, aquí tiene una buena oportunidad».
Que Vierge tenía innato el arte del dibujo no cabe duda. Su padre Vicente Urrabieta, había estudiado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando recibiendo clases de dibujo al natural de Federico Madrazo, era un gran dibujante y litógrafo. Daniel, como su padre, ingresa en la Escuela Superior de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el curso 1867-1868. En esta institución madrileña está cuatro años recibiendo clases de Federico Madrazo y Carlos Haes, en la especialidad de paisaje. Haes y Vierge, maestro y discípulo, coinciden por primera vez en el arte del paisaje al natural.
Y ambos, años después y por separado, dibujan la imagen del corazón de la comarca cervantina del Quijote. Si la comarca cervantina tiene delimitados sus bordes por los lugares nombrados por Cervantes en la novela (Tembleque, Quintanar, Argamasilla de Alba y Puerto Lápice), el corazón de ella está formado por El Toboso, Campo de Criptana y Alcázar de San Juan. Y hasta estos tres lugares manchegos peregrinan maestro y discípulo.
Carlos de Haes viene a esta parte de la Mancha en 1865. Realiza apuntes con grafito sobre papel, sin llegar a llevar al óleo ninguno de estas imágenes. De El Toboso se conserva en el Museo Nacional del Prado varias imágenes que muestran sus calles, molinos de viento y la fabricación de tinajas que, además de ser de gran calidad, son famosas por ser mencionadas en el Quijote dentro de la casa del Caballero del Verde Gabán.
Daniel Urrabieta Vierge hace su viaje casi treinta años después que su maestro, en 1893. Vierge había conocido en 1890 al escritor francés nacionalizado norteamericano August F. Jaccai con quien convino en realizar un viaje por la Mancha con el objeto de ir tras las huellas de don Quijote y editar un libro de viaje ilustrado. Vierge decide comenzar su viaje en el otoño de 1893, acompañado por su amigo manchego, y también pintor, Carlos Vázquez. Jaccaci lo hace un año después, y de estos dos viajes se publica en 1896 On the trail of Don Quixote, con las ilustraciones que Vierge había tomado del natural del paisaje, y paisanaje, de la Mancha de don Quijote.


De El Toboso, maestro y discípulo, hacen una vista muy parecida:

El maestro Haes recorre las calles toboseñas esbozando estas imágenes del lugar de Dulcinea:

Su discípulo Vierge pisó, sin lugar a dudas, los pasos de su maestro:

«Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la redonda, que por ser del Toboso le renovaron las memorias de su encantada y transformada Dulcinea, y sospirando y sin mirar lo que decía ni delante de quien estaba, dijo:

—Oh dulces prendas, por mi mal halladas;
dulces y alegres cuando Dios quería!

¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda de mi mayor amargura!» (Q2, 18)

Haes visitó los enormes hornos donde se cocían las «tobosescas tinajas», tan apreciadas en toda la comarca manchega de don Quijote, e incluso fuera de ella. Vierge vio una tinaja apoyada a una fachada de una casa y también la dibujó. Por la calle un vendedor de miel ofrecía su producto a las vecinas.

De Campo de Criptana, maestro y discípulo, dibujaron imágenes de la villa molinera desde la lejanía.

Quizás, ambos quisieron experimentar la sensación de ver aparecer sus muchos molinos de viento sobre el horizonte, mientras resonaban unas voces a lo lejos inconfundibles: «… porque allí ves, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas…»

Luego quisieron comprobaron que lo que a lo lejos parecían gigantes, moviendo sus descomunales brazos, era un simple espejismo manchego. Ilusión óptica que consiguió confundir a don Quijote una mañana de verano. No a Sancho, que harto de llevar cargas de trigo a ellos, bien sabía que aquellos artefactos eran molinos harineros de viento: «Mire vuestra merced que aquellos que allí se aparecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino»

Maestro y discípulo pasearon por sus calles y plazas. A Haes le atrajo la imagen de un abrevadero de piedra caliza junto al brocal de un pozo. A Vierge la distribución de pan a los pobres de Campo de Criptana.

De Alcázar de San Juan ambos se llevan en sus retinas, y en sus carpetas, una imagen de su antiguo pasado. De la vieja muralla que protegió la villa, Haes dibuja El Cubillo y Vierge El Torreón. Construcciones muy próximas una de la otra y que llaman la atención de forma diferente a maestro y discípulo. Posiblemente el color de sus piedras, arenisca roja, les atrajo hasta esta parte de la ciudad. Quizás los dibujaron mientras esperaban al cura de la iglesia de Santa María para ver, con sus propios ojos, el tesoro cervantino que entre sus ancestrales paredes se guarda: la partida de bautismo de un niño llamado Miguel de Cervantes Sabedra. ¿El autor del Quijote?, la tradición de sus vecinos afirma que sí.

Curiosamente el maestro Haes dibuja en primer plano los molinos de El Toboso y de Alcázar de San Juan. Solo le falta el de Campo de Criptana, que lo dibuja su discípulo Vierge. Los tres molinos están dibujados desde la misma perspectiva.

Este artículo, sobre estos dos grandes dibujantes al natural, se lo dedico a mis cinco nietos: Leire, Carlos, Hernán, Pablo y Balam. Los tres primeros ya dibujan, los dos más pequeños lo harán con toda seguridad, ¡tienen buenos maestros!

Luis Miguel Román Alhambra

       
                                                   

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Una respuesta a HAES Y VIERGE

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